Posteado por: Javier | marzo 25, 2017

El Brexit: cuando el Parlamento acata el mandato del pueblo

Esta semana ha sido verdaderamente para dar la enhorabuena a los británicos de bien (los que en junio del año pasado votaron NO a la Unión Europea), desde el momento en que este pasado lunes la primera ministra Theresa May anunció la fecha en que se activará el artículo 50 del Tratado de Lisboa para dar inicio a la salida del Reino Unido de la UE: el 29 de marzo.

Cuando a lo que estás acostumbrado en tu país es a una pseudo-democracia “low cost”, donde a la mayoría de la gente le da exactamente igual que les engañen tanto las distintas franquicias del sistema político-económico español (es decir, los partidos que se sientan en el Congreso para, supuestamente, representar a los españoles) como los medios de comunicación, no puedes menos que sentir muchísima envidia cuando ves al Parlamento y al Gobierno de este gran país de raíces protestantes acatar el mandato recibido del pueblo en las urnas.

El Brexit fue uno más de los episodios de la rebelión que está en marcha contra las élites globalistas. Lo peor fue la reacción de esas mismas élites, anunciando, inmediatamente, todo tipo de plagas y cataclismos que supuestamente iban a caer sobre la Pérfida Albión y sus insensatos habitantes. Pero lo único que sucedió es que una decisión democrática soberana va a obligar a denunciar un tratado. Un primer ministro democráticamente elegido (David Cameron) en un país que respeta tanto la Constitución que no necesita ponerla por escrito –acaso casi sólo aquellos que no ponen la Constitución por escrito están dispuestos a cumplirla– había prometido un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE. Como era de recibo, lo convocó. Lo perdió. Y como era de recibo, dimitió. O sea, ¿cuál es el problema?

El Brexit también ha destapado el estado de bancarrota moral en que se encuentra la izquierda “progre” o “mainstream”: copiando casi punto por punto los argumentos de la derecha neoliberal y pro-establishment (eso, incluso más aún, se acentuó después con la elección de Trump en EEUU, que agudizó más todavía incluso el despliegue de hipocresía moral de la propia UE). No se puede caer más bajo.

Tanto los progres como los neoliberales globalistas, acusando a los partidarios del Brexit de chovinismo y xenofobia (que los ha habido pero no al punto que dicen ellos), lo que pretenden ocultar es el hecho de que la mayoría de trabajadores y las clases populares del Reino Unido están en contra de un ente como la UE, al que perciben como una arquitectura creada para proteger únicamente a los grandes capitales financieros y en las que las decisiones realmente relevantes las toma la Comisión Europea, que es en el fondo un organismo con miembros designados, es decir, son funcionarios, no elegidos. El jefe de la comisión es Jean Claude Juncker, un tipo que no sólo amenazó a los británicos antes del referéndum sobre el Brexit, aliénándolos aún mas, sino que hace gracias como llegar borracho a las reuniones (vean ESTE VIDEO).

Olvidan (o no se quieren acordar) de que los primeros en promover la pertenencia británica a la Comunidad Económica Europea (CEE), como entonces se llamaba la actual UE, fueron los conservadores, el primer ministro Edward Heath, en 1973. Dos años después, en 1975, el nuevo gobierno laborista organizó el primer referéndum sobre la permanencia en la CEE, puesto que gran parte de las bases del partido quería salir del CEE, mientras que la mayor parte de la dirigencia querían quedarse. Por eso convocaron un referéndum con resultado vinculante. Al final, los británicos votaron a favor de continuar en la CEE. Toda la prensa británica conservadora (toda la de relevancia, en definitiva) animó a sus lectores a votar a favor de pertenecer a la CEE (el único periódico que animó sus lectores a votar para salir fue el del Partido Comunista Británico: The Morning Star). Lo relevante de esto es que la izquierda británica tradicional estaba en contra de la Unión Europea. En aquel año 1975 estaba en contra el actual líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, y lo estaba el mítico Tony Benn, que ya entonces veía en el proyecto europeo una amenaza para la soberanía política y económica del Reino Unido.

En junio de 2016, toda la izquierda “progre” o “mainstream” británica (fuera la política, la cultural, la mediática o la del mundo de la farándula) apoyó la opción de quedarse en la UE. Desde algunos como el columnista Owen Jones hasta el ínclito Tony Blair, han repetido e imitado simiescamente los mismos augurios catastróficos y llenos de especulaciones absurdas que la derecha neoliberal: que el Reino Unido perdería industrias enteras si salía, que la economía se hundiría, que Escocia saldría del Reino Unido (a ver si, a la hora de la verdad, Escocia prefiere cambiar Westminster por Bruselas, o la libra por el euro). Pero, no contentos con ponerse a la altura de los neoliberales globalistas, encima, aportaron también mentiras propias: que la UE protege los derechos de los trabajadores (algo que todo el mundo sabe que es FALSO y un insulto a la inteligencia afirmar eso) y, sobre todo, que la UE iba a proteger a los británicos del neoliberalismo (una afirmación que es para echarse a reír). Todo ello empaquetado con un argumento humanista-sentimental que, en términos intelectuales y políticos, no tiene ni pies ni cabeza: “Estamos mejor juntos que separados”. Hasta la persona más inculta del mundo sabe que decir esto es no decir absolutamente nada, es decir humo, las típicas frases tan viscerales, floridas y poéticas (tipo “ningún ser humano es ilegal”) que tanto gustan a la progresía posmodernista, sin decir nada en concreto o que tenga un mínimo de pies en el suelo.

