Posteado por: Javier | diciembre 25, 2015

La “guerra contra la Navidad”: desmontando el mito derechista

“¡¡NOS QUIEREN QUITAR LA NAVIDAD!! ¡¡NOS QUIEREN QUITAR NUESTRA CULTURA Y TRADICIÓN!! ¡¡VAN CONTRA NUESTRA CULTURA CRISTIANA!!”

¿Han oído muchas veces eso, sobre todo en los últimos años, cuando se acercan estas fiestas? Seguro que sí. Lo cierto es que hay una fijación obsesiva de muchos conservadores con que una supuesta tropa de “gente que no se lava”, “perroflautas”, “guarros”, “podemitas”, etc… quieren destruir la “tradición española” y dejarles sin belenes, sin árbol de Navidad, sin zambomba, sin villancicos y sin turrón. Se refieren a la situación y la polémica que se produce cada vez que alguien tiene la osadía de retirar de los espacios públicos alguno de estos artilugios navideños.

Obviamente, ignoran dos cosas:

1) Los primeros en abolir la Navidad en el mundo occidental no fueron “progres laicistas”, ni militantes de Podemos o IU, sino… ¡¡CRISTIANOS!! Sí, efectivamente, los puritanos de Oliver Cromwell en la Inglaterra de mediados del siglo XVII. En junio de 1647, los puritanos en el parlamento inglés prohibieron estas fiestas. Abolieron la navidad, las pascuas y demás festivos paganos. Cromwell llamaba a la Navidad “la fiesta del jolgorio de los paganos”. Esto también llegó a la Norteamérica colonial. Las celebraciones navideñas estuvieron prohibidas legalmente en Massachusetts durante 22 años, pero fueron necesarios muchos años más para que fueran celebradas abiertamente como un día de reunión familiar y de descanso obligatorio. De hecho, no fue hasta mediados del siglo XIX, en que la navidad se puso de moda en Boston, y, hasta 1870, no fue declarada festivo a nivel federal en EEUU. Esto se debía a que cuando los Padres Peregrinos y puritanos llegaron en el Mayflower huyendo de Europa en 1620 trajeron con ellos su estricto y muy frugal estilo de vida, y sus creencias religiosas. La Navidad les recordaba a la Iglesia de Inglaterra y a las costumbres del viejo mundo del cual acababan de escapar. Además de eso, no consideraban que la celebración fuera verdaderamente cristiana. El 25 de diciembre no fue seleccionado como fecha del nacimiento de Cristo sino hasta varios siglos después. En tercer lugar, las festividades por lo general incluían bebida, fiestas y juegos que de azar, lo que hacía que los puritanos vieran la Navidad como un falso día de fiesta con más vinculaciones al paganismo que al cristianismo. Como cristianos piadosos y reservados, tenían una fuerte aversión a la bebida y al baile asociado con los días de asueto.

Yo personalmente me abstengo de celebrar nada relacionado con la Navidad, puesto que rechazo totalmente un festivo mercantilizado en interés del gran capital para fomentar el consumismo estúpido de muchas cosas que no son necesarias y el quemado de tarjetas de crédito (la gran liberal decimonónica y anti-esclavista Harriet Beecher Stowe, de origen puritano y progresista, exclamaba ante esto: “Madre mía. ¡Es tan tedioso! ¿Qué se debe comprar para gente que tiene tanto que ni sabe qué hacer con lo que ya tiene? Se derrocha un montón de dinero en esta época del año comprando cosas que nadie quiere y que a nadie le interesará una vez comprada”), aparte de lo esencial, que es un festejo de orígenes místico-paganos sin ninguna conexión con la Biblia, como expuse aquí. Tampoco voy a condenar a quienes decidan celebrarla, eso sí, pese a que leo y releo mi ejemplar de la Biblia y no veo nada de la “Navidad”. Pero, dado que tampoco comparto la postura un poco extrema de los puritanos, también hay que reconocer que no hay realmente una razón bíblica para no celebrar la Navidad. Al mismo tiempo, no hay tampoco un mandato bíblico para celebrarla. A fin de cuentas, celebrar la Navidad o no, es una decisión personal. Sin importar la opción que los cristianos elijan en relación a la Navidad, sus puntos de vista no deben ser usados como un arma para atacar o denigrar a aquellos con criterios opuestos. Como en todo, debemos pedir sabiduria a Aquel que la otorga liberalmente a todo aquel que la busca (Santiago 1:5) y aceptarnos unos a otros en gracia y amor cristianos, independientemente de nuestras opiniones sobre la Navidad. Y no tendría mucho más que decir en ese punto puesto que esto de la Navidad es una de las cuestiones en que no pretendo ser absolutista ni ir sentando cátedra, ni declarar “anatema” a los cristianos que sí tomen la decisión personal de celebrarla.

