Posteado por: Javier | enero 8, 2016

Y con las cabalgatas llegó el “escándalo”

Este tema de la “guerra de las cabalgatas de reyes” en algunas ciudades de España, y toda la polémica que se ha generado, en principio sería una tontería y, ya en esta fecha, sería hasta algo un poco extemporáneo, pero, no obstante, tiene algún que otro matiz a comentar, aunque sea brevemente (y, después, ya sí, pasamos a preocuparnos de problemas reales más trascendentes y relevantes que esta esteril polémica).

En un país con un auténtico galimatías para formar gobierno en Madrid (y otro galimatías casi igual, o peor, para formarlo en Cataluña), con cuatro millones de desempleados y bajo la vigilancia de Bruselas, resulta que el tema que ha ocupado la agenda estos días y con el que parece que los españoles ni debíamos dormir por las noches ha sido el de unas dichosas cabalgatas de reyes. La politización de las fiestas navideñas ha cuajado especialmente en las ciudades gobernadas por nuevos partidos: en Madrid y Valencia. La palma se la ha llevado la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

La discusión política a cuenta de las cabalgatas empezó con la noticia de que dos distritos de Madrid (Puente de Vallecas y San Blas-Canillejas) iban a poner mujeres como reyes magos. Habían pasado tres días desde las elecciones generales y aquello era una cosa que, en principio, debía pasar más bien desapercibida, pero la choni castellana Aguirre (una señora que se ve aún bastante escocida porque no alcanzó una alcaldía que pensaba que le pertenecía casi en propiedad) se lanzó en picado con la ocurrencia de que “estoy a favor de la paridad, no de las paridas” y achacó a Carmena una decisión que nunca fue suya, sino de las asociaciones de vecinos, y que no suponía cambiar la tradición, sino que las mujeres se disfrazaran (cosa que se ha hecho de toda la vida en este tipo de cabalgatas “de barrio”). Aguirre abrió un debate que caló en redes sociales, radios y televisiones (recordar mi reciente entrada sobre el mito derechista de “la guerra contra la Navidad”, ¿ven ustedes como encaja todo?). Y ocurrió que, de tanto comentarlo, a la iniciativa original se le acabó dando la vuelta y se entendió que el Ayuntamiento de Madrid iba a hacer una norma para cambiar la figura tradicional de los reyes por la de reinas. En parte, porque se utilizó la declaración de Carmena de que le parecía “muy bien” que mujeres representaran a reyes para endosarle la idea. Tanto es así, que estos dos distritos tuvieron que aclarar que no se trataba de “reinas magas”, sino de mujeres que se iban a disfrazar de “reyes magos”.

Por su parte, en Valencia, la Societat Coral El Micalet, una asociación de defensa de la cultura valenciana, decidió recuperar una cabalgata que se celebró en 1937, en tiempos de la II República. La cabalgata la encabezaron tres mujeres (con los nombres alegóricos de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, los lemas de la Revolución Francesa). Era una iniciativa privada a la que el Ayuntamiento de Valencia dio su apoyo institucional el día 3 de enero, pero en ningún caso era el sustituto de la cabalgata de reyes oficial que se celebró el 5 de enero. El PP valenciano calificó el desfile republicano de “patochada” y se pudieron leer por las redes sociales delirantes comentarios dando a entender que aquello iba a sustituir a la cabalgata de reyes magos.

Y el día 5, el debate volvió a Madrid y la supuesta “transgresión de tradiciones” de Carmena, con el estilo de la cabalgata oficial (sobre todo, en lo relativo a los estrafalarios ropajes de los personajes que interpretaban a los reyes magos y al estilo modernista de las carrozas). Aquello copó tanto las reacciones del PP municipal de Madrid, liderado por nuestra “amiga” Aguirre, como las de sus seguidores peperos. Algunos hablaban de “ofensas a las tradiciones” y otros hasta de “ataques a la religión católica” o de “ofensas a los cristianos”. La pija Cayetana Álvarez de Toledo, una ferviente aznarista “miembra” de la Fundación FAES, puso la guinda con el tuit “Mi hija de 6 años: “Mamá, el traje de Gaspar no es de verdad.” No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás”, lo cual provocó una cascada de hilarantes “zascas” de otros tuiteros, mofándose de la inanidad de esta chica.