En Europa, no sólo en el Reino Unido, hay mucha gente harta de imperialismo (el golpe de Estado en Ucrania), de la destrucción económica de un país en nombre de bancos franceses y alemanes (Grecia), de la arrogancia tecnocrática (Bruselas), de las crisis de refugiados provocadas por las guerras imperiales legitimadas y dulcificadas por este ente de la UE (razón por la cual recibió el Nobel de la Paz… mismo motivo por el que en 2009 le fue otorgado a Obama) y de la ausencia absoluta de control democrático sobre sus propias vidas. La Unión Europea es un engendro irreformable, lo único que cabe es su desaparición, es antidemocrático y su única razón de ser es servir a los intereses del capital financiero europeo. Después de lo dicho hace pocos días por el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, sobre que los países del sur “gastan el dinero en copas y mujeres”, ¿Qué más necesitan los que aún no se hayan dado cuenta de la bancarrota moral de la UE y de la catadura despreciable de los sujetos que la dirigen? Este mamarracho es el mismo personaje que, mientras exige un durísimo programa de austeridad a los países del sur, ha jugado un papel clave en convertir su país, Holanda, practicamente en un paraíso fiscal en el que las mayores empresas europeas (incluyendo españolas) y norteamericanas evitan pagar sus impuestos en los países donde se realiza la producción, la distribución o el consumo de sus productos. Este individuo es “socialdemócrata” (que hoy en día quiere decir progre-neoliberal) y, en efecto, ha conseguido que, a pesar de todo, su país no sea considerado un paraíso fiscal cuando lo es de facto, allí tienen su sede compañías extranjeras como la estadounidense Starbucks, la lista es enorme, se calcula que hasta unas 12.000, las cuales, en realidad, algunas de ellas solo tienen en Holanda una dirección postal, sin edificio siquiera, como es el caso de los grupos musicales Rolling Stones o U2, del Sr. Bono (el cantante, no José Bono), ese que se ha hecho famoso y rico a base de supuestamente “defender” a los pobres del mundo.

Esta es la Europa a la que quieren que pertenezcamos.

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OTRO ASUNTO:

Miren estas dos fotos:


Las dos son de manifestaciones en las que era asiduo el terrorista del ISIS que ha matado por atropello a varias personas en Londres hace unos días. Ambas, manifestaciones en contra del gobierno sirio de Bachar al-Assad. En la de arriba vemos incluso la bandera siria de las tres estrellas, la bandera enarbolada por la oposición a Assad, o sea, la que usan los denominados “rebeldes moderados” apoyados por Occidente. Paradójicamente, la misma bandera que los izquierdistas occidentales ondean contra Assad.

Y es que, en este tema de la agresión criminal contra el pueblo sirio, la prensa y medios de comunicación autoetiquetados como “progresistas” han hecho una labor de manipulación y de incitación de la opinión pública que, si cabe, hasta se puede considerar más despreciable que la de medios abiertamente otanistas o neocons, presentando como si fuera una especie de romántica “rebelión popular” contra un sanguinario “tirano”, lo que no es más que una guerra de agresión utilizando mercenarios, llevada a cabo por terroristas islamistas que actúan como legión de choque al servicio de los intereses de las corporaciones occidentales y de sus socios locales, como Israel, Arabia Saudí y el resto de petromonarquías teocráticas del Golfo Pérsico, para eliminar la libertad y la soberanía económica y política de un país, en este caso Siria, antes lo fueron Libia o Irak.

