Posteado por: Javier | marzo 11, 2016

Sobre el 11-M

Hoy se cumple el 12 aniversario del día más infame de los que haya visto personalmente en España, el de los atentados criminales del 11-M, con lo que voy a republicar una entrada de hace tres años sobre las consecuencias posteriores a este suceso.

De las teorías existentes sobre la autoría intelectual y la planificación del atentado (dejando al lado las conspiranoicas que, al poco, empezaron a surgir como hongos) la que más me convence es la que expone el investigador Fernando Reinares en su libro “Matadlos” (el título del libro viene de un texto del salafismo yihadista hayado en el domicilio del principal cerebro del 11-M, Amer Azizi, donde había subrayado las siguientes frases: “Si os combaten, matadlos, matadlos hasta que no haya persecución”).

El atentado del 11-M fue un ataque perfectamente encuadrable en la estrategia global de Al Qaeda en esa época. Una idea muy común es que fue obra de unos “moritos de Lavapiés”, unos delincuentes comunes radicalizados y convertidos al terrorismo yihadista por la guerra de Irak, que planearon el ataque como una venganza por el apoyo de España a EEUU en este conflicto y que actuaron por su cuenta. Pero no fue así. Fue mucho más complejo.

¿Fue el 11-M una venganza? Sí, pero por otro hecho ocurrido antes de la Guerra de Irak. Los terroristas islamistas luego es cierto que se encontraron con ese conflicto como un ingrediente propagandístico, pero la decisión de Al Qaeda de cometer un brutal atentado en España se tomó a finales de 2001. Tampoco la motivación del atentado fue influir en las elecciones y desalojar al PP del Gobierno, como fue otra de las teorías que hicieron circular algunos medios de comunicación de la derecha española. La fecha, el 11 de marzo de 2004, se fijó antes de que el Gobierno de Aznar convocase esas elecciones. Salvo que tuvieran una bola de cristal, los terroristas no podían haberlo sabido.

La decisión de atentar en España, que conduce al 11-M, la adopta en Karachi en diciembre del 2001 el mencionado Amer Azizi, un marroquí casado con una española que hasta noviembre del 2001 formaba parte de la célula de Abú Dahdah, que fue desmantelada en la operación Dátil. Él es el único de los miembros del núcleo de aquel grupo que no fue detenido. Y era el más carismático porque había estado en Bosnia y en Afganistan. Él toma esa decisión en Karachi y ese proyecto se ratifica en una reunión de Estambul en la que participan miembros de grupos terroristas marroquís, tunecinos y libios. En esa reunión, el grupo Islámico de Combatientes Marroquís (GICM) se suma al proyecto. En marzo del 2002 ya se está montando el núcleo inicial del 11-M.

Poco después de tomar la decisión de atentar en España, Azizi se integró en el núcleo central de Al Qaeda. El propio Osama Bin Laden lo designó adjunto a Hamza Rabia, el jefe de operaciones exteriores de Al Qaeda. Cuando Azizi accedió a ese cargo, la decisión de atentar en España ya estaba tomada. Lo que consiguió Azizi es convencer a los líderes de Al Qaeda de que aprobaran los planes que ya estaban en curso para atentar en España. En algún momento entre finales de verano e inicios del otoño del 2003, el propio Bin Laden aprobó el plan. Entonces estaba en marcha la ocupación de Irak por las tropas norteamericanas. Ese contexto convenció a los líderes de Al Qaeda de que esos atentados podían ayudar a sus intereses para generar división entre países occidentales aliados y distanciamiento entre las sociedades civiles occidentales y sus gobiernos, sobre todo aquellos con presencia de tropas en el mundo islámico. El propio Azizi vino a España a finales del 2003 a ultimar los detalles de los atentados.

El 18 de octubre del 2003, en un mensaje dirigido a los americanos, que emite Al Yazira, Bin Laden introdujo una mención a España. Se cree que era un mensaje en clave pues, al día siguiente, la gente del GICM que participaba en la red del 11-M dejó constancia escrita por primera vez de la fecha de los atentados de Madrid. Y entonces no habían sido convocadas aún las elecciones generales en España. También se decide el modus operandi: que iba ser un día 11, en cuatro trenes, como cuatro fueron los aviones en el 11-S y como cuatro fueron los objetivos de los atentados en Londres. A diferencia de los de Nueva York, sin embargo, estos no iban a ser ataques suicidas (un bulo que, por cierto, circuló en las horas siguientes a los atentados, que se habían encontrado los cadáveres de varios suicidas entre los restos de los trenes).

Todos estos detalles están ampliamente documentados en el libro, con copias incluso de numerosos informes, salvo aquellos más sensibles a la posibilidad de que agentes de servicios de inteligencia de varios países pudieran ser identificados a través de ellos.

