Posteado por: Javier | marzo 18, 2017

Globalistas contra nacionalistas, la nueva lucha que ya está en marcha

Desde hace unos pocos días llevamos con el conmovedor espectáculo de ver a la prensa “progresista” (esto es, la que defiende el globalismo neoliberal desde posiciones supuestamente de “izquierda”) prácticamente descorchar el champán por el hecho de que en las elecciones holandesas haya ganado el candidato neoliberal… dejando en la cuneta al calificado como candidato “ultraderechista” e “islamófobo”, Geert Wilders. “Europa” también ha respirado aliviada, pese a que las posibilidades de Wilders de formar gobierno, aun cuando hubiera ganado las elecciones, habrían sido totalmente nulas, por cuanto que ninguno de los demás partidos tenía ni la más mínima intención de pactar con él. De Wilders poco sé como para poder valorar nada de él, más allá de que es públicamente conocido su beligerante discurso contra el Islam y de que es alguien que podría encuadrarse en la conocida como “Derecha alternativa” (Alt-Right), pero, en cualquier caso, celebrando la derrota de un candidato que no tenía ninguna posibilidad de llegar al gobierno de Holanda, la cada vez más desacreditada UE lo único que ha hecho es ganar un poco de tiempo en la huida hacia adelante permanente en la que está inmersa. Pueden ganar todo el tiempo que quieran y quemar todos los cartuchos que quieran: la Unión Europea que nació en Maastricht y el Euro son, a día de hoy, dos proyectos comatosos y que solo se mantienen con respiración asistida.

Digamos, volviendo al inicio, que asistimos a un escenario, no sólo en Europa sino en todo Occidente, en que la vieja dicotomía derecha-izquierda, que se inició en los tiempos de la Revolución Francesa, cada vez está más confusa, borrosa y difuminada, dando paso y siendo sustituida por una nueva que sería globalistas (o mundialistas, si lo prefieren) vs. nacionalistas, o sea, los defensores del capital neofinanciero global contra los defensores de la soberanía, la identidad y la economía e industrias nacionales. A un lado los neoliberales, conservadores, socialdemócratas y “progresistas”, unidos todos defendiendo el establishment, y, al otro lado y frente a ellos, tenemos a la “derecha alternativa”, a los que han dejado sólos como el contrapoder anti-establishment, anti-globalización neoliberal y defensor de las soberanías nacionales.

Desde que una mañana de junio del año pasado nos desayunamos con la noticia de que una mayoría de votantes británicos se había decidido por apoyar el Brexit, pasando por la elección de Donald Trump en noviembre, la izquierda “progresista” se autodestapó completamente uniéndose en una carrera con los burócratas de la UE, las élites del establishment y los neoliberales a ver quién era capaz de lanzar las descalificaciones más gruesas (“xenofobia”, “racismo”, “machismo”, homofobia”, etc.) contra estos movimientos (o, más bien, contra quienes los han apoyado en las urnas) que han sido como una auténtica cornada a los intereses globalistas. Ellos son los responsables de que, por ejemplo, en el Reino Unido, el Brexit, apoyado mayoritariamente por los trabajadores y las clases populares sobre todo en Inglaterra, vaya a ser un Brexit de derechas.

Cuando existe una demanda, normalmente, el primer ofertante que llegue es el que copa el mercado. La mayoría dentro de las clases trabajadoras está contra el globalismo neoliberal. Como la “izquierda” no sólo está ausente, sino que se ha unido al establishment en la defensa de ese orden global, es la “Alt Right” la que ha tomado la bandera y ahora encabeza la lucha contra la globalización y el neoliberalismo. Por eso ahora lo que está de moda entre esa izquierda es criticar sin misericordia a Donald Trump hasta por los motivos más risibles. Esos ataques empezaron incluso en noviembre, cuando a ese hombre aún le faltaban más de dos meses para empezar a gobernar, con los disturbios “espontáneos” en varias ciudades norteamericanas, días después de las elecciones, hasta llegar a las marchas “espontáneas” del mismo fin de semana de su toma de posesión. Unas protestas y marchas muy similares a otras protestas “espontáneas” como las que derribaron a Milosevic de la presidencia de Yugoslavia en el 2000, las “revoluciones de colores” en el espacio ex-soviético la década pasada, las protestas de la mal llamada “Primavera Árabe” o, más recientemente, el “Nazi-maidán” (conocido oficialmente como “Euromaidán”) en Kiev… quizás similares porque tanto detrás de las de EEUU como de las anteriores, se atisba la larga mano de George Soros. Evidentemente, no es lo mismo derrocar al presidente de EEUU que al de países más débiles como Serbia, Ucrania o Egipto por medio de unas algaradas callejeras, disturbios y protestas, por muy bien organizadas y financiadas que estén, pero es difícil no ver ciertas similitudes.

