Posteado por: Javier | agosto 29, 2016

Sobre el dichoso “burkini”

El pasado viernes, el Consejo de Estado francés suspendió la prohibición del ayuntamiento de la localidad de Villeneuve-Loubet sobre el uso de la ya polémica prenda de baño que ha venido en llamarse comúnmente como “burkini”, destinada teóricamente a que las mujeres musulmanas que no quieran mostrar su cuerpo puedan darse un baño en las playas embutidas en este bañador integral. Es obvio que esta prohibición se produjo como una reacción a la amenaza yihadísta que sufre Francia y ya en los últimos meses en las playas de ciudades como Niza o Cannes habíamos visto imágenes de policías multando a mujeres y obligandolas a quitarse este tipo de trajes.

Como suele ocurrir cada vez que se monta una polémica sobre costumbres supuestamente musulmanas, particularmente las relacionadas con la indumentaria femenina, importadas al suelo europeo (supuestas puesto que no todas lo son estrictamente: unas son anteriores al Islam y otras se han conformado mediante numerosos sincretismos culturales), siempre se producen dos respuestas bien definidas. Una es la de la extrema derecha neocruzada, populista y xenófoba, con un discurso muy sencillo, nítido, contundente y que cala muy bien en un sector importante de la población: hay que prohibir todo esto, sin que les importe demasiado (o nada) la cuestión el machismo que haya tras ellas, y señalando al inmigrante musulmán como enemigo a batir y como causa de todos los males habidos y por haber, desde el paro hasta la delincuencia. Para ellos, digamos que esta cuestión es una forma de instigar el odio racista camuflándolo de preocupación por las clases populares de sus países. Luego está la de los neoliberales: libertad de movimiento de capitales y personas y defensa a ultranza de la libertad individual para que una mujer pueda decidir si llevar o no burkini, burka o niqab. No debe extrañarnos este relativismo puesto que lo que estos sinvergüenzas quieren es un mundo donde sus empresas amiguitas puedan importar cuando así lo deseen varios miles de trabajadores de países menos desarrollados que acepten trabajar por sueldos y bajo condiciones que nunca aceptarían los autóctonos, en el que los capitales se muevan libremente fuera de cualquier vigilancia y fiscalización “estatista” y en el que los dueños de esos capitales puedan cruzar tranquilamente de un país a otro operando como les dé la real gana, con lo que crear pequeños guetos de inmigrantes no es un problema serio para ellos.

Y, haciendo el caldo gordo a los neoliberales, tenemos a la actual izquierda neoprogre y postmodernista. Estos últimos, no podía ser menos, son mucho menos coherentes en su respuesta que los dos anteriores. Pretendiendo contrarrestar el racismo de los neocruzados, y, en parte, también por su idea postmodernista de que los musulmanes son uno de los colectivos “oprimidos” y necesitados de una “protección” superior a otros, caen en la ridiculez de terminar defendiendo costumbres retrogradas. Es decir, no defendiendo el que se puedan practicar las que sean compatibles con las leyes y el orden público, no, no, las propias costumbres en sí mismas. Por ejemplo, con tal de defender como algo “bueno” el que una mujer tenga que ir por narices, por prescripción de algún imán, casi completamente tapada por la calle, es una situación que llegan a compararla con los hábitos que llevan las monjas católicas. Yo no es que sea un simpatizante de la Iglesia Católica, ni muchísimo menos, pero, por favor, ¡un poquito de seriedad en los argumentos!

A ver, es cierto que ni los inmigrantes ni los musulmanes son enemigos en el sentido que los neocruzados quieren hacernos ver. Pero eso no quiere decir que la inmigración (y especialmente cierto tipo de inmigración) no haya generado algunos conflictos culturales en los países europeos, que requieren una respuesta alternativa a la de los neocruzados o la de los neoliberales. El problema de lo que están haciendo algunos ayuntamientos franceses con las prendas de baño “islámicas” no sólo es que sea una norma “ad hoc”, sino que se trata de una reacción visceral que nada aporta a la dignificación de las mujeres (si eso es lo que se pretende) y menos aún a luchar contra el terrorismo. El remedio se puede decir que es peor que la enfermedad en estos casos.

Primero de todo habría que distinguir qué es cada una de estas prendas y lo que representa en cada contexto, que es lo que se echa en falta, pues hay muchísima confusión. No es lo mismo un hiyab (que es el típico velo de identidad cultural islámica que cubre cabeza y pecho y que puede ser llevado por mujeres vestidas con falda corta o vaqueros ajustados, o vestidas con chilabas, túnicas o vestidos recatados, normalmente usado por decisión femenina en reivindicación de su cultura musulmana), que el burka (que es propio de Afganistán y que cubre el cuerpo entero y que se acompaña de guantes para las manos y que cubre los ojos con una rejilla), que el niqab (como el burka, solo que con una ranura sin rejilla), que el chador iraní (que cubre todo el cuerpo menos el rostro). El uso de estas prendas no es tanto una prescripción del Corán como sí interpretaciones interesadas de ciertos clérigos que han ido extendiéndose por el mundo islámico (de hecho, en los países musulmanes que han tenido sistemas más laicos las mujeres han tenido la posibilidad de no llevarlas), o a veces se ha debido a factores histórico-culturales. El burka y el niqab eran preislámicos, se usaban en Afganistán desde antes de la llegada del Islam, como protección corporal en el desierto y por los aristócratas que pensaban que las clases más pobres no tenían derecho a ver el cuerpo de sus mujeres, fundamentalmente por la étnia de los pastunes. Los talibanes, que son de étnia pastún, lo impusieron a todas las mujeres cuando tomaron el poder en Kabul en 1996, es decir, es una prenda que hasta entonces había sido extraña salvo para una pequeñísima minoría de musulmanes. Y de cuya existencia se puede decir que nosotros mismos empezamos a enterarnos tras el 11-S, cuando Afganistán pasó a la primera plana informativa con los bombardeos norteamericanos contra el régimen talibán.

Viene a cuento todo este relato porque, siendo cierto que hay que defender el derecho a que cada cual desarrolle libremente su propia personalidad (a través de la manera de vestir, entre otras cosas) tampoco hay que caer en el buenismo ingenuo. El hiyab en principio sí parece un elemento cultural o de identidad. El caso del burka o el niqab es muchísimo más dudoso, puesto que su uso generalizado no es algo que obedezca a un desarrollo cultural espontáneo, sino más bien a imposiciones de algunos grupos en sus países de origen. Es un problema todo esto mucho más complejo y profundo que el que unas cuantas mujeres usen “burkini” (que, más bien, debería llamarse en todo caso “chadorkini”) y con soluciones más lentas y progresivas que multar a las mujeres que lo lleven o que unos policías den el espectáculo televisivo de obligar a desvestirse a una mujer que no representa ningún peligro. Apartar a los musulmanes que viven en Europa de las actitudes más radicales que conducen a que haya muchos de ellos que obliguen a sus mujeres a llevar contra su voluntad ese tipo de prendas es un proceso más sutil, no se soluciona reprimiendo a las mismas mujeres a las que se dice estar protegiendo, lo cual es la solución facilona y populista.

Un buen primer paso sería cortar toda la infiltración de Arabia Saudí y otras petromonarquías corruptas del Golfo Pérsico, como es el caso de Qatar, uno de cuyos medios es la promoción exterior, entre las comunidades musulmanas de Europa, de costumbres supuestamente islámicas, pero que en realidad no son más que productos de los teólogos wahabitas más radicales. Nunca me cansaré de repetir que el problema fundamental con el Islam (que difícilmente se pueda decir que sea “el Islam”, sino que hay múltiples islames) es más concretamente con la secta wahabita, una rama herética muy extremista y violenta que toma los textos coránicos en su literalidad, sin admitir ninguna interpretación, y que considera infieles y apóstatas a todas las demás ramas del Islam, de ahí la cantidad de víctimas que provocan a diario en países musulmanes. Lo jodido es que su expansión se ha producido de la mano de la rica financiación petrolera saudita. Durante casi 1500 años, en el mundo musulmán se han desarrollado múltiples identidades dependientes sobre todo de la región y la época en que surgiesen, pero, en pleno siglo XXI, la saudita del wahabismo no sólo ha llegado a Europa sino también a los países que llevan siglos siendo musulmanes, prácticamente reemplazando en la conciencia pública cualquier otra forma de manifestación del Islam por esta ideología wahabita radical. Hasta el punto de que, cada vez más, Islam se identifica con wahabita. Pero muchas de sus doctrinas que ahora se presentan como “islámicas” en realidad fueron desconocidas para muchos musulmanes durante siglos, como el caso de la prohibición de las esculturas o las pinturas. Esa prohibición nunca formó parte del Islam (incluso se representaba a Mahoma), fue una innovación wahabita. La prueba es que en un país como Irán el patrimonio escultórico de los persas nunca ha estado en peligro.

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Sobre este tema del velo y demás prendas pretendidamente musulmanas, y la condescendencia de la izquierda buenista y postmodernista con la imposición de las mismas, no puede ser más interesante esta entrevista publicada en la revista Contexto y Acción:

“La izquierda postlaica tiene miedo de que la tachen de islamófoba”

Maryam Namazie entrevistó va para dos años a la feminista socialista y reconocida luchadora laicista argelina Marieme-Hélie Lucas, de quien publicamos [en www.sinpermiso.info] la semana pasada una enjundiosa denuncia del silencio negacionista de ciertas izquierdas postlaicas europeas ante los ataques machistas fundamentalistas registrados simultáneamente en la Nochevieja de 2015 en al menos 10 ciudades europeas –señaladamente en Colonia– de 5 países distintos.

Aprovechando el amplio eco que tuvo ese texto, reproducimos ahora una larga entrevista en profundidad concedida por Marieme-Hélie (en otoño de 2013) a la periodista Maryam Namazie sobre el significado profundo del laicismo republicano, sobre la estupefaciente degeneración de ciertas izquierdas postlaicas europeas y sobre la incapacidad de las mismas para enfrentarse políticamente a la extrema derecha fundamentalista musulmana en auge, y así, también, trágicamente, a la extrema derecha xenófoba tradicional. Tal vez valga la pena recordar el contexto en que se realizó la entrevista con Marieme-Hélie: no mucho después de que el pos-trotskismo francés presentara electoralmente a una candidata vistosamente ataviada con “velo islámico”, o cuando sus homólogos catalanes, rizando aún más si cabe el rizo, se declaraban ardientes seguidores postlaicos de una mediática monja posmoderna y antivacunas.

