Posteado por: Javier | mayo 6, 2017

Ideología de género, mitos y mentiras

En diciembre del año 2011 se produjo un golpe tremendo para la conocida como “ideología de género” cuando el Consejo Nórdico de Ministros (Consejo Intergubernamental de Cooperación Nórdico: Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia) decidió cerrar el Instituto de Género Nórdico de Oslo (NIKK). El NIKK había sido el promotor en los países nórdicos de la ideología de género y proporcionaba la base “científica” a las políticas sociales y educativas que, a partir de 1970, contribuía a que los países nórdicos fueran más “sensibles al género”. La decisión de cerrar el Instituto fue tomada después de que la televisión estatal noruega emitiera el documental que está colgado abajo en dos partes, con subtítulos en español, en el que se expone el carácter absolutamente anticientífico de la NIKK y su “investigación”.

Es cierto que a nivel mundial hay una gran desigualdad en cuanto al número de mujeres y hombres que estudian carreras técnicas, donde los hombres son mayoría, con las carreras como derecho, enfermería o magisterio, donde la mayoría son las mujeres. Los ideólogos de género pretenden que esto demuestra que existen una serie de “estereotipos” y “roles” adquiridos desde la edad más temprana, que deberían ser eliminados por medio de la educación. En lugar de centrarse en la igualdad de oportunidades y derechos y la libertad de escoger, en lo que se centran es en propagar la idea de que el ser hombre o mujer no es una cuestión biológica, sino “cultural”. Son roles que se adquieren y se deciden influidos por la cultura, la educación y el entorno, es decir, que no se “nace” hombre o mujer, sino que uno se “hace” hombre o mujer.

Sin embargo, resultaba que a pesar de todos los esfuerzos de los políticos e ingenieros sociales para eliminar los “estereotipos de género“, en los propios países nórdicos, considerados los de mayor “igualdad de género”, las mujeres seguían optando por profesiones “femeninas” (por ejemplo, enfermeras, profesoras, etc), mientras que los hombres seguían prefiriendo “carreras masculinas” (por ejemplo, la de ingenieros, técnicos, trabajadores de la construcción, etc.), de forma similar a países considerados más “patriarcales” (según la denominación que utilizan los defensores de esta ideología). Las políticas de “igualdad de género” aplicadas desde hace décadas, en vez de ayudar, habían hecho que la tendencia fuese incluso más acentuada.

El efecto de este documental fue que la falsedad de la ideología de género quedó en evidencia y dejó en ridículo al Instituto ante la audiencia televisiva. Los ciudadanos de los países nórdicos empezaron a preguntarse por qué era necesario financiar con 56 millones de euros de los contribuyentes la promoción de una ideología basada en una “investigación” que no tenía ninguna credencial científica, así que retiraron la financiación al instituto. No es otra cosa sino DINERO, en forma de múltiples organizaciones, fundaciones y ONGs regadas con dinero público, lo que hace que los promotores-activistas de esta ideología la defiendan con tantas uñas y dientes.


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En relación con este tema de la ideología de género, hace un par de semanas se produjo en Twitter un choque contencioso entre Cassandra, la chica (o chico, pues su nombre oficial es Ramón) recientemente condenada por unos tuits con chistes sobre Carrero Blanco, y la famosa bloguera andrófoba que se hace llamar “Barbijaputa”. Parece ser que la cuestión de fondo es que la hembrista Barbijaputa consideraba como “privilegiados” o miembros del grupo “opresor” a los transgénero que tienen pene (por eso mismo, es sabido que para las hembristas cualquier hombre, aunque sea el ser más hundido, desdichado y miserable del planeta Tierra, solo por ser hombre es un “privilegiado”). Esto, más tarde o más temprano, tenía que ocurrir. Esta ideología del género es tan desquiciada y tan desquiciante que sus defensores acabarán destruyéndose entre ellos en medio de acusaciones mutuas de pertenecer a uno de los grupos “privilegiados” u “opresores”. Cuando pretendes dividir a la gente en tantos grupos y subgrupos, y colectivos y subcolectivos identitarios, y tu único credo es el victimismo y estar buscando “opresores” por todas partes, tarde o temprano uno de esos microgrupos que supuestamente es tu aliado por cualquier cuestión, en cuanto choque con tus intereses particulares, lo vas a convertir también en enemigo. Hay que entender una cosa: el activismo trans o transgénero, por supuesto, no tiene nada que ver con el respeto a los derechos de estas personas. No es más que una forma de tratar de legitimar el llamado “feminismo de tercera ola”. Si resulta que el género es “fluido” y que podemos cambiar nuestra “identidad sexual” en cualquier momento, entonces, es que ser hombre y mujer son “construcciones sociales”, que es lo que defiende el feminismo posmodernista de tercera ola. Este hembrismo, o neofeminismo, utiliza el caso de los transgénero para tratar de convencer de que sus tesis acerca de que los “roles femeninos” son “construcciones sociales” tienen un soporte supuestamente empírico. No obstante, caso de que haya un conflicto, siempre prevalecerá el lobby hembrista, mucho más poderoso y el que utiliza estas teorías para defender sus intereses. Cuando ya no necesiten a los transgénero para sus intereses particulares, los tirarán a la papelera y santas pascuas.

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Responses

  1. Saludos. Interesante entrada.

    Como anecdota personal, cada vez que escucho a alguien defender la teoria de genero, le respondo que estoy completamente de acuerdo, que a mi me educaron como hombre pero que en el fondo me siento como un helicoptero de combate AH-1Z Viper. Si en ese punto todavia no comprendren mi opinion sobre el tema, se puede acompañar de una imitación del ruido de la helice y disparos.

    • XDDDDD

  2. Ha habido historias raras hasta de alguien que dice ser elfo o ser dragón, pero lo esencial es el movimiento feminista de tercera ola, que es el verdaderamente poderoso y relevante, y que utilizan los casos de quienes creen haber nacido físicamente con un sexo que no se corresponde con el suyo (o que su sexo real no se corresponde con el “sexo asignado al nacer”, como ellos lo llaman), casos que más o menos son el 0,5% de la población, para pretender dar sustento a su tesis de que el ser hombre o el ser mujer son “construcciones sociales”.


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