Una de las conclusiones más severas, aparte de que el 11-M pudo haberse evitado, es que milagrosamente fue abortado otro atentado de Al Qaeda, esta vez en Barcelona en 2008. En enero de ese año, fue desmantelada en el barrio del Raval una célula que planeaba cometer un nuevo 11-M, una acción que Al Qaeda había planeado con los talibanes paquistanís. Querían atacar en el metro para que no llegaran los servicios de emergencia y muriera más gente. Afortunadamente, se pudo evitar.

Sin más, el texto de abajo es el de mi entrada de hace varios años, que dejo aquí reproducida, siempre con el recuerdo de las víctimas del atentado.

11M

¿En qué consiste una teoría conspiranoica?

¿Cómo se monta una teoría conspiranoica?

En primer lugar, hay que decir que todos los hombres tenemos por naturaleza una cierta tendencia a la “paranoia”, unos más, otros menos. Es uno de nuestros mecanismos de defensa ante el medio. Buscamos adaptarnos al medio en que vivimos, buscamos patrones allí, identificamos y reconocemos peligros y buscamos la forma de defendernos de ellos. Estamos siempre alerta ante lo que sospechamos que puede que no sea como pensábamos que era. Este instinto natural puede incluso llevarnos a creer que existe una realidad paralela en la sombra, alternativa a la que es reconocida “oficialmente”. Aquí es donde llegaríamos a desarrollar una “teoría conspirativa” sobre cualquier hecho o suceso.

Si se fijan, toda teoría de la conspiración suele seguir unos patrones más o menos fijos, basados en que el mundo está dividido en tres clases de personas: 

1) Los conspiradores. Son muy malvados y tienen mucho poder. Son capaces de hacer lo que sea, por escabroso y retorcido que sea, pues su sed de dinero y poder no tiene límites. Pero siempre cometen algún error. Siempre fallan en algo de forma que hay alguien que consigue destapar sus planes. 

2) Los idealistas. Son los bondadosos defensores de la libertad que consiguen destapar a los malos, los conspiradores, en el momento en que estos cometen algún error que desvela sus planes ocultos. 

3) Los inocentes. Son el resto de la población. Son buenos pero viven engañados y en la inopia. Son algo así, para hacernos una idea, como esos humanos que en la película “Matrix” salían en una especie de estado de animación suspendida, enganchados a unas máquinas a las que alimentaban, mientras éstas les implantaban en su cerebro una “versión oficial” de la realidad. Aunque no quieran y vivan felices en el mundo ficticio que les han montado, serán salvados de los malos, o sea de los conspiradores, por los idealistas.

¿Cómo consiguen mantener el control tanto tiempo los conspiradores? Muy fácil, la teoría conspirativa cada vez les va atribuyendo más y más poder. Primero empiezan como una reducida camarilla de “hombres de negro” conspirando encerrados en algún bunker ultra-secreto y envueltos en humo de puros. Sin embargo, a medida que la teoría conspirativa se va desarrollando, sus tentáculos se extienden cada vez más y más. Cada vez hay más ramificaciones en la trama, cada vez resulta que hay más agentes infiltrados en cada vez más departamentos, cada vez todo apunta más arriba, incluso los conspiradores están infiltrados en el propio gobierno. Al final, resulta que los conspiradores lo controlan todo. Esto es un proceso que dura años. Es como las capas de una cebolla o como las del tronco de un árbol, cada vez van aumentando más.

Las teorías conspiranoicas suelen mantenerse en pie gracias a su sectarismo, pronto se convierten en un sistema dogmático de creencias. Si no hay pruebas, es porque la conspiración las ha ocultado. Y si hay pruebas que demuestran que la conspiración no es tal, es porque los conspiradores han sembrado el terreno de pruebas falsas (algo que pueden hacer perfectamente, gracias a su casi absoluto poder y control de las esferas gubernamentales, policiales y judiciales, infestadas de sus topos infiltrados). Si se les cuestiona sobre cómo sabemos que han puesto estas pruebas falsas, pues porque hay detalles que los conspiradores han pasado por alto… a pesar de lo poderosos que se supone que eran. Un conspiranoico siempre tiene respuesta a cualquier objeción que se le ponga por delante, no hay prueba que le convenza pues esta prueba siempre será una “prueba falsa” plantada por los conspiradores. No hay ninguna posibilidad de discusión racional, con lo que pretender discutir de forma lógica sobre una teoría conspiranoica no tiene ningún sentido. La salida de una teoría conspirativa es un proceso interior, pues es un proceso psicológico, que nada tiene que ver con los datos y evidencias que se aporten al conspiranoico.

Todo esto puede parecer una tontería, o algo gracioso y anecdótico, pero lo que hemos vivido en torno al 11-M en los últimos nueve años en España es cualquier cosa menos una broma. No fue más que una repugnante pugna electoralista en su momento, con el PP  mintiendo, intentando responsabilizar a ETA en los días siguientes al atentado, para evitar la derrota en las elecciones del 14/03/2004, y con el PSOE pretendiendo responsabilizar al Gobierno por la Guerra de Irak, de una forma también sumamente mezquina.