Maryam Namazie: Las limitaciones al uso del velo en las escuelas y la prohibición general del burka y del nikab se ven a menudo como medidas autoritarias. ¿Qué piensa usted al respecto?
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Marieme-Hélie Lucas: Resulta útil, por lo pronto, no mezclar las dos cosas: la de las niñas con velo en las escuelas y la de la prohibición de cubrirse el rostro. Las contestaré como dos cuestiones separadas.
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Cuando hablamos de velos en las escuelas, estamos hablando automáticamente de velos impuestos a niñas, no de velos de mujeres. La cuestión, entonces, es: ¿quién decide sobre esos velos, las mismas niñas o los adultos a cargo de ellas? ¿Y qué adultos? Yo sólo conozco un libro que trate este tema. Es un panfleto titulado ¡Abajo los velos! (escrito por Chahdortt Djavann y publicado por Gallimard, París, 2003). La autora es una mujer iraní exilada en París en la época en que la Comisión Stasi francesa estaba reuniendo testimonios de mujeres (y de varones) afectadas antes de adoptar la nueva ley sobre símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas. La autora sostiene que el daño psicológico infligido a las niñas que van con velo es inmenso, al hacerlas responsables desde muy temprana edad de la excitación masculina. Este asunto requiere consideración especial, habida cuenta de la nueva tendencia a poner velo a niñas de hasta 5 años, según se ve en las numerosas campañas en curso en toda Norteamérica. La autora explica que el cuerpo de la niña pasa a convertirse de esta guisa en objeto de fitnah (seducción o fuente de desorden), lo que significa que no pueden mirarlo o pensar en él de manera positiva. Esa práctica construye así niñas que temen, desconfían y sienten disgusto y aun angustia en relación con sus propios cuerpos. A edad tan temprana, las niñas no tienen forma de resistir por sí mismas a ese troquelamiento; quedan totalmente a merced de hombres anti-mujeres. Las mujeres  que han crecido con este daño psicológico necesitarán probablemente mucha ayuda hasta ser capaces de reconsiderarse a sí mismas y a sus cuerpos de manera más positiva, de reconstruir la imagen de sí propias, de conquistar su autonomía corporal, de abandonar los sentimientos de culpa y de miedo y devolver a los varones la responsabilidad de los actos sexuales por ellos cometidos. Yo creo que sería muy útil que las mujeres que investigan estas cosas se interesaran por el daño psicológico infligido a las niñas a las que se obliga a ir con velo desde edad muy temprana.
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Bien; ahora está la cuestión de quién es el “adulto” a cargo de la protección de los derechos de las niñas. El Estado juega ya este papel en numerosas ocasiones: cuando, por ejemplo, impide que las familias procedan a la ablación de clítoris de las niñas, o cuando prohíbe los matrimonios forzados. ¿Por qué no debería asumir también su responsabilidad y prevenir ese daño psicológico profundo causado por llevar velo antes de llegar a la edad adulta? ¿Por qué debería verse como una intromisión autoritaria del Estado la prohibición del uso del velo en la infancia, y no la prohibición de la ablación de clítoris?
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Es interesante recordar que grupos de izquierdistas y (¡ay!) feministas llegaron a defender en Europa y Norteamérica “el derecho a la ablación de clítoris” en los 70 como un “derecho cultural”, denunciando los intentos del “imperialismo occidental” de erradicar esa práctica en Europa. Jamás se molestaron en hacer la menor mención a las luchas de las mujeres directamente comprometidas con su erradicación en aquellas (muy limitadas) partes de África en que la practicaban, a la par, animistas, cristianos y musulmanes.
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Ahora vemos el mismo patrón aplicado al “derecho al velo”, a pesar de que muchos intérpretes progresistas de El Corán han dejado dicho por activa y por pasiva que ni siquiera se trata de un mandamiento islámico.
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Lo que a mí me deja estupefacta es el desbalance en el tratamiento del “autoritarismo” por parte de grupos izquierdistas y de la comunidad de derechos humanos en Europa y Norteamérica. Millones de mujeres en enclaves predominantemente musulmanes han sido asesinadas por defender su derecho a NO llevar velo. Precisamente estos días una valiente mujer sudanesa ha comparecido ante un tribunal de justicia con esta declaración: “Soy sudanesa. Soy musulmana. Y no estoy dispuesta a cubrirme la cabeza”. Arriesga prisión y latigazos. Hasta ahora, no se asesina a las mujeres en Europa ni en Norteamérica por llevar velo, aunque es verdad que de vez en cuando son atacadas verbalmente por individuos racistas de extrema derecha, los cuales, a su vez –merece destacarse el hecho–, son normalmente puestos a disposición de la justicia y condenados, como debe ser.
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A mí me gustaría que la vociferante defensa de la “elección” de las mujeres con velo y del “derecho al velo” por parte de “gentes progresistas” anduviera a la par con su defensa de las mujeres masacradas por no llevar velo. Pero lo que, en cambio, vemos esconderse tras la defensa unilateral de los derechos humanos de las mujeres con velo por parte de la izquierda postlaica y de la comunidad de derechos humanos  en Europa y en Norteamérica es, de hecho, una posición claramente política. Los pretendidos “progresistas” han optado por defender a los fundamentalistas como víctimas del imperialismo estadounidense antes que a las víctimas de esos fundamentalistas, es decir, entre otras, a los millones de mujeres sin velo que han resistido a las imposiciones de sus victimarios, así como a los millones de laicos, agnósticos, ateos, etc., a quienes se ha abandonado a su suerte como a “occidentalizados”, o aun como “aliados del imperialismo”! La historia juzgará esa miope opción política de modo no menos inmisericorde a como ha juzgado la cobardía de los países europeos en el arranque del nazismo en Alemania.
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En lo que hace a su pregunta, yo sólo puedo hablar desde mi perspectiva de mujer argelina que vivió en Francia en la época del debate sobre las dos leyes francesas a las que se ha reprochado en todo el mundo un supuesto sesgo anti-islámico: la ley sobre velos en las escuelas y la ley que prohibía cubrirse el rostro. Se trata, como he dicho antes, de dos asuntos distintos, y en Francia se trataron distinta y separadamente.
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La prohibición de los símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas se hace en nombre del laicismo, mientras que la prohibición de cubrirse el rostro se hace en nombre de la seguridad. Se ha añadido el burka a otras formas de ocultación del rostro, como las máscaras (fuera de carnavales) o los cascos integrales de motos (cuando no se conduce), puesto que todos esos adminículos suelen usarse para proteger la identidad de alborotadores o “terroristas”. (Como argelina lo suficientemente vieja para haber vivido la Batalla de Argel durante la lucha de liberación contra el colonialismo francés, sé de cierto que los velos se usaban –tanto hombres como mujeres– para llevar armas y bombas de un sitio para otro; de modo que no me sorprende que los velos que cubren completamente el rostro se añadan a la lista de indumentarias prohibidas.)
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En lo tocante a los velos en las escuelas, la situación en Francia es completamente distinta a la de Gran Bretaña. Francia es un país laico desde que la Revolución Francesa sustrajo el nuevo Estado laico a la influencia política de la Iglesia. Las leyes laicas que instituyeron esa separación datan de 1905 y 1906, mucho antes de la oleada migratoria procedente de países mayoritariamente musulmanes. El artículo 1 de la Ley de 1906 garantiza la libertad de fe y de culto. El artículo 2 de la misma ley declara que, más allá de esa garantía de derechos individuales fundamentales, el Estado laico no tendrá nada que ver con la religión ni con sus representantes. El Estado laico no reconocerá a las iglesias, ni las financiará. En palabras de un analista contemporáneo del laicismo, Henri Peña Ruiz, el Estado se declara a sí mismo “incompetente en materia religiosa”. Las creencias se convierten en un asunto privado, y las religiones establecidas (en la época, sobre todo, la Iglesia Católica) pierden todo poder sobre el Estado. El Estado laico simplemente las ignorará como entidades políticas. Los ciudadanos son los únicos socios reconocidos por el Estado a través de los procesos de las elecciones democráticas.
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Una consecuencia de esta definición del laicismo como separación de Estado y religión es que, desde 1906, la exhibición de “cualquier símbolo” de afiliación religiosa o política queda prohibida exclusivamente en dos situaciones específicas: para profesores y alumnos de las escuelas públicas primarias y secundarias del Estado laico (es decir, para niños y adolescentes, lo que no incluye a las universidades, en donde los estudiantes son adultos y pueden llevar un velo), así como para funcionarios en contacto con el público.
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La justificación de eso es que los niños van a las escuelas de la República Laica (en la que la educación es totalmente gratuita) para ser educados como ciudadanos franceses libres e iguales, y no como representantes de alguna comunidad específica. La educación como ciudadanos iguales es un poderoso instrumento contra el comunitarismo y las específicas particularidades divisorias que conducen a derechos legales desiguales en un país dado, como ocurre en Gran Bretaña, por ejemplo, con los llamados “tribunales de sharía”, verdaderos sistemas legales paralelos en asuntos de familia.
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Análogamente, los funcionarios que están en contacto con el público tienen que desarrollar sus obligaciones en tanto que representantes de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su ascendencia étnica o religiosa, razón por la cual se les exige no exhibir símbolo alguno de afiliación en el horario en que ejercen como representantes de la República Laica.
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Algo totalmente distinto de lo que ocurre, pongamos por caso, en las comisarías de policía británicas, en donde uno puede exigir ser atendido por un policía de su propio culto o de su propio grupo étnico, como si no pudiera formarse a funcionarios libres de sesgos y éstos se debieran ineluctable y necesariamente a su “comunidad”, antes que a sus conciudadanos.
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Así pues, en resolución, es en nombre del laicismo que el velo fue puesto fuera de la ley en las escuelas públicas laicas y entre funcionarios públicos en Francia desde hace más de un siglo, al igual que las cruces y las kipás. Resulta interesante observar el énfasis que los medios de comunicación ponen en el velo, y no en las cruces o en las kipás. ¿Por qué? ¿Y quién se halla detrás de esa jerarquía? Lo que enmarañó este asunto fue que el derechista presidente Sarkozy hizo aprobar la nueva ley en 2004 buscando congraciar con su candidatura a la extrema derecha xenófoba. No había la menor necesidad de esta nueva ley; bastaba con aplicar la de 1906.
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Las fuerzas de derecha y de extrema derecha en Francia jamás han dejado de atacar en el último siglo las leyes laicas de 1905-1906. Ahora han encontrado socios activos y poderosos en la extrema derecha fundamentalista musulmana, que también desea desmantelar el laicismo y regresar a la época en que las religiones tenían poder político y representación oficial. La cosa es clara: aunque luego llegarán a competir entre sí las distintas religiones, resultan ahora aliadas útiles en el propósito de erradicar el laicismo en Francia. ¡Basta observar cómo apoyan la Iglesia Católica y las autoridades religiosas judías prácticamente todas las exigencias de los fundamentalistas musulmanes!
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El asunto del velo en las escuelas primarias y secundarias francesas no es sino una de las muchas exigencias que sin desmayo plantean para desafiar en lo fundamental las leyes de la República Laica. ¿No es irónico que leyes aprobadas hace un siglo, en un tiempo en el que prácticamente no se registraba inmigración procedente de los países mayoritariamente musulmanes, pasen ahora en el mundo entero por leyes hostiles al Islam? Un buen indicio de la pericia de los fundamentalistas musulmanes como comunicadores mediáticos.
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Volviendo al asunto del velo y el burka en el Reino Unido, déjeme decirle que Gran Bretaña NO es un Estado laico. La Reina es la cabeza de la Iglesia Anglicana, así que la prohibición del burka o del nikab o, incluso, del pañuelo en la cabeza no puede buscarse en leyes laicas centenarias, ni considerarse indicio de su compromiso con una educación no confesional igualitaria y de calidad para todos los niños, como en el caso de Francia. (…)
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Maryam Namazie: ¿Qué pasa con el derecho de una mujer a elegir su forma de vestir? Algunos dirían que obligar a las mujeres a quitarse el velo viene a ser lo mismo que obligarlas a llevarlo.
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Marieme-Hélie Lucas: El debate está formulado en términos “occidentales”. Hasta donde yo sé, no se obliga a las mujeres en el contexto musulmán a NO llevar velo, y estamos hablando de la inmensa mayoría de las musulmanas en el mundo. En cambio, en la inmensa mayoría de los casos se ven obligadas a cubrirse de un modo u otro, a menudo por ley: y todavía no se ha oído una protesta a escala mundial contra esa situación.
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En vivo contraste con eso, oímos cada día un montón de voces sobre esas pobres mujeres “obligadas a quitarse el velo” en contextos no-musulmanes –señaladamente en Europa y en Norteamérica–, pero yo todavía no he visto ningún sitio en donde eso ocurra. Que yo sepa, en ningún sitio. Ya me refería antes a  limitaciones impuestas al uso del velo en Francia, bajo particulares condiciones.
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Por lo demás, hasta donde yo sé, cuando mujeres con velo son atacadas verbal o físicamente, hay tribunales para defenderlas contra cualquier forma de agresión.
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En lo que hace a hechos reales, el debate se reduce al derecho al velo en Europa y en Norteamérica, sin ninguna consideración por la resistencia al velo por doquier en el mundo entero, ni por las duras circunstancias que rodean a esa resistencia. Esa reducción me resulta manifiestamente inaceptable.
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Por un lado, hay millones de mujeres en todo el mundo obligadas a llevar velo que arriesgan su libertad y su vida cuando transgreden la orden. Quedan abandonadas a su suerte en nombre de pretendidos derechos “religiosos” y “culturales”, sin que que medie el menor análisis de las fuerzas políticas de extrema derecha que manipulan y secuestran cultura y religión en beneficio político propio bajo el pretexto “políticamente correcto” de que el imperialismo estadounidense abusó de la defensa de los derechos humanos de las mujeres para camuflar sus razones económicas e invadir Afganistán y de que los “blancos” son racistas.
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Por otro lado, hay mujeres de la diáspora en Europa y en Norteamérica, cuyo “derecho al velo” es defendido por una coalición políticamente correcta de la izquierda y las organizaciones de derechos humanos, una coalición que muestra escaso interés por el sinnúmero de casos de muchachas que tratan de escapar a la obligación de llevar velo. ¿No hay una perturbadora asimetría en esa elección política manifiestamente discriminatoria de los derechos que merecen defensa y los que no? ¿No podrían estos campeones de nuestros derechos aclararnos públicamente las razones que justifican su jerarquía de derechos?
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La cosa está clara: la cuestión aquí se reduce exclusivamente a defender el “derecho a elegir” de las mujeres que desean llevar velo en Europa y en Norteamérica, no el derecho a elegir de las mujeres que viven en África y en Asia. Y esta es una forma muy limitada y parcial de enfrentarse al problema, por decirlo suavemente. Porque implica hacer desaparecer a la inmensa mayoría de las mujeres afectadas.
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Sobre “elección” en general mucho han escrito ya feministas interesadas en el problema del grado de libertad que puede esperarse en situaciones en las que las mujeres carecen de toda voz, legal, cultural, religiosa o de otros tipos. Hace poco, un potente artículo académico escrito por  Anissa Helie y Mary Ashe, Multiculturalist Liberalism and Harms to Women: Looking Through the Issue of the Veil, concluía que :
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“Quienes defienden el velo a menudo insisten en un `derecho individual de la mujer a elegir´ (el velo)… Potenciadas por los teóricos del Islam radical (que usurpan el mantra de los partidarios del derecho de las mujeres al aborto), esas consignas pueden confundir a una izquierda occidental que, temerosa de ser considerada racista, cae en la trampa del relativismo cultural.”
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El número de mujeres asesinadas por los propios familiares y por grupos fundamentalistas armados, o encarceladas, o flageladas públicamente por los Estados fundamentalistas en nuestros distintos países en todos los continentes por la simple razón de no querer allanarse a la imposición del velo, debería, al final, contar más a los ojos de los defensores de los derechos humanos que las “quejas de las mujeres con velo” que de vez en cuando tienen que aguantar comentarios racistas en “Occidente”.
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¿Cómo puede alguien atreverse siquiera a comparar, por ejemplo, las 200.000 víctimas de la “década oscura” (los años 90 del siglo pasado) en Argelia, la inmensa mayoría de las cuales fueron mujeres asesinadas por grupos armados fundamentalistas, con un puñado de mujeres con velo verbalmente molestadas en París o en Londres? Sí, ¿¡cómo se puede!?
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Esa desigualdad de trato aceptada sólo muestra que para las organizaciones de derechos humanos y para las izquierdas europeas y norteamericanas, Occidente sigue siendo el centro del mundo y lo que allí ocurra, por menor y marginal que sea, tiene primacía sobre cualquier acúmulo de crímenes cometidos en otra parte.
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Me gustaría señalar un interesante punto ciego detectable en el análisis corriente entre las izquierdas y las organizaciones de derechos humanos, un punto ciego que permite o facilita esa operación de reducción del asunto a un problema de “elección individual”. Fíjese bien: el número de mujeres con velo en las calles de las capitales europeas ha crecido sólo en las últimas dos décadas de una manera constante y apreciable. Ese crecimiento no es proporcional a un significativo incremento de las poblaciones migrantes. Esas mujeres no visten ropas o trajes nacionales (incluyan o no cubrirse la cabeza), sino el velo saudita, que jamás había existido en ningún otro país. Hay un número creciente de mujeres que adoptan la forma más radical: no sólo cubrirse el pelo, sino todo el rostro.
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En vista de lo cual, ¿cómo puede verse este tipo de velo como un asunto cultural cuando, de hecho, lo que hace es erradicar todas las formas tradicionales de cubrirse la cabeza y todas las ropas y vestidos nacionales y regionales? ¿Cómo puede verse esa forma de velo como un asunto religioso, cuando todos los teólogos y académicos progresistas del Islam en todos los continentes han demostrado que el velo de las mujeres no es una prescripción religiosa, sino una práctica cultural circunscrita al Oriente Próximo y valedera también para los varones por su buena adaptación al clima y, por lo mismo, común a todos los grupos religiosos, como prueba abundantemente la iconografía cristiana que representa a la Virgen María y a todas las mujeres de la historia sagrada que compartieron la vida de Cristo, así como a todas las mujeres judías de su época, con velo?
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¿Por qué no se levantan en defensa de todas las culturas ahora amenazadas por la difusión a escala mundial de esta nueva cepa de código indumentario? ¿Es que no pueden ver el vínculo entre la propagación del velo saudita y la financiación saudita del grueso de las mezquitas y organizaciones religiosas que han venido proliferando en las principales ciudades de Europa? ¿Cómo es posible que no vean en esa forma de velo una bandera del fundamentalismo político? ¿Cómo no asocian su propagación a otras actividades políticas del imperialismo de Arabia Saudita (y de Qatar)? ¿Cómo es posible tamaña incapacidad para proceder a un análisis político de esta súbita explosión del número de mujeres con velo en la diáspora? ¿Cómo pueden reducir eso a una “opción individual elegida” por mujeres individuales, a la vista de un fenómeno tan repentino e inopinado como masivo?
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Si, pongamos por caso, se diera una súbita propagación de hábitos y tocas de monja simultáneamente en Italia, Francia, España, Filipinas y América Latina, y si las mujeres católicas en números apreciables afirmaran agresivamente su derecho a vestirse como “verdaderas católicas” (una invención moderna que sería cuestionada por respetados teólogos cristianos, lo mismo que el velo es cuestionado por muchos teólogos musulmanes progresistas y académicos del Islam, a los que, dicho sea de paso, jamás citan ni la izquierda postlaica ni los defensores occidentales de los derechos humanos para defender a las mujeres sin velo frente a los movimientos políticos de extrema derecha que andan por detrás de este revival supuestamente religioso); si eso sucediera, digo, ¿no señalaría al punto la izquierda a los movimientos políticos de extrema derecha agazapados detrás de ese revival supuestamente religioso? ¿No lo analizaría esa izquierda en términos políticos, no religiosos, y no lo denunciaría?
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Si hubiera rumores o ejemplos de mujeres católicas “impropiamente” vestidas forzadas a llevar tocas de monja, o azotadas o recluidas a la fuerza o asesinadas, ¿no empezarían las organizaciones de derechos humanos a preocuparse por ese asunto? ¿No defenderían a las víctimas? ¿No denunciarían todo eso como violaciones flagrantes de los derechos humanos? ¿O seguirían acaso todas estas fuerzas supuestamente progresistas haciendo la vista gorda a esas violaciones de los derechos humanos y prestando oídos sordos a los gritos de socorro de las víctimas? ¿Se centrarían en el “derecho al velo” de las mujeres católicas?
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Para mí está meridianamente claro que, al respaldar las exigencias de los fundamentalistas sobre las mujeres, sin molestarse siquiera en contrastar sus mentiras más manifiestas, la izquierda postlaica y las organizaciones occidentales de derechos humanos no hacen sino revelar el pánico que sienten a ser tachados de “islamófobos”.
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Maryam Namazie: Aunque nosotros podríamos considerar el laicismo como una condición previa a los derechos de las mujeres, los islamistas consideran la ley de la sharía como una condición previa a los derechos de las mujeres, tal como ellos los entienden. ¿Y quién puede decir quién tiene razón? Ellos dicen que el laicismo es un concepto occidental y una forma de colonialismo cultural…
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Marieme-Hélie Lucas: Yo me niego a servirme del término “ley de la sharía”. Presupone que hay escrito en algún lugar un cuerpo legislativo usado por todos los musulmanes. Basta una simple ojeada a las leyes de los países de mayoría musulmana para percatarse de que no hay tal cosa. La enorme variedad de leyes en contextos predominantemente musulmanes muestra que las leyes tienen diferentes fuentes: desde ofrecer legitimidad a prácticas culturales locales (como la de la ablación del clítoris, que pasa por islámica en algunas regiones de África) hasta distintas interpretaciones  religiosas (por ejemplo, Argelia legalizó la poligamia, mientras que Túnez la prohibió sirviéndose exactamente del mismo verso del Corán, pero con otra lectura), pasando por leyes de los antiguos colonizadores (como la prohibición de la contracepción y el aborto en Argelia, que se sirvió de la ley natalista francesa de 1920). Sería un fenomenal error pensar que todas las leyes de los países mayoritariamente musulmanes traen necesariamente su origen en la religión.
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Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la propagación de los puntos de vista fundamentalistas al servirse de términos exóticos. Sharía es un término acuñado por los fundamentalistas a fin de hacer creer que existe un cuerpo así de leyes, mientras que hasta los musulmanes conservadores –atentos a toda posible divergencia– hablaban hasta hace poco sólo de “jurisprudencia”. Servirse del término sirve precisamente para dar a entender a cada vez más gente que ese cuerpo existe realmente. Y eso ocurrió exactamente en el mismo momento en que los medios de comunicación comenzaron a usar también otros términos acuñados por los fundamentalistas, como la yihad (que originariamente significa la lucha espiritual con uno mismo para acercarse a Dios, y no una “guerra” librada con armas, como interpretan los fundamentalistas), o como el “velo islámico” (cuando lo que hacen es propagar el velo saudita), o como la “islamofobia”. ¡No uses el lenguaje del enemigo! Concedes crédito a sus mentiras…
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Como ya he dicho antes, hay una miríada de lugares en el mundo en donde el velo es obligatorio, mientras que en ningún lugar que yo conozca se fuerza a nadie a quitarse el velo; ni siquiera en las escuelas francesas de primaria y secundaria, porque las familias ultraortodoxas tienen siempre la opción de inscribir a sus hijas en escuelas de su elección. La única obligación de las familias es enviar a sus hijas a la escuela, pero la elección de la escuela no entra en el mandato del Estado laico. Y en parte alguna se ven las mujeres forzadas a no llevar velo en el espacio público francés; sólo se les exige no cubrirse totalmente el rostro.
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Así pues, el laicismo ni pone ni quita velos a las mujeres. Pero resulta indudable que la interpretación fundamentalista de unas órdenes pretendidamente emanadas de Dios busca forzar a las mujeres a llevar velo. El laicismo no es una opinión, ni una creencia; es única y exclusivamente una definición y una regulación del Estado frente a la religión. O el Estado interfiere en la religión, o no interfiere. El laicismo, cuando menos en su definición original, instituye formalmente la no interferencia del Estado en la religión. Y no deberíamos aceptar otra definición del laicismo.
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En lo que hace a la acusación del laicismo como “concepto occidental”, ¿acaso no hemos oído cosas semejantes sobre el feminismo durante décadas? Pero si echamos un vistazo a la historia, particularmente a la historia de las mujeres en contextos musulmanes, nos encontramos con muchas mujeres que, durante siglos, lucharon por lo que ahora se consideran ideas feministas, por los derechos de las mujeres. Mujeres que se dedicaron a la literatura, a la poesía, a la educación de las mujeres, a la política, a los derechos legalmente exigibles de las mujeres: como ocurre ahora mismo. Y nos encontramos también con mujeres y hombres ilustrados, tanto creyentes como ateos, que las apoyaron. Exactamente como ocurre ahora también. Quienes estén interesados en explorar esas historias del pasado, deberían leer  el libro de Fareeda Shaheed Grandes ancestros (publicado por la organización Women Living Under Muslim Laws).
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Análogamente, encontramos a muchos combatientes por el laicismo en contextos musulmanes en los pasados siglos. Lo mismo que hoy. Ateos, agnósticos y creyentes que pensaban y siguen pensando que las religiones se benefician de la no interferencia del poder en las creencias personales o en la espiritualidad de las gentes; y que la política se beneficia asimismo de la no interferencia de la religión. Actualmente, el Gran Mufti de Marsella, Soheib Bencheikh, es un resuelto partidario del laicismo en Francia, como muchos Imams progresistas que aparecen cada domingo en programas televisivos en el Channel 2 [público] francés para mostrar su apoyo al laicismo de la República francesa, que garantiza libertad de fe y de culto.
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De modo, pues, que la cuestión real para mí es más bien ésta: ¿por qué no oímos hablar más  de estos partidarios musulmanes del laicismo y por qué los medios de comunicación no conceden menos espacio público a la expresión del odio fundamentalista al laicismo? Es una nueva distorsión del fundamentalismo el presentar los hechos a la luz de una ley laica pretendidamente hostil a la ley divina…
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Encuestas recientes muestran que cerca del 25% de la población francesa se declara atea, y ese porcentaje es el mismo entre supuestos cristianos y supuestos musulmanes. Pero el porcentaje de quienes se declaran partidarios del laicismo crece hasta un 75%, y también es idéntico entre presuntos musulmanes y presuntos cristianos.
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Hay movimientos laicistas muy robustos en todos los países llamados musulmanes, en Pakistán no menos que en Argelia o Mali. Los ciudadanos se comprometen públicamente con el laicismo arriesgando sus vidas en lugares en los que los fundamentalistas se encuadran en grupos armados que atacan a sus oponentes. ¿Por qué las fotografías de sus actos públicos y de sus manifestaciones laicistas no se ven nunca fuera de sus medios de comunicación nacionales?
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Maryam Namazie: Algunos dirán que esto suscita la cuestión de hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que el Estado intervenga en asuntos privados como, por ejemplo, el modo de vestirnos. ¿Qué diría usted a eso?
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Marieme-Hélie Lucas: Si coincidimos en que este súbito auge a escala mundial de determinado tipo de velos que se hacen pasar por EL velo “islámico” no es de naturaleza cultural ni religiosa, sino una bandera política de que se sirven los fundamentalistas para aumentar su visibilidad política a expensas de las mujeres; si coincidimos en eso, entonces tenemos que admitir que llevar ese tipo de velo –ahora— en Europa y en Norteamérica tiene un objetivo político. Sépanlo o no, las mujeres que lo llevan son portadoras del estandarte de un partido político de extrema derecha.
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Así pues, difícilmente podría yo aceptar la fórmula de “una mujer que elige cómo vestirse”. Ese velo no puede, definitivamente no puede, equipararse con la opción de llevar tacones o zapato plano, minifalda o falda larga. No es una moda; es un marcador político. Si uno decide que va a ponerse un broche con una esvástica, no puede ignorar su significado político; no puede pretender que se desentiende del hecho de que fue la “bandera” de la Alemania nazi. No puede alegar que sólo le gusta su forma. Es una afirmación política.
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Las mujeres de ascendencia migratoria procedente de Asia y de África que se cubren el rostro o llevan un burka hoy, ya sea en Europa, en Norteamérica o en sus propios países de origen, llevan un tipo de velo que jamás habían visto antes, salvo si crecieron en una específica y limitadísima parte del Oriente Próximo. No pueden pretender que vuelven a sus raíces y visten la misma indumentaria que sus antepasadas de siglos atrás; ni pueden pretender que la llevan por razones religiosas. Las musulmanes fueron musulmanas durante siglos sin necesidad de semejante indumentaria: en el Sur de Asia vestían saris, en África occidental boubous… Hoy, las mujeres pertrechadas con burkas llevan una indumentaria que ni se había visto ni se había jamás hablado de ella hasta hace unas pocas décadas, cuando grupos políticos fundamentalistas inventaron el burka como su bandera política.
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De manera que si el Estado se propusiera regular el burka o el nikab, no estaría regulando “el modo en que vestimos, ni estaría interfiriendo en un gusto personal o en una moda, sino en la exhibición pública de un signo político de un movimiento de extrema derecha”.
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Hacer eso podría perfectamente caber en el papel del Estado laico. Puede debatirse al respecto. Pero lo que no es debatirle es que las mujeres que llevan burka hoy están bajo las garras de un movimiento transnacional de extrema derecha. Y resulta irrelevante que las mujeres con burka sean conscientes del significado político actual de su velo o, al contrario, estén alienadas por el discurso político-religioso fundamentalista.
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Maryam Namazie: En la práctica, ¿cómo podría procederse a restricciones (atendiendo también al caso francés) sin inflamar más el racismo y el fanatismo contra musulmanes e inmigrantes y cuál es la conexión entre ambos? Le pregunto esto, porque algunos dirán que criticar el velo y el nikab es racista.
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Marieme-Hélie Lucas: En tal caso, ¿la resistencia al nikab/burka/pañuelo y cualquier forma de velo en nuestros países habría que calificarla también como “racismo”? Las mujeres que eligieron morir antes que llevar velo en la Argelia de los 90 actuaron racistamente contra su propio pueblo? ¿Hay que considerarlas hostiles a su propia fe, a pesar de ser muchas de ellas creyentes en el Islam?
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¿No podemos dejar de pensar que “Occidente” es el centro del mundo? ¿Qué pasa con las mujeres sudanesas que ahora mismo en Jhartum se arriesgan a ser azotadas y encarceladas por rechazar el velo? ¿Qué pasa con el sinnúmero de mujeres iraníes que llevan décadas encarceladas por no vestir “islámicamente”?
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El racismo, la xenofobia, la marginalización y los ataques a los inmigrantes (o a gentes de ascendencia migratoria) siempre han estado aquí. A comienzos del siglo XX hubo en el sur de Francia pogroms contra inmigrantes italianos (dicho sea de paso: católicos y blancos) que “venían a robar el pan de los trabajadores franceses”. ¿Suena familiar, no? Hubo muchos muertos y heridos. ¿Por qué no se habla aquí de “católicofobia” o de “cristianofobia”, si a  demostraciones de xenofobia harto menos dramáticas se las llama ahora “islamofobia” cuando apuntan a objetivos presuntamente “musulmanes”? Ahora bien; si nos fijamos en ciudadanos franceses de nuestros días cuyos apellidos son de origen italiano, lo que se ve es que están plenamente integrados y nadie discute su pertenencia a la nación francesa. Lo mismo ocurre con españoles, portugueses, griegos o polacos y rusos que vinieron a instalarse a Francia en el pasado reciente, llegaron a ser ciudadanos franceses y se han “mezclado” ahora con la población general (el expresidente  francés Sarkozy constituye un excelente ejemplo reciente de integración exitosa).
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Francia cuenta hoy con un 25% de ciudadanos de origen extranjero. Hay un número creciente de gente bien conocida con apellidos árabes (y por lo mismo, erróneamente considerados  musulmanes). Se trata de profesores, abogados, expertos en computación, empresarios… Esto es un indicador de su incorporación a la nación, lo mismo que italianos, españoles, etc. hace menos de un siglo.
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Una hermosa pieza titulada Barbes-Cafe se representó el año pasado en distintas ciudades francesas. Era toda ella obra de gentes de ascendencia argelina, muchos de los cuales habían huido de amenazas de muerte fundamentalistas y de ataques directos en los 90. Esa pieza es un himno a la emigración: sirviéndose de canciones en árabe de todo el siglo XX, de comienzo a fin, traza la historia de la emigración desde el Norte de África, de las cuitas y las nostalgias de los emigrantes, así como de sus condiciones de trabajo. Pero también celebra las leyes que permitieron a las familias reunirse con los trabajadores, la educación libre y laica recibida por sus hijos, la solidaridad entre trabajadores nativos e inmigrantes en los sindicatos y partidos de izquierda, etc. Termina con imágenes de aquellos inmigrantes de ascendencia norteafricana que “lo lograron” y abrieron la puerta para las generaciones venideras. Es un manifiesto de esperanza que, sin embargo, no trata de esconder la dureza de las condiciones a que tuvieron que  enfrentarse muchos trabajadores para que sus hijos y nietos llegaran a ser parte de Francia.
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El 27 de octubre fue el aniversario de la Marcha por la Igualdad y Contra el Racismo que cuatro chicas y chicos, ciudadanos franceses de origen norteafricano, iniciaron en 1983. Salieron de Marsella y caminaron durante dos meses por Francia, visitando ciudades y aldeas, hablando con sus conciudadanos rurales y urbanos, denunciando los crímenes y las discriminaciones racistas y abogando por la igualdad de todos los ciudadanos. También denunciaron el rótulo de “musulmán” que se les imponía por razones de origen geográfico. Por el camino, otros ciudadanos de todos los orígenes se les fueron uniendo y comenzaron a marchar con ellos gentes que se habían reunido inicialmente para darles la bienvenida y apoyar sus objetivos.
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No está escrito en ningún lugar que las gentes oprimidas o víctimas de la discriminación tengan que terminar en movimientos de extrema derecha. En esas circunstancias, las gentes pueden elegir entre hacerse revolucionarios o convertirse en fascistas. La respuesta fundamentalista al racismo es una respuesta fascista. No deberíamos bajo ningún pretexto regalarles legitimidad ninguna. Lo que debemos hacer es apoyar a los movimientos populares en favor de la igualdad y la plena ciudadanía.
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Los  fundamentalistas están arteramente interesados en asegurarse los beneficios de los incidentes racistas; lo mismo que los movimientos de extrema derecha tradicional (xenófoba), necesitan radicalizar a su tropa y reclutar a más gente para su causa. Ambas fuerzas aparentemente antagónicas de extrema derecha comparten el mismo objetivo: les gustan los baños de sangre. De aquí que estén preparadas para provocar incidentes racistas. En los últimos años, los habitantes fundamentalistas de un vecindario parisino empezaron a rezar por las calles y a bloquear el tránsito durante horas los viernes. El pretexto era que su mezquita local no era suficientemente grande. Pero desde luego lo era la Gran Mezquita de París que, a unas pocas estaciones de metro de donde se hallaban, estaba y sigue estando permanentemente casi vacía.
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La policía vigilaba sin intervenir, y la cosa duró más de siete años. La única respuesta vino, ni que decir tiene, de un grupo de extrema derecha que invitó públicamente a compartir un aperitivo de “vino y cerdo” en esas mismas calles los domingos.
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La acobardada izquierda debería haber tomado este asunto en las propias manos exigiendo el desalojo del espacio público tanto los viernes como los domingos, si no había autorización policial para ocuparlo como es legalmente preceptivo. La acobardada izquierda está preparada para ignorar las provocaciones de los musulmanes fundamentalistas, porque no desea verse tildada de “islamofóbica”. Uno siente que, en cierto modo, esa izquierda no es capaz de distinguir entre los creyentes en el Islam y el movimiento de extrema derecha supuestamente religioso que finge representar a todos los musulmanes.
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Fue esperando evitar una confrontación con Franco que los gobiernos europeos, incluyendo el gobierno socialista francés, se negaron a ayudar y a proteger al gobierno legítimo de la República española. Fue con la esperanza de evitar una confrontación con el  muy cortés señor Hitler que los gobiernos europeos fueron a Múnich y permitieron la invasión de Polonia por las tropas nazis.
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La historia enseña que la cobardía en política no lleva a parte ninguna y que todos, a su debido tiempo, terminan pagando el precio de la infidelidad a los principios y a los derechos.
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Marieme Hélie-Lucas es una reconocida activista feminista argelina. Socióloga de prestigio internacional, ha sido la fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, así como coordinadora internacional de Secularism Is A Women’s Issue (El laicismo es cosa de mujeres).