2) Lo segundo, esta idea obsesiva de los medios y comentaristas de la derecha de que existe una “guerra” para “quitarnos” la Navidad no es ni siquiera original de nuestro país ni actual. Al contrario, es una importación useña, una serie de argumentos que nuestra derecha conservadora ha fagocitado, copiado y adaptado a la realidad cotidiana española. Es una de las cosas que confirma lo que se ha dicho muchas veces aquí de que la derecha española, en muchos puntos, es prácticamente una fotocopia de todo lo peorcito de la derecha estadounidense más alocada y extremista. Todo esto viene explicado en un excelente escrito en la revista Counterpunch (cuya traducción pongo más abajo), titulado “La Guerra contra la Navidad, o cómo construir una ideología derechista de masas”, recomendación y aporte de José, un joven hispano-británico amigo de esta bitácora, sobre la llamada “guerra contra la navidad”, un mito con orígenes antisemitas e ideado por el establishment conservador para perseguir a la izquierda y generar apoyo popular para sus políticas neolibegales. Como todo mito, lleva un granito de la verdad, pero se les olvida que esta guerra no la pusieron en marcha los ateos, comunistas, musulmanes o judíos, sino los puritanos, como he aclarado antes.

La celebración de la Navidad es una forma encubierta de introducir una confesión religiosa en el ámbito público. Porque, guste o no, las navidades son unas festividades tan religiosas como pueda ser el Ramadán para los musulmanes o el Purim para los judíos. Los ayuntamientos, consejerías y otros organismos optan por financiar y acoger belenes en las dependencias públicas con el dinero de los contribuyentes, los cuales no todos somos católicos. Y en los centros educativos obligan a los niños a cantar villancicos de temática religiosa. Esto es contrario a la aconfesionalidad del Estado. Si una parte de la población quiere celebrar la Navidad, ya sea por su carácter confesional, por tradición familiar o por simple afán consumista, que lo hagan, pero de su bolsillo. Paso de costear arbolitos con lucecitas y figuritas en plena calle.

La derecha en EEUU, al igual que en España, habla de “una guerra progre-liberal contra la Navidad“. Lo cierto es que no hay ninguna “guerra” contra la Navidad. Lo que hay es en realidad una guerra contra quienes no la celebramos. Nos llaman de todo menos bonito y hasta gente supuestamente “laica” la defiende y dicen que es “tradición”. Vergonzoso.

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Aquí la traducción del artículo:

“Las quejas sobre los vasos de Starbucks nos acompañaron en este mes de octubre, junto al pánico conservador anual sobre la “guerra contra la Navidad”. Fox News sirve como un megáfono permanente para culpar a “los progresistas seculares” por socavar los valores cristianos como parte de un gran plan para dirigir a los Estados Unidos por el camino del pecado y el colectivismo. Los pundits liberales responden a las ideas de Fox News de que “la Navidad está en estado de sitio”, burlándose de los conservadores por la estupidez generalizada de todo esto. Pocos, sin embargo, han abordado, o se han tomado en serio, las políticas más amplias de las que este fenómeno forma parte. La “guerra contra la Navidad” es algo más que una teoría de la conspiración tan ridícula como un sombrero de papel de aluminio; es una puerta de entrada a una política conservadora que exalta el capitalismo, el racismo y el nativismo, mientras ataca a la izquierda.

