Posteado por: Javier | diciembre 16, 2015

No, no queremos fronteras abiertas

Para esta entrada de hoy me voy a permitir traer unas certeras reflexiones del compañero Dan García sobre inmigración y la postura buenista y absurda de la izquierda postmodernista, relacionadas con uno de los programas de Fort Apache, la tertulia que dirige Pablo Iglesias en HispanTV. Una postura que efectivamente, en muchos aspectos, en este tema llega a confundirse con la de la derecha neolibegal. De hecho, el representante neolibegal de la mesa, Fernando Díaz Villanueva, se muestra absolutamente pro-inmigracionista.

Es verdad que no le falta razón a Pablo Iglesias cuando afirma al principio que el resentimiento, odio y la xenofobia que se genera hacia los inmigrantes por las ayudas públicas que puedan recibir es usado por las oligarquías políticas y financieras que nos gobiernan para desviar la atención y provocar un enfrentamiento entre los “últimos y los penúltimos” de la sociedad. A fin de cuentas, el trabajador precarizado español a quien vé en el día a día recibiendo esas ayudas es al inmigrante, no a quien le ha llevado a esa situación de precariedad con sus políticas. En quien fija su atención es en el “chupoptero” que supuestamente le está “robando” lo suyo, pese a que la realidad sea que hay más similitudes entre un trabajador español (o francés, británico o alemán) y un trabajador griego, boliviano o de Zimbabwe, que entre él mismo (o ellos mismos) y los Mariano Rajoy, los Hollandes, los Camerons y las Merkeles de este mundo. Pero la solución no son las puertas abiertas ni el papeles para todos. No lo dudéis, si toda esta gentuza del poder tuviera la capacidad para ello, volcarían toda África aquí para tener a su disposición todo un ejército de trabajadores semiesclavos.

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Este debate emitido en Fort Apache es un ejemplo claro de cómo en la izquierda española todavía existe un atrincheramiento elitista ante el tema de la inmigración. El partido Podemos hace lo mismo huyendo del análisis científico y abrazando el fetichismo ideológico pequeño-burgués.

En el minuto 10:30 el tertuliano partidario de la política de puertas abiertas considera una falacia que exista la bajada de salarios como consecuencia de la inmigración. Según él, eso solo ocurre cuando categorizas a los inmigrantes como “extranjeros”. Joder! pues claro, porque no se pueden poner al mismo nivel socioeconómico que los trabajadores autóctonos, ya que parten de condiciones materiales diferentes. Es un “pequeño detalle” que se obvia, y al hacer eso se huye nuevamente del análisis científico. Además, dice que la libre circulación de los trabajadores es un “derecho fundamental” ¿Y de dónde procede ese derecho, aparte de existir en el marco de la UE?. Otro detalle que no es casualidad; el neoliberal de la mesa es profundamente pro-inmigración.

Siempre ha resultado muy curiosa la actual simbiosis ideológica en determinados temas que existe entre la izquierda posmoderna (es decir, prácticamente toda la izquierda actual) y la derecha neoliberal. La izquierda actual ha transmutado el concepto de Internacionalismo propia del marxismo y el movimiento obrero (que implica reconocer la existencia de naciones y culturas diferentes, ya que en caso contrario no hablaríamos de internacionalismo, sino de mundialismo) para adaptarlo perfectamente a lo que demandan las políticas económicas neoliberales, el capital financiero transnacional y las grandes empresas y que está hoy día perfectamente definido como globalización.

Por muy solidarios que pretendamos ser con todo el mundo, es evidente que en cualquier lugar hay que poner un límite a la inmigración. Porque ni siquiera la declaración Universal de los Derechos Humanos defiende que cualquiera emigre donde le de la gana ni tampoco defiende que te puedas desplazar y mudar en el país que te de la gana.

Veamos qué dice el Artículo 13 de los DUDH sobre la libertad de movimiento:

Punto 1). Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

Punto 2). Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Fijémonos que el Punto 1 se refiere a que toda persona que vive en un Estado tiene derecho a desplazarse por él y mudarse en él, es decir, que si tú eres ciudadano español, tienes derecho a desplazarte libremente por España y mudarte a donde te de la gana de dentro de este Estado. En ningún momento se refiere a que ahora te puedes ir a Japón asentarte allí o mudarte donde te apetezca.

El Punto 2 sigue la misma línea: toda persona tiene derecho a salir del país en el que se encuentre y regresar a SU país, pero eso no implica que el otro país esté obligado a admitir a dicha persona.

Es un punto creado para que un Estado no retenga a un ciudadano en tránsito o que el propio Estado al que pertenece el ciudadano no lo retenga si quiere irse de vacaciones, por ejemplo. Pero no es un punto que diga que el Estado al que se dirige ese ciudadano esté obligado a admitirlo, ni siquiera a entrar.

Todos hemos tenido algún que otro emigrante en nuestras familias conocemos lo terrible que resultó para ellos tener que abandonar su país, o su pueblo (muchas veces literalmente, porque vivían en una pequeña aldea), su familia y amigos, etc, etc.. y partir a un país extraño donde las costumbres eran distintas, donde se hablaba otra lengua y donde, además, no siempre fueron bien recibidos. Y es que la emigración masiva por motivos económicos desde los países pobres hacia los países ricos (aunque más adecuado sería decir desde los países dominados a los países dominantes) no es más que una moderna forma de esclavitud (jamás encuadrable desde la libertad personal de las víctimas), y hasta una moderna y despiadada forma de “dumping” social hacia los trabajadores autóctonos de los países receptores. Al igual que también es “dumping” la invasión de productos lowcost fabricados con mano de obra obligada a trabajar en condiciones de semiesclavitud o de esclavitud entera.

Una verdadera política social e internacionalista no consiste en convertir a los Estados en una ONG, ni en lugar de refugio para todos los pobres del mundo. Una verdadera política social e internacionalista es (entre otras cosas) que ningún ser humano se vea obligado a emigrar por necesidad, es decir, sí a la emigración-inmigración, pero voluntaria.


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