Fuente: http://freethoughtblogs.com, 27 octubre 2013. La versión española se ha publicado en Sin Permiso el 23 de enero de 2016.

Traducción de María Julia Bertomeu y Mínima Estrella

Posteado por: Javier | julio 26, 2016

Hillary Clinton: mucho peor que Donald Trump

Buenas tardes.

Ha sido todo un placer encontrarme hoy con esta entrevista (PUBLICADA AQUÍ), cuyas valoraciones coinciden en buena parte con mi opinión (con algunos matices en la cuestión de las intervenciones en el exterior): no me gusta Donald Trump, pero la corrupta de Hillary Clinton es muchísimo peor candidata. Lo siento mucho por la derecha neoliberal y por la izquierda “mainstream” que desean la victoria de Hillary, pero yo personalmente en estas cuestiones de moral política me guío por los principios puritanos que todavía siguen vigentes en EEUU (aunque cada vez estén más diluidos): Hillary está totalmente inhabilitada para ser presidenta de EEUU, su sola presencia delictiva mancillaría el Despacho Oval. Ahí opino como alguno de los seguidores de Trump: “HILLARY FOR PRISON” (no “for president”).

De hecho, Trump ya ha superado a Clinton en las encuestas, aunque esto no acaba más que de empezar.

No puedo estar más de acuerdo cuando dice que Trump asusta más bien por sus actitudes de showman y sus malos modos, pero que, bajo las formas, lo de Hillary es mucho más aterrador, tanto su alianza con el poder neofinanciero como su posible política internacional. Una posibilidad con Trump es que si llega a presidente lo que haga sea delegar todo en asesores que sean los que de verdad hagan la política de su administración, y que éstos se aparten de sus propuestas más alocadas. No sé hasta qué punto a Trump le gusta realmente la política y sí mucho más el show, el efectismo, que se hable de él, el estar metido en el ajo de todas las polémicas. Es cierto que Trump es algo “mejor” que el resto de republicanos en cuanto a temas de política social, pero la verdad es que representa en buena medida este fenómeno que se ve en Europa de partidos populistas de derecha que ocupan el espacio que han abandonado los partidos progresistas y socialdemócratas, y eso no es positivo. Aparte de la utilización torticera que hace del recuerdo que todavía tienen muchos americanos de cuando el New Deal generó la clase media más fuerte del mundo.

Pero aún así, probablemente, Trump torpedearía los tratados de “libre comercio” (de esos en los que sólo son “libres” las grandes transnacionales, para entendernos) como el TTIP y eso sí sería tremendamente bueno. Trump puede hacerlo puesto que él no depende de nadie. Ha llegado a esta carrera presidencial por sus propios medios, a diferencia de Clinton, aupada por las élites financieras de Wall Street como su candidata “oficial” (es que incluso se puede decir que es un producto elaborado y promocionado por esas élites). Trump es un “outsider”, un verso suelto. Es un magnate multibillonario al que no pueden comprar ni controlar. Por eso hay tantos a los que preocupa.

La elección de Trump y su política de control de fronteras podría tener un “efecto contagio” para que lo mismo fuera reclamado al otro lado del Atlántico y empezar a resquebrajar a la Unión Euro-bananera. No puede ser mejor su última propuesta: controlar la entrada en EEUU de franceses y alemanes, debido a la penetración del islamismo en estos dos países. Como estamos viendo en estos días, con un ataque tras otro en Francia y Alemania, hay muchos militantes islamistas con pasaporte alemán y francés. Lo del continente euro-bananero es un puñetero cachondeo, con sus fronteras abiertas y su Tratado Schengen. A los alemanes les está ocurriendo como a Francia, tras el afán de importar mano de obra barata al precio que sea, no controlan nada y tienen montones de criminales con pasaporte alemán que pueden pasar las fronteras como Pedro por su casa. Si fuera presidente de España no dejaría entrar en el país a ni un solo sujeto que hubiera estado fichado en su país de origen o con antecedentes penales, igual que hacen los americanos (donde el FBI escudriña casi hasta el papel higiénico que utilizas). Por supuesto, esas medidas de control no irían dirigidas a vigilar al morito musulmán por el hecho de serlo, que es lo que quieren los neonazis europedos. Irían dirigidas a controlar a CUALQUIERA con el que saltasen las alarmas de que esté fichado o tenga antecedentes penales DEL TIPO QUE SEAN, sea moro, sea negro, sea chino o sea blanquito de piel como la leche.

Por cierto, en relación a esta sucesión de atentados en Europa a los que asistimos casi estupefactos, es cierto que los terroristas buscan precisamente estigmatizar a todo aquel que tenga aunque sea sólo un poquito de pinta árabe, y van a seguir golpeando con saña y sin parar a Francia y Alemania hasta que provoquen un estallido xenófobo atroz, que es lo que buscan (y algunos llevamos años predicando en el desierto y alertando de que esta inmigración descontrolada una de las cosas a que iba a llevar es a un auge de los partidos neonazis y de extrema derecha xenófoba), pero no hay que olvidar que Francia y Alemania política y socialmente son dos países bananeros, por muy ricos que sean. No hay que olvidar que sus élites políticas y financieras corruptas han contribuido a esto creando sociedades totalmente desestructuradas (todo por aumentar sus beneficios, que es al final lo que les importa) a las que es muy fácil golpear una y otra vez hasta que revienten por todas sus costuras, que es lo que, al final, va a pasar con estos dos países y otros como Bélgica. Los terroristas lo saben y no son tontos, por eso atacan una y otra vez a estos países. Y van a seguir, y a seguir, y a seguir, y a seguir…

Y, en resumen, me alegra mucho que la entrevistada señale dos grandes vicios que hoy día lastran a la izquierda “mainstream” y que la colocan prácticamente en el mismo sitio que la derecha neoliberal: la política de las minorías y renunciar a la soberanía nacional, no querer ni mencionarla, como si fuera una palabrota.

“Una razón fundamental para que se diese la alianza de Wall Street con los Clinton es que los autoproclamados “nuevos demócratas” encabezados por Bill Clinton lograron cambiar la ideología del Partido Demócrata de la igualdad social a la igualdad de oportunidades. En vez de luchar por las políticas tradicionales del New Deal que tenían como objetivo incrementar los estándares de vida de la mayoría, los Clinton luchan por los derechos de las mujeres y las minorías a “tener éxito” individualmente, a “romper techos de cristal”, avanzar en sus carreras y enriquecerse. Esta “política de la identidad” quebró la solidaridad de la clase trabajadora haciendo que la gente se centrase en la identidad étnica, racial o sexual. Es una forma de política del “divide y vencerás”.

“El control local de los servicios sociales se sacrifica a la necesidad de “atraer inversores”, en otras palabras, a dar al capital financiero la libertad de modelar sociedades dependiendo de sus opciones de inversión. La excusa es que, atrayendo inversores, se crearán empleos, pero esto no ocurre. Puesto que la clave de estas políticas es romper las barreras nacionales para permitir al capital financiero ganar acceso, es normal que la gente acuda a los llamados partidos “nacionalistas” que aseguran querer restaurar la soberanía nacional. Como en Europa sobreviven los fantasmas del nazismo, “soberanía nacional” se confunde con “nacionalismo”, y “nacionalismo” se equipara con guerra. Estas suposiciones hacen que el debate en la izquierda sea imposible y termine favoreciendo a los partidos de derecha, que no sufren de este odio al Estado nacional.”

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Diana Johnstone es quizá una de las comentaristas de la política europea y estadounidense más reputadas en la izquierda. Colaboradora, entre otros, de Counterpunch, Johnstone, que se hizo conocida en Europa por sus críticas a la política occidental durante las guerras en los Balcanes, acaba de sacar un libro sobre Hillary Clinton titulado La reina del caos.

Los medios estadounidenses han centrado su atención estas primarias en Donald Trump. Pero en su opinión, Hillary Clinton también debería ser motivo de preocupación. La ha descrito como ‘la reina del caos’. ¿Por qué?

Trump consigue titulares porque es una novedad, un showman que dice cosas chocantes. Es visto como un intruso en un espectáculo electoral diseñado para transformar a Clinton en la “primera mujer presidenta de América”. ¿Por qué la llamo reina del caos? En primer lugar, por Libia. Hillary Cinton fue en gran medida responsable de la guerra que hundió a Libia en el caos, un caos que se extiende hacia el resto de África e incluso Europa. Ha defendido más guerra al Oriente Medio.

Mi opinión no es que Hillary Clinton “también debería” ser motivo de preocupación. Ella es el principal motivo de preocupación. Clinton promete apoyar más a Israel contra los palestinos. Está totalmente comprometida con la alianza de facto entre Arabia Saudí e Israel que tiene como objetivo derrocar a Assad, fragmentar Siria y destruir la alianza chií entre Irán, Assad y Hezbolá. Esto aumenta el riesgo de confrontación militar con Rusia y Oriente Medio. Al mismo tiempo, Hillary Clinton defiende una política beligerante hacia Rusia en su frontera con Ucrania. Los medios de comunicación de masas en Occidente se niegan a darse que cuenta que muchos observadores serios, como por ejemplo John Pilger y Ralph Nader, temen que Hillary Clinton nos conduzca, sin advertirlo, a la Tercera Guerra Mundial.

Trump no se ajusta a ese molde. Con sus comentarios groseros, Trump se desvía radicalmente del patrón de lugares comunes que oímos de los políticos estadounidenses. Pero los medios de comunicación establecidos han sido lentos en reconocer que el pueblo estadounidense está completamente cansado de políticos que se ajustan al patrón. Ese patrón está personificado por Hillary Clinton. Los medios de comunicación europeos han presentado en su mayoría a Hillary Clinton como la alternativa sensata y moderada al bárbaro de Trump. Sin embargo, Trump, el “bárbaro”, está a favor de reconstruir la infraestructura del país en vez de gastar el dinero en guerras en el extranjero. Es un empresario, no un ideólogo.

Trump ha afirmado claramente su intención de poner fin a la peligrosa demonización de Putin para desarrollar relaciones comerciales con Rusia, lo que sería positivo para Estados Unidos, para Europa y para la paz mundial. Extrañamente, antes de decidir presentarse como republicano, para consternación de los líderes del Partido Republicano, Trump era conocido como demócrata, y estaba a favor de políticas sociales relativamente progresistas, a la izquierda de los actuales republicanos o incluso Hillary Clinton.

Trump es impredecible. Su reciente discurso en AIPAC, el principal lobby pro-israelí, fue excesivamente hostil hacia Irán, y en 2011 cayó en la propaganda que condujo a la guerra contra Libia, incluso si ahora, retrospectivamente, la critica. Es un lobo solitario y nadie sabe quiénes son sus asesores políticos, pero hay esperanza de que arroje fuera de la política a los neoconservadores e intervencionistas liberales que han dominado la política exterior estadounidense los últimos quince años.

Los asesores de Clinton destacan su experiencia, en particular como secretaria de Estado. Muchos se ha escrito sobre esta experiencia y no siempre de manera positiva. ¿Cuál fue su papel en Libia, Siria o Honduras?

Hay dos cosas que decir sobre la famosa experiencia de Hillary Clinton. La primera es observar que su experiencia no es el motivo de su candidatura, sino, más bien, la candidatura es el motivo de su experiencia. En otras palabras, Hillary no es candidata debido a que su maravillosa experiencia haya inspirado a la gente a escogerla como aspirante a la presidencia. Es más correcto decir que ha acumulado ese currículo justamente para cualificarse como presidente.

Durante unos veinte años, la máquina clintonita que domina el Partido Demócrata ha planeado que Hillary se convierta en “la primera mujer presidenta de EEUU” y su carrera se ha diseñado con ese fin: primero senadora de Nueva York, después secretaria de Estado.

Lo segundo concierne al contenido y la calidad de esa famosa experiencia. Se ha empecinado en demostrar que es dura, que tiene potencial para ser presidenta. En el Senado votó a favor de la guerra de Irak. Desarrolló una relación muy cercana con el intervencionista más agresivo de sus colegas, el senador republicano por Arizona John McCain. Se unió a los chovinistas religiosos republicanos para apoyar medidas como hacer que quemar la bandera estadounidense fuese un crimen federal. Como secretaria de Estado, trabajó con “neoconservadores” y esencialmente adoptó una política neoconservadora utilizando el poder de Estados Unidos para rediseñar el mundo.

Respecto a Honduras, su primera importante tarea como secretaria de Estado fue proporcionar cobertura diplomática para el golpe militar de derechas que derrocó al presidente Manuel Zelaya. Desde entonces Honduras se ha convertido en la capital con más asesinatos del mundo. En cuanto a Libia, persuadió al presidente Obama para derrocar el régimen de Gaddafi utilizando la doctrina de “responsabilidad para proteger” (R2P) como pretexto, basándose en falsas informaciones. Bloqueó activamente los esfuerzos de gobiernos latinoamericanos y africanos para mediar, e incluso previno los esfuerzos de la inteligencia militar estadounidense para negociar un compromiso que permitiese a Gaddafi ceder el poder pacíficamente.

Continuó esa misma línea agresiva con Siria, presionando al presidente Obama para que incrementase el apoyo a los rebeldes anti-Assad e incluso para imponer una “zona de exclusión aérea” basada en el modelo libio, arriesgándose a una guerra con Rusia. Si se examina atentamente, su “experiencia” más que cualificarla para el puesto de presidente, la descalifica.

Como secretaria de Estado, Clinton anunció en 2012 un “pivote” a Asia oriental en la política exterior estadounidense. ¿Qué tipo de política podríamos esperar de Clinton hacia China?

Básicamente este “pivote” significa un desplazamiento del poder militar estadounidense, en particular naval, desde Europa y Oriente medio al Pacífico occidental. Supuestamente, porque debido a su creciente poder económico China ha de ser una “amenaza” potencial en términos militares. El “pivote” implica la creación de alianzas antichinas entre otros Estados de la región, lo que con toda probablidad incrementará las tensiones, y rodeando a China con una política militar agresiva se la empuja efectivamente a una carrera armamentística. Hillary Clinton apuesta por esta política y si llegase a la presidencia la intensificaría.

Clinton dijo en 2008 que Vladímir Putin no “tiene alma”. Robert Kagan y otros “intervencionistas liberales” que jugaron un papel destacado en la crisis en Ucrania la apoyan. ¿Su política hacia Rusia sería de una mayor confrontación que la del resto de candidatos?

Su política sería claramente de una mayor confrontación hacia Rusia que las de Donald Trump. El contrincante republicano de Trump, Ted Cruz, es un fanático evangélico de extrema derecha que sería tan malo como Clinton, o quizá peor. Comparte la misma creencia semirreligiosa de Clinton en el rol “excepcional” de Estados Unidos para modelar el mundo a su imagen. Por otra parte, Bernie Sanders se opuso a la guerra de Iraq. No ha hablado demasiado de política internacional, pero su carácter razonable sugiere que sería más juicioso que cualquiera de los demás.

Los asesores de Clinton tratan de destacar su intento de reformar el sistema sanitario estadounidense. ¿Fue ese intento de reforma realmente un avance y tan importante como dicen que fue?

En enero de 1993, pocos días después de asumir la presidencia, Bill Clinton mostró su intención de promocionar la carrera política de su esposa nombrándola presidenta de una comisión especial para la reforma del sistema nacional de sanidad. El objetivo era llevar a cabo un plan de cobertura sanitaria basado en lo que se denominó “competitividad gestionada” entre compañías privadas. El director de esa comisión, Ira Magaziner, un asesor muy próximo a Clinton, fue quien diseñó el plan. El papel de Hillary era vender políticamente el plan, especialmente al Congreso. Y en eso fracasó por completo. El “plan Clinton”, de unas 1.342 páginas, fue considerado demasiado complicado de entender y a mediados de 1994 perdió prácticamente todo el apoyo político. Finalmente se extinguió en el Congreso.

Respondiendo a la pregunta, el plan básicamente no era suyo, sino de Ira Magaziner. Como había de depender de las aseguradoras privadas, orientadas al beneficio, como ocurre con el Obama Care, ciertamente no era un avance, como sí que lo es el sistema universal que defiende Bernie Sanders.

La campaña de Clinton ha recibido notoriamente dinero de varios hedge funds. ¿Cómo cree que podría determinar su política económica si consigue llegar a la presidencia?

Cuando los Clinton abandonaron la Casa Blanca en enero de 2001, Hillary Clinton lamentó estar “no sólo sin blanca, sino en deuda”. Eso cambió muy pronto. Hablando figuradamente, los Clintons se trasladaron de la Casa Blanca a Wall Street, de la presidencia al mundo de las finanzas. Los banqueros de Wall Street compraron una segunda mansión para los Clinton en el Estado de Nueva York (que se sumó a la que tienen en Washington DC) prestándoles primero el dinero y luego pagándoles millones de dólares por ofrecer conferencias.

Sus amistades en el sector bancario les permitieron crear una fundación familiar ahora valorada en dos mil millones de dólares. Los fondos de la campaña proceden de fondos de inversión amigos que colaboran de buen grado. Su hija, Chelsea, trabajó para un fondo de inversión antes de casarse con Marc Mezvinsky, quien creó su propio fondo de inversión después de trabajar para Goldman Sachs.

En pocas palabras, los Clinton se sumergieron por completo en el mundo de las finanzas, que se convirtió en parte de su familia. Es difícil imaginar que Hillary se mostrase tan desagradecida como para llevar a cabo políticas contrarias a los intereses de su familia adoptiva.

Se dice que la política de identidad es otro de los pilares de su campaña. Quienes apoyan a Clinton afirman que votándola se romperá el techo de cristal y que por primera vez en la historia una mujer entrará en la Casa Blanca. Desde varios medios has protestado contra esta interpretación.

Una razón fundamental para que se diese la alianza de Wall Street con los Clinton es que los autoproclamados “nuevos demócratas” encabezados por Bill Clinton lograron cambiar la ideología del Partido Demócrata de la igualdad social a la igualdad de oportunidades. En vez de luchar por las políticas tradicionales del New Deal que tenían como objetivo incrementar los estándares de vida de la mayoría, los Clinton luchan por los derechos de las mujeres y las minorías a “tener éxito” individualmente, a “romper techos de cristal”, avanzar en sus carreras y enriquecerse. Esta “política de la identidad” quebró la solidaridad de la clase trabajadora haciendo que la gente se centrase en la identidad étnica, racial o sexual. Es una forma de política del “divide y vencerás”.

Hillary Clinton busca persuadir a las mujeres de que su ambición es la de todas ellas, y que votándola están votando por ellas mismas y su éxito futuro. Este argumento parece funcionar mejor entre las mujeres de su generación, que se identificaron con Hillary y simpatizaron con el apoyo leal a su marido, a pesar de sus flirteos. Sin embargo, la mayoría de las jóvenes estadounidenses no se han dejado llevar por este argumento y buscan motivos más sólidos a la hora de votar. Las mujeres deberían trabajar juntas por las causas de las mujeres, como el mismo salario por el mismo trabajo, o la disponibilidad de centros infantiles para las mujeres trabajadoras. Pero Hillary es una persona, no una causa. No hay ninguna prueba de que las mujeres en general se hayan beneficiado en el pasado de tener a una reina o una presidenta. Es más, aunque la elección de Barack Obama hizo felices a los afroamericanos por motivos simbólicos, la situación de la población afroamericana ha ido empeorando.

Mujeres jóvenes, como Tulsi Gabbard o Rosario Dawson, consideran que poner fin a un régimen de guerras y cambios de régimen y proporcionar a todo el mundo una buena educación y sanidad son criterios mucho más significativos a la hora de escoger un candidato.

¿Por qué las minorías siguen apoyando a Clinton en vez de a Sanders?

Está cambiando. Hillary Clinton ganó el voto negro en las primarias demócratas en los Estados del sur profundo. Fue a comienzos de la campaña, antes de que Bernie fuese conocido. En el sur profundo, muchos afroamericanos estaban desencantados porque muchos de ellos estaban en prisión o habían estado en prisión, y la mayoría de votantes son mujeres mayores que asisten regularmente a la iglesia, donde escuchan a los predicadores pro-Clinton, no lo que se dice en Internet.

En el norte las cosas son diferentes, y el mensaje de Sanders está consiguiendo extenderse. Lo apoyan la mayor parte de intelectuales afroamericanos y de afromericanos del mundo del entretenimiento. Ésta es la primera elección presidencial donde Internet juega un papel clave. Especialmente la gente joven, que no confía en los medios de comunicación establecidos. Es suficiente leer los comentarios de los lectores estadounidenses en Internet para darse cuenta de que Hillary Clinton está considerada ampliamente como una mentirosa, una hipócrita, una belicista y un instrumento de Wall Street.

¿Cómo ves la campaña de Bernie Sanders? Es visto como la esperanza de la izquierda, pero tras la presidencia de Obama también hay cierto escepticismo. Algunos comentaristas han señalado su apoyo a intervenciones militares estadounidenses en el pasado.

A diferencia de Obama, quien prometió un “cambio” vago, Bernie Sanders es muy concreto a la hora de hablar de los cambios que se tienen que hacer en política doméstica. E insiste en que él solo no puede hacerlo. Su insistencia en que se precisa una revolución política para conseguir sus metas está realmente inspirando el movimiento de masas que necesitaría. Es lo suficientemente experimentado y tozudo como para evitar que el partido le secuestre, como ocurrió con Obama.

En cuanto a la política exterior, Sanders se opuso firmemente y de manera razonada a la guerra de 2003 en Irak, pero como la mayor parte de la izquierda, se dejó llevar por los argumentos en favor de las “guerras humanitarias”, como la desastrosa destrucción de Libia.