Orígenes antisemitas de la “Guerra contra la Navidad”

La primera referencia a una “guerra contra la Navidad” apareció en un artículo de Henry Ford, “El Judío Internacional: el problema más importante del mundo” -una colección de artículos antisemitas publicados en el periódico personal de Ford, The Dearborn Independent, en la década de 1920. Ford advirtió en un editorial que “El Judio considera toda expresión pública de carácter cristiano como un insulto a su religión”. Relataba una historia que puede parecer familiar a la audiencia de Fox News: “En la última Navidad, la mayoría de la gente tenía difícil encontrar tarjetas de Navidad que indicaran de alguna manera que la Navidad conmemorase el nacimiento de alguien. A veces la gente se pregunta cómo tres millones de Judíos pueden controlar los asuntos de 100 millones de estadounidenses. De la misma manera que diez estudiantes judíos pueden suprimir la mención a la Navidad y la Pascua en escuelas con 3.000 niños”.

Las diatribas conspirativas de Ford eran más que antisemitismo crudo. Eran parte de una política más amplia que trató activamente de inculcar a sus trabajadores, quienes recibían su diario como una de las condiciones laborales que debían cumplir. Al adoptar las tendencias racistas de la época, Ford convirtió a los judíos en el “hombre del saco”. En los editoriales de Ford, los trabajadores que buscaban una mejora de condiciones a través de la organización de sindicatos o que se atrevían a soñar con alternativas al capitalismo, eran presentados como unos incautos engañados por los Judíos diabólicos que trataban de “destruir el mundo” mediante el control del movimiento obrero y promocionando el comunismo. Un anti-laboralista y pro-capitalista “cristianismo protestante” sirvió como un baluarte contra el complot judeo-bolchevique para “destruir América” y crear un gobierno mundial. Así Ford advirtió de los esfuerzos judíos para “secularizar” escuelas públicas con el fin de “preparar el terreno” para la enseñanza en las universidades de “ideas revolucionarias judías” por “profesores rojos”.

La visión del mundo que Ford creó era totalmente egoísta, enmarcando a los sindicatos que luchaban contra el fin de maximizar su ganancia personal como parte de una conspiración judía sombría. Cuando los trabajadores de su planta de Rouge River en 1939 amenazaron con sindicalizarse, la llenó con carteles con el mensaje: “Los Judíos propagan comunismo, los Judíos propagan ateísmo, los Judíos destruyen el cristianismo, los Judíos controlan la prensa, los Judíos producen películas sucias, los Judíos tienen el control del dinero”.

A medida que la Gran Depresión se intensificaba, así como el conflicto entre capital y trabajo, otros siguieron el ejemplo de la fusión entre la política pro-negocios de Ford y las teorías de conspiración racistas. Varios líderes religiosos influyentes respondieron a la llamada de Ford a convertir el cristianismo estadounidense en un baluarte contra la clase obrera. El reverendo Bautista Gerald Winrod utilizó el púlpito para lanzar al país avisos sobre las conspiraciones judías. Cuando en 1927 una demanda obligó a Ford a detener la reimpresión de editoriales antisemitas en su periódico, Winrod utilizó su propia prensa para iniciar la reimpresión de secciones de Los Protocolos de los Sabios de Sion, junto a editoriales siguiendo las tesis de Ford. Cuando el nazismo expandió violentamente su influencia por Europa, el padre Charles Coughlin atrajo a algunos católicos estadounidenses al conspiracionismo racista declarando la necesidad de un “Frente Cristiano que no temerá a llamarse ‘antisemita'”, con el fin de oponerse a la amenaza judía-bolchevique.

Aún así, la presencia de una fuerte izquierda encabezada por los partidos políticos radicales, como el Partido Comunista de EE.UU. y el Partido Socialista, y apoyada por los sindicatos radicales, que participan en la ola de huelgas más grande en la historia estadounidense, mantuvo a raya la política derechista de Ford, Winrod y Coughlin. La base social todavía era demasiado radical como para que las teorías de conspiración, como la de la “guerra contra la Navidad”, ganaran actractivo entre las masas.