Son los mismos que han llegado a la desvergüenza de publicar fotos de Siria como esta, en la que se ven retratos y pancartas en favor de Assad, presentándolas como si fueran “manifestaciones contra Assad”:

También son los mismos que muchas veces hablan del gobierno de Assad en términos bienintencionados como “sí, es un dictador pero es una contención frente a los islamistas” o “es un tirano pero peor sería derrocarlo”, cuando eso tampoco parece demasiado exacto, aparte de que traslada la imagen falsa de que es una dictadura impuesta ilegítimamente sobre los sirios, que estarían deseando levantarse y zafarse del “tirano”. Es por eso que es tan nociva la labor de algunos medios corporativos occidentales que van de “progresistas”. No van como los medios derechistas globalistas y neocons pidiendo la cabeza de Assad a degüello, sino que lo que hacen lo hacen mucho más sibilinamente aunque el fin es el mismo: deslegitimar a un gobernante que lo único que ha hecho es defender la soberanía de su país frente a los intereses corporativos occidentales (probablemente algún día publique algo más extenso y detallado sobre el tema). Siria era tan “dictatorial” que el 26 de febrero de 2012 se aprobó el proyecto de reforma de la Constitución con un 89,4 % a favor. Esta constitución es secular, no basada en el Islam o en la ley islámica, no permite partidos basados en una religión, etnia, o raza. Por tanto, excluye a cualquier partido que quiera crear un estado islámico similar a los del Golfo Pérsico. Además, Assad ha conservado un gran apoyo de su pueblo (su última victoria electoral lo acredita) y, por ejemplo, los cristianos y otras minorías saben que con él están seguros.

Desde hace unos pocos días llevamos con el conmovedor espectáculo de ver a la prensa “progresista” (esto es, la que defiende el globalismo neoliberal desde posiciones supuestamente de “izquierda”) prácticamente descorchar el champán por el hecho de que en las elecciones holandesas haya ganado el candidato neoliberal… dejando en la cuneta al calificado como candidato “ultraderechista” e “islamófobo”, Geert Wilders. “Europa” también ha respirado aliviada, pese a que las posibilidades de Wilders de formar gobierno, aun cuando hubiera ganado las elecciones, habrían sido totalmente nulas, por cuanto que ninguno de los demás partidos tenía ni la más mínima intención de pactar con él. De Wilders poco sé como para poder valorar nada de él, más allá de que es públicamente conocido su beligerante discurso contra el Islam y de que es alguien que podría encuadrarse en la conocida como “Derecha alternativa” (Alt-Right), pero, en cualquier caso, celebrando la derrota de un candidato que no tenía ninguna posibilidad de llegar al gobierno de Holanda, la cada vez más desacreditada UE lo único que ha hecho es ganar un poco de tiempo en la huida hacia adelante permanente en la que está inmersa. Pueden ganar todo el tiempo que quieran y quemar todos los cartuchos que quieran: la Unión Europea que nació en Maastricht y el Euro son, a día de hoy, dos proyectos comatosos y que solo se mantienen con respiración asistida.

Digamos, volviendo al inicio, que asistimos a un escenario, no sólo en Europa sino en todo Occidente, en que la vieja dicotomía derecha-izquierda, que se inició en los tiempos de la Revolución Francesa, cada vez está más confusa, borrosa y difuminada, dando paso y siendo sustituida por una nueva que sería globalistas (o mundialistas, si lo prefieren) vs. nacionalistas, o sea, los defensores del capital neofinanciero global contra los defensores de la soberanía, la identidad y la economía e industrias nacionales. A un lado los neoliberales, conservadores, socialdemócratas y “progresistas”, unidos todos defendiendo el establishment, y, al otro lado y frente a ellos, tenemos a la “derecha alternativa”, a los que han dejado sólos como el contrapoder anti-establishment, anti-globalización neoliberal y defensor de las soberanías nacionales.

Desde que una mañana de junio del año pasado nos desayunamos con la noticia de que una mayoría de votantes británicos se había decidido por apoyar el Brexit, pasando por la elección de Donald Trump en noviembre, la izquierda “progresista” se autodestapó completamente uniéndose en una carrera con los burócratas de la UE, las élites del establishment y los neoliberales a ver quién era capaz de lanzar las descalificaciones más gruesas (“xenofobia”, “racismo”, “machismo”, homofobia”, etc.) contra estos movimientos (o, más bien, contra quienes los han apoyado en las urnas) que han sido como una auténtica cornada a los intereses globalistas. Ellos son los responsables de que, por ejemplo, en el Reino Unido, el Brexit, apoyado mayoritariamente por los trabajadores y las clases populares sobre todo en Inglaterra, vaya a ser un Brexit de derechas.