Pero este tipo de desastres han comenzado a educar a la gente, y puede que hayan servido de lección al propio Sanders. La gente puede aprender. Puede oír, entre quienes le apoyan, a antibelicistas como la congresista Tulsi Gabbard de Hawai, que presentó su dimisión en el Comité Nacional Demócrata para apoyar a Sanders. Hay una contradicción obvia entre el gasto militar y el programa de Sanders para reconstruir EEUU. Sanders ofrece una mayor esperanza porque viene con un movimiento nuevo, joven y entusiasta, mientras que Hillary viene con el complejo militar-industrial y Trump viene consigo mismo.

Actualmente vive en Francia. ¿Cómo ve la situación en el país? ¿Qué explica el ascenso del Frente Nacional, en paralelo a otras fuerzas de la nueva derecha (o nacional-conservadoras)?

Los partidos establecidos siguen las mismas políticas impopulares en Europa y en EEUU y eso, naturalmente, lleva a la gente a buscar algo diferente. El control local de los servicios sociales se sacrifica a la necesidad de “atraer inversores”, en otras palabras, a dar al capital financiero la libertad de modelar sociedades dependiendo de sus opciones de inversión. La excusa es que, atrayendo inversores, se crearán empleos, pero esto no ocurre. Puesto que la clave de estas políticas es romper las barreras nacionales para permitir al capital financiero ganar acceso, es normal que la gente acuda a los llamados partidos “nacionalistas” que aseguran querer restaurar la soberanía nacional. Como en Europa sobreviven los fantasmas del nazismo, “soberanía nacional” se confunde con “nacionalismo”, y “nacionalismo” se equipara con guerra. Estas suposiciones hacen que el debate en la izquierda sea imposible y termine favoreciendo a los partidos de derecha, que no sufren de este odio al Estado nacional.

En vez de actuar con horror a la derecha, la izquierda necesita ver las cuestiones que afectan realmente a la gente con claridad.

En el pasado ha criticado a la izquierda (o a una parte considerable de ella) por apoyar las llamadas “intervenciones humanitarias”. ¿Qué opina de la ‘nueva izquierda’ o ‘nueva nueva izquierda’ en países como Grecia o España?

La propaganda neoliberal dominante justifica la intervención militar por motivos humanitarios, para “proteger” a la gente de “dictadores”. Esta propaganda ha tenido mucho éxito, especialmente en la izquierda, donde con frecuencia se acepta como una versión contemporánea del “internacionalismo” de la vieja izquierda, cuando en realidad es todo lo opuesto: no se trata de las Brigadas Internacionales y su idealismo, combatiendo por una causa progresista, sino del Ejército estadounidense bombardeando países en nombre de alguna minoría que puede acabar demostrándose como un grupo mafioso o terroristas islámicos.

Honestamente, creo que este libro es una aportación a la crítica de la política intervencionista liberal, y lamento que no esté disponible en español, aunque hay ediciones en inglés, francés, italiano, portugués, alemán y sueco.

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ACTUALIZACIÓN:

En relación con el brutal asesinato de Jacques Hamel, el cura de una iglesia católica en Normandía, Francia, a manos de terroristas islamistas del ISIS y lo que he dicho sobre la seguridad.

Primero de todo, hay que condenar este asesinato. Es repugnante que maten a alguien por su fe, sea la católica romana o la que sea. Asesinar a alguien de 86 años indefenso es otra muestra de la “valentía” de estos criminales.

Segundo, estos atentados que se están produciendo en Alemania y Francia cada vez tienen menos pinta de ser “espontáneos” u obra de un tipo al que se le ha ocurrido de la noche a la mañana coger un hacha, un cuchillo o una pistola y matar, es más, todo lo contrario, de estar ya planificados desde un tiempo antes y por sujetos de los que ya se sospechaba antes de su vinculación con el islamismo radical pero con los que o no se aplicaron, o las medidas de seguridad fueron muy débiles. Adel Kermiche, uno de los asesinos del sacerdote católico de Normandia, había estado 10 meses en prisión después de que intentara viajar a Siria para unirse a ISIS, pero un juez decretó su libertad a condición de que llevara una pulsera electrónica, pese a las advertencias de que este tipejo aún era un peligro. Las autoridades intentan tapar esto, sus inexistentes medidas de seguridad que estos atentados están sacando a la luz, utilizando eufemismos e intentando dar a entender que se trata de locos solitarios a los que, de golpe y porrazo, se les ha ido el tarro. 

http://www.wsj.com/articles/one-hostage-dead-two-attackers-killed-after-assault-on-church-in-france-police-say-1469525653

Y, tercero, según informa el New York Post, la iglesia católica donde han cometido el atentado los terroristas estaba en una “lista negra” de ISIS que habían incautado a un detenido ¡¡EL PASADO MES DE ABRIL!! Es cierto que los terroristas son muy malos, sí, y que muchos de estos ataques son impredecibles, matar es muy fácil, pero es que la seguridad en Europa es más propia de una república bananera. Si esto no fuera tan terrorífico, sería más propio de una comedia (y para enterarnos de esto tenemos que irnos a la prensa norteamericana).

http://nypost.com/2016/07/26/france-church-where-priest-was-killed-came-up-on-isis-hit-list/?utm_campaign=SocialFlow&utm_source=NYPFacebook&utm_medium=SocialFlow&sr_share=Facebook

Posteado por: Javier | julio 19, 2016

Algunos mitos sobre el 18 de Julio

Ayer se cumplieron 80 años justos y redondos del conocido como “alzamiento nacional” que dio paso a la Guerra Civil Española y a la posterior dictadura de Franco. A día de hoy, con toda la información y los datos que hay, para cualquiera con dos dedos de frente, es una de las fechas de la infamia en España. Independientemente de la ideología que tenga: el pasado mes de marzo, el senador John McCain, el candidato del Partido Republicano a la Casa Blanca en 2008 (o sea, MUY DE DERECHAS), publicó en el New York Times un artículo en homenaje al recientemente fallecido Delmer Berg, un comunista estadounidense que acudió a España con la Brigada Lincoln para luchar contra Franco. Y que, además, era el último miembro de ese batallón que aún vivía.

Lo de McCain y la derecha anglosajona y protestante sobre el franquismo no es de extrañar. Y es lo normal, incluso fuera del mundo anglosajón. La República Francesa no tiene una visión neutral sobre la Francia de Vichy y la Francia de De Gaulle y la resistencia, obviamente rechaza la primera y ensalza la segunda. Ni Italia ni Alemania tienen visiones neutrales sobre el fascismo y el nazismo, ni los EEUU sobre su guerra civil. Las resistencias en los países ocupados por el nazismo y los ejércitos de la Unión en la guerra de secesión americana cometieron a veces hechos poco edificantes, en ocasiones hasta que podrían ser calificables de criminales, pero no por eso se hace una equivalencia moral entre la resistencia y los nazis (o los aliados y los nazis) o entre Lincoln y los confederados. En el bando republicano también hubo crímenes y hechos rechazables, aunque fueran en el marco de una guerra, pero no por ello existe ni se pretende que haya una equivalencia moral entre ellos y el bando franquista. Eso, en unos y otros casos, se ve muy claro fuera de España (hasta en la derecha, o, por lo menos, en la derecha moderada), pero parece que aquí no, al menos, para quienes intentar legitimar o, como mínimo, disculpar el franquismo con el “hombre, es que barbaridades hicieron los dos”.

Ese es el drama de los nostálgicos de Franco en España. Ni una sola derecha extranjera (salvo que hablemos de ultraderecha), sobre todo, derecha anglosajona, ni una sola les apoya, saben perfectamente que entre Franco y quienes se oponían a él no hay equivalencia moral alguna. Fuera de los platós de Intereconomía, 13TV, Libertad Digital o la Fundación Francisco Franco, están más solos que la una. Las teorías revisionistas que en España aún se mantienen vivas han tenido mucho calado sobre todo en sectores que estaban ya de antemano dispuestos a comprar esa mercancía, pero no pueden ser tomadas en serio mucho más allá, en ámbitos que pretendan tener el más mínimo rigor. Lo suyo no son más que refritos actualizados de las ideas que, prácticamente desde los meses siguientes al fin de la guerra, empezó a vomitar la historiografía franquista para justificar el alzamiento.

Aquí van algunos. También es verdad que, a la par que hay una pseudo-historiografía vudú pro-franquista, existe también mucha mitificación un tanto ingenua e infantil de la II República, cuando la realidad es que es un régimen que tenía sus fallas y era aún imperfecto en muchos aspectos, aunque, por supuesto, fuera el régimen legítimo y un intento de crear en España un sistema verdaderamente democrático y liberal. Sobre la inconveniencia de hacer mitificación acrítica de la II República, recomiendo este artículo de la República Heterodoxa: VER AQUÍ.

1) “EL ALZAMIENTO FUE UNA REACCIÓN DEFENSIVA ANTE LA PERSECUCIÓN QUE MEDIA ESPAÑA SUFRÍA DE PARTE DEL GOBIERNO REPUBLICANO, MEDIA ESPAÑA SE RESISTÍA A MORIR”

Los apologetas actuales del franquismo (sean apologetas explícitos o implícitos, siendo estos últimos los que apoyan el alzamiento del 18 de julio de 1936 utilizando mil y un malabarismos dialécticos para no presentarse como franquistas explícitos) suelen decir que el “sectarismo del gobierno republicano” y la “inminencia de una revolución comunista” (eso lo veremos luego) hizo surgir una reacción de temor en media España que llevó al golpe militar, el cual habría sido “defensivo” (el “media España se resistía a morir” que dicen pseudo-historiadores neo-franquistas como Pío Moa o Fernando Paz). Al margen de lo absurdo de eso, y que no sostiene ningún historiador mínimamente serio, el alzamiento y la posterior dictadura no fue ninguna reacción defensiva por ninguna supuesta circunstancia sobrevenida a mediados de los años 30, sino un proyecto político que ya venía desde años antes incluso del nacimiento de la II República, que ya se había intentado con la dictadura de Primo de Rivera pero que no había tenido éxito, y que sólo necesitaba encontrar el dictador-represor idóneo para llevarla a cabo. Ese fue el motivo, por cierto, por el cual Franco no generó ninguna ideología nueva reconocible, a diferencia de Hitler o Mussolini: Franco recibe un cuerpo ideológico ya fabricado y él es el encargado de aplicarlo represivamente, su papel es de mero represor.

En un artículo que reproduje hace algún tiempo, basado en el libro “Historia del poder político en España”, del pensador José Luis Villacañas, están las claves para comprender esto. Una cita relevante es la siguiente:

El proyecto de una dictadura soberana y constituyente de la sociedad era más antiguo que el régimen de Franco. Había sido elaborado, utilizando conceptos de Carl Schmitt, por el lúcido y apasionado Ramiro de Maeztu, y esto a partir de una pregunta: ¿qué había fallado en la dictadura de Primo de Rivera?…” En su opinión, “Primo de Rivera había disuelto la cohesión de las derechas y se había mostrado incapaz de fortalecer los dos principios de la nación española: el catolicismo y el sentido de la hispanidad. Sin ellos los intentos de José Calvo Sotelo de generar un capitalismo español eran inviables… Se hacía precisa una dictadura de largo plazo, sin cortapisas de otras instancias soberanas, y capaz de formar un capitalismo moderno que generara un pueblo de clases medias despolitizadas. Todo eso debía producirse antes de reconocer los derechos políticos e instituciones liberales”.

Por cierto, con respecto a eso de generar unas “clases medias despolitizadas”, creo que nos suena, viendo lo que es España actualmente, y la pasividad de gran parte de los españoles de la que hemos hablado otras veces. Pasividad que llevó a que Franco gobernase tranquila y felizmente durante 40 años, generando en la mayoría de españoles la ensoñación de ser de “clase media” y el no tener demasiadas ganas de meterse en problemas que les hicieran perder las comodidades de esa “clase media”.

“Estas “élites conservadoras de los primeros días de la República no habían decidido quién dirigiría esa dictadura soberana constituyente. Sus dos ideólogos fundamentales, José Calvo Sotelo y Ramiro de Maeztu, establecían únicamente sus dos bases ideales: la forma concreta de capitalismo de Estado y la forma cultural y católica de la hispanidad protegida por una monarquía tradicional… era casi seguro que este proyecto hiciera necesaria una guerra civil, cuya preparación asumió José María Gil Robles…” Lo que estaba sin definir, “quién iba a ser el portador de la soberanía… Tras una penosa guerra, ese portador sería el general victorioso.”

“Sin embargo, la causa misma por la que había luchado y vencido imponía los fines de su dictadura. Como dijeron al final de la guerra sus defensores, Franco tuvo que encarnar dos aspectos contradictorios del dictador constituyente. Por una parte, en tanto que soberano, no podía ver limitado su poder más que por su propia voluntad. Esto fue lo que dijo Dionisio Ridruejo. Pero, por otra parte, en tanto que caudillo, luchó por una causa tradicional que él no podía definir de su arbitrio, sino garantizar su continuidad. Esto es lo que dijo Francisco Javier Conde al definir a Franco como un caudillo carismático al servicio de la tradición, sin capacidad de innovación… La voluntad soberana del Caudillo no tenía límites para constituir el pueblo español, que era el de la tradición y ya estaba constituido. De ahí que su principal actividad fuera represora de todo aquello que no coincidiera con ese pueblo ya existente. Estas premisa permite describir toda su actuación como desconstrucción de lo que en la historia española era evolución y novedad, y que él consideraba como una mera superficie frente a lo esencial y eterno [Estado totalitario de los Reyes Católicos y su configuración imperial bajo Carlos V y Felipe II]…”

El carácter genocida y terrorista de este movimiento (lo que caracterizó al alzamiento y los primeros años de la dictadura) es algo que ya venía de mucho tiempo atrás, con unos mecanismos de actuación muy similares a los empleados siglos atrás por la Inquisición. Igual que la Inquisición perpetró el genocidio de judíos y cristianos protestantes en España, y expandió el terror por toda la sociedad, el nuevo orden se iba a dedicar a limpiar el país de todo lo que fuera identificado como “antiespaña”:

“Lo que permite identificar la aspiración del régimen en su primera época: crear algo parecido a lo que había sido el dispositivo inquisitorial. Ese dispositivo permitirá que el pueblo ya existente y constituido se defendiera de la impureza histórica acumulada. La aplicación pormenorizada de la delación, la desproporción entre indicios y penas, la extensión de la criminalización a familias y linajes enteros, la concentración de la persecución en campesinos y obreros, la exigencia de retractaciones humillantes, la invocación de sucesos antiguos para justificar el crimen, todo esto constituyó un dispositivo cercano al inquisitorial. Eso hace de esos largos años de posguerra del régimen de Franco algo tan odioso. Pero la imitación verdadera del dispositivo inquisitorial residió en que se quería conseguir un pueblo puro. Por eso fue lógico que, al igual que la Inquisición no permitiera huella superviviente alguna de los ajusticiados, el régimen franquista quisiera sepultar en el anonimato más radical a sus víctimas, perdidas en las cunetas”.

2) “LA II REPÚBLICA NO ERA DEMOCRÁTICA PORQUE NUNCA FUE VOTADA EN REFERÉNDUM POPULAR”

La II República nació por que así lo exigió la circunstancia. Ante la falta de monarca no había alternativa seria para proveer la Jefatura del Estado. Antes de la dictadura de Primo de Rivera apenas había un movimiento republicano serio en España, pero el apoyo del monarca a esa dictadura le valió el descrédito. Es como si Juan Carlos I en el año 1981 se hubiera puesto del lado de los golpistas. Aquello lo hubiese deslegitimado como Jefe del Estado. La República Española de 1931 fue no solo un nuevo régimen proclamado por una voluntad popular -pese a que las elecciones de abril de ese año habían dado una mayoría de concejales monárquicos, 20.000 frente a 5.000, el voto popular estuvo en una proporción de 4 a 1 a favor de los partidos republicanos y las capitales de provincia, donde se vislumbraba claramente la opinión popular, lejos de los manejos caciquiles de las zonas rurales, supusieron una aplastante victoria de los partidarios de la República- sino que en su espíritu y forma era democrático. Otra cosa es que después de tantos años de ausencia, un régimen real de libertades en España necesitase tiempo para consolidarse. Tiempo que no tuvo.

3) “LA CONSTITUCIÓN REPUBLICANA NO FUE APROBADA CON CONSENSO NI VOTADA EN REFERÉNDUM. NO ERA DEMOCRÁTICA”

Ninguna de las constituciones españolas anteriores a 1931 se aprobaron mediante referéndum. Lo mas habitual eran las cortes constituyentes como ocurrió en 1931. Si comparamos la Constitución de 1978 con la de 1931, ambas responden a realidades y contextos distintos con más de 40 años de diferencia. Obviamente, la actual del 78 es más avanzada en bastantes aspectos.

4) “LA BANDERA TRICOLOR REPUBLICANA NO ERA LA BANDERA DE TODOS LOS ESPAÑOLES. ERA SÓLO DE LOS REPUBLICANOS. NO ERA DEMOCRÁTICA”

La constitución de 1931 definía la bandera tricolor como la oficial del Estado, como ahora hace la del 1978 con la bicolor: esa es, a fecha de hoy, año 2016, la oficial del Estado. Eso es independiente de lo que opine cada uno, de si le gusta más o menos, o de si le parecen más o menos bonitos los colores de la bandera. La Constitución de 1931 no definía la bandera como “la bandera de los republicanos”, igual que ahora no existe una definición de la bandera oficial bicolor como “la bandera de todos los españoles”, cada cual se puede identificar con lo que quiera. Yo me identifico con las dos y no me molesta ninguna de ellas. Las dos representan períodos democráticos distintos en contextos y en períodos distintos. Sobre si una u otra bandera, era más o menos “impuesta”, la verdad es un debate que me aburre y no me interesa. Toda bandera, en cierto modo, es “impuesta”, sea de modo más o menos “autoritario” o más o menos “democrático”.

5) “LA II REPÚBLICA ERA SECTARIA. EXCLUÍA A MEDIA ESPAÑA Y DIRIGÍA AL PAÍS HACIA EL COMUNISMO”

Sin embargo, la Constitución de 1931 definía al Estado como una “República democrática de trabajadores de toda clase”. Un lema que para los comentaristas de los periódicos de un país tan poco sospechoso de simpatías comunistas como los Estados Unidos, le parecía un reflejo de su propia forma de ser, al agrupar no a los trabajadores al modo clasista soviético, sino al modo productivista anglosajón de agrupar a todos los que trabajan, a quienes viven de su trabajo y su esfuerzo. Para considerar que el de la II República hubiera sido un régimen “sectario” debería haber existido algún artículo en la Constitución o norma que hubiese permitido, o incluso incitado, la persecución de conservadores, derechistas y católicos, la destrucción de templos católicos o la prohibición de los partidos antirrepublicanos. Cosa que no era así. Las órdenes que las fuerzas públicas recibían del gobierno tendrían que haber consistido en la detención sin causa de los adversarios de la República, en la confiscación de sus bienes y, llegado el caso, en su ejecución sumaria. Es así como actúa un sistema basado en ideas totalitarias, lo que demostró, y muy bien, el Estado franquista poco después. ¿Significa eso que no hubo arbitrariedades gubernamentales? No, por supuesto que las hubo. Lo que ocurre es que, si miramos quiénes eran habitualmente las víctimas de esas arbitrariedades, inclusive durante el primer bienio progresista (1931-1933), veremos que las víctimas normalmente continuaron siendo obreros y campesinos, igual que en los tiempos anteriores a la República.

6) “LA REPÚBLICA FUE UNA ÉPOCA CAÓTICA. Y ESO LO PROVOCÓ, SOBRE TODO, EL SECTARISMO CON EL QUE NACIÓ, QUE LLEGÓ AL MÁXIMO EN 1936 BAJO EL FRENTE POPULAR”.

La realidad es que la situación de España ya era muy convulsa antes de 1931, era una situación que ya se daba incluso en tiempos de la Restauración y así siguió hasta 1936. Desde 1874 a 1931 abundaron los disturbios, las revueltas y las quemas de iglesias, no fue una situación exclusiva de la II República. Quemar iglesias era algo incluso que se remonta a principios del siglo XIX, los de la Guerra de Independencia. Ha sido parte de la eterna tensión española entre clericalismo y anticlericalismo, no era algo exclusivo de la época de la República. Tampoco llega a comprenderse cómo atribuyen al régimen republicano la responsabilidad de una violencia que solía proceder de grupúsculos contrarios al mismo, fueran de ultraderecha o de extrema izquierda. La ultraderecha española empleó desde marzo de 1936 un terrorismo sistemático y desestabilizador que pretendía debilitar el Estado republicano y allanar el terreno a un gobierno autoritario o, en última instancia, a un “levantamiento militar”. Alguno, como el premio Pullitzer de periodismo de 1934, el estadounidense Frederick T. Birchall, escribió un artículo en el New York Times afirmando que lo extraño era que en España los desórdenes no fueran todavía mayores, teniendo en cuenta la desigualdad económica y la pobreza de muchos sectores de la población, que por entonces vivía mayoritariamente de la agricultura. Sin embargo, historiadores como Julio Aróstegui opinan que en absoluto puede hablarse de una “primavera trágica” en la que el gobierno del Frente Popular hubiera perdido el control de la situación porque en esos meses no se produjo una situación de emergencia comparable, no ya sólo a la de 1934 en España, sino a las vividas en el periodo completo de los años veinte y treinta por países como Alemania e, incluso, Francia, lo que no quiere decir que no hubiera una agitación social y laboral constante en el campo y la ciudad y un aumento de la violencia explícita por causas políticas, alimentada por acciones de la izquierda y la derecha. De hecho, el designio de los partidos opositores Bloque Nacional, liderado por José Calvo Sotelo, y de la CEDA de José María Gil Robles era derivar sus acciones hacia la ilegalidad, sacando partido de la agitación en la calle y haciendo responsable de ello al gobierno. El propio Gil Robles, al conocerse el resultado de las elecciones de febrero de 1936, ya intentó la anulación de las mismas y que fuese declarado el “estado de guerra”, alegando desordenes callejeros en las celebraciones por este resultado, es decir, antes incluso del supuesto “caos” que después creó el gobierno del Frente Popular. En todo caso, poca justificación serían los problemas de orden público existentes en la primavera de 1936 para desplegar un terrorismo genocida desde el 18 de julio contra todo aquel al que le cayera encima el sanbenito de ser parte de la “antiespaña”.

7) “LAS ELECCIONES QUE GANA EL FRENTE POPULAR EL 16 DE FEBRERO DE 1936 FUERON UN PUCHERAZO”.

