Posteado por: Javier | diciembre 7, 2015

Sí… venga, hijo, vamos a hablar de Venezuela

Venezuela es un país que está a miles de kilómetros de España y que tiene sus problemáticas particulares, muy similares a las de otros países de Sudamérica, pero con poco o nada que ver con las de España, y que en buena medida aquí nos son ajenas. Objetivamente, para un español que no tenga amigos íntimos o familiares allí, las elecciones en Venezuela le tocan tanto como le puedan tocar las de Mali o las del Indostán: es decir, nada. Sin embargo, por algún misterioso motivo, parece haber una auténtica fijación casi obsesiva con lo que pase allí.

Anoche se celebraron elecciones legislativas en Venezuela. Y, ¡oh, sorpresa!, pese a todo lo que se habla de una “terrible dictadura comunista” en Venezuela y de “fraudes electorales”, resulta que la oposición ha ganado claramente al partido gubernamental PSUV, 99 escaños frente a 46. Resulta que en Venezuela, como en cualquier otro país democrático, las elecciones se ganan cuando se tienen más votos que el contrincante… pero parece que hasta ahora no nos habíamos enterado.

A quien decidieran votar los venezolanos es un asunto interno de su país (yo no soy como los pupilos de Angela Merkel que van advirtiendo a los ciudadanos de otros países: “cuidadito a quién votais”). Anoche, legítima y soberanamente, decidieron dar la mayoría a la oposición. En los últimos 17 años, en todas las elecciones, menos en una, legítima y soberanamente habían decidido dar esa mayoría al chavismo. La democracia no nació ayer en Venezuela con el triunfo opositor ni lo que convierte en “democrático” un proceso es “que gane quien yo quiero que gane”, como parecen dar a entender hoy desde la derecha libegal. Lo cierto es que las cosas no son tan simples como dicen éstos de “dictadura totalitaria comunista”, ni tampoco en cómo ven a Venezuela desde cierta izquierda un poco infantil, o sea, como una especie de Tierra de Jauja. Que en Venezuela haya habido una pequeña “contestación” al consenso neolibegal mundial (y hay que recalcar que no ha pasado de pequeña) ha provocado todo tipo de informaciones sensacionalistas en los medios de comunicación de todo el mundo, en las que nos aterraban presentando a ese país y las calamidades y plagas bíblicas traídas por el chavismo como un modelo de lo que podría ocurrir en Europa (más concretamente, en el sur de Europa) si tan solo se nos ocurría cuestionar un poco el estado de cosas actual. Pero, junto a eso, no hay que obviar los errores económicos cometidos por el gobierno de Maduro que le han llevado a esta derrota electoral.

Venezuela es un país que se ha visto muy afectado desde hace unos años por las bajadas de los precios del petróleo. Es cierto que eso es un factor ajeno al gobierno venezolano, pero también es verdad que el impacto no hubiera sido tan fuerte si Venezuela hace años ya se hubiera puesto como metas trabajar y mejorar, además del petróleo, sus ámbitos turístico, productivo agrícola y ganadero, y de energías limpias, entre otros, en los que tiene un tremendo potencial, en definitiva, aprovechar las ganancias del petróleo para diversificar su economía. Venezuela ha basado su economía únicamente en la renta petrolera y eso se ha revelado como un grave error. Esta dejadez en desarrollar otros sectores de su economía ha provocado que Venezuela, uno de los primeros productores mundiales de petróleo, sin embargo, tenga que importar gasolina. Ello porque no dispone de muchas refinerías especializadas en procesar la clase de petróleo que mayormente produce Venezuela, el extra pesado.

Otra de las medidas equivocadas que han afectado a la economía venezolana es el control cambiario se puso en marcha después del paro petrolero de 2002-2003, para evitar la fuga de capitales del país. Esta medida se implantó por una coyuntura económica momentánea, pero terminó convirtiéndose en una herramienta política que ha creado una economía ficticia en la que hay cuatro tipos de cambio: tres fijados por el gobierno y otro por el mercado negro. Esto distorsiona la vida económica, puesto que los cambios son diferentes dependiendo del uso que se quiera dar a las divisas, además de que el mercado negro ha desequilibrado los precios de los productos y generado una inflación aterradora. A esto hay que unir el desabastecimiento de algunos productos, provocado por la regulación del gobierno sobre los precios de algunos considerados de primera necesidad (hay algunos como la gomina para el pelo que sorprendentemente están considerados como “de primera necesidad”), que provoca que los productores no puedan vender los productos a precios superiores a los que marca el gobierno. Según el último número del documento de identidad que se tenga se puede intentar comprar esos productos el día que toque (echando mucha paciencia en las colas, eso sí). El desabastecimiento se produce debido a que el gobierno no tiene medios de producir ni distribuir los productos cuyos precios regula, lo que lleva a un círculo vicioso en el que hay acaparadores que aprovechan la situación para crear un mercado negro de estos productos y enriquecerse a costa de la ciudadanía. El gobierno de Maduro culpa de ello a una “guerra económica” lanzada por opositores y grandes empresarios. Sea o no así, lo cierto es que no ha sido capaz de acabar con eso, lo que ha provocado una fortísima pérdida de credibilidad de Maduro incluso entre muchos de quienes apoyaban a Chávez.