Cuando existe una demanda, normalmente, el primer ofertante que llegue es el que copa el mercado. La mayoría dentro de las clases trabajadoras está contra el globalismo neoliberal. Como la “izquierda” no sólo está ausente, sino que se ha unido al establishment en la defensa de ese orden global, es la “Alt Right” la que ha tomado la bandera y ahora encabeza la lucha contra la globalización y el neoliberalismo. Por eso ahora lo que está de moda entre esa izquierda es criticar sin misericordia a Donald Trump hasta por los motivos más risibles. Esos ataques empezaron incluso en noviembre, cuando a ese hombre aún le faltaban más de dos meses para empezar a gobernar, con los disturbios “espontáneos” en varias ciudades norteamericanas, días después de las elecciones, hasta llegar a las marchas “espontáneas” del mismo fin de semana de su toma de posesión. Unas protestas y marchas muy similares a otras protestas “espontáneas” como las que derribaron a Milosevic de la presidencia de Yugoslavia en el 2000, las “revoluciones de colores” en el espacio ex-soviético la década pasada, las protestas de la mal llamada “Primavera Árabe” o, más recientemente, el “Nazi-maidán” (conocido oficialmente como “Euromaidán”) en Kiev… quizás similares porque tanto detrás de las de EEUU como de las anteriores, se atisba la larga mano de George Soros. Evidentemente, no es lo mismo derrocar al presidente de EEUU que al de países más débiles como Serbia, Ucrania o Egipto por medio de unas algaradas callejeras, disturbios y protestas, por muy bien organizadas y financiadas que estén, pero es difícil no ver ciertas similitudes.

Lo más patético de la “izquierda progresista” en sus ataques a Trump es que ni siquiera tienen criterio propio al hacerlo, sino que se limitan a sumarse a la propaganda que hacen los grandes medios corporativos y las élites políticas y económicas vinculadas a Hillary Clinton y el Partido Demócrata. Es decir, en lugar de articular una oposición a Trump en base a valores e ideas propias y a una defensa de los intereses de los trabajadores norteamericanos, lo que hacen es repetir como papagayos las consignas hipócritas lanzadas por quienes trabajan a sueldo del emporio de los Clinton. No sólo eso, en Europa y España ahora vemos algo, si cabe más penoso y ridículo: la mal llamada “izquierda progresista” europea ¡¡posicionándose como auténticos hooligans a favor de Angela Merkel con tal de tener una excusa con la que atacar a Trump!!

O, de forma aún más rastrera y dejando a las claras su catadura moral, tratando de blanquear a los islamistas que luchan en Siria contra el gobierno de Assad y contra Rusia, presentándolos como “insurgentes”, “rebeldes” o “resistentes”, para no tener que reconocer que problemas como el de los refugiados por quienes han sido creados es por los mismos intereses que ellos están protegiendo tan mezquinamente. Les señalan a un muñeco de pim pam pum contra el que arremeter (Trump), en lugar de hacerlo contra los creadores de los problemas a los cuales se supone que se oponen, y ellos siguen la consigna como si fueran lemmings. A mi me parece que no es muy dificil entender que problemas como el de los refugiados de la guerra de Siria han sido creadas por las guerras provocadas o incitadas por el imperialismo neoliberal y por los terroristas islamistas apoyados por la OTAN para derrocar gobiernos legítimos de Oriente Medio, patrocinados por las anteriores administraciones de Washington (tanto republicanas como demócratas) y la UE (ésta última haciendo de lametraserillos), y que (hasta ahora) no es Trump quien ha creado ese problema. Pues nada, ellos a su bola porque lo “guay” es ser anti-Trump. Lo guay para muchos y lo rentable para unos pocos, claro, ir de “progre” mientras legitimas el imperialismo neoliberal es todo un negocio. En temas como la restricción de entrada de viajeros desde ciertos países, Donald Trump lo que se ha limitado es tratar de impedir temporalmente estas entradas desde países devastados por las políticas imperiales de Obama y Clinton para tratar de impedir que puedan llegar encubiertamente terroristas de los nidos creados por estas mismas políticas. Pero, claro, es mucho más fácil (y además quedas como “benefactor de la humanidad”) poner la pancarta del “Refugees Welcome” que enfrentarse al poder económico del que vives muy bien, es mucho más fácil eso que denunciar que lo que ha creado estos refugiados son las guerras imperiales en países como Irak, Libia o Siria.

Todo esto y mucho más viene aún más extensamente y mejor explicado en este artículo del Sr. Adolfo Ferrera (en el blog de reciente descubrimiento “El Mirador Global“), titulado “Fractura europea: derecha globalista contra derecha nacionalista. ¿Dónde queda la izquierda ante el nuevo escenario geopolítico?”, sin que pueda estar más de acuerdo con este párrafo: “Como decía anteriormente, la izquierda política y los movimientos sociales no participan como protagonistas en esta batalla. Están desaparecidos del debate geopolítico y geoestratégico que ahora está reconfigurándose, y en la mayoría de los casos se están movilizando en contra de los llamados “populismos” de la mano de los mismos globalistas neoliberales (con Obama-Clinton a la cabeza) que llaman “populistas” a los gobiernos y dirigentes de izquierdas en Latinoamérica, por ejemplo. No ven más allá. Paradójicamente la izquierda “progresista” española (y me temo que la europea en general) está empleando los mismos términos para atacar a la extrema derecha nacionalista. Pero sin darse cuenta, al acusarles de “populistas”, la izquierda está admitiendo intrínsecamente que no pretenden romper con el régimen institucional europeo (incluido el Euro), porque entienden que no es posible hacerlo, dando por hecho que la “extrema derecha” lo hace sólo para captar votos. Los “progresistas” están demostrando que son más reaccionarios que la propia “extrema derecha”, quien en realidad está dejando en evidencia que sí tienen un modelo alternativo a la globalización neoliberal y al orden mundial unipolar (con todas la carencias, excesos o críticas que le queramos añadir a sus propuestas).”

