Este es un artículo magnífico, traducción del original en inglés, de Diana Johnstone, una de las pocas analistas actuales que sigue una tendencia de izquierda anti-globalista y pro-soberanista, y de las pocas que no ha reaccionado con histeria ante fenómenos como el Brexit o los ascensos de Donald Trump o Marine Le Pen, residente en Francia, además. Está escrito antes de la celebración de la primera vuelta de la presidenciales francesas.

He dicho y sostengo que Francia no es que sea un país que me llame demasiado la atención pero sí es verdad que es interesante el hecho de que allí hay un reflejo muy claro de la situación actual en Occidente.

Por supuesto, Macron será el próximo presidente de Francia, aunque las opciones anti-establishment hayan conseguido un 40% de los votos. Macron es el candidato plástico y prefabricado ideal para el establishment. Aunque digan que en Francia ninguno de los partidos tradicionales ha pasado a la segunda vuelta, la realidad es que no están de cuerpo presente pero sí de espíritu: Macron es la emanación de los dos, de los republicanos y del Partido Socialista. Además, en la segunda vuelta es probable que mucha gente se resista a votar a Le Pen ante el temor de que se produzcan marchas y disturbios “espontáneos”, una especie de “revolución de color”, como las que de cuando en cuando se han surgido en el espacio ex-soviético, las mal llamadas “primaveras árabes” o las que estallaron en noviembre en EEUU tras la elección de Trump.

La propaganda de los medios corporativos globalistas ha tratado continuamente de desviar la atención de la cuestión central que se estaba tratando en las elecciones francesas, presentándolo como si lo que se estuviera dirimiendo fuera “fascismo” o “no fascismo”. Y, es bastante evidente, no hay más que remitirse a los hechos y las declaraciones, que hay una “izquierda” que se ha convertido en una aliada de lujo del neoliberalismo globalista, incapaz de ver más allá de su nariz. Piensan, efectiva e infantilmente, que la cuestión en Francia era “fascismo sí, fascismo no”. Aparte de que, teniendo en cuenta que Macron es un neoliberal, agente de la banca mundialista e imperialista económico y militar, sería más que dudoso quién es el “fascista” de los dos candidatos que han quedado (históricamente, la principal característica de los partidos fascistas precisamente ha sido… el apoyo unánime que reciben de los poderes financieros), no era el “fascismo” el tema de debate, sino globalismo y soberanía nacional, siendo lo último por lo que postulaban Le Pen, Mélenchon y Asselineau (este último candidato, mucho más desconocido, era el único que decía claramente que su postura era activar inmediatamente el artículo 50 e iniciar el Frexit, muchas de las ideas de Le Pen y Mélenchon son tomadas de este señor). Le Pen es una nacionalista, es donde exactamente está encuadrada, con todos los defectos que se quiera que tenga el ser nacionalista francés (entre otras cosas, Le Pen defiende el laicismo a rajatabla, al ser una de las señas de identidad de Francia desde los tiempos de la Revolución Francesa), y plantear el debate como si fuera el “fascismo” lo que está en discusión es una torpeza de lo más estúpido y una muestra de una ignorancia supina.

“Curiosamente”, nunca veréis a esos mismos medios progres y neoliberales que caracterizan a Marine Le Pen como “fascista” calificar de la misma forma al gobierno pro-nazi y violento, lacayo de la UE y la OTAN, de Ucrania.

PD: como bien señala también el artículo de Johnstone, la derrota del conservador Fillon demuestra que ahora la opción preferida del establishment es una especie de neoliberalismo “progre” y que el viejo capitalismo conservador ha sido descartado. Que el neoliberalismo globalista se dedique a dar apoyo a una agenda completa de causas supuestamente “progres” y “contraculturales” ha sido una constante, y ha ido en aumento, desde las revueltas elitistas del Mayo del 68 en Francia. En aquella época, el viraje desde un capitalismo tradicional a un capitalismo neoliberal que satisficiera el “mercado del deseo”, como lo bautizó Michel Clouscard, se veía frenado por el conservadurismo del gaullismo, que había que liquidar a toda costa, objetivo que tenían esas revueltas (un modus operandi que parece repetirse hoy día).

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La elección presidencial francesa de 2017 marca un profundo cambio en los alineamientos políticos europeos. Hay un cambio continuo de la tradicional rivalidad izquierda-derecha a la oposición entre la globalización, en la forma de la Unión Europea (UE), y la soberanía nacional.

El tratamiento estándar de los medios de comunicación se apega a un dualismo simple de izquierda-derecha: el rechazo “racista” de los inmigrantes es el principal problema y que lo que más importa es “¡detener a Marine Le Pen!”. Ir de un lado a otro es como caminar a través del espejo de Alicia. A casi todo se da la vuelta.

En este lado del cristal, la izquierda se ha convertido en la derecha y parte de la derecha se está convirtiendo en la izquierda.

Hace cincuenta años era “la izquierda” la que tenía como causa más ardiente el apasionado apoyo a las luchas de liberación nacional del Tercer Mundo. Los héroes de la izquierda eran Ahmed Ben Bella, Sukarno, Amilcar Cabral, Patrice Lumumba y sobre todo Ho Chi Minh. ¿Por qué luchaban estos líderes? Luchaban por liberar a sus países del imperialismo occidental. Luchaban por la independencia, por el derecho a determinar su propia forma de vida, a preservar sus propias costumbres, a decidir su propio futuro. Estaban luchando por la soberanía nacional, y la izquierda apoyaba esa lucha.

Hoy, a todo se le ha dado la vuelta. “Soberanía” se ha convertido en una palabra horrible para la corriente principal de la izquierda.

La soberanía nacional es un concepto esencialmente defensivo. Se trata de quedarse en casa y cuidar de los asuntos propios. Es lo opuesto al nacionalismo agresivo que inspiró a la Italia fascista y a la Alemania nazi a conquistar otros países, privándoles de su soberanía nacional.

La confusión se debe al hecho de que la mayor parte de lo que se llama a sí mismo “la izquierda” en Occidente ha sido totalmente ganada para la actual forma de imperialismo – aka “globalización”. Es un imperialismo de un nuevo tipo, centrado en el uso de la fuerza militar y el poder “blando” para permitir que las finanzas transnacionales penetren cada rincón de la tierra y así remodelar a todas las sociedades en la búsqueda interminable del retorno rentable de la inversión de capital. La izquierda se ha ganado a este nuevo imperialismo porque avanza bajo la bandera de los “derechos humanos” y el “antirracismo” – abstracciones en las que una generación entera ha sido adoctrinada para que sean consideradas las cuestiones políticas centrales, si no las únicas, de nuestro tiempo.

El hecho de que el “soberanismo” esté creciendo en Europa es interpretado por los medios globalistas como prueba de que “Europa se está moviendo hacia la derecha” – sin duda, porque los europeos son “racistas”. Esta interpretación es sesgada y peligrosa. La gente, en cada vez más naciones europeas, está pidiendo la soberanía nacional precisamente porque la han perdido. La perdieron ante la Unión Europea, y la quieren de vuelta.

Es por eso que los británicos votaron por abandonar la Unión Europea. No porque sean “racistas”, sino principalmente porque aprecian su tradición histórica de autogobierno.

El naufragio del Partido Socialista

Debido a que su presidencia de cinco años llegó a un extremo ignominioso, François Hollande se vio obligado por su drástica impopularidad a dejar que el Partido Socialista (PS) eligiera a su candidato presidencial para 2017 por medio de primarias. De manera sorprendente, el candidato natural del gobierno socialista, el primer ministro Manuel Valls, perdió ante Benoit Hamon, un oscuro miembro de la izquierda del PS que se negó a votar por las impopulares leyes neoliberales anti-laborales diseñadas por el asesor económico de Hollande, Emmanuel Macron.

Para escapar de la impopularidad del PS, Macron formó su propio movimiento, “En Marche!”. Uno tras otro, Valls, Hollande y otros líderes prominentes del PS se alejaron de puntillas, dejando a Hamon al timón de una nave que se hundía. Mientras Hamon protesta justificadamente contra su traición, los capitostes del partido prometen su apoyo a Emmanuel Macron.

Macron vacila ostentosamente para dar la bienvenida a sus conversos, temiendo que esa conversión haga demasiado evidente que su “En Marche!” es un clon de la derecha del PS, en camino a convertirse en la filial francesa del Partido Demócrata de los EE.UU. en su versión clintoniana. Macron proclama que no es ni la izquierda ni la derecha, como los políticos desacreditados tanto de izquierda como de derecha que se suben a su carro, para su vergüenza.

El propio Hamon parece ignorar que la causa principal del naufragio del Partido Socialista es su devoción incompatible con dos principios contradictorios: la socialdemocracia tradicional y la Unión Europea (UE). Macron, Hollande y sus compañeros de turno por lo menos han hecho su elección: la Unión Europea.

El crepúsculo de la derecha tradicional

La gran ventaja del candidato republicano François Fillon es que sus políticas son claras. A diferencia de Hollande, que trató de disimular sus políticas neoliberales, y basó su afirmación de estar a la izquierda en asuntos “sociales” (matrimonio gay), Fillon es un conservador descarado. Sus políticas están diseñadas para reducir la enorme deuda nacional. Mientras que los gobiernos anteriores (incluso el suyo propio, cuando era el primer ministro del presidente Sarkozy) se fueron por las ramas, Fillon ganó la nominación republicana con un programa de recortes drásticos en el gasto del gobierno. Fillon afirma que sus medidas de austeridad llevarán a los capitalistas franceses a invertir en Francia y así salvar la economía del país de ser completamente tomada por corporaciones extranjeras, fondos de jubilación estadounidenses y Qatar. Esto es muy dudoso, ya que no hay nada bajo las normas de la UE para alentar a los inversores franceses a invertir en Francia en lugar de en otro lugar.

Fillon se aparta de la ortodoxia de la UE, sin embargo, al proponer una política exterior más independiente, en particular al poner fin a las “absurdas” sanciones contra Rusia. Está más preocupado por el destino de los cristianos de Oriente Medio que por derrocar a Assad.

El resultado es que la política pro-capitalista coherente de Fillon no es exactamente lo que prefiere la élite dominante globalizadora. El “centro-izquierda” es su clara elección política desde que Tony Blair y Bill Clinton revisaron las agendas de sus respectivos partidos. El centro-izquierda enfatiza los derechos humanos (especialmente en los países lejanos a los que se dirigía el cambio de régimen) y la diversidad étnica en el país se ajusta a los objetivos globales a largo plazo de borrar las fronteras nacionales para permitir la libre circulación de capital sin restricciones. El tradicional conservadurismo patriótico, representado por Fillon, no concuerda al completo con el aventurerismo internacional de la globalización.

La izquierda esquizofrénica

Durante una generación, la izquierda francesa ha hecho de “la construcción de Europa” el centro de su visión del mundo. A principios de los años ochenta, enfrentado a la oposición de lo que entonces era la Comunidad Europea, el presidente francés François Mitterrand abandonó el programa de socialización con el que fue elegido. Mitterrand alimentó la esperanza de que Francia dominara políticamente una Europa unida, pero la unificación de Alemania cambió todo eso. También lo hizo la expansión de la UE a las naciones del este central dentro de la esfera de influencia alemana. La política económica se hace ahora en Alemania.

Como el tradicional objetivo de izquierda de igualdad económica se abandonó, fue reemplazado por la lealtad enfática a los “derechos humanos”, que ahora se enseña en la escuela como una verdadera religión. La vaga noción de los derechos humanos se relacionaba de algún modo con el “libre movimiento” de todo y de todos. De hecho, el dogma oficial de la UE es la protección de la “libre circulación”: libre circulación de bienes, personas, mano de obra y (por último, pero no menos importante) capital. Estas “cuatro libertades” en la práctica transforman a la nación desde una sociedad política a un mercado financiero, una oportunidad de inversión, dirigida por una burocracia de supuestos expertos. De esta forma, la Unión Europea se ha convertido en el experimento de vanguardia para transformar el mundo en un único mercado capitalista.

La izquierda francesa adoptó mucho de este ideal, en parte porque engañosamente se hizo eco del viejo ideal izquierdista del “internacionalismo” (mientras que el capital siempre ha sido incomparablemente más “internacional” que los trabajadores), y en parte debido a la idea simplista de que el “nacionalismo” es el única causa de las guerras. Se ignoran las causas fundamentales y complejas de la guerra.

Durante mucho tiempo, la izquierda se ha quejado de la pérdida de empleos, la disminución del nivel de vida, la deslocalización o el cierre de las industrias rentables, sin reconocer que estos resultados impopulares son causados ​​por los requisitos de la UE. Las directivas y reglamentos de la UE socavan cada vez más el modelo francés de redistribución a través de los servicios públicos y ahora amenazan con borrarlos por completo -ya sea porque “el gobierno está en quiebra” o porque las normas de competencia de la UE prohíben a los países tomar medidas para preservar sus industrias clave o su agricultura. En lugar de enfrentar la realidad, la reacción de la izquierda ha sido sobre todo repetir su agotada demanda de una imposible “Europa Social”.

Sin embargo, el sueño de la “Europa social” recibió hace diez años lo que resultó ser un golpe fatal. En 2005, se convocó un referéndum para permitir a los franceses aprobar una Constitución para una Europa unida. Esto condujo a una discusión popular extraordinaria, con las reuniones innumerables de ciudadanos que examinaban cada aspecto de este largo documento. A diferencia de las constituciones normales, este documento congelaba a los Estados miembros en una única política económica monetarista, sin posibilidad de cambio.

El 29 de mayo de 2005, los votantes franceses rechazaron el tratado en un porcentaje del 55% frente al 45%.

Lo que parecía ser una gran victoria para la democracia responsable se convirtió en su gran fracaso. Esencialmente el mismo documento, rebautizado como Tratado de Lisboa, fue ratificado en diciembre de 2007, sin referéndum. La gobernanza global puso a la gente en su lugar. Esto generó una desilusión generalizada con la política cuando millones concluyeron que sus votos no importaban, que los políticos no prestaban atención a la voluntad del pueblo.