A esto hay que añadir lo más importante: que Maduro no es Chávez. No tiene su carisma ni los apoyos mayoritarios que tenía, ni entre el chavismo, ni entre los militares ni entre la sociedad civil. Prueba de ello es que, pese a que falleciera hace ya casi tres años, la imagen de Chávez está presente por todas partes en Caracas, lo que deja claro la falta de carisma y liderazgo de Maduro.

No obstante estos errores de política económica que han provocado la actual crisis y los problemas de desabastecimiento de algunos productos, el chavismo dirigió desde 1998 los enormes ingresos logrados por la venta de crudo a financiar programas sociales, sanitarios y educativos. Los mayores logros de Chávez en sus 14 años llevando las riendas de Venezuela han llegado, pues, en los ámbitos de la lucha contra la pobreza y en educación, sanidad y derechos sociales, aunque, por contra, no supo dar respuesta a otros problemas que el país lastra desde hace décadas, como la criminalidad en las calles y la corrupción (aunque esto no sea exclusivo de Venezuela, sino un problema endémico de América Latina). En concreto, la pobreza del país se redujo a la mitad, del 62,1% de 2003 al 31,9% de 2011, según datos del propio Banco Mundial, fuente nada sospechosa. A la muerte de Chávez, Venezuela era el país con menor desigualdad y con la distribución de la riqueza más justa de América Latina, según el coeficiente Gini. El Banco Mundial indicó asimismo que el Gobierno de Chávez había erradicado prácticamente la desnutrición, al descender el porcentaje de venezolanos sin la alimentación mínima del 16% del año 2000 al 5% de 2011, es decir, al mismo nivel que otros países como España, Alemania y EEUU. En sanidad, el gasto per capita aumentó de los 176 dólares (135 euros) de 1998 a los 663 dólares (508 euros) de 2012. Y en educación, la Unesco ha declarado al país como “libre de analfabetismo” al caer la tasa del 9,1% al 4,9%.

Pese a estos esfuerzos y éxitos para reducir la pobreza, por contra, la inflación era de las más altas del mundo, la criminalidad en las calles se triplicó durante su mandato, con un fortísimo aumento de los homicidios intencionados, y el país está considerado el más corrupto de América Latina. Cuando Chávez falleció en 2013, dejó un país totalmente (y a veces violentamente) polarizado entre chavistas y antichavistas. Pese a las mejoras, el nivel de inversión en mejoras sociales, en comparación, siguió siendo bastante inferior al de los países desarrollados (menudo “régimen socialista”, ¿a que sí?), motivo por el cual aún sigue habiendo bastante pobreza. Es muy interesante lo que se comenta en ESTA entrevista“Yo creo que en Venezuela y América Latina se sobrestima este tema del populismo. Los niveles de inversión estatal en América Latina son ridículos. Las cotas más elevadas que alcanzó Chávez en su Gobierno ni siquiera se acercan a lo que invierte el Estado en Estados Unidos y Europa. Solo que allá se le llama Estado de Bienestar o Redistribución de la Riqueza, y aquí, populismo. Una diferencia sustancial, eso sí, es que en esas sociedades organizadas el gasto social se financia con los impuestos. Aquí, en cambio, con la renta petrolera. Es muy fácil criticar al chavismo porque haya redirigido la renta petrolera a los gastos sociales y mientras tanto no haya desarrollado un modelo sustentable de generación de riqueza. Pero acá el que critica el gasto no es quien lo paga. Yo no he visto a aquellos que critican la política social de la revolución que vayan al organismo tributario a exigir que haya un sistema fiscal decente, que sea progresivo, que le peche 50% de sus ingresos para crear una sociedad de ciudadanos. El tema acá sigue siendo cómo se va a organizar la sociedad venezolana para reconocer que, incluso después de 16 años de chavismo, hace falta muchísima más inversión social para lograr un país viable.”

