Posteado por: Javier | junio 27, 2016

Las elecciones de ayer: acabar ya con este cachondeo

Esta semana me gustaría mucho hablar del Brexit y lo del jueves en Reino Unido (un poco tarde pero es que materialmente ni tiempo he tenido), algo mucho más interesante que lo de España, pero hoy viene algo muy breve sobre las elecciones de ayer:

Sé que estas elecciones (en las que me he abstenido) eran un mero trámite para elegir al delegado de Bruselas en Madrid y que no está bien del todo hacer leña del árbol caído, pero eso no evita pensar en que quienes han visto en Pablo Iglesias una especie de “genio”, “maquiavelo” o “estratega” se lo deberían hacer mirar y mucho. Iglesias no es más que un oportunista sin principios que será lo que en cada momento y en cada lugar le convenga ser. Todos podemos evolucionar en nuestros puntos de vista (yo mismo empecé siendo de estilo liberal-derechista “cañero”, y ahí están las primeras entradas del blog para acreditarlo, y poco a poco he ido evolucionando al liberalismo progresista), pero eso es una cosa y lo de Iglesias otra muy distinta. Iglesias será comunista, será chavista, será progresista, será socialdemócrata y mañana, si hace falta, puede que hasta se nos haga franquista si piensa que eso le conviene para el único objetivo que le interesa: el poder al precio que sea.

Iglesias tuvo la posibilidad de apoyar un gobierno del PSOE y Ciudadanos, algo un poco menos “malo” que del PP, pero en su afán por destruir a los sociatas forzó unas segundas elecciones, haciendo las cuentas de la lechera de que fagocitando a IU iba a dar no se qué “sorpasso” y adelantar al PSOE, poniéndolo entre la espada y la pared: o haces presidente a Rajoy o me haces a mí. La coalición con el PSOE para investir presidente a Pedro Sánchez, que fue otra de las alternativas que se barajaron, habría sido posible si Podemos la hubiera deseado realmente. Pero nunca la quisieron, puesto que en numerosas ocasiones, antes y después de fundar su partido, dirigentes de Podemos, como Iglesias, Errejón y Monedero, habían manifestado abiertamente que su objetivo fundamental es la destrucción y sustitución del PSOE. Quedarse sin enemigos a la izquierda. La supuesta “lucha contra el bipartidismo” o “la casta” no es más (y así lo han declarado transparentemente los dirigentes de Podemos) que llegar a un punto en que la gente tenga que elegir entre ellos y el PP. Podemos se dedicó a imponer ultimátums que sabían que iban a ser inaceptables para el PSOE: un referéndum soberanista en Cataluña que el Tribunal Constitucional ha declarado irrealizable si no se modifica previamente la Constitución (y no se puede modificar mientras el PP tenga la mayoría en el senado y los diputados que tiene), exigieron la vicepresidencia y todos los ministerios estratégicos (no los sociales, sino interior, economía, defensa, justicia, etc.) y que se excluyera a Ciudadanos, cuando sabían perfectamente que sin los votos o abstención negociada de Ciudadanos era imposible que Pedro Sánchez formase gobierno (aunque es verdad que Ciudadanos también quería excluir a Podemos sabiendo perfectamente que, al pactar con el PSOE, los votos de los de Iglesias iban a ser necesarios).

El muy zote no contó con que el voto de castigo que iba a recibir iba a ir al PP, pues hay más gente que no quiere ver ni en pintura a Pablo Iglesias en la Moncloa que gente que le quiera ver allí. Ni al PSOE más débil de la democracia han sido capaces de superar. Desde el PP y sus medios afines han estado bombardeando a diario con una película en la que parecía que poco menos que las hordas de Stalin y el Ejército Rojo iban a entrar por los Pirineos, apoyadas por una oscura conspiración bolivariano-iraní para tomar el control de España, cosa que se ha revelado como una ridiculez (ya lo era antes de las elecciones pero para los que se la han tragado eso da igual).

Al menos, parece que muchísimos votantes progresistas (también varias decenas de miles de IU… a los que se llamaba “dogmáticos” y “abueletes gruñones” en los foros de Podemos… ya hemos visto el “exitazo”: un millón de votos menos que en diciembre aunque la ley electoral les haya dado dos escaños más) se han dado cuenta del fraude que es Podemos: pseudo-izquierda neo-progre y puro postureo. A ver si les queda claro que la cosa no va de ensamblar partidos a toda prisa a ver si suena la flauta, sino de construir una ALTERNATIVA IDEOLÓGICA al desastre que es el PP para los trabajadores y las clases populares de España.

Al PP no le han afectado lo más mínimo ni los casos de corrupción (el caso Barberá, la imputación criminal del PP, los papeles de Panamá y el ministro Soria… entre muchos otros “casos aislados”), ni el desgaste de una legislatura de recortes del Estado del bienestar, ni las mentiras y medias verdades sobre la “recuperación”, con la hucha de las pensiones a la mitad (en cuatro años), con un descenso en las cifras de desempleo basado en el trabajo precario (donde antes había un empleo de 1500 euros, hoy hay tres de 500) y con la deuda pública por encima del 100% del PIB, ni que su ministro del Interior conspire contra formaciones políticas rivales, devaluando lo que tiene que ser una democracia y que en cualquier país de nuestro entorno hubiese supuesto su dimisión (cosa que era lo esperable, puesto que la mayoría de sus votantes seguramente ven como perfectamente válido que se actúe contra los nacionalistas catalanes, aunque sea flagrantemente en contra de toda la legalidad). Todo eso HA DADO IGUAL. Probablemente, le faltó un debate y una semana más de campaña (como a Felipe González en 1996) para llegar a la mayoría absoluta.

Pero no hay que dar más vueltas ni echar la culpa a quienes hayan votado al PP (más bien habría que mirar la oposición tan lamentable que han tenido). El PP ha ganado legítimamente, sea por los motivos que sea, y es quien debe formar gobierno. Teniendo en cuenta, además, que, ganara quien ganara, no sería más que un gobierno-satélite de Bruselas sin independencia ni soberanía: una situación, aparte, con la que consienten y tragan la mayoría de españoles, están encantados de ceder nuestra soberanía a “Europa”. Marear más las cosas y hablar de gobiernos “progresistas” entre partidos que NO LO SON (y menos aún si hablamos de los partidos nacionalistas y separatistas, puesto que hemos llegado al sinsentido de que “izquierda” se le llama a todo lo que no sea el PP), haciendo elucubraciones sobre mil y un malabarismos para ver cómo se puede llegar a los 176 diputados (cuando las cuentas no salen de ninguna manera) sólo nos llevaría al esperpento de unas terceras elecciones cuando el mandato de los votantes a los partidos ya está muy claro, nos guste o no. Punto final.


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