Después, lo que vino no fue más que una estrategia mercadotécnica (indigna, eso sí), amarillista y sensacionalista, que tuvo cierto éxito en cuanto a cuotas de audiencia, eso sí, de Losantos (junto con otros liberto-digitalianos como Del Pino) en las mañanas de la COPE y Pedro J. en las páginas de El Mundo, a ver quién decía la barbaridad más grande y quién ideaba la trama más oscura y maquiavélica, intentando llamar la atención de la peña: mochilas que andaban solas de un lado a otro para conducir a la policía hasta la guarida de los terroristas, supuestos temporizadores que usaba ETA encontrados en casa de un islamista que en realidad eran temporizadores de lavadoras, una tarjeta del Grupo Mondragón hallada en el lugar de los hechos que situaba la sospecha en el norte (aka: en la ETA) que en realidad era la carátula de una cinta de la Orquesta Mondragón, etc… Cada año, en torno al aniversario del atentado (aprovechando que volvía a estar de actualidad), la teoría que surgía era más importante que la del año anterior pues suponía, según estos elucubradores, la clave definitiva para despejar el enigma (“elemental, querido Watson”). Y cada año se disuelve como un azucarillo esa “clave definitiva”, esa “prueba infalible”, como si se tratara de lo que realmente es, una falsedad fabricada con humo.

Todos los supuestos “enigmas del 11-M” tienen una respuesta lógica. Por ejemplo, ¿quién ordenó reciclar los trenes (“Gordito” Vidal, por cierto, fue también especialmente plasta con ese tema)? No, no fue Zapatero, ni Rubalcaba, ni ningún esbirro de ambos compinchado con algún etarra. Muy fácil: el entonces presidente de Renfe, Miguel Corsini, nombrado por José María Aznar apenas llegado al poder, y cuyo cargo mantuvo mientras el PP gobernó. Miguel Corsini previa consulta con el ministro del Interior, Ángel Acebes, y en permanente contacto con el presidente del gobierno, José María Aznar. ¿Qué pinta pretender montar alguna historia rara de conspiradores que han ordenado destruir los trenes para que no sean analizados? Una sola cosa: la venta de periódicos. Nada más.

La Sentencia del 17 de julio de 2008 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo (Sentencia 503/2008) estableció que la masacre terrorista fue cometida por yihadistas con bombas fabricadas en Mina Conchita. Fue un atentado muy lineal. Sin embargo, durante el juicio, los prestidigitadores (entre ellos nada menos que una supuesta “Asociación de Ayuda a las Víctimas”, apadrinada por Losantos y Aguirre) intentaron colar al tribunal que el viaje de Jamal Ahmidan, alias “El Chino”, y su grupo con la Goma 2 desde Asturias al chamizo de Chinchón, el 28 de febrero de 2004, estaba relacionada con la “caravana de la muerte” de ETA interceptada ese mismo día en Cañaveras (Cuenca) con más de 500 kilos de cloratita. Pero resulta que los etarras Irkus Badillo y Gorka Vidal no tuvieron ni un contacto con Ahmidan, Kounjaa y Oulad, los terroristas perpetradores del 11-M.

Luego, salieron con que el ácido bórico que el yihadista Hassan el Haski tenía para matar cucarachas era el vínculo con ETA porque cuatro años antes, en un piso de Salamanca, alquilado por etarras, había aparecido también una pequeña cantidad de esa sustancia “llena de pelos”. También tuvimos los temporizadores de lavadoras que he mencionado antes, supuestamente encontrados en el registro de un piso usado por los yihadistas en el barrio de la Concepción, en Madrid. Más tarde, surgió la “revelación” de una llamada telefónica hecha el 6 de marzo, es decir, cinco días antes de los atentados, desde el móvil de El Chino, pero con otra tarjeta SIM. Los conspiranoicos vincularon la llamada con Oskar Pérez, un individuo condenado por quemar un autobús en Basauri (Vizcaya), cuando resultaba que el autor de la llamada no era un etarra sino el perito de una aseguradora catalana llamado Óscar García Pérez, que casualmente se encontraba de vacaciones en Madrid y le había pedido el móvil a El Chino porque el suyo se había roto. Y, por último, el Titadyn, el explosivo robado por ETA en Francia en los 90 y que los conspiranoicos insistieron en que fue lo que explotó en los trenes. Pero la prueba pericial demostró que todo el explosivo que no estalló y fue encontrado en los escenarios del 11-M (la casucha de Morata donde se prepararon las bombas, la Renault Kangoo en la que se transportaron, el artefacto de Mocejón con el que se pretendía volar el AVE, la bomba encontrada en El Pozo y desactivada en Vallecas y el piso de Leganés donde se suicidaron siete de los integrantes del comando el 3 de abril de 2004) es Goma 2 ECO procedente de Mina Conchita, pues se encontraron hasta las fajas de los cartuchos. Y respecto de los focos de las explosiones de los trenes, su análisis solo permite saber que se trata de dinamita, como la Goma 2, pero no ponerle nombre comercial.

Con lo que hemos visto, ¿tiene todo esto o no los rasgos de cualquier conspiranoia?


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: