Posteado por: Javier | noviembre 21, 2015

La doctrina del shock

La doctrina del shock” es el título de uno de los libros de la activista Naomi Klein, en el cual sostiene que esta estrategia, ideada por el economista Milton Friedman y puesta en práctica por sus poderosos seguidores (desde presidentes estadounidenses hasta oligarcas rusos, pasando por dictadores del Tercer Mundo, catedráticos de universidad o directores del Fondo Monetario Internacional), consiste en “esperar a que se produzca una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las “reformas” sean permanentes”.

La idea del shock consistiría en que sólo una crisis, sea real o sea percibida, da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo por parte de los gobiernos para intentar salir de ella dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Por tanto, debes desarrollar una alternativa a las políticas existentes, así como mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable.

Chile en los 70 habría sido el primer escenario, o “laboratorio”, donde se aplicó la doctrina del shock. Allí la “crisis aprovechable” fue el golpe de Estado de Pinochet y la represión impuesta por él. Aquello allanó el camino para imponer grandes transformaciones económicas en un breve periodo de tiempo. Los “Chicago Boys”, un grupo de jóvenes economistas chilenos que habían sido alumnos de la Universidad de Chicago (de Friedman, en definitiva), que asesoraron a Pinochet, predijeron que las características de esos cambios económicos provocarían una serie de reacciones psicológicas en la gente que “facilitarían el proceso de ajuste”. A ese proceso lo llamó el “tratamiento de choque” económico. En Argentina, tras el golpe de Estado y el advenimiento de la dictadura militar de Videla, se seguiría un proceso similar. Con lo que, pese a las promesas de sus defensores, la instauración de un capitalismo “puro”, desregulado y con un encogimiento casi al mínimo del sector público, no iba de la mano de la libertad y la democracia, sino de la imposición por parte de regímenes dictatoriales (como también ocurrió en Singapur, por cierto).

En el caso de Irak el shock colectivo lo provocó la invasión, los bombardeos, dentro de una operación denominada precisamente “Conmoción y pavor” (“Shock and awe“) con el objetivo de “controlar la voluntad del adversario, sus percepciones y su comprensión, y literalmente lograr que quede impotente para cualquier acción o reacción”, según los autores del documento de doctrina militar que llevaba el mismo nombre. Tras ello, Paul Bremer decretó privatizaciones masivas en Irak y la liberalización del mercado.

¿Ha sido posible aplicar esta doctrina en países democráticos? Bueno, como los propios neolibegales reconocen, en países con una historia e instituciones democráticas es muchísimo más difícil aplicar esto “a pelo” y, en consecuencia, los cambios deben ser mucho más graduales (en Occidente llevamos así unos 30 años, de hecho, pese al acelerón que ha provocado el “shock” de la actual crisis económica en la que llevamos inmersos desde 2008). Sin embargo, eso no ha evitado que los neolibegales hayan propuesto “pequeños ensayos” en momentos especialmente dramáticos. Cuando se produjeron las inundaciones de Nueva Orleans tras el huracán Katrina en 2005, Friedman escribió en The Wall Street Journal: “La mayor parte de las escuelas en Nueva Orleans están en ruinas. Esto es una tragedia. También es una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo”. Think tanks y “laboratorios de ideas” neolibegales se abalanzaron sobre la ciudad estadounidense con el propósito de convertir los colegios de Nueva Orleans en “escuelas chárter”: es decir, escuelas públicas que pasarían a ser gestionadas por instituciones privadas.

En definitiva, los neolibegales, a través de las instituciones (puesto que es conocido que, pese a su defensa casi fundamentalista de lo privado, no suelen hacer ascos a lo público en tanto en cuanto esto les beneficie en sus tareas de difusión e impregnación de sus ideas) aprovecharían cualquier situación de desconcierto o crisis para erigirse en “misioneros” que diseminarían sus ideas como “semillas” intentando crear estados de opinión generales favorables a la inevitabilidad sus medidas (también a infiltrar el mantra de que, si no hay cambios a mejor allí donde se instauren, es porque las medidas neolibegales no se han aplicado con la intensidad y la disciplina necesaria, con lo que se hace precisa una dosis mayor de esta “medicina”).

Y hasta aquí llegamos por hoy, puesto que en la próxima entrada me gustaría remontarme muchos más años atrás, hasta el fin de la II Guerra Mundial, para ver cómo instituciones que en principio fueron creadas con buenas intenciones, garantizar una estabilidad en la economía mundial y apoyar la llegada del crédito a los países más pobres y necesitados de ello, han terminado transformándose en el vehículo empleado por los misioneros del neolibegalismo, hasta el punto de que esta idea de su inevitabilidad, tan incrustada en el subconsciente incluso de mucha gente perteneciente a las clases más bajas, se haya convertido en el pensamiento dominante actualmente. Pese a que, con una gran caradura, los neolibegales afirmen que no, que no, que es el keynesianismo y la socialdemocracia las ideas que hoy “dominan” y ocupan la centralidad en el mundo (los más extremistas llegan a decir que el “pensamiento colectivo” es “marxista”).

En cuanto a este documental basado en el libro de Klein, es cierto que en algún que otro momento tiene su puntito un poco “conspiranoico”, pero es indudable que da que pensar sobre lo que ha ocurrido en las últimas décadas.


Responses

  1. Madre del amor hermoso…. está claro, es lo que están haciendo. Recortando cada vez más libertades e incrmentando el peso de lo público para crear su mastodóntico Estado socialista…
    Es un plan muy bien diseñado. No suceden las cosas por casualidad, tienes razón. Cada vez tenemos más poder para las élites políticas y menos para la sociedad civil, y es que somos incapaces de reaccionar ante los continuos y furbundos ataques a los q nos someten.


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