Posteado por: Javier | octubre 31, 2016

Hoy, DÍA DE LA REFORMA, no de Halloween

No voy a seguir insistiendo más en lo que he dicho tantas veces, yo hoy no celebro nada de eso del Halloween, ese festival introducido por emigrantes irlandeses en EEUU a finales del siglo XIX, y que antes era totalmente extraño a la gran república anglo-protestante, una especie de adaptación sincrética de los macabros rituales paganos de los druidas celtas al catolicismo que estos irlandeses traían bajo el brazo al arribar a las costas norteamericanas, convertido ahora, por distintos intereses comercialoides, en una celebración de lo más hortera. Aunque aquí en España todo el mundo se toma estas cosas a pitorreo (el españolito medio es que no da para más), en EEUU muchos aprovechan esta noche para cometer actos oscuros y de maldad.

Lo que sí es de celebrar es el aniversario de la GRAN REFORMA PROTESTANTE. Hoy hace 499 años desde que Martín Lutero clavó sus famosas 95 tesis en la Iglesia del Palacio de Wittenberg. En aquel palacio se guardaba una de las colecciones individuales de reliquias supersticiosas católicas más grandes de Europa, acumuladas por Federico III de Sajonia. Hacia 1509, Federico llegó a poseer alrededor de 5.005 piezas, incluyendo varios frascos con supuesta la leche de la Virgen María, la supuesta paja del pesebre donde nació Jesús, y el supuesto cadáver entero de uno de los inocentes masacrados por orden de Herodes el Grande. Estas reliquias eran mantenidas en relicarios (recipientes artísticos, labrados, sobre todo, en plata dorada) y exhibidos una vez al año para que los fieles las contemplasen y venerasen y así “ganar el perdón de los pecados”. En 1509, cada devoto visitante que hizo alguna donación para el mantenimiento de la Iglesia del Palacio recibió una indulgencia de cien días por cada reliquia. Antes de 1520, la colección de reliquias había aumentado hasta las 19.013 piezas, lo que permitía a los devotos peregrinos que donaran a la Iglesia del Palacio recibir una indulgencia que, según la creencia, reduciría su tiempo en el purgatorio hasta un millón novecientos mil días.

El acto de Lutero de clavar sus 95 tesis, sin embargo, no iba dirigido inicialmente contra esta colección, sino en respuesta a la venta de indulgencias por parte de Johann Tetzel, un dominico comisionado para ello por el Arzobispo de Mainz y por el Papa León X y más que un acto de rebeldía era una invitación al debate en el seno de la Iglesia. El propósito de Tetzel con la venta de indulgencias era desarrollar una campaña de recolección de fondos para financiar la renovación de la Basílica de San Pedro en Roma, y aunque el príncipe de Sajonia, y el príncipe del territorio vecino, Jorge el Barbado, duque de Sajonia, prohibieron la venta en sus dominios, feligreses de Lutero viajaron para comprarlas. Cuando estos creyentes venían luego a confesión, presentaban las indulgencias plenarias que habían adquirido, demandando que ya no necesitaban arrepentirse de sus pecados, puesto que el documento prometía perdón para todos ellos y más.

La acción de Lutero, por otra parte, estaba llena de una gran ingenuidad. Su primera reacción fue pensar “¿Y el Papa sabe esto?”. Estaba convencido de que León X no tenía conocimiento del proceder de Tetzel y, es más, que, de saberlo, lo condenaría. Creía que aquello era únicamente una cuestión de corrupción en estratos intermedios de la jerarquía de la Iglesia. Para comprobar la inocencia de Lutero, quien aún se consideraba por aquellos tiempos un fiel hijo de la Iglesia Católica Romana, no hay más que leer sus propias palabras: “Hay que enseñar a los cristianos que si el Papa supiera las exacciones cometidas por los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de san Pedro se viera reducida a cenizas antes que levantarla con el pellejo, la carne y los huesos de sus ovejas. Hay que enseñar a los cristianos que el Papa, como es natural, estaría dispuesto, aunque para ello tuviera que vender la basílica de san Pedro, a dar de su propio dinero a aquellos a los que se lo sacan algunos predicadores de indulgencias”. Dos años antes, en 1515, había hecho el descubrimiento que le dio la paz espiritual que llevaba años buscando, la comprensión del versículo 17 del capítulo primero de la Carta del Apóstol Pablo a los Romanos: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. El justo no lo es a través de las propias obras, sino que se es justo porque Dios imputa esa justicia mediante la fe en Jesucristo.

Sea como fuere, aunque Lutero no buscaba eso inicialmente, aquello fue el inicio de la Reforma. Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Mainz, al Papa y a algunas universidades. Pronto fueron impresas y, antes de 1518, ya habían sido extensamente leídas por toda Europa. León X, vacilante en un principio, condenó finalmente las tesis mediante la bula “Exsurge Domine”, exigiéndo a Lutero que se retractara, al menos de 41 de ellas, sin éxito alguno, pues este se negó publicamente a hacerlo en la Dieta de Worms, durante su comparecencia del 16 al 18 de abril de 1521: “A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes -ya que no confío en el Papa, ní en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradecido- me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén”. Lutero rechazaba formalmente la interpretación de la Biblia bajo las directrices de la Iglesia, así como el carácter revelado de la Tradición.

El 25 de mayo de ese año se publicaba el Edicto de Worms, en el que se catalogaba a Lutero como delincuente, se prohibía la posesión y lectura de sus escritos y se autorizaba a cualquiera a matarlo. A fin de protegerlo, el príncipe Federico de Sajonia lo apresó en el camino de regreso y lo escondió en el Castillo de Wartburg, donde inició su traducción de la Biblia al alemán. El apoyo popular a Lutero hizo que el Edicto quedase virtualmente sin efecto. Se inició así un proceso que, desde el punto de vista católico está claro que fue un proceso que hizo perder a la Iglesia de Roma la mitad del continente europeo, pero que, sin embargo, fue el comienzo de un regreso al cristianismo bíblico y a una liberación espiritual que cambió muy beneficiosamente el mundo.

No hay ninguna duda de que el pensamiento liberal y la modernidad tuvieron en la reforma protestante uno de sus antecedentes. La ruptura de la unidad religiosa anterior, supeditada a una única instancia totalmente jerarquizada y siendo la única legitimada para la lectura e interpretación de las Sagradas Escrituras, pasando al libre examen de las mismas por parte de los fieles, que arrancó con Martín Lutero y continuó, muy especialmente, con Juan Calvino, llevó a una ola de pluralismo religioso y político que se expandió por el norte de Europa, las islas británicas y Norteamérica, tras la llegada de los puritanos a mediados del siglo XVII, nunca vista antes en el mundo occidental.

Seas o no creyente, es un día para celebrar el origen de gran parte de las libertades que se fueron conquistando en los siglos siguientes.


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