No obstante, incluso los periodistas británicos de aquella época en España llegaron a afirmar que si se hubieran seguido las normas electorales que regían en una democracia consolidada como Gran Bretaña, el triunfo del Frente Popular hubiera sido más contundente aún. Tal era el sistema caciquil que aún campaba a sus anchas en España. El propio jefe del gobierno, el centrista Manuel Portela Valladares, dijo al conocerse los resultados: “Las elecciones han dado la victoria al Frente Popular. Tengo, para afirmarlo, la autoridad que me da el ser presidente de este gobierno”. Y tal afirmación, además, era hecha, ni más ni menos, “para que la conducta de cada cual quede en su lugar”. Desde luego, la de Portela lo estuvo, a diferencia de la de otros como Alcalá Zamora o Gil Robles, quien presionó a Portela para que no dimitiera de su puesto y proclamase el estado de guerra, ante las muestras de júbilo tras el resultado electoral. Eso del “pucherazo” surgió cuando los apologetas del franquismo pretendían imputar al gobierno del Frente Popular los males que supuestamente hicieron “necesario” el alzamiento. Empezando por la propia dictadura franquista, mediante el conocido como “Dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936”, que se hizo público a principios de abril de 1939, y en el que se concluía que había habido fraude en esas elecciones, ya que los resultados habrían sido “falseados” para favorecer al Frente Popular: falsificaciones de votos, violencias, nuevo gobierno formado antes de la segunda vuelta electoral y a la arbitraria revisión posterior de actas en perjuicio de las derechas.

8) “BAJO EL FRENTE POPULAR, ESPAÑA IBA CAMINO DE UNA REVOLUCIÓN Y UNA DICTADURA COMUNISTA. FRANCO COMETIÓ ERRORES PERO NOS SALVÓ DE ESO Y DE SER UN SATÉLITE DE LA URSS”.

Un argumento para justificar el alzamiento que no puede ser más ridículo. Hasta 1934, el PCE era un partido minoritario en España y, a partir de 1935, la estrategia que el VII Congreso de la Internacional Comunista adoptó fue la política de Frente Popular, o sea, el establecer acuerdos con la socialdemocracia y los partidos republicanos, para formar gobiernos en los que los partidos comunistas no entrarían. La revolución proletaria no era en ese momento la prioridad, sino ayudar a ser un contrapeso al ascenso de los partidos fascistas, después de la llegada al poder de Mussolini en Italia y de Hitler en Alemania. La URSS apostó por el establecimiento de un sistema de seguridad basado en la alianza con Francia y las democracias occidentales para frenar el expansionismo alemán, lo que implicaba aparcar sine die las tesis revolucionarias. Los comunistas españoles, con solo 17 diputados de 473, se dedicaron a dotar de estabilidad a los gobiernos republicanos. Se conocen todos sus movimientos por los mensajes cruzados entre Madrid y Moscú, que fueron interceptados y decodificados por los servicios de inteligencia británicos. No existía un peligro de revolución comunista en la primavera de 1936. Ni la línea política de la Internacional Comunista ni las prioridades geoestratégicas de la URSS (al fin y al cabo, bajo cuya obediencia estaban los partidos comunistas occidentales) apuntaban al desencadenamiento de una revolución proletaria en España. Ni siquiera el PSOE de aquellos tiempos era mayoritariamente revolucionario. Azaña formó un gobierno exclusivamente con republicanos burgueses moderados, con el objetivo de tranquilizar el país, pensando que los obreros y jornaleros del campo, por un lado, se sentirían cercanos al mismo, y, por otro, que los sectores más conservadores no se alarmarían, al no contemplarse ninguna nacionalización de propiedades agrarias o industriales. El programa era tan moderado que fue incluso aceptado por un católico de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) como Giménez Fernández, ex-ministro de Agricultura, aunque, posteriormente, su partido lo boicotease en las Cortes. No obstante lo anterior, tras las elecciones, los grupos más a la derecha empezaron una campaña de asesinatos para llevar al país a una situación caótica (de forma que se provocase una intervención de los militares), mientras los más revolucionarios se empleaban también violentamente, como si estuviera empezando una revolución. En cualquier caso, el problema fue que el gobierno no supo cómo actuar para frenar estos episodios violentos y prefirió no intervenir, a la espera de que parasen por sí solos. Craso error, pero no que el gobierno estuviese propiciando la revolución proletaria. Paradójica e irónicamente, terminó siendo el alzamiento lo que llevó a la revolución comunista en algunas zonas del país, al provocar la sublevación militar un colapso de la autoridad del gobierno republicano que fue llenado por los comunistas (en Barcelona sucedió algo similar con los anarquistas de la CNT), llevando a que el PCE se convirtiera prácticamente en el poder hegemónico en buena parte de la zona republicana durante la guerra. Pero no en todos los lugares sucedió esto en la misma medida. En algunos lugares se colectivizó la tierra y las propiedades y en otros no; en algunos hubo asesinatos de curas o monjas, gente religiosa, falangistas, militares o grandes propietarios, y en otros no pasó nada de esto. Ni esto se dio a nivel nacional antes del estallido de la guerra, ni en toda la zona republicana posteriormente, sino a nivel local, donde el vacío de poder del gobierno central de la República llevó a que éste fuera tomado por milicianos pertenecientes a los partidos o sindicatos preponderantes en ese lugar concreto. La principal diferencia con la zona sublevada (y lo que les dio la victoria final) fue que en ésta todo fue inmediatamente incluido bajo una misma jurisdicción militar, de forma que los asesinatos no se produjeron de forma descontrolada por grupos dispersos (de falangistas o carlistas normalmente) sino mediante condenas tras sumarísimos juicios militares. 

Esto del revisionismo ultraconservador sobre la II República y el alzamiento nacional es muy similar a lo que ya hizo en su día Edmund Burke con la Revolución Francesa. Es infiltrar la idea de que cualquier reforma radical de la estructura tradicional de la sociedad está abocada a provocar violencia y muerte, como demostraría, en el caso de Francia, el Terror jacobino entre el otoño de 1793 y la primavera de 1794: así dice la conocida ecuación ultraconservadora. Evidentemente, en esta ecuación nunca entran ejemplos como la represión de la Comuna de París, años después, en 1871, que produjo bastantes más muertes que el Terror jacobino.

Posteado por: Javier | julio 17, 2016

Golpe de Estado en Turquía

Algo previo: los golpes de Estado no son ni buenos ni malos per se. Depende de cómo y para qué se utilicen. No son lo mismo golpes de Estado como los de Sudamérica en los 60 y los 70, que impusieron violentas dictaduras militares fascistas, que golpes como la revolución de los claveles en Portugal (en 1974), un modelo de un buen y muy fino golpe de Estado, una jugada maestra, el derrocamiento del dictador Marcelo Caetano y el fin del salazarismo. O como el caso de Argelia en 1992, cuando el ejército impidió que los islamistas del FIS (Frente Islámico de Salvación) alcanzasen el poder. Fue otro ejemplo de una intervención muy oportuna de las fuerzas armadas. Lo del FIS podría haber sido terrorífico. También podemos hablar de Oliver Cromwell, en la Inglaterra del siglo XVII, o de Thomas Sankara, en Burkina Faso (en el año 1983), como protagonistas de golpes de Estado en defensa de la libertad. En España, mismamente, durante el siglo XIX los pronunciamientos militares eran de carácter liberal-progresista, y, en cambio, en el siglo XX lo fueron represivo-involucionistas (ahí tenemos a Primo de Rivera o Franco). Depende de cada país y de cada situación.

Partiendo de eso, la cuestión de Turquía y su situación es algo complejo y hay que reconocerlo, puesto que normalmente la imagen de los países orientales que recibimos aquí a través de los medios de comunicación suele ser superficial, estereotipada y llena de clichés. Y también hay parte de verdad (como ha dicho algún analista) en que los golpes de Estado que se han sucedido en Turquía desde hace un siglo no han sido solamente por una cuestión de “laicismo vs. islamización” (el Ejército turco tienen encomendada constitucionalmente la defensa de la laicidad del país), sino también de pulsos entre los militares y el gobierno por tener más cuotas de poder, ambos llevan así muchas décadas. Esta reciente intentona de “cuartelazo” por parte del ejército turco también se enmarca en eso, no sólo en retrocesos democráticos que esté impulsando Tayip Erdogan, sino también en los recortes cada vez mayores en la influencia del ejército, propiciados por el gobierno turco. Pero yendo a la cuestión de fondo, creo que el golpe de la noche del viernes se ha podido revelar como un error estratégico si no pensó bien en las posibilidades de éxito, pero, ya que estaba iniciado, lo mejor es que hubiera tenido éxito, a la vista de cómo se ha revuelto Erdogan y el proceso involucionista de la democracia en Turquía al que apunta (algo peor que un triunfo del golpe): no sólo ha salido exultante tras el fracaso de la intentona diciendo que va a “limpiar el Ejército” sino que también ha anunciado que va a purgar a los jueces. Seguramente, no van a ser las únicas medidas represivas que Erdogan va a poner en marcha, medidas que podrían incluso precipitar a Turquía a una guerra civil, a medida que se aproxima a pasos agigantados a lo que podríamos identificar como un Estado fallido.

Erdogan (y los países occidentales, incluido EEUU, que el viernes decían apoyar la “estabilidad”) no parecen recordar la experiencia de Pakistán, utilizado descaradamente por los americanos en los años 80 para canalizar misiles, armas y dinero a los “muyahidines” que luchaban su “guerra santa” contra los soviéticos en Afganistán. Pakistán se convirtió en un estado fallido, con sus ciudades desgarradas por masivos atentados con bombas, y con unos corruptos servicios secretos que fueron infiltrados por los islamistas (incluyendo los talibanes) para eventualmente amenazar al propio Estado pakistaní. Cuando Turquía comenzó a jugar el mismo papel para EEUU en Siria (el envío de armas a los insurgentes que luchaban contra el régimen de Bashar al Assad), su corrupto servicio de inteligencia empezó a cooperar con los islamistas, luchando contra el poder del Estado en Siria, empezando, también, a tomar el inquietante camino de un Estado fallido, con sus ciudades desgarradas por masivos atentados con bombas y su territorio infiltrado por los islamistas. La única diferencia es que Turquía también volvió a lanzar una guerra contra sus ciudadanos kurdos en el sureste del país, donde hay zonas que ahora están tan devastadas como grandes áreas de Homs o Alepo, en Siria.

El islamista “moderado” Erdogan se muestra como un Sultán dictatorial que restringe cada vez más las libertades en su propio país, que practica un juego de chantaje al resto de Europa de enviar más inmigrantes a cambio de dinero y otras prebendas, así como del libre movimiento para los turcos por la Unión Europea y que apoya al Estado Islámico que comete atentados contra ciudadanos en Paris, Bruselas y diversas ciudades europeas. Estado Islámico ha recibido ayuda de todo tipo por parte de Turquía, le ha vendido al país otomano petróleo de contrabando, algodón y mujeres yazidíes como esclavas sexuales, a cambio de dinero, armas, apoyo logístico, creando una frontera permeable y porosa y con una total facilidad de paso a los yihadistas que procedían de Europa para engrosar las filas del Estado Islámico, dando información militar, y cobertura médico sanitaria en tierras de Turquía a los yihadistas heridos en combate, y ha atacado a los kurdos que mantenían a raya a los yihadistas. Y, no bastándole con eso, la fuerza aérea turca derribó el martes 24 de noviembre de 2015 un avión de combate ruso Su-24, precisamente, de Rusia, país que en ese momento estaba bombardeando al Estado Islámico. Incluso Turquía necesitó las presiones de la OTAN para decidirse a detener a Alparslan Celik, el terrorista islamista turcomano que asesinó a sangre fría a Oleg Peshkov, el piloto ruso del Su-24 derribado.

Todo eso no ha evitado, sin embargo, que el Estado Islámico haya azotado a Turquía en los últimos meses, puesto que los terroristas consideran que el gobierno islamista turco navega indecentemente entre dos aguas; por un lado quiere hacer avanzar el islamismo, el yihadismo, y apoya a Estado Islámico, pero por otro lado, se alía económicamente con la Unión Europea (su supervivencia económica va con ello) y, a través de los contactos que ha habido en los últimos meses, hace las paces con el más mortal enemigo del Estado Islámico, la Rusia de Putín, que junto con Irán y Hisbulá apoya a su eterno enemigo Bashar al Assad. Los terroristas están exigiendo a Erdogan que se posicione ya con ellos o con el enemigo (Rusia y la coalición liderada por EEUU que les bombardea).

De todas formas, en cuanto a represión, hay que decir que más vergonzoso aún que lo del propio Erdogan es que Alemania abra un proceso penal contra uno de sus ciudadanos, el humorista Jan Bohmermann, porque lo pida este presidente turco bananero, al que parece no gustarle que lo critiquen ni siquiera en el extranjero y chantajea a otros gobiernos exigiendo que pongan la mordaza que no alcanza a poner él.

No puedo hablar por otros, pero, en lo que a mí respecta, no se me ocurre otra cosa que pusiera freno a esta situación, de la que sólo se benefician (y se beneficiarán) nuestros enemigos islamistas, más que el Ejército turco (o, más concretamente, el valiente grupo de militares que se han alzado) hubiera conseguido hacer volver a ese país a la senda de la libertad y la laicidad del Estado.

Posteado por: Javier | julio 10, 2016

El escándalo del Informe Chilcot

De unos pocos días a esta parte ha generado un gran revuelo el ya famoso Informe Chilcot sobre la participación del Reino Unido en la Guerra de Irak de 2003 y la labor del ex-primer ministro Tony Blair en su apoyo a Bush II. Lo que llama sobre todo la atención de este informe es que han sacado todo un mamotreto de varios tomos (he visto una foto y parece casi una enciclopedia) para decir cosas que son sabidas o que, o bien, se intuían, es decir, no aporta nada nuevo, a saber cuánto habrán cobrado los autores por llegar a unas conclusiones que son obviedades y que, sin embargo, ahora muchos las están viendo como si fueran la mayor exclusiva desde el destape del Watergate: que Blair habría “mentido” para implicar al Reino Unido en la Guerra de Irak (a pesar de que eso no es exactamente lo que dice el informe, como vamos a ver enseguida).

Que la guerra en 2003 fue un intento de subsanar deprisa y corriendo el error de 1991 de no acabar con el régimen de Sadam (cuando incluso había más “legitimidad” para ello, al haber invadido Irak un país soberano como era Kuwait), y que por eso se tiró de lo que se pudo (los informes de inteligencia y los signos externos que transmitía el régimen de Sadam) para justificarla es sabido. Clinton ya pensó en 1998 en el derrocamiento de Sadam, aunque no dio el paso y se quedó en algunos bombardeos, y Bush II quería hacerlo (con el añadido de que había sido un error de su padre), el problema para él es que la primavera de 2003 era el “ahora o nunca”, pues su primer mandato prácticamente se acababa en un año, de ahí la chapuza de ni siquiera pensar en qué iba a pasar en el Irak post-Sadam. Si se hubiera acabado con el régimen en 1991, se hubieran evitado años de sanciones inútiles y movilizar dos veces a las tropas en 10 años para hacer lo mismo que se podía haber hecho antes, en los 90, combatir a Sadam Hussein, antes, además, de que se hubiera producido el ascenso de Al Qaeda (aunque eso es verdad que no lo pudieran prever los americanos).

Al no planear nada para cuando Sadam ya no estuviera en el poder, hasta que entró el general Petraeus en 2007, todo fue un caos. Primero de todo, dentro de la Administración Bush, lo que más pesaba en 2003 era la opinión de Donald Rumsfeld, cuya visión se limitaba simplemente a vencer a las tropas de Sadam Hussein, sin perspectiva sobre “el día después” y lo que iba a pasar cuando distintas facciones empezaran a enfrentarse cuando ya no estuviera el dictador. Luego, un incompetente como Paul Bremer (que parece que estaba más centrado en conseguir contratos para las empresas de seguridad y reconstrucción para las que trabajaba) se dedicó al desmantelamiento de las fuerzas de seguridad del Baaz, dejando a miles de profesionales armados resentidos en las calles de Bagdad, se cargó todas las estructuras administrativas, dejó Irak como un estado fallido y no evitó que se desatara el sectarismo de los chiitas hacia los sunitas. Lo peor y lo más trágico en Irak, con miles de muertos, se vivió en esos momentos, entre 2003 hasta 2009, hasta que Petraeus implementó su táctica de aumento de tropas, de implicar a los suníes en la derrota de Al Qaeda y el desmantelamiento de las milicias chiitas y comenzó a conseguir éxitos: la red terrorista de Bin Laden estuvo cada vez más diezmada, el primer ministro chiita Nuri Al Maliki adoptó una postura nacional en lugar de tribal y sectaria, los suníes se unieron con sus rivales chiitas en un gobierno de concentración, cada vez menos atentados, cada vez menos bajas en las tropas, elecciones, etc. Por eso se puede decir que hubo tres fases: una nefasta, entre 2003-2009, una en la que se llegó casi a pacificar Irak, entre 2009-2011, y la posterior a 2011, tras la retirada de las tropas americanas ordenada por Obama, que es el caos que ya conocemos.

Al menos, eso es lo más criticable de la guerra de 2003, su extemporaneidad (si la cuestión era acabar con Sadam, se debió hacer en 1991 y se hubieran evitado muchos sufrimientos y problemas) y la cantidad de errores tan gravísimos, y que han costado tantas vidas innecesarias, que se cometieron antes y después de una intervención que es verdad que fue rápida, sólo tres semanas, y relativamente eficaz. Lo demás, cosas como las de este informe, están muy bien para rellenar periódicos sin aportar nada nuevo. Hablar de guerra “legal” o “ilegal” es absurdo y más aún pretender que una u otra calificación dependa del veredicto de una organización como la ONU. La guerra es un acto que no depende de un tecnicismo legal, en sí misma está fuera de esas categorías de “legal” o “ilegal” y en todo caso sólo se puede discutir sobre ella su legitimidad o su oportunidad. Más allá de eso, la intervención de EEUU en Irak no fue menos “legal” que otras realizadas por otros países, como el caso de Rusia en Georgia (2008), Ucrania (2014) o Siria (2015), y que no han causado tantas controversias ni generado tantas protestas. Repito lo que dije en la entrada sobre la intervención rusa en la guerra civil siria:

“(…) la diferencia es que EEUU busca primero “legitimar” sus acciones configurando unas alianzas e intentando convencer a la comunidad internacional de la “necesidad” de las intervenciones “preventivas” que emprende, y Rusia aplica el “aquí estoy yo, me importa una mierda convenceros o no”.

Y el caso es que un “derecho” a hacerlo no le falta. El “derecho” de la fuerza de las armas, que es, al fin y al cabo, por muy cínico que pueda parecer, lo que da o quita “derechos” en la esfera internacional, no ningún supuesto alto ideal. Ahora Rusia llama “luchar contra el terrorismo” a la defensa de sus intereses en la zona. Anteriormente lo hizo así EEUU. Durante los tiempos de la Guerra Fría, las dos superpotencias promovieron y toleraron golpes de estado y toda clase de barbaridades siempre que fueran en sus países aliados, protestando vehementemente contra los que se produjeran en un país del otro bando, siempre bajo la justificación de la “democracia”, en el caso de EEUU, o del “socialismo”, en el de la URSS”.

La verdad es que es muy llamativa esta prensa que salta sobre supuestos “bombazos informativos” como si fueran la “exclusiva” del siglo. Ahora, con esto del Informe Chilcot, andan repitiendo machaconamente el “Bush y Blair mintieron sobre los motivos de la Guerra de Irak”. A ver, esto es independiente de simpatías y proximidades ideológicas (y yo no coincido en eso con Bush y Blair) y de la opinión que se tenga sobre la guerra, pero hay que decir la verdad y la verdad es que no hubo ninguna mentira pues en ningún momento se habló de las armas de destrucción masiva como de una certeza absoluta. Es que el Informe Chilcot ni siquiera dice eso, pero se ve que no se han leído nada porque lo más cómodo es sacar titulares sensacionalistas que vendan muchos periódicos.

Sobre la Guerra de Irak de 2003 hay numerosos mitos y éste de que se empleó como pretexto la supuesta existencia de un programa “activo” de armas de destrucción masiva es uno más de ellos. Lo cierto es que esto únicamente se barajaba como una posibilidad, ante la resistencia del régimen iraquí a las inspecciones de la ONU y que el principal motivo para intervenir en Irak fue la negativa de Saddam Hussein a eliminar los arsenales de armas de destrucción masiva que ya poseyera en ese momento y que había venido desarrollando y adquiriendo desde años atrás, así como evitar la posibilidad de que cayeran en manos de algunos de los grupos terroristas con los que esta dictadura tenía contactos privilegiados. NO los que se estuvieran desarrollando activamente en ese momento. Junto a esto, existían las sospechas, no necesariamente de que pudiera haber un programa activo de otras armas químicas, junto con bacteriológicas o nucleares, sino de que se conservara la infraestructura física necesaria para producirlas en un futuro. Ni en el discurso sobre el estado de la Unión del 29 de enero de 2002, ni en el pronunciado en la ONU el 12 de septiembre de 2002, cuando intentó que este organismo obligase a Irak a cumplir las resoluciones de desarme, ni en el ultimátum del 17 de marzo de 2003, en ninguno de esos momentos ni en otros, Bush se refiere a que exista un “programa activo” de armas que justifique la guerra en Irak. O, al menos, que sea el único motivo. Insisto: esto es independiente de cómo te caiga Bush II, de que te caiga bien o de que te caiga como el culo. Lo único que había, con la información que se tenía sobre la mesa, era el temor de que un malnacido como Sadam conservara parte de su antiguo arsenal oculto, de ahí su oscurantismo con los inspectores internacionales, aparte de que mantuviera los laboratorios y la infraestructura para que, una vez se levantasen las sanciones, poder volver a producir este armamento.

El Informe Chilcot de lo único que habla es de ERRORES, no de mentiras. A lo más que llega Sir John Chilcot es a criticar el uso que dio Blair a los informes de inteligencia. Pero las declaraciones de Blair sobre las armas químicas de Irak, así como los programas de armas biológicas y nucleares, fueron consistentes con lo que los analistas profesionales, espías y militares le decían:

“Ahora está claro que la política acerca Irak se hizo sobre la base de la inteligencia y de evaluaciones defectuosas. No fueron cuestionados y deberían haberlo sido”, según afirma Chilcot. Toda la literatura que ha surgido en los últimos 13 años sobre la Guerra de Irak dice que George W. Bush y Tony Blair presionaron y manipularon a los servicios de inteligencia para conseguir la guerra que querían. En lugar de ello, Chilcot lo que dice es que Blair debería haber sido más escéptico con los informes de inteligencia sobre los programas de armas de Irak. Y, sin embargo, todavía ve este tipo de cosas todo el tiempo.

En el lado estadounidense, la idea de manipulación cínica de la información por parte de la administración Bush debería haber sido descartada hace años. Pese a lo que creen los adictos a películas de Hollywood sobre oscuras conspiraciones en torno al gobierno norteamericano, en EEUU es prácticamente imposible mantener algo en secreto, incluida la información más decisiva sobre seguridad nacional. La idea de que una conspiración para mentir acerca del armamento de destrucción masiva de Sadam haya podido mantener sus maquinaciones en secreto hasta hoy día, en todo o en parte, suena a paranoia. EEUU y sus aliados, especialmente el Reino Unido, creían, por ejemplo, que Irak poseía un programa de armas químicas más que incluso gracias al espionaje, a partir de las propias declaraciones de Sadam Hussein en 1991 acerca de esas armas en relación a la resolución de alto el fuego adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU. El tirano afirmó que había eliminado sus armas de destrucción masiva, pero se negó a proporcionar cualquier prueba que corroborara esa información a los inspectores de las Naciones Unidas. Prácticamente cualquier observador objetivo habría llegado a la conclusión de que mentía, y que, por tanto, aún poseía una amplia y amenazadora capacidad armamentística altamente destructiva. Se pueden inspeccionar los archivos y hemerotecas en busca de declaraciones relevantes que afirmaran, antes de la guerra de 2003, que Irak no poseía armas químicas. Sería algo inútil.