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OTRO TEMA:

Hablando de medios de comunicación globalistas, probablemente lleven días escuchando algo sobre unos “privilegiados” estibadores portuarios que se niegan a perder unos “intolerables privilegios” (valga la redundancia), como unos sueldazos de fábula que cobran. Esta misma semana, precisamente, ha sido tumbado en el Congreso el decreto de liberalización de la estiba.

Es cierto que la estiba tiene unas ciertas peculiariadades gremiales, por decirlo de algún modo, un tanto discutibles, como son su carácter “familiar”, la falta de transparencia en el ingreso o imposibilidad de poder trabajar como estibador si no cuentas con un contacto dentro del gremio, ausencia absoluta e imposibilidad de trabajar como estibador o “portuario” si eres mujer. En general, no son un sector laboral muy apreciado por el resto de los trabajadores, en parte también por las diferencias salariales. Incluso tienen fama de ser una mafia sindical al estilo americano. Hasta ahí eso es cierto.

Pero aún así, no por ello voy a defender “liberalizaciones” ni los intereses de la UE (que es, en definitiva, lo que se está ventilando en este conflicto).

Con los estibadores portuarios se está siguiendo el mismo “modus operandi” que con otros grupos a los que aún no se ha aplicado la precarización laboral para “conseguir competitividad”, siguiendo unos pasos similares a estos:

1) Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2) Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque “lo manda Europa”, y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3) Señalamos a los trabajadores como “privilegiados”, “restos de un modelo anacrónico” (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto “aristocracia sindical”.

4) Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5) Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6) Acusamos a los huelguistas de dañar un “sector estratégico”.

7) Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

En resumen, apretarles las clavijas para que terminen yendo a la huelga, y, una vez se produzca este conflicto, señalarlos ante la opinión pública (que mayormente sí que está sufriendo los efectos del “apretón de cinturón”) como unos “privilegiados” que no quieren “arrimar el hombro” como los demás, normalmente filtrando los salarios que cobran (ya se sabe que hablar de dinero es muy buen truco para excitar la envidia hacia el que tienes al lado) y otras condiciones favorables que tengan estipuladas en sus convenios colectivos (sobre todo, si no mencionas los espectaculares beneficios de las empresas de estiba). Se hizo antes con los controladores aéreos, con los funcionarios o con los profesores de la educación pública, y ahora parece que les ha tocado el turno a los estibadores portuarios.

Probablemente, sí, tienen un trato privilegiado, pero lo que habría que defender, más bien, es la igualación de otros trabajadores con ellos, no lo que defienden los apologetas neolibegales y de la UE.

Posteado por: Javier | marzo 14, 2017

¿Fronteras abiertas a los refugiados?

Sobre el asunto de los refugiados, que recientemente ha vuelto a ponerse de actualidad tras las manifestaciones de hace unas pocas semanas en varias ciudades españolas reclamando abrir aún más las puertas, es excelente el siguiente artículo publicado en ESTE BLOG (“¿Es posible la paz?”), donde tocan algunas cuestiones que he tratado hace algún tiempo (como el uso de los inmigrantes como “ejército de reserva” para presionar a la baja las condiciones laborales de los trabajadores autóctonos), así como otras relacionadas con la labor de blanqueamiento de agresiones e injerencias criminales en países como Libia o Siria que realizan pseudo-activistas, ONGs y partidos “progresistas” en Europa, utilizando el sentimentalismo y el emocionalismo fácil. La “izquierda” neoprogre se convierte en la mayor aliada del neoliberalismo globalista, al cargar el castigo emocional sobre sus “insolidarios” conciudadanos que no quieren acoger más refugiados e inmigrantes, en lugar denunciar las políticas internacionales de destrucción y expolio de estados y gobiernos legítimos en Oriente Medio y África que son, precisamente, las que provocan esos flujos migratorios.

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¿Fronteras abiertas a los refugiados?