Aún así, los políticos socialistas continuaron prometiendo lealtad eterna a la UE, siempre con la perspectiva de que la “Europa Social” podría ser posible de alguna manera.

Mientras tanto, se ha vuelto cada vez más obvio que la política monetarista de la UE basada en la moneda común, el euro, no crea ni crecimiento ni empleo como se prometió, sino que destruye ambos. Incapaz de controlar su propia moneda, obligada a pedir prestado a los bancos privados y a pagarles intereses, Francia está cada vez más endeudada, su industria está desapareciendo y sus agricultores se suicidan, en promedio de uno cada dos días. La izquierda ha terminado en una posición imposible: lealtad inquebrantable a la UE al tiempo que pide políticas imposibles bajo las normas de la UE que rigen la competencia, la libre circulación, la desregulación, las restricciones presupuestarias y otras innumerables regulaciones producidas por una burocracia opaca y ratificadas por el virtualmente impotente Parlamento Europeo, todos bajo la influencia de un ejército de cabilderos.

Benoit Hamon permanece firmemente atado a los cuernos del fatídico dilema de la izquierda: la determinación de ser “socialista”, o mejor dicho, socialdemócrata, y la apasionada lealtad a “Europa”. A pesar de insistir en las políticas sociales que no pueden ser llevadas a cabo con el euro como moneda y de acuerdo con las normas de la UE, Hamon todavía proclama la lealtad a “Europa”. Él repite como un loro la política exterior “made in Washington” de la UE, exigiendo que “Assad se debe ir” y despotrica contra Putin y Rusia.

Jean-Luc Mélenchon

No sólo ha sido el monótono y conformista Hamon abandonado por su partido, sino que está totalmente eclipsado a la izquierda por el extravagante Jean-Luc Mélenchon, un inconformista preparado para romper las reglas. Después de años como lealista del PS, Mélenchón se separó en 2005 para oponerse al Tratado Constitucional, ganando prominencia como un orador ardiente. En 2007 abandonó el Partido Socialista y fundó el Partido de la Izquierda. Aliado con el muy debilitado Partido Comunista, llegó en cuarto lugar en la primera ronda de la elección presidencial de 2012 con el 11% de los votos. Esta vez se postula como presidente con su nuevo movimiento, La France Insoumise, que puede traducirse de varias maneras, entre ellas “la Francia que no se somete”.

¿Someter a qué? Principalmente, al euro y a las políticas antisociales y neoliberales de la Unión Europea que están arruinando a Francia.

Las banderas francesas y la Marsellesa han reemplazado a la Internacional en las manifestaciones de Mélenchon. “La Europa de nuestros sueños está muerta”, reconoce, prometiendo “poner fin a la pesadilla de la dictadura por parte de los bancos y las finanzas”.

Mélenchón pide una desobediencia directa violando los tratados de la UE que son perjudiciales para Francia. Éste es su Plan A. Su Plan B es abandonar la UE, en caso de que el Plan A no convenza a Alemania (el jefe actual) y a los demás para aceptar cambiar los tratados. Pero en el mejor de los casos, el Plan B es una amenaza vacía para fortalecer su mano en las negociaciones teóricas. Francia es un miembro tan crucial, sostiene, que una amenaza francesa de salir debería ser suficiente para forzar cambios.

Amenazar con dejar la UE es sólo parte del vasto y complicado programa de Mélenchón, que incluye convocar una convención nacional para redactar una constitución para la “VI República” así como una importante innovación ecológica. Cambiar completamente a Francia y a la Unión Europea, al mismo tiempo, requeriría que la nación estuviera en una efervescencia revolucionaria que no es visible en absoluto. También requeriría una unanimidad entre los 28 Estados miembros de la UE que es simplemente imposible.

Pero Mélenchon es lo suficientemente astuto para haber reconocido el problema básico: el enemigo del empleo, la prosperidad y los servicios públicos es la Unión Europea. Mélenchón es con mucho el candidato que genera más emoción. Él ha superado rápidamente a Hamon y atrae a grandes multitudes entusiastas a sus manifestaciones. Su progreso ha cambiado la configuración de la carrera: en este momento, se ha convertido en uno de los cuatro punteros que podrían pasar la votación de primera ronda el 23 de abril a la final del 7 de mayo: Le Pen, Macron, Fillon y él mismo.

Los opuestos son (casi) iguales

Una de las características más notables de esta campaña es la gran similitud entre los dos candidatos que se dice representan “la extrema izquierda”, Mélenchón, y “la extrema derecha”, Marine Le Pen. Ambos hablan de abandonar el euro. Ambos se comprometen a negociar con la UE para obtener mejores condiciones para Francia. Ambos defienden las políticas sociales para beneficiar a los trabajadores y a las personas de bajos ingresos. Ambos quieren normalizar las relaciones con Rusia. Ambos quieren dejar la OTAN, o al menos su mando militar. Ambos defienden la soberanía nacional, y pueden ser descritos como “soberanistas”.

La única gran diferencia entre ellos es acerca de la inmigración, un tema que despierta tanta emoción que es difícil discutir con sensatez. Aquellos que se oponen a la inmigración son acusados de “fascismo”, los que favorecen la inmigración son acusados ​​de querer destruir la identidad de la nación inundándola con extranjeros inasimilables.

En un país que sufre de desempleo, sin empleos ni viviendas para acomodar la inmigración masiva, y bajo la amenaza constante de ataques terroristas islámicos, la cuestión no puede reducirse razonablemente al “racismo”, a menos que los terroristas islámicos constituyan una “raza”. Le Pen insiste en que todos los ciudadanos franceses merecen igualdad de trato, independientemente de sus orígenes, raza o religión. Ella está segura de recibir un apoyo considerable de los inmigrantes recientemente nacionalizados, así como ahora obtiene la mayoría de los votos de la clase trabajadora. Si esto es “fascismo”, entonces el fascismo ha cambiado mucho en los últimos setenta años.

Lo que es significativo es que a pesar de sus diferencias, los dos candidatos más carismáticos hablan de restablecer la soberanía nacional. Ambos evocan la posibilidad de abandonar la Unión Europea, aunque en términos bastante inciertos.

Los medios globalistas ya se están preparando para culpar a Vladimir Putin de la eventual elección de un candidato “soberanista”. La opinión pública en Occidente está siendo preparada para las protestas masivas contra un ganador indeseado, y los militantes “antifa” están listos para causar estragos en las calles. Algunas personas que simpatizan con Marine Le Pen no se atreven a votar por ella, temiendo que la “revolución de color” esté ya montada. Mélenchon e incluso Fillon podrían enfrentar problemas similares.

Como muestra de lo que está por venir, el 20 de abril, el Observador de la UE publicó un artículo titulado “Las noticias falsas vinculadas a Rusia inundan las redes sociales francesas”. Basado en algo llamado Bakamo, uno de los nuevos equipos de “verificación de hechos” destinados a alejar a los lectores de la opinión no oficial, el artículo acusó a los sitios web de influencia rusa de favorecer a Marine Le Pen, Jean-Luc Mélenchon, François Fillon, François Asselineau y Philippe Poutou (se olvidaron de mencionar a uno de los candidatos más “soberanistas”, Nicolas Dupont-Aignan, que en la actualidad está en sexto lugar). Ya que una gran mayoría de los once candidatos, incluidos tres de los cuatro punteros, son muy críticos con la UE y la OTAN y quieren mejorar las relaciones con Rusia, parecería que Putin no tendría que hacer un gran esfuerzo para conseguir un gobierno francés más amigable. Por otra parte, el artículo del Observador de la UE es sólo una pequeña muestra de “interferencia flagrante en las elecciones francesas” por parte de los globalistas, en nombre de su favorito, Emmanuel Macron, el más entusiasta eurofilo.

El futuro de Francia

Entre los que figuran como favoritos rusos, François Asselineau es, con mucho, el crítico más completo de la Unión Europea. Ignorado sistemáticamente por los medios de comunicación desde que fundó su partido anti-UE, la Unión Populaire Républicain (UPR), hace diez años, François Asselineau tiene miles de partidarios ardientes que han pegado sus carteles por todo el país. Sus incansables discursos didácticos, reproducidos en internet, han llevado a casa varios puntos clave:

– no hay forma de mejorar la UE desde dentro, porque cualquier cambio requeriría unanimidad entre 27 Estados miembros que no están de acuerdo en cuestiones clave.

– la única solución para Francia es utilizar el artículo 50 de los Tratados de la UE para retirarse por completo, como lo está haciendo actualmente el Reino Unido.

– sólo dejando la UE puede Francia salvar sus servicios públicos, sus beneficios sociales, su economía y su democracia.

– es sólo mediante el restablecimiento de su soberanía nacional que la verdadera vida democrática, con la confrontación entre una verdadera “izquierda” y “derecha”, puede ser posible.

– al abandonar la UE, Francia, que tiene más de 6.000 tratados con otros países, no estaría aislada, sino que se uniría al mundo.

Asselineau es un candidato de una sola cuestión. Promete que tan pronto como sea elegido, invocará el artículo 50 para salir de la UE y solicitar inmediatamente a Washington la retirada de la OTAN. Subraya que ninguno de los otros críticos de la UE propone una salida tan clara.

Otros candidatos, entre ellos los más carismáticos Mélenchon y Le Pen, se hacen eco de algunos argumentos de Asselineau. Pero no están dispuestos a abogar por una clara ruptura inmediata con la UE, aunque sólo sea porque se dan cuenta de que la población francesa, aunque cada vez más crítica con el euro y alejada del “sueño europeo”, sigue temiendo dejarlo, debido a las terribles advertencias de desastre de parte de los europeístas.

La primera ronda de la campaña es una oportunidad para Asselineau para presentar sus ideas a un público más amplio, la preparación de la opinión pública para una política de “Frexit” más coherente. El tema emergente más fundamental de esta campaña es el conflicto entre la Unión Europea y la soberanía nacional. Probablemente no se resuelva en estas elecciones, pero no desaparecerá. Este es el tema principal del futuro, porque determinará si es posible cualquier vida política genuina.

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Posteado por: Javier | abril 15, 2017

Desmitificando la II República

Este artículo de Pedro Fresco, de su blog la República Heterodoxa, es a su vez una republicación mía, pues ya lo compartí hace tres años, con motivo de un nuevo aniversario de la proclamación de la II República. Es un escrito que me gusta, por eso lo vuelvo a compartir hoy, ya que es complicado encontrar material que intente, al menos, mantener cierto rigor en el análisis histórico.

Precisamente, uno de los grandes problemas de la infantilizada y folclórica izquierda española es que, en lugar de ser capaz de construir una alternativa al gran desafío actual del neoliberalismo globalista (que sí la está construyendo, con mayor o menor acierto, y con todo lo que se quiera criticar, la derecha “anti-establishment”), en lo que está anclada es en cosas como idealizar, de una forma ciertamente pueril, como si fuera algo deseable su vuelta, un período histórico controvertido e interesante desde el punto de vista del estudio de la historia, pero que no es un modelo de futuro (precisamente, me consta que este mismo artículo que ahora comparto generó mucha controversia entre esa misma izquierda).

Junto con las carencias que ya en sí tenía el sistema, la II República fue un periodo de gran inestabilidad política y social, lo cual es algo que ningún historiador serio pone en duda. Los actos violentos por parte de comunistas, socialistas y anarquistas por un lado, y de falangistas y carlistas por el otro, fueron el pan de cada día durante aquellos convulsos años (revueltas, disturbios, asesinatos políticos, insurrecciones, represalias brutales, quema de iglesias y conventos, huelgas, desórdenes públicos, etc.). Aunque la realidad es que la situación de España ya era muy convulsa antes de 1931, era una situación que ya se daba incluso en tiempos de la Restauración y así siguió hasta 1936. Desde 1874 a 1931 abundaron los disturbios, las revueltas, e incluso las quemas de iglesias, no fue una situación exclusiva de la II República. Quemar iglesias era algo incluso que se remonta a principios del siglo XIX, los de la Guerra de Independencia. Ha sido parte de la eterna tensión española entre clericalismo y anticlericalismo, no fue algo exclusivo de la época de la República. Esa inestabilidad en absoluto justificaba un golpe de Estado ni la dictadura posterior, como después pretendió la propaganda franquista, pero el pecado capital de los líderes de uno u otro bando fue no saber refrenarse, alimentar el odio y la escalada violenta que nos arrastró a todos a un baño de sangre, no ser capaces de ver a unos compatriotas enfrente, sólo enemigos a exterminar. Digamos que la II República, esencialmente, naufraga porque, por muy buenas intenciones iniciales que hubiera por implantar un régimen moderno y democrático, en la práctica, lo que había en España eran dos bandos esperando para empezar a matarse: las masas hambrientas (obreros y campesinos) y sus amos (los grandes terratenientes y la Iglesia Católica).

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DESMITIFICANDO LA II REPÚBLICA

Observo estos días, al cumplirse el 83 aniversario de la proclamación de la II república en España, como la reivindicación de la república cobra más fuerza que nunca. Fundamentalmente desde sectores de izquierda (aunque no solo) se mira a la república como un ejemplo de libertad y progreso en contraste con el actual régimen salido de la transición, que por diversas razones ha degenerado y ha perdido el apoyo de una parte importante de la ciudadanía.

A mí, que he sido republicano desde que tengo uso de razón política, esto me hace mucha gracia. En cierta manera y dentro de mi juventud me siento como un “camisa vieja” del republicanismo, de los que ya decíamos que este país debería ser una república antes de que el rey cazase elefantes, tuviese yernos corruptos o se rompiese la cadera en viajes clandestinos junto a su amante. Cuando la gente viene al redil de los republicanos siempre pienso maliciosamente “os lo llevo diciendo años”, con la satisfacción típica del pionero.

Sin embargo hay algo que supera a mi republicanismo y esto es mi seriedad y mi respeto por la verdad. Y en toda esta marea republicana veo una cosa que es ridícula e incluso peligrosa, y esa es la mistificación de las repúblicas en general y de la II república en particular.