Y otra cosita: caso de existir un engaño, el propio pueblo americano lo hubiera hecho pagar a Bush, caso de que hubiera mentido. Todo lo contrario, las veces que el gobierno americano ha hecho algo ilegal ha solido costarle la presidencia al inquilino de la Casa Blanca, como en el caso de Nixon. En ese sentido, EEUU no es como los estados euro-bananeros. ¿Alguien imagina al embustero de Rajoy, después de su infame primer mandato, siendo reelegido aunque fuera para dirigir una comunidad de vecinos en EEUU, como lo ha sido en España para nada menos que presidente del Gobierno? A mí, desde luego, me entra la risa sólo de pensarlo.

El informe de Chilcot incluye, por ejemplo, la evaluación de febrero de 2002 del Comité Conjunto de Inteligencia, el panel que supervisa los informes de inteligencia para el gobierno del Reino Unido. Se dice: “Irak también continúa con su programa de guerra biológica (CBW) y química y, si no lo ha hecho ya, podría producir cantidades significativas de agente de guerra biológica en cuestión de días y agentes de armas químicas en cuestión de semanas después de la decisión de hacerlo”. Sobre armas nucleares, la evaluación decía que Irak mantenía un programa para desarrollar un arma, aunque, en el mejor de los casos, tardaría al menos cinco años en producir una ojiva. Estos juicios que hay que decir que estaban en consonancia con evaluaciones de inteligencia británicos y estadounidenses durante años. El informe de Chilcot concluye:

“La creencia arraigada de que el régimen de Saddam Hussein retuvo sus capacidades de guerra química y biológica, que estaba determinado para preservar y, si es posible, mejorar sus capacidades, incluyendo en algún momento en el futuro una capacidad nuclear, y que aplicaba una política activa de engaño y ocultamiento, habían sido un puntal de la política de Reino Unido hacia Irak desde el fin de la guerra del Golfo en 1991”.

Ahora bien, hay que decir que Chilcot no exculpa del todo a Blair. Dice que Blair fue advertido de que una invasión de Irak podría fortalecer a Al Qaeda. Llega a la conclusión de que el Reino Unido, lamentablemente, hizo muy poco por preparar el día después de la derrota de las fuerzas de Saddam Hussein. Y también destapa una nota de Blair a Bush prometiendo su apoyo a la guerra de Irak, pase lo que pase (que es lo que ha hecho que se forme gran parte de la polémica).

Pero en el tema de la inteligencia antes de la guerra, la crítica de Chilcot no puede ser más suave. Gira en torno a un expediente del gobierno del Reino Unido de septiembre de 2002 sobre las armas de destrucción masiva de Irak. Chilcot dice que este expediente fue más matizado que el adelanto que del mismo hizo Blair, quien, por ejemplo, dijo que la evaluación había concluido “fuera de toda duda” que Irak “continúa produciendo armas químicas y biológicas, continúa en sus esfuerzos para desarrollar armas nucleares, y ha sido capaz de ampliar el alcance de su programa de misiles balísticos”.

El Informe Chilcot, por contra, dice que: “La evaluación de la inteligencia no había establecido fuera de toda duda que Saddam Hussein hubiera seguido produciendo armas químicas y biológicas”. En su lugar, el expediente de la inteligencia británica decía que Irak “había continuado intentando producir agentes químicos y biológicos”. Respecto a las armas nucleares, el expediente no decía que Irak hubiera desarrollado un programa de armas nucleares, como dijo Blair, sino que Irak había hecho intentos encubiertos para “adquirir la tecnología y los materiales que podrían utilizarse en la producción de armas nucleares; (…) Buscado cantidades significativas de uranio en África, a pesar de no tener aún un programa nuclear activo. (…) y buscando especialistas para trabajar en su programa nuclear”.

Bastante difícil es llegar a la conclusión de que Blair estaba mintiendo aquí. Una explicación más razonable es que los políticos utilizan un lenguaje diferente al de los analistas de inteligencia. Blair lo que estaba haciendo era seguir una política en la que creía. Esa política se basaba en la opinión de los EEUU y la comunidad de inteligencia británica (y de muchos otros servicios de inteligencia de otros países) de que Sadam Hussein estaba ocultando sus programas de armas, y de que tenía la intención de reiniciarlos tan pronto como las sanciones económicas sobre su país colapsaran.

Ni siquiera era necesario el acceso a la información secreta para llegar a esta conclusión. Sadam Hussein ya había violado 16 resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas relativas a las armas de destrucción masiva en el momento de la invasión de 2003. Pateó a los inspectores fuera del país en múltiples ocasiones.  Nunca permitió el acceso a la ONU ni a sus científicos exigidos por las resoluciones del Consejo de Seguridad. El dictador iraquí actuó como si tuviera algo que ocultar, y Tony Blair creyó que, efectivamente, algo tenía que ocultar. Sadam no era una amenaza tan terrible, pero él mismo hizo mucho por parecerlo y por provocar la intervención que llevó a su derrocamiento, como han hecho otros dictadores a lo largo de la historia. 

Blair se equivocó. Pero esto fue un error, no un crimen; un error, pero no una mentira.

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OFF TOPIC:

LA MEMORIA HISTÓRICA

Hablando de nuestro Sadam Hussein particular (esto es Francisco Franco, otro al que, lamentablemente, tras acabar la II Guerra Mundial, EEUU y sus aliados no le montaron una intervención como la de Irak en 2003), hace un par de semanas se ha vuelto a producir una nueva controversia sobre este tema en el Ayuntamiento de Madrid, a cuenta de la retirada de unas medallas de oro de la ciudad a varios personajes como el general Moscardó, Arias Navarro, Muñoz Grandes, etc., honores que resulta que se extinguen cuando quien los recibe muere, con lo que poca trascendencia tiene ya quitárselos. En febrero, un error del mismo Ayuntamiento llevó a retirar por equivocación una placa a ocho beatos carmelitas fusilados durante la Guerra Civil (error, por fortuna, subsanado). Este caos es resultado de lo timorato de la Ley de Memoria Histórica, que deja la patata caliente de que cada ayuntamiento interprete como buenamente pueda qué simbología franquista hay que retirar, en lugar de lo que debió hacer: eliminación de toda estatua y calle dedicada al general Franco y una lista de nombres de aquellos implicados en la sublevación, la represión posterior a la Guerra Civil y en la dictadura, para ser retirados del callejero en un plazo máximo de dos años. Se eliminan en esos dos años, y a otra cosa, mariposa. La gente ya lo daría como algo normal. Claro, no se puso plazo y se dejó todo abierto a interpretación de las corporaciones municipales y los nostálgicos del antiguo régimen utilizan las cagadas que ha cometido más de un ayuntamiento para reivindicarse y tachar de “sectario” o “guerracivilista” a todo aquel que no apruebe sus peculiares visiones de la historia.

Al margen de que hay que acabar ya la limpia de nombre de calles asociados a personajes que fueron estrictamente franquistas o parte del régimen (el coronel Sanjurjo o Carrero Blanco, por ejemplo), con esto de la memoria histórica hay que ser sumamente cuidadosos. Los nostálgicos del franquismo no pasan una y aprovechan estas cagadas para arremeter contra la memoria histórica en su conjunto y vociferar que acabar con los vestigios de la dictadura es una “aberración”. Evidentemente, en el caso de la pifia de febrero con la placa de los carmelitas, las vidas de un grupo de religiosos fusilados en medio de los disturbios anticlericales (un hecho injusto, obviamente) les importan un pimiento, ellos donde tienen puesto el foco es, por ejemplo, en la retirada de las estatuas o las calles dedicadas a su amado “caudillo”. Pero el griterío que forman por hechos como este de la retirada de la lápida les permite defender y meter en el mismo paquete lo que de verdad les interesa.

Por otra parte, eliminar la calle de alguna figura destacada, un escritor o cualquier otro intelectual, por ejemplo, que tuviera o manifestara en algún momento simpatías ideológicas por el franquismo no es una buena idea. En España no puede quedar una sola calle con nombre de Franco, los generales sublevados, los responsables directos de la represión, etc., pero, en los demás casos, haciendo un análisis exhaustivo uno por uno. Si son generales golpistas, miembros fundamentales del franquismo o represores, deben ser eliminados sus nombres. Pero en cuanto a personajes secundarios, a los que casi no conoce nadie, o que no tuvieron participación en la guerra o la dictadura, en principio, la idea debería ser mantener las calles, entre otras cosas, para no darles más publicidad.

Igualmente en el caso de algunos como Fraga, que realizarán una contribución para la vuelta a la democracia. No deben eliminarse.

Y esto debería quedar claro, puesto que aunque la ley de memoria histórica no se aplica a personalidades con tendencias franquistas pero que no han participado en la represión y la dictadura, se intenta aprovechar estas confusiones para salir con socarronerías y chistecitos estúpidos tipo “¿Van a eliminaaaar también las calles dedicadas a Camilo José Celaaaaa?¿Van a eliminaaaaaaar también los pantanos que construyó Francooooooo?”.

De todas formas, decir que algo hemos avanzado. Aunque las más conocidas (y polémicas) fueron las retiradas de estatuas ecuestres de Franco durante las dos legislaturas de Zapatero, es bueno recordar que la primera retirada tuvo lugar en Valencia, a iniciativa del ayuntamiento gobernado por el socialista Ricard Pérez Casado, en tiempos mucho más complicados, el 9 de septiembre de 1983, cuando el franquismo sociológico aún tenía bastante fuerza (hubo que mandar a los antidisturbios para evitar incidentes de parte de los grupos que fueron a protestar por la retirada de la estatua y los operarios fueron encapuchados para no ser reconocidos). Lo de este impresionante documento es algo que ya no se vio en 2005 cuando se quitó la estatua de Nuevos Ministerios en Madrid, donde hubo cuatro gatos absolutamente desfasados a los que ya no se les tenía miedo. Hoy día no habría casi manifestantes ante algo así (la biología no perdona).

Posteado por: Javier | julio 4, 2016

El 4 de Julio y el ejemplo de Frederick Douglass

Hoy, 4 de Julio, se celebra en EEUU el Día de la Independencia, el día en que las 13 colonias declararon formalmente su independencia de Gran Bretaña. En verdad, esa decisión fue tomada el 2 de julio de 1776, en una votación por el Congreso Continental, aunque el 4 de julio es el día en que el Congreso emitió la Declaración de Independencia, la que fue tanto un documento de la política exterior como una declaración de los principios que iban a regir tanto la ruptura de las colonias americanas con la metrópoli como su futura forma de gobierno.

Como era obvio, tanto para los Fundadores, como para las monarquías absolutistas y despotismos que gobernaban en aquella época a la mayor parte del resto de la humanidad, el contenido en la Declaración Americana de Independencia de principios como el que todos los hombres hubiesen sido creados libres e iguales por Dios fue algo revolucionario, no sólo para una pequeña porción del continente de América del Norte, sino también para el resto del mundo. Los EEUU, al principio débiles en relación con las otras grandes potencias del mundo, fijaron una forma de gobierno cuya legitimidad descansaba de manera explícita en las demandas de la naturaleza humana y no en la sangre, la tierra, el idioma, la religión o la tradición antigua. Los Padres Fundadores de la república americana eran ingleses, protestantes, en su mayoría de origen puritano-presbiteriano, que consiguieron sus libertades políticas gracias a una rebelión contra los ideales represores y absolutistas que imperaban en aquellos tiempos por toda Europa. Desde entonces, EEUU siempre se ha guiado por este gran ideal protestante y liberal: “No habrá paz para los malvados”.

Esta es la verdadera raíz del excepcionalismo americano y el por qué se celebra el Día de la Independencia el 4 de julio en lugar de 2 de julio. Es el credo, los principios de la Declaración, lo que definen los EEUU, y no tanto su exitosa ruptura del dominio británico. De modo que hoy saludamos a la patria del liberalismo de Alexander Hamilton, Abraham Lincoln, Teddy Roosevelt, FD Roosevelt y tantos otros.

Sin duda, sin la teología protestante calvinista y reformada ni siquiera hablaríamos hoy día del nacimiento de EEUU. Juan Calvino es alguien que tuvo errores en su forma de proceder en algunos asuntos (por ejemplo, en su época en Ginebra existía una especie de “policía” que se ocupaba de vigilar que todo el mundo hubiera ido el domingo por la mañana al culto en la iglesia; lo digo porque no hay que idealizar a los personajes históricos como si fueran perfectos y hay que verlos siempre en su contexto), pero su teología, que luego siguieron desarrollando los puritanos, fue clave para que se abrieran muchos campos de debate sobre la igualdad entre los hombres y hasta dónde llega la obligación de obedecer a quienes tienen el poder (fue bastante más lejos que Lutero en este sentido, puesto que éste último no podía arriesgarse a difundir unas ideas que llegaran a ser peligrosas para los príncipes alemanes de cuya protección dependía, sobre todo cuando el Papa de Roma dijo que “matar a Lutero no es pecado”). La teología según la cual todos los hombres ante Dios son igual de miserables y pecadores y que sin Cristo están igual de perdidos puso en jaque el concepto medieval del “derecho divino” de los reyes y los decretos papales. Nadie tenía obligación de postrarse ante ellos, puesto que eran iguales que otros hombres, ni el pertenecer a la realeza o a la nobleza daba una dignidad especial (por algo en EEUU, desde su fundación, no han existido nunca los títulos nobiliarios).

Hasta entonces, la idea católica-romana había sido la del “mérito” de ciertos individuos “santos”, que tendrían una dignidad mayor que el resto, y la de un cuerpo jerárquico que se arrogaba ser “representantes” de Dios en la tierra. Incluso capaces de controlarlo: levantando un pan y pronunciando unas palabras rituales, un sacerdote afirmaba haber “transustanciado” el cuerpo de Cristo en ese pan. Eso daba un enorme poder, no sólo sobre las masas populares, sino incluso la posibilidad de controlar a reyes y gobernantes déspotas que se convertían en meras marionetas del poder eclesiástico. En el momento en que acabas con eso tienes las condiciones para que se desarrolle un laicismo sano, por eso en los países de tradición protestante, los de Europa sobre todo, puede haber movimientos de izquierdas y progresistas de inspiración cristiana y, en cambio, gente de derechas que sea completamente laica. A diferencia de España, donde los sectores más conservadores siempre han reaccionado a los intentos de la izquierda de acabar con los privilegios de la Iglesia Católica exacerbando su clericalismo. Y viceversa, clericalismo y anticlericalismo se han alimentado mutuamente, y ahí está la historia de España, aunque ahora no corra la sangre.

La Guerra de Independencia estadounidense no fue algo perfecto (de hecho, algunos de sus protagonistas eran grandes terratenientes que veían en la independencia una forma de mantener sus privilegios, aparte de que la esclavitud no fue abolida, el propio George Washington y otros como Thomas Jefferson poseían esclavos negros), pero contenía dentro de sí el germen de unas ideas que llevaron a acabar con la esclavitud en la segunda revolución americana (o guerra civil americana) de 1861-1865 o al movimiento de derechos civiles de los años 60 del siglo XX. Y tanto es así que fue el impulso ideológico para la revolución francesa, la rebelión de los irlandeses unidos de 1798, la rebelión de esclavos en Haití e innumerables movimientos posteriores de liberación, anti-imperialistas e igualitarios en todo el mundo (paradójicamente, en muchas ocasiones en contra de los intereses que después defendería EEUU). Fidel Castro hizo uso de la Declaración de Independencia (también los discursos de Abraham Lincoln, de los que es un gran admirador) en su alegato de 1953 en favor de la revolución contra la dictadura militar, títere de EEUU, de Fulgencio Batista en Cuba (“La historia me absolverá”), y Ho Chi Minh la citó el 2 de septiembre, 1945, cuando proclamó la República Democrática de Vietnam, para denunciar el imperialismo francés y japonés. Son sólo dos ejemplos.

Por todo ello, en estos tiempos en que, incluso en los propios EEUU, esos ideales de libertad e igualdad de la Declaración de Independencia están cada vez más en entredicho, es más necesario que nunca recordar ejemplos como el del gran abolicionista negro, liberal y cristiano, Frederick Douglass.

FrederickDouglass

Douglass nació negro y esclavo en 1818, en el estado de Maryland. Habiendo conseguido aprender a leer y escribir, Douglass escapó al Norte a los 20 años de edad. Escribió y editó un periódico abolicionista, y se volvió un codiciado conferencista. Su época fue la del ignominioso Compromiso de 1850, por el cual, y para compensar el ingreso de California a la Unión como estado sin esclavos, que dejaría a los esclavistas en desventaja parlamentaria, se promulgó la Ley del Esclavo Fugitivo que les negaba el derecho de habeas corpus e incluso permitía a los esclavistas capturar y esclavizar hombres negros libres haciéndolos pasar por fugitivos. Asustados, cientos de negros de los estados del Norte huyeron hacia Canadá. Entre los que se quedaron, se generó un movimiento de resistencia civil, del cual Douglass fue una de sus figuras más notables.

En 1852 fue invitado por la Sociedad de Mujeres antiesclavistas de Rochester, Nueva York, para hablar en la celebración del 4 de julio, día de la independencia nacional. Pero Douglass insistió en que la celebración se hiciera el 5 de julio, como era tradicional en las comunidades negras de Nueva York. Su discurso se transformó pronto en uno de los más importantes alegatos contra la esclavitud. No sólo la estructura retórica del discurso es perfecta, sino que, además, Douglass fue de los primeros en usar la Biblia como arma abolicionista.

Aquí abajo están sus fragmentos más importantes y poderosos.

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Conciudadanos, no es poco el respeto que siento por los padres de la república. Los firmantes de la Declaración de la Independencia eran hombres valientes. Eran también grandes hombres, lo suficiente como para dar un marco a una gran época. No es frecuente que una nación críe al mismo tiempo tal cantidad de hombres ilustres. El punto desde el cual estoy forzado a observarlos no es, ciertamente, el más favorable; y sin embargo no puedo contemplar sus actos con menos que admiración. Eran estadistas, patriotas y héroes y por lo bueno que hicieron, y los principios por los que lucharon, me uno a vosotros para honrar su memoria.

(…)

Sólo debe importarnos del pasado lo que pueda ser útil para el presente y para el futuro. Que sea bienvenido todo lo que pueda inspirarnos, todas las nobles acciones del pasado. Pero el momento, el que importa, es ahora.

(…)

Conciudadanos, con vuestro perdón, permítanme preguntar: ¿de qué se supone que hable hoy aquí ? ¿Qué tenemos que ver, yo y los que represento, con vuestra independencia nacional ? ¿Acaso nos alcanzan los grandes principios de libertad política y de justicia natural plasmados en la Declaración de Independencia ? ¿Y estoy en consecuencia llamado a traer nuestra humilde ofrenda al altar nacional, y a confesar los beneficios y expresar mi devota gratitud por las bendiciones de vuestra independencia ?

Quisiera Dios que, tanto por vosotros como por nosotros, se pudiese verdaderamente dar una respuesta afirmativa a estas preguntas. ¡Entonces mi tarea sería fácil, y mi carga ligera y agradable! ¿Porque quién es tan frío que no puede sentir el calor de la simpatía de una nación ? ¿Quién tan obstinado y cerrado a los reclamos de gratitud que no reconocería agradecido tales invalorables beneficios? ¿Quién tan estólido y egoísta que no sumaría su voz a los aleluyas del jubileo de una nación, cuando las cadenas de la servidumbre han sido arrancadas de sus miembros ? No soy yo ese hombre. Si las cosas fueran así, hasta los tontos podrían hablar con elocuencia y el “cojo saltar como una gacela “. [1]

Pero las cosas no son así. Digo esto con la triste conciencia de la disparidad entre nosotros. ¡Este glorioso aniversario no me incluye! Vuestra alta independencia apenas revela la inconmensurable distancia entre nosotros. Las bendiciones que hoy celebráis no son disfrutadas en común. La rica herencia de justicia, libertad, prosperidad e independencia que vuestros padres os legaron es compartida por vosotros, no por mí. Este 4 de Julio es vuestro, no mío. Puede que vosotros celebréis, pero yo debo llorar. Arrastrar un hombre encadenado al gran templo de la libertad, y pedirle que se una a vosotros en gozosos himnos, sería una burla inhumana y una ironía sacrílega. ¿Pretendéis vosotros, ciudadanos, burlaros de mí, al pedirme que hable hoy ?

(…)

¡Conciudadanos! detrás de vuestra tumultuosa alegría nacional escucho el lamento de millones cuyas cadenas ayer terribles y pesadas, se vuelven hoy más intolerables al escuchar los gritos del jubileo. Si los olvido, si hoy no recuerdo fielmente a esos sangrantes hijos del dolor, ¡”que mi mano derecha pierda su destreza y que mi lengua se pegue al techo de mi boca”! [2] Olvidarlos, pasar por alto sus injusticias, y unir mi voz al coro popular sería la traición más chocante y escandalosa, y me condenaría al oprobio ante Dios y ante el mundo. Mi asunto entonces, conciudadanos, es la ESCLAVITUD AMERICANA. Me referiré a este día, y a sus características populares, desde el punto de vista del esclavo. Desde esa posición, identificado con el esclavo americano, haciendo mías sus injusticias, no dudo en declarar, con toda mi alma, que el carácter y la conducta de esta nación nunca lucieron tan negros para mí como en este 4 de julio. Ya sea que se trate de las declaraciones del pasado,  o de las profesiones del presente, la conducta de esta nación parece igualmente atroz y revulsiva. América falsea el pasado, falsea el presente, y se compromete solemnemente a falsear el futuro. ¡En esta ocasión, parado junto a Dios y al esclavo oprimido y sangrante, osaré, en nombre de la escandalizada humanidad, en nombre de la libertad encadenada, en nombre de la Constitución y la Biblia, desatendidas y pisoteadas, cuestionar, denunciar, con todo mi énfasis, todo lo que sirve para perpetuar la esclavitud, gran pecado y vergüenza de América! “No engañaré, no me excusaré” [3], usaré el lenguaje más severo que pueda encontrar; y sin embargo no diré una sola palabra que no sea reconocida como correcta y justa por aquellos que no estén cegados por el prejuicio, o quienes no son esclavistas de corazón.