Mikel Itulain

En artículos  anteriores les he traído el tema y gran problema de los refugiados, y como estos se utilizan con propósitos políticos y económicos por parte de organizaciones “humanitarias” y “progresistas”. Y se hace, lo hacen, de un modo que desprecian a un tipo de refugiados mientras hablan continuamente de otros. Ejemplos del primer caso son los serbocroatas de la Krajina o la mayor fuente de migración por limpieza étnica ocurrida en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, les hablo de Donbass. 1 En este caso no se les presta atención porque no son útiles y resultan molestos. Lo son porque  ponen en evidencia invasiones y ataques militares propiciados por los dirigentes occidentales que son apoyados conjuntamente por todo ese entramado “progresista-humanitario” que les da cobertura y legitimación para que todo ello pueda tener lugar; a cambio, el mundo corporativo da generosas prebendas y fama a este tinglado “progresista”. En el segundo caso, el de los refugiados que oímos continuamente (e.g. Siria), resulta provechoso para enardecer los ánimos de la población occidental, cargando las culpas sobre precisamente quien no la tiene y a quien quieren destruir, en el momento actual el Gobierno de Siria.

Tengan presente una historia que dura décadas: aquellas naciones que han tratado y siguen tratando, las que perviven, de mantener su independencia política y económica, siguiendo en buena medida un modelo socialista, se han enfrentado o enfrentan a un ataque multifrontal, que finalmente será militar.   Donde se enviarán a poderosos ejércitos, oficiales o mercenarios, para llevar a cabo la tarea de su destrucción. Los entramados “progresistas-humanitarios” harán de justificadoras en tal penoso menester. Pueden ver aquí a los “progresistas” occidentales o a las organizaciones “humanitarias”.

Posteriormente podrán encontrarse a tales elementos hablando, cínicamente, de parar las matanzas y de combatir la tragedia de aquellos que ellos mismos propiciaron.

Por ese motivo, cuando partidos políticos  que retóricanente defienden el “progreso” o entidades que dicen hablar en nombre de los derechos humanos les vengan con la conocida cantinela, no les presten mucha atención; pues poco de honesto hay en sus intenciones y mucho, demasiado, de culpa en sus acciones.

Para entrar ya, tras esta breve precisión, en el tema de este artículo: las puertas abiertas o no a la inmigración, les voy a comentar lo que al respecto y de forma muy brillante ha expuesto recientemente el antropólogo canadiense Maximiliam Forte. 2 Él lo enfoca, acertadamente, de cara a dos conceptos y conjuntos sociales muy importantes: la ciudadanía y la clase trabajadora. Y lo hace así mismo analizando los estudios y opiniones de otros antropólogos como él, como ocurre con el australiano Andrew Kipnis, que nos habla de su “ciudadanía abierta”, de no poner barreras a la inmigración, de quitarlas. Dice que si el objetivo  (digo yo imaginario) del Gobierno australiano es reducir la pobreza en otros países, entonces sería mejor que los pobres fuesen a Australia para paliar este problema, al ser un estado más rico. Muestra él también la arbitrariedad de las visas y se plantea una interesante cuestión, aunque algo contradictoria e incongruente, que busca relacionar democracia y globalización.

En un marco global, ¿qué puede significar la democracia cuando los ‘ciudadanos’ de las naciones empobrecidas no tienen influencia sobre las políticas gubernamentales que les afectan más, en particular las políticas de inmigración de las naciones ricas? 3

Enfoca el tema hacia unas puertas abiertas de los países más desarrollados, no hacia una globalización  de fronteras no cerradas. Lo cual es restrictivo y abandona la idea realmente globalizadora de aplicarlo en todo el planeta y no solo en unos países, pudiendo ser un ciudadano del mundo.

Esto choca, y lo comenta Forte, con algo obvio.  La primera influencia deben ejercerla los migrantes en su país de origen. Si no son capaces de hacerla allí deberemos preguntarnos por qué. Y las respuestas a este porqué no creo que  nos vayan a gustar. Porque la salida de personas de su lugar de origen de forma más o menos masiva se debe principal y fundamentalmente a la intromisión e interferencia de alguien externo en el país en cuestión. Bien porque controla mayoritariamente sus recursos económicos en complicidad con una minoría local (es el caso por ejemplo de Colombia o América Central), bien porque alguien también externo lleva a cabo una agresión contra esa nación en muy diversos frentes: militar, económico, político…, y provoca la huida forzada de los habitantes del lugar. Aquí tenemos problemas muy actuales: Siria, Libia, Donbass, Afganistán…

Si no atendemos a las verdaderas causas, tampoco encontraremos las verdaderas soluciones.

Continuamos con las propuestas de Kipnis. Como él mismo reconoce, el coste de la masiva y forzada llegada de migrantes  a un país, que serán explotados como mano de obra barata al no tener contactos y aprovecharse de ellos, será y será severo sobre la clase trabajadora. Fácilmente entendible al haber una gran demanda de trabajo, por tantas bocas hambrientas, que será utilizado provechosamente aunque inhumanamente por los patronos, tirando al suelo los salarios. “Si no lo quieres tú, lo querrá otro”. Que alguien dé por buena una medida que no le afectará, la llegada masiva de inmigrantes, como sucede con la práctica totalidad de los parlamentarios (que no están ligados o no pertenecen a la clase trabajadora) no es muy honesto; además de que el problema social que crea no es en modo alguno aceptable. Tenemos entonces una situación peor a la inicial, porque tanto los extranjeros que vinieron, como los locales, tendrán una vida bastante humillante y miserable. Que la “izquierda” occidental política esté actuando de un modo tan irresponsable con el tema de los refugiados y de la inmigración, demuestra su colaboración con las políticas coloniales y su despreocupación por esa clase trabajadora tan olvidada.