Hay una dualidad falsaria que se está estableciendo en ciertos segmentos de esta sociedad sobre la democracia actual y la democracia republicana del periodo 1931-1936. La democracia actual sería, según esta visión, una democracia vigilada, partitocrática, tutelada por los grandes poderes fácticos del país, con una constitución chapucera y elitista y, en definitiva, una especie de engendro fabricado para blanquear y actualizar un franquismo jamás desaparecido del todo.

La democracia republicana, también según esta visión, sería todo lo contrario. Una democracia pura, popular, donde el pueblo realmente tenía el poder, con una constitución avanzadísima que colmaba de derechos y libertades a los ciudadanos. En definitiva, el sistema político de la II república sería el ejemplo a seguir, sería el horizonte al que tendríamos que aspirar como país.

Obviamente eso es un posicionamiento maniqueo. Ni la democracia actual está sostenida en bases legales tan corruptas ni la democracia republicana era tan pura y tan perfecta como se vende. Es más, desde muchos puntos de vista el sistema democrático actual es bastante más avanzado que el existente en la época de la república.

Ciertamente sí hay cosas más avanzadas en la constitución republicana que en la actual. Para empezar el propio hecho de que el jefe del estado sea un civil y sea elegido bajo procedimientos democráticos es obviamente un avance social respecto a un estado monárquico. Además y a diferencia de las actuales leyes por las que el rey es inviolable, el presidente de la II república sí tenía responsabilidad penal.

Otro punto donde creo que la constitución republicana era más avanzada es en el asunto de la libertad religiosa. Ambas constituciones dicen que España no tiene religión oficial pero la actual constitución pone una coletilla: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.Esto es lo que permite, por ejemplo, que en España se enseñe religión en los colegios públicos, se esté financiando a la iglesia mediante la hacienda pública o que la religión católica esté presente en actos de estado. Estas cosas estaban prohibidas por la constitución republicana, lo que aseguraba un estado verdaderamente laico.

Hay más cosas que me parecen positivas de la constitución republicana, como que su reforma es más fácil. Para reformar un artículo esencial de la actual constitución se requieren 2/3 de las cortes generales en dos legislaturas diferentes y finalmente un referéndum. En la constitución republicana, en cambio, bastaba con la mayoría simple de dos parlamentos consecutivos, sin necesidad de referéndum. No obstante y aunque me parece que es más flexible la constitución republicana observemos como la actual da más poder directo al ciudadano para vetar una reforma (que no para promocionarla).

Sin embargo la constitución actual es más avanzada en otros aspectos. Reconoce, por ejemplo, el derecho a la objeción de conciencia y obliga al legislador a regular ésta. También reconoce el derecho a la sanidad y la obligación de que el estado tome las medidas necesarias para garantizar este derecho, algo que la constitución republicana no hace claramente. La constitución actual también obliga a mantener un régimen público de seguridad social.

En la constitución del 78 pueden votar los ciudadanos mayores de 18 años mientras que en la del 31 podían votar los mayores de 23. También habla de los derechos de los niños, de la protección especial a minusválidos, de la importancia de los convenios colectivos o de una política orientada al pleno empleo. Todas estas diferencias son probablemente de época pero hay que reconocer que la constitución del 78 recoge estas problemáticas sociales mucho mejor que la del 31.

Nuestra constitución actual también es más amplia en cuanto a las posibilidades de la autonomía que la republicana. De hecho la actual inmersión lingüística que se da en el sistema educativo catalán no podría darse bajo la constitución republicana, que obligaba a que el castellano fuese “instrumento de enseñanza”.

De todos modos yo siempre huyo de la “filia constitucionalista”, es decir, esa creencia popular de que para que un país funcione adecuadamente la constitución debe regularlo y marcarlo todo. No, eso no es así, más que la constitución en sí lo importante es todo el desarrollo legal posterior que es lo que marca en funcionamiento y realidad de la sociedad. Lo importante es la realidad legal y el día a día, no los principios constitucionales muchas veces abstractos e inaplicables.

Y por eso debemos ir al día a día de la II república. Y la verdad es que la realidad social que se vivió durante la época de la república fue menos democrática y menos “libre” que lo que hemos vivido en los últimos 30 años. Para empezar debemos decir que los dos primeros años de la república estuvieron marcados por la existencia de la “ley de defensa de la república”, una ley preconstitucional que se aplicó excepcionalmente durante los dos primeros años de vigencia de la constitución porque los republicanos consideraban que el régimen debía ser defendido de sus enemigos por encima de todo.

La ley de defensa de la república permitía, por ejemplo, prohibir los vivas al rey, las banderas monárquicas o cualquier cosa que se considerase subjetivamente que atentaba contra el régimen republicano. La ley de defensa de la república permitía también multar a periódicos o incluso evitar su difusión, prohibir manifestaciones y también huelgas “políticas”. Y todo ello no se dirimía por los tribunales de justicia sino que dependía directamente del ministerio de gobernación (interior), en un claro ejemplo de arbitrariedad gubernativa.

La ley de defensa de la república convertía de facto algunas libertades constitucionales en papel mojado. Podía haber motivo justificado para la ley (de hecho se demostró que la república tenía poderosos enemigos y que éstos acabaron destruyéndola) pero en cualquier caso hay que ser consciente que esta ley suponía una violación de las libertades constitucionales que no hemos sufrido en toda la vigencia del régimen del 78.

Las leyes republicanas tampoco eran humanitaristas y liberadoras como a veces pareciera. La “ley de vagos y maleantes”, conocida por haber sido muy usada durante el franquismo, es una ley que promulgó el gobierno Azaña en 1933. Bien es cierto que esta ley originariamente estaba pensada para controlar la mendicidad profesional y el proxenetismo y que fueron realmente las modificaciones que hizo el franquismo (que incluyó la persecución de la homosexualidad en la misma) las que le dieron su carácter represivo, pero en cualquier caso también era una ley un tanto arbitraria y que dejaba la puerta abierta a abusos contra las personas sin recursos.

Además de la naturaleza de las leyes debemos darnos cuenta que en los cinco años y tres meses en los que la república vivió en paz se decretaron 62 veces los estados de alarma (prevención), excepción o guerra. Cada vez que uno de estos estados excepcionales era declarado ciertos artículos de la constitución se dejaban en suspenso y las libertades de los ciudadanos por tanto se veían afectadas. Por mucha constitución que haya si ésta está suspendida parcialmente cada dos por tres su vigencia acaba siendo muy limitada. Durante los casi 35 años de vigencia de la constitución del 78 solamente se ha decretado el estado de alarma una vez, en 2010 y ante la “huelga” de los controladores aéreos.

Adicionalmente durante la república hubo fusilamientos a pesar de que la pena de muerte había sido eliminada por la constitución. Esto pudo ser porque, al declararse los estados excepcionales, muchos ámbitos pasaban a regirse bajo la jurisdicción militar y en ese ámbito la pena de muerte permanecía vigente.

Está bastante claro, pues, que a nivel de libertades individuales el periodo de la constitución del 78 ha sido mejor que el republicano, pero es que a nivel político yo creo que también. Actualmente nos quejamos mucho de la ley electoral que minimiza a los partidos pequeños nacionales y sobredimensiona a los grandes. Se echa la culpa a la ley d’hont, pero realmente la culpa es fundamentalmente de las circunscripciones provinciales.

Bien, en 1931 fue el gobierno provisional de la república quien implantó las circunscripciones provinciales. Además de eso el sistema electoral republicano era mucho más mayoritario que el actual porque otorgaba el 80% de los escaños de una circunscripción a la lista más votada, eliminando la proporcionalidad de forma absoluta. Si las cortes republicanas resultaron ser un crisol de partidos fue por un lado porque había menos homogeneidad en las decisiones políticas entre provincias de la que tenemos actualmente, y por otro porque los partidos se juntaban en coaliciones pero, al llegar al parlamento, luego votaban por su cuenta.

Respecto a la “limpieza” de las elecciones creo que se puede decir que con casi toda seguridad son más limpias las elecciones en la democracia actual. En la España de los años 30 todavía sobrevivía un fuerte caciquismo y la compra de votos por los caciques era habitual. La“coacción” para el ejercicio del voto también era mayor en otros campos, bien fuese desde los púlpitos de las iglesias, desde las tarimas de los mítines obreros o de los propios maridos sobre sus mujeres. De forma general las elecciones de la época republicana fueron limpias aunque se conocen casos de fraude electoral parcial en varios sentidos que, no obstante, no parece que alterasen los resultados finales.

Hay que tener mucho cuidado con no falsear la historia. Está fuera de toda duda que la II república era un régimen legítimo y democrático y que el golpe de estado contra ella fue quizá el acto más terrible y condenable de la historia contemporánea de España. Los objetivos de la república fueron nobles y ojalá no hubiese habido guerra civil y la democracia hubiese continuado vigente desde entonces hasta nuestros días.

Pero la república no fue un paraíso y su estructura legal no fue ninguna maravilla. Probablemente si no hubiese acabado como acabó la estructura jurídica y la constitución hubiesen sido reformadas en varios sentidos. Tenemos que ser serios en el análisis y no sacralizar épocas y realidades jurídicas que tenían virtudes pero también defectos.

Muchos de los problemas que vivió la república se debieron a su época histórica, a las amenazas que sufría, a la sociedad tan polarizada que tuvo que gobernar y a la sombra del fascismo que acechaba en toda Europa. Eso es verdad pero la realidad es la que es, las libertades de la época republicana eran menores que las actuales como también lo eran en la Francia o la Inglaterra de los años 30 respecto a sus realidades actuales. No reconocer esto es absurdo.

Sacralizar la II república me parece que no tiene sentido, no debemos creernos una serie de mitos creados para intereses políticos determinados. La creación de un paso glorioso y puro es precisamente lo que hacen los nacionalistas para sostener sus irracionales posicionamientos políticos, crear una mitología representa esencialmente lo contrario de lo que yo creo que debe ser la política, es la captación de adeptos por sentimentalismo y simplificación en vez de por convencimiento y mediante la razón. No debemos imitar los métodos de los adversarios con los que no compartimos valores.

Tampoco conviene creer que una república per se cambiaría la realidad política en España. Una monarquía parlamentaria es esencialmente similar a una república parlamentaria y ambos regímenes pueden ser víctimas de vicios, manipulaciones y desnaturalizaciones similares. No hay más que mirar a nuestros países vecinos o a las repúblicas latinoamericanas.

Ojo, que yo quiero una república, que quiero que podamos elegir al jefe del estado y eventualmente eso defenderé cuando proceda. Pero no tener una república es el menor de nuestros problemas y no estamos precisamente sobrados de fuerzas para confundir las prioridades, y mucho menos si además tenemos que crear ídolos de cartón-piedra.

Posteado por: Javier | abril 12, 2017

Si Le Pen no gana en Francia, mejor

No, no, y no es por la imagen que los medios de propaganda del establishment nos pintan de Marine Le Pen, la candidata a la presidencia de Francia por el Frente Nacional, es decir, “ultraderecha”, “extremista”, “racista”, “xenofoba”, “populista”, etcétera y etcétera. De lo que propone Marine Le Pen conozco poco más que algunas pinceladas generales, puesto que no es una persona que me interese demasiado, pero sí es cierto que, por lo que sé, el Frente Nacional, aparte de que lleva años tratando de limpiarse de su imagen filofascistoide de origen (empezando con la expulsión hace pocos años del propio Le Pen padre), admitiendo incluso militantes y candidatos negros, mulatos y magrebíes, tiene en lo económico un programa muy similar al de la izquierda tradicional, añadiendo a ello el nacionalismo: exaltación de los símbolos nacionales de Francia, control muy estricto de las fronteras, expulsión de los inmigrantes ilegales y salida del euro, la UE y la OTAN.   

Una cosa que sí hay que reconocer a Le Pen es que ha dicho hace poco en una entrevista que ve dificil que surja un movimiento como el suyo en países como España o como Grecia debido a que su pasado totalitario y dictatorial hace que vean con muchos recelos el patriotismo. Francia tampoco es que tenga mucho de que presumir con Petain y el régimen filonazi de Vichy durante la II Guerra Mundial, pero, en cualquier caso, aparte de que eso fue hace más tiempo, hasta la señora Le Pen reconoce que el franquismo fue una dictadura… aquí hay hasta algunos (del partido desgobernante, por ejemplo) que lo niegan o, si no negarlo, tratan de disculparlo, de modo que aquí, cuando se tacha a esta señora de “ultra” o “radical”, hasta podrían surgir dudas sobre quién es más radical.

Como está contra el euro, la UE y a la OTAN, hay gente opuesta a estos tres entes (algunos de izquierda, incluso) que pueden pensar que por motivos “tácticos” conviene que gane o que, incluso, caso de ser francés, podría plantearse votar al Frente Nacional por ese motivo. En principio pudiera ser comprensible: si Le Pen llega a la presidencia francesa, rompe con el euro y pone en marcha un Frexit, eso dejaría herida de muerte a la UE.

A mi, la verdad, y como digo, es que Francia es un país que me da un poco igual y no es que me interese demasiado, pero una cosa que sí me llama la atención es que haya algunos “patriotas” españoles que quieran con tanto entusiasmo que Le Pen gane, los del partido VOX, por ejemplo, que ahora parece que intentan postularse como la “Alt-Right” española, están intentando subirse a esa ola (así de originales son).

Pero lo cierto es que, importandome poco la hipotética política que haga Le Pen dentro de Francia, problema de los franceses es, no creo que llegue a activar un Frexit, pero, si lo hiciera, España no saldría muy beneficiada que digamos. Si Francia saliera ahora de la UE y del Espacio Schengen, se convertiría en un tapón entre España y el resto del continente y muchos de los ilegales que expulsara o que no pudieran pasar a Francia, así como posibles yihadistas, tendrían España como uno de sus destinos preferentes (el Reino Unido daba igual pues, de todas formas, no era parte del Espacio Schengen y la inmigración que reciben no es la que habitualmente va a venir a España), aparte de que un Gobierno tan entreguista a Bruselas como el español (y da igual de qué partido fuera, no hablo solamente del actual) les abriría seguramente las puertas y los brazos. A ver, lo genial sería una implosión total de la UE, con salida de todos sus miembros a la vez, pero salvo que eso lo provocase una hipotética salida de Francia, los que se vayan quedando dentro de ese ente son los que se van a ir llevando la peor parte. Porque una cosa parece que va quedando clara, después de ver la actitud de las élites europeistas con el Brexit: aún en el caso de que Francia saliera, eso probablemente las llevaría a tratar de aumentar aún más el poder de Bruselas, como están haciendo con la salida del Reino Unido.

