Posteado por: Javier | enero 2, 2016

El patrón oro: incompatible con la democracia

En los últimos tiempos, algunos miembros destacados del Partido Republicano se han visto deslumbrados por la luminosa idea de un posible retorno al patrón oro. Es el caso, por ejemplo, del senador y candidato presidencial Ted Cruz, un extremista cercano al Tea Party, quien soltó esa idea en uno de los debates de octubre (sí, no se escandalicen por lo de “extremista”, ese tipo dice que “Obama es un socialista total que no quiere defender Estados Unidos“):

“Creo que la Fed debería dejar esto de tratar de dirigir nuestra economía, y simplemente centrarse en una moneda sólida y en la estabilidad monetaria, lo ideal sería que la moneda estuviera atada al oro”.

Menos mal que Ted Cruz no es más que un estúpido incapaz de distinguir lo que es el patrón oro de lo que él cree que es el patrón oro. Lo que ocurrió a Cruz fue confundir el sistema del patrón oro (que estuvo vigente hasta la I Guerra Mundial) con el sistema de Bretton Woods, que se estableció en 1944, precisamente para acabar con los problemas que anteriormente surgieron con el patrón oro.

En el sistema monetario basado en el patrón oro, el gobierno obligaba al Banco Central a convertir todo billete emitido por él en una cantidad de oro fijada por ley, a demanda de cualquier poseedor del billete. Esta es la característica esencial del Patrón Oro: el poseedor de un billete de curso legal puede ir al Banco Central a redimirlo cuando quiera, por la cantidad de oro que la ley define. No es exactamente que la cantidad de dinero en circulación esté ligada a la cantidad de oro de que disponga en sus cámaras acorazadas el Banco Central, como erróneamente creen incluso algunos “austriacos” que teóricamente defienden el patrón oro, sino que el sistema tiene su esencia en la fijación de un precio en oro del billete emitido por el banco. Por tanto, la cantidad de dinero en circulación dependerá de la demanda de dinero del público a ese precio. El precio del oro está determinado por un mercado libre, así que, si aumenta la inflación, el oro sube de precio y aumenta su demanda, lo que no permite al Banco Central poner tantos billetes en circulación: puesto que, si se le fuera la mano en la impresión de billetes, no dispondría de oro suficiente caso de que muchos usuarios de los mismos se plantasen exigiendo hacer el canje por oro. Es un sistema claramente deflacionario (como el euro, por cierto).

En el sistema inspirado por Keynes, el de Bretton Woods que nació en 1944 (o sea, el que Cruz confundió con el patrón oro, porque sabemos perfectamente que a él las características que le gustarían, de conocerlas, serían las del anterior a la I Guerra Mundial), el precio del oro estaba intervenido y los bancos Centrales no tenían la obligación de redimir billetes por oro, salvo a los bancos centrales de otros países, con ciertos límites. El valor de la moneda estaba ligado al del dólar y este, a su vez, al oro. La idea era dar el impulso necesario para levantar de nuevo la economía tras la devastación de la II Guerra Mundial y era un sistema no tan preocupado por la inflación, pues no obligaba a los países con déficits exteriores a corregirlos mediante la contracción de la demanda interna. Eso hasta que en 1972 el presidente americano Richard Nixon se cargó el sistema cuando la guerra de Vietnam causó una inflación en EEUU que afectó también al oro, la cual cada vez era más difícil de contener. Cuando la Reserva Federal americana empezó a tener dificultades para satisfacer toda la demanda de oro, Nixon acabó con la paridad oro-dólar.

Dejando al lado sus errores históricos, Ted Cruz no es el único candidato republicano a la presidencia que ha expresado admiración por el patrón oro: el senador Rand Paul y Ben Carson también. El patrón de oro ha sido durante mucho tiempo una causa “fetiche” entre algunos conservadores y ha ganado credibilidad entre los republicanos como una herramienta para limitar la influencia del gobierno sobre la economía (que es su verdadera obsesión).

En el sistema de patrón oro anterior a la I Guerra Mundial, el precio del mercado libre del oro era el que determinaba la oferta y demanda de dinero. Por eso es un sistema que gusta tanto a los fundamentalistas de “libre mercado”. Un sistema que hoy día sería imposible de mantener con una democracia universal y un sistema del bienestar, salvo que se decidiera volver al voto censitario. El sistema de previsión social sería insostenible y las capas más pobres de la sociedad quedarían únicamente a expensas de la caridad de los más ricos. Con lo que las posibilidades de estallidos sociales inminentes llevarían a que fuera necesario un gobierno que los sofocase con mano de hierro.

Aún así, no obstante ya estamos viendo algo de esto, aunque sea de manera leve y sin llegar todavía al extremo que he expuesto, en un sistema como el de euro, con ciertas similitudes en cuanto a la obsesión por la contención de la inflación y el mantenimiento del valor de la moneda, y el “estado de excepción económico” impuesto sobre el sur de Europa con las medidas de austeridad aprobadas por instituciones como la Troika, sin legitimidad democrática alguna.

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Responses

  1. NO QUEDA OTRA ALTERNATIVA. EL GLOBO (BANCOS CENTRALES) DEBE PARAR LA EMISIÓN DE MONEDA SIN RESPALDO EN LA PRODUCCIÓN O EXCESIVA DEUDA(BONOS O ASOCIACIÓN PÚBLICA PRIVADA). Y LOS PERUANOS LIBERALES Y DESPUÉS DE LA HIPERINFLACIÓN SUPERIOR A DOS MILLONES EN EL 1985-90, NOS PREGUNTAMOS QUE ESPERA EL BCRP PARA REACCIONAR Y VOLVER AL PATRÓN ORO.

  2. La crisis económica actual hubiera sido una broma al lado de la que se hubiese producido en caso de que tuviéramos un sistema de patrón oro.

  3. Lo que es incompatible con la democracia es el propio sistema capitalista. En democracia las presiones distribucionistas se hacen insoportables. Se destruye tasa de reinversión primero y stock de capital después. El crecimiento económico y la creación de empleo no acompaña al crecimiento demográfico. Aclaro que no propongo la utopía del anarcocapitalismo, sino un sistema capitalista dentro de una autocracia “comtiana” ilustrada y cientificista. El modelo Singapur.-

  4. Totalmente cierto: el sistema capitalista (sea aplicado con mayor o menor intensidad) no se propone ni se desarrolla “espontáneamente”, como dicen los teóricos fantasiosos del “libre mercado”, SE IMPONE y necesita un Estado y un gobierno muy fuerte, en el que, cuanto más “capitalista” sea el sistema, menos consenso democrático debe permitirse. Cuanto más puro sea, más autocrático, puesto que es necesario un aparato que reprima los estallidos sociales que provocará la mayoría que se quede tirada por el camino. En todo caso, la diferencia conmigo, y lo que le hace un indeseable antisocial exactamente igual que los libertarios y anarcocapitalistas, es que usted ve eso como algo deseable, lo que demuestra que el capitalismo de libre mercado es eso mismo: sólo el capital, o más bien, quien posee ese capital, tiene libertad (y, al fin y al cabo, es lo único que interesa en ese sistema), no el común de las personas.

  5. Ahí esta el mentís, nadie queda tirado en el camino. No es una mera casualidad temporal, que el desempleo por un lado, y la necesidad de dos fuentes de ingresos en el grupo familiar, haya aparecido con el tan ponderado estado de bienestar. Preguntara usted ¿Y entonces porque la necesidad de imponer el capitalismo?. La mayoría de la gente no se pone a evaluar relaciones de causa y de efecto y compra discursos políticos.-


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