Kipnis entiende que en situaciones normales es una minoría de la población la que migra, entre otras cosas porque si no tienes los contactos y los medios para hacerlo no suele valer la pena el coste de la ruptura con tu entorno social y la entrada en otro donde te encuentras aislado. Es un tributo muy alto para ser asumido si no te ves muy forzado.

La consabida historia tantas veces mencionada en los medios de comunicación con el fin de ocultar los verdaderos motivos de la inmigración, la continúa mencion a las “mafias” que se aprovechan del inmigrante “ilegal”, no hace sino trasladar la explotación a otro lado, al legal, sin resolver la cuestión.

Si queremos solucionar el problema de la inmigración deberemos actuar sobre las políticas de los poderes económicos y políticos de nuestras sociedades occidentales. Y ahí tendremos que centrarnos sobre lo que hacen las corporaciones industriales y financieras a lo largo y ancho del mundo, apropiándose de recursos y medios que en verdad no les corresponden y generan, entre otros muchos problemas, el que hoy he mencionado, el de  las masivas migraciones y el de los refugiados.

Referencias-Notas:

1. Shaun Walker. The Ukranians starting a new life -in Russia. The Guardian. 5.01.2016
2. Maximiliam Forte. Open borders, Global Citizenship, and the Working Class. Zero Anthropology. 26.12.2016.
3. Kipnis, Andrew. (2004). “Anthropology and the Theorisation of Citizenship”. The Asia Pacific Journal of Anthropology, 5(3), 257–278.

Posteado por: Javier | marzo 11, 2017

George Soros y la izquierda, y viceversa

Este es un artículo muy recomendable, publicado originariamente en la web Iniciativa Debate, sobre las relaciones entre los actuales movimientos “progresistas” en occidente y determinados intereses financieros globalistas y mundialistas (sí, la perspectiva es de izquierda “radical”, pero es una información que no encontrarás en los medios de comunicación “generalistas”, obviamente). Yo solo dejo el texto. Ustedes saquen las conclusiones que mejor les parezca… 

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George Soros y la izquierda, y viceversa

Lur Gil (Iniciativa Debate)

Tras la filtración de los documentos del magnate sionista estadounidense de origen húngaro George Soros por parte de DC Leaks, poco o nada han dicho medios de comunicación y organizaciones y partidos de izquierda

Con el objetivo explícito en esos documentos de condicionar la opinión pública sobre los sucesos en Ucrania a partir de la llamada revolución de Maidán y sobre la Unión Europea, llama la atención que sigan llamándonos “prorrusos” a periodistas que tratamos de investigar la verdad detrás del Euromaidán, el nuevo Gobierno ucraniano y el Donbass.

Llama la atención, porque los que fuimos acusados de seguidismo a Putin, de llamar fascistas a todo el mundo, de tener una obsesión con la OTAN y Estados Unidos, y de mentir, resulta que estamos (no todos, yo no estoy) en una lista negra de periodistas “prorrusos” que hacen peligrar la versión oficial (fabricada en Kiev). Pero, y a pesar de recibir ataques al ir a contracorriente, sabíamos que no mentíamos, y que el tiempo, quizás, nos daría la razón. Y hoy sabemos que George Soros, envuelto también en la revolución naranja de Ucrania en 2004, la de Georgia y movimientos proeuropeos de todo el espacio ex-soviético, tenía una obsesión por hacer desaparecer cualquier prueba que mostrara la relación del Euromaidan y del gobierno de Poroshenko con la extrema derecha neonazi Ucraniana (y de países cercanos) y con las sucias manos de EEUU, la UE y la OTAN. Y para ello se dejó grandes fortunas en financiar organizaciones, medios de comunicación, periodistas y conferencias para controlar la información sobre Ucrania en el estado Español. Y gente y organizaciones cercanas aceptaron ese dinero manchado con mucha sangre.

Y lo más curioso es la relación y la prioridad estratégica del trabajo con la izquierda europea. Es curioso como la “Open Society Foundations” de Soros financió proyectos de colectivos y organizaciones llamadas progresistas. Llama la atención como en la lista de sus aliados más próximos del Europarlamento, la mayoría son de los grupos GUE-NGL y APSD, y financia prioritariamente colectivos proeuropeos, LGTB o la campaña europea “Refugees Welcome”. Y da que pensar, porque la relación es mutua. George Soros ve como aliadas estratégicas esas luchas y campañas surgidas desde una izquierda posmoderna.