De todas formas, ya digo que no creo que llegara a activar un Frexit, por una razón muy sencilla: Le Pen no tiene dinero para su campaña. Depende de préstamos bancarios para pagarla, así que ya podemos imaginarnos que, caso de que llegara al gobierno, no va a poder hacer nada que ponga nerviosos a sus prestamistas.

Si en España hubiera alguien con voluntad de, ante una eventual salida de Francia, plantear un Españexit o, al menos, implantar un control decente de las fronteras, pues mira, la victoria de Le Pen hasta podría ser interesante por motivos de pragmatismo. Pero es que no es así. Ni PP, ni PSOE, ni Ciudadanos ni Podemos. Qué se puede esperar del PP, cuando el propio Rajoy dice que “no creo en las fronteras” (de Podemos, con Manuela Carmena felicitando a quienes se saltan las vallas de Melilla, mejor ya ni hablemos).

Las castas políticas en España son muy corruptas (en todos los sentidos, no solo el material, también el moral), lacayunas y destacan por su actitud cipaya. Para botón de muestra, cuando la semana pasada anunciaron a bombo y platillo que Bruselas había dado autorización a España para negociar el asunto de Gibraltar con el Reino Unido, lo que viene a significar dos cosas: que la Unión Europea era quien garantizaba la permanencia de la colonia británica en el territorio del Peñón y que, en consecuencia, entregada la soberanía a Bruselas, los gobiernos españoles no podían hacer nada práctico, más que amagos ridículos, pues quien tiene la sartén por el mango es la UE y España, gracias a sus corruptos gobernantes, no es más que un estado títere que solo puede hacer lo que en cada momento a Bruselas le de la gana que haga (y, ahora, resentidos con el Brexit, los eurocratas parece que para lo que van a utilizar a España es para tocar un poquito las narices al Reino Unido). El problema, obviamente, no es el gobierno británico, ellos, como es normal, llevan décadas defendiendo (y muy bien) sus intereses, el problema es el lacayunismo de los gobernantes españoles, que han entregado la soberanía del país a un ente como la UE, que es el que les marca las líneas a seguir en cada momento y les ha colocado durante tantos años en una situación sumisa frente a los británicos. Evidentemente, una hipotética y casi inimaginable vuelta del Peñón a España, sería para colocarlo bajo la soberanía de Bruselas, no bajo la española. Eso está más claro que el agua.

Posteado por: Javier | abril 7, 2017

El arte del acuerdo

Señores, llevamos unas horas en que la mayoría de seguidores que Trump había conseguido entre la Alt-Right andan formando todo un jaleo en las redes sociales por el ataque lanzado anoche por la armada de EEUU con 59 misiles Tomahawk contra una base aérea en Siria. Muchos hablan de “decepción”, “bajada de pantalones”, “hasta aquí hemos llegado”, “le retiro mi apoyo”… Como muestras, para ilustrarnos un poco, tenemos a Richard Spencer, el creador de la expresión “Alt-Right”, en Twitter: “Si Trump nos lleva a la guerra con Siria, he terminado con él. Una guerra siria sería una iniciativa totalmente innecesaria que demostraría que Trump no tiene el control”. O a Mike Cernovic, el periodista que destapó el escándalo de las escuchas de la administración Obama (de la mano de su Asesora de (In)seguridad Nacional, Susan Rice) al entorno de Trump: “Presidente, no apoyaremos una guerra con Siria. Se está dejando manipular por los traficantes de guerras”. O a Paul Joseph Watson, uno de los videoblogueros pro-Trump más activos y con más éxito del último año: “Querido @RealDonaldTrump: le están manipulando con el mismo montaje que prepararon en 2013. No al cambio de régimen en Siria”.

Los hechos empezaron el martes, cuando los bautizados por la prensa occidental como “rebeldes moderados” acusaron a las tropas sirias de un supuesto uso de armas químicas en la ciudad de Jan Sheijun, con un balance de 80 muertos y 200 heridos. O, lo que es lo mismo, resulta que, cuando está a punto de ganar la guerra y justo cuando EEUU le da permiso para conservar el poder, en vísperas de una conferencia crucial para su futuro y con el mundo vigilando cada uno de sus pasos, a Bachar al-Assad se le va la pinza y ataca a civiles con gas. Tiene mucho sentido, sí.

La noticia se supo a través de un télex de la agencia Reuters citando al Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un engendro dirigido por una única persona, Rami Abdel Rahman, un opositor sirio que reside en Londres y fuente de gran parte de esta propaganda de guerra contra el gobierno sirio que luego se publica en medios “serios” como El Mundo, El País, Público, Eldiario.es, The Guardian, NYTimes, etc. Posteriormente llegan las primeras acusaciones de los “White Helmets” (los “Cascos blancos”), que es el Frente Al Nusra, y tras ello el comunicado de la Coalición Nacional de Fuerzas Opositoras y Revolucionarias de Siria, que es otra entidad fantasmal que no sabe bien a quién agrupa y a quién representa. Inmediatamente comienza a actuar la segunda línea de actores. Se transmite a todos los medios de comunicación occidentales, y aparecen distintos personajes que suelen estar por medio en este tipo de (des)informaciones: Stafan de Mistura por la ONU, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), Federica Mogherini por la UE, el ministro de Exteriores británico Boris Johnson, el Gobierno francés, Amnistía Internacional. Es decir, los mismos actores de siempre, con los mismos argumentos de siempre, y sin presentar ninguna prueba. Estamos ante un escenario que ya hemos visto otras veces. Sin presentar ninguna prueba y sin realizar ninguna verificación, casi al minuto de ocurrir, los hechos son endosados al gobierno sirio.

Por supuesto, cada vez más gente es más escéptica con estas informaciones que tienen todas las características de las “fake news” y de la guerra híbrida, pero ¿Se ha tragado Trump la propaganda de los medios globalistas sobre este supuesto ataque con armas químicas o hay algo que, a primera vista, se escapa? La mayoría de medios corporativos en EEUU llevaban varios días recriminando a Trump por el viraje en la visión política con respecto a Siria, más aún desde que la Casa Blanca anunciara que derrocar al presidente sirio no es un objetivo, pero difícilmente cuadra y se sostiene la versión de que Trump se ha conmovido al ver las fotos de niños que supuestamente habrían sido víctimas de ese ataque y eso le ha llevado a cambiar de opinión sobre Siria y al-Assad.

Se puede pensar que, finalmente, un solo hombre que ha llegado a la presidencia useña únicamente con el apoyo de gran parte del pueblo norteamericano, al final, ha perdido ante la presión del establishment político, financiero, mediático y cultural, y ha capitulado. O se puede pensar que Trump, realmente, era un fraude y un oportunista que llegó a la Casa Blanca con un mensaje falso. O que, sencillamente, la prensa corporativa globalista y el establishment republicano y demócrata le han engañado.

Pero el caso es que cuesta creer que un zorro viejo como Trump se deje engañar. Sus enemigos no paran de subestimarlo y de hacer una caricatura de él (y, lo que es peor, creerse esa caricatura), pero el caso es que muchos de ellos, la mayoría de perio-listos, sobre todo, no han leído nunca a Trump ni saben nada de sus estrategias, a pesar de que él mismo las ha puesto por escrito. Muchas de las claves de cómo piensa y actúa Trump están aquí, en su libro “The Art of Deal” (El arte del acuerdo):

Esto no deja de ser una hipótesis, porque no soy Dios para saberlo con certeza, pero puede que esto sea una táctica para una posible negociación con un tercero (Rusia o China). Hay que mirar que Trump añadió en la conferencia en que dijo que Assad había traspasado todas las líneas rojas: “El mundo está hecho un desastre. He heredado un desastre en todas partes: en Siria, en Corea del Norte. Vamos a arreglarlo”.

Contrariamente a lo que se cree, Trump es más de cerrar tratos que de apretar el botón. Su primera oferta siempre es muy alta. Además, lo ha mezclado con Corea del Norte. Como vengo diciendo, si se ha leído algo sobre la forma de negociar de Trump, siempre parte de unas condiciones muy duras. Siempre empieza con una oferta muy alta imposible de aceptar y, a partir de ahí, va moderando su postura. De este modo hace creer a la otra parte que está siendo flexible. Cuando ambos llegan a un punto medio, parece que las dos partes han cedido y todos salen contentos. Sin embargo, el único que ha cedido realmente es el que está sentado al otro lado de la mesa, pues la idea original de Trump era llegar a ese punto. Todo esto no es ningún secreto: lo explica él mismo en todos sus libros. En eso consiste el arte de negociar y del acuerdo, según Trump, en una negociación hay que pretender que se desea por encima de todo algo que no se desea realmente y, cuando no se consigue, ir a por lo que se quiere realmente. Algo quiere sacar de todo esto que no creo que tenga mucho que ver con el destino de Assad.

Trump no tiene ningún interés en ir a una guerra en Siria ni en derrocar a Assad. Y quiere llegar a un acuerdo con Rusia sobre Siria. Lo que ocurre es que, por supuesto, llegar a un acuerdo con Rusia no es dar un cheque en blanco a Putin, como daban a entender sus detractores que lo presentaban poco menos que como una marioneta de los rusos que, además, además habría llegado a la presidencia gracias a un fantasmagórico “RusiaGate” y a los supuestos hackeos del Partido Demócrata por parte de la inteligencia rusa. Trump también es un maestro a la hora de llegar a grandes acuerdos tras hacer como que rompe la baraja y se levanta de la mesa. Chocando ahora con Rusia a causa de este ataque, Trump logra dejar en ridículo a quienes le acusaban casi de estar a sueldo de Moscú y consigue una posición fuerte para negociar con Putin, haciendo como que está dispuesto a hacer lo que en realidad no quiere hacer. Rusia se quejará mucho y hará algunos aspavientos en esa inutilidad que es la asamblea de la ONU, pero nadie puede dudar de que va a trabajar con Trump para exterminar a las cucarachas islamistas. 

Hay que tener en cuenta que, con el Estado Profundo moviéndose para tratar de hacerle un “Kennedy” incruento o un “Nixon”, Trump debe ser astuto hasta extremos inimaginables. Si Trump no hubiera hecho nada, ante un ataque que seguramente ni él mismo se cree que ha sido obra de Assad, fácilmente habría sido acusado de debilidad por los halcones de Washington.

¿Y qué pinta Corea del Norte en todo esto? Si Trump se ha arriesgado a chocar con Rusia, significa que estaría dispuesto a hacerlo con China sobre Corea del Norte. Hace pocos días ha tenido como huésped al presidente chino, y con esta intervención limitada, Trump acaba de preparar la mesa para sus conversaciones con China sobre Corea del Norte.

Por otra parte, después de que el ISIS sea aplastado por EEUU y Rusia, el gobierno sirio tendrá que negociar con las entidades restantes de Siria para crear una paz duradera. El gobierno de Siria probablemente ahora se volvió más flexible de cara a esas negociaciones. 

El tiempo nos dirá si todo esto es correcto o no.

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PD: me gustaría felicitar al nuevo juez de la Corte Suprema useña, Neil Gorsuch. ¡Por fin! Después de muchos años, de nuevo un protestante en el Tribunal Supremo, además, una persona muy razonable.

Los WASP vuelven al Supremo. 

Posteado por: Javier | marzo 31, 2017

El RyanCare, o cómo trolear al enemigo que tienes en casa

Volviendo un poco al tema del ridículo permanente en que parecen instalados los medios corporativos dedicados a la difusión de “fake news” (o, lo que es lo mismo, prácticamente todos los medios), una cosa que me llamó mucho la atención el sábado pasado fue leer titulares en periódicos supuestamente “progresistas” como El País (también conocido como El País de las Mentiras) hablando de una “humillación” a Trump infligida por un grupo de congresistas republicanos que se hacen llamar “Freedom Caucus” al haber puesto freno al último intento de derogar ObamaCare y aprobar una nueva ley sanitaria.

Qué raro. El País celebrando con champán una “derrota” de Trump ante el Tea Party, de donde proceden la mayoría de miembros de este grupo del Freedom Caucus, el ala más derechista del Partido Republicano, aquí algo no cuadra mucho, salvo que tengan tanto odio a Trump que eso les lleva a celebrar una aparente “victoria” de las teteras.

Bueno, raro si no se tienen en cuenta varias cosas.

Donald Trump no es un político al uso. Trump es un negociante y un tipo muy hábil, un auténtico maestro en cuanto en cuanto a dominar el espectáculo mediático y hacer que sus enemigos (el establishment republicano y demócrata y los “medios deshonestos”, como el los ha bautizado) cometan errores y no sepan por dónde les está atacando. También hay que tener en cuenta que Trump no es un republicano al uso, Trump se ha presentado con los republicanos porque era la única plataforma electoral con que podía hacerlo (hace 10 años estaba registrado como demócrata e incluso fue donante de sus campañas), pretender ir como candidato independiente era inútil. Evidentemente, grupos como el Freedom Caucus o think tanks como la Heritage Foundation van a intentar aprovechar la ocasión de varios años de una presidencia y un dominio republicano en el legislativo para intentar presionar y cabildear para que haya un viraje a políticas más libegales, pero Trump no es tonto y sabe que la mayoría de los votantes que han sido decisivos para que gane no son precisamente fans del telepredicador Ted Cruz, o miembros las teteras o de este Freedom Caucus (que la única “freedom” que defienden es la “freedom” para las grandes empresas y los grandes capitales). Aparte de que, por mucho que vayan de “rebeldes”, para la mayoría, las teteras que están en el Congreso son parte del establishment y Trump es una estrella de los medios que sabe muy bien cómo manejar a las audiencias: ha conseguido que estos del Freedom Caucus hayan quedado como unos extremistas que querían un plan todavía más deficiente que el que llevaba Ryan. El ObamaCare no es que sea muy popular (entre otras cosas porque tiene mucho de capitalismo de amigotes) pero es verdad que ha conseguido que varios millones de personas más tengan cobertura médica, y el de Paul Ryan era aún peor, por no hablar de lo que querían las teteras. Trump lo que ha hecho es quemar a Ryan, al que es público y notorio que no lo traga, y a las teteras, y allanar el camino para que los republicanos más moderados y los demócratas estén más predispuestos para negociar una ley de sanidad mejor.

