La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea(TJUE) que va a obligar a la banca a devolver todo lo indebidamente cobrado mediante las famosas “cláusulas suelo” tiene una lectura muy interesante: si se hacen las cosas bien, la lucha puede llevar a la victoria, por muy poderoso que parezca el enemigo que tienes enfrente (en este caso, no sólo era la banca, sino también las desvergonzadas y bananeras instituciones españolas, empezando por el propio gobierno).

No chilles, no des golpes en la barra del bar mientras te lamentas, no te dediques a dártelas de listillo que ha descubierto la enésima conspiración de los iluminati para dominar el mundo mientras hacías unas busquedas en Google desde tu casa con el pijama puesto. Eso no le preocupa al poder. El poder, precisamente, te quiere conspiranoico.

No hagas eso: APRENDE A DEFENDER TUS DERECHOS.

La historia de las cláusulas suelo la conoceréis todos pero, por poneros en antecedentes, las hipotecas de “la era de la burbuja inmobiliaria”, tenían un porcentaje de interés variable sujeto al Euribor como referencia (más un diferencial). Si el Euribor bajaba, también lo tenía que hacer la cuota mensual de los millones de hipotecas firmadas. Pero los bancos habían establecido en muchísimos casos, una cláusula que fijaba que esas cuotas no podían bajar por debajo de un límite preestablecido en las escrituras hipotecarias (por ejemplo, un 5%). Por eso mismo se la llamaba “cláusula suelo”, porque establecía un “suelo” por debajo del cual no podía bajar por mucho que bajara el Euribor. A partir del año 2009, el Banco Central Europeo, para evitar que la economía de los países de la zona euro se fuera al traste con la crisis económica de 2007-2008, fue bajando más y más y más sus tasas de interés y, con ellas, las del Euribor (que es un tipo de interés de referencia interbancaria). Millones de clientes de las entidades bancarias, sin embargo, vieron que los bancos aplicaban esa cláusula, haciéndoles pagar injustamente de más.

¿Qué hicieron la mayoría? Poco más que enfadarse mucho, despotricar en la barra de un bar o en las redes sociales de internet, o ponerse a gritar a las puertas de los bancos. ¿Qué era lo inteligente? Informarse y asesorarse profesionalmente (mediante abogados especialistas en el tema), asociarse, demandar judicialmente y llegar hasta el final.

Como no podía ser de otra forma en este país, la respuesta de los organismos reguladores, como el Banco de España, ante todas las reclamaciones que les llegaron, no pudo ser más patética: TODOS A FAVOR DE LA BANCA. Todas las reclamaciones fueron rechazadas confiando en que la mayoría de reclamantes eran personas con pocos medios económicos que no iban a tener demasiadas ganas de seguir pleiteando ni dinero para ello (encima, teniendo que pagar la infame tasa judicial aprobada por aquellas fechas). Empezando por el Gobierno (lo cual no era de extrañar, teniendo en cuenta las prisas que tuvieron por rescatar a la banca, sin mover un dedo para ayudar a todos aquellos que eran desahuciados por no poder pagar sus viviendas) todos a lo que se dedicaron fue a poner las caras para que se las partieran con tal de defender a los bancos.

Así y todo, las asociaciones de consumidores y muchos particulares siguieron peleando en los tribunales, hasta llegar al Tribunal Supremo, donde les dieron la razón, PERO… en otra de las mayores infamias y disparates judiciales perpetrados en España dijeron que sí, que las cláusulas suelo eran abusivas y, por tanto, su inclusión en los contratos de préstamo hipotecario era nula de pleno derecho, pero que los efectos de esa nulidad sólo se producirían a partir de la fecha de la sentencia, el 9 de mayo de 2013. O sea, nula, pero sólo un poquito, o “tienes razón, pero te sigue tocando pagar la cuenta”. Algo flagrante hasta para un alumno de primero de Derecho. ¿La razón? ¿Jurídica? Ni muchísimo menos, sino que obligar a los bancos a devolver todo el dinero cobrado de más desde la firma del contrato pondría en grave riesgo todo el sistema financiero español.

Y así, por fin, gracias a aquellos que, pese a todo, no se rindieron y siguieron la batalla, por fin el miércoles el TJUE ha venido a fallar diciendo que no cabe una limitación de la retroactividad de los efectos de la nulidad de la cláusula suelo. ¿No les gusta tanto “Europa” cuando les conviene? Que tomen una doble ración de Europa. Ahora deben devolver miles de millones de euros.

Esto no hace que cambie mi impresión sobre Europa, aunque reconozco, como lo vengo haciendo desde hace tiempo, que buena parte de la jurisprudencia que últimamente nos llega del TJUE, en general, es bastante más liberal que la de los tribunales españoles. Que una institución de la UE haya tenido que venir a salvaguardar los derechos de unos ciudadanos pisoteados por la banano-cracia española, en todo caso, lo que dice es muy poco a favor de nuestro país, más que hablar bien de la UE. El TJUE lo que se ha limitado es ha declarar algo que era jurídicamente evidente. Lo que habrá que hacer es luchar por que esas instituciones españolas cambien para defender los derechos de las personas y no sólo los intereses de la camarilla de los más poderosos, no estar esperándolo todo de unas instituciones europeas que tanto daño han hecho en otras cosas.

Y una cosa más. Como he dicho al principio, las luchas se ganan haciendo las cosas bien, no yendo de conspiranoico-guay-nihilista-hippy. Sabiendo dónde informarse uno bien, aprendiendo a moverse por la administración y la burocracia, protestando por escrito, denunciando, aprendiendo leyes y economía seria y de verdad, no pseudoeconomía vudú… precisamente, los defensores de las conspiranoias y la pseudoeconomía vudú eran en este asunto los mayores defensores de la banca, ¿no os parece curioso? ¿Y no es curioso también que suelan ser los mismos que hablan de “desregular las finanzas” y los de “la gente sabía perfectamente lo que estaba firmando”?

A los bancos y a este “sistema” les importa una mierda que te dediques a tupir un foro conspiranoico en Internet diciendo que la crisis la han orquestado los bancos centrales por culpa de que no tenemos patrón oro o que “el dinero es deuda”. Es más, les conviene que haya más tontos conspiranoicos como tú que no se sepan defender o que, directamente, ni actúen. Lo que temen es cuando la gente aprende a usar las armas de que dispone, propinándoles una derrota como la que acaban de sufrir, a diferencia de los conspiranicos y magufos que desvían a la gente de las formas de luchar con eficacia que existen.

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Un poco en relación con lo anterior me voy a referir a un artículo publicado en la web del instituto anarquista y extremista Juan de Mariana (IJM) con el que tuve la desagradable sorpresa de encontrarme hace unos meses:

https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/preferentes-ni-fraude-ni-estafa-ni-engano

Sobre esta gente del IJM ya no sabría decir si es que tienen algún problema de sociopatía o es que, sencillamente, les va eso de la provocación. Este texto de Manuel Llamas es de hace unos tres años. Para Llamas, (probablemente un sujeto aún peor que su colega Rallo… además de un tipo muy repelente, si alguna vez lo habéis escuchado hablar), que los suscriptores de las participaciones preferentes de Bankia y otras entidades bancarias fueran engañados mediante todo tipo de ocultaciones sobre las características de las mismas (Bankia, por ejemplo, ocultó que las agencias de rating habían calificado sus preferentes como “bonos basura”) para crearles una impresión de que estaban adquiriendo un producto financiero de poco riesgo es comparable a pretender demandar a Red Bull porque su producto no “te da alas” o a un lotero que diga que lleva El Gordo y que te toca seguro porque cuando se celebre el sorteo no te toque.

Lo que no dice este personaje falaz es que la cuestión jurídica sobre las participaciones preferentes no es que sean una estafa o un fraude en sí mismas o que no esté prohibido vender productos financieros de alto riesgo y gran complejidad a consumidores minoristas. Las participaciones preferentes son legales y están reguladas por la Ley 13/1985, de 25 de mayo, sobre Coeficientes de Inversión, Recursos propios y Obligaciones de Información de los intermediarios financieros, que las define como parte de los recursos propios de las entidades de crédito. Lo que Llamas se calla como un puto es que, precisamente, por su gran complejidad y alto riesgo, la normativa vigente obliga a las entidades bancarias a extremar sus cautelas y sus funciones de asesoramiento cuando se trata de comercializar estos productos a clientes minoristas (es decir, gente que no es profesional de la inversión ni del sector financiero), como así está reconociendo la jurisprudencia que está condenando a casi todos los bancos. QUE ES LO QUE NO HICIERON LOS BANCOS cuando empezaron a colocar masivamente sus preferentes a este tipo de clientes a partir de 2009 (aunque ya se sabe que a Llamas eso de normas reguladoras le sonará a “estatista” o “sociata”).

Otra de las cosas que obvia este tío es que la mayoría de tribunales han declarado que el proceder de las entidades financieras a la hora de “asesorar” a sus clientes presenta todas las características de la maquinación dolosa dirigida a inducir a la otra parte a contratar del artículo 1269 del Código Civil: “Hay dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiera hecho”.

De las dos partes contratantes, el banco (o los asesores del banco, más bien) es la que tiene todo el conocimiento tanto de los mercados como de las características y riesgos de los productos financieros que ofrecen a sus clientes, quienes, en su gran mayoría no es que sean muy duchos en estos temas. Precisamente, la legislación que obliga a los bancos a extremar las precauciones al asesorar y asegurarse de que el cliente conoce plenamente qué es lo que está contratando tiene como fin igualar un poco a las partes contratantes. Para Llamas y los marianitas, eso da igual, porque ya se sabe que no hay nada más “libre” y “democrático” que el “mercao” sin restricción ni regulación alguna.

Posteado por: Javier | diciembre 19, 2016

En defensa del Colegio Electoral americano

Nuevo artículo de Liberalismo Democrático que tengo el placer de compartir, sobre el sistema del Colegio Electoral en EEUU.

RECORDEMOS: hoy se reúnen los compromisarios del Colegio Electoral para decidir si ratifican a Donald Trump como presidente de los EEUU. Normalmente, esto no sería más que un mero formalismo, Trump, con sus 306 votos electorales, sería elegido sin problemas, pero el magnate neoyorkino parece incapaz de librarse de la controversia. Como Hillary Clinton superó a Trump en el voto popular (por 2,8 millones), pero no logró hacerse con los estados clave suficientes para llegar a los 270 votos electorales (algunos de esos estados los perdió por un puñado de votos), algunos en EEUU están cuestionando el sistema, incluso hay campañas reclamando a los compromisarios que no voten por Trump.

No nos engañemos. La razón de este cuestionamiento del sistema del Colegio Electoral por parte de algunos en EEUU es, lisa y llanamente, que el vencedor en votos electorales ha sido Trump (aunque el propio Trump también cuestionó el sistema hace unos años y lo calificó de “antidemocrático”, eso es cierto), el candidato presidencial más controvertido en muchísimo tiempo.

Pero el sistema ha funcionado razonablemente bien a lo largo de algo más de 200 años a la hora de compensar el valor del voto entre los habitantes de los distintos estados. Clinton ganó el voto popular por un porcentaje considerablemente mayor que sus homólogos en las elecciones de 2000 y 1888 -Al Gore y Grover Cleveland, respectivamente- aunque por un margen más estrecho que Samuel Tilden en 1876. Aparte de esta ocasión, han sido sólo cuatro las elecciones en que el ganador del voto popular no ha obtenido la mayoría del Colegio Electoral.

Junto con los del artículo, para mí, otro de los argumentos fundamentales contra la abolición del Colegio Electoral es el mismo que tenían en mente los Padres Fundadores: el de que los votantes en un estado grande, pero altamente atípico, podrían imponer su voluntad a toda una nación con ideas contrarias. En 1787, ese estado más grande era Virginia, hogar de cuatro de los cinco primeros presidentes. Actualmente, ese estado es CALIFORNIA (o “Méxica-lifornia”, si prefieren). Sin el Colegio Electoral, actualmente sería California, un estado aislado y sentimentalmente bastante alejado del resto del país, pero con un potencial poblacional brutal, quien “de facto” gobernaría EEUU. En un sistema de voto popular, los votantes de este estado geográficamente distante y culturalmente distinto, cuyo desdén por los habitantes de la “América profunda” se asemeja al desdén imperial de Londres por las “razas menores” que gobernaba durante la época victoriana, podrían imponer algo como el dominio colonial sobre el resto de la nación norteamericana (siendo más claros aún, el desdén que siente la progresía urbanita y “mainstream” por los obreros blancos del interior que han votado a Trump, del que he hablado en entradas anteriores). Eso aparte de la injusticia de que estados tan pobladísimos como California (o Nueva York) recibieran una atención desproporcionada de los candidatos, condenando prácticamente al ostracismo a los habitantes de las zonas rurales poco pobladas y cuyo voto no tendría prácticamente peso. Suena exactamente como lo que los Fundadores se esforzaron por prevenir.

Yo también suscribo las palabras del gran estadista Alexander Hamilton (protestante presbiteriano), plasmadas en El Federalista a fines del siglo XVIII.

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En Europa, como es de esperar, siempre se critica el Colegio Electoral americano así como algunas voces incautas dentro de Estados Unidos. Pero lo cierto es que el Colegio Electoral ni es un desastre ni es “anticuado” y es tan absolutamente imprescindible para la República Federal anglo-norteamericana como lo fue en 1787.

El Colegio Electoral es una parte fundamental del federalismo como concepto. Su orígen se encuentra en la Convención Constitucional de 1787 y fue un acuerdo importante entre los estados pequeños y grandes. La otra parte del acuerdo fue la de otorgar dos senadores por cada estado independientemente de su población. Eso es DEMOCRÁTICO e igualitario. ¿Por qué un señor que tuvo la suerte de nacer en un estado más importante en población debe tener más representación que un granjero en Alabama?

El Colegio Electoral garantiza que el apoyo a un candidato sea profundo y amplio. Por ejemplo, si un candidato recibe el 65% de los votos en una zona muy poblada de país pero pierde por mucho en las zonas rurales del “corazón de América”, no podrá ganar la Presidencia. El Colegio Electoral dificulta muchísimo que un candidato regional, popular en zonas urbanas, pueda ganar sin también caerle bien a otros sectores de la población federal.

Si eliminaran el Colegio Electoral, los candidatos presidenciales solo tendrian que centrarse en centros urbanos y las zonas rurales serían totalmente ignoradas. Flaco favor a la igualdad de todos los ciudadanos en una república federal que es el mejor sistema que el mundo haya conocido hasta la fecha.

Otra razón para mantener el Colegio Electoral es que el sistema americano es racional y no emocional. Por ejemplo, un candidato que reciba la mayoría del voto popular casi también tendrá la mayoría del colegio electoral. Sin embargo, si el voto popular no es muy amplio, entonces el candidato con la MEJOR DISTRIBUCIÓN del voto popular obtiene la mayoría absoluta de los votos.

Siguiendo –

El C.Electoral también sostiene el sistema bipartidista porque dificulta, casi lo hace imposible, que surja un tercer partido que pueda ganar suficientes votos pòpulares para poder tener una oportunidad de gobernar o estar en el Congreso. Eso garantiza un sistema mucho mas estable para la nación y protege la presidencia de las pasiones que engendran además gobiernos de transición, como ocurre en la siempre inestable Europa. Eso de tener muchos partidos es un fenómeno europeo, pero no por ser europeo es mejor…más bien yo diría, que por ser europeo es bastante peor. El multipartidismo permite el auge de partidos extremistas y fascistas como ocurre en la Europa continental…o también partidos inútiles, como Podemos en España. En un sistema como el norteamericano, el “Coletas” estaría en el Club de la Comedia o en su respectiva facultad…diciendo tonterías, pero no estaría representando a nadie en un gobierno.

