Posteado por: Javier | mayo 29, 2011

Los filisteos capturan el arca: sí, era idolatría (Estudio bíblico)

Esta entrada es completamente espiritual. Para la “audiencia” cristiana exclusivamente:

Cuenta la Biblia, en el primer Libro de Samuel, en su Capítulo 4, versículos 1 al 22, el episodio de la captura por los filisteos del Arca de la Alianza tras derrotar a Israel en la batalla de Eben-ezer:

“Y Samuel habló a todo Israel. Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben- ezer, y los filisteos acamparon en Afec. Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres. Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos. Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios. Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló. Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento. Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto. Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead. Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie. Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees. Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza; y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó. Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino aprisa y dio las nuevas a Elí. Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían oscurecido, de modo que no podía ver. Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años. Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios”. AMÉN.

Desde su asentamiento en la tierra de Canaan, los filisteos se convirtieron en uno de los más encarnizados enemigos de Israel. La guerra de los israelitas con este pueblo pagano e impío era algo casi continuo. La batalla de Eben-ezer era uno más de estos enfrentamientos.

Sin embargo, en aquella ocasión, las cosas no iban nada bien. Los filisteos estaban ganando la batalla. La zozobra comenzó a llegar a los corazones de los israelitas. Pensaron que Dios les había abandonado: “¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos?”. Sentían a Dios como lejano y distante a ellos en ese momento.

Pensaron, inmediatamente, que necesitaban algo físico, algo que pudieran ver y tocar para sentir que Dios estaba con ellos.

Algo similar pensaron los israelitas cuando estaban a los pies del monte Sinaí tras salir de Egipto. Moisés llevaba 40 días en el monte y nada sabían de él. ¿Dónde está Moisés? ¿Dónde está Dios?, pensaron. ¿Cuál fue su reacción?: “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (Éxodo 32:1).

¿Y Aaron, el hermano de Moisés? Ni corto ni perezoso dijo: “Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos”. Aaron, el mismísimo hermano de Moisés, estaba vacilando en ese momento. Tenía la misma necesidad de tener un “dios” físico delante de sus ojos, aunque su imagen de lo que “tenía que ser” Dios fuera algo salido de lo más profundo de su imaginación. No era suficiente con el Dios espiritual y verdadero.

Y la cuestión es que ellos creían que al esculpir el becerro de oro estaban creando una “viva” imagen de Dios. Aaron dice claramente “Mañana será fiesta PARA JEHOVÁ”. Ellos no pensaban estar creando un ídolo horripilante y pagano, sino la “imagen” de Dios que fuera “delante de” ellos: “Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse” (Éxodo 32:3-6).

En aquellos tiempos no tenían nada a lo que echar mano pero en los de Samuel sí. Tenían el Arca de la Alianza con Dios. Inmediatamente pensaron en ella: “Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos. Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios”.

Para “que” el Arca “viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos”. Buscaban la salvación en un objeto creado por la mano del hombre, no en Dios. El Arca era un símbolo del pacto de Dios con Su pueblo, pero NO ERA Dios. Sin embargo, los israelitas pensaban que teniendo el Arca entre ellos, en el campo de batalla, sería como si tuvieran a Dios a su lado. Pero Dios no es un objeto. Aunque queramos, no podemos encerrarlo en una cosa física forjada por nuestras manos. Dios es eterno, no tuvo principio y Su existencia nunca va a terminar. No podemos modelarlo a nuestro antojo y según lo que salga de los desvaríos de nuestra imaginación. ¿Cómo imaginarnos cómo es el Dios Santísimo con nuestra mente humana, totalmente corrompida por los pecados? Es inmortal, infinito (Deuteronomio 33:27, Salmos 90:2, 1 Timoteo 1:17). Dios es inmutable, es inalterable, Dios es absolutamente digno de confianza y fidedigno (Malaquías 3:6, Números 23:19, Salmos 102:26-27). Dios es incomparable, no hay nada material ni ninguna persona como Él en obras o existencia, es inigualable y perfecto (2 Samuel 7:22, Salmos 86:8, Isaías 40:25, Mateo 5:48). Dios es inescrutable, no tiene límite, no se lo puede llegar a conocer por completo, es insondable (Isaías 40:28, Salmos 145:3, Romanos 11:33-34). ¡¿CÓMO PENSAMOS QUE PODEMOS TENERLO ENCERRADO EN UN OBJETO, EN UNA FIGURA, EN UNA ESCULTURA?!

Dios está en todas partes. No es necesario “traerlo” ni pretender “verlo” o “tenerlo” delante. Los israelitas estaban dando un uso incorrecto al Arca pues no estaba destinada a ser adorada, en el lugar de Dios, ni ser la esperanza de salvación, sino el propio Dios. Pero, como nos recuerdan tanto el profeta Habacuc (2:4) como el apóstol Pablo (Romanos 1:17), el justo por su fe vivirá. NO nos dicen en ningún momento “el justo vivirá por ver una imagen de Dios”.

La fe es fe en un Dios que es espíritu y que es omnipresente: NO en un “dios” que es materia y está encerrado en una escultura de madera, un crucifijo, en una estampita o en una medallita. Es más, aunque sea una figura, una imagen o una estatua de oro, aunque le incrustemos diamantes, zafiros u otras piedras preciosas, aunque tenga toda la belleza y majestuosidad que podamos concebir, es basura, es estiércol, es excremento, es CACA, es MIERDA PODRIDA AL LADO DE LA MAJESTUOSIDAD, BELLEZA Y OMNIPOTENCIA DEL DIOS SANTÍSIMO, DEL DIOS DE LA BIBLIA. Creo que el vocablo “mierda” es muy adecuado y nada antibíblico. De hecho, Lutero tradujo al apóstol Pablo en Filipenses 3:8 utilizando la palabra “kot” (mierda o heces, en alemán), en lugar de “excrementos”, como la Reina-Valera, y que expresaba mejor lo que el apóstol quería decir (probablemente, teniendo en cuenta que hoy día habrá más de uno que hasta al estiércol verá algo de valor, seguiría siendo muy adecuado ).

Por eso las imágenes que forjemos con nuestras manos y que pretendan representar a Dios son tan horrendas. Nuestra mente y nuestras obras están tan corrompidas y desfiguradas por el pecado que somos incapaces de llegar a concebir la imponencia del Dios bíblico. No podemos acercarnos a Dios a través de la obra de nuestras manos, sino solamente a través de los medios que provea Él mismo en Su santa voluntad.

El castigo fue la derrota ante los filisteos y la pérdida del Arca. Después, los filisteos, igualmente, le dieron un uso abominable: “Cuando los filisteos capturaron el Arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. Tomaron los filisteos el Arca de Dios, la metieron en la casa de Dagón y la pusieron junto a Dagón” (1 Samuel 5:1-2). Dios, igualmente, castigó a los filisteos. Como advertencia, la estatua de su dios Dagón apareció por dos días postrada ante el Arca (con la cabeza y las manos cortadas al segundo) y, al tercero, Dios lanzó una plaga sobre las ciudades de los filisteos que causó numerosas víctimas: “Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la ciudad subía al cielo” (1 Samuel 5:12). En numerosas ocasiones, Dios utiliza a los malvados como instrumentos para castigar el pecado, aunque, con posterioridad, después de utilizarlos, a éstos también los castigue y destruya. Dios utilizó temporalmente a los filisteos pero el castigo que recibirían por la maldad de robar el Arca estaba sellado. Dios iba a humillar el orgullo de los filisteos y aplicarles un terrible castigo.

Pero el pecado de idolatría de Israel no había sido menor. El camino bíblico es un vivir por fe. “El justo por su fe vivirá”, y fe significa aceptar la Palabra de Dios y actuar de acuerdo a ella sencillamente porque es la Palabra de Dios. Significa creer en lo que Dios ha dicho precisamente porque Él lo ha dicho. NO es creer por ver, como Tomás, quien necesitaba ante sus ojos pruebas visibles de Jesús, que le diera pruebas físicas y que pudiera tocarlas, para creer que Él era el Señor y que había resucitado de entre los muertos. Los fariseos no hacían más que pedir pruebas visibles a Jesús de que era quien decía ser, el Hijo de Dios. Querían ver para creer, puesto que espiritualmente estaban totalmente ciegos y eran incapaces de concebir que el Reino de Dios no se veía con ojos físicos, con los ojos de la cara, sino con ojos espirituales (Lucas 17:20-22). Pero Dios ES ESPÍRITU y, como dijo Jesús, “los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24) puesto que “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan en verdad” (Salmos 145:17).

¿Entendemos, pues, ese énfasis de Dios en que no pretendamos representarle con forma física alguna y en que no veneremos, demos servicio o adoremos esa imagen, como nos ordena el Segundo Mandamiento? Dios, como creaciones suyas que somos, nos conoce a la perfección (“Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones”, Jeremías 1:5). Por eso, la mayoría de Sus Mandamientos son NEGATIVOS. Nos pone un STOP delante de nuestros pensamientos, deseos y conductas perversas. Sabe que somos inclinados al mal y que somos unos idólatras en potencia, siempre adoramos algo. Si no le adoramos a Él, adoraremos a otra cosa. Incluso quienes se declaran “ateos”, “agnósticos” o “no muy religiosos”, no adoran a Dios, por supuesto, adoran a la cosa que hayan convertido en centro de sus vidas. El Segundo Mandamiento (“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”, Éxodo 20:4-5) hay que tomarlo en el contexto del Primero, “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3).

DIOS LO SABE PERFECTAMENTE. Sabe que si no le tenemos a Él como NUESTRO ÚNICO DIOS, a Él que ha creado todo lo que hay en este mundo, tomaremos como “dios” a cualquiera de las cosas que hay en este mundo, a cualquiera de Sus criaturas.

Mejor aún lo entenderemos con Deuteronomio 4:15: “Guardad pues mucho vuestras almas: pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego”. GUARDAD PUES MUCHO VUESTRAS ALMAS, la idolatría es uno de los pecados más graves, PUES NINGUNA FIGURA VISTEIS NUNCA DE DIOS.

Podemos llevarnos horas y horas explicando esta cuestión pero en Éxodo 20:5 Dios nos expresa de la forma más clara posible porqué no debemos venerar ni adorar objetos, imágenes ni esculturas: “porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso”:

- Porque es nuestro Dios, quien nos ha creado y así nos lo manda, es Su voluntad. Somos Su pueblo, Sus hijos y hemos de obedecerle. Punto pelota.

- Porque es fuerte, omnipotente, todopoderoso, ¿qué fuerza tiene cualquier objeto, imagen o escultura, aunque esté hecha de oro puro, al lado del poder de Dios? Un crucifijo, una estampa, una medalla, lo que sea, da exactamente igual, no es más que es una caricatura horrenda y blasfema del DIOS TODOPODEROSO.

- Porque es celoso. Es celoso en las formas de adorarle (ya vimos hace dos semanas, el episodio del pecado de Nadab y Abiú). Y es celoso en la gratitud y reverencia que le debemos como hacedor nuestro que es y quien sostiene nuestra vida. Piensa por un momento que tu hijo, a quien hubieras dado todo tu amor, y hubieras criado, alimentado y educado, le diera las gracias a otro y no a tí. No te gustaría, ¿verdad? La conducta de tu hijo te haría sentirte celoso. ¿Y si cuando tenga un problema a quien acude es al vecino en lugar de a tí? Lo mismo, me imagino. También piensa que alguien hubiese dibujado una caricatura fea de tí y que tu hijo la colgase en un marco en la pared de tu casa. Y no solo eso: que, por todos los bienes que le hayas dado, ¡¡le dé las gracias a esa horrible caricatura en lugar de a tí!! O que, cuando tenga un problema, ¡¡le pida ayuda a la caricatura!!. Peor aún, ¿cierto?… Pues igual se siente Dios, a quien hay que adorar en espíritu, si adoras a una cosa material, aunque, con toda tu buena intención creas que estás adorando a Dios. Entonces, si amas a otra cosa en lugar de amarle a Él, Dios se encela con celos justos y perfectos: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos” (Deuteronomio 32:21).

¿Cómo debemos adorar, entonces, al Dios de la Biblia, el ÚNICO digno de alabanza y adoración? De forma que “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colonenses 3:16).

Dios es omnipotente y esta en todas partes. No convirtáis una cosa inerte en vuestro dios. No seáis como los israelitas en la batalla de Eben- ezer: cuando batalléis contra los males mundanos, a Dios siempre lo tendréis a vuestro lado y en cualquier lugar. A una cosa, inanimada o animada, no.

Buen domingo.

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