Lo más patético de la “izquierda progresista” en sus ataques a Trump es que ni siquiera tienen criterio propio al hacerlo, sino que se limitan a sumarse a la propaganda que hacen los grandes medios corporativos y las élites políticas y económicas vinculadas a Hillary Clinton y el Partido Demócrata. Es decir, en lugar de articular una oposición a Trump en base a valores e ideas propias y a una defensa de los intereses de los trabajadores norteamericanos, lo que hacen es repetir como papagayos las consignas hipócritas lanzadas por quienes trabajan a sueldo del emporio de los Clinton. No sólo eso, en Europa y España ahora vemos algo, si cabe más penoso y ridículo: la mal llamada “izquierda progresista” europea ¡¡posicionándose como auténticos hooligans a favor de Angela Merkel con tal de tener una excusa con la que atacar a Trump!!

O, de forma aún más rastrera y dejando a las claras su catadura moral, tratando de blanquear a los islamistas que luchan en Siria contra el gobierno de Assad y contra Rusia, presentándolos como “insurgentes”, “rebeldes” o “resistentes”, para no tener que reconocer que problemas como el de los refugiados por quienes han sido creados es por los mismos intereses que ellos están protegiendo tan mezquinamente. Les señalan a un muñeco de pim pam pum contra el que arremeter (Trump), en lugar de hacerlo contra los creadores de los problemas a los cuales se supone que se oponen, y ellos siguen la consigna como si fueran lemmings. A mi me parece que no es muy dificil entender que problemas como el de los refugiados de la guerra de Siria han sido creadas por las guerras provocadas o incitadas por el imperialismo neoliberal y por los terroristas islamistas apoyados por la OTAN para derrocar gobiernos legítimos de Oriente Medio, patrocinados por las anteriores administraciones de Washington (tanto republicanas como demócratas) y la UE (ésta última haciendo de lametraserillos), y que (hasta ahora) no es Trump quien ha creado ese problema. Pues nada, ellos a su bola porque lo “guay” es ser anti-Trump. Lo guay para muchos y lo rentable para unos pocos, claro, ir de “progre” mientras legitimas el imperialismo neoliberal es todo un negocio. En temas como la restricción de entrada de viajeros desde ciertos países, Donald Trump lo que se ha limitado es tratar de impedir temporalmente estas entradas desde países devastados por las políticas imperiales de Obama y Clinton para tratar de impedir que puedan llegar encubiertamente terroristas de los nidos creados por estas mismas políticas. Pero, claro, es mucho más fácil (y además quedas como “benefactor de la humanidad”) poner la pancarta del “Refugees Welcome” que enfrentarse al poder económico del que vives muy bien, es mucho más fácil eso que denunciar que lo que ha creado estos refugiados son las guerras imperiales en países como Irak, Libia o Siria.

Todo esto y mucho más viene aún más extensamente y mejor explicado en este artículo del Sr. Adolfo Ferrera (en el blog de reciente descubrimiento “El Mirador Global“), titulado “Fractura europea: derecha globalista contra derecha nacionalista. ¿Dónde queda la izquierda ante el nuevo escenario geopolítico?”, sin que pueda estar más de acuerdo con este párrafo: “Como decía anteriormente, la izquierda política y los movimientos sociales no participan como protagonistas en esta batalla. Están desaparecidos del debate geopolítico y geoestratégico que ahora está reconfigurándose, y en la mayoría de los casos se están movilizando en contra de los llamados “populismos” de la mano de los mismos globalistas neoliberales (con Obama-Clinton a la cabeza) que llaman “populistas” a los gobiernos y dirigentes de izquierdas en Latinoamérica, por ejemplo. No ven más allá. Paradójicamente la izquierda “progresista” española (y me temo que la europea en general) está empleando los mismos términos para atacar a la extrema derecha nacionalista. Pero sin darse cuenta, al acusarles de “populistas”, la izquierda está admitiendo intrínsecamente que no pretenden romper con el régimen institucional europeo (incluido el Euro), porque entienden que no es posible hacerlo, dando por hecho que la “extrema derecha” lo hace sólo para captar votos. Los “progresistas” están demostrando que son más reaccionarios que la propia “extrema derecha”, quien en realidad está dejando en evidencia que sí tienen un modelo alternativo a la globalización neoliberal y al orden mundial unipolar (con todas la carencias, excesos o críticas que le queramos añadir a sus propuestas).”

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OTRO TEMA:

Hablando de medios de comunicación globalistas, probablemente lleven días escuchando algo sobre unos “privilegiados” estibadores portuarios que se niegan a perder unos “intolerables privilegios” (valga la redundancia), como unos sueldazos de fábula que cobran. Esta misma semana, precisamente, ha sido tumbado en el Congreso el decreto de liberalización de la estiba.