Lo más sorprendente es que nada de esto, de “ataques a la tradición cristiana” se hablaba cuando otros años desfilaban en los cortejos de estas cabalgatas carrozas publicitarias con el patrocionio de, por ejemplo, El Corte Inglés, Iberia, Samsung, Sony Pictures, Movistar. No se veía entonces a los puristas de la “tradición” saltar, como si tuvieran un resorte en sus culos, cuando salían carrozas publicitando a grandes marcas y empresas privadas… parece ser que entonces no se estaba “agrediendo a nuestras ancestrales tradiciones nacionales católicas de tan rancio abolengo” (ni se estaba intentando “romper España”).

No nos engañemos. Este “escándalo” que se ha formado no es más que una excusa para arremeter, con lo primero que han podido echar mano, contra los “podemitas” (el “cristianismo” les importa un pimiento, por supuesto), quienes habrán hecho cosas bien y mal en los ayuntamientos donde gobiernan, pero que, de lo malo, lo de las cabalgatas no serían más que una tontería sin importancia, y, de paso, infiltrar propaganda facha. No obstante, no son más que una minoría tarada y muy ruidosa en internet y redes sociales, azuzados por algunos políticos mosqueados por perder el poder en sus ciudades hace casi un año, no hay que darles mayor importancia. En España hay ahora mismo problemas más acuciantes que una maldita cabalgata, como he dicho al principio.

Hasta ahora, se suponía que esto de las cabalgatas no eran más que eventos festivos para entretener sobre todo a los niños y una cosa en la que se basaban era la informalidad, por eso mismo: el fin es el divertimento. Ha sido llegar los “perroflautas” y los “podemitas” y parece que no: los “guardianes de las esencias patrias” dicen que son parte del “arraigado acervo espiritual de la Patria”.

Afortunadamente, los fundamentalistas son pocos, pero los que hay siempre intentan hacernos el mismo truco de trilero: cuando criticas la presencia de un símbolo religioso en el espacio público, te dicen que es un símbolo cultural, de todos. Pero luego vas tú y dices que los reyes magos o cualquier otro festejo son una manifestación cultural, y te dicen que no, que es religiosa, y un respeto, oiga. Si es “cultural”, “popular” o “de todos”, se supone que cada uno puede celebrarlo o disfrutarlo, y hasta reconfigurarlo, como quiera, pero parece que no: para imponerlo (y pagarlo con el dinero de todos, faltaría más) es que es “de nuestra cultura” y que es “tanto de los que sean religiosos como de los que no”; pero para intentar disfrutarlo como cada uno quiera, “ah, no señores que es religioso y si cambias algo es que estás intentando ofender y agredir a los religiosos, cuidadito”.

VAMOS A SER UN POQUITO SERIOS, SEÑORES, ¡POR FAVOR!

Las cabalgatas de reyes magos en absoluto pretenden ni han pretendido jamás ser una especie de representación de episodio bíblico alguno, el de la adoración de los magos, sino nada más que espectáculos lúdico-festivos para divertimento de los niños, para engañarles con la fábula de que los “reyes magos” van a llevarles regalos en plena noche a sus casas y para que cojan las golosinas que arrojan los miembros del cortejo (a ser posible, evitando que un caramelazo les haga un buen chichón o les salte un ojo). Cuando circulan carrozas con emblemas publicitarios o con figuras de personajes de Disney o de Harry Potter, hombre, eso tampoco era muy fiel a lo “cristiano” o lo “bíblico” que digamos, y sin embargo nunca se ha levantado polémica alguna por eso.

Lo poquito que dice la Biblia de estos “magos de oriente” que visitan a Jesús es lo siguiente en el capítulo 2 del Evangelio de Mateo:

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

El relato evangélico no especifica que los magos fueran tres. Mateo sólo escribe “unos magos”, con lo cual deja abierta la puerta a la especulación. Tampoco que fuesen reyes o que se dedicasen a hacer magia, en el sentido moderno del término que supone sacar conejos de una chistera. Su número se dedujo sobre todo de los presentes que ofrecieron (oro, incienso y mirra) pero esto no resulta del todo concluyente para determinar cuántos eran en realidad. De manera que los populares personajes, Melchor, Gaspar y Baltasar, que reaparecen en España escalando balcones la fría noche del cinco de enero, son pura invención del folklore posterior. Una tradición que produce felicidad a los niños y a todos aquellos que viven expensas del consumismo exacerbado que caracteriza nuestra sociedad (es uno de los motivos, de hecho, por los que rechazo de plano este festejo, así como las navidades, aparte de por ser totalmente ajeno a lo bíblico).