Los años de la Guerra Fría

El activismo obrero sin precedentes que provocó el New Deal aterrorizó a la clase empresarial. En 1947 el presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes, HW Prentis, advirtió del “aumento inquietante de la conciencia de clase, engendrada por la actividad sindical legalizada”. Por suerte para la clase empresarial, la Guerra Fría, con su fervor anticomunista y su hostigamiento “anti-rojo”, permitió que todo el poder del Estado cayera sobre la izquierda americana.

Con este nuevo realineamiento de fuerzas de clase, la ideología derechista volvió a ser preponderante. Los líderes de algunas iglesias lucharon para colocar la “identidad cristiana” en la vanguardia de la lucha contra el comunismo. El Reverendo Billy Graham advirtió de que “el comunismo está… planeado por Satanás”. La Christian Freedom Foundation fue creada en 1950 -con una financiación generosa de Sun Oil- para detener “el rastrero socialismo, el socialismo de Estado, la agricultura controlada por el gobierno, los subsidios gubernamentales para las escuelas, los controles de salarios y precios” y todos los demás “pasos hacia el colectivismo”. El American Council of Christian Laymen y la Spiritual Mobilization -organizaciones de “movilización espiritual protestante”, secretamente financiadas por la clase empresarial- hostigaban a los pastores y ministros cristianos que apoyaban el New Deal con publicaciones con titulares del tipo: “¿Cuán rojo es el Consejo Federal de Iglesias?”.

Esta atmósfera aumentó por la labor de la John Birch Society, una organización activista que trató de escorar aún más al Partido Republicano hacia la derecha. Recogiendo muchos de los temas defendidos por Ford, la John Birch Society argumentó que Estados Unidos se estaba dirigiendo hacia el socialismo, como parte de un complot para crear un gobierno mundial. En 1959 publicaron el panfleto ‘There Goes Chrismas?!’, una advertencia acerca de los esfuerzos de los “Rojos” para “debilitar el baluarte de la religión en nuestro país”, llegando “a eliminar a Cristo de la Navidad, despojándola de su significado religioso”. La “guerra contra la Navidad” imaginada por la Birch Society siguió el mismo patrón que Ford, solo que con un cambio significativo, puesto que, en el mundo post-Holocausto, el antisemitismo se convirtió en una píldora de veneno que invitaba a la comparación con el régimen nazi recientemente derrotado. La Birch Society reemplazó a los banqueros judíos conspiradores por las Naciones Unidas, una medida que invocaba el sentimiento nativista, mientras disimuladamente introducía ideas racistas en la mente del lector.

En la década de 1960, el Movimiento de Derechos Civiles rejuveneció a la izquierda americana. En los campus universitarios, los estudiantes leían y repartían abiertamente el pequeño Libro Rojo de Mao, un acto impensable en la década de 1950. Las organizadores contra la guerra en Vietnam llamaron al imperialismo norteamericano por su nombre y se pusieron de parte del Tercer Mundo, en un esfuerzo por romper con el capitalismo. Tales acciones habían rejuvenecido al movimiento obrero, cuyos miembros comenzaron a empujar contra la dirigencia conservadora impuesta sobre ellos en la década anterior.

El giro neoliberal

El resurgimiento de la izquierda mitigó la influencia de la cripto-fascista John Birch Society, pero había un área crítica donde mantuvo una enorme influencia. El creciente movimiento nacionalista cristiano estuvo cada vez más enredado con la John Birch Society y su ideología pro-empresarial. El arquitecto intelectual de la moderna derecha cristiana, Rousas J. Rushdoony, fue miembro de la sociedad, junto con el influyente director del Summit Ministries, David Noebel. Billy Graham, padre político del Dr. Nelson Bell, dirigió la sección de la John Birch en Chicago, mientras que él mismo contribuyó con artículos a la revista de William Huie, The American Mercury -en la que reproducían las teorías de conspiración de la Birch Society, dejando de lado el antisemitismo de los años anteriores a la guerra.