Si EEUU cambiara a un sistema de voto popular directo para el presidente, crearia un incentivo para que decenas de mini-partidos se junten para intentar impedir que se forme un gobierno. Esto es precisamente lo que pasó hace poco durante MESES Y MESES en España y a menudo pasa en muchos países latinoamericanos. Sería una tragedia para el planeta si EEUU adoptáse sistemas latinos y afrancesados para sus elecciones y políticas domésticas.

También el Colegio Electoral elimina el incentivo o la necesidad de recuentos de votos. Por ejemplo, si el voto popular fuese demasiado estrecho para el margen, los candidatos exigirían recuentos en esos estados si pensaran que van a conseguir más votos que su enemigo. Sería costoso, lento y conflictivo. Imaginaos lo que pasó en Florida, que es solo UN estado, en el 2000 a nivel ¡nacional! ANARQUIA PURA Y DURA.

No olvidemos que estamos hablando de los ESTADOS UNIDOS de América, NO SON LOS PUEBLOS UNIDOS de América ni LOS CIUDADANOS UNIDOS. SON LOS ESTADOS UNIDOS.

El voto de “la mayoría” suena muy bien, quizá para los que piensen que las elecciones de un país deben ser igual a un concurso de popularidad o el Gran Hermano…pero las cosas no funcionan así en sistemas serios.

Los autores de la Constitución vieron el problema precisamente porque se dieron cuenta que en aquél entonces, Virginia era el estado más poblado. Sabian que el candidato de Virginia siempre ganaría las elecciones por su población. Por eso crearon un sistema bi-partidista permanente que l dio poder a los grandes estados sin ignorar a los demás.

El sistema también permite convertir temas locales en preocupaciones nacionales y ha servido para unir el país. Y bueno por si nada de esto fuera suficiente para convencerte, al menos debes sentir agradecimiento que gracias al colegio electoral, Kanye West no pudo presentarse como candidato a la Presidencia.

Señores, hoy día 19 de diciembre el Colegio Electoral tendrá que elegir si finalmente otorga la Presidencia a Donald Trump. Me limitaré a citar el genio de Hamilton – en una obra que todavía me provoca intenso interés y admiración – el FEDERALISTA. Dice así en su Sextoagesimoctavo artículo: “El proceso electivo nos da la certidumbre moral de que el cargo de Presidente no recaerá nunca en un hombre que no posea en grado conspicuo las dotes exigidas. La habilidad en la pequeña intriga y en esos bajos trucos que provocan la popularidad, puede ser suficiente para encumbrar a un hombre hasta el primer puesto en un Estado determinado; pero se necesitará otra clase de talento y méritos muy distintos para ganarse la estimación y la confianza de toda la Unión o de la importante porción de ésta que será necesaria para convertirlo en candidato triunfante para el eminente cargo de Presidente de los Estados Unidos. No será exagerado afirmar que existe la probabilidad continua de ver ese puesto ocupado por personalidades destacadas por su capacidad y su virtud. Y esto no recomienda poco la Constitución a los que son capaces de estimar la parte que necesariamente le corresponde al Ejecutivo en la buena o mala administración de todo gobierno. Aunque no estamos de acuerdo con la herejía política del poeta que dice:

‘En cuanto a formas de gobierno, que disputen los locos,
que la que mejor se administra es la mejor’,podemos, no obstante, afirmar sin temor a equivocarnos que la verdadera prueba de un buen gobierno es su aptitud y tendencia a producir una buena administración.” Que sirva eso como una seria advertencia a los electores el día 19. No voy a comentar más porque creo que se entiende perfectamente lo que quiero decir.

Posteado por: Javier | diciembre 7, 2016

Setenta y cinco años de la infamia de Pearl Harbor

Setenta y cinco años de la agresión nipona en Pearl Harbor. Menos mal que quien estaba al mando era Roosevelt, y no uno de estos hippies del “haz el amol y no la guerra” (Roosevelt, por cierto, probablemente ha sido el presidente más izquierdista que han tenido los norteamericanos, pero nada que ver con lo que actualmente se entiende por “izquierdismo”). Ante el ascenso de Hitler en los años 30, Roosevelt inició el rearme de EEUU, pero no pudo intervenir inicialmente en Europa para acabar con la amenaza del nazismo debido a que la ley americana consagraba el aislacionismo y la neutralidad norteamericana en el exterior. Esto se rompió cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor en diciembre de 1941 (y cuando a Hitler le entró el arrebato, varios días después, de declarar la guerra a EEUU, una de las decisiones estratégicas más estúpidas, junto con invadir la URSS, de la II Guerra Mundial). Declarado el estado de guerra, el país entero se movilizó para suministrar armamento y participar con soldados en el conflicto. Se puso en marcha una economía orientada a suministrar armas, construir barcos y aviones, y a reponer material para la guerra. Un tumor cerebral que acabó con su vida el 12 de abril de 1945 no le permitió ver la victoria en la II Guerra Mundial.

Gracias a EEUU e Inglaterra (y es cierto que también gracias a la URSS) Europa se libró de convertirse en una colonia nazi-alemana, aunque al ir a la guerra, en primer lugar, lo que hicieran fuera protegerse a sí mismas, obviamente, su seguridad y sus intereses nacionales. Una de las grandísimas diferencias entre las culturas católicas y las protestantes es el sentido de tomar decisiones trascendentales cuando están en juego intereses como la seguridad o la soberanía nacional. EEUU, Australia, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelandia…a la hora de la verdad, cuando tienen que tomar una decisión difícil, lo hacen sin vacilaciones. Aunque por el camino también cometan errores estratégicos y numerosas pifias, de eso nadie está exento.

En este histórico discurso ante el Congreso, en el que declaró la guerra a Japón, Roosevelt manifestó que aquel era “un día infame para siempre”.

En este sentido, tengo que decirlo, no me pareció nada bien que en su visita a Japón del pasado mes de mayo Obama casi pidiera perdón por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki: “Japón bombardeó a Pearl Harbor y EEUU bombardeó Hiroshima, todos somos culpables”. Pues NO, no hay equivalencia moral. Pearl Harbor fue una agresión criminal por parte del régimen militarista japonés, que, aparte de ello, cometió en Asia atrocidades mucho mayores, equiparables a las de los nazis, e Hiroshima y Nagasaki el resultado final de cuatro años de esfuerzos brutales para derrotar a Alemania y Japón. EEUU simplemente tenía una obligación de proteger las vidas de sus hombres y la cumplió, así como la de finalizar la guerra de la forma más rápida posible (acabando de rebote, aunque no fuera su cometido, también con la pérdida de más vidas de japoneses). Los militares japoneses no tenían el menor reparo en continuar con una enorme sangría de vidas en un bando y otro, dado que poco les importaba que entre su propia población se produjera una auténtica carnicería. No era más valorable la vida de un habitante de Hiroshima o Nagasaki que la de un soldado de los EEUU: las dos estaban en grave riesgo en caso que la guerra hubiera continuado de forma convencional (y, como dijo el general George Patton: “La guerra no consiste en morir tú por tu patria, sino en hacer que otro hijo de puta muera por la suya”). Tampoco valían más que las de aquellos que hubieran muerto en un alargamiento innecesario de la guerra. Lamentar la pérdida de vidas en cualquier otro de los campos de batalla de la II Guerra Mundial es tan legítimo como con las de Hiroshima y Nagasaki, por más que el uso del arma atómica les confiera a éstas más espectacularidad y dramatismo. Pero esto no es una cuestión sentimental, sino de analizar las alternativas que existían sobre la mesa. Y es indudable que las bombas atómicas aceleraron la llegada de la paz y cortaron una pérdida de vidas que hubiera sido aún mayor de no utilizarse.

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Al hilo de lo anterior, en este corto video vemos a Margaret Thatcher diciendo que Inglaterra, junto con los EEUU, han sido los mejores, en comparación con la Europa continental, a la hora de derrotar la tiranía y el fascismo. (lo siento sólo está en inglés). Como no podía ser de otra manera, dice que en España tuvimos fascismo, junto con Italia y Alemania, y que Inglaterra en ese sentido ha sido superior. Hay peperos que tratan de disculpar a Franco, incluso lo ha hecho una que quería ser “la Thatcher española” (no hace falta decir quién es, lo sabemos todos): pues aquí tenemos a una representante de la DERECHA PURA Y DURA hablando sin tapujos de un pasado FASCISTA en España (también es verdad que es derecha anglosajona y protestante, que nada tiene que ver, en ese sentido, con la derecha española). Yo la verdad es que echo de menos a gente tan dura, clara y sin complejos a un lado u otro del espectro ideológico, nada que ver con el adocenamiento actual. En muchas cosas no estoy de acuerdo con Thatcher, pero, al menos, era una de ellos. Al parecer, a la sueca europeísta que la entrevistaba no le gustó nada que la Margaret dijera la verdad sin complejos. Como Thatcher era una señora, lógicamente no dijo directamente que Inglaterra es superior a Suecia, pero a buen entendedor...


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Otra perla de la Dama de Hierro: defendiendo el hundimiento del Belgrano durante la guerra de las Malvinas. No se podía consentir la chulería de la grasienta y bananera dictadura militar argentina y ese barco era una amenaza para los marineros británicos: a pique con él. Este sí lleva subtítulo en español.

Todos los países soberanos tienen derecho a hundir barcos o aviones que violen un espacio marítimo o aéreo restringido, o que supongan una amenaza para la seguridad de tus soldados o tu población civil en tiempos de guerra. Thatcher tuvo políticas claramente criticables, pero no por ordenar una acción que sólo puede entenderse en un contexto de guerra o en favor de la seguridad nacional.

En cualquier caso, aquí vemos lo que es una gobernante dando la cara y asumiendo responsabilidades. Qué diferencia con la banano-cracia española, ¿a que sí?

Posteado por: Javier | noviembre 30, 2016

¿Absolverá la historia a Fidel Castro?

La muerte de Fidel Castro no podía provocar otras reacciones más que aquellas tan encontradas como ha producido a lo largo de su vida un personaje tan controvertido. Parte de la izquierda ha lanzado estos días poéticos panegíricos como si quien ha fallecido hubiera sido en vida un ángel de luz, y parte de la derecha ha descorchado el champán por la desaparición de quien ven como el peor de los peores demonios que han pisado la faz de la tierra. Sobre Castro se han vertido todo tipo de estereotipos, odios y loas. Es difícil, casi imposible, llegar a la persona. Muchos demandan militancia, trinchera, nada de grises, nada de contexto, nada de peros. De un lado u otro, a veces es complicado diferenciar qué es información y qué es propaganda. Unos, a la mínima discrepancia, te van a tachar de “imperialista”, “mercenario” o contrarrevolucionario” y otros de “vil comunista”. Aviso, pues, que esta entrada no será del agrado de unos ni de otros.

Antes de la Revolución, Cuba simbolizaba el colonialismo en su forma más perniciosa. Su guerra de la independencia frente a España fue apropiada por los EEUU, cuyo gobierno afirmó la victoria como propia y reescribió la constitución del nuevo país independiente para asegurar su predominio. El azúcar de Cuba pasó a ser controlado por los intereses norteamericanos, que mantuvieron a la isla en una condición servil. La Revolución Cubana vino a derrocar una dictadura viciosa, la de Fulgencio Batista, infestada por lo peorcito de la mafia venida del país useño.

Todo eso terminó el 1 de enero de 1959. Un EEUU confiado en su dominio mundial fue desafiado por una pequeña isla caribeña. Y todos los países ocupados y colonizados en el Tercer Mundo se levantaron y lo celebraron. Al parecer, el gigante tenía los pies de barro, después de todo.

Una y otra vez, Fidel Castro se negó a rendirse ante la amenaza o el chantaje. Es esa negativa lo que explica la furia ciega y la ira de sus enemigos. Las administraciones republicanas y demócratas mantuvieron el asedio de Cuba durante seis décadas (aparte de los intentos de asesinato del propio Castro), gritando con incredulidad por su propia ineficacia. La principal medida, no obstante, ha sido el embargo, que comenzó justo después de que Castro confiscase las refinerías de Shell, Esso y Texas Oil por negarse a procesar el crudo soviético. De ahí partió una escalada de medidas que finalizó con el establecimiento de un embargo que los sucesivos presidentes fueron agravando con nuevas prohibiciones. Ese embargo, que sin duda ha hecho daño, ha sido la gran coartada del régimen: le ha permitido tapar sus errores, sobre todo los de su política económica. También le ha empujado a enrocarse y endurecer la represión de la disidencia. Es un embargo inútil que logrado lo contrario de lo que perseguía. Obama fue el primero en reconocerlo hace un par de años.

Esta voluntad de resistencia del régimen fue la que frustró la invasión de 1961, apoyada por la CIA, en la Bahía de Cochinos. Sin embargo, la Crisis de Misiles de 1962 mostró al liderazgo de La Habana que el apoyo de la Unión Soviética era condicional y que Cuba era un pequeño actor en un juego de poder global. Distanciándose brevemente de Moscú, ese fue el momento en que el país pasó a su fase más radical, uniéndose a las luchas de liberación del Tercer Mundo en un frente común que se extendía desde América Latina hasta Vietnam. Ese fue el momento en que Cuba inspiró y simbolizó el resurgimiento de los oprimidos.

La muerte del Che Guevara en Bolivia en octubre de 1967, sin embargo, fue una encrucijada para la Revolución. También en Perú, Guatemala y Venezuela el intento de repetir la experiencia cubana había fracasado con consecuencias desastrosas. Fidel Castro, siempre preocupado en primer lugar por la supervivencia de una Cuba sometida a un cerco vicioso y atrapado por sus limitaciones económicas, se retiró de la estrategia guerrillera. Un año más tarde, el fracaso de la cosecha de azúcar de 1969 marcó el final de esta estrategia. Cuba cayó totalmente bajo el abrazo soviético.

Después de la invasión de Bahía de Cochinos, Castro declaró que la Revolución era socialista. Hasta entonces siempre lo había negado. Fidel Castro lo que siempre había sido era un patriota y nacionalista cubano y su preocupación principal era la soberanía nacional de Cuba, aparte de haber tenido como referentes, más que a Marx y Lenin, a José Martí y Abraham Lincoln. Probablemente, en ese momento pensó que declararse marxista-leninista era la única salida que le quedaba, aunque eso significase reconocer la dependencia de Cuba de la Unión Soviética. En este contexto, se entendía que el socialismo significaba un estado centralizado fuerte según las líneas soviéticas. Esto coincidía con las opiniones de Castro y Che Guevara acerca de cómo se ganan las revoluciones, por las acciones de grupos pequeños y dedicados que actúan en nombre del movimiento de masas. Cuando los soviéticos invadieron Checoslovaquia en 1968, Castro apoyó la acción, confirmando una vez más la dependencia de Cuba de la Unión Soviética y la naturaleza del nuevo estado a raíz de la muerte del Che. Pero en el sur de África, Cuba mantuvo una política exterior propia. Durante los años 70, el papel de las fuerzas cubanas fue clave para derrotar las insurgencias derechistas y mantener la reputación antiimperialista de Castro. Durante la “Operación Carlota”, entre 1975 y 1991, el contingente de 52.000 soldados cubanos desplazados a África derrotó en los campos de batalla de Angola a los ejércitos de Zaire y de la Sudáfrica del apartheid, ambos apoyados financieramente por EEUU. La derrota sudafricana en la batalla de Cuito Cuanavale, en enero de 1988, a manos de las tropas angoleñas y cubanas, está considerada como uno de los hechos que precipitó el fin del régimen racista del apartheid (de ahí la amistad que en vida mantuvieron Nelson Mandela y Fidel Castro). Sin embargo, en el Cuerno de África, las tropas cubanas defendieron al gobierno de Etiopia, aliado de los intereses regionales soviéticos, reprimiendo brutalmente los movimientos de liberación interna.

