Posteado por: Javier | marzo 14, 2017

¿Fronteras abiertas a los refugiados?

Sobre el asunto de los refugiados, que recientemente ha vuelto a ponerse de actualidad tras las manifestaciones de hace unas pocas semanas en varias ciudades españolas reclamando abrir aún más las puertas, es excelente el siguiente artículo publicado en ESTE BLOG (“¿Es posible la paz?”), donde tocan algunas cuestiones que he tratado hace algún tiempo (como el uso de los inmigrantes como “ejército de reserva” para presionar a la baja las condiciones laborales de los trabajadores autóctonos), así como otras relacionadas con la labor de blanqueamiento de agresiones e injerencias criminales en países como Libia o Siria que realizan pseudo-activistas, ONGs y partidos “progresistas” en Europa, utilizando el sentimentalismo y el emocionalismo fácil. La “izquierda” neoprogre se convierte en la mayor aliada del neoliberalismo globalista, al cargar el castigo emocional sobre sus “insolidarios” conciudadanos que no quieren acoger más refugiados e inmigrantes, en lugar denunciar las políticas internacionales de destrucción y expolio de estados y gobiernos legítimos en Oriente Medio y África que son, precisamente, las que provocan esos flujos migratorios.

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¿Fronteras abiertas a los refugiados?

Mikel Itulain

En artículos  anteriores les he traído el tema y gran problema de los refugiados, y como estos se utilizan con propósitos políticos y económicos por parte de organizaciones “humanitarias” y “progresistas”. Y se hace, lo hacen, de un modo que desprecian a un tipo de refugiados mientras hablan continuamente de otros. Ejemplos del primer caso son los serbocroatas de la Krajina o la mayor fuente de migración por limpieza étnica ocurrida en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, les hablo de Donbass. 1 En este caso no se les presta atención porque no son útiles y resultan molestos. Lo son porque  ponen en evidencia invasiones y ataques militares propiciados por los dirigentes occidentales que son apoyados conjuntamente por todo ese entramado “progresista-humanitario” que les da cobertura y legitimación para que todo ello pueda tener lugar; a cambio, el mundo corporativo da generosas prebendas y fama a este tinglado “progresista”. En el segundo caso, el de los refugiados que oímos continuamente (e.g. Siria), resulta provechoso para enardecer los ánimos de la población occidental, cargando las culpas sobre precisamente quien no la tiene y a quien quieren destruir, en el momento actual el Gobierno de Siria.

Tengan presente una historia que dura décadas: aquellas naciones que han tratado y siguen tratando, las que perviven, de mantener su independencia política y económica, siguiendo en buena medida un modelo socialista, se han enfrentado o enfrentan a un ataque multifrontal, que finalmente será militar.   Donde se enviarán a poderosos ejércitos, oficiales o mercenarios, para llevar a cabo la tarea de su destrucción. Los entramados “progresistas-humanitarios” harán de justificadoras en tal penoso menester. Pueden ver aquí a los “progresistas” occidentales o a las organizaciones “humanitarias”.

Posteriormente podrán encontrarse a tales elementos hablando, cínicamente, de parar las matanzas y de combatir la tragedia de aquellos que ellos mismos propiciaron.

Por ese motivo, cuando partidos políticos  que retóricanente defienden el “progreso” o entidades que dicen hablar en nombre de los derechos humanos les vengan con la conocida cantinela, no les presten mucha atención; pues poco de honesto hay en sus intenciones y mucho, demasiado, de culpa en sus acciones.

Para entrar ya, tras esta breve precisión, en el tema de este artículo: las puertas abiertas o no a la inmigración, les voy a comentar lo que al respecto y de forma muy brillante ha expuesto recientemente el antropólogo canadiense Maximiliam Forte. 2 Él lo enfoca, acertadamente, de cara a dos conceptos y conjuntos sociales muy importantes: la ciudadanía y la clase trabajadora. Y lo hace así mismo analizando los estudios y opiniones de otros antropólogos como él, como ocurre con el australiano Andrew Kipnis, que nos habla de su “ciudadanía abierta”, de no poner barreras a la inmigración, de quitarlas. Dice que si el objetivo  (digo yo imaginario) del Gobierno australiano es reducir la pobreza en otros países, entonces sería mejor que los pobres fuesen a Australia para paliar este problema, al ser un estado más rico. Muestra él también la arbitrariedad de las visas y se plantea una interesante cuestión, aunque algo contradictoria e incongruente, que busca relacionar democracia y globalización.