El nacionalismo cristiano formó la base popular sobre el que la reacción de la derecha, que se inició en la década de 1970, y que todavía domina el país hoy en día, se construyó. Muchos Evangélicos dieron apoyo popular en el Sur a la resistencia a la integración racial en las escuelas públicas. En otras partes promovieron los “valores familiares”, en contraposición a la “maraña patológica”, que era la familia negra, según el Informe Moynihan, o el desafío a la dominación heterosexual planteado por las mujeres y la liberación gay. El nuevo cristiano se entendía como blanco, masculino, heterosexual, y, lo más importante, a favor de la empresa.

Durante los gobiernos de Reagan, comenzaron a brotar megaiglesias en los suburbios de las ciudades de Estados Unidos cuyos ministros promovían el “evangelio de la prosperidad”, que equipara la acumulación de riqueza personal con rectitud espiritual y la pobreza con el pecado. El líder de la megaiglesia de San Antonio, John Hagee, advertía que “Estados Unidos ha recompensado la pereza y la hemos llamado ‘bienestar'”, mientras que amonestaba a los pobres: “levanta tu trasero del sofá y ve a buscar un trabajo”. Los nuevos centros de pensamiento libertario cristiano, como el Instituto Acton, comenzaron a predicar que el capitalismo es una creación cristiana, mientras que otros buscaron declaraciones “procapitalistas” en la Biblia.

Asumir que la identidad del capitalismo americano era particularmente “cristiana” dejó listas de nuevo las cosas para el mito de la “guerra contra la Navidad”. Mientras trabajaba como escritor para la revista Fortune en 1990, Peter Brimelow comenzó a resucitar la idea de la “guerra contra la Navidad”, que pensaba era un instrumento para debilitar núcleo étnico-cristiano blanco de Estados Unidos. Brimelow, más tarde, crearía el sitio web abiertamente racista Vdare.com, que trató la “guerra contra la Navidad” en un evento anual con titulares como “Sí, Virginia, hay una guerra contra la Navidad en América”. Pero la verdadera victoria de la derecha llegó con el ascenso de Fox News. Fox News trajo a la actualidad las conspiranoias derechistas y las imbuyó de legitimidad.

Bill O’Reilly y su programa The O’Reilly Factor se convirtieron rápidamente en los portavoces oficiales del mito de la “guerra contra la Navidad”. O’Reilly resumió la versión moderna de la historia en un episodio de su programa de 2004:

“Los Progresistas seculares se dan cuenta de que en los Estados Unidos, como son ahora, nunca se aprobará el matrimonio homosexual, el aborto, la eutanasia, las drogas legalizadas, la redistribución del ingreso a través de impuestos y muchas otras visiones progresistas debido a la oposición religiosa. Pero, si los secularistas consiguen destruir la religión en el ámbito público, el nuevo mundo progresista será una posibilidad”.

La nueva conspiración varió poco de la vieja conspiración. La “guerra contra la Navidad” era el vehículo a través cual figuras sombrías intentaban destruir América al desafiar el racismo y el sexismo, mientras terminaba la desigualdad -un escenario de pesadilla para los líderes empresariales del país. ¿Quién constituyó esta tenebrosa conspiración? Según el pastor John Hagee fueron las Naciones Unidas, el “Establishment orientalista” y algunos “financieros internacionales”, todos trabajando hacia la meta de un gobierno mundial. Glenn Beck y Alex Jones hicieron la labor de popularizar la teoría de la conspiración de un nuevo orden mundial que se avecina, propagada por los Illuminati o los masones. En todos los casos, el oscuro conspirador -ya sean Judíos, la ONU, o los Illuminati- es un espantajo utilizado por los conservadores para sembrar el miedo y la duda sobre cualquier esfuerzo por alterar el statu quo. Es por esto que el villano puede cambiar con el tiempo, pero la historia y la política detrás de la conspiración siguen siendo las mismas.