Pero, a pesar de todo, Fidel nunca fue un obediente subordinado. Utilizó su extraordinario carisma e influencia para disparar tiros de advertencia ocasionales hacia Moscú, por un lado, y para reforzar su control personal del estado por el otro. Los sobrevivientes de la guerrilla, que embarcaron en el “Granma” en 1956 y derribaron la dictadura de Batista se mantuvieron, en su mayor parte, en el centro del poder en las cinco décadas que siguieron. El socialismo que Castro defendía no se parecía mucho a la “autoemancipación de la clase obrera” de la que había escrito Marx en el siglo anterior, sino que más bien era un socialismo con una estructura de mando similar a la del ejército guerrillero en el que Fidel había sido comandante en jefe. Lo que mantuvo en pie el sistema fue tanto la incontestable autoridad de Fidel como la incesante hostilidad de EEUU, que no sólo intentó asesinarlo cientos de veces, sino que estaba dispuesto a someter a la población cubana a la sumisión.

Bajo estas duras condiciones, el sistema que los revolucionarios construyeron dejó algunas ganancias. Las más célebres fueron los sistemas eficientes y universales de salud y educación. ¿Perfectos? Ni mucho menos, pero hablamos siempre de los estándares de vida dentro del Tercer Mundo y dentro del contexto caribeño en que está Cuba, es decir, el de un país con escasos recursos, que en muchas ocasiones se ve forzado a racionar, y sometido a un embargo comercial de medio siglo de la primera potencia mundial. Dentro de lo malo, es muy preferible caer enfermo en Cuba a hacerlo en la mayoría de sus países vecinos. Pese a las carencias materiales, el régimen cubano ha conseguido que su población se mantenga sana con una esperanza de vida similar a la de los países del Primer Mundo. La mortalidad infantil está en unos índices incluso inferiores a los de países como EEUU y la medicina cubana ha sido la primera en conseguir frenar el contagio del VIH de la madre embarazada al feto. Tampoco existe el analfabetismo ni el trabajo infantil. A diferencia de otras castigadas naciones latinoamericanas, los niños cubanos no trabajan para sobrevivir limpiando las botas o lavando los lujosos coches de los que trafican en la bolsa, ni conocen el hambre o la esclavitud. No mendigan ni roban, ni se prostituyen. Tampoco existen redes de prostitución ni trata de blancas. Más allá de eso, la vida cotidiana era difícil, incluso antes de la retirada de la ayuda soviética y el “período especial” que siguió, lo que llevó a la isla al borde del desastre. Fue la solidaridad colectiva y el sacrificio lo que impidió el colapso de entonces. Sin embargo, ya existía un grave descontento expresado en el absentismo laboral o en la desilusión de muchos de los veteranos de las guerras africanas, por ejemplo, ya que muchas esperanzas puestas en su día en la Revolución resultaron ilusorias. Si bien existía una provisión social básica, los bienes de consumo escaseaban y la disidencia era tratada con dureza, con los matices a esto que se quiera, cualquiera que fuese su forma.

La extrema concentración de poder (los principales órganos del Estado estaban dirigidos por un par de docenas de líderes “históricos” bajo el control de Fidel) en la parte superior de la pirámide ahogaba cualquier posibilidad democrática. Las instituciones políticas eran controladas centralmente en todos los niveles. Órganos locales, como los Comités de Defensa de la Revolución, mantuvieron la vigilancia en contra de la disidencia. Era relativamente sencillo descartar los llamados a la democracia de los críticos internos como “propaganda imperialista”, en lugar de una reivindicación legítima de los trabajadores de que un socialismo digno de su nombre los transformaría en sujetos de su propia historia. La información pública sólo estaba disponible en forma impenetrable en el diario estatal “Granma”, y las instituciones del Estado en todos los niveles eran poco más que los canales para la comunicación de las decisiones de la dirección central. Una burocracia opaca, responsable sólo consigo misma, con acceso privilegiado a bienes y servicios, se volvió cada vez más corrupta en el contexto de una economía reducida a la provisión del mínimo para subsistir.  Las llamadas ocasionales de Castro a la “rectificación” eliminaron a algunos individuos problemáticos, pero dejaron intacto el sistema.

Sin embargo, Cuba sobrevivió, debido en buena parte a los agudos instintos políticos de Fidel ya su voluntad de encontrar aliados donde quiera que pudiera a raíz de la caída del comunismo en Europa del Este. Después, desaparecida la URSS y tras un periodo duro de carestía, encontró a Hugo Chávez y el petróleo de Venezuela. Muerto Chávez y con el precio del petróleo por los suelos, llega un salto mortal inesperado: ahora toca bailar con EEUU. La realidad era que, después de todo, lo que se había presentado en la isla era una interpretación autoritaria del socialismo que, por ejemplo, podía permitir (durante una época) la represión de los homosexuales (aunque, dado que los libegales utilizan esto de la “represión castrista a los gays” como un argumento muy manido, no neguemos que cuando esto ocurría en Cuba, la homosexualidad era algo considerado como delictivo en gran parte del mundo occidental e incluso, entre otras cosas, Gran Bretaña había esterilizado al héroe de guerra Alan Turing), la negación de la crítica y el surgimiento del régimen que ahora prevalece en Cuba, donde un pequeño grupo de burócratas y comandantes militares gestionan y controlan la economía. Serán los beneficiarios de la reentrada de Cuba al mercado mundial (particularmente, al de EEUU), no la mayoría de los cubanos, algo más o menos similar a lo que sucedió en la URSS tras la perestroika y el desplome de su imperio euroasiático.

Por mucho que se entiendan las circunstancias y el contexto que rodeó a la Revolución Cubana, hay que decir que hoy día es un emperador que está desnudo.

¿Qué circunstancias y contexto fueron estos?

Durante la época Guerra Fría, diversos gobiernos y movimientos izquierdistas democráticamente elegidos en América Latina fueron derrocados en golpes militares, sometidos a la guerra económica y atacados por paramilitares derechistas. Fue entre otros, el caso de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954. Aquellos regímenes militares instituyeron desapariciones masivas de la gente que mataban, tiraban a los disidentes al mar desde aviones y helicópteros o ejecutaban torturas como introducir electrodos a mujeres por la vagina. En buena medida, aquello fue la causa de que tantos izquierdistas perdieron la fe en una ruta democrática hacia el poder en este período. En realidad, Fidel Castro no acabó con la democracia porque NO HABÍA democracia. Castro ya había intentado cambiar el sistema desde dentro como político y acabó en la cárcel. Y al igual que el Che Guevara en Guatemala, él había estado en Colombia cuando asesinaron al gran liberal Jorge Eliécer Gaitán y llegó a la conclusión de que la vía pacífica no conducía a ninguna parte. La Revolución Cubana se produce en un contexto como el de los año 50 en América Latina, el de un continente totalmente avasallado, con pobreza extrema y una élite antidemocrática que TAMBIÉN ERA VIOLENTA. Sin tomar en cuenta eso, no se entiende como se llegó a que se produjera el movimiento revolucionario armado que comandó Castro.

Fidel Castro surge como una figura en medio de una cultura autoritaria, caudillista y tirana como la de América Latina, que no puede producir de la noche a la mañana dirigentes con una vocación descentrada del poder. Castro fue un producto del mundo en que vivió. Cambio muchas cosas, pero su visión individual del poder no la cambió.

La Revolución fue brutal nada más triunfar, con los fusilamientos de los antiguos colaboradores de Batista. No es la única que vez, no obstante, que ha ocurrido en la historia, sin que los protagonistas o los movimientos hayan sido calificados de tiránicos. Castro, como he mencionado antes, era un gran admirador de Abraham Lincoln y hay que recordar que Lincoln tuvo que suspender algunas libertades y suprimir el habeas corpus, incluso practicó fusilamientos sumarios de conspiradores sudistas que actuaban como terroristas en el territorio de la Unión. Y nadie, salvo que sea un libertariano alocado o un fascista, dice que Lincoln fuera un “tirano” por ello. Hay ocasiones en que debes ser duro con totalitarios que buscan destruir las libertades que con tanto sufrimiento te ha costado conquistar. Si la cuestión es porqué todavía hay presos por motivos ideológicos en Cuba, pues sí, ahora eso no tiene justificación ninguna. Pero el contexto en los 50 y 60, con una CIA cometiendo asesinatos de opositores políticos y financiando golpes de Estado por toda Latinoamérica, colaborando con las operaciones cóndor y creando la Escuela de las Américas, era otro. Entonces era una lucha a vida o muerte. No es sólo el caso de Lincoln. El mismo Oliver Cromwell en Inglaterra tuvo que ser duro con los opositores absolutistas y católicos, como ocurrió en otros países donde se instauró el protestantismo. En muchos países, en épocas pasadas han expulsado a los jesuitas. En condiciones normales, eso iría contra la libertad religiosa, pero hay que conocer la historia negra de los jesuitas para entender eso. Sankara lo fue también nada más llegar al poder en Burkina Faso, etc. En Francia también. Robespierre era radicalmente contrario a la pena de muerte, e incluso se sabe que los guillotinamientos y la suspensión de algunas libertades le causaban un gran conflicto moral con sus convicciones democráticas, pero se tragó sus sentimientos. Churchill y Roosevelt convirtieron al Reino Unido y a EEUU durante la II Guerra Mundial en estados que “de facto” eran de partido único, aunque sólo fuera por un tiempo. En EEUU tener orígenes italianos, japoneses o alemanes te podía colocar en el punto de mira del gobierno federal. Hay épocas que son muy complicadas y en que tienes que tomar decisiones muy duras para tus propias convicciones cuando hay alguien que trata de utilizar la libertad como un chollo para acabar con la tuya.

También podemos admitir que sus mayores enemigos morales e ideológicos no son mejores de lo que fue Castro en vida, ni tienen mucho más de lo que presumir. Vivimos en un mundo en que la democracia es socavada por las élites neolibegales que justifican atrocidades como apoyar a la petromonarquía teocrática saudí mientras asesina impunemente en Yemen, por no hablar del apoyo a guerras, golpes de estado y asesinatos patrocinados por nuestros gobiernos (los mismos que aquí se dedican a corroer cada vez más la democracia), así como políticas que condenan a la miseria a millones de personas. Aún así, vemos ejemplos de hipocresía como lo ocurrido estos días en el Reino Unido: condenar la declaración de Jeremy Corbyn sobre Castro cuando el gobierno británico puso las banderas a media asta para llorar la muerte de su aliado teócrata saudí. Los mismos que exigen condenas retóricas al régimen cubano no suelen tener problemas en hacer negocios con otras tiranías atroces como China. Los partidos políticos son cada vez más meras franquicias del mismo sistema, vendido a entidades supranacionales y antidemocráticas como la UE o mundialistas, como el FMI o el Banco Mundial, que no son más que simples garantes de los intereses de las élites neofinancieras.

Los neolibegales tratan de convencernos de que algunas libertades políticas formales son suficientes, o con ir a votar cada cuatro años, sólo con eso tenemos una verdadera libertad. Pero no es sólo eso. La libertad humana está limitada por muchas cosas, incluso por el sistema económico bajo el cual vivimos. Está limitada por la opresión económica. Si no puedes darte el lujo de comer suficiente comida, no es libre. Si estás mal alojado, no eres libre. Si vives bajo el capricho de un empleador despótico, no eres libre. Si pasas la mayor parte de tu vida preocupándote por cómo te vas a permitir vivir cómodamente, no eres libre. El régimen castrista, con muchas limitaciones, dificultades materiales y también errores, ha tratado de paliar un poco eso. También ha tratado de levantar la dignidad de los cubanos como país, defender su soberanía nacional e inspirarles patriotismo. Pero nunca ha ofrecido una verdadera libertad política, ha incumplido esa promesa. Cuando se sufren privaciones materiales no hay verdadera libertad, pero sin libertades políticas, tampoco. Se puede analizar objetivamente y comprender el fenómeno de la Revolución Cubana en su época y su contexto geopolítico, pero, obviamente, no es el modelo alternativo al neolibegalismo vigente y al sistema cada vez más pseudodemocrático en que vivimos en Occidente, por más que tenga su aquel de romanticismo y mito todavía para mucha gente. Ya quisieran los neolibegales decir “esto es o nosotros, o, si no, la Cuba de los Castro” (bueno… en realidad, lo insinúan mucho).

Desde el año 2006, Castro tuvo relativamente pocas apariciones públicas. Su muerte será lamentada sobre todo en el Tercer Mundo, puesto que Cuba representó durante mucho tiempo para ellos una posibilidad de liberación de la opresión imperialista y neocolonialista. Su propia supervivencia, pese a las dificultades, inspiró esperanza. Y sin embargo, el estado que Castro construyó es un recordatorio de que no puede haber liberación que valga su nombre sin una democracia profunda y radical.

Posteado por: Javier | noviembre 23, 2016

Españoles, Rita Barberá… ha muerto

Sorpresa la que me he llevado esta mañana al enterarme de que Rita Barberá, la ex-alcaldesa pepera de Valencia y actualmente senadora, ha muerto de un infarto. La muerte es algo cotidiano y con lo que tenemos que convivir día a día, pero, como es natural, nos llama más la atención cuando es alguien famoso.

Los hechos en vida de Barberá son tan celebres ya que no me voy a parar a enumerarlos porque sería reiterativo y muy pesado. Son de sobra conocidos. Celebrar o jalear la muerte de esta persona sería algo enfermizo, pero tampoco me afecta (apenados, en todo caso, sus familiares directos y amigos íntimos, eso sí es comprensible), quiero decir, me da igual. Ni la conocía, ni era familiar ni amiga “del alma”. Como dice la Biblia en Santiago 4:14, no sabemos lo que será mañana y nuestra vida no es más que neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. Esta mañana la neblina que era la vida de Barberá, como la de todos los hombres y mujeres, se desvaneció. La vida debe continuar en esta tierra.

No obstante, que haya muerto esta señora no es motivo para que se dejen de recordar sus tropelías, como tanto gusta al santurronerío patrio, puesto que, en efecto, correr un “velo de santidad” sobre quien acaba de fallecer es uno de los deportes nacionales favoritos: aunque un sujeto fuera alguien no precisamente ejemplar, la muerte “límpia” el pecado y ya no se puede hablar mal de él, con la excusa de que ya no puede defenderse, el pobre… Alegrarme por supuesto que no (eso si ejecutan a un asesino o si unos terroristas zoquetes se matan con su propia bomba), pero lo de fingir pena por alguien que no conoces, o dejar de hablar sobre algo malo que haya hecho el susodicho mientras estaba en vida por “respeto”, es verdaderamente hipócrita. En España la superstición llega a tales extremos que hay una ley no-escrita que dice que “hay que respetar a los muertos”. Pero yo, que soy cristiano protestante, paso de esta moralina papal tan arraigada en la psique de la mayoría de los pobladores de la piel de toro (siglos de mamar catolicismo romano tienen lo que tienen, aun cuando actualmente muchísimos de ellos sean ateos), y en cuestiones morales personales me rijo por otra ley moral, la ley de la Biblia, y en la Biblia no hay ningún requisito de respetar a los muertos si estos eran indeseables. Punto pelota.