El proyecto republicano, tumbado el viernes de la semana pasada, había sido denominado de manera informal como “RyanCare”, por ser el portavoz en el Congreso, Paul Ryan, su principal promotor: desde luego, de entrada, llamarlo “TrumpCare” fue la primera manipulación de los medios deshonestos. Trump no se implicó ni lo más mínimo en la negociación y redacción del proyecto, ni le puso demasiada pasión al asunto de defenderlo, simplemente dio luz verde a Ryan para que lo sometiera a votación. El proyecto, todo hay que decirlo, era tan malo que conservaba lo peor de Obamacare (el capitalismo de amiguetes que antes he mencionado: garantizar por ley a las grandes aseguradoras una clientela de millones de personas) pero con la previsión de que hasta 24 millones de personas pudieran perder la cobertura de su seguro médico en los próximos años.

O sea, un auténtico regalito envenenado el que hacía Trump a Ryan, el de tener que defender este plan con el que no estaban de acuerdo ni los demócratas ni el sector más derechista de los republicanos. Esto no se entiende si no se sabe que, aunque parezca que en los últimos meses han fumado la pipa de la paz, Ryan sigue siendo uno de los principales adversarios que Trump tiene entre el establishment republicano. Durante las primarias republicanas, e incluso durante la campaña presidencial frente a Hillary, Paul Ryan no perdía ni una sola oportunidad para disparar con bala contra Trump cada vez que éste dijera algo que levantara el escándalo entre los medios corporativos. Ryan también fue uno de los que más trató de azotar al entonces candidato tras el Pussygate, la famosa polémica por la filtración de unas controvertidas “conversaciones de vestuario” de Trump, aparte de las sospechas de que sigue cabildeando en la sombra a favor del “Kennedy” incruento (esto es, sin derramamiento de sangre, sino vía impeachment) que el “Estado profundo” parece querer hacer con Trump, con lo que el presidente habría llegado a la conclusión de que no puede fiarse más de alguien así.

Se entiende así que Trump no pareciera estar especialmente afectado por el fracaso del proyecto (más bien, todo lo contrario) o que se limitara a decir “no culpo a Paul”. Pero, en la práctica, lo que hizo fue llamar al Washington Post, uno de los “medios deshonestos”, para una entrevista improvisada, alardeando de la supuesta derrota, así como tuitear animando a ver un programa en Fox News donde la presentadora masacraba a Ryan y pedía su dimisión, otra muestra de porqué digo que el Donald es un maestro en estas cosas. A diferencia de Trump, cuya habilidad para utilizar la histeria mediática a su favor le hace salir impune de cada escándalo, Ryan es un político convencial, y la derrota de una propuesta que lleva su firma es un golpe enorme a su autoridad y su figura. Probablemente, a Ryan no le quede mucho como portavoz republicano en el Congreso.

Y, de paso, Trump también ha aprovechado para lanzar todo tipo de dardos contra las teteras del Freedom Caucus. Este tuit es de la cuenta en español de la Casa Blanca (también está en inglés en la cuenta personal de Trump en Twitter):

¿A dónde lleva todo esto después de que Trump haya quedado ante la opinión pública como un presidente dialogante y moderado que se ha encontrado con la cerrazón de parte de los republicanos y del Partido Demócrata? Éstos últimos, encima, se van a encontrar con que todo lo que siga funcionando mal en la sanidad norteamericana va a ser culpa suya, no de Trump, pues, de hecho, son quienes apoyaron el actual sistema aprobado con Obama.

Hay que insistir en que Trump está fuera del establishment republicano y que no es propiamente un conservador, de hecho, la gran oposición de su propio partido ha sido a todas las medidas trumpistas que enfurecen a bancos y multinacionales, como su lucha contra la deslocalización, su mano dura frente a la inmigración ilegal y, en general, sus políticas proteccionistas. En las primarias republicanas, Trump habló de un sistema sanitario que no dejara que ningún americano muriera a las puertas de un hospital, lo que fue tachado de “socialista” por sus rivales. Esto es una exageración, lo de las muertes a las puertas de los hospitales, pero sí es cierto que el sistema sanitario americano no es precisamente uno de los logros de esta nación tan admirable en otros ámbitos, no hay más que remitirse a unos datos de mortalidad, sobre todo infantil, que no se corresponden con una de las rentas per capita más altas del mundo. EEUU es cierto que es un país fundado por pioneros y aventureros, y que en cierto modo esto hace que muchos americanos piensen que la sanidad es algo que depende de que cada uno se responsabilice de sí mismo, pero, por otro lado, también es cierto que la controversia no cesa con quienes quieren otro sistema público y más universalizado, al estilo del que en Europa está aceptado con bastante consenso.

Lo cierto es que, si en eso es en lo que está pensando Trump (por ejemplo, universalizando Medicaid, el sistema de sanidad pública que ahora está vigente en EEUU para la gente con pocos recursos), el provocar deliberadamente el fracaso de RyanCare, desactivar a Ryan y a las teteras, y pasar la pelota a los demócratas (que, si quieren contentar a su electorado en las elecciones parciales de 2018, tendrán que mover ficha) era la jugada perfecta.

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No soy muy dado a dar difusión a cosas relacionadas con el Tea Party o el sector más derechista del Partido Republicano, pero este podcast que pongo abajo es muy interesante para ver los esquemas de pensamiento que tienen estos señores. Es de una web llamada Territorio USA, por la que reconozco que a veces navego y sigo sus podcast, que en las primarias republicanas apoyaba a Ted Cruz (un tipo que parece un telepredicador de medio pelo del Medio Oeste americano y un caballo perdedor cuya única posibilidad de ganar la presidencia habría sido tener enfrente como rival prácticamente a un comunista soviético) y ahora a Trump por pura necesidad. Se ve que no se han enterado de nada de nada de lo que ha pasado puesto que hacen lo que he dicho en la entrada: creen que a Trump le han engañado los moderados del partido y los demócratas.

No obstante, sí digo, y hay que reconocerlo, que, en comparación con la prensa bananera española y los medios corporativos americanos, si quieres enterarte de cosas interesantes sobre los EEUU es incluso bastante mejor que los anteriores, razón por la que la sigo de vez en cuando. Aparte de que en este episodio en concreto también hablan de otras cosas interesantes, como de datos que desmienten el RussiaGate, la supuesta trama por la que algunos acusan a Rusia de tratar de influir en la elección de Trump.

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Posteado por: Javier | marzo 25, 2017

El Brexit: cuando el Parlamento acata el mandato del pueblo

Esta semana ha sido verdaderamente para dar la enhorabuena a los británicos de bien (los que en junio del año pasado votaron NO a la Unión Europea), desde el momento en que este pasado lunes la primera ministra Theresa May anunció la fecha en que se activará el artículo 50 del Tratado de Lisboa para dar inicio a la salida del Reino Unido de la UE: el 29 de marzo.

Cuando a lo que estás acostumbrado en tu país es a una pseudo-democracia “low cost”, donde a la mayoría de la gente le da exactamente igual que les engañen tanto las distintas franquicias del sistema político-económico español (es decir, los partidos que se sientan en el Congreso para, supuestamente, representar a los españoles) como los medios de comunicación, no puedes menos que sentir muchísima envidia cuando ves al Parlamento y al Gobierno de este gran país de raíces protestantes acatar el mandato recibido del pueblo en las urnas.

El Brexit fue uno más de los episodios de la rebelión que está en marcha contra las élites globalistas. Lo peor fue la reacción de esas mismas élites, anunciando, inmediatamente, todo tipo de plagas y cataclismos que supuestamente iban a caer sobre la Pérfida Albión y sus insensatos habitantes. Pero lo único que sucedió es que una decisión democrática soberana va a obligar a denunciar un tratado. Un primer ministro democráticamente elegido (David Cameron) en un país que respeta tanto la Constitución que no necesita ponerla por escrito –acaso casi sólo aquellos que no ponen la Constitución por escrito están dispuestos a cumplirla– había prometido un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE. Como era de recibo, lo convocó. Lo perdió. Y como era de recibo, dimitió. O sea, ¿cuál es el problema?

El Brexit también ha destapado el estado de bancarrota moral en que se encuentra la izquierda “progre” o “mainstream”: copiando casi punto por punto los argumentos de la derecha neoliberal y pro-establishment (eso, incluso más aún, se acentuó después con la elección de Trump en EEUU, que agudizó más todavía incluso el despliegue de hipocresía moral de la propia UE). No se puede caer más bajo.

Tanto los progres como los neoliberales globalistas, acusando a los partidarios del Brexit de chovinismo y xenofobia (que los ha habido pero no al punto que dicen ellos), lo que pretenden ocultar es el hecho de que la mayoría de trabajadores y las clases populares del Reino Unido están en contra de un ente como la UE, al que perciben como una arquitectura creada para proteger únicamente a los grandes capitales financieros y en las que las decisiones realmente relevantes las toma la Comisión Europea, que es en el fondo un organismo con miembros designados, es decir, son funcionarios, no elegidos. El jefe de la comisión es Jean Claude Juncker, un tipo que no sólo amenazó a los británicos antes del referéndum sobre el Brexit, aliénándolos aún mas, sino que hace gracias como llegar borracho a las reuniones (vean ESTE VIDEO).

Olvidan (o no se quieren acordar) de que los primeros en promover la pertenencia británica a la Comunidad Económica Europea (CEE), como entonces se llamaba la actual UE, fueron los conservadores, el primer ministro Edward Heath, en 1973. Dos años después, en 1975, el nuevo gobierno laborista organizó el primer referéndum sobre la permanencia en la CEE, puesto que gran parte de las bases del partido quería salir del CEE, mientras que la mayor parte de la dirigencia querían quedarse. Por eso convocaron un referéndum con resultado vinculante. Al final, los británicos votaron a favor de continuar en la CEE. Toda la prensa británica conservadora (toda la de relevancia, en definitiva) animó a sus lectores a votar a favor de pertenecer a la CEE (el único periódico que animó sus lectores a votar para salir fue el del Partido Comunista Británico: The Morning Star). Lo relevante de esto es que la izquierda británica tradicional estaba en contra de la Unión Europea. En aquel año 1975 estaba en contra el actual líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, y lo estaba el mítico Tony Benn, que ya entonces veía en el proyecto europeo una amenaza para la soberanía política y económica del Reino Unido.

En junio de 2016, toda la izquierda “progre” o “mainstream” británica (fuera la política, la cultural, la mediática o la del mundo de la farándula) apoyó la opción de quedarse en la UE. Desde algunos como el columnista Owen Jones hasta el ínclito Tony Blair, han repetido e imitado simiescamente los mismos augurios catastróficos y llenos de especulaciones absurdas que la derecha neoliberal: que el Reino Unido perdería industrias enteras si salía, que la economía se hundiría, que Escocia saldría del Reino Unido (a ver si, a la hora de la verdad, Escocia prefiere cambiar Westminster por Bruselas, o la libra por el euro). Pero, no contentos con ponerse a la altura de los neoliberales globalistas, encima, aportaron también mentiras propias: que la UE protege los derechos de los trabajadores (algo que todo el mundo sabe que es FALSO y un insulto a la inteligencia afirmar eso) y, sobre todo, que la UE iba a proteger a los británicos del neoliberalismo (una afirmación que es para echarse a reír). Todo ello empaquetado con un argumento humanista-sentimental que, en términos intelectuales y políticos, no tiene ni pies ni cabeza: “Estamos mejor juntos que separados”. Hasta la persona más inculta del mundo sabe que decir esto es no decir absolutamente nada, es decir humo, las típicas frases tan viscerales, floridas y poéticas (tipo “ningún ser humano es ilegal”) que tanto gustan a la progresía posmodernista, sin decir nada en concreto o que tenga un mínimo de pies en el suelo.

En Europa, no sólo en el Reino Unido, hay mucha gente harta de imperialismo (el golpe de Estado en Ucrania), de la destrucción económica de un país en nombre de bancos franceses y alemanes (Grecia), de la arrogancia tecnocrática (Bruselas), de las crisis de refugiados provocadas por las guerras imperiales legitimadas y dulcificadas por este ente de la UE (razón por la cual recibió el Nobel de la Paz… mismo motivo por el que en 2009 le fue otorgado a Obama) y de la ausencia absoluta de control democrático sobre sus propias vidas. La Unión Europea es un engendro irreformable, lo único que cabe es su desaparición, es antidemocrático y su única razón de ser es servir a los intereses del capital financiero europeo. Después de lo dicho hace pocos días por el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, sobre que los países del sur “gastan el dinero en copas y mujeres”, ¿Qué más necesitan los que aún no se hayan dado cuenta de la bancarrota moral de la UE y de la catadura despreciable de los sujetos que la dirigen? Este mamarracho es el mismo personaje que, mientras exige un durísimo programa de austeridad a los países del sur, ha jugado un papel clave en convertir su país, Holanda, practicamente en un paraíso fiscal en el que las mayores empresas europeas (incluyendo españolas) y norteamericanas evitan pagar sus impuestos en los países donde se realiza la producción, la distribución o el consumo de sus productos. Este individuo es “socialdemócrata” (que hoy en día quiere decir progre-neoliberal) y, en efecto, ha conseguido que, a pesar de todo, su país no sea considerado un paraíso fiscal cuando lo es de facto, allí tienen su sede compañías extranjeras como la estadounidense Starbucks, la lista es enorme, se calcula que hasta unas 12.000, las cuales, en realidad, algunas de ellas solo tienen en Holanda una dirección postal, sin edificio siquiera, como es el caso de los grupos musicales Rolling Stones o U2, del Sr. Bono (el cantante, no José Bono), ese que se ha hecho famoso y rico a base de supuestamente “defender” a los pobres del mundo.

