Posteado por: Javier | enero 20, 2016

¿Qué pasó realmente en Colonia?

Desde que empezaron a llegarme noticias de este asunto de las supuestas agresiones sexuales masivas en la Nochevieja en Colonia, que ha causado tanto escándalo, la cosa empezó a escamarme un poco y no he querido pronunciarme, puesto que había cosas poco claras. Se hablaba, en un tono alarmista y sensacionalista, de “miles de agresores árabes y africanos” y de “cientos de mujeres violadas”. De hecho, la propia prensa alemana desmiente eso, han sido 90 denuncias, la mayoría por robo o acoso, y sólo una por violación. Por si fuera poco, según informaciones que maneja el compañero Dan García, sus fuentes en Alemania le han puesto de manifiesto que toda la historia y las versiones que se están dando son muy raras, y que no sería de extrañar que los de Pegida, uno de los grupos estos de extrema derecha que se dedican a “denunciar” a voz en grito la “islamización”, hubieran estado interponiendo montones de denuncias falsas (y parece que está propaganda empieza a dar sus frutos). Que es muy inusual que ocurriera algo así, puesto que en Colonia hay agentes de policía vigilando en cada esquina. Puede ocurrir que dos o tres mujeres hayan sido asaltadas, pero, simplemente con que aquello hubiera sido denunciado, la policía habría evacuado el sitio en sólo cinco minutos.

En este sentido, es muy recomendable el artículo de abajo sobre la reacción política extrema que están provocando unos hechos sobre los que prácticamente no existe construcción fáctica, más allá de rumores y cosas con más pinta de leyenda urbana que otra cosa. Interesante aunque esté publicado en una web conspiranoica (esta es la fuente original en inglés) cosa que no me gusta demasiado, pero, no obstante, es cierto que hay las suficientes contradicciones y falta de pruebas como para ser cautelosos a la hora de comprar la versión “oficial” que están dando los políticos alemanes, quienes, después de abrir sus fronteras de par en par a toda clase de inmigración, andan ahora, de forma populista y xenófoba, aprovechando la alarma creada para pedir leyes más duras y represivas.

Esto cada vez huele peor, hasta la propia prensa alemana empieza a dudar de la veracidad de los hechos, a la vista de la cantidad de imágenes que se han estado subiendo a redes sociales y que no corresponden con la Nochevieja en Colonia sino de otros lugares… hasta han intentado hacer pasar imágenes de las protestas en la plaza Tahir de El Cairo de hace varios años como si fueran de Colonia. Por cierto, ¿hay alguna imagen o foto de alguna de las mujeres supuestamente violadas?

No obstante, sea como sea, si es que ha sido cierto y hubiera ocurrido como se cuenta, esto da que pensar sobre porqué habría ocurrido en Alemania, precisamente, y no en España o en otros países del sur de Europa, donde hay cientos de miles de árabes, o en EEUU, donde controlan al milímetro quién entra en el país y qué antecendentes tiene. Resulta que parece ser que en ese país tan “serio”, Alemania, los que pretenden dirigir Europa y decir a otros países lo que deben hacer o dejar de hacer, son incapaces de controlar sus propias fronteras.

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Usando el pretexto de unas supuestas agresiones sexuales en Colonia, los medios de comunicación alemanes han lanzado una histérica campaña racista contra millones de inmigrantes y musulmanes.

En la víspera de Año Nuevo, miles de personas se reunieron en Colonia y en otras grandes ciudades en toda Alemania para celebrar la fiesta. Al día siguiente, la policía emitió un comunicado de prensa indicando que había habido un “ambiente festivo” en las celebraciones y que la ambiente nocturno fue “generalmente pacífico”.

Sin embargo, un día más tarde, fue emitida una segunda declaración en la que se hacía referencia por primera vez a unas presuntas agresiones a mujeres. El 5 de enero, la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, perteneciente a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), dijo en una conferencia de prensa que “no hay evidencias de que los refugiados que residen en Colonia se encuentran entre los autores”.

De repente, los medios se incendiaron con acusaciones de abusos sexuales masivos, poniendo en marcha una campaña histérica contra la población inmigrante. El 7 de enero, policías anónimos dijeron a los medios que “la mayoría” de los sospechosos eran migrantes. Un informe de 8 de enero del Ministerio Federal del Interior anunció que de los 31 sospechosos, 18 eran refugiados. Entre los sospechosos había también dos alemanes y un estadounidense.

No fue sino hasta el periodo comprendido entre el 8 de enero y el 10 de enero que el número de personas que denunciaron agresiones sexuales aumentó de 170 a más de 400. Hasta el momento, sólo dos personas han sido detenidas, y, posteriormente puestas en libertad.

Lo que en realidad ocurrió en Colonia no se conoce todavía. Algunos informes apuntan a una provocación. Varios medios de comunicación internacionales, como CNN, han informado de que al menos una agente de policía encubierto se había infiltrado en la multitud y más tarde informó que fue atacada.

Por supuesto, es posible que se produjeran incidentes de vandalismo en los que varias mujeres pudieron ser agredidas. Por desgracia, este tipo de comportamiento no es extraño en grandes multitudes prácticamente en casi cualquier lugar en el mundo, donde el licor fluye libremente como ocurrió la víspera de Año Nuevo. Por ejemplo, en las celebraciones del carnaval del año pasado en Nueva Orleans, Luisiana, más de 140 personas fueron detenidas, 50 por delitos graves. En Oktoberfest del año pasado, en Munich, el número de denuncias de agresión sexual se elevó a 20.