El chavismo ha tenido muchas luces y muchas sombras y, como vemos, la realidad no es tan simple como la película caricaturesca que nos cuentan aquí, al otro lado del Atlántico. Pero no creo que debamos oponernos (y menos los liberales) cuando alguien hace al menos algo por intentar mejorar un poco las condiciones de vida de su pueblo. La derecha neolibegal llama a eso “socialismo”, “comunismo” o “populismo”. Estarán en contra de Chávez, pero su única alternativa es la del puterismo y burdelerismo que ha gobernado en muchas ocasiones América Latina, junto con la represión de los 70 y 80 y el neolibegalismo crudo de los 90. Quienes tachan al gobierno venezolano de “brutal dictadura comunista” suelen coincidir con quienes en los 80 decían eso mismo de Nicaragua, ese “malvado régimen” que le cedió el poder a Violetta Chamorro tras perder en las urnas en 1990. Y tan “poderoso” y “amenazante” que justificaba sembrar de minas sus aguas territoriales y organizar una violenta guerrilla paramilitar fascista (la Contra), como hizo EEUU.


Responses

  1. Vladimir Padrino, dicen que decisivo :

    Que si impidió el fraude.

    Y que si indirectamente estuvo en contacto con la Administración de Obama.

    Y que si ahora Diosdado Cabello pide su cabeza.

    Y que si es por esto que ordena Nicolás Maduro la dimisión de todos sus ministros.

    Y que si ahora va a haber una limpia de narcos en el generalato.

    Y que si esto va a ser antes o después de la amnistía de los presos.

  2. A esto del “populismo” antes se le llamó “sustitución de importaciones” y antes “régimen autárquico”, y todos saben que es un modelo necesariamente limitado en el tiempo.

    Siempre al final se demuestra falso y quebrado.

    En Venezuela ha aguantado lo que ha aguantado por el petróleo, pero ni un minuto más.

    Es de libro, y lo del obligado “control de precios” en su fase final también, con el consiguiente desabastecimiento y auge del contrabando.

  3. Hablando de Friedman el otro día, la tesis de que el control de precios es perjudicial, al provocar un riesgo de escasez en el suministro de los productos sobre los que se imponga, es una con las que sí estoy de acuerdo y es lo que se ha visto en el caso de los productos catalogados “de primera necesidad en Venezuela”. Pero insisto, asunto de ellos es, aunque dé la impresión de que Venezuela influye tantísimo en las vidas de 46 millones de españoles que necesitásemos un Ministerio de Asuntos Venezolanos.

  4. Winston Churchill estaba interesado por todo lo que tuviera que ver con los pueblos de habla inglesa y, por lo mismo, los españoles es muy normal que sintamos como algo propio lo de Hispanoamérica.

    Ya se que ahora hay quién ha descubierto de pronto sus raíces periféricas y centrífugas, pero otros seguimos siendo aún muy mesetarios, muy taurinos y muy toreros, y muy orgullosos de nuestro pasado y también muy esperanzados con nuestro futuro.

  5. Ya, pues entonces, de entre toda la Hispanoamérica hija de España, Venezuela debe ser algo así como “la niña de nuestros ojos” a la vista de la fijación mediática y de la afición por sacar conclusiones de la política venezolana supuestamente aplicables a España, sobre todo si hablamos de los del Grupo PRISA o Libertad Digital. No se ve ese interés tan inusitado cuando se trata de Perú, Colombia, Honduras o Guatemala, por poner un ejemplo.

    No digo que no se pueda hablar ni opinar de otros países, pero no se puede negar que concretamente cualquier cosa que tenga que ver con Venezuela desde hace 3 o 4 años acapara un nivel de expectación y de cobertura mediática que no alcanza ningún otro país latinoamericano o extranjero en España. Como no soy muy mal pensado, supongo que no tendrá nada que ver con la instrumentalización de Venezuela como forma de ataque político a según qué personas que tienen determinadas ideas en España o incluso para atacar a Venezuela misma. O con el hecho de que el gobierno chavista haya perjudicado los intereses de ciertos grupos mediáticos españoles (más concretamente, los que dejó como herencia el que fue conocido en sus tiempos como “Jesús del Gran Poder”).


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