Lo que no quita que no ha podido ser más rastrera la actitud de sus propios compañeros del Partido Imputado (o “investigado”, desde la última reforma de la letra de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) con la Barberá en los últimos meses, haciendo la pantomima de ni saludarla en los pasillos del Congreso, como si no la conocieran, como si la cosa no fuera con ellos y como si ella fuera la única manchada. No es que sea cuestión de defender a Barberá, pero lo cierto es que tiene toda la pinta de haber sido una especie de “cabeza de turco” para el PP. Llevaban meses defenestrándola, aún cuando ni siquiera había aún una sentencia judicial firme, y hasta parece que el abandono y el rechazo de sus propios compañeros pudo influir algo en la profunda depresión y el estado de ansiedad que parece es el que le llevó al fatídico desenlace del infarto. Lo que pretenden ahora en el PP es culpabilizar, aunque sea de forma indirecta, a los medios de comunicación y a la opinión pública de haber creado una situación de estrés, agobio y presión insoportable para Rita, que la habría llevado irremisiblemente a la muerte, pretendiendo, solapadamente, insinuar que en el futuro no se vuelva a hablar contundentemente de sus casos de corrupción aún abiertos. Lo de que la presión mediática y popular ha provocado esto no puede ser más ridículo, como si acaso Rita no hubiera sido una política con décadas ya de ejercicio y no estuviera acostumbrada a esas cosas, como se le supone a cualquier político que no sea precisamente un novato. Lo que sí afecta profundamente y es durísimo para cualquier persona es que tu propia gente, por su propio interés, haga un juicio paralelo, te sentencie y te cuelgue poco menos que el cartel de “apestado”, después, seguramente, incluso de haberse aprovechado más de uno de tus dádivas y favores.

Después de meses haciendo como si esta señora no existiera o no tuviera nada que ver con ellos, antes siquiera de que un tribunal la haya condenado, no les fuera a salpicar, ahora andan culpando a todo el mundo a diestro y siniestro, como si la cosa no fuera con ellos y como si lo “indecente” fuera hablar de la corrupción en que están enfangados. Pero, en fin, es lo que hay con estas élites políticas tan repugnantes que tenemos en España.

PD: acabo de enterarme de que el alcalde de Valencia, Joan Ribó (de Compromís), ha dicho que “Barberá es parte indiscutible de la historia de Valencia” y decreta nada menos que TRES DÍAS DE LUTO por su muerte. Como dijo Unamuno, en España hasta los ateos son más papistas que el Papa. Tan patéticos son unos como otros, sean del partido y de la región que sean.

Los de Podemos se han ausentado del minuto de silencio en el Congreso por la muerte de Barberá y les han formado una buena. Lo curioso es que no han hecho lo mismo en el Senado, ahí sí se han quedado en sus sitios durante el minuto de silencio. Al margen de la conveniencia o no de dedicar un minuto de silencio a Rita Barberá en el Congreso, esto no es incoherencia ninguna. Lo han hecho en el Congreso (lo de retirarse del minuto de silencio por Barberá) pero no en el Senado porque en esta última cámara la cosa no da tanta publicidad, efectismo ni protagonismo como en la primera. Los podemitas siempre tienen que dar la nota, no pueden vivir sin ello, y al final lo que terminan haciendo es el ridículo. Podemos no es más que escenificación, show y postureo cutre para enardecer a la legión de seguidores que tienen en las redes sociales y foros de Internet.

Posteado por: Javier | noviembre 19, 2016

Trump gana y la pseudo-izquierda se muere de pánico

Estimados lectores, me place compartir hoy este excelente artículo publicado por el compañero Alfredo en Liberalismo Democrático sobre el triunfo de Trump y las reacciones de la izquierda progre, pija, infantil e inmadura. Desde hace una semana normalmente lo que venimos viendo es una ristra de artículos sobre Trump de parte de la izquierda inmadura, incapaz de analizar las cosas, llenos de petulancia pomposa en su visión de los “estúpidos, racistas y misóginos” que han votado a Trump, o limitándose al pesimismo posmodernista de lamentarse de tener que vivir en el valle de lágrimas que es un mundo con un presidente como Trump y con esos “idiotas” que le han llevado al poder, así que es muy bueno encontrarse con escritos que destapen a estos pijos y perroflautas de la “progresía” asquerosa como lo que son: enemigos del verdadero progresismo y liberalismo. En cuanto a Trump, de aquí a muy poco va a empezar a incumplir las promesas que ha hecho que parte de los trabajadores de las zonas más deprimidas de USA le hayan votado, finalmente seguirá punto por punto las consignas del consenso neolibegal. O sea, que va a ser como Hillary pero sin careta “progre”, todo mucho más descarnado, y hay una posibilidad de que cada vez más gente vea que esta alt-right o “derecha alternativa”, como se la ha venido en llamar, tanto en USA como en Europa, pese a que aparentemente critique los efectos del neolibegalismo, no es más que el último refugio que ha buscado este sistema para sobrevivir tras su colapso de 2008.

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Yo ya hace tiempo me había dado cuenta hasta qué punto tan mal hemos llegado en la sociedad actual en no pocos países “occidentales” – estamos literalmente ahogados en una marea de llorones, cobardes, blanditos y acomplejados como nunca se había visto en la historia de la humanidad.

Poco después de la victoria de Trump en las elecciones, la reacción inmediata de no pocos “famosillos” fue desahogarse en Twitter, lloriqueando, como si al currela/obrero común se pusiera a leer Twitter en vez de preocuparse de pagar sus deudas (cada vez más insostenibles) gracias a la complicidad de la “izquierda” con el neolibegalismo imperante.

He leído mensajes tales como “ayy ayy no pude parar de llorar” y “he vomitado”. Ohh, pobrecitos. Qué lástima que el vómito no produzca su muerte prematura, pues no perderíamos absolutamente nada de valor. Yo siempre lo he dicho: muchas personas no son más que una pila de mierda con ojos.

Luego he visto otros posts patéticos con títulos tales como “Cómo decirle a un niño que Trump ha ganado”. Aunque nos cueste creerlo, millones de padres han buscado eso en google.

Es irónico, cuando no indignante, que un americano que cobre 20 mil dólares anuales sea víctima de las burlas de multimillonarios que odian a Trump – y luego se extrañan que pierdan tantos votos entre la clase obrera de raza blanca.

Estamos hablando, cómo no, de la asquerosa pseudo-progresía, no de la izquierda liberal fundamental que yo defiendo. Estamos hablando de piji-progres aburguesados (como los que abundan en Podemos y PSOE) que estarían dispuestos a apuñalarse por la espalda para meter a sus hijos en colegios privados donde, por supuesto, no hay inmigrantes y cuestan un pastón al año. Pero ellos piensan que son “menos racistas” que los demás porque, bueno, les gusta la charla con Panchita la ecuatoriana que les viene a lavar la ropa y limpiar los fines de semana.

Tenemos una “izquierda” modeLna con chicas adineradas mitad negra o mitad (insertar raza de moda, mientras no sea blanca) que se burla de mineros parados y les denuncia por “ser privilegiados”—chicas mulatas que jamás hubiesen sido admitidas en Yale o Harvard de no ser por su raza de moda…y que luego terminarán su carrera para cobrar casi medio millón de dólares siendo la “coordinadora de la diversidad” en alguna empresa fashion o universidad que hoy por hoy no produce nada de valor añadido.

Parece que ahora para opinar tenemos que ver qué está de moda y permitir que “los famosos”, los de la farándula y los comediantes sean nuestros agentes de compra personal.

Y bueno, con opiniones tales como “estoy temblando” o “no puedo creer que este sea mi país”, apañados vamos.

Por eso estos trozos de gelatina están reventando coches, apaleando a los que apoyan a Trump y haciendo llamamientos para asesinarle y violar a su mujer (los mismos que le tachaban de machista). Lo único que va a provocar las manifestaciones violentas es que los blancos digan “teníamos razón, menos mal que votamos a Trump”.

Los demócratas optaron en los años 80 por expulsar a la gente normal obrera y blanca de su partido. Como se dieron cuenta que América no es suficiente para votarles, tuvieron que importar inmigrantes del Tercer Mundo para tener más votos. Estaban a punto de convertir a todo EEUU en California por la inmigración masiva y así pensaron que jamás tendrian que volverse a preocupar de esos mugrientos blancos de clase obrera protestante que molestan tanto y exigen que se respeten sus libertades.

El año pasado, nada más y nada menos que Bernie Sanders dijo que la inmigración ha sido un DESASTRE para la clase obrera, deprimiendo sus salarios. Dijo que, con razón, las fronteras abiertas eran una idea de los hermanos Koch…los amiguetes que ayudan a financiar el Instituto Juan de Mariana en Madrid, entre otras organizaciones que rozan la criminalidad.

En representación de lo pijo-progre-fashion, no pocos varones con bajos niveles de testosterona se ponen histéricos con las declaraciones de incluso la izquierda de toda la vida. Algunos se nos ponen chulos hablándonos de los “beneficios” de la inmigración — sí, sí, ya – ya sé que os mola tener jardineros baratos, limpieza y cuidado de tus niños malcriados a precio de tirado.

Pues que tiemblen y lloren. Ha llegado una época de ira popular como no se había visto en mucho mucho tiempo. Espero que si algo bueno sale de todo esto, es que desaparezcan esos niñatos llorones y tengamos gente revolucionaria en ambos lados del muro ideológico. Quiero ver una gran recuperación de las ideologías como antes.

Pues, contra todo pronóstico, vamos a tener Donald Trump para aburrirnos durante los próximos cuatro años. Como a este lado del Atlántico hay tanto aficionado a la “americanología” inmediatamente han empezado reacciones alarmistas, como si esto fuera el derrumbamiento de los pilares del globo, y acusaciones de “intolerancia”, “incultura”, “racismo”, “machismo”, etc., para intentar explicar cómo es que un gilipollas integral de la calaña de Trump ha llegado a presidente del país más poderoso del mundo. Lo que hayan dicho los políticos o medios de comunicación españoles es tan bobo que no voy a perder ni un minuto en comentarlo.

A Trump no le ha bastado con freír uno a uno a los que fueron sus rivales (apoyados todos por el aparato del partido) en la carrera por la nominación del Partido Republicano, también se ha cargado a la candidata del establishment financiero y mediático de Wall Street, Hillary Clinton, que, hasta la irrupción del magnate neoyorkino, de quienes había estado más cerca siempre era, precisamente, de los republicanos. Eso no se explica sólo con que una masa de “incultos”, “racistas” y “machistas” hayan ido a votarle. Trump ha sabido leer muy bien en qué época estamos desde que estalló la crisis financiera de 2008 y aprovecharlo a su favor. Los ciudadanos están profundamente desencantados y la propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad para muchos. En Europa se han producido sacudidas como el Brexit, en medio de una gravísima crisis de los partidos tradicionales, a los que les comen el terreno partidos de la llamada “derecha alternativa” (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o partidos antiausteridad y anticorrupción (el caso de Italia, Portugal o España). El viejo edificio político se está derrumbando como un castillo de naipes y los políticos y medios de comunicación tradicionales no son capaces de ver que fenómenos como el de Trump sólo son síntomas, no la enfermedad. No se puede negar que el estilo de Trump en muchas ocasiones es zafio, y en otras populachero, maniqueo y reduccionista, pero es alguien que ha sabido interpretar mejor que nadie la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y las bases del electorado, por la otra.

Frente a la imagen caricaturesca que presentan la mayoría de medios sobre lo que ha ocurrido en EEUU, hay que ir a los puntos concretos que defiende Trump en su programa para saber porqué tantos norteamericanos le han votado. Esto no quiere decir que lo vaya a cumplir todo. Trump será el candidato “anti-establishment”, pero gran parte de su propio partido, que domina el Congreso, sí es “pro-establishment”, aparte de que los congresistas realmente con quienes se comprometen es con sus electores directos, y no tanto con el gobierno federal, y en el sistema político de EEUU existen numerosos contrapesos entre un organismo y otro. Muchas de sus medidas Trump va a tener que negociarlas muy duramente con los propios representantes republicanos en el Congreso. Pero lo que viene a continuación es, concretamente, aquello por lo que ha sido votado masivamente, que nada tiene que ver con el sainete que la pésima prensa generalista, que ha hecho toda una campaña gratuita y fallida para tratar de encumbrar a Hillary, dice.

En primer lugar, Trump no ha tenido pelos en la lengua con el poder mediático, al que ha atacado frontalmente y sin piedad. En sus mítines animaba al público a abuchear a los medios, en ocasiones ha afirmado que él no competía contra Hillary Clinton, sino contra los “medios de comunicación corruptos” e incluso retiró las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes como The Washington Post, Politico, Huffington Post o BuzzFeed. Pero no sólo ha tenido problemas con los medios que se podrían calificar como “progres”, ni la mismísima Fox News, el canal derechista de referencia en EEUU, se ha librado de sus ataques.

Otro de sus ataques habituales es a la globalización, a la que señala como la culpable de la depauperización de las clases medias y trabajadoras americanas, lo que le lleva a ser un defensor del proteccionismo a ultranza. Trump quiere aumentar los aranceles sobre todos los productos importados y de sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), a los que culpa de las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras, generando un terrible desempleo y pobreza. Es de los pocos políticos de cierto renombre que fuera del Reino Unido han apoyado el Brexit.

Trump se ha presentado con una política social muy distinta a la del resto del Partido Republicano, prometiendo no tocar los programas de sanidad pública Medicare y Medicaid, así como la Social Security, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

Algunas de las medidas que ha anunciado y que afectarían a los intereses de varios grupos de poder le han granjeado numerosas enemistades. Por ejemplo, Wall Street: Trump propone aumentar los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Esta ley fue aprobada en 1933 por el gran FD Roosevelt, como resultado de la Gran Depresión que empezó cuatro años antes, con el objetivo de separar la banca tradicional de la banca de inversiones con el fin de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Precisamente, en uno de los últimos pasos para completar la revolución neoliberal de los 80, esta ley fue derogada en 1999, bajo el mandato de Bill Clinton. La derogación de esta ley y los desmanes financieros que vinieron después fue una de las semillas que produjeron la actual crisis económica. Ni que decir tiene que el sector financiero está con los pelos de punta con esto (por algo apoyaban a Clinton).

Trump también ha llegado a criticar al complejo militar-industrial (el lobby que ha provocado que EEUU se haya embarcado en algunas de las operaciones bélicas más absurdas de su historia con tal de dar salida a su producción), describiendo cómo el Gobierno está obligado a comprar aviones pésimos pero muy caros gracias a la influencia que ejercen los grupos de presión de la industria.

En el plano internacional, Trump aboga por normalizar la relación con Rusia y forjar una alianza para acabar con el Estado Islámico. Por otra parte, piensa que EEUU ya no puede embarcarse en más aventuras bélicas sin sentido, así como modificar las relaciones con el resto de aliados de la OTAN. Cree que, fundamentalmente los europeos, no quieren gastar casi nada en su defensa, mientras lo que buscan continuamente es el paraguas protector americano. En una conferencia de política exterior en Chicago hace unos meses hizo la siguiente declaración: “romperemos con la política exterior que ha conducido a nuestro país a guerras absurdas, que ha derrocado gobiernos soberanos y seguros, y los ha sustituido por una amalgama de facciones fanáticas que han sido el caldo de cultivo del terrorismo, dejaremos atrás el apoyo y el suministro de armas a grupos radicales y nos retiraremos del infame apoyo militar a Arabia Saudí en su intervención en Yemen. Con ello, conseguiremos un EEUU más seguro y coherente con nuestra tradición democrática“.

Esto es lo esencial por lo que Trump ha llegado a la presidencia de EEUU. Esto NO quiere decir necesariamente que lo vaya a cumplir, que pueda o quiera enfrentarse a los intereses que se le opondrían o que en el pasado (y, a veces, hasta en la actualidad) él no haya participado de muchas de las cosas que ahora critica con tanta saña. Luego está, claro, toda la farfolla de lenguaje agresivo, faltón, y promesas simplistas y demagogicas, que en más de una ocasión ha utilizado y a lo que los medios oficialistas dan muchísimo bombo y platillo para generar la idea de que hay que ser idiota o ignorante para votar a un tipo que gasta esas formas. Pero, aún así, esto le ha beneficiado, pues no hay pocos que piensan que EEUU es presa de lo “políticamente correcto”, que ya prácticamente ni se puede hablar, y, en ese sentido, Trump es como un desahogo. Lo que ha venido es a decir lo que muchos millones de trabajadores americanos de cuello azul querían oír desde hace tiempo. Si ha sido él es porque nadie más lo ha dicho, la única alternativa que ha tenido es el clintonianismo pro-establishment, o, aparte, la izquierda inmadura que sólo es capaz de generar mensajes buenistas e infantiles en temas como la inmigración.