En cualquier caso, dada la ausencia de fundamentación fáctica de lo ocurrido (hasta ahora, nada más que acusaciones), la ferocidad de la respuesta de la prensa sólo puede explicarse en términos políticos. Los partidos políticos y los medios de comunicación han puesto en marcha una campaña que durante muchas décadas habría sido considerado imposible en Alemania.

Unos 70 años después de la caída del Tercer Reich, los medios de comunicación están haciendo uso de la misma repugnante clase de estereotipación racial (con la explotación abierta de obsesiones sexuales paranóicas) en que los nazis estaban especializados. Una vez más, los medios de comunicación alemanes evocan desvergonzadamente la imágen de la mujer nórdica pura siendo presa de los Untermenschen (sub-humanos) de piel oscura.

El sábado, la revista Focus publicó en su portada una imagen de una mujer desnuda cubierta por huellas de manos negras. La edición de fin de semana del Süddeutsche Zeitung llevaba una imagen del cuerpo de una mujer blanca con una mano negro sujetando sus genitales. El periódico también difundió la imagen en Facebook.

Cuando se desató una ola de protestas, el Süddeutsche pidió disculpas. Sin embargo, el Editor Jefe de Focus, Ulrich Reitz, se negó a disculparse con el argumento de que “estamos describiendo lo que por desgracia está sucediendo .” “Quien haya dicho que la portada es racista (dijo el Editor), es porque tiene miedo a la verdad.”

No son sólo periodistas degenerados los que están promoviendo esta basura racista. Destacados académicos alemanes también están participando. El profesor Jörg Baberowski, de la Universidad Humboldt, Berlín, ha escrito una columna para el BaslerZeitung, de extrema derecha, acusando a “los principales medios de comunicación de Alemania” de permanecer en silencio cuando “en la víspera de Año Nuevo, cientos de hombres árabes agredieron sexualmente, humillaron y robaron a mujeres en la Plaza de la Catedral de Colonia”.

No existe ningún apoyo popular de masas a esta campaña racista. Está siendo instigada y dirigida exclusivamente por las elites políticas.

La nueva edición del Der Spiegel afirma: “Hace un año, en la víspera de Año Nuevo de 2014, asaltos similares habrían sido (desgraciadamente) sólo un asunto para la prensa local” Der Spiegel añade: “Cualquier ataque podría muy bien haber proporcionado material para la excitación nacional: el asesinato de un niño en un parque de la ciudad o cualquier otro delito en el que los miedos primigenios son removidos, combinando estereotipos e involucrando a los extranjeros de una forma u otra”.

Sin embargo, esto no impide que Der Spiegel conceda legitimidad a la campaña de los medios. Declara que los eventos en Colonia muestran la necesidad de la policía de reforzarse para defender “nuestro canon de valores”.

Las coordenadas políticas en Alemania se han desplazado de tal modo a la derecha, que incluso los partidos de izquierdas (un monumento a la falta de carácter político) respaldan los llamamientos a un mayor autoritarismo de Estado. Este giro universal a la derecha en todos los sectores de la clase política, en realidad, no tiene nada que ver con los acontecimientos de Colonia. Más bien, está totalmente ligado al resurgimiento del militarismo alemán.

Han pasado ya dos años desde que el presidente Gauck y los funcionarios del gobierno federal anunciaron el fin de la restricción de la política exterior, y declararon que Alemania (según las palabras del ministro socialdemócrata de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier) era, “demasiado grande para comentar sobre política exterior sólo desde el banquillo”. Desde entonces, el gobierno ha apoyado el golpe de derecha en Kiev, ha participado en el despliegue de la OTAN contra Rusia, ha enviado tropas a Malí, y ha reforzado la misión militar en Afganistán. Recientemente, aviones Tornado alemanes se unieron a la campaña de bombardeos en Siria.

Pero, a pesar de los intensos esfuerzos, las élites gobernantes hasta ahora han fracasado en romper la fuerte resistencia de amplias capas sociales al militarismo. La gran mayoría de los alemanes todavía se oponen a las misiones extranjeras y operaciones de guerra de las Bundeswehr (Fuerzas Armadas). Ahora, el tema de la violencia sexual contra las mujeres está siendo empleado como una estrategia para superar esta resistencia. Los eventos en Colonia están siendo exagerados y explotados con este fin. La campaña de difamación racista contra los refugiados y los inmigrantes es un medio para conseguir la ampliación de la intervención militar en el Medio Oriente.

Toda la trágica y desastrosa experiencia del siglo XX demuestra que la clase gobernante de Alemania no puede hacer la guerra sin tener que recurrir al racismo y al resurgimiento de un régimen autoritario.

En los últimos meses, la película más popular en Alemania ha sido Er ist wieder da (Él ha vuento). Es una fantasía política satírica que imagina cómo un Hitler resucitado, emergiendo de su búnker de la Segunda Guerra Mundial, reconstruiría su carrera política con la ayuda de los medios de comunicación modernos. Durante la semana pasada, la sátira del cineasta ha adquirido un grado de realidad muy preocupante.


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