Desconozco el objetivo de Soros en impulsar esas luchas, pero muchas veces sirven para desactivar otras. El caso griego puede ser muy clarificador. Las luchas populares por la soberanía y la ya necesaria independencia de Grecia han caído en picado, y la desilusión de la gente se ha transformado en la solidaridad con las personas migrantes. Y eso es positivo para Soros porque seguramente no serán luchas problemáticas para el mantenimiento del proyecto de dominación estructural llamado Unión Europea, y por lo tanto no supondrán un peligro para la nueva (y posiblemente definitiva) vuelta de tuerca que el imperialismo plantea inyectar en el neoliberalismo. Y da que pensar como estos colectivos “progresistas” son capaces de aceptar el dinero de uno de los diseñadores de esta estrategia que va en contra de todos los sectores populares de los pueblos de Europa.

Es irritante como periodista, pero sobre todo como militante internacionalista, ver cómo ese nuevo modelo de izquierdas es asimilado por los objetivos imperialistas, por su discurso y por su práctica. Y más importante todavía, muestra la debilidad general de una izquierda europea que se ve superada por la extrema derecha en un discurso y una práctica que la izquierda debería tener. La crisis estructural que padece la Unión Europea ofrece grandísimas oportunidades a que las izquierdas, en sus pueblos puedan luchar por la emancipación (a nivel nacional y social), pero cuando la izquierda pasa por una aún mas grande crisis de identidad y de lucha, la extrema derecha ocupa su espacio de seducción hacia los sectores populares. Y la izquierda entonces no ve mas que extrema derecha en Brexit, en la resistencia del Donbass, en el euroescepticismo o en la defensa de la soberanía nacional.

Esa es la victoria de George Soros y del imperialismo occidental. Pero al ver las prioridades de Soros, nos da las claves en las que las luchas populares harían daño al imperialismo. Y es la lucha por la soberanía de los pueblos, es la lucha contra el proyecto salvaje de la Unión Europea, es la denuncia de las intervenciones imperialistas (sean directas como en Libia, semi-encubiertas como en Ucrania o encubiertas como en Latinoamérica y Siria) y en general, las luchas en contra del sistema vigente, no los maquillajes de democratización del sistema, de la Unión Europea ni del Estado.

Posiblemente no tenga razón, pero que sirva esto para tener en cuenta el papel que cumplen fundaciones, ONGs u organizaciones como Open Society, NED, Freedom House, USAIS, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Femen, etc… en la geopolítica mundial. Muchas de ellas fueron expulsadas de países como Bolivia, Venezuela, Ecuador o Rusia por desestabilización. Y vemos que hoy en día ya no tienen tapujos para crear, financiar, formar e incluso a armar a oposiciones radicales fascistas y fundamentalistas.

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En el artículo se mencionan ONGs u organizaciones de corte “neoprogre”, como la Open Society, NED, Freedom House, USAIS, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Femen, etc…, que tuvieron que ser expulsadas de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Hungría o Rusia por sus actividades de “caballo de Troya” (las fundaciones vinculadas a George Soros, además, hay que recordar que durante los 90 ayudaron a la depredación exterior que sufrió Rusia durante esos años en que estuvo prostrada tras la caída de la Unión Soviética, con la connivencia del alcohólico Boris Yeltsin), lo que puede que nos ayude a explicarnos un poco mejor la inquina de los medios de comunicación globalista hacia esos países.

En el caso concreto de las de ideología hembrista radical, no son más que niñatas financiadas por oligarquías occidentales a fin de promover un neo-feminismo que no es más que una caricatura del feminismo original igualitario y terminar de destruir cualquier lucha coherente en favor de la igualdad (en el concreto de las Femen, vinculadas a la ultraderecha ucraniana, como medio para hacer propaganda contra Rusia). Son un ejemplo ilustrativo del llamado feminismo actual, también llamado “feminismo radical” (categoría errónea, ya que en eso no es el feminismo auténtico). Un movimiento surgido en los años 70 en Reino Unido y EEUU, fundamentalmente de origen conservador y pequeñoburgués, en el que se trasciende de la lucha por la igualdad de derechos y libertades de hombres y mujeres, una vez conseguidos, para trasladarlo a una mera guerra de sexos, todo ello rodeado de misandría, hembrismo, ideología de género y victimismo forzado. Este “neofeminismo” no es más que uno de los muchos movimientos desclasados y posmodernos que de cara al público pretenden pasar por progresistas, modernos, subversivos o contestatarios pero que en realidad son funcionales a la reacción.

Abajo pongo un video de una intervención de Rafael Correa (el ex-presidente progresista de Ecuador) que nos aclara muchas cosas sobre esto y sobre el porqué de la información manipulada que recibimos sobre ciertos países de parte de los medios de comunicación