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Sobre la cuestión de los trabajadores americanos y Trump recomiendo estos dos artículos. Están publicados en eldiario.es, uno de los digitales de la izquierda infantil e inmadura pero que, en este caso, ha publicado recientemente dos magníficos artículos que se salen de la tónica general al abordar este asunto (por supuesto, los autores no son españoles).

Ambos desmienten algunos mitos que la izquierda neoprogre y pro-establishment (la “clintonita”, para entendernos) ha difundido sobre los trabajadores blancos norteamericanos, en el sentido de pintarlos como una especie de paletos racistas y xenófobos que van a apoyar por eso a Trump. Cosa que no es cierto y es una simplificación estúpida. Muchísimos de ellos son progresistas, en el buen sentido del término, y, al principio, a quien apoyaban era a Bernie Sanders. A muchos ni se les pasa por la cabeza apoyar a Trump, pero tampoco lo han hecho con Clinton, y, claro, esto último los ha convertido poco menos que en anatema para los neoprogres de salón (en los últimos días hasta he leído artículos dando a entender que si no apoyas a Clinton es porque eres “machista”). Estos neoprogres son cómplices de los neoliberales, presentando a los trabajadores blancos como si acaso fueran un grupo monolítico y pretendiendo inculcar el mensaje nocivo de que son unos “idiotas peligrosos”.

Posteado por: Javier | noviembre 4, 2016

¿A quién votarías en Estados Unidos?

Aquí os dejo una encuesta, para distraernos un poco y para ver a quién preferirían mis lectores… si fueran norteamericanos (también he añadido la opción de a ninguno). A mí personalmente, ambos me parecen, por motivos distintos cada uno, los dos peores candidatos que se hayan presentado a competir en unas elecciones en EEUU, desde luego, que yo sepa desde que tengo uso de razón, aunque Clinton me parezca aún peor que Trump. De todas formas, siéntase cada cual libre de votar a uno u otro en la encuesta, si alguno de los dos es de su agrado, o incluso le gusta mucho, a ninguno o a quien le de la real gana.

trump-clinton

El sistema electoral para las presidenciales en EEUU no es demasiado complicado. El Presidente no se elige por el resultado en voto popular. Los candidatos compiten en casi todos los estados (menos en Maine y Nebraska) por quedarse con todos los votos electorales allí (los conocidos como “votos del Colegio Electoral”). Por ejemplo, si Clinton gana en California, pues todos los votos electorales de California directos a su buchaca (que, por otro lado, es lo más probable que ocurra en ese estado). Si Trump hace lo propio en Texas (algo asegurado casi al 100%), se queda con todos los votos electorales de Texas. Cada estado tiene un número de votos electorales equivalente a su representación en el Congreso. Por ejemplo, California tiene 2 Senadores en el Senado, como todos los estados, y 53 Representantes en la Cámara de Representantes. Por tanto, tiene 55 votos electorales para el Presidente dentro del Colegio Electoral. La suma de los votos electorales de todos los estados es 538. Para ganar la elección un candidato tiene que igualar o superar los 270 votos. Puede darse el caso de que un candidato gane en voto popular pero pierda en votos del colegio electoral y no sea elegido presidente. Si hay empate a 270 votos electorales, el presidente será elegido por el Congreso con un voto por cada estado. Con lo que el elegido sería Trump, puesto que los republicanos dominan más estados, aunque sean más pequeños.

Evidentemente, habrá siempre estados claramente azules (demócratas) y rojos (republicanos). Ahí se da el caso de que, recíprocamente, unos y otros no gastan demasiadas fuerzas ni dinero pues casi todo el pescado está vendido. Es decir, por ejemplo, los republicanos en las presidenciales no hacen demasiada campaña ni en Texas ni en California pues en el primero tienen casi asegurados los votos del Colegio Electoral mientras que en el segundo es casi imposible que los consigan (una excepción fue Ronald Reagan en 1984, quien ganó en todos los estados menos en Minnesota, obteniendo 525 votos electorales por los únicamente 13 de Walter Mondale). Todos sus esfuerzos los concentrarán en los estados indecisos y dentro de estos hay dos clave, que son Florida y Ohio. Si Trump no gana estos dos estados, puede despedirse de sus posibilidades. Hasta que llegó el nuevo destape por el FBI del asunto de los correos electrónicos de Hillary Clinton, ella parecía la ganadora segura, pero ahora está todo mucho más en el alero.

Para quien no esté muy enterado del tema, la historia esta de los correos destapados por el FBI consiste en que Hillary Clinton, mientras era secretaria de Estado, utilizó su cuenta personal de correo electrónico y no la oficial, en teoría mejor protegida. Si en ese “descuido”, como ella lo ha calificado, se han enviado secretos de Estado que podrían poner en peligro la seguridad nacional, habría cometido un delito federal que la inhabilitaría para ser presidenta. Y no hay duda de que si los republicanos siguen controlando la Cámara de Representantes después del martes, aunque Clinton sea elegida presidenta lo va a tener muy crudo con este tema, puesto que, dependiendo de la gravedad de lo que salga a la luz, podrían hasta llegar a plantear su destitución. No se sabe si se enviaron documentos secretos por ese canal porque Hillary borró miles de esos correos. Wikileaks los ha estado filtrando durante las últimas semanas de campaña. Los demócratas acusan de estar detrás a hackers rusos al servicio de Putin para tratar de beneficiar a Trump y al director del FBI, James Comey, poco menos que de una manipulación electoral.

Para Trump esto ha sido un balón de oxígeno, después de que la salida a la luz de una grabación del año 2005 en las que se vanagloriaba de sus artes en el acoso sexual le hubiera dejado prácticamente desahuciado (bochornosa la campaña pro-Hillary de la mayoría de medios de comunicación, cuando a la muy hipócrita no le importó que el salido de su marido convirtiera el Despacho Oval en un puticlub, e incluso llegó a amenazar a las mujeres víctimas de los abusos de Bill que sacaran esto a la luz pública). Donald Trump sería algo así como un bufón consumado. No son pocos los que han apuntado que el “imperio Trump” tiene toda la pinta de ser una burbuja sostenida en la deuda (Trump decía tener 3000 millones de dólares en 1990, cuando la realidad es que estaba en números rojos), por eso es tan aficionado al lujo hortera, no hay más que ver su apartamento de tres plantas en la Trump Tower, el tipo necesita mantener como sea la imagen de “triunfador” que ha vendido, cuando lo cierto es que parece que nunca ha sido capaz de aumentar el patrimonio familiar que heredó, sólo llevarlo a la quiebra varias veces o, como mucho, mantenerlo. En eso sí es cierto que tuvo bastante razón Michael Bloomberg en sus críticas a Trump el pasado verano: “A lo largo de su carrera, Trump ha dejado atrás un historial bien documentado de bancarrotas, miles de pleitos, accionistas enfadados, proveedores que se sienten estafados y clientes desilusionados que se sienten robados. Dice que quiere gobernar este país como sus negocios. Dios nos ayude […] La mayoría de quienes tenemos nuestros nombres en la puerta sabemos que solo somos tan buenos como lo es nuestra palabra, pero no Donald Trump […] Soy neoyorquino, y los neoyorquinos reconocen a un timador cuando lo ven”. Es un putero profesional, un charlatán y el payaso más rico del mundo. Trump dice que castigará a los empresarios que se muden a México o a China, pero la ropa que él mismo vende viene de esos mismos países y hasta de algunos como Bangladesh, donde se producen en factorías con trabajadores prácticamente esclavos. Trump dice que quiere generar empleo para los americanos, pero se aprovecha del sistema de visados en EEUU para poder contratar a trabajadores temporales extranjeros a sueldos tercermundistas. La propia Trump Tower se construyó empleando a sin papeles que dormían en las obras y cobraban en negro cinco dólares la hora. Lo siento por quien se crea una sóla palabra de un sujeto que tiene una relación tan conflictiva con la verdad como Trump, pero eres un IMBÉCIL si estás entre esos.

Digamos que no apoyo a ninguno de los dos pero no quiero que gane la corrupta e hipócrita de Hillary. Entiéndalo e interprételo cada cual como quiera.

Posteado por: Javier | octubre 31, 2016

Hoy, DÍA DE LA REFORMA, no de Halloween

No voy a seguir insistiendo más en lo que he dicho tantas veces, yo hoy no celebro nada de eso del Halloween, ese festival introducido por emigrantes irlandeses en EEUU a finales del siglo XIX, y que antes era totalmente extraño a la gran república anglo-protestante, una especie de adaptación sincrética de los macabros rituales paganos de los druidas celtas al catolicismo que estos irlandeses traían bajo el brazo al arribar a las costas norteamericanas, convertido ahora, por distintos intereses comercialoides, en una celebración de lo más hortera. Aunque aquí en España todo el mundo se toma estas cosas a pitorreo (el españolito medio es que no da para más), en EEUU muchos aprovechan esta noche para cometer actos oscuros y de maldad.

Lo que sí es de celebrar es el aniversario de la GRAN REFORMA PROTESTANTE. Hoy hace 499 años desde que Martín Lutero clavó sus famosas 95 tesis en la Iglesia del Palacio de Wittenberg. En aquel palacio se guardaba una de las colecciones individuales de reliquias supersticiosas católicas más grandes de Europa, acumuladas por Federico III de Sajonia. Hacia 1509, Federico llegó a poseer alrededor de 5.005 piezas, incluyendo varios frascos con supuesta la leche de la Virgen María, la supuesta paja del pesebre donde nació Jesús, y el supuesto cadáver entero de uno de los inocentes masacrados por orden de Herodes el Grande. Estas reliquias eran mantenidas en relicarios (recipientes artísticos, labrados, sobre todo, en plata dorada) y exhibidos una vez al año para que los fieles las contemplasen y venerasen y así “ganar el perdón de los pecados”. En 1509, cada devoto visitante que hizo alguna donación para el mantenimiento de la Iglesia del Palacio recibió una indulgencia de cien días por cada reliquia. Antes de 1520, la colección de reliquias había aumentado hasta las 19.013 piezas, lo que permitía a los devotos peregrinos que donaran a la Iglesia del Palacio recibir una indulgencia que, según la creencia, reduciría su tiempo en el purgatorio hasta un millón novecientos mil días.

El acto de Lutero de clavar sus 95 tesis, sin embargo, no iba dirigido inicialmente contra esta colección, sino en respuesta a la venta de indulgencias por parte de Johann Tetzel, un dominico comisionado para ello por el Arzobispo de Mainz y por el Papa León X y más que un acto de rebeldía era una invitación al debate en el seno de la Iglesia. El propósito de Tetzel con la venta de indulgencias era desarrollar una campaña de recolección de fondos para financiar la renovación de la Basílica de San Pedro en Roma, y aunque el príncipe de Sajonia, y el príncipe del territorio vecino, Jorge el Barbado, duque de Sajonia, prohibieron la venta en sus dominios, feligreses de Lutero viajaron para comprarlas. Cuando estos creyentes venían luego a confesión, presentaban las indulgencias plenarias que habían adquirido, demandando que ya no necesitaban arrepentirse de sus pecados, puesto que el documento prometía perdón para todos ellos y más.

La acción de Lutero, por otra parte, estaba llena de una gran ingenuidad. Su primera reacción fue pensar “¿Y el Papa sabe esto?”. Estaba convencido de que León X no tenía conocimiento del proceder de Tetzel y, es más, que, de saberlo, lo condenaría. Creía que aquello era únicamente una cuestión de corrupción en estratos intermedios de la jerarquía de la Iglesia. Para comprobar la inocencia de Lutero, quien aún se consideraba por aquellos tiempos un fiel hijo de la Iglesia Católica Romana, no hay más que leer sus propias palabras: “Hay que enseñar a los cristianos que si el Papa supiera las exacciones cometidas por los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de san Pedro se viera reducida a cenizas antes que levantarla con el pellejo, la carne y los huesos de sus ovejas. Hay que enseñar a los cristianos que el Papa, como es natural, estaría dispuesto, aunque para ello tuviera que vender la basílica de san Pedro, a dar de su propio dinero a aquellos a los que se lo sacan algunos predicadores de indulgencias”. Dos años antes, en 1515, había hecho el descubrimiento que le dio la paz espiritual que llevaba años buscando, la comprensión del versículo 17 del capítulo primero de la Carta del Apóstol Pablo a los Romanos: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. El justo no lo es a través de las propias obras, sino que se es justo porque Dios imputa esa justicia mediante la fe en Jesucristo.

Sea como fuere, aunque Lutero no buscaba eso inicialmente, aquello fue el inicio de la Reforma. Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Mainz, al Papa y a algunas universidades. Pronto fueron impresas y, antes de 1518, ya habían sido extensamente leídas por toda Europa. León X, vacilante en un principio, condenó finalmente las tesis mediante la bula “Exsurge Domine”, exigiéndo a Lutero que se retractara, al menos de 41 de ellas, sin éxito alguno, pues este se negó publicamente a hacerlo en la Dieta de Worms, durante su comparecencia del 16 al 18 de abril de 1521: “A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes -ya que no confío en el Papa, ní en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradecido- me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén”. Lutero rechazaba formalmente la interpretación de la Biblia bajo las directrices de la Iglesia, así como el carácter revelado de la Tradición.

El 25 de mayo de ese año se publicaba el Edicto de Worms, en el que se catalogaba a Lutero como delincuente, se prohibía la posesión y lectura de sus escritos y se autorizaba a cualquiera a matarlo. A fin de protegerlo, el príncipe Federico de Sajonia lo apresó en el camino de regreso y lo escondió en el Castillo de Wartburg, donde inició su traducción de la Biblia al alemán. El apoyo popular a Lutero hizo que el Edicto quedase virtualmente sin efecto. Se inició así un proceso que, desde el punto de vista católico está claro que fue un proceso que hizo perder a la Iglesia de Roma la mitad del continente europeo, pero que, sin embargo, fue el comienzo de un regreso al cristianismo bíblico y a una liberación espiritual que cambió muy beneficiosamente el mundo.

No hay ninguna duda de que el pensamiento liberal y la modernidad tuvieron en la reforma protestante uno de sus antecedentes. La ruptura de la unidad religiosa anterior, supeditada a una única instancia totalmente jerarquizada y siendo la única legitimada para la lectura e interpretación de las Sagradas Escrituras, pasando al libre examen de las mismas por parte de los fieles, que arrancó con Martín Lutero y continuó, muy especialmente, con Juan Calvino, llevó a una ola de pluralismo religioso y político que se expandió por el norte de Europa, las islas británicas y Norteamérica, tras la llegada de los puritanos a mediados del siglo XVII, nunca vista antes en el mundo occidental.

Seas o no creyente, es un día para celebrar el origen de gran parte de las libertades que se fueron conquistando en los siglos siguientes.

Posteado por: Javier | agosto 29, 2016

Sobre el dichoso “burkini”

El pasado viernes, el Consejo de Estado francés suspendió la prohibición del ayuntamiento de la localidad de Villeneuve-Loubet sobre el uso de la ya polémica prenda de baño que ha venido en llamarse comúnmente como “burkini”, destinada teóricamente a que las mujeres musulmanas que no quieran mostrar su cuerpo puedan darse un baño en las playas embutidas en este bañador integral. Es obvio que esta prohibición se produjo como una reacción a la amenaza yihadísta que sufre Francia y ya en los últimos meses en las playas de ciudades como Niza o Cannes habíamos visto imágenes de policías multando a mujeres y obligandolas a quitarse este tipo de trajes.

Como suele ocurrir cada vez que se monta una polémica sobre costumbres supuestamente musulmanas, particularmente las relacionadas con la indumentaria femenina, importadas al suelo europeo (supuestas puesto que no todas lo son estrictamente: unas son anteriores al Islam y otras se han conformado mediante numerosos sincretismos culturales), siempre se producen dos respuestas bien definidas. Una es la de la extrema derecha neocruzada, populista y xenófoba, con un discurso muy sencillo, nítido, contundente y que cala muy bien en un sector importante de la población: hay que prohibir todo esto, sin que les importe demasiado (o nada) la cuestión el machismo que haya tras ellas, y señalando al inmigrante musulmán como enemigo a batir y como causa de todos los males habidos y por haber, desde el paro hasta la delincuencia. Para ellos, digamos que esta cuestión es una forma de instigar el odio racista camuflándolo de preocupación por las clases populares de sus países. Luego está la de los neoliberales: libertad de movimiento de capitales y personas y defensa a ultranza de la libertad individual para que una mujer pueda decidir si llevar o no burkini, burka o niqab. No debe extrañarnos este relativismo puesto que lo que estos sinvergüenzas quieren es un mundo donde sus empresas amiguitas puedan importar cuando así lo deseen varios miles de trabajadores de países menos desarrollados que acepten trabajar por sueldos y bajo condiciones que nunca aceptarían los autóctonos, en el que los capitales se muevan libremente fuera de cualquier vigilancia y fiscalización “estatista” y en el que los dueños de esos capitales puedan cruzar tranquilamente de un país a otro operando como les dé la real gana, con lo que crear pequeños guetos de inmigrantes no es un problema serio para ellos.

Y, haciendo el caldo gordo a los neoliberales, tenemos a la actual izquierda neoprogre y postmodernista. Estos últimos, no podía ser menos, son mucho menos coherentes en su respuesta que los dos anteriores. Pretendiendo contrarrestar el racismo de los neocruzados, y, en parte, también por su idea postmodernista de que los musulmanes son uno de los colectivos “oprimidos” y necesitados de una “protección” superior a otros, caen en la ridiculez de terminar defendiendo costumbres retrogradas. Es decir, no defendiendo el que se puedan practicar las que sean compatibles con las leyes y el orden público, no, no, las propias costumbres en sí mismas. Por ejemplo, con tal de defender como algo “bueno” el que una mujer tenga que ir por narices, por prescripción de algún imán, casi completamente tapada por la calle, es una situación que llegan a compararla con los hábitos que llevan las monjas católicas. Yo no es que sea un simpatizante de la Iglesia Católica, ni muchísimo menos, pero, por favor, ¡un poquito de seriedad en los argumentos!

A ver, es cierto que ni los inmigrantes ni los musulmanes son enemigos en el sentido que los neocruzados quieren hacernos ver. Pero eso no quiere decir que la inmigración (y especialmente cierto tipo de inmigración) no haya generado algunos conflictos culturales en los países europeos, que requieren una respuesta alternativa a la de los neocruzados o la de los neoliberales. El problema de lo que están haciendo algunos ayuntamientos franceses con las prendas de baño “islámicas” no sólo es que sea una norma “ad hoc”, sino que se trata de una reacción visceral que nada aporta a la dignificación de las mujeres (si eso es lo que se pretende) y menos aún a luchar contra el terrorismo. El remedio se puede decir que es peor que la enfermedad en estos casos.

Primero de todo habría que distinguir qué es cada una de estas prendas y lo que representa en cada contexto, que es lo que se echa en falta, pues hay muchísima confusión. No es lo mismo un hiyab (que es el típico velo de identidad cultural islámica que cubre cabeza y pecho y que puede ser llevado por mujeres vestidas con falda corta o vaqueros ajustados, o vestidas con chilabas, túnicas o vestidos recatados, normalmente usado por decisión femenina en reivindicación de su cultura musulmana), que el burka (que es propio de Afganistán y que cubre el cuerpo entero y que se acompaña de guantes para las manos y que cubre los ojos con una rejilla), que el niqab (como el burka, solo que con una ranura sin rejilla), que el chador iraní (que cubre todo el cuerpo menos el rostro). El uso de estas prendas no es tanto una prescripción del Corán como sí interpretaciones interesadas de ciertos clérigos que han ido extendiéndose por el mundo islámico (de hecho, en los países musulmanes que han tenido sistemas más laicos las mujeres han tenido la posibilidad de no llevarlas), o a veces se ha debido a factores histórico-culturales. El burka y el niqab eran preislámicos, se usaban en Afganistán desde antes de la llegada del Islam, como protección corporal en el desierto y por los aristócratas que pensaban que las clases más pobres no tenían derecho a ver el cuerpo de sus mujeres, fundamentalmente por la étnia de los pastunes. Los talibanes, que son de étnia pastún, lo impusieron a todas las mujeres cuando tomaron el poder en Kabul en 1996, es decir, es una prenda que hasta entonces había sido extraña salvo para una pequeñísima minoría de musulmanes. Y de cuya existencia se puede decir que nosotros mismos empezamos a enterarnos tras el 11-S, cuando Afganistán pasó a la primera plana informativa con los bombardeos norteamericanos contra el régimen talibán.

Viene a cuento todo este relato porque, siendo cierto que hay que defender el derecho a que cada cual desarrolle libremente su propia personalidad (a través de la manera de vestir, entre otras cosas) tampoco hay que caer en el buenismo ingenuo. El hiyab en principio sí parece un elemento cultural o de identidad. El caso del burka o el niqab es muchísimo más dudoso, puesto que su uso generalizado no es algo que obedezca a un desarrollo cultural espontáneo, sino más bien a imposiciones de algunos grupos en sus países de origen. Es un problema todo esto mucho más complejo y profundo que el que unas cuantas mujeres usen “burkini” (que, más bien, debería llamarse en todo caso “chadorkini”) y con soluciones más lentas y progresivas que multar a las mujeres que lo lleven o que unos policías den el espectáculo televisivo de obligar a desvestirse a una mujer que no representa ningún peligro. Apartar a los musulmanes que viven en Europa de las actitudes más radicales que conducen a que haya muchos de ellos que obliguen a sus mujeres a llevar contra su voluntad ese tipo de prendas es un proceso más sutil, no se soluciona reprimiendo a las mismas mujeres a las que se dice estar protegiendo, lo cual es la solución facilona y populista.

Un buen primer paso sería cortar toda la infiltración de Arabia Saudí y otras petromonarquías corruptas del Golfo Pérsico, como es el caso de Qatar, uno de cuyos medios es la promoción exterior, entre las comunidades musulmanas de Europa, de costumbres supuestamente islámicas, pero que en realidad no son más que productos de los teólogos wahabitas más radicales. Nunca me cansaré de repetir que el problema fundamental con el Islam (que difícilmente se pueda decir que sea “el Islam”, sino que hay múltiples islames) es más concretamente con la secta wahabita, una rama herética muy extremista y violenta que toma los textos coránicos en su literalidad, sin admitir ninguna interpretación, y que considera infieles y apóstatas a todas las demás ramas del Islam, de ahí la cantidad de víctimas que provocan a diario en países musulmanes. Lo jodido es que su expansión se ha producido de la mano de la rica financiación petrolera saudita. Durante casi 1500 años, en el mundo musulmán se han desarrollado múltiples identidades dependientes sobre todo de la región y la época en que surgiesen, pero, en pleno siglo XXI, la saudita del wahabismo no sólo ha llegado a Europa sino también a los países que llevan siglos siendo musulmanes, prácticamente reemplazando en la conciencia pública cualquier otra forma de manifestación del Islam por esta ideología wahabita radical. Hasta el punto de que, cada vez más, Islam se identifica con wahabita. Pero muchas de sus doctrinas que ahora se presentan como “islámicas” en realidad fueron desconocidas para muchos musulmanes durante siglos, como el caso de la prohibición de las esculturas o las pinturas. Esa prohibición nunca formó parte del Islam (incluso se representaba a Mahoma), fue una innovación wahabita. La prueba es que en un país como Irán el patrimonio escultórico de los persas nunca ha estado en peligro.

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Sobre este tema del velo y demás prendas pretendidamente musulmanas, y la condescendencia de la izquierda buenista y postmodernista con la imposición de las mismas, no puede ser más interesante esta entrevista publicada en la revista Contexto y Acción:

“La izquierda postlaica tiene miedo de que la tachen de islamófoba”

Maryam Namazie entrevistó va para dos años a la feminista socialista y reconocida luchadora laicista argelina Marieme-Hélie Lucas, de quien publicamos [en www.sinpermiso.info] la semana pasada una enjundiosa denuncia del silencio negacionista de ciertas izquierdas postlaicas europeas ante los ataques machistas fundamentalistas registrados simultáneamente en la Nochevieja de 2015 en al menos 10 ciudades europeas –señaladamente en Colonia– de 5 países distintos.

Aprovechando el amplio eco que tuvo ese texto, reproducimos ahora una larga entrevista en profundidad concedida por Marieme-Hélie (en otoño de 2013) a la periodista Maryam Namazie sobre el significado profundo del laicismo republicano, sobre la estupefaciente degeneración de ciertas izquierdas postlaicas europeas y sobre la incapacidad de las mismas para enfrentarse políticamente a la extrema derecha fundamentalista musulmana en auge, y así, también, trágicamente, a la extrema derecha xenófoba tradicional. Tal vez valga la pena recordar el contexto en que se realizó la entrevista con Marieme-Hélie: no mucho después de que el pos-trotskismo francés presentara electoralmente a una candidata vistosamente ataviada con “velo islámico”, o cuando sus homólogos catalanes, rizando aún más si cabe el rizo, se declaraban ardientes seguidores postlaicos de una mediática monja posmoderna y antivacunas.