Pero imagino que alguno de la audiencia dirá, es exactamente en esta circunstancia que usted y sus hermanos abolicionistas fracasan en impresionar favorablemente al público. Si argumentaran más y denunciaran menos, si persuadieran más y regañaran menos, su causa tendría más chances de triunfar. Pero, si me permite decirlo, cuando todo es evidente no hay nada que argumentar. ¿Sobre cuál punto del credo antiesclavista le gustaría que discuta? ¿ Sobre qué parte de la cosa necesita el pueblo de este país que se eche luz ? ¿Debo esforzarme en demostrar que el esclavo es un hombre? Pero este punto ya está aceptado. Nadie lo pone en duda. Los mismos esclavistas lo reconocen cuando promulgan leyes para su gobierno. Lo reconocen cuando castigan la desobediencia de un esclavo. En el estado de Virginia hay setenta y dos crímenes que, si son cometidos por un esclavo, merecen la pena de muerte, mientras que sólo dos de esos mismos crímenes hacen a un hombre blanco merecedor del mismo castigo. ¿Qué es esto sino el reconocimiento de que el esclavo es un ser moral, intelectual y responsable? La humanidad del esclavo es aceptada. Es admitida en el hecho de que en los estados del Sur los libros están llenos de  leyes y ordenanzas que, bajo severas multas y penalidades, prohiben que se le enseñe a un esclavo a leer y escribir. Cuando usted pueda mostrarme leyes semejantes aplicadas a los animales del campo, entonces podremos discutir la humanidad del esclavo. Cuando los perros en sus calles, los pájaros del aire, el ganado en sus colinas, cuando los peces del mar, y los reptiles que se arrastran, sean incapaces de distinguir al esclavo de la bestia, en ese momento discutiré con usted si el esclavo es un hombre.

Por el momento basta simplemente declarar la humanidad de la raza negra. ¿No es sorprendente que, mientras que nosotros aramos, plantamos y cosechamos usando todo tipo de implementos mecánicos, levantamos casas, construimos puentes y barcos, trabajamos metales de bronce, hierro, cobre, plata y oro; mientas que leemos, escribimos y calculamos, haciendo de dependientes, mercaderes y secretarios, teniendo entre nosotros abogados, doctores, ministros, poetas, autores, editores, oradores y maestros; que mientras nos embarcamos en todo tipo de empresas comunes a otros hombres, buscando oro en California, cazando ballenas en el Pacífico, alimentando ganado y ovejas en las colinas, viviendo, moviéndonos, actuando, pensando, planeando, viviendo en familia como maridos, esposas e hijos y, sobre todo, confesándonos y adorando al Dios cristiano, y anticipando con esperanza la vida y la inmortalidad más allá de la tumba, se nos exija probar que somos hombres ?

¿Querríais que argumente que un hombre tiene derecho a ser libre? ¿Que es el legítimo propietario de su propio cuerpo? Pero ustedes ya lo han declarado. ¿Debo argumentar que la esclavitud es injusta? ¿Es esa una pregunta para republicanos? ¿Es algo que debe ser decidido usando las leyes de la lógica y la argumentación, como si fuera un asunto rodeado de grandes dificultades, que requiere una dudosa aplicación del principio de justicia, y difícil de comprender? ¿Cómo me vería hoy si, en presencia de Americanos, tuviera que dividir y subdividir mi planteo para mostrar que los hombres tienen un derecho natural a la libertad? Me pondría en ridículo e insultaría vuestra inteligencia. No hay un hombre bajo la bóveda celeste que no sepa que la esclavitud es injusta.

¿Qué, acaso debo argumentar que no está bien transformar a los hombres en bestias, robarles su libertad, hacerlos trabajar sin paga, mantenerlos ignorantes de sus relaciones con sus semejantes, apalearlos, arrancar su piel con el látigo,  poner grilletes en sus miembros, cazarlos con perros, venderlos en subastas, destruir sus familias, romperles los dientes, quemar su carne, hambrearlos para que se sometan y obedezcan a sus amos? ¿Tengo que argumentar que un sistema tan contaminado y marcado con sangre es injusto? ¡No, no lo haré! Tengo mejores usos para mi tiempo y mis esfuerzos.

¿Qué queda entonces por argumentar? ¿Que la esclavitud no es divina, que no fue establecida por Dios, que nuestros doctores en teología se equivocan? Hay blasfemia en este pensamiento. ¡Lo que es inhumano no puede ser divino! ¿Quién puede demostrar semejante proposición? Los que puedan, que lo hagan; yo no puedo. Ya ha pasado el tiempo de tales argumentaciones.

Lo que se necesita en estos tiempos es la abrasadora ironía, y no argumentos convincentes. ¡Ay! si tuviera la capacidad, y pudiera llegar a los oídos de la nación,  derramaría un ardiente torrente de mordaces burlas,  de terribles reproches, de paralizante sarcasmo, y de severa censura. Porque lo que se necesita ahora no es luz, sino fuego, no la suave lluvia sino el trueno. Necesitamos la tormenta, el torbellino y el terremoto. La sensibilidad de la nación debe ser revivida, la conciencia de la nación debe ser despertada; la corrección de la nación debe ser sacudida; la hipocresía de la nación debe ser expuesta, y sus crímenes contra Dios y el hombre proclamados y denunciados.

¿Qué es para el esclavo americano vuestro 4 de julio? Yo contesto: un día que le revela, más que todos los otros días del año, la gruesa injusticia y crueldad de las que es la víctima constante.  Para él, vuestra celebración es una farsa, vuestra declamada libertad, una profana licencia, vuestra grandeza nacional, hinchada vanidad; vuestras celebraciones, vacías y sin corazón; vuestras denuncias de tiranos, temeraria impudicia; vuestros gritos de libertad e igualdad, huecas burlas, vuestras plegarias e himnos, vuestros sermones y agradecimientos, con toda vuestra ostentación religiosa y solemnidad, son, para él, mera ampulosidad, fraude, engaño, impiedad e hipocresía, un tenue velo para cubrir crímenes que avergonzarían a una nación de salvajes. En este mismo momento, no hay una nación de la tierra que sea más culpable de crímenes escandalosos y sangrientos que el pueblo de los Estados Unidos.

Podéis ir por donde sea, buscar donde queráis, recorrer todas las monarquías y despotismos del Viejo Mundo, viajar por Sudamérica, documentar cada abuso, y cuando hayáis encontrado el último, comparad lo encontrado con las prácticas diarias de esta nación, y acabaréis diciendo conmigo que, en el terreno de la revulsiva barbarie y la desvergonzada hipocresía, América reina sin rivales.

Tomemos por ejemplo el comercio interno de esclavos que, según los periódicos, es ahora especialmente próspero. El ex-senador Benton nos dice que el precio de los hombres nunca ha sido tan alto como ahora. Menciona esto para mostrar que la esclavitud no corre peligro. Este comercio es una de las peculiaridades de las instituciones americanas. Se lleva a cabo en las grandes ciudades y pueblos de la mitad de la Confederación , y los que se ocupan de este horroroso trafico embolsan millones cada año. En varios estados este comercio es una de las principales fuentes de riqueza. Se lo llama “comercio interno de esclavos” (en oposición al comercio externo de esclavos). También es probable que se lo llame así para evitar el horror que suscita el comercio externo de esclavos. Este comercio es desde hace tiempo considerado un acto de piratería por el gobierno. Desde los lugares más importantes de la nación se lo ha denunciado, encendidamente, como un tráfico execrable. Para frenarlo, para ponerle fin, esta nación mantiene un escuadrón en las costas de Africa, a un costo inmenso. En cualquier lugar de este país se puede hablar de este comercio externo de esclavos  llamándolo el tráfico más inhumano, opuesto tanto a las leyes de Dios como a las de los hombres. El deber de extirparlo y destruirlo es admitido incluso por nuestros doctores en teología. ¡Con el propósito de ponerle fin, algunos de estos últimos han aprobado que sus hermanos de color (nominalmente libres) dejen este país para instalarse en la costa occidental de Africa! Sin embargo, es un hecho notable que, mientras los que se ocupan del comercio interno de esclavos son execrados por los americanos, los que se ocupan del tráfico de esclavos entre estados no son condenados, y su comercio es considerado honorable.

(…)

(…) La Ley del Esclavo Fugitivo hace de la piedad hacia los esclavos un crimen , y  soborna a los jueces que los procesan. Un juez americano recibe diez dólares por cada víctima que devuelve a la esclavitud y cinco cuando no lo hace. ¡Según esta infernal ley, el testimonio de dos felones cualquiera es suficiente para arrojar al más pío y ejemplar negro a las implacables fauces de la esclavitud ! Su propio testimonio no vale nada. No puede presentar testigos en su favor. Los jueces americanos están obligados por la ley a escuchar a un solo lado, y ese lado es el del opresor. Que esta aberración se recuerde siempre. ¡Gritemos en todo el mundo que en esta América, matadora de tiranos, aborrecedora de reyes, amante del pueblo, democrática y cristiana, los sitiales de la justicia estén ocupados por jueces que ejercen su oficio siendo abierta y palpablemente sobornados, y están obligados, al fallar sobre la libertad de un hombre, a escuchar sólo a los acusadores!

Como manifiesta violación de la justicia y de las formas de administrarla, como pérfida trampa para los indefensos, y como diabólica empresa, esta Ley del Esclavo Fugitivo no tiene par en los anales de la legislación tiránica. Dudo que haya otra nación en este mundo que tenga la temeridad y la vileza de incluir una ley así en su legislación. Si alguien en esta asamblea no está de acuerdo conmigo en este asunto, alegremente confrontaré con él en el momento y lugar que elija.

Considero esta ley como una de la que más groseramente infringen la Libertad Cristiana y, si las iglesias y ministros de nuestro país no fueran estupidamente ciegos, o malvadamente indiferentes, también la considerarían asi.

 (…)

Pero la iglesia de este país no sólo es indiferente a los males del esclavo, sino que se pone incluso del lado de los opresores. Se ha vuelto el baluarte de la esclavitud americana y el escudo de los cazadores de esclavos. Muchos de sus más elocuentes teólogos, considerados luminarias de la Iglesia, no han tenido pruritos en aprobar con la Biblia y la religión el sistema esclavista. Sus enseñanzas dicen que los hombres pueden ser esclavos, que la relación entre amo y esclavo fue establecida por Dios, que devolver un esclavo a su amo es claramente el deber de todo seguidor del Señor Jesucristo; y esta horrible blasfemia se hace pasar al mundo por Cristianismo.
 
(…)

¡Conciudadanos! No me extenderé más sobre las inconsistencias de vuestra nación. La existencia de la esclavitud hace de vuestro republicanismo una farsa, de vuestra humanidad una infame simulación y de vuestra Cristiandad una mentira. Destruye vuestra autoridad moral en el extranjero y corrompe a los políticos en casa. Socava los fundamentos de vuestra religión, transforma vuestro nombre en un silbido de reprobación y en un objeto de oprobio del que se burla la tierra entera. Es una fuerza antagonista en vuestro gobierno, la única cosa que inquieta y pone en peligro a vuestra Unión. Encadena vuestro progreso, es enemiga mortal de la educación, fomenta la arrogancia, engendra  insolencia, promueve el vicio, ampara el crimen, es una maldición para la tierra que la sustenta; y sin embargo os aferráis a ella como el salvavidas de todas vuestras esperanzas. ¡Pero cuidado! ¡Cuidado! Un horrible reptil acecha en el regazo de vuestra nación; esta venenosa criatura se alimenta del dulce pecho de vuestra joven república; ¡por amor de Dios, arrancad este horrible monstruo y arrojadlo lejos de vosotros, y que el peso de veinte millones lo aplaste y destruya para siempre!

Un artículo muy bueno del señor Dan García, de hace casi un par de años.

Lo reproduzco íntegramente puesto que es la clave (muy bien explicado) de porqué me opongo a la ideología de género.

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Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, el término “feminismo” posee la siguiente acepción: “Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”. 

Como puede observarse, su significado está determinado por la inclusión de tres elementos. En primer lugar, se trata de un movimiento, lo cual remite a un proceso en desarrollo: estamos ante una iniciativa que todavía representa una aspiración social en marcha. El segundo elemento es el referente de equiparación: el género masculino como paradigma, el sujeto que goza de la posición ideal que se pretende alcanzar. El tercer y último elemento es el punto sobre el que se concreta la aspiración: la igualdad de derechos.

Considero que en los tiempos actuales, solo los que tengan un déficit severo de formación y de sensibilidad pueden no compartir el postulado de esta doctrina o movimiento. Que entrado el siglo XXI aún haya alguien que no propugne una equiparación efectiva y real de los derechos entre el hombre y la mujer, solo puede ser debido a una importante falta de reflexión o, simplemente a un exceso de residuos de pensamiento cavernícola.

De lo que se desprende que es de todo punto rechazable el machismo, que según el citado Diccionario es la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” o sea el movimiento de signo contrario al feminismo.

En esta última tendencia se contempla, por situarnos en el ámbito más cercano, en la Constitución Española de 1978, cuando establece en su Artículo 14 que los españoles somos iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de sexo. Si bien teóricamente las mujeres tienen idénticos derechos que los hombres que deben asegurar los poderes públicos, en la práctica diaria todavía existe un largo recorrido para alcanzar la deseada meta de la igualdad efectiva entre sus derechos y los de los hombres. Expresado con más claridad; en las relaciones privadas la mujer todavía no ha conseguido la deseable equiparación de sus derechos con aquellos que están reservados para los hombres. Razón la cual, mientras la mujer no consiga la plena igualdad también en las relaciones entre los particulares sigue teniendo su plena razón de ser el feminismo como movimiento.

Pero ¿justifica esto la existencia de movimientos femeninos que propugnan una actitud de prepotencia de la mujer frente al hombre? Si con anterioridad mencionábamos que detrás del machismo solo hay primitivismo animal y que hoy en día es moralmente indefendible que el varón reclame un estatus de superioridad frente a la mujer, detrás del llamado “hembrismo” –así cabría llamar al reverso del machismo- solo puede existir un mal entendido revanchismo y unos afanes desmedidos de venganza ancestral.

El “hembrismo” es una ideología que considera a las mujeres superiores a los hombres. Se trata de una ideología marginal con escasa influencia, incluso el término “hembrismo” para designar dicha ideología no está registrado por la Real Academia Española. Asimismo, el machismo, ideología que considera al hombre superior a la mujer, es una ideología cada vez más marginal y con escasa influencia, afortunadamente.

Si nos remontamos atrás en el tiempo, En España, bajo la dictadura ultraconservadora y terrorista del franquismo, mientras que los hombres adquirían la mayoría de edad a los veintiún años, las mujeres siempre eran consideradas menores de edad y estaban bajo la potestad de sus padres o maridos. Entre otras limitaciones no podían obtener el pasaporte o abrir una cuenta bancaria si permiso del tutor.

Mencionamos anteriormente, que la mujer todavía no ha conseguido la deseable equiparación de sus derechos con aquellos que están reservados para los hombres. Ahora bien, ¿este estatus de inferioridad es debido a la influencia del patriarcado machista que todavía impera sobre la sociedad moderna? ¿O ello es debido quizá a otros factores?

Veamos; un caso especial es la violencia doméstica. Los datos sobre violencia y maltrato a las mujeres en el periodo comprendido entre 2001 y 2005, según datos del Ministerio del Interior; muertes en el ámbito familiar, autores de la agresión: Cónyuge/a, Ex cónyuge/a, Novio, Novia, Compañero/a sentimental, hijos/as, padre/madre o pariente/a, comparada con las muertes por violencia doméstica de hombres:

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Las víctimas por violencia doméstica en los años anteriores fueron:

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Fuente

Resulta curioso observar como desde que se generaliza las condenas, en los juzgados, a los hombres a perder la vivienda, la custodia de los hijos y al pago de pensiones, es decir, en la práctica, se aplica legalmente una determinada ideología de género, aumenta el número absoluto de mujeres muertas por violencia doméstica.

Así pues, ¿están actualmente las mujeres explotadas y oprimidas en las formaciones sociedades patriarcales como la española? La respuesta es SÍ, pero no por ser mujeres y por parte de los hombres, sino por ser trabajadoras, estando explotadas y oprimidas por parte de la “casta” oligárquica y el resto de grupos sociales dominantes.

Algunas de las realidades ocultadas por el patriarcado “machista” en la formación social española son:

  • El fracaso escolar de los niños es mayor que el de las niñas. ESO: 29,4% niños 17,5% niñas (1996) Según el Eurostat en 2013 el 28,8 % chicos frente al 20,8 % chicas.
  • Hay 3 chicas universitarias por cada 2 chicos.
  • La esperanza de vida de los varones es entre 7 y 8 años menor que la de las mujeres.
  • Los hombres se suicidan entre 2 y 3 veces más. Los hombres mueren 4 veces más por la droga. 4 de cada 5 enfermos de SIDA son hombres.
  • Los hombres son 3 y 4 veces más víctimas de asesinato.
  • Las víctimas del terrorismo son mayoría hombres.
  • Los hombres son 60 veces más víctimas de la guerra.
  • Las víctimas de las pateras son hombres casi todos.
  • Las ejecuciones de hombres son cientos de veces más numerosas que las de mujeres.
  • Los accidentes laborales afectan 3 veces más a los hombres.
  • 9 de cada 10 presos son hombres.
  • 4 de cada 5 niños de la calle son varones.
  • 9 de cada 10 de los sin techo son hombres.
  • Separaciones: el hombre casi siempre pierde el piso la custodia de los hijos, y debe pagar pensión.

Los hombres, en el patriarcado “machista” de las sociedades desarrolladas, sufren estadísticamente las desventajas propias de las clases explotadas (menor esperanza de vida, mayor tasa de encarcelamientos, peligros, abandono…) a pesar de que es una minoría de hombres quienes ocupa el poder de la “casta”. Por lo tanto, en las sociedades patriarcales y “machista” desarrolladas, la imagen “hombre privilegiado/mujer víctima” es una farsa social, sustentada en una información tendenciosa y unos dirigentes sociales de la “casta” que no respetan la verdad.

Según datos del ministerio de empleo y seguridad social; la mortalidad laboral es 10 veces mayor que la mortalidad por violencia doméstica, y afecta enormemente más al género masculino que al femenino, sin embargo este hecho es ocultado por la ideología de género dominante. En el mismo período de tiempo, 2001-2005, la mortalidad en accidentes laborales afectó a hombres y mujeres en la proporción:

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Fuente

La explotación y opresión en el patriarcado “machista” de las sociedades desarrolladas, provoca que el 97% de los muertos en accidente laboral sean hombres. Por otro lado, desde la óptica de los defensores de la ideología de género dominante, ¿qué explicación tienen estos hechos?

Por tanto, en la actualidad, los principales enemigos del progreso social y de la equiparación efectiva y real de los derechos entre el hombre y la mujer, son las ideologías posmodernistas seudo-progresistas que son defendidas por diferentes sectores socialdemócratas, anarquistas, feministas, etc… Pero también se oponen al progreso y la igualdad otras ideologías, como las nacionalistas y las ecologistas contrarias al desarrollo tecno-científico. Y en el caso que nos ocupa, quienes más se oponen a la igualdad son las modernas ideologías de género.

En conclusión; ¿están oprimidas las mujeres? la respuesta es sí, pero no por ser mujeres, sino en calidad de trabajadoras. Las ideologías de género solo han podido “liberar” a las mujeres en tanto que pertenecientes a las clases adineradas y dominantes. Han producido una hegemonía de las mujeres de la burguesía sobre las mujeres trabajadoras; mujeres sobre las que se descarga el peso oprobioso de la prostitución y a las que somete a la sujeción del servicio doméstico. Así pues, las modernas ideologías de género actúan como una venda en los ojos de las clases explotadas y dominadas, que impide ver las auténticas causas de la opresión; la explotación, y a los auténticos opresores; las oligarquías financieras.

Posteado por: Javier | junio 27, 2016

Las elecciones de ayer: acabar ya con este cachondeo

Esta semana me gustaría mucho hablar del Brexit y lo del jueves en Reino Unido (un poco tarde pero es que materialmente ni tiempo he tenido), algo mucho más interesante que lo de España, pero hoy viene algo muy breve sobre las elecciones de ayer:

Sé que estas elecciones (en las que me he abstenido) eran un mero trámite para elegir al delegado de Bruselas en Madrid y que no está bien del todo hacer leña del árbol caído, pero eso no evita pensar en que quienes han visto en Pablo Iglesias una especie de “genio”, “maquiavelo” o “estratega” se lo deberían hacer mirar y mucho. Iglesias no es más que un oportunista sin principios que será lo que en cada momento y en cada lugar le convenga ser. Todos podemos evolucionar en nuestros puntos de vista (yo mismo empecé siendo de estilo liberal-derechista “cañero”, y ahí están las primeras entradas del blog para acreditarlo, y poco a poco he ido evolucionando al liberalismo progresista), pero eso es una cosa y lo de Iglesias otra muy distinta. Iglesias será comunista, será chavista, será progresista, será socialdemócrata y mañana, si hace falta, puede que hasta se nos haga franquista si piensa que eso le conviene para el único objetivo que le interesa: el poder al precio que sea.

Iglesias tuvo la posibilidad de apoyar un gobierno del PSOE y Ciudadanos, algo un poco menos “malo” que del PP, pero en su afán por destruir a los sociatas forzó unas segundas elecciones, haciendo las cuentas de la lechera de que fagocitando a IU iba a dar no se qué “sorpasso” y adelantar al PSOE, poniéndolo entre la espada y la pared: o haces presidente a Rajoy o me haces a mí. La coalición con el PSOE para investir presidente a Pedro Sánchez, que fue otra de las alternativas que se barajaron, habría sido posible si Podemos la hubiera deseado realmente. Pero nunca la quisieron, puesto que en numerosas ocasiones, antes y después de fundar su partido, dirigentes de Podemos, como Iglesias, Errejón y Monedero, habían manifestado abiertamente que su objetivo fundamental es la destrucción y sustitución del PSOE. Quedarse sin enemigos a la izquierda. La supuesta “lucha contra el bipartidismo” o “la casta” no es más (y así lo han declarado transparentemente los dirigentes de Podemos) que llegar a un punto en que la gente tenga que elegir entre ellos y el PP. Podemos se dedicó a imponer ultimátums que sabían que iban a ser inaceptables para el PSOE: un referéndum soberanista en Cataluña que el Tribunal Constitucional ha declarado irrealizable si no se modifica previamente la Constitución (y no se puede modificar mientras el PP tenga la mayoría en el senado y los diputados que tiene), exigieron la vicepresidencia y todos los ministerios estratégicos (no los sociales, sino interior, economía, defensa, justicia, etc.) y que se excluyera a Ciudadanos, cuando sabían perfectamente que sin los votos o abstención negociada de Ciudadanos era imposible que Pedro Sánchez formase gobierno (aunque es verdad que Ciudadanos también quería excluir a Podemos sabiendo perfectamente que, al pactar con el PSOE, los votos de los de Iglesias iban a ser necesarios).