Esta es la Europa a la que quieren que pertenezcamos.

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OTRO ASUNTO:

Miren estas dos fotos:


Las dos son de manifestaciones en las que era asiduo el terrorista del ISIS que ha matado por atropello a varias personas en Londres hace unos días. Ambas, manifestaciones en contra del gobierno sirio de Bachar al-Assad. En la de arriba vemos incluso la bandera siria de las tres estrellas, la bandera enarbolada por la oposición a Assad, o sea, la que usan los denominados “rebeldes moderados” apoyados por Occidente. Paradójicamente, la misma bandera que los izquierdistas occidentales ondean contra Assad.

Y es que, en este tema de la agresión criminal contra el pueblo sirio, la prensa y medios de comunicación autoetiquetados como “progresistas” han hecho una labor de manipulación y de incitación de la opinión pública que, si cabe, hasta se puede considerar más despreciable que la de medios abiertamente otanistas o neocons, presentando como si fuera una especie de romántica “rebelión popular” contra un sanguinario “tirano”, lo que no es más que una guerra de agresión utilizando mercenarios, llevada a cabo por terroristas islamistas que actúan como legión de choque al servicio de los intereses de las corporaciones occidentales y de sus socios locales, como Israel, Turquía, Arabia Saudí y el resto de petromonarquías teocráticas del Golfo Pérsico, para eliminar la libertad y la soberanía económica y política de un país, en este caso Siria, antes lo fueron Libia o Irak.

Son los mismos que han llegado a la desvergüenza de publicar fotos de Siria como esta, en la que se ven retratos y pancartas en favor de Assad, presentándolas como si fueran “manifestaciones contra Assad”:

También son los mismos que muchas veces hablan del gobierno de Assad en términos bienintencionados como “sí, es un dictador pero es una contención frente a los islamistas” o “es un tirano pero peor sería derrocarlo”, cuando eso tampoco parece demasiado exacto, aparte de que traslada la imagen falsa de que es una dictadura impuesta ilegítimamente sobre los sirios, que estarían deseando levantarse y zafarse del “tirano”. Es por eso que es tan nociva la labor de algunos medios corporativos occidentales que van de “progresistas”. No van como los medios derechistas globalistas y neocons pidiendo la cabeza de Assad a degüello, sino que lo que hacen lo hacen mucho más sibilinamente aunque el fin es el mismo: deslegitimar a un gobernante que lo único que ha hecho es defender la soberanía de su país frente a los intereses corporativos occidentales (probablemente algún día publique algo más extenso y detallado sobre el tema). Siria era tan “dictatorial” que el 26 de febrero de 2012 se aprobó el proyecto de reforma de la Constitución con un 89,4 % a favor. Esta constitución es secular, no basada en el Islam o en la ley islámica, no permite partidos basados en una religión, etnia, o raza. Por tanto, excluye a cualquier partido que quiera crear un estado islámico similar a los del Golfo Pérsico. Además, Assad ha conservado un gran apoyo de su pueblo (su última victoria electoral lo acredita) y, por ejemplo, los cristianos y otras minorías saben que con él están seguros.

Desde hace unos pocos días llevamos con el conmovedor espectáculo de ver a la prensa “progresista” (esto es, la que defiende el globalismo neoliberal desde posiciones supuestamente de “izquierda”) prácticamente descorchar el champán por el hecho de que en las elecciones holandesas haya ganado el candidato neoliberal… dejando en la cuneta al calificado como candidato “ultraderechista” e “islamófobo”, Geert Wilders. “Europa” también ha respirado aliviada, pese a que las posibilidades de Wilders de formar gobierno, aun cuando hubiera ganado las elecciones, habrían sido totalmente nulas, por cuanto que ninguno de los demás partidos tenía ni la más mínima intención de pactar con él. De Wilders poco sé como para poder valorar nada de él, más allá de que es públicamente conocido su beligerante discurso contra el Islam y de que es alguien que podría encuadrarse en la conocida como “Derecha alternativa” (Alt-Right), pero, en cualquier caso, celebrando la derrota de un candidato que no tenía ninguna posibilidad de llegar al gobierno de Holanda, la cada vez más desacreditada UE lo único que ha hecho es ganar un poco de tiempo en la huida hacia adelante permanente en la que está inmersa. Pueden ganar todo el tiempo que quieran y quemar todos los cartuchos que quieran: la Unión Europea que nació en Maastricht y el Euro son, a día de hoy, dos proyectos comatosos y que solo se mantienen con respiración asistida.

Digamos, volviendo al inicio, que asistimos a un escenario, no sólo en Europa sino en todo Occidente, en que la vieja dicotomía derecha-izquierda, que se inició en los tiempos de la Revolución Francesa, cada vez está más confusa, borrosa y difuminada, dando paso y siendo sustituida por una nueva que sería globalistas (o mundialistas, si lo prefieren) vs. nacionalistas, o sea, los defensores del capital neofinanciero global contra los defensores de la soberanía, la identidad y la economía e industrias nacionales. A un lado los neoliberales, conservadores, socialdemócratas y “progresistas”, unidos todos defendiendo el establishment, y, al otro lado y frente a ellos, tenemos a la “derecha alternativa”, a los que han dejado sólos como el contrapoder anti-establishment, anti-globalización neoliberal y defensor de las soberanías nacionales.

Desde que una mañana de junio del año pasado nos desayunamos con la noticia de que una mayoría de votantes británicos se había decidido por apoyar el Brexit, pasando por la elección de Donald Trump en noviembre, la izquierda “progresista” se autodestapó completamente uniéndose en una carrera con los burócratas de la UE, las élites del establishment y los neoliberales a ver quién era capaz de lanzar las descalificaciones más gruesas (“xenofobia”, “racismo”, “machismo”, homofobia”, etc.) contra estos movimientos (o, más bien, contra quienes los han apoyado en las urnas) que han sido como una auténtica cornada a los intereses globalistas. Ellos son los responsables de que, por ejemplo, en el Reino Unido, el Brexit, apoyado mayoritariamente por los trabajadores y las clases populares sobre todo en Inglaterra, vaya a ser un Brexit de derechas.

Cuando existe una demanda, normalmente, el primer ofertante que llegue es el que copa el mercado. La mayoría dentro de las clases trabajadoras está contra el globalismo neoliberal. Como la “izquierda” no sólo está ausente, sino que se ha unido al establishment en la defensa de ese orden global, es la “Alt Right” la que ha tomado la bandera y ahora encabeza la lucha contra la globalización y el neoliberalismo. Por eso ahora lo que está de moda entre esa izquierda es criticar sin misericordia a Donald Trump hasta por los motivos más risibles. Esos ataques empezaron incluso en noviembre, cuando a ese hombre aún le faltaban más de dos meses para empezar a gobernar, con los disturbios “espontáneos” en varias ciudades norteamericanas, días después de las elecciones, hasta llegar a las marchas “espontáneas” del mismo fin de semana de su toma de posesión. Unas protestas y marchas muy similares a otras protestas “espontáneas” como las que derribaron a Milosevic de la presidencia de Yugoslavia en el 2000, las “revoluciones de colores” en el espacio ex-soviético la década pasada, las protestas de la mal llamada “Primavera Árabe” o, más recientemente, el “Nazi-maidán” (conocido oficialmente como “Euromaidán”) en Kiev… quizás similares porque tanto detrás de las de EEUU como de las anteriores, se atisba la larga mano de George Soros. Evidentemente, no es lo mismo derrocar al presidente de EEUU que al de países más débiles como Serbia, Ucrania o Egipto por medio de unas algaradas callejeras, disturbios y protestas, por muy bien organizadas y financiadas que estén, pero es difícil no ver ciertas similitudes.

Lo más patético de la “izquierda progresista” en sus ataques a Trump es que ni siquiera tienen criterio propio al hacerlo, sino que se limitan a sumarse a la propaganda que hacen los grandes medios corporativos y las élites políticas y económicas vinculadas a Hillary Clinton y el Partido Demócrata. Es decir, en lugar de articular una oposición a Trump en base a valores e ideas propias y a una defensa de los intereses de los trabajadores norteamericanos, lo que hacen es repetir como papagayos las consignas hipócritas lanzadas por quienes trabajan a sueldo del emporio de los Clinton. No sólo eso, en Europa y España ahora vemos algo, si cabe más penoso y ridículo: la mal llamada “izquierda progresista” europea ¡¡posicionándose como auténticos hooligans a favor de Angela Merkel con tal de tener una excusa con la que atacar a Trump!!

O, de forma aún más rastrera y dejando a las claras su catadura moral, tratando de blanquear a los islamistas que luchan en Siria contra el gobierno de Assad y contra Rusia, presentándolos como “insurgentes”, “rebeldes” o “resistentes”, para no tener que reconocer que problemas como el de los refugiados por quienes han sido creados es por los mismos intereses que ellos están protegiendo tan mezquinamente. Les señalan a un muñeco de pim pam pum contra el que arremeter (Trump), en lugar de hacerlo contra los creadores de los problemas a los cuales se supone que se oponen, y ellos siguen la consigna como si fueran lemmings. A mi me parece que no es muy dificil entender que problemas como el de los refugiados de la guerra de Siria han sido creadas por las guerras provocadas o incitadas por el imperialismo neoliberal y por los terroristas islamistas apoyados por la OTAN para derrocar gobiernos legítimos de Oriente Medio, patrocinados por las anteriores administraciones de Washington (tanto republicanas como demócratas) y la UE (ésta última haciendo de lametraserillos), y que (hasta ahora) no es Trump quien ha creado ese problema. Pues nada, ellos a su bola porque lo “guay” es ser anti-Trump. Lo guay para muchos y lo rentable para unos pocos, claro, ir de “progre” mientras legitimas el imperialismo neoliberal es todo un negocio. En temas como la restricción de entrada de viajeros desde ciertos países, Donald Trump lo que se ha limitado es tratar de impedir temporalmente estas entradas desde países devastados por las políticas imperiales de Obama y Clinton para tratar de impedir que puedan llegar encubiertamente terroristas de los nidos creados por estas mismas políticas. Pero, claro, es mucho más fácil (y además quedas como “benefactor de la humanidad”) poner la pancarta del “Refugees Welcome” que enfrentarse al poder económico del que vives muy bien, es mucho más fácil eso que denunciar que lo que ha creado estos refugiados son las guerras imperiales en países como Irak, Libia o Siria.

Todo esto y mucho más viene aún más extensamente y mejor explicado en este artículo del Sr. Adolfo Ferrera (en el blog de reciente descubrimiento “El Mirador Global“), titulado “Fractura europea: derecha globalista contra derecha nacionalista. ¿Dónde queda la izquierda ante el nuevo escenario geopolítico?”, sin que pueda estar más de acuerdo con este párrafo: “Como decía anteriormente, la izquierda política y los movimientos sociales no participan como protagonistas en esta batalla. Están desaparecidos del debate geopolítico y geoestratégico que ahora está reconfigurándose, y en la mayoría de los casos se están movilizando en contra de los llamados “populismos” de la mano de los mismos globalistas neoliberales (con Obama-Clinton a la cabeza) que llaman “populistas” a los gobiernos y dirigentes de izquierdas en Latinoamérica, por ejemplo. No ven más allá. Paradójicamente la izquierda “progresista” española (y me temo que la europea en general) está empleando los mismos términos para atacar a la extrema derecha nacionalista. Pero sin darse cuenta, al acusarles de “populistas”, la izquierda está admitiendo intrínsecamente que no pretenden romper con el régimen institucional europeo (incluido el Euro), porque entienden que no es posible hacerlo, dando por hecho que la “extrema derecha” lo hace sólo para captar votos. Los “progresistas” están demostrando que son más reaccionarios que la propia “extrema derecha”, quien en realidad está dejando en evidencia que sí tienen un modelo alternativo a la globalización neoliberal y al orden mundial unipolar (con todas la carencias, excesos o críticas que le queramos añadir a sus propuestas).”

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OTRO TEMA:

Hablando de medios de comunicación globalistas, probablemente lleven días escuchando algo sobre unos “privilegiados” estibadores portuarios que se niegan a perder unos “intolerables privilegios” (valga la redundancia), como unos sueldazos de fábula que cobran. Esta misma semana, precisamente, ha sido tumbado en el Congreso el decreto de liberalización de la estiba.

Es cierto que la estiba tiene unas ciertas peculiariadades gremiales, por decirlo de algún modo, un tanto discutibles, como son su carácter “familiar”, la falta de transparencia en el ingreso o imposibilidad de poder trabajar como estibador si no cuentas con un contacto dentro del gremio, ausencia absoluta e imposibilidad de trabajar como estibador o “portuario” si eres mujer. En general, no son un sector laboral muy apreciado por el resto de los trabajadores, en parte también por las diferencias salariales. Incluso tienen fama de ser una mafia sindical al estilo americano. Hasta ahí eso es cierto.

Pero aún así, no por ello voy a defender “liberalizaciones” ni los intereses de la UE (que es, en definitiva, lo que se está ventilando en este conflicto).

Con los estibadores portuarios se está siguiendo el mismo “modus operandi” que con otros grupos a los que aún no se ha aplicado la precarización laboral para “conseguir competitividad”, siguiendo unos pasos similares a estos:

1) Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2) Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque “lo manda Europa”, y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3) Señalamos a los trabajadores como “privilegiados”, “restos de un modelo anacrónico” (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto “aristocracia sindical”.

4) Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5) Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6) Acusamos a los huelguistas de dañar un “sector estratégico”.

7) Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

En resumen, apretarles las clavijas para que terminen yendo a la huelga, y, una vez se produzca este conflicto, señalarlos ante la opinión pública (que mayormente sí que está sufriendo los efectos del “apretón de cinturón”) como unos “privilegiados” que no quieren “arrimar el hombro” como los demás, normalmente filtrando los salarios que cobran (ya se sabe que hablar de dinero es muy buen truco para excitar la envidia hacia el que tienes al lado) y otras condiciones favorables que tengan estipuladas en sus convenios colectivos (sobre todo, si no mencionas los espectaculares beneficios de las empresas de estiba). Se hizo antes con los controladores aéreos, con los funcionarios o con los profesores de la educación pública, y ahora parece que les ha tocado el turno a los estibadores portuarios.