Maryam Namazie: Las limitaciones al uso del velo en las escuelas y la prohibición general del burka y del nikab se ven a menudo como medidas autoritarias. ¿Qué piensa usted al respecto?
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Marieme-Hélie Lucas: Resulta útil, por lo pronto, no mezclar las dos cosas: la de las niñas con velo en las escuelas y la de la prohibición de cubrirse el rostro. Las contestaré como dos cuestiones separadas.
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Cuando hablamos de velos en las escuelas, estamos hablando automáticamente de velos impuestos a niñas, no de velos de mujeres. La cuestión, entonces, es: ¿quién decide sobre esos velos, las mismas niñas o los adultos a cargo de ellas? ¿Y qué adultos? Yo sólo conozco un libro que trate este tema. Es un panfleto titulado ¡Abajo los velos! (escrito por Chahdortt Djavann y publicado por Gallimard, París, 2003). La autora es una mujer iraní exilada en París en la época en que la Comisión Stasi francesa estaba reuniendo testimonios de mujeres (y de varones) afectadas antes de adoptar la nueva ley sobre símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas. La autora sostiene que el daño psicológico infligido a las niñas que van con velo es inmenso, al hacerlas responsables desde muy temprana edad de la excitación masculina. Este asunto requiere consideración especial, habida cuenta de la nueva tendencia a poner velo a niñas de hasta 5 años, según se ve en las numerosas campañas en curso en toda Norteamérica. La autora explica que el cuerpo de la niña pasa a convertirse de esta guisa en objeto de fitnah (seducción o fuente de desorden), lo que significa que no pueden mirarlo o pensar en él de manera positiva. Esa práctica construye así niñas que temen, desconfían y sienten disgusto y aun angustia en relación con sus propios cuerpos. A edad tan temprana, las niñas no tienen forma de resistir por sí mismas a ese troquelamiento; quedan totalmente a merced de hombres anti-mujeres. Las mujeres  que han crecido con este daño psicológico necesitarán probablemente mucha ayuda hasta ser capaces de reconsiderarse a sí mismas y a sus cuerpos de manera más positiva, de reconstruir la imagen de sí propias, de conquistar su autonomía corporal, de abandonar los sentimientos de culpa y de miedo y devolver a los varones la responsabilidad de los actos sexuales por ellos cometidos. Yo creo que sería muy útil que las mujeres que investigan estas cosas se interesaran por el daño psicológico infligido a las niñas a las que se obliga a ir con velo desde edad muy temprana.
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Bien; ahora está la cuestión de quién es el “adulto” a cargo de la protección de los derechos de las niñas. El Estado juega ya este papel en numerosas ocasiones: cuando, por ejemplo, impide que las familias procedan a la ablación de clítoris de las niñas, o cuando prohíbe los matrimonios forzados. ¿Por qué no debería asumir también su responsabilidad y prevenir ese daño psicológico profundo causado por llevar velo antes de llegar a la edad adulta? ¿Por qué debería verse como una intromisión autoritaria del Estado la prohibición del uso del velo en la infancia, y no la prohibición de la ablación de clítoris?
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Es interesante recordar que grupos de izquierdistas y (¡ay!) feministas llegaron a defender en Europa y Norteamérica “el derecho a la ablación de clítoris” en los 70 como un “derecho cultural”, denunciando los intentos del “imperialismo occidental” de erradicar esa práctica en Europa. Jamás se molestaron en hacer la menor mención a las luchas de las mujeres directamente comprometidas con su erradicación en aquellas (muy limitadas) partes de África en que la practicaban, a la par, animistas, cristianos y musulmanes.
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Ahora vemos el mismo patrón aplicado al “derecho al velo”, a pesar de que muchos intérpretes progresistas de El Corán han dejado dicho por activa y por pasiva que ni siquiera se trata de un mandamiento islámico.
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Lo que a mí me deja estupefacta es el desbalance en el tratamiento del “autoritarismo” por parte de grupos izquierdistas y de la comunidad de derechos humanos en Europa y Norteamérica. Millones de mujeres en enclaves predominantemente musulmanes han sido asesinadas por defender su derecho a NO llevar velo. Precisamente estos días una valiente mujer sudanesa ha comparecido ante un tribunal de justicia con esta declaración: “Soy sudanesa. Soy musulmana. Y no estoy dispuesta a cubrirme la cabeza”. Arriesga prisión y latigazos. Hasta ahora, no se asesina a las mujeres en Europa ni en Norteamérica por llevar velo, aunque es verdad que de vez en cuando son atacadas verbalmente por individuos racistas de extrema derecha, los cuales, a su vez –merece destacarse el hecho–, son normalmente puestos a disposición de la justicia y condenados, como debe ser.
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A mí me gustaría que la vociferante defensa de la “elección” de las mujeres con velo y del “derecho al velo” por parte de “gentes progresistas” anduviera a la par con su defensa de las mujeres masacradas por no llevar velo. Pero lo que, en cambio, vemos esconderse tras la defensa unilateral de los derechos humanos de las mujeres con velo por parte de la izquierda postlaica y de la comunidad de derechos humanos  en Europa y en Norteamérica es, de hecho, una posición claramente política. Los pretendidos “progresistas” han optado por defender a los fundamentalistas como víctimas del imperialismo estadounidense antes que a las víctimas de esos fundamentalistas, es decir, entre otras, a los millones de mujeres sin velo que han resistido a las imposiciones de sus victimarios, así como a los millones de laicos, agnósticos, ateos, etc., a quienes se ha abandonado a su suerte como a “occidentalizados”, o aun como “aliados del imperialismo”! La historia juzgará esa miope opción política de modo no menos inmisericorde a como ha juzgado la cobardía de los países europeos en el arranque del nazismo en Alemania.
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En lo que hace a su pregunta, yo sólo puedo hablar desde mi perspectiva de mujer argelina que vivió en Francia en la época del debate sobre las dos leyes francesas a las que se ha reprochado en todo el mundo un supuesto sesgo anti-islámico: la ley sobre velos en las escuelas y la ley que prohibía cubrirse el rostro. Se trata, como he dicho antes, de dos asuntos distintos, y en Francia se trataron distinta y separadamente.
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La prohibición de los símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas se hace en nombre del laicismo, mientras que la prohibición de cubrirse el rostro se hace en nombre de la seguridad. Se ha añadido el burka a otras formas de ocultación del rostro, como las máscaras (fuera de carnavales) o los cascos integrales de motos (cuando no se conduce), puesto que todos esos adminículos suelen usarse para proteger la identidad de alborotadores o “terroristas”. (Como argelina lo suficientemente vieja para haber vivido la Batalla de Argel durante la lucha de liberación contra el colonialismo francés, sé de cierto que los velos se usaban –tanto hombres como mujeres– para llevar armas y bombas de un sitio para otro; de modo que no me sorprende que los velos que cubren completamente el rostro se añadan a la lista de indumentarias prohibidas.)
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En lo tocante a los velos en las escuelas, la situación en Francia es completamente distinta a la de Gran Bretaña. Francia es un país laico desde que la Revolución Francesa sustrajo el nuevo Estado laico a la influencia política de la Iglesia. Las leyes laicas que instituyeron esa separación datan de 1905 y 1906, mucho antes de la oleada migratoria procedente de países mayoritariamente musulmanes. El artículo 1 de la Ley de 1906 garantiza la libertad de fe y de culto. El artículo 2 de la misma ley declara que, más allá de esa garantía de derechos individuales fundamentales, el Estado laico no tendrá nada que ver con la religión ni con sus representantes. El Estado laico no reconocerá a las iglesias, ni las financiará. En palabras de un analista contemporáneo del laicismo, Henri Peña Ruiz, el Estado se declara a sí mismo “incompetente en materia religiosa”. Las creencias se convierten en un asunto privado, y las religiones establecidas (en la época, sobre todo, la Iglesia Católica) pierden todo poder sobre el Estado. El Estado laico simplemente las ignorará como entidades políticas. Los ciudadanos son los únicos socios reconocidos por el Estado a través de los procesos de las elecciones democráticas.
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Una consecuencia de esta definición del laicismo como separación de Estado y religión es que, desde 1906, la exhibición de “cualquier símbolo” de afiliación religiosa o política queda prohibida exclusivamente en dos situaciones específicas: para profesores y alumnos de las escuelas públicas primarias y secundarias del Estado laico (es decir, para niños y adolescentes, lo que no incluye a las universidades, en donde los estudiantes son adultos y pueden llevar un velo), así como para funcionarios en contacto con el público.
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La justificación de eso es que los niños van a las escuelas de la República Laica (en la que la educación es totalmente gratuita) para ser educados como ciudadanos franceses libres e iguales, y no como representantes de alguna comunidad específica. La educación como ciudadanos iguales es un poderoso instrumento contra el comunitarismo y las específicas particularidades divisorias que conducen a derechos legales desiguales en un país dado, como ocurre en Gran Bretaña, por ejemplo, con los llamados “tribunales de sharía”, verdaderos sistemas legales paralelos en asuntos de familia.
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Análogamente, los funcionarios que están en contacto con el público tienen que desarrollar sus obligaciones en tanto que representantes de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su ascendencia étnica o religiosa, razón por la cual se les exige no exhibir símbolo alguno de afiliación en el horario en que ejercen como representantes de la República Laica.
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Algo totalmente distinto de lo que ocurre, pongamos por caso, en las comisarías de policía británicas, en donde uno puede exigir ser atendido por un policía de su propio culto o de su propio grupo étnico, como si no pudiera formarse a funcionarios libres de sesgos y éstos se debieran ineluctable y necesariamente a su “comunidad”, antes que a sus conciudadanos.
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Así pues, en resolución, es en nombre del laicismo que el velo fue puesto fuera de la ley en las escuelas públicas laicas y entre funcionarios públicos en Francia desde hace más de un siglo, al igual que las cruces y las kipás. Resulta interesante observar el énfasis que los medios de comunicación ponen en el velo, y no en las cruces o en las kipás. ¿Por qué? ¿Y quién se halla detrás de esa jerarquía? Lo que enmarañó este asunto fue que el derechista presidente Sarkozy hizo aprobar la nueva ley en 2004 buscando congraciar con su candidatura a la extrema derecha xenófoba. No había la menor necesidad de esta nueva ley; bastaba con aplicar la de 1906.
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Las fuerzas de derecha y de extrema derecha en Francia jamás han dejado de atacar en el último siglo las leyes laicas de 1905-1906. Ahora han encontrado socios activos y poderosos en la extrema derecha fundamentalista musulmana, que también desea desmantelar el laicismo y regresar a la época en que las religiones tenían poder político y representación oficial. La cosa es clara: aunque luego llegarán a competir entre sí las distintas religiones, resultan ahora aliadas útiles en el propósito de erradicar el laicismo en Francia. ¡Basta observar cómo apoyan la Iglesia Católica y las autoridades religiosas judías prácticamente todas las exigencias de los fundamentalistas musulmanes!
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El asunto del velo en las escuelas primarias y secundarias francesas no es sino una de las muchas exigencias que sin desmayo plantean para desafiar en lo fundamental las leyes de la República Laica. ¿No es irónico que leyes aprobadas hace un siglo, en un tiempo en el que prácticamente no se registraba inmigración procedente de los países mayoritariamente musulmanes, pasen ahora en el mundo entero por leyes hostiles al Islam? Un buen indicio de la pericia de los fundamentalistas musulmanes como comunicadores mediáticos.
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Volviendo al asunto del velo y el burka en el Reino Unido, déjeme decirle que Gran Bretaña NO es un Estado laico. La Reina es la cabeza de la Iglesia Anglicana, así que la prohibición del burka o del nikab o, incluso, del pañuelo en la cabeza no puede buscarse en leyes laicas centenarias, ni considerarse indicio de su compromiso con una educación no confesional igualitaria y de calidad para todos los niños, como en el caso de Francia. (…)
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Maryam Namazie: ¿Qué pasa con el derecho de una mujer a elegir su forma de vestir? Algunos dirían que obligar a las mujeres a quitarse el velo viene a ser lo mismo que obligarlas a llevarlo.
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Marieme-Hélie Lucas: El debate está formulado en términos “occidentales”. Hasta donde yo sé, no se obliga a las mujeres en el contexto musulmán a NO llevar velo, y estamos hablando de la inmensa mayoría de las musulmanas en el mundo. En cambio, en la inmensa mayoría de los casos se ven obligadas a cubrirse de un modo u otro, a menudo por ley: y todavía no se ha oído una protesta a escala mundial contra esa situación.
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En vivo contraste con eso, oímos cada día un montón de voces sobre esas pobres mujeres “obligadas a quitarse el velo” en contextos no-musulmanes –señaladamente en Europa y en Norteamérica–, pero yo todavía no he visto ningún sitio en donde eso ocurra. Que yo sepa, en ningún sitio. Ya me refería antes a  limitaciones impuestas al uso del velo en Francia, bajo particulares condiciones.
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Por lo demás, hasta donde yo sé, cuando mujeres con velo son atacadas verbal o físicamente, hay tribunales para defenderlas contra cualquier forma de agresión.
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En lo que hace a hechos reales, el debate se reduce al derecho al velo en Europa y en Norteamérica, sin ninguna consideración por la resistencia al velo por doquier en el mundo entero, ni por las duras circunstancias que rodean a esa resistencia. Esa reducción me resulta manifiestamente inaceptable.
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Por un lado, hay millones de mujeres en todo el mundo obligadas a llevar velo que arriesgan su libertad y su vida cuando transgreden la orden. Quedan abandonadas a su suerte en nombre de pretendidos derechos “religiosos” y “culturales”, sin que que medie el menor análisis de las fuerzas políticas de extrema derecha que manipulan y secuestran cultura y religión en beneficio político propio bajo el pretexto “políticamente correcto” de que el imperialismo estadounidense abusó de la defensa de los derechos humanos de las mujeres para camuflar sus razones económicas e invadir Afganistán y de que los “blancos” son racistas.
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Por otro lado, hay mujeres de la diáspora en Europa y en Norteamérica, cuyo “derecho al velo” es defendido por una coalición políticamente correcta de la izquierda y las organizaciones de derechos humanos, una coalición que muestra escaso interés por el sinnúmero de casos de muchachas que tratan de escapar a la obligación de llevar velo. ¿No hay una perturbadora asimetría en esa elección política manifiestamente discriminatoria de los derechos que merecen defensa y los que no? ¿No podrían estos campeones de nuestros derechos aclararnos públicamente las razones que justifican su jerarquía de derechos?
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La cosa está clara: la cuestión aquí se reduce exclusivamente a defender el “derecho a elegir” de las mujeres que desean llevar velo en Europa y en Norteamérica, no el derecho a elegir de las mujeres que viven en África y en Asia. Y esta es una forma muy limitada y parcial de enfrentarse al problema, por decirlo suavemente. Porque implica hacer desaparecer a la inmensa mayoría de las mujeres afectadas.
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Sobre “elección” en general mucho han escrito ya feministas interesadas en el problema del grado de libertad que puede esperarse en situaciones en las que las mujeres carecen de toda voz, legal, cultural, religiosa o de otros tipos. Hace poco, un potente artículo académico escrito por  Anissa Helie y Mary Ashe, Multiculturalist Liberalism and Harms to Women: Looking Through the Issue of the Veil, concluía que :
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“Quienes defienden el velo a menudo insisten en un `derecho individual de la mujer a elegir´ (el velo)… Potenciadas por los teóricos del Islam radical (que usurpan el mantra de los partidarios del derecho de las mujeres al aborto), esas consignas pueden confundir a una izquierda occidental que, temerosa de ser considerada racista, cae en la trampa del relativismo cultural.”
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El número de mujeres asesinadas por los propios familiares y por grupos fundamentalistas armados, o encarceladas, o flageladas públicamente por los Estados fundamentalistas en nuestros distintos países en todos los continentes por la simple razón de no querer allanarse a la imposición del velo, debería, al final, contar más a los ojos de los defensores de los derechos humanos que las “quejas de las mujeres con velo” que de vez en cuando tienen que aguantar comentarios racistas en “Occidente”.
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¿Cómo puede alguien atreverse siquiera a comparar, por ejemplo, las 200.000 víctimas de la “década oscura” (los años 90 del siglo pasado) en Argelia, la inmensa mayoría de las cuales fueron mujeres asesinadas por grupos armados fundamentalistas, con un puñado de mujeres con velo verbalmente molestadas en París o en Londres? Sí, ¿¡cómo se puede!?
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Esa desigualdad de trato aceptada sólo muestra que para las organizaciones de derechos humanos y para las izquierdas europeas y norteamericanas, Occidente sigue siendo el centro del mundo y lo que allí ocurra, por menor y marginal que sea, tiene primacía sobre cualquier acúmulo de crímenes cometidos en otra parte.
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Me gustaría señalar un interesante punto ciego detectable en el análisis corriente entre las izquierdas y las organizaciones de derechos humanos, un punto ciego que permite o facilita esa operación de reducción del asunto a un problema de “elección individual”. Fíjese bien: el número de mujeres con velo en las calles de las capitales europeas ha crecido sólo en las últimas dos décadas de una manera constante y apreciable. Ese crecimiento no es proporcional a un significativo incremento de las poblaciones migrantes. Esas mujeres no visten ropas o trajes nacionales (incluyan o no cubrirse la cabeza), sino el velo saudita, que jamás había existido en ningún otro país. Hay un número creciente de mujeres que adoptan la forma más radical: no sólo cubrirse el pelo, sino todo el rostro.
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En vista de lo cual, ¿cómo puede verse este tipo de velo como un asunto cultural cuando, de hecho, lo que hace es erradicar todas las formas tradicionales de cubrirse la cabeza y todas las ropas y vestidos nacionales y regionales? ¿Cómo puede verse esa forma de velo como un asunto religioso, cuando todos los teólogos y académicos progresistas del Islam en todos los continentes han demostrado que el velo de las mujeres no es una prescripción religiosa, sino una práctica cultural circunscrita al Oriente Próximo y valedera también para los varones por su buena adaptación al clima y, por lo mismo, común a todos los grupos religiosos, como prueba abundantemente la iconografía cristiana que representa a la Virgen María y a todas las mujeres de la historia sagrada que compartieron la vida de Cristo, así como a todas las mujeres judías de su época, con velo?
