Posteado por: Javier | febrero 13, 2017

La corrección política es una forma más peligrosa de totalitarismo

Ayer por la noche tuve ocasión de leer uno de esos artículos trufados de corrección política que te dejan bastante soprendido, aunque reconozco que esto ya no debiera sorprender: no es más que una ejemplificación más de porqué el pensamiento que actualmente denominaríamos  como “progre” está en el estado de parálisis mental absoluto en el que está.

Lo que hoy día es la “izquierda progre” es un movimiento totalmente folclórico. Se leen sus textos y sus artículos, y son confusos y caóticos, como ven una multitud casi infinita de “micro-machismos”, “micro-racismos” o “micro-homofobias” por todas partes, no se sabe muy bien contra qué o contra quién concretamente están luchando, no combaten ninguna injusticia concreta ni es la reacción a ninguna situación de desigualdad concreta, ya que tampoco están fundados en ningún principio concreto, pero, al mismo tiempo, son totalmente quijotescos, tienen que verse a sí mismos peleando contra gigantes por todas partes, y, a la vez, se arrogan a sí mismos una inmunidad que es otorgada por una demagógica estrategia victimista y que goza de unos dogmas que, paradójicamente, nadie conoce con exactitud porque ellos mismos los malean a cada momento según su conveniencia. Sus fieles e inquisidores seguidores tienen la libertad de juzgar subjetivamente todo lo que no corresponda con sus caprichos creyendo que se enfrentan de alguna manera a las injusticias, cuando lo único que hacen es satisfacer a los lobbys económicos, el mundialismo y la barbarie individualista posmoderna.

El texto en cuestión (titulado “Un negro me escribe los artículos”, lo pueden leer PINCHANDO AQUÍ) viene a sugerir como solución al problema del racismo que la gente se autocensure a la hora de emplear expresiones como “merienda de negros”, “chinito” o “dúchate que pareces gitano”, entre muchísimas otras. Parte del error de creer que “El lenguaje construye realidad social y en el tema de los prejuicios no se queda atrás”, cuando la cuestión es, más bien, al contrario: la realidad social es la que construye el lenguaje, el lenguaje no es más que un reflejo de la misma. La cuestión es que la corrección política que el autor demanda a la hora de emplear el lenguaje (en la línea de lo que es la demanda más usual de la actual izquierda progre) no es solución alguna a problemas como el racismo o el machismo. La corrección política funciona únicamente como un autodisciplinamiento, basado únicamente en “no molestar”, que simplemente tapa debajo de una alfombra estos problemas, pretendiendo hacer como si no existieran, pero no los soluciona.

La corrección política es una ideología que clasifica a la humanidad en colectivos bien diferenciados. Unos serían víctimas (“grupos débiles”) y, por tanto, buenos, siempre en posesión de la razón. Otros, por el contrario, verdugos, (“grupos fuertes”) y, por ello, malvados y mentirosos. De acuerdo con la corrección política, que un acto esté justificado, o no, no depende de su propia naturaleza, sino del colectivo al que pertenezca quien lo cometa. La corrección pretende eliminar cualquier expresión que pudiera ofender, aunque sea de forma no intencionada, a algún grupo calificado como débil… pero permite insultar y ofender a quien forma parte de los malos, de un grupo fuerte.

Error sobre error, la ingeniería social no cambia la naturaleza humana, no puede erradicar la maldad, y mucho menos construir un mundo feliz. Más bien suele conseguir lo contrario. De hecho, la corrección política, como herramienta de transformación social, se ha convertido en un factor determinante de la alarmante polarización política que hoy aflora en muchos países. No sólo eso, dado que pone una tapadera, pero sin solucionar los problemas, sino, al contrario, más bien exacerbarlos, pretendiendo combatir formas de odio (como el racismo) no estoy seguro si, más bien, a lo que ha contribuido es al aumento de estos crímenes de odio en los últimos años. La corrección convierte a muchas personas en personajes dogmáticos, quejicas y neuróticos, que en todas partes ven agresiones, conflictos y agravios contra su propio colectivo. Aun sin saberlo, acabamos convirtiendo el mundo en un sufrido espejo de nuestros miedos y traumas personales.

Precisamente, el artículo me recordó a la crítica contenida en un video del escritor marxista esloveno Slavoj Zizek acerca de la corrección política, que vi hace pocas semanas. Subrayo lo de MARXISTA puesto que en el artículo se cita torticeramente, como ejemplo de personaje “reaccionario” o “fachilla”, que serían los que no estarían de acuerdo con las tesis del autor, al académico de la RAE Javier Marías. O sea, mi opinión es la “progre” y si no estás de acuerdo conmigo, es que eres un “fachilla” como Javier Marías. Eso en una línea en la cual el autor (un español de origen gambiano que se define como “activista”, de algo hay que comer todos los meses) se dedica a criticar lo mismo que él hace a lo largo de todo el escrito, dictar a los demás cómo hay que hablar: “Fuera del ámbito de los Javier Marías de turno que nos dictan cómo debemos hablar y definirnos, cada día escuchamos un crisol de expresiones de tufo racista”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: