Posteado por: Javier | marzo 25, 2017

El Brexit: cuando el Parlamento acata el mandato del pueblo

Esta semana ha sido verdaderamente para dar la enhorabuena a los británicos de bien (los que en junio del año pasado votaron NO a la Unión Europea), desde el momento en que este pasado lunes la primera ministra Theresa May anunció la fecha en que se activará el artículo 50 del Tratado de Lisboa para dar inicio a la salida del Reino Unido de la UE: el 29 de marzo.

Cuando a lo que estás acostumbrado en tu país es a una pseudo-democracia “low cost”, donde a la mayoría de la gente le da exactamente igual que les engañen tanto las distintas franquicias del sistema político-económico español (es decir, los partidos que se sientan en el Congreso para, supuestamente, representar a los españoles) como los medios de comunicación, no puedes menos que sentir muchísima envidia cuando ves al Parlamento y al Gobierno de este gran país de raíces protestantes acatar el mandato recibido del pueblo en las urnas.

El Brexit fue uno más de los episodios de la rebelión que está en marcha contra las élites globalistas. Lo peor fue la reacción de esas mismas élites, anunciando, inmediatamente, todo tipo de plagas y cataclismos que supuestamente iban a caer sobre la Pérfida Albión y sus insensatos habitantes. Pero lo único que sucedió es que una decisión democrática soberana va a obligar a denunciar un tratado. Un primer ministro democráticamente elegido (David Cameron) en un país que respeta tanto la Constitución que no necesita ponerla por escrito –acaso casi sólo aquellos que no ponen la Constitución por escrito están dispuestos a cumplirla– había prometido un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE. Como era de recibo, lo convocó. Lo perdió. Y como era de recibo, dimitió. O sea, ¿cuál es el problema?

El Brexit también ha destapado el estado de bancarrota moral en que se encuentra la izquierda “progre” o “mainstream”: copiando casi punto por punto los argumentos de la derecha neoliberal y pro-establishment (eso, incluso más aún, se acentuó después con la elección de Trump en EEUU, que agudizó más todavía incluso el despliegue de hipocresía moral de la propia UE). No se puede caer más bajo.

Tanto los progres como los neoliberales globalistas, acusando a los partidarios del Brexit de chovinismo y xenofobia (que los ha habido pero no al punto que dicen ellos), lo que pretenden ocultar es el hecho de que la mayoría de trabajadores y las clases populares del Reino Unido están en contra de un ente como la UE, al que perciben como una arquitectura creada para proteger únicamente a los grandes capitales financieros y en las que las decisiones realmente relevantes las toma la Comisión Europea, que es en el fondo un organismo con miembros designados, es decir, son funcionarios, no elegidos. El jefe de la comisión es Jean Claude Juncker, un tipo que no sólo amenazó a los británicos antes del referéndum sobre el Brexit, aliénándolos aún mas, sino que hace gracias como llegar borracho a las reuniones (vean ESTE VIDEO).

Olvidan (o no se quieren acordar) de que los primeros en promover la pertenencia británica a la Comunidad Económica Europea (CEE), como entonces se llamaba la actual UE, fueron los conservadores, el primer ministro Edward Heath, en 1973. Dos años después, en 1975, el nuevo gobierno laborista organizó el primer referéndum sobre la permanencia en la CEE, puesto que gran parte de las bases del partido quería salir del CEE, mientras que la mayor parte de la dirigencia querían quedarse. Por eso convocaron un referéndum con resultado vinculante. Al final, los británicos votaron a favor de continuar en la CEE. Toda la prensa británica conservadora (toda la de relevancia, en definitiva) animó a sus lectores a votar a favor de pertenecer a la CEE (el único periódico que animó sus lectores a votar para salir fue el del Partido Comunista Británico: The Morning Star). Lo relevante de esto es que la izquierda británica tradicional estaba en contra de la Unión Europea. En aquel año 1975 estaba en contra el actual líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, y lo estaba el mítico Tony Benn, que ya entonces veía en el proyecto europeo una amenaza para la soberanía política y económica del Reino Unido.

En junio de 2016, toda la izquierda “progre” o “mainstream” británica (fuera la política, la cultural, la mediática o la del mundo de la farándula) apoyó la opción de quedarse en la UE. Desde algunos como el columnista Owen Jones hasta el ínclito Tony Blair, han repetido e imitado simiescamente los mismos augurios catastróficos y llenos de especulaciones absurdas que la derecha neoliberal: que el Reino Unido perdería industrias enteras si salía, que la economía se hundiría, que Escocia saldría del Reino Unido (a ver si, a la hora de la verdad, Escocia prefiere cambiar Westminster por Bruselas, o la libra por el euro). Pero, no contentos con ponerse a la altura de los neoliberales globalistas, encima, aportaron también mentiras propias: que la UE protege los derechos de los trabajadores (algo que todo el mundo sabe que es FALSO y un insulto a la inteligencia afirmar eso) y, sobre todo, que la UE iba a proteger a los británicos del neoliberalismo (una afirmación que es para echarse a reír). Todo ello empaquetado con un argumento humanista-sentimental que, en términos intelectuales y políticos, no tiene ni pies ni cabeza: “Estamos mejor juntos que separados”. Hasta la persona más inculta del mundo sabe que decir esto es no decir absolutamente nada, es decir humo, las típicas frases tan viscerales, floridas y poéticas (tipo “ningún ser humano es ilegal”) que tanto gustan a la progresía posmodernista, sin decir nada en concreto o que tenga un mínimo de pies en el suelo.