En un marco global, ¿qué puede significar la democracia cuando los ‘ciudadanos’ de las naciones empobrecidas no tienen influencia sobre las políticas gubernamentales que les afectan más, en particular las políticas de inmigración de las naciones ricas? 3

Enfoca el tema hacia unas puertas abiertas de los países más desarrollados, no hacia una globalización  de fronteras no cerradas. Lo cual es restrictivo y abandona la idea realmente globalizadora de aplicarlo en todo el planeta y no solo en unos países, pudiendo ser un ciudadano del mundo.

Esto choca, y lo comenta Forte, con algo obvio.  La primera influencia deben ejercerla los migrantes en su país de origen. Si no son capaces de hacerla allí deberemos preguntarnos por qué. Y las respuestas a este porqué no creo que  nos vayan a gustar. Porque la salida de personas de su lugar de origen de forma más o menos masiva se debe principal y fundamentalmente a la intromisión e interferencia de alguien externo en el país en cuestión. Bien porque controla mayoritariamente sus recursos económicos en complicidad con una minoría local (es el caso por ejemplo de Colombia o América Central), bien porque alguien también externo lleva a cabo una agresión contra esa nación en muy diversos frentes: militar, económico, político…, y provoca la huida forzada de los habitantes del lugar. Aquí tenemos problemas muy actuales: Siria, Libia, Donbass, Afganistán…

Si no atendemos a las verdaderas causas, tampoco encontraremos las verdaderas soluciones.

Continuamos con las propuestas de Kipnis. Como él mismo reconoce, el coste de la masiva y forzada llegada de migrantes  a un país, que serán explotados como mano de obra barata al no tener contactos y aprovecharse de ellos, será y será severo sobre la clase trabajadora. Fácilmente entendible al haber una gran demanda de trabajo, por tantas bocas hambrientas, que será utilizado provechosamente aunque inhumanamente por los patronos, tirando al suelo los salarios. “Si no lo quieres tú, lo querrá otro”. Que alguien dé por buena una medida que no le afectará, la llegada masiva de inmigrantes, como sucede con la práctica totalidad de los parlamentarios (que no están ligados o no pertenecen a la clase trabajadora) no es muy honesto; además de que el problema social que crea no es en modo alguno aceptable. Tenemos entonces una situación peor a la inicial, porque tanto los extranjeros que vinieron, como los locales, tendrán una vida bastante humillante y miserable. Que la “izquierda” occidental política esté actuando de un modo tan irresponsable con el tema de los refugiados y de la inmigración, demuestra su colaboración con las políticas coloniales y su despreocupación por esa clase trabajadora tan olvidada.

Kipnis entiende que en situaciones normales es una minoría de la población la que migra, entre otras cosas porque si no tienes los contactos y los medios para hacerlo no suele valer la pena el coste de la ruptura con tu entorno social y la entrada en otro donde te encuentras aislado. Es un tributo muy alto para ser asumido si no te ves muy forzado.

La consabida historia tantas veces mencionada en los medios de comunicación con el fin de ocultar los verdaderos motivos de la inmigración, la continúa mencion a las “mafias” que se aprovechan del inmigrante “ilegal”, no hace sino trasladar la explotación a otro lado, al legal, sin resolver la cuestión.

Si queremos solucionar el problema de la inmigración deberemos actuar sobre las políticas de los poderes económicos y políticos de nuestras sociedades occidentales. Y ahí tendremos que centrarnos sobre lo que hacen las corporaciones industriales y financieras a lo largo y ancho del mundo, apropiándose de recursos y medios que en verdad no les corresponden y generan, entre otros muchos problemas, el que hoy he mencionado, el de  las masivas migraciones y el de los refugiados.

Referencias-Notas:

1. Shaun Walker. The Ukranians starting a new life -in Russia. The Guardian. 5.01.2016
2. Maximiliam Forte. Open borders, Global Citizenship, and the Working Class. Zero Anthropology. 26.12.2016.
3. Kipnis, Andrew. (2004). “Anthropology and the Theorisation of Citizenship”. The Asia Pacific Journal of Anthropology, 5(3), 257–278.

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