Posteado por: Javier | mayo 2, 2016

Feliz 2 de Mayo

Hoy es dos de mayo, día festivo en Madrid, aniversario del levantamiento popular contra las tropas napoleónicas. Y me ha parecido muy oportuno recordar este texto que escribí hace justamente cinco años (que, además, coincidió con el día de la eliminación del terrorista Osama Bin Laden por las fuerzas especiales norteamericanas), puesto que, grosso modo, sigo pensando lo mismo.

Desde hace unos años a esta parte, con gran fastidio vengo comprobando que existe una especie de batalla politiquera, mirando el 2 de mayo, un suceso de hace más de dos siglos, con los anteojos del presente, junto a gran desafección de parte de la gente más liberal y progresista, probablemente a causa de la apropiación partidista que de la misma ha hecho la derechona más reaccionaria (algo similar a lo que ocurre con el 12 de octubre y el descubrimiento de América).

Así vemos que, frente al chovinismo y misticismo de la derecha española, se responde con una curiosa versión de los hechos, de acuerdo con la cual, la invasión de España por las tropas napoleónicas y la colocación de un rey títere, José Bonaparte, fue obra de “gentes ilustradas” y “liberales”, partidarios de la “libertad, la igualdad y fraternidad”, seguidores de la Revolución Francesa y deseosos de que España dejara de estar sometida a reyes absolutistas y tiranos,  mientras, el alzamiento del pueblo de Madrid contra el invasor francés habría sido obra de un “populacho” manipulado por “elementos reaccionarios”. La verdad es que el que haya parte de la izquierda que se reivindica como “progresista”, que defienda esta versión de los hechos no deja de ser insólito y, sin duda, es una reacción a la exaltación ultraconservadora que se hace del 2 de mayo llevando el agua a su molino. Insólito digo puesto que, por esa regla de tres, entonces caerían en el absurdo de que habrían de defender guerras e invasiones como la de Irak en 2003, emprendidas con la excusa de llevar valores “democráticos, ilustrados y civilizados” a pueblos “tiranizados” que son incapaces de levantarse contra sus dictadores, si no es con la “ayuda” militar (en forma de invasión y guerra) de naciones más avanzadas que ellos.

No estaría de más que se leyeran este párrafo de Karl Marx, de su artículo “La España revolucionaria”, publicado el 9 de septiembre del año 1857, acerca de los hechos del 2 de mayo de 1808: 

“Así ocurrió que Napoleón, que, como todos sus contemporáneos, consideraba a España como un cadáver exánime, tuvo una sorpresa fatal al descubrir que, si el Estado español estaba muerto, la sociedad española estaba llena de vida y repleta, en todas sus partes, de fuerza de resistencia.”

Vaya por delante que pienso que hechos de hace siglos, que se recuerdan porque fueron constitutivos de lo que España es hoy, no debieran utilizarse por fines partidistas e ideológicos (por lo que he dicho arriba de ponernos los anteojos de ahora para examinar el pasado; es absurdo establecer paralelismos entre épocas muy distintas entre sí). Pero la realidad, nos guste o no, es que siempre será utilizado, y además para hacer un relato maniqueo que favorezca a los puntos de vista más regresivos, siempre pasa así. Por eso, probablemente, los liberales pudiéramos tener la oportunidad de dar la vuelta a la tortilla y llegar a un consenso para robar todo el protagonismo político a aquellos sectores más reaccionarios y que quieran fomentar la división y el conflicto, tratando de hacer una reivindicación más constructiva de los hechos, basada en la “educación” que podemos sacar de esas experiencias históricas para avanzar en valores progresistas, de forma que, sutilmente, no dejemos de hacer uso de una “tradición” muy arraigada en nuestro país (sólo que “utilizándola” en favor de nuestros principios), vaciándolas de posibilidades de utilización de forma partidista para objetivos de extrema derecha. En definitiva, utilizar el significante que nos da un hecho histórico para intentar hacer un relato donde queden apartados los sectores más ultraconservadores.

Este es el texto de hace cinco años:

No soy madrileño, pero sucesos como los del 2 de mayo de 1808 en Madrid, de los que se cumplen hoy 208 años, son de los que hacen que, pese a las degeneraciones y putrefacciones actuales (no solo la nuestra, ojo, no es algo exclusivamente de nuestro país), sigas sintiéndote plenamente orgulloso de ser español.

Fue un levantamiento madrileño, del pueblo de Madrid, pero simbolizó la unión de todos los españoles en defensa de su independencia frente a la basura masónica que se nos quería imponer desde Francia. También fue un levantamiento en defensa de la Corona de España, frente al títere, José Bonaparte, que pretendían imponernos los gabachos. Fernando VII fue un tirano posteriormente y un verdadero felón, puede que uno de los peores reyes que ha tenido España, pero en ese momento la defensa de la monarquía era lo único a lo que había que agarrarse para defendernos. Igualmente, fue el rechazo a un tratado “europeista” (no existía entonces esa “denominación”, pero el espíritu era el mismo) como fue el Tratado de Fointenebleau, que permitió a las tropas del unificador europeo Napoleón Bonaparte entrar en nuestro país y establecerse en Madrid, bajo el mando del sangriento y terrorista mariscal Murat, un verdadero hijo directo de Satanás.

El 2 de mayo comenzó a primera hora de la mañana, cuando las multitudes madrileñas se agolparon en torno al Palacio Real para impedir que los franceses se llevasen a Bayona al infante Francisco de Paula. Al ver como las tropas gabachas lo sacaban del palacio, la gente intentó asaltar el lugar, al grito de José Blas de Molina “¡Que nos lo llevan!”. El rufián de Murat ordenó disparar directamente a la multitud, causando numerosos muertos.

La mecha se encendió a partir de ahí y se desató la lucha callejera. Aquello fue algo en lo que participaron españoles actuando individualmente. Se constituyeron así partidas de barrio comandadas por gente que actuó espontáneamente, pocos militares de alta graduación se unieron, pero de esos escasos, los dos héroes fueron los capitanes Luis Daoíz y Torres, que asumió el mando de los insurrectos por ser el más veterano, y Pedro Velarde Santillán, quienes dieron su vida por defender el Parque de Artillería de Monteleón.

Los madrileños buscaron hacerse como fuera con armas, ya que en un principio las únicas de que dispusieron fueron navajas, todo ello para impedir que entrasen en Madrid nuevas tropas francesas. Pero a falta de otra cosa, buenas eran las navajas para destripar a un buen puñado de franceses.

La gente luchó durante todo el día con todo lo que pudieron encontrar a mano y fuese utilizable como arma: piedras, agujas de coser, macetas arrojadas desde los balcones, etc… Los franceses respondieron con los despiadados mamelucos y sus lanceros, una jornada de degollamientos.

Finalmente, las tropas francesas que se encontraban fuera de Madrid se dirigieron a la capital y sofocaron el levantamiento, aunque las dificultades con que se encontraron fueron mucho mayores de lo que nunca pudieron haber previsto, desatando una sangrienta represión en los días siguientes.

Murat dio instrucciones para llevar a cabo un castigo ejemplar, incluyendo numerosos fusilamientos sin ningún tipo de juicio. Finalmente, elaboró un detallado informe que sería enviado a Napoleón, que se encontraba en Bayona reunido con el rey Carlos IV y su hijo Fernando. En ese informe, Murat presentó los hechos con tal crudeza que Napoleón les culpó del derramamiento de sangre y exigió la abdicación de ambos.

Algo un poco silvestre o salvaje hemos llevado siempre dentro, algo un poco visigodo, un pequeña parte quedó en nuestros genes de la presencia goda en la península. Hechos como los del 2 de mayo muestran esto: bastó que el pueblo viera amenazada nuestra independencia como nación para que se lanzase a degüello a combatir a los invasores con lo primero a lo que echaron mano: las navajas. No sé qué exactamente, pero algo ocurrió en algún momento de la historia que esto empezó a cambiar, comenzó nuestra decadencia. ¿Alguien se imagina a los españoles actuales colocados en el siglo XVI y conquistando las Américas con unos cuantos caballos y fusiles? ¿Alguien se imagina a un Carlos I o un Felipe II dirigiendo los esfuerzos de un Hernán Cortés o un Pizarro para someter a los grandes imperios azteca e inca? Hoy día, nadie aguanta eso, estar en esas tierras tan inhospitas rodeados de despiadados y hostiles indígenas.

Los tiempos han cambiado, las ocupaciones ya no son con tropas sino a través de tratados europeos y la resistencia ya no es a navajazos sino mediante leyes que los deroguen poco a poco, que nos devuelvan la soberanía poco a poco, pero, incluso de esta forma “pacífica”, ¿nos resistiremos igual a los intentos de quitarnos la independencia desde el “gobierno central europeo”?

En todo caso, sirva esta entrada para homenajear a aquellos que murieron ese día defendiendo la libertad, así como a los madrileños y al resto de españoles:

¡¡VIVA EL 2 DE MAYO!!


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