El mensaje teológico de las Escrituras es que igual que esos “magos” (posiblemente sabios y astrónomos, a lo que se llamaba “magos” en el mundo antiguo) venidos del “oriente”, ajenos al pueblo israelita, que hasta entonces había sido el depositario de las promesas de Dios, vinieron a adorar al Redentor, muchos de entre los gentiles iban a hacer lo mismo y tendrían al Cristo (el de verdad, el de la Biblia, no el de las “tradiciones ancestrales”) como su Salvador. En el Antiguo Testamento hay determinados personajes (como la ramera Rahab o como Rut, la moabita) que apuntan a lo mismo que los “magos”. Herodes, por su parte, prefiguraría el rechazo a Cristo por su propio pueblo.

No veo nada de “la magia de la noche de Reyes” ni de la “tradición”. Si nos ponemos así, ellos, los casposos defensores exacerbados de “la tradición”, también serían unos blasfemos y anticristianos (tanto o más que aquellos a los que “denuncian”) por pretender hacer creer a los niños que unos entes, que posiblemente serían unos espíritus o muertos vivientes, zombis (si los “magos” de la Biblia, los que vinieron a adorar a Cristo murieron hace muchos siglos y ahora, más de 2000 años después, ¡LOS MISMOS! vuelven del más allá, se supone que deben ser eso, espíritus o zombis) van a venir sigilosamente a sus casas, se van colar en ellas mediante algún tipo de “poder mágico” y les van a dejar regalos… y encima hacer pasar esa “astracanada” (que sería más bien hechicería) como ¡¡”CRISTIANA”!!

Bromas aparte, polémicas, en apariencia tan estúpidas, como las generadas por la pija del “Nunca te lo perdonaré Carmena” sobre el traje de uno de los reyes magos, así como todo el espectáculo tan lamentable montado por la Aguirre, secundada por sus seguidores en las redes sociales, o en diarios digitales y blogs extremistas, simplemente muestran que la clase social que buscan llevar a su redil es la burguesa o pequeño-burguesa (o lo que ha venido llamándose “clase media”) que, evidentemente, está a años luz del control de la riqueza que tienen ellos, pero que no está en tan mala situación como las clases populares, o, al menos, su situación es lo bastante “acomodada” como para que algunas de sus preocupaciones trascendentales sean cosas tan nimias como que si un traje de rey mago en una cabalgata es más o menos bonito, y que, si es más bien feo, es culpa de unos “izquierdistas malvados” que les quieren robar sus “tradiciones” y “costumbres”. Es una forma de tratar de excitar el reaccionarismo en las clases que están por debajo de ellos, en su propio beneficio, evidentemente.

No hay nada peor que la derecha “dominguera” española y lo más gracioso y patético es que son los mismos idiotas hipócritas que hablan de la “falta de referencia a Cristo” (en los festejos de las cabalgatas) o de “ataques a los cristianos” o “a las tradiciones cristianas” y luego se pasan todo el año DESCONOCIENDO AL VERDADERO CRISTO, EL DE LA BIBLIA. A ellos el “cristo” que les gusta es el falso y postizo de madera o yeso, el de su “tradición española”, el que no les va a redargüir de pecado, ni llevar al arrepentimiento, ni redimir ni salvar sus almas, pero que tampoco les va a condenar por sus pecados e hipocresías (ni muchísimo menos les va a arrojar al infierno, dificilmente va a hacer eso su “cristo” de madera o yeso) y eso, al menos, les va a dejar sus conciencias tranquilas en esta vida, creyendo ser “gentes de bien” por guardar “la tradición ancestral” o por ir cada domingo a misa muy bien aseaditos. Y que, a la vez, es el “cristo” postizo, de yeso y madera, que pueden utilizar para arremeter contra todos sus fantasmas y contra todos aquellos que personifican sus fobias.

meme macarthur


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