El muy zote no contó con que el voto de castigo que iba a recibir iba a ir al PP, pues hay más gente que no quiere ver ni en pintura a Pablo Iglesias en la Moncloa que gente que le quiera ver allí. Ni al PSOE más débil de la democracia han sido capaces de superar. Desde el PP y sus medios afines han estado bombardeando a diario con una película en la que parecía que poco menos que las hordas de Stalin y el Ejército Rojo iban a entrar por los Pirineos, apoyadas por una oscura conspiración bolivariano-iraní para tomar el control de España, cosa que se ha revelado como una ridiculez (ya lo era antes de las elecciones pero para los que se la han tragado eso da igual).

Al menos, parece que muchísimos votantes progresistas (también varias decenas de miles de IU… a los que se llamaba “dogmáticos” y “abueletes gruñones” en los foros de Podemos… ya hemos visto el “exitazo”: un millón de votos menos que en diciembre aunque la ley electoral les haya dado dos escaños más) se han dado cuenta del fraude que es Podemos: pseudo-izquierda neo-progre y puro postureo. A ver si les queda claro que la cosa no va de ensamblar partidos a toda prisa a ver si suena la flauta, sino de construir una ALTERNATIVA IDEOLÓGICA al desastre que es el PP para los trabajadores y las clases populares de España.

Al PP no le han afectado lo más mínimo ni los casos de corrupción (el caso Barberá, la imputación criminal del PP, los papeles de Panamá y el ministro Soria… entre muchos otros “casos aislados”), ni el desgaste de una legislatura de recortes del Estado del bienestar, ni las mentiras y medias verdades sobre la “recuperación”, con la hucha de las pensiones a la mitad (en cuatro años), con un descenso en las cifras de desempleo basado en el trabajo precario (donde antes había un empleo de 1500 euros, hoy hay tres de 500) y con la deuda pública por encima del 100% del PIB, ni que su ministro del Interior conspire contra formaciones políticas rivales, devaluando lo que tiene que ser una democracia y que en cualquier país de nuestro entorno hubiese supuesto su dimisión (cosa que era lo esperable, puesto que la mayoría de sus votantes seguramente ven como perfectamente válido que se actúe contra los nacionalistas catalanes, aunque sea flagrantemente en contra de toda la legalidad). Todo eso HA DADO IGUAL. Probablemente, le faltó un debate y una semana más de campaña (como a Felipe González en 1996) para llegar a la mayoría absoluta.

Pero no hay que dar más vueltas ni echar la culpa a quienes hayan votado al PP (más bien habría que mirar la oposición tan lamentable que han tenido). El PP ha ganado legítimamente, sea por los motivos que sea, y es quien debe formar gobierno. Teniendo en cuenta, además, que, ganara quien ganara, no sería más que un gobierno-satélite de Bruselas sin independencia ni soberanía: una situación, aparte, con la que consienten y tragan la mayoría de españoles, están encantados de ceder nuestra soberanía a “Europa”. Marear más las cosas y hablar de gobiernos “progresistas” entre partidos que NO LO SON (y menos aún si hablamos de los partidos nacionalistas y separatistas, puesto que hemos llegado al sinsentido de que “izquierda” se le llama a todo lo que no sea el PP), haciendo elucubraciones sobre mil y un malabarismos para ver cómo se puede llegar a los 176 diputados (cuando las cuentas no salen de ninguna manera) sólo nos llevaría al esperpento de unas terceras elecciones cuando el mandato de los votantes a los partidos ya está muy claro, nos guste o no. Punto final.

Posteado por: Javier | junio 14, 2016

Sobre el tuit de Garzón: una explicación

En las últimas horas ha causado un gran revuelo este tuit de Alberto Garzón, el líder de Izquierda Unida, sobre el atentado perpetrado el domingo por un islamista norteamericano de origen afgano, dejando 49 muertos, más todos los heridos, en un club gay de la ciudad de Orlando, en la Florida:

Tuit heteropatriarcado

La derecha mediática está que trina hablando de una supuesta “cobardía” o de “islamofilia” por no mencionar que el terrorista era islamista, pero no va por ahí la cosa.

Más bien, va de pseudoizquierda buenista, pseudoprogresista y elitismo pequeño-burgués, por ahí va lo del “heteropatriarcado”, como si eso fuera lo que actualmente agrede los derechos de los trabajadores, y no el sistema económico-financiero actual (sin importar el sexo o con quiénes se metan en la cama los representantes de este sistema), y como si en eso hubiera diferencias entre hombres, mujeres, heteros o gays… o blancos y negros, o altos y bajos, o feos y guapos… Partidos como Podemos (porque ya no es IU, sino Podemos, IU y se ha diluido en Podemos y ha adoptado el mismo discurso) en España son realmente hostiles a los trabajadores. Política y teóricamente, están anclados en conceptos anti-progresistas como su aceptación del pesimismo postmodernista, obsesionados con políticas de género o con los inmigrantes y el buenismo estúpido de tanto hippi “rockanrolero”.

Podemos es la consagración definitiva del discurso de la izquierda postmodernista, que abandona el discurso tradicional de la lucha de clases, que ya no “molará”, quizás, pero que era perfectamente reconocible, porque en la historia siempre ha habido clases que han dominado el poder político y económico y clases que han querido asaltarlo, así siempre se ha desarrollado la historia desde hace siglos (mucho antes de las teorías de Marx, dicho sea de paso) y no necesariamente han sido las clases obreras: mucho antes de que surgiera el movimiento obrero en el siglo XIX, quien protagonizaba las revoluciones era la burguesía contra la realeza, el clero y la nobleza que dominaban el Antiguo Régimen, ahí están los casos de los Levellers en la Inglaterra del siglo XVII, o, en el siglo XVIII, del levantamiento de las colonias americanas protagonizado por los terratenientes ingleses allí asentados, o de Francia, donde la revolución la inician y la dirigen básicamente burgueses que se consideran ninguneados por el rey y por los dos estamentos privilegiados (el pueblo llano que se alza en París y toma la Bastilla fue un instrumento de ellos).

Lo que defiende prácticamente casi toda la izquierda actual es (aparte de amortiguar un poco los efectos del neoliberalismo sobre las capas más débiles de la población, siendo incapaces de cuestionarlo) es la lucha de géneros (e incluso de orientaciones sexuales), de razas, de religiones, etc., en la que unos serían los “dominadores” y otros los “oprimidos” (mujeres, homosexuales, negros, árabes, musulmanes), creando cada vez más y más divisiones de este tipo… que al final incluso llevan a tremendas contradicciones al pretender que todas las injusticias actuales son una cuestión de colectivos sexuales o religiosos: por eso Garzón no puede mencionar que el asesino de casi 50 homosexuales en Orlando era un fundamentalista islamista. Porque los homosexuales, como colectivo, son una víctima “especial” del sistema actual… pero es que los musulmanes también lo son y, si decimos que el terrorista era musulmán, los estamos criminalizando a todos y provocando islamofobia (si, encima, es de origen árabe, entramos también en la lucha de razas, no podemos decir que es árabe, pues fomentamos el racismo hacia la “clase racial oprimida”). Por eso hace el ridículo de relacionar dos crímenes terribles (la muerte de dos mujeres a manos de sus parejas y el asesinato de los 50 homosexuales en Orlando), pero que no tienen nada que ver uno con otro, y sacarse de la chistera eso del “heteropatriarcado” como causa originaria de ambos. Realmente, puede que en eso haya tenido mucho que ver el que, igual que la izquierda ha sido incapaz de formular un modelo alternativo al económico y financiero dominante hoy día, tampoco ha sido capaz de superar el que ahora mismo sea muchísimo menos reconocible qué se entiende por “clase obrera” y se ha dedicado a buscar otras “clases” (como he dicho más, SIN OBVIAR QUE AÚN HOY EXISTE MUCHÍSIMO ODIO AL DIFERENTE, pero como si no hubiera hombres, mujeres, heteros, homosexuales, negros, árabes o chinos, lo que sea, sin distinción, que son verdaderamente nocivos para los trabajadores y que están contribuyendo a precarizarlos cada vez más, y como si los que la sufren no fueran de todo sexo o condición).

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Otra majadería muy similar a esto:

pedro_sanchez_ramadanximo_puig_ramadanramon_espinar_ramadan

La derecha se ha enfurecido porque Pedro Sánchez, Ximo Puig o Ramón Espinar feliciten el Ramadán a los musulmanes y se olviden o, a su entender, ninguneen los festejos católicos. Pero más de uno, sencillamente, lo que nos parece es una estupidez ver a alguien felicitar a otros por autoimponerse un castigo corporal para satisfacer a un dios que no existe, sea no comer en todo el día hasta por la noche, sea destrozarse la espalda levantando un paso de semana “santa”. Queriendo oponerse al racismo de la derecha libegal confunden las cosas. Hay que defender los derechos de quienes estén en alguna situación de opresión o discriminación, pero no porque sean o dejen de ser musulmanes. ¿O es que acaso la opresión de estar en un sistema religioso como el Islam esa sí es “buena”? ¿Dirían lo mismo si, en lugar del Islam, estuviéramos hablando del nacionalcatolicismo? Seguramente, NO.

Posteado por: Javier | junio 7, 2016

Algunas noticias variadas (II)

Igual que hace tres semanas, aquí va otro “popurrí” de pequeñas noticias sueltas a las que se puede sacar algo de punta:

LA DECADENCIA DE CIUDADANOS

Los sondeos pre-electorales no pintan nada bien para Ciudadanos. Todo apunta a que el próximo 26 de junio no solamente va a quedar relegado al cuarto puesto, sino que incluso bajaría al 15% de los votos, lo que comprometería mantener muchos de los 40 escaños que consiguió en diciembre.

Ciudadanos es un partido que ha perdido una grandísima oportunidad de presentarse como una oferta electoral más cercana a una derecha más moderada y liberal, algo similar a la derecha británica de Cameron, por hacer un simil. Algo que sin duda hubiera sido muy exitoso entre el electorado de centro-derecha más joven, aburrido del PP pero al que ni se le pase por la cabeza votar al PSOE y mucho menos a Podemos (los que a estas alturas de la película sigan votando al PP creo que casi que pueden ser dados como casos perdidos). Pero han preferido entrar en unas batallas que pocos votos les van a dar, todo lo contrario, que la campaña se centre en el “¡¡Venezuela, Venezuela, comunismo, comunismo!!” a quien beneficia es al PP (y, de rebote, a Podemos, pues reafirma a sus votantes). Que Albert Rivera haya salido hace pocos días tachando de “podemitas” las propuestas del PP también es muy significativo de que tanto él como el partido están cada vez más decadentes en sus mensajes y opiniones, puesto que es algo que sólo se ve en los foros tipo Red Liberal y las webs derechistas más rancias, eso de decir que el PP es “izquierdista” (o “socialdemócrata”, que también se ve). No creo que vayan a remontar de este declive, es un proyecto fallido. Ya es tarde.

Más información en este artículo:

http://larepublicaheterodoxa.blogspot.com.es/2016/06/esta-comenzando-el-declive-de-cs.html

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VUELVE LA “PINZA”

Parece que ha vuelto la leyenda urbana, popularizada en los 90, sobre oscuras maquinaciones para forjar una “pinza” electoral y cargarse al pobre PSOE. Hace 20 años, era la pinza entre PP e Izquierda Unida. Ahora, una vez que Alberto Garzón ha firmado la disolución de IU dentro de Podemos, la pinza sería entre el partido de Pablo Iglesias y los peperos, la pinza versión siglo XXI. Así ha dado a entender Alfonso Guerra hace pocos días, al afirmar que “el padre de Podemos es Rajoy y el padrino, Anguita“.

Alfonso Guerra es alguien que para lo que ha quedado es para montar monólogos como los del club de la comedia cada vez que interviene en un mitín del PSOE, y ni para eso está ya en buena forma, ya pasaron los tiempos del “¡¡Arfonzo, dale caña a la derecha!!”. Evidentemente, PP y Podemos están en su salsa con la polarización que se está creando entre ambos, pues les está permitiendo presentarse a cada uno de ellos como el antídoto contra el otro: el PP como única “contención frente a los comunistas chavistas” y Podemos como la única posibilidad de echar a la derecha austericida del poder. Incluso que se esté hablando más de Venezuela que de España a ambos les viene de perlas: a los votantes del PP (normalmente, gente de más de 65 años muy asustadiza) los mantiene en tensión para ir religiosamente a las urnas y a los de Podemos los reafirma en su idea de que hay una campaña orquestada contra ellos. Y también es obvio que Podemos, después de fagocitar a IU, quiere quitarse de enmedio al PSOE para quedar como la única oposición real al PP en la izquierda.

Ahora bien… de ahí a decir que eso es una especie de “trama” o “contubernio” entre el PP y Podemos para cargarse al PSOE media un trecho…

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DONALD TRUMP… ¿PRESIDENTE?

Aunque sea el virtual candidato republicano a disputar la presidencia de EEUU en noviembre, TRANQUILOS: eso, salvo sorpresón, no se va a dar.

Lo primero de todo (y lo más esperanzador) es que, después de ver el circo que han sido las primarias republicanas, te das cuenta de que no hay que minusvalorar tanto a España: allí, en USA, en política tienen la misma mierda o peor que aquí. Posiblemente, si tuvieran que empezar ahora mismo de 0 y edificar de nuevo su país, el resultado seguramente sería peor que aquí (como mucho, de lo poco bueno se puede decir que, por lo menos, siguen siendo un país soberano para decidir su política, aparte de que tienen el control sobre su moneda, porque lo demás…). Los atributos viriles y los genitales de algunos candidatos ha llegado a ser uno de los temas recurrentes de debate… así que sobran más comentarios. De hecho, ya tienen que ser malos y nocivos el resto de candidatos republicanos como para que un imbécil como Trump sea de lo menos malo entre todos ellos.

¿Qué quiero decir con que es el “menos malo”? A ver, Donald Trump es un empresario multibillonario racista y corrupto (su último escándalo son las investigaciones sobre el timo sacapastas que es su “universidad”) que promete devolver la “grandeza” a EEUU sobre un discurso chovinista, nacionalista en extremo y reaccionario. Trump ha conseguido aprovechar del asqueo generalizado de la clase obrera en EEUU contra el “establishment”, azuzando el populismo de derechas, volviendo a meter en la política a un montón de gente que hasta entonces se había autoexcluído de la misma, pero, claro, mediante la reintroducción agresiva que suele caracterizar a los populismos.

Pero también es cierto que el triunfo de Trump es el fracaso de elementos como Ben Carson, un miembro de la secta de los adventistas del séptimo día, Marco Rubio, otro candidato repugnante, o el de Ted Cruz, sin duda, el peor de todos, un personaje extremista, conspiranico y enfermo mental, totalmente abducido por el Tea Party y el entramado ultraneolibegal de los hermanos Koch (es un asiduo de sus eventos, en los que suele decir que Obama es “un socialista” con un “plan oculto” para controlar la economía norteamericana), así como terribles noticias para los libegales: precisamente la crítica libegal contra Trump es que no es “un verdadero conservador”. Es decir, Trump no es mucho mejor que ellos, pero, al menos, no aboga por eso tan cansino de esta gente libertaria de un “estado reducido y 0 impuestos”. Tampoco se pasa todo el santo día hablando de “propiedad privada”. De hecho, me consta que hay liberales en USA que quieren a Bernie Sanders (mejor que Hillary Clinton) pero que, en todo caso, como mal menor, que el contrincante sea Donald Trump. Las sandeces que dice sobre México, el muro en la frontera y los inmigrantes latinos no se las cree él ni harto de vino, y, al menos, defiende mantener, y hasta ampliar, el sistema sanidad pública, es partidario de que las rentas más altas paguen un poco más en impuestos y no parece que sea un alocado entusiasmado con las guerritas en países lejanos de Medio Oriente.

Al margen de la cantidad de tonterías que dice al día, una cosa en la que no le falta razón es en que los tratados de libre comercio funcionan bien cuando se pactan entre estados con nivel de desarrollo similar. El NAFTA funciona entre EEUU y Canadá, no así con México, como tampoco funcionan a favor de EEUU otros tratados de libre comercio con países latinoamericanos que se caracterizan por sus bajos salarios y la falta de regulación de sus industrias. ¿Cuántas empresas no han cerrado sus puertas en EEUU para marcharse a países donde pagan mucho menos y no tienen que preocuparse tanto por el medio ambiente? Un ejemplo es Boston Scientific, que empleaba alrededor de 2000 trabajadores en Miami, pero en cuanto se firmó el tratado de libre comercio con Costa Rica cerró sus puertas y se marchó a ese país, dejando en la calle a todos esos empleados que sin duda tuvieron que vivir durante quien sabe cuánto tiempo a costa de los contribuyentes.

Otro tema recurrente en los discursos de Trump es China. Trump se queja de que los líderes chinos no juegan limpio con EEUU. Tiene toda la razón. China mantiene su moneda artificialmente pegada al dólar, de forma tal que sus exportaciones resultan baratas, al tiempo que se hace difícil a las empresas americanas exportar sus productos al país asiático. El ofrece como solución subir las tarifas a las importaciones chinas si China se niega a que su moneda flote libremente.

Sobre la deuda nacional de EEUU, Trump asegura que según muchos economistas, si la deuda llega a los 24 billones de dólares el país habrá llegado al punto de no retorno y se convertirá en otra Grecia, un país totalmente en quiebra. Hace muchos años, en 1999, Trump propuso un impuesto único del 14,5% sobre la riqueza de quienes tienen más de 10 millones de dólares de patrimonio, lo cual eliminaría gran parte de esta deuda y ahorraría miles de millones por el pago de intereses. Pero no se sabe si actualmente mantiene esa propuesta que, sin duda, afectaría su propio bolsillo.

Pero, a riesgo de equivocarme, diría que ESE NO GANA en noviembre. Primero, porque la mayoría de votantes republicanos no lo ven como un conservador “pata negra”. Y, segundo, porque es neoyorkino. Nunca veréis a un neoyorkino ganar a nivel nacional en EEUU, Nueva York es algo así como la Cataluña (o, siendo más concretos, la Barcelona) de EEUU.

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EL RECHAZO DE SUIZA A LA RENTA BÁSICA

Este domingo se votó en referéndum en Suiza acerca del establecimiento de una renta básica universal de 2250 € al mes. Y el resultado fue negativo por una amplia mayoría.

Inmediatamente tuve que soportar la vergüenza ajena de leer en algunos sitios que los suizos habían rechazado un “sueño marxista”. Sí, el sueño marxista de algunos como el neoliberal Milton Friedman (su IRPF negativo a todos los efectos era muy similar a una renta básica) o el libertario Charles Murray. Grandes “marxistas”, sí señor.

Hasta el propio Friedrich Hayek defendió la renta básica universal como concepto. Digan lo que digan libegales como JR Rallo, quien mintió descaradamente hace un par de años (aprovechando, por supuesto, la ignorancia de sus fans más acérrimos), cuando volvió a ponerse de moda el debate, negando que Hayek hubiera defendido eso:

http://www.libremercado.com/2014-07-20/juan-ramon-rallo-hayek-no-defendio-la-renta-basica-universal-72982/

 Hayek mismo es el que deja con el culo al aire a Rallo: “I have always said that I am in favor of a minimum income for every person in the country”.

https://books.google.es/books?id=8nDsOO8wwSgC&pg=PA101&lpg=PA101&dq=%E2%80%9CI+have+always+said+that+I+am+in+favor+of+a+minimum+income+for+every+person+in+the+country%E2%80%9D&source=bl&ots=y7p8g9pbtW&sig=IhxkRiqGSoYDsFvG-Tn94qak-jw&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjMpeaehZLNAhXG2hoKHTTYBPkQ6AEIPjAE#v=onepage&q=%E2%80%9CI%20have%20always%20said%20that%20I%20am%20in%20favor%20of%20a%20minimum%20income%20for%20every%20person%20in%20the%20country%E2%80%9D&f=false

Hasta los libertarios califican la idea de Hayek como de “ingreso mínimo para todos”: o sea, renta básica universal.

http://www.libertarianism.org/columns/why-did-hayek-support-basic-income

“In my original essay on libertarianism and the Basic Income Guarantee, I briefly noted Friedrich Hayek’s support of the idea that the state should ensure “a certain minimum income for everyone … a sort of floor below which nobody need fall even when he is unable to provide for himself.”

“El Estado debe garantizar un ingreso mínimo para todos”: ¡¡UY!! ¿No decía Rallo que Hayek no había defendido eso?

Pero es que incluso los neoliberales del Adam Smith Institute reconocen que el debate está abierto, ante el panorama de escasez de empleos que se avecina en el futuro.
 
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Los actuales partidarios españoles de Hayek, como Rallo, MIENTEN diciendo que “quiso decir otra cosa” porque no quieren pasar por la vergüenza de reconocerlo, en un país como España donde existe un partido como Podemos, que es su obsesión casi paranoide, que hizo bandera de otro tipo de Renta Básica. Pero es falso por todos lados. Lo hizo y PUNTO. ¿Que Rallo lo quiere llamar “producto líquido lácteo procedente de las ubres de un rumiante vacuno hembra” en vez de “leche”? Eso es SU problema.

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Por último, un apunte, algo que me aburre de solemnidad es ver a tanto jovenzuelo simpatizante de las ideas libertarias, anarco-capitalistas, laissez-faire, o de la Escuela Austriaca de Economía, quejarse amargamente en los blogs, foros y redes sociales de que, si no triunfan en la vida, es por culpa del “estatismo socialista” en que vivimos:

“¡¡MAMÁ, MAMAAAAAAAAAAAAÁ!! Que por culpa del malvado estatismo y de las regulaciones socialistas no puedo hacer negocios ni ganar dinero”.

No voy a negar que en España es indignante a veces la cantidad de trámites y burocracia por la que hay que pasar para montar un negocio por pequeño que sea, pero esto de que “por culpa del estatismo, yo no gano dinero” lo suelen decir los alumnos y los discípulos adeptos de sofistas listillos que nunca han producido nada de valor en sus vidas y que viven muy bien (normalmente, como funcionarios públicos mientras pontifican sobre las excelencias del laissez-faire… y conste que no tengo nada contra los funcionarios públicos) dando charlotadas defendiendo los intereses de los más poderosos (los únicos que tienen un poquito que perder con un mínimo de regulación sobre la economía, pero ni eso aceptan). Generalmente, estos alumnos y discípulos suelen ser jovencillos que aún no han terminado la Universidad y aún no han conocido el mercado laboral. Ahí puede ser disculpable la ignorancia. Lo peor es cuando se trata de personajes más viejunos.

No, hijo mío, tú lo que eres es un inepto y un incompetente que no eres capaz ni de vender nada ni de venderte a tí mismo. No venderías ni una estufa en el Polo Norte y ni un aparato de aire acondicionado en el Sahara. Las oportunidades están ahí en la calle, sal y búscalas, sólo hay que aprender a buscarlas, no tiene nada que ver con que las leyes sean “socialistas” o “estatistas” según tu punto de vista. Deja de echar a los “sociatas” la culpa de todos tus problemas. Precisamente, eso que llamas “estatismo” o “leyes socialistas” es lo que permite que existan infraestructuras, seguridad jurídica y un sustento material mínimo para todos que es lo que, en definitiva, nos permite que haya más oportunidades de ganar dinero, MERLUZO.

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