Es cierto que la estiba tiene unas ciertas peculiariadades gremiales, por decirlo de algún modo, un tanto discutibles, como son su carácter “familiar”, la falta de transparencia en el ingreso o imposibilidad de poder trabajar como estibador si no cuentas con un contacto dentro del gremio, ausencia absoluta e imposibilidad de trabajar como estibador o “portuario” si eres mujer. En general, no son un sector laboral muy apreciado por el resto de los trabajadores, en parte también por las diferencias salariales. Incluso tienen fama de ser una mafia sindical al estilo americano. Hasta ahí eso es cierto.

Pero aún así, no por ello voy a defender “liberalizaciones” ni los intereses de la UE (que es, en definitiva, lo que se está ventilando en este conflicto).

Con los estibadores portuarios se está siguiendo el mismo “modus operandi” que con otros grupos a los que aún no se ha aplicado la precarización laboral para “conseguir competitividad”, siguiendo unos pasos similares a estos:

1) Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2) Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque “lo manda Europa”, y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3) Señalamos a los trabajadores como “privilegiados”, “restos de un modelo anacrónico” (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto “aristocracia sindical”.

4) Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5) Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6) Acusamos a los huelguistas de dañar un “sector estratégico”.

7) Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

En resumen, apretarles las clavijas para que terminen yendo a la huelga, y, una vez se produzca este conflicto, señalarlos ante la opinión pública (que mayormente sí que está sufriendo los efectos del “apretón de cinturón”) como unos “privilegiados” que no quieren “arrimar el hombro” como los demás, normalmente filtrando los salarios que cobran (ya se sabe que hablar de dinero es muy buen truco para excitar la envidia hacia el que tienes al lado) y otras condiciones favorables que tengan estipuladas en sus convenios colectivos (sobre todo, si no mencionas los espectaculares beneficios de las empresas de estiba). Se hizo antes con los controladores aéreos, con los funcionarios o con los profesores de la educación pública, y ahora parece que les ha tocado el turno a los estibadores portuarios.

Probablemente, sí, tienen un trato privilegiado, pero lo que habría que defender, más bien, es la igualación de otros trabajadores con ellos, no lo que defienden los apologetas neolibegales y de la UE.

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Responses

  1. Que placentero es ver como la repugnante y afeminada izmierda occidental, que gobernó la mayor parte de Europa por medio siglo, organiza su propio funeral, que sera este 2017. Y lo mejor de esto es que nadie la esta matando, se esta SUICIDANDO (de una manera lenta y dolorosa para placer de sus tradicionales enemigos). No es que siquiera sea un destino inevitable, como estar en medio del oceano pacifico con una balsa cubana (algo que produciria lastima), sino mas bien es como un montón de lemmings que se dirigen lentamente al mar, conociendo perfectamente hacia donde van, sabiendo que bastaria girar hacia la izquierda o la derecha para evitarlo, pero que simplemente no lo harán porque su propia naturaleza los conduce a su propia destruccion. En un comienzo defendian (o fingian hacerlo, para ser mas precisos) a las inmensas masas trabajadoras de la explotacion de los poderosos; ahora se dedican a defender a un grupete de lesbianas que odian a los hombres a muerte (y a quienes envidian en el fondo), a un colectivo que quiere borrar las diferencias entre hombres y mujeres, a inmigrantes que odian la decadencia occidental (o sea, a la izmierda, los mismos quienes los defienden), etc. como el guarro pezunento que escribio este articulo:

    http://www.hidrocalidodigital.com/opinion/articulo.php?e=lehm&eid=15980

    Este guarro resume magistralmente la tragicomedia de la izmierda en su ultimo parrafo (no se si es por su increible poder de sintesis, o porque todo lo que representa la izmierda puede ser resumido en un misero parrafo 🙂 )

    “Si por estas razones todo mundo odia a George Soros, entonces me queda claro que el mundo está mal. Y concluyo diciendo que si todo lo que se le atribuye a Soros en este artículo es verdad, entonces el multimillonario bróker financiero es el tipo más genial que existe sobre la tierra. Al que más admiro.”

    El comunismo, primo de la izmierda, con toda la brutalidad que pudo tener en su dia, tuvo cierta mistica y un horizonte definido, el cual era erradicar la explotacion del hombre por el hombre. Si bien no funciono, incluso hoy es extrañado por gente del este de europa y Alemania oriental, donde muchos de ellos preferirian tener nuevamente al comunismo como forma de gobierno.

    La izmierda occidental finalmente llega al “climax” (sic) de su existencia, y se muere en la mas absoluta indiferencia. No sera enterrada en el “cementerio de los heroes caidos” (donde hasta muchos comunistas fueron enterrados), sino en una fosa comun. Nadie la va a extrañar. Descanse en pedazos.


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