Probablemente, sí, tienen un trato privilegiado, pero lo que habría que defender, más bien, es la igualación de otros trabajadores con ellos, no lo que defienden los apologetas neolibegales y de la UE.

Posteado por: Javier | marzo 14, 2017

¿Fronteras abiertas a los refugiados?

Sobre el asunto de los refugiados, que recientemente ha vuelto a ponerse de actualidad tras las manifestaciones de hace unas pocas semanas en varias ciudades españolas reclamando abrir aún más las puertas, es excelente el siguiente artículo publicado en ESTE BLOG (“¿Es posible la paz?”), donde tocan algunas cuestiones que he tratado hace algún tiempo (como el uso de los inmigrantes como “ejército de reserva” para presionar a la baja las condiciones laborales de los trabajadores autóctonos), así como otras relacionadas con la labor de blanqueamiento de agresiones e injerencias criminales en países como Libia o Siria que realizan pseudo-activistas, ONGs y partidos “progresistas” en Europa, utilizando el sentimentalismo y el emocionalismo fácil. La “izquierda” neoprogre se convierte en la mayor aliada del neoliberalismo globalista, al cargar el castigo emocional sobre sus “insolidarios” conciudadanos que no quieren acoger más refugiados e inmigrantes, en lugar denunciar las políticas internacionales de destrucción y expolio de estados y gobiernos legítimos en Oriente Medio y África que son, precisamente, las que provocan esos flujos migratorios.

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¿Fronteras abiertas a los refugiados?

Mikel Itulain

En artículos  anteriores les he traído el tema y gran problema de los refugiados, y como estos se utilizan con propósitos políticos y económicos por parte de organizaciones “humanitarias” y “progresistas”. Y se hace, lo hacen, de un modo que desprecian a un tipo de refugiados mientras hablan continuamente de otros. Ejemplos del primer caso son los serbocroatas de la Krajina o la mayor fuente de migración por limpieza étnica ocurrida en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, les hablo de Donbass. 1 En este caso no se les presta atención porque no son útiles y resultan molestos. Lo son porque  ponen en evidencia invasiones y ataques militares propiciados por los dirigentes occidentales que son apoyados conjuntamente por todo ese entramado “progresista-humanitario” que les da cobertura y legitimación para que todo ello pueda tener lugar; a cambio, el mundo corporativo da generosas prebendas y fama a este tinglado “progresista”. En el segundo caso, el de los refugiados que oímos continuamente (e.g. Siria), resulta provechoso para enardecer los ánimos de la población occidental, cargando las culpas sobre precisamente quien no la tiene y a quien quieren destruir, en el momento actual el Gobierno de Siria.

Tengan presente una historia que dura décadas: aquellas naciones que han tratado y siguen tratando, las que perviven, de mantener su independencia política y económica, siguiendo en buena medida un modelo socialista, se han enfrentado o enfrentan a un ataque multifrontal, que finalmente será militar.   Donde se enviarán a poderosos ejércitos, oficiales o mercenarios, para llevar a cabo la tarea de su destrucción. Los entramados “progresistas-humanitarios” harán de justificadoras en tal penoso menester. Pueden ver aquí a los “progresistas” occidentales o a las organizaciones “humanitarias”.

Posteriormente podrán encontrarse a tales elementos hablando, cínicamente, de parar las matanzas y de combatir la tragedia de aquellos que ellos mismos propiciaron.

Por ese motivo, cuando partidos políticos  que retóricanente defienden el “progreso” o entidades que dicen hablar en nombre de los derechos humanos les vengan con la conocida cantinela, no les presten mucha atención; pues poco de honesto hay en sus intenciones y mucho, demasiado, de culpa en sus acciones.

Para entrar ya, tras esta breve precisión, en el tema de este artículo: las puertas abiertas o no a la inmigración, les voy a comentar lo que al respecto y de forma muy brillante ha expuesto recientemente el antropólogo canadiense Maximiliam Forte. 2 Él lo enfoca, acertadamente, de cara a dos conceptos y conjuntos sociales muy importantes: la ciudadanía y la clase trabajadora. Y lo hace así mismo analizando los estudios y opiniones de otros antropólogos como él, como ocurre con el australiano Andrew Kipnis, que nos habla de su “ciudadanía abierta”, de no poner barreras a la inmigración, de quitarlas. Dice que si el objetivo  (digo yo imaginario) del Gobierno australiano es reducir la pobreza en otros países, entonces sería mejor que los pobres fuesen a Australia para paliar este problema, al ser un estado más rico. Muestra él también la arbitrariedad de las visas y se plantea una interesante cuestión, aunque algo contradictoria e incongruente, que busca relacionar democracia y globalización.

En un marco global, ¿qué puede significar la democracia cuando los ‘ciudadanos’ de las naciones empobrecidas no tienen influencia sobre las políticas gubernamentales que les afectan más, en particular las políticas de inmigración de las naciones ricas? 3

Enfoca el tema hacia unas puertas abiertas de los países más desarrollados, no hacia una globalización  de fronteras no cerradas. Lo cual es restrictivo y abandona la idea realmente globalizadora de aplicarlo en todo el planeta y no solo en unos países, pudiendo ser un ciudadano del mundo.

Esto choca, y lo comenta Forte, con algo obvio.  La primera influencia deben ejercerla los migrantes en su país de origen. Si no son capaces de hacerla allí deberemos preguntarnos por qué. Y las respuestas a este porqué no creo que  nos vayan a gustar. Porque la salida de personas de su lugar de origen de forma más o menos masiva se debe principal y fundamentalmente a la intromisión e interferencia de alguien externo en el país en cuestión. Bien porque controla mayoritariamente sus recursos económicos en complicidad con una minoría local (es el caso por ejemplo de Colombia o América Central), bien porque alguien también externo lleva a cabo una agresión contra esa nación en muy diversos frentes: militar, económico, político…, y provoca la huida forzada de los habitantes del lugar. Aquí tenemos problemas muy actuales: Siria, Libia, Donbass, Afganistán…

Si no atendemos a las verdaderas causas, tampoco encontraremos las verdaderas soluciones.

Continuamos con las propuestas de Kipnis. Como él mismo reconoce, el coste de la masiva y forzada llegada de migrantes  a un país, que serán explotados como mano de obra barata al no tener contactos y aprovecharse de ellos, será y será severo sobre la clase trabajadora. Fácilmente entendible al haber una gran demanda de trabajo, por tantas bocas hambrientas, que será utilizado provechosamente aunque inhumanamente por los patronos, tirando al suelo los salarios. “Si no lo quieres tú, lo querrá otro”. Que alguien dé por buena una medida que no le afectará, la llegada masiva de inmigrantes, como sucede con la práctica totalidad de los parlamentarios (que no están ligados o no pertenecen a la clase trabajadora) no es muy honesto; además de que el problema social que crea no es en modo alguno aceptable. Tenemos entonces una situación peor a la inicial, porque tanto los extranjeros que vinieron, como los locales, tendrán una vida bastante humillante y miserable. Que la “izquierda” occidental política esté actuando de un modo tan irresponsable con el tema de los refugiados y de la inmigración, demuestra su colaboración con las políticas coloniales y su despreocupación por esa clase trabajadora tan olvidada.

Kipnis entiende que en situaciones normales es una minoría de la población la que migra, entre otras cosas porque si no tienes los contactos y los medios para hacerlo no suele valer la pena el coste de la ruptura con tu entorno social y la entrada en otro donde te encuentras aislado. Es un tributo muy alto para ser asumido si no te ves muy forzado.

La consabida historia tantas veces mencionada en los medios de comunicación con el fin de ocultar los verdaderos motivos de la inmigración, la continúa mencion a las “mafias” que se aprovechan del inmigrante “ilegal”, no hace sino trasladar la explotación a otro lado, al legal, sin resolver la cuestión.

Si queremos solucionar el problema de la inmigración deberemos actuar sobre las políticas de los poderes económicos y políticos de nuestras sociedades occidentales. Y ahí tendremos que centrarnos sobre lo que hacen las corporaciones industriales y financieras a lo largo y ancho del mundo, apropiándose de recursos y medios que en verdad no les corresponden y generan, entre otros muchos problemas, el que hoy he mencionado, el de  las masivas migraciones y el de los refugiados.

Referencias-Notas:

1. Shaun Walker. The Ukranians starting a new life -in Russia. The Guardian. 5.01.2016
2. Maximiliam Forte. Open borders, Global Citizenship, and the Working Class. Zero Anthropology. 26.12.2016.
3. Kipnis, Andrew. (2004). “Anthropology and the Theorisation of Citizenship”. The Asia Pacific Journal of Anthropology, 5(3), 257–278.

Posteado por: Javier | marzo 11, 2017

George Soros y la izquierda, y viceversa

Este es un artículo muy recomendable, publicado originariamente en la web Iniciativa Debate, sobre las relaciones entre los actuales movimientos “progresistas” en occidente y determinados intereses financieros globalistas y mundialistas (sí, la perspectiva es de izquierda “radical”, pero es una información que no encontrarás en los medios de comunicación “generalistas”, obviamente). Yo solo dejo el texto. Ustedes saquen las conclusiones que mejor les parezca… 

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George Soros y la izquierda, y viceversa

Lur Gil (Iniciativa Debate)

Tras la filtración de los documentos del magnate sionista estadounidense de origen húngaro George Soros por parte de DC Leaks, poco o nada han dicho medios de comunicación y organizaciones y partidos de izquierda

Con el objetivo explícito en esos documentos de condicionar la opinión pública sobre los sucesos en Ucrania a partir de la llamada revolución de Maidán y sobre la Unión Europea, llama la atención que sigan llamándonos “prorrusos” a periodistas que tratamos de investigar la verdad detrás del Euromaidán, el nuevo Gobierno ucraniano y el Donbass.

Llama la atención, porque los que fuimos acusados de seguidismo a Putin, de llamar fascistas a todo el mundo, de tener una obsesión con la OTAN y Estados Unidos, y de mentir, resulta que estamos (no todos, yo no estoy) en una lista negra de periodistas “prorrusos” que hacen peligrar la versión oficial (fabricada en Kiev). Pero, y a pesar de recibir ataques al ir a contracorriente, sabíamos que no mentíamos, y que el tiempo, quizás, nos daría la razón. Y hoy sabemos que George Soros, envuelto también en la revolución naranja de Ucrania en 2004, la de Georgia y movimientos proeuropeos de todo el espacio ex-soviético, tenía una obsesión por hacer desaparecer cualquier prueba que mostrara la relación del Euromaidan y del gobierno de Poroshenko con la extrema derecha neonazi Ucraniana (y de países cercanos) y con las sucias manos de EEUU, la UE y la OTAN. Y para ello se dejó grandes fortunas en financiar organizaciones, medios de comunicación, periodistas y conferencias para controlar la información sobre Ucrania en el estado Español. Y gente y organizaciones cercanas aceptaron ese dinero manchado con mucha sangre.

Y lo más curioso es la relación y la prioridad estratégica del trabajo con la izquierda europea. Es curioso como la “Open Society Foundations” de Soros financió proyectos de colectivos y organizaciones llamadas progresistas. Llama la atención como en la lista de sus aliados más próximos del Europarlamento, la mayoría son de los grupos GUE-NGL y APSD, y financia prioritariamente colectivos proeuropeos, LGTB o la campaña europea “Refugees Welcome”. Y da que pensar, porque la relación es mutua. George Soros ve como aliadas estratégicas esas luchas y campañas surgidas desde una izquierda posmoderna.

Desconozco el objetivo de Soros en impulsar esas luchas, pero muchas veces sirven para desactivar otras. El caso griego puede ser muy clarificador. Las luchas populares por la soberanía y la ya necesaria independencia de Grecia han caído en picado, y la desilusión de la gente se ha transformado en la solidaridad con las personas migrantes. Y eso es positivo para Soros porque seguramente no serán luchas problemáticas para el mantenimiento del proyecto de dominación estructural llamado Unión Europea, y por lo tanto no supondrán un peligro para la nueva (y posiblemente definitiva) vuelta de tuerca que el imperialismo plantea inyectar en el neoliberalismo. Y da que pensar como estos colectivos “progresistas” son capaces de aceptar el dinero de uno de los diseñadores de esta estrategia que va en contra de todos los sectores populares de los pueblos de Europa.

Es irritante como periodista, pero sobre todo como militante internacionalista, ver cómo ese nuevo modelo de izquierdas es asimilado por los objetivos imperialistas, por su discurso y por su práctica. Y más importante todavía, muestra la debilidad general de una izquierda europea que se ve superada por la extrema derecha en un discurso y una práctica que la izquierda debería tener. La crisis estructural que padece la Unión Europea ofrece grandísimas oportunidades a que las izquierdas, en sus pueblos puedan luchar por la emancipación (a nivel nacional y social), pero cuando la izquierda pasa por una aún mas grande crisis de identidad y de lucha, la extrema derecha ocupa su espacio de seducción hacia los sectores populares. Y la izquierda entonces no ve mas que extrema derecha en Brexit, en la resistencia del Donbass, en el euroescepticismo o en la defensa de la soberanía nacional.

Esa es la victoria de George Soros y del imperialismo occidental. Pero al ver las prioridades de Soros, nos da las claves en las que las luchas populares harían daño al imperialismo. Y es la lucha por la soberanía de los pueblos, es la lucha contra el proyecto salvaje de la Unión Europea, es la denuncia de las intervenciones imperialistas (sean directas como en Libia, semi-encubiertas como en Ucrania o encubiertas como en Latinoamérica y Siria) y en general, las luchas en contra del sistema vigente, no los maquillajes de democratización del sistema, de la Unión Europea ni del Estado.

Posiblemente no tenga razón, pero que sirva esto para tener en cuenta el papel que cumplen fundaciones, ONGs u organizaciones como Open Society, NED, Freedom House, USAIS, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Femen, etc… en la geopolítica mundial. Muchas de ellas fueron expulsadas de países como Bolivia, Venezuela, Ecuador o Rusia por desestabilización. Y vemos que hoy en día ya no tienen tapujos para crear, financiar, formar e incluso a armar a oposiciones radicales fascistas y fundamentalistas.

