Posteado por: Javier | mayo 28, 2016

¿Eliminar la financiación pública de los partidos políticos? En contra

Una de las reivindicaciones más recurrentes de los últimos tiempos a esta parte es la de la autofinanciación de los partidos políticos, a base exclusivamente de las aportaciones de sus militantes y de donaciones privadas. Este sentimiento de indignación por la financiación pública de los partidos se da entre cada vez más gente de izquierda a derecha, o, simplemente, indignada y con un gran desafecto por la política, pero particularmente significativo es el populismo de derecha en este sentido (lo cual no es nada extraño).

¿Evita la financiación pública que se produzcan casos escandalosos de financiación ilegal, sobornos y otras formas de corrupción? Está claro que no. Pero mucho menos claro está que sea deseable importar para España un modelo “anglosajón” en el que los partidos se dedican a “cortejar” a sus grandes donantes privados. 

Hace un par de años, en julio de 2014, el Bureau of Investigative Journalism, una organización británica sin ánimo de lucro dedicada al periodismo de investigación, se refirió a la cena anual que el Partido Conservador organiza para invitar a sus grandes donantes:

“Los documentos muestran que los asistentes, que disfrutan en conjunto de unos activos superiores a 11.000 millones de libras, pagaron 12.000 libras por mesa (unos 15.000 euros) para cenar con los miembros del Gobierno, incluido el primer ministro, los ministros de Interior y Defensa, así como los de Sanidad, Transporte, Cultura y Justicia”.

Según el Bureau, entre los 449 asistentes había seis multimillonarios (con una fortuna superior a 1.000 millones de libras), 15 empresarios con una fortuna superior a cien millones, 73 financieros y 47 magnates del sector servicios e inmobiliario.

En el año 2010, 70 personas donaron unas 50.000 libras por cabeza a los conservadores, lo que les garantizaba acceso directo a David Cameron.

Y, cuidado, en el Reino Unido no es esto exclusivo de los conservadores, también los laboristas organizan actos similares con simpatizantes que sean lo bastante adinerados para financiarles. No es de extrañar que, en la práctica, su política tenga tan poco de “laborista”, como ocurre con la PSOE en España.

Otro ejemplo. Si miramos con franqueza los casos de corrupción que se dan en España, veríamos que son muy semejantes, en sus efectos y en prácticas, a la política de los distintos lobbies y grupos de interés en EEUU. No es que esto disculpe lo que ha ocurrido en España en los últimos años en torno a la corrupción, pero la realidad es que la única diferencia es que aquí es delictivo lo que en EEUU es PERFECTAMENTE LEGAL y algo asumido como parte del sistema. No es mejor un sistema de financiación privada de los partidos, y menos aún como en el país useño, donde, desde el año 2010 (cuando el Tribunal Supremo decidió permitir que las empresas financien abiertamente a candidatos, sin límites monetarios y sin importar si la empresa es extranjera o estadounidense), las mayores fortunas no tienen límite en las cantidades que pueden invertir en la política. Precisamente, la cantidad casi ilimitada de fondos con que estos lobbies riegan a los partidos políticos llevan a la desvirtuación de la democracia, al ser grupos de poder económico y con grandes influencias quienes terminan determinando la política final de los gobiernos.

Donar dinero a los partidos está tan sólo al alcance del que lo tiene. El que lo aporta muestra de esa forma sus simpatías por el partido, pero, obviamente, este apoyo no se queda en lo meramente moral. Se espera algo a cambio, esencialmente, el privilegio de que en algún momento del año ese donante tendrá acceso y podrá explicar al político o políticos que han recibido su generosa y suculenta donación cuáles son sus necesidades en cuanto a regulación, impuestos o lo que sea que les interese. Para ellos es como una inversión.

Y es algo que no está al alcance de la inmensa mayoría de los votantes. Si eliminamos la financiación pública de los partidos, podemos dar por hecho que unos pocos vendrán a reponer ese dinero a cambio de una política “amable” en favor de sus intereses particulares.


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