Los escritores y expertos liberales se burlan del nuevo estado de ánimo conspirativo entre los conservadores. El Daily Show de John Stewart espera siempre cada año, como fruta madura lista para caer, los titulares de “La Navidad en estado de sitio” de O’Reilly. Él y varios otros saltaron sobre la oportunidad de satirizar el The Kelly File del año pasado, en la Fox, cuando la comentarista Megyn Kelly entró en cólera exigiendo que la gente admitiera que Santa Claus y Jesús “son blancos”. Revistas digitales liberales como Salon, Slate y el Huffington Post publican piezas que bromean sobre la repentina preocupación de los conservadores por el materialismo estúpido, su falta de conocimiento de la historia religiosa, o de su tonta creencia de que la cristiandad está bajo ataque en Estados Unidos. Algunos incluso profundizan y exponen el origen indecoroso del mito de la “guerra contra la Navidad” en las publicaciones de Henry Ford. Si bien se presume con frecuencia en sus refutaciones, pocos se toman en serio la ideología política de la que el mito de la “guerra contra la Navidad” forma parte.

Lejos de ser una tontería vacacional inofensiva, la “guerra contra la Navidad” es parte de una ideología racista, pro-capitalista, con el apoyo de la América corporativa y difundida por algunas iglesias y por Fox News. Su capacidad de excitar sentimientos racistas a través de insinuaciones es aún más clara en la ‘disculpa’ de Kelly por sus comentarios sobre Jesús y Santa Claus. Mientras insistía en que sus comentarios fueron una broma, Kelly arremetía contra los espectadores “sin sentido del humor” que “respondían instintivamente al señuelo racial”. Los críticos calificaron su comportamiento como racista. Ellos discutieron las maneras en que sus comentarios escenificaban la continua división racial, pero no dijeron que el uso de esa insinuación -el “sin sentido del humor” significa liberal, no blanco o crítico del capitalismo- forma parte de un proyecto más amplio para solidificar el pensamiento anti-Izquierda en las masas. Creada para combatir el desafío que la izquierda estadounidense planteó en los años 1930 y 1960, esta ideología es tan hostil a la idea de que se cree una amenaza para el poder de las corporaciones y los ricos que hoy en día incluso las reformas liberales más modestas se reciben con gritos de “¡Socialismo!”.

Desafiando a la “Guerra contra la Navidad”

En el pasado, los partidos políticos radicales, los sindicatos y los grupos activistas radicales resistieron los esfuerzos empresariales para dar forma a la conciencia social. Hoy en día, el movimiento sindical es una cáscara de sí mismo, no hay partidos políticos radicales con influencia, y los grupos de activistas fracturan su poder y se concentran en torno a líneas de identidad, reduciendo su influencia. Con la promoción constante del “mal menor”, que exige el apoyo al Partido Demócrata, la izquierda ha perdido en gran medida la influencia que tenía antes sobre el público estadounidense. En este vacío, la América corporativa paga un buen dinero para proporcionar a personas con una visión del mundo susceptible a sus intereses. Esta es la importancia de la “guerra contra la Navidad”.

La “guerra contra la Navidad” es mucho más que un desfile anual de tonterías. Representa el triunfo de la ideología pro-empresarial / anti-obrera en la mente del público. Si la ideología capitalista es la lepra, entonces la “guerra contra la Navidad” es simplemente el entumecimiento en los dedos que le recuerda que su cuerpo se está pudriendo desde adentro hacia afuera. En el pasado, una izquierda fuerte, organizada y vigorosa mantuvo esta ideología en barrena. Ellos fueron capaces de hacer esto no limitándose a criticar los problemas del capitalismo americano, sino ofreciendo alternativas viables para la organización de la sociedad. Desde la organización de los trabajadores hasta los movimientos de derechos civiles, el legado ganador de la Izquierda fue algo que facultó a las masas para levantarse por una nueva visión del mundo. Hoy necesitamos un reto de la izquierda a la política de la derecha, más que nunca”.


Responses

  1. […] Aguirre abrió un debate que caló en redes sociales, radios y televisiones (recordar mi reciente entrada sobre el mito derechista de “la guerra contra la Navidad”, ¿ven ustedes como …). Y ocurrió que, de tanto comentarlo, a la iniciativa original se le acabó dando la vuelta y se […]


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