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En el artículo se mencionan ONGs u organizaciones de corte “neoprogre”, como la Open Society, NED, Freedom House, USAIS, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Femen, etc…, que tuvieron que ser expulsadas de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Hungría o Rusia por sus actividades de “caballo de Troya” (las fundaciones vinculadas a George Soros, además, hay que recordar que durante los 90 ayudaron a la depredación exterior que sufrió Rusia durante esos años en que estuvo prostrada tras la caída de la Unión Soviética, con la connivencia del alcohólico Boris Yeltsin), lo que puede que nos ayude a explicarnos un poco mejor la inquina de los medios de comunicación globalista hacia esos países.

En el caso concreto de las de ideología hembrista radical, no son más que niñatas financiadas por oligarquías occidentales a fin de promover un neo-feminismo que no es más que una caricatura del feminismo original igualitario y terminar de destruir cualquier lucha coherente en favor de la igualdad (en el concreto de las Femen, vinculadas a la ultraderecha ucraniana, como medio para hacer propaganda contra Rusia). Son un ejemplo ilustrativo del llamado feminismo actual, también llamado “feminismo radical” (categoría errónea, ya que en eso no es el feminismo auténtico). Un movimiento surgido en los años 70 en Reino Unido y EEUU, fundamentalmente de origen conservador y pequeñoburgués, en el que se trasciende de la lucha por la igualdad de derechos y libertades de hombres y mujeres, una vez conseguidos, para trasladarlo a una mera guerra de sexos, todo ello rodeado de misandría, hembrismo, ideología de género y victimismo forzado. Este “neofeminismo” no es más que uno de los muchos movimientos desclasados y posmodernos que de cara al público pretenden pasar por progresistas, modernos, subversivos o contestatarios pero que en realidad son funcionales a la reacción.

Abajo pongo un video de una intervención de Rafael Correa (el ex-presidente progresista de Ecuador) que nos aclara muchas cosas sobre esto y sobre el porqué de la información manipulada que recibimos sobre ciertos países de parte de los medios de comunicación globalistas y neolibegales. Correa arremete contra una de sus “joyitas de la corona” para esta agenda globalista: la ideología de género.

Posteado por: Javier | marzo 2, 2017

Y con el autobús llegó el escándalo

Como todos ustedes saben, España vive desde principios de esta semana todo un estado de shock y estupor motivado por un autobús naranja fletado por la organización Hazte Oír, que ha circulado durante dos días por las calles de Madrid, con el mensaje: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. Según las últimas noticias, ahora mismo este autobús, que ha recibido la condena unánime de todos los partidos políticos y medios de comunicación por “transfobia” (o, lo que es lo mismo, odio o incitación al odio contra las personas transexuales o transgénero), además de un machaque furibundo en las redes sociales, está inmovilizado cautelarmente por orden del Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid.

Este es el autobús en cuestión. No termino de entender por qué los mismos medios de comunicación que han sacado sus fotos hasta en la sopa insisten tanto en que no circule, cuando ellos mismos ya se han convertido en los mejores publicistas y difusores de esta campaña, poniendo una y otra vez imágenes del autobús:

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No recuerdo ahora mismo si lo he dicho antes, pero no soy muy amigo precisamente de esta organización de Hazte Oír, ni tampoco soy muy amigo de la ley del embudo que aplican al concepto de la libertad de expresión. Son los mismos, junto con otras organizaciones similares, que presentan denuncias por “poemas blasfemos” en Barcelona o por tonterías y estupideces como la “procesión del coño insumiso” en Sevilla. A ellos les encanta tupir los tribunales presentando u organizando campañas animando a presentar denuncias a granel por “ofensas a los sentimientos religiosos”… ahora los grupos pro-LGTB les denuncian a ellos por “ofender” otros sentimientos.

También lanzaron en su día una campaña contra otro autobús, en este caso, que llevaba el mensaje “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida”, pidiendo su retirada de las calles debido a que entendían que lesionaba la dignidad de los creyentes y atentaba contra su honor. Lo cierto es que si alguien es creyente y se ve perturbado e inquietado en su supuesta fe porque un ateo le diga que probablemente Dios no existe y que disfrute de la vida, es para que ese creyente se lo haga mirar (y mucho) sobre la fe que dice tener. En cualquier caso, es tan lícito que un ateo le diga un creyente que probablemente Dios no existe, así que disfrute de la vida, como que un creyente le diga a un ateo que Dios sí existe y que le aconseje ser creyente puesto que así se disfruta aún más de la vida, pero, curiosamente, ahora son denunciados por un motivo similar, sólo que aplicado al honor y dignidad del colectivo LGTB.

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En definitiva, Hazte Oír no es que tenga un historial, digamos, muy brillante en defensa de la libertad de expresión que tanto predican. DICHO ESTO, a estas alturas, debe ser de sobra conocido que mi criterio personal sobre esa libertad de expresión es el más amplio posible, un criterio absolutamente liberal. O sea, siempre que no se incite al odio o la violencia contra ninguna persona o colectivo, debe primar la libertad de expresión. Puede haber individuos o grupos que legítimamente se sientan molestos u ofendidos por algunas expresiones, pero en una sociedad libre esa libertad conlleva la posibilidad de ser ofendido y los sentimientos particulares de uno o unos no pueden romper la libertad de todos. O, dicho de forma mucho más bruta, en una sociedad libre, si tienes la piel muy fina y te molestas, TE JODES. La libertad es demasiado dura para los sujetos que están hechos de mantequilla. Es más, incluso las opiniones más extravagantes y repugnantes deben ser toleradas públicamente: precisamente, la mejor forma de que se destape un cretino es dejar que manifieste públicamente su cretinez. Todo esto, de todas formas, muestra a las claras aquello de lo que endémicamente son incapaces los españoles: debatir y convencer sobre sus ideas sin reclamar que silencien al contrario y al disidente. Yo perdí hace mucho la esperanza de que el español medio sea capaz de algo tan simple como eso.

En cuanto al fondo de la campaña en sí, más allá de la opinión particular que se tenga sobre Hazte Oír y su proceder, vista la reacción de toda la prensa y los partidos políticos, resulta evidente que la ideología de género se ha convertido en un elemento transversal, polimórfico y perfectamente asimilado al engrase del sistema. Los críticos de la ideología de género desde la derecha suelen calificarla como “marxismo cultural” y como un “arma para destruir el capitalismo”. Bueno, lo cierto y verdad es que el actual sistema de capitalismo neoliberal imperante globalmente no parece que esté temblando de miedo porque vaya a ser destruido por la ideología de género, sino que está bastante cómodo con ese “marxismo cultural” y, de hecho, lo promueve financieramente, no sólo mediante el mecenazgo de diversas campañas de “defensa de las minorías” (las sexuales, en el caso que nos ocupa), sino también a través de medios de comunicación y entretenimiento de masas, unido ello a numerosísimos activistas que han hecho de ello una forma de vida puesto que son causas inocuas para el sistema y muy cómodas de defender, hoy por hoy, se han convertido en todo un negocio, normalmente muy bien regado financieramente. Colocarse en una de esas organizaciones de toda la galaxia que existe de fundaciones o entidades de defensa de las minorías sexuales (u otras minorías) es una forma de jugar a ser un “rebelde” con cero riesgo y mucha rentabilidad.

El sistema ha asumido ese tipo de causas como algo que no es amenaza alguna para sus propias bases (lo que, irónicamente, un marxista como Antonio Gramsci, el fundador del Partido Comunista Italiano, llamó “la revolución pasiva”). Es el caso, por poner sólo un ejemplo, de la homosexualidad. En la Inglaterra victoriana del siglo XIX estaba bastante reprimida, debido a que el sistema de capitalismo proteccionista e industrial de esa época, un capitalismo nacional, necesitaba que la mayoría de la gente viviera en un modelo tradicional de familia: hombre, mujer e hijos, con el cabeza de familia siendo quien ganara el sustento en la fábrica. Obviamente, en aquella época también había individuos bohemios o solitarios, pero era lo menos, puesto que el sistema necesitaba que ese orden se mantuviera intacto. Mientras tanto, en esa misma época, en un país autocrático y atrasado, pero en el que no existía el mismo sistema económico, como la Rusia zarista, sin embargo, la homosexualidad estaba bastante más tolerada que en Inglaterra. En cambio, para el sistema capitalista actual, un capitalismo globalista y financiero que no tiene nada que ver con el de la Revolución Industrial, no es peligro alguno que haya mucha gente o que se fomenten muchos estilos alternativos de vida, o sexuales o sentimentales, al contrario, mejor, más nichos de mercado. El sistema ha fagocitado algunos elementos que en su día pudieron haber sido más o menos “subversivos”, pero que ahora han devenido en inocuos, y los utiliza para legitimarse y para crear divisiones entre quienes intuya que puedan ser sus enemigos. No es de extrañar esta simbiosis que existe entre los intereses neofinancieros globales y los defensores de estilos de vida alternativos y teorías posmodernistas sobre la sexualidad y la naturaleza humana.

La campaña de Hazte Oír no parece que sea la mejor forma de afrontar el problema de la ideología de género, puesto que a donde va dirigida es a un choque y una confrontación calculada con sus oponentes ideológicos. Es una aproximación que está más cercana a la forma de actuar tradicional de la Iglesia Católica Romana en España (aunque digan lo contrario, Hazte Oír es un grupo de clara filiación católica), que cuando antiguamente detectaba que había un problema que podía afectar a sus creencias o moral, planteaba un choque frontal, aprovechando su poder omnímodo sobre la sociedad. El hecho de que haya un 70% de personas que en España se identifican como católicas les hace pensar que la mayoría de la población sigue sus consignas, y a veces no se dan cuenta que las mayorías sociales y sociológicas han cambiado. Al no darse cuenta de ello plantean campañas de choque, de confrontación. Es una campaña que buscaba la reacción que ha creado y el posterior victimismo de esta organización, al igual que cuando los grupos LGTB y laicistas lanzan sus campañas saben perfectamente que van a levantar también una reacción similar.

La problemática de la ideología de género merece un tratamiento mucho más serio que eso, puesto que es cierto que un niño normalmente nace con pene y una niña con vulva pero, paradójicamente, ellos también reducen el sexo biológico a lo meramente genital, como hacen los defensores de la ideología de género: es decir, que simplemente con una operación de cambio de genitales, cambias de sexo.

El tema daría para escribir muchísimo pero, muy resumidamente, la realidad es que la sexualidad humana es un rasgo biológico determinado de forma binaria a través de los cromosomas: XY y XX son marcadores genéticos saludables, no los marcadores genéticos de un trastorno. La norma del diseño humano es ser concebido como hombre o como mujer. La sexualidad humana es binaria por definición, siendo su finalidad obvia la reproducción. Este principio es evidente por sí mismo. Existen casos raros de desarrollo genital que se salen de la norma, pero esto no constituye un tercer sexo. Distinto a la sexualidad, es el género. Nadie nace con un género. Todos nacemos con un sexo biológico. El género (la conciencia y sentimiento de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un concepto biológico objetivo. Nadie nace con conciencia de sí mismo como hombre o mujer, sino que esta conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todos los procesos de desarrollo, puede desviarse a consecuencia de las percepciones subjetivas del niño, de sus relaciones y de sus experiencias adversas desde la infancia. Quienes se identifican como “sintiéndose del sexo opuesto” o como “algo intermedio” no conforman un tercer sexo. Siguen siendo hombres biológicos o mujeres biológicas. Cuando un niño biológicamente sano cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal. Estos niños padecen lo que se conoce como disforia de género. Por lo tanto, las personas transgénero son aquellas que declaran ser de un género distinto al de su sexo biológico o, tal y como prefieren decirlo los activistas de género, “del sexo que les asignaron al nacer”. La ideología de género defiende que el problema es el cuerpo, no la mente. Desde los años 80 ha habido un cambio en la práctica médica y la opinión pública y se ha dejado de considerar la experiencia de la disonancia entre el sexo biológico y la identidad de género como una enfermedad psiquiátrica o desorden del pensamiento. Ahora, el único problema es el sufrimiento causado por la disonancia en sí, y se ve simplemente como una “condición”. Lo que es más significativo, la manera preferida de tratar esta condición no se centra en tratar la salud mental y psicológica de la persona, sino en intentar cambiar su aspecto, sus hormonas y su anatomía. Es decir, en vez de intentar cambiar la mente para que encaje con el cuerpo, se cambia el cuerpo para que encaje con la mente.

Normalmente, la mayoría de niños que experimentan problemas con su identidad de género los resuelven antes de llegar a la edad adulta, pero podemos hacernos una idea de lo problemático que es considerar que, a tan temprana edad, ese problema se debe resolver con una operación de cambio de genitales o mediante el hormonamiento masivo, sin esperar a ver cuál va a ser la evolución psicológica posterior del niño.

Esos niños y sus familias, por distintos condicionantes sociales y por su propia situación psicológica sobre su identidad, no es raro que en muchos casos sufran por esa situación. Son un porcentaje pequeñísimo de la población (al margen de que haya casos no declarados por distintos motivos), pero, aun cuando hubiera sólo un caso, cualquier medida pública que les ayude está justificada y es cierto que merecen cariño y empatía cuando se aborde una situación como la suya (aparte de los derechos y dignidad que tiene cada individuo), que debe ser tratada desde el punto de vista de la psicología, no de la ideología.

Tema completamente distinto es que haya grupos y lobbys que utilicen esa realidad para crear teorías según las cuales existe una cosa llamada “heteropatriarcado” que es lo que determina si somos hombres o mujeres (no nuestra biología), o que el caso particular de los transexuales y transgénero es extrapolable a toda la población y demuestra que, si no estuviésemos influenciados mentalmente por ese “heteropatriarcado”, elegiríamos en cada momento ser del sexo o del género que más nos gustara, utilizando a estas personas, y la excusa de las están “defendiendo”, para promocionar sus intereses ideológicos particulares, acusando de “fomentar el odio” a cualquiera que disienta de sus postulados.

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