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¿Por qué no se levantan en defensa de todas las culturas ahora amenazadas por la difusión a escala mundial de esta nueva cepa de código indumentario? ¿Es que no pueden ver el vínculo entre la propagación del velo saudita y la financiación saudita del grueso de las mezquitas y organizaciones religiosas que han venido proliferando en las principales ciudades de Europa? ¿Cómo es posible que no vean en esa forma de velo una bandera del fundamentalismo político? ¿Cómo no asocian su propagación a otras actividades políticas del imperialismo de Arabia Saudita (y de Qatar)? ¿Cómo es posible tamaña incapacidad para proceder a un análisis político de esta súbita explosión del número de mujeres con velo en la diáspora? ¿Cómo pueden reducir eso a una “opción individual elegida” por mujeres individuales, a la vista de un fenómeno tan repentino e inopinado como masivo?
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Si, pongamos por caso, se diera una súbita propagación de hábitos y tocas de monja simultáneamente en Italia, Francia, España, Filipinas y América Latina, y si las mujeres católicas en números apreciables afirmaran agresivamente su derecho a vestirse como “verdaderas católicas” (una invención moderna que sería cuestionada por respetados teólogos cristianos, lo mismo que el velo es cuestionado por muchos teólogos musulmanes progresistas y académicos del Islam, a los que, dicho sea de paso, jamás citan ni la izquierda postlaica ni los defensores occidentales de los derechos humanos para defender a las mujeres sin velo frente a los movimientos políticos de extrema derecha que andan por detrás de este revival supuestamente religioso); si eso sucediera, digo, ¿no señalaría al punto la izquierda a los movimientos políticos de extrema derecha agazapados detrás de ese revival supuestamente religioso? ¿No lo analizaría esa izquierda en términos políticos, no religiosos, y no lo denunciaría?
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Si hubiera rumores o ejemplos de mujeres católicas “impropiamente” vestidas forzadas a llevar tocas de monja, o azotadas o recluidas a la fuerza o asesinadas, ¿no empezarían las organizaciones de derechos humanos a preocuparse por ese asunto? ¿No defenderían a las víctimas? ¿No denunciarían todo eso como violaciones flagrantes de los derechos humanos? ¿O seguirían acaso todas estas fuerzas supuestamente progresistas haciendo la vista gorda a esas violaciones de los derechos humanos y prestando oídos sordos a los gritos de socorro de las víctimas? ¿Se centrarían en el “derecho al velo” de las mujeres católicas?
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Para mí está meridianamente claro que, al respaldar las exigencias de los fundamentalistas sobre las mujeres, sin molestarse siquiera en contrastar sus mentiras más manifiestas, la izquierda postlaica y las organizaciones occidentales de derechos humanos no hacen sino revelar el pánico que sienten a ser tachados de “islamófobos”.
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Maryam Namazie: Aunque nosotros podríamos considerar el laicismo como una condición previa a los derechos de las mujeres, los islamistas consideran la ley de la sharía como una condición previa a los derechos de las mujeres, tal como ellos los entienden. ¿Y quién puede decir quién tiene razón? Ellos dicen que el laicismo es un concepto occidental y una forma de colonialismo cultural…
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Marieme-Hélie Lucas: Yo me niego a servirme del término “ley de la sharía”. Presupone que hay escrito en algún lugar un cuerpo legislativo usado por todos los musulmanes. Basta una simple ojeada a las leyes de los países de mayoría musulmana para percatarse de que no hay tal cosa. La enorme variedad de leyes en contextos predominantemente musulmanes muestra que las leyes tienen diferentes fuentes: desde ofrecer legitimidad a prácticas culturales locales (como la de la ablación del clítoris, que pasa por islámica en algunas regiones de África) hasta distintas interpretaciones  religiosas (por ejemplo, Argelia legalizó la poligamia, mientras que Túnez la prohibió sirviéndose exactamente del mismo verso del Corán, pero con otra lectura), pasando por leyes de los antiguos colonizadores (como la prohibición de la contracepción y el aborto en Argelia, que se sirvió de la ley natalista francesa de 1920). Sería un fenomenal error pensar que todas las leyes de los países mayoritariamente musulmanes traen necesariamente su origen en la religión.
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Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la propagación de los puntos de vista fundamentalistas al servirse de términos exóticos. Sharía es un término acuñado por los fundamentalistas a fin de hacer creer que existe un cuerpo así de leyes, mientras que hasta los musulmanes conservadores –atentos a toda posible divergencia– hablaban hasta hace poco sólo de “jurisprudencia”. Servirse del término sirve precisamente para dar a entender a cada vez más gente que ese cuerpo existe realmente. Y eso ocurrió exactamente en el mismo momento en que los medios de comunicación comenzaron a usar también otros términos acuñados por los fundamentalistas, como la yihad (que originariamente significa la lucha espiritual con uno mismo para acercarse a Dios, y no una “guerra” librada con armas, como interpretan los fundamentalistas), o como el “velo islámico” (cuando lo que hacen es propagar el velo saudita), o como la “islamofobia”. ¡No uses el lenguaje del enemigo! Concedes crédito a sus mentiras…
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Como ya he dicho antes, hay una miríada de lugares en el mundo en donde el velo es obligatorio, mientras que en ningún lugar que yo conozca se fuerza a nadie a quitarse el velo; ni siquiera en las escuelas francesas de primaria y secundaria, porque las familias ultraortodoxas tienen siempre la opción de inscribir a sus hijas en escuelas de su elección. La única obligación de las familias es enviar a sus hijas a la escuela, pero la elección de la escuela no entra en el mandato del Estado laico. Y en parte alguna se ven las mujeres forzadas a no llevar velo en el espacio público francés; sólo se les exige no cubrirse totalmente el rostro.
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Así pues, el laicismo ni pone ni quita velos a las mujeres. Pero resulta indudable que la interpretación fundamentalista de unas órdenes pretendidamente emanadas de Dios busca forzar a las mujeres a llevar velo. El laicismo no es una opinión, ni una creencia; es única y exclusivamente una definición y una regulación del Estado frente a la religión. O el Estado interfiere en la religión, o no interfiere. El laicismo, cuando menos en su definición original, instituye formalmente la no interferencia del Estado en la religión. Y no deberíamos aceptar otra definición del laicismo.
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En lo que hace a la acusación del laicismo como “concepto occidental”, ¿acaso no hemos oído cosas semejantes sobre el feminismo durante décadas? Pero si echamos un vistazo a la historia, particularmente a la historia de las mujeres en contextos musulmanes, nos encontramos con muchas mujeres que, durante siglos, lucharon por lo que ahora se consideran ideas feministas, por los derechos de las mujeres. Mujeres que se dedicaron a la literatura, a la poesía, a la educación de las mujeres, a la política, a los derechos legalmente exigibles de las mujeres: como ocurre ahora mismo. Y nos encontramos también con mujeres y hombres ilustrados, tanto creyentes como ateos, que las apoyaron. Exactamente como ocurre ahora también. Quienes estén interesados en explorar esas historias del pasado, deberían leer  el libro de Fareeda Shaheed Grandes ancestros (publicado por la organización Women Living Under Muslim Laws).
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Análogamente, encontramos a muchos combatientes por el laicismo en contextos musulmanes en los pasados siglos. Lo mismo que hoy. Ateos, agnósticos y creyentes que pensaban y siguen pensando que las religiones se benefician de la no interferencia del poder en las creencias personales o en la espiritualidad de las gentes; y que la política se beneficia asimismo de la no interferencia de la religión. Actualmente, el Gran Mufti de Marsella, Soheib Bencheikh, es un resuelto partidario del laicismo en Francia, como muchos Imams progresistas que aparecen cada domingo en programas televisivos en el Channel 2 [público] francés para mostrar su apoyo al laicismo de la República francesa, que garantiza libertad de fe y de culto.
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De modo, pues, que la cuestión real para mí es más bien ésta: ¿por qué no oímos hablar más  de estos partidarios musulmanes del laicismo y por qué los medios de comunicación no conceden menos espacio público a la expresión del odio fundamentalista al laicismo? Es una nueva distorsión del fundamentalismo el presentar los hechos a la luz de una ley laica pretendidamente hostil a la ley divina…
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Encuestas recientes muestran que cerca del 25% de la población francesa se declara atea, y ese porcentaje es el mismo entre supuestos cristianos y supuestos musulmanes. Pero el porcentaje de quienes se declaran partidarios del laicismo crece hasta un 75%, y también es idéntico entre presuntos musulmanes y presuntos cristianos.
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Hay movimientos laicistas muy robustos en todos los países llamados musulmanes, en Pakistán no menos que en Argelia o Mali. Los ciudadanos se comprometen públicamente con el laicismo arriesgando sus vidas en lugares en los que los fundamentalistas se encuadran en grupos armados que atacan a sus oponentes. ¿Por qué las fotografías de sus actos públicos y de sus manifestaciones laicistas no se ven nunca fuera de sus medios de comunicación nacionales?
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Maryam Namazie: Algunos dirán que esto suscita la cuestión de hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que el Estado intervenga en asuntos privados como, por ejemplo, el modo de vestirnos. ¿Qué diría usted a eso?
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Marieme-Hélie Lucas: Si coincidimos en que este súbito auge a escala mundial de determinado tipo de velos que se hacen pasar por EL velo “islámico” no es de naturaleza cultural ni religiosa, sino una bandera política de que se sirven los fundamentalistas para aumentar su visibilidad política a expensas de las mujeres; si coincidimos en eso, entonces tenemos que admitir que llevar ese tipo de velo –ahora— en Europa y en Norteamérica tiene un objetivo político. Sépanlo o no, las mujeres que lo llevan son portadoras del estandarte de un partido político de extrema derecha.
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Así pues, difícilmente podría yo aceptar la fórmula de “una mujer que elige cómo vestirse”. Ese velo no puede, definitivamente no puede, equipararse con la opción de llevar tacones o zapato plano, minifalda o falda larga. No es una moda; es un marcador político. Si uno decide que va a ponerse un broche con una esvástica, no puede ignorar su significado político; no puede pretender que se desentiende del hecho de que fue la “bandera” de la Alemania nazi. No puede alegar que sólo le gusta su forma. Es una afirmación política.
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Las mujeres de ascendencia migratoria procedente de Asia y de África que se cubren el rostro o llevan un burka hoy, ya sea en Europa, en Norteamérica o en sus propios países de origen, llevan un tipo de velo que jamás habían visto antes, salvo si crecieron en una específica y limitadísima parte del Oriente Próximo. No pueden pretender que vuelven a sus raíces y visten la misma indumentaria que sus antepasadas de siglos atrás; ni pueden pretender que la llevan por razones religiosas. Las musulmanes fueron musulmanas durante siglos sin necesidad de semejante indumentaria: en el Sur de Asia vestían saris, en África occidental boubous… Hoy, las mujeres pertrechadas con burkas llevan una indumentaria que ni se había visto ni se había jamás hablado de ella hasta hace unas pocas décadas, cuando grupos políticos fundamentalistas inventaron el burka como su bandera política.
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De manera que si el Estado se propusiera regular el burka o el nikab, no estaría regulando “el modo en que vestimos, ni estaría interfiriendo en un gusto personal o en una moda, sino en la exhibición pública de un signo político de un movimiento de extrema derecha”.
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Hacer eso podría perfectamente caber en el papel del Estado laico. Puede debatirse al respecto. Pero lo que no es debatirle es que las mujeres que llevan burka hoy están bajo las garras de un movimiento transnacional de extrema derecha. Y resulta irrelevante que las mujeres con burka sean conscientes del significado político actual de su velo o, al contrario, estén alienadas por el discurso político-religioso fundamentalista.
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Maryam Namazie: En la práctica, ¿cómo podría procederse a restricciones (atendiendo también al caso francés) sin inflamar más el racismo y el fanatismo contra musulmanes e inmigrantes y cuál es la conexión entre ambos? Le pregunto esto, porque algunos dirán que criticar el velo y el nikab es racista.
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Marieme-Hélie Lucas: En tal caso, ¿la resistencia al nikab/burka/pañuelo y cualquier forma de velo en nuestros países habría que calificarla también como “racismo”? Las mujeres que eligieron morir antes que llevar velo en la Argelia de los 90 actuaron racistamente contra su propio pueblo? ¿Hay que considerarlas hostiles a su propia fe, a pesar de ser muchas de ellas creyentes en el Islam?
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¿No podemos dejar de pensar que “Occidente” es el centro del mundo? ¿Qué pasa con las mujeres sudanesas que ahora mismo en Jhartum se arriesgan a ser azotadas y encarceladas por rechazar el velo? ¿Qué pasa con el sinnúmero de mujeres iraníes que llevan décadas encarceladas por no vestir “islámicamente”?
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El racismo, la xenofobia, la marginalización y los ataques a los inmigrantes (o a gentes de ascendencia migratoria) siempre han estado aquí. A comienzos del siglo XX hubo en el sur de Francia pogroms contra inmigrantes italianos (dicho sea de paso: católicos y blancos) que “venían a robar el pan de los trabajadores franceses”. ¿Suena familiar, no? Hubo muchos muertos y heridos. ¿Por qué no se habla aquí de “católicofobia” o de “cristianofobia”, si a  demostraciones de xenofobia harto menos dramáticas se las llama ahora “islamofobia” cuando apuntan a objetivos presuntamente “musulmanes”? Ahora bien; si nos fijamos en ciudadanos franceses de nuestros días cuyos apellidos son de origen italiano, lo que se ve es que están plenamente integrados y nadie discute su pertenencia a la nación francesa. Lo mismo ocurre con españoles, portugueses, griegos o polacos y rusos que vinieron a instalarse a Francia en el pasado reciente, llegaron a ser ciudadanos franceses y se han “mezclado” ahora con la población general (el expresidente  francés Sarkozy constituye un excelente ejemplo reciente de integración exitosa).
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Francia cuenta hoy con un 25% de ciudadanos de origen extranjero. Hay un número creciente de gente bien conocida con apellidos árabes (y por lo mismo, erróneamente considerados  musulmanes). Se trata de profesores, abogados, expertos en computación, empresarios… Esto es un indicador de su incorporación a la nación, lo mismo que italianos, españoles, etc. hace menos de un siglo.
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Una hermosa pieza titulada Barbes-Cafe se representó el año pasado en distintas ciudades francesas. Era toda ella obra de gentes de ascendencia argelina, muchos de los cuales habían huido de amenazas de muerte fundamentalistas y de ataques directos en los 90. Esa pieza es un himno a la emigración: sirviéndose de canciones en árabe de todo el siglo XX, de comienzo a fin, traza la historia de la emigración desde el Norte de África, de las cuitas y las nostalgias de los emigrantes, así como de sus condiciones de trabajo. Pero también celebra las leyes que permitieron a las familias reunirse con los trabajadores, la educación libre y laica recibida por sus hijos, la solidaridad entre trabajadores nativos e inmigrantes en los sindicatos y partidos de izquierda, etc. Termina con imágenes de aquellos inmigrantes de ascendencia norteafricana que “lo lograron” y abrieron la puerta para las generaciones venideras. Es un manifiesto de esperanza que, sin embargo, no trata de esconder la dureza de las condiciones a que tuvieron que  enfrentarse muchos trabajadores para que sus hijos y nietos llegaran a ser parte de Francia.
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El 27 de octubre fue el aniversario de la Marcha por la Igualdad y Contra el Racismo que cuatro chicas y chicos, ciudadanos franceses de origen norteafricano, iniciaron en 1983. Salieron de Marsella y caminaron durante dos meses por Francia, visitando ciudades y aldeas, hablando con sus conciudadanos rurales y urbanos, denunciando los crímenes y las discriminaciones racistas y abogando por la igualdad de todos los ciudadanos. También denunciaron el rótulo de “musulmán” que se les imponía por razones de origen geográfico. Por el camino, otros ciudadanos de todos los orígenes se les fueron uniendo y comenzaron a marchar con ellos gentes que se habían reunido inicialmente para darles la bienvenida y apoyar sus objetivos.
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No está escrito en ningún lugar que las gentes oprimidas o víctimas de la discriminación tengan que terminar en movimientos de extrema derecha. En esas circunstancias, las gentes pueden elegir entre hacerse revolucionarios o convertirse en fascistas. La respuesta fundamentalista al racismo es una respuesta fascista. No deberíamos bajo ningún pretexto regalarles legitimidad ninguna. Lo que debemos hacer es apoyar a los movimientos populares en favor de la igualdad y la plena ciudadanía.
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Los  fundamentalistas están arteramente interesados en asegurarse los beneficios de los incidentes racistas; lo mismo que los movimientos de extrema derecha tradicional (xenófoba), necesitan radicalizar a su tropa y reclutar a más gente para su causa. Ambas fuerzas aparentemente antagónicas de extrema derecha comparten el mismo objetivo: les gustan los baños de sangre. De aquí que estén preparadas para provocar incidentes racistas. En los últimos años, los habitantes fundamentalistas de un vecindario parisino empezaron a rezar por las calles y a bloquear el tránsito durante horas los viernes. El pretexto era que su mezquita local no era suficientemente grande. Pero desde luego lo era la Gran Mezquita de París que, a unas pocas estaciones de metro de donde se hallaban, estaba y sigue estando permanentemente casi vacía.
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La policía vigilaba sin intervenir, y la cosa duró más de siete años. La única respuesta vino, ni que decir tiene, de un grupo de extrema derecha que invitó públicamente a compartir un aperitivo de “vino y cerdo” en esas mismas calles los domingos.
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La acobardada izquierda debería haber tomado este asunto en las propias manos exigiendo el desalojo del espacio público tanto los viernes como los domingos, si no había autorización policial para ocuparlo como es legalmente preceptivo. La acobardada izquierda está preparada para ignorar las provocaciones de los musulmanes fundamentalistas, porque no desea verse tildada de “islamofóbica”. Uno siente que, en cierto modo, esa izquierda no es capaz de distinguir entre los creyentes en el Islam y el movimiento de extrema derecha supuestamente religioso que finge representar a todos los musulmanes.
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Fue esperando evitar una confrontación con Franco que los gobiernos europeos, incluyendo el gobierno socialista francés, se negaron a ayudar y a proteger al gobierno legítimo de la República española. Fue con la esperanza de evitar una confrontación con el  muy cortés señor Hitler que los gobiernos europeos fueron a Múnich y permitieron la invasión de Polonia por las tropas nazis.
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La historia enseña que la cobardía en política no lleva a parte ninguna y que todos, a su debido tiempo, terminan pagando el precio de la infidelidad a los principios y a los derechos.
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Marieme Hélie-Lucas es una reconocida activista feminista argelina. Socióloga de prestigio internacional, ha sido la fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, así como coordinadora internacional de Secularism Is A Women’s Issue (El laicismo es cosa de mujeres).

Fuente: http://freethoughtblogs.com, 27 octubre 2013. La versión española se ha publicado en Sin Permiso el 23 de enero de 2016.

Traducción de María Julia Bertomeu y Mínima Estrella

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