En Europa, no sólo en el Reino Unido, hay mucha gente harta de imperialismo (el golpe de Estado en Ucrania), de la destrucción económica de un país en nombre de bancos franceses y alemanes (Grecia), de la arrogancia tecnocrática (Bruselas), de las crisis de refugiados provocadas por las guerras imperiales legitimadas y dulcificadas por este ente de la UE (razón por la cual recibió el Nobel de la Paz… mismo motivo por el que en 2009 le fue otorgado a Obama) y de la ausencia absoluta de control democrático sobre sus propias vidas. La Unión Europea es un engendro irreformable, lo único que cabe es su desaparición, es antidemocrático y su única razón de ser es servir a los intereses del capital financiero europeo. Después de lo dicho hace pocos días por el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, sobre que los países del sur “gastan el dinero en copas y mujeres”, ¿Qué más necesitan los que aún no se hayan dado cuenta de la bancarrota moral de la UE y de la catadura despreciable de los sujetos que la dirigen? Este mamarracho es el mismo personaje que, mientras exige un durísimo programa de austeridad a los países del sur, ha jugado un papel clave en convertir su país, Holanda, practicamente en un paraíso fiscal en el que las mayores empresas europeas (incluyendo españolas) y norteamericanas evitan pagar sus impuestos en los países donde se realiza la producción, la distribución o el consumo de sus productos. Este individuo es “socialdemócrata” (que hoy en día quiere decir progre-neoliberal) y, en efecto, ha conseguido que, a pesar de todo, su país no sea considerado un paraíso fiscal cuando lo es de facto, allí tienen su sede compañías extranjeras como la estadounidense Starbucks, la lista es enorme, se calcula que hasta unas 12.000, las cuales, en realidad, algunas de ellas solo tienen en Holanda una dirección postal, sin edificio siquiera, como es el caso de los grupos musicales Rolling Stones o U2, del Sr. Bono (el cantante, no José Bono), ese que se ha hecho famoso y rico a base de supuestamente “defender” a los pobres del mundo.

Esta es la Europa a la que quieren que pertenezcamos.

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OTRO ASUNTO:

Miren estas dos fotos:


Las dos son de manifestaciones en las que era asiduo el terrorista del ISIS que ha matado por atropello a varias personas en Londres hace unos días. Ambas, manifestaciones en contra del gobierno sirio de Bachar al-Assad. En la de arriba vemos incluso la bandera siria de las tres estrellas, la bandera enarbolada por la oposición a Assad, o sea, la que usan los denominados “rebeldes moderados” apoyados por Occidente. Paradójicamente, la misma bandera que los izquierdistas occidentales ondean contra Assad.

Y es que, en este tema de la agresión criminal contra el pueblo sirio, la prensa y medios de comunicación autoetiquetados como “progresistas” han hecho una labor de manipulación y de incitación de la opinión pública que, si cabe, hasta se puede considerar más despreciable que la de medios abiertamente otanistas o neocons, presentando como si fuera una especie de romántica “rebelión popular” contra un sanguinario “tirano”, lo que no es más que una guerra de agresión utilizando mercenarios, llevada a cabo por terroristas islamistas que actúan como legión de choque al servicio de los intereses de las corporaciones occidentales y de sus socios locales, como Israel, Turquía, Arabia Saudí y el resto de petromonarquías teocráticas del Golfo Pérsico, para eliminar la libertad y la soberanía económica y política de un país, en este caso Siria, antes lo fueron Libia o Irak.

Son los mismos que han llegado a la desvergüenza de publicar fotos de Siria como esta, en la que se ven retratos y pancartas en favor de Assad, presentándolas como si fueran “manifestaciones contra Assad”:

También son los mismos que muchas veces hablan del gobierno de Assad en términos bienintencionados como “sí, es un dictador pero es una contención frente a los islamistas” o “es un tirano pero peor sería derrocarlo”, cuando eso tampoco parece demasiado exacto, aparte de que traslada la imagen falsa de que es una dictadura impuesta ilegítimamente sobre los sirios, que estarían deseando levantarse y zafarse del “tirano”. Es por eso que es tan nociva la labor de algunos medios corporativos occidentales que van de “progresistas”. No van como los medios derechistas globalistas y neocons pidiendo la cabeza de Assad a degüello, sino que lo que hacen lo hacen mucho más sibilinamente aunque el fin es el mismo: deslegitimar a un gobernante que lo único que ha hecho es defender la soberanía de su país frente a los intereses corporativos occidentales (probablemente algún día publique algo más extenso y detallado sobre el tema). Siria era tan “dictatorial” que el 26 de febrero de 2012 se aprobó el proyecto de reforma de la Constitución con un 89,4 % a favor. Esta constitución es secular, no basada en el Islam o en la ley islámica, no permite partidos basados en una religión, etnia, o raza. Por tanto, excluye a cualquier partido que quiera crear un estado islámico similar a los del Golfo Pérsico. Además, Assad ha conservado un gran apoyo de su pueblo (su última victoria electoral lo acredita) y, por ejemplo, los cristianos y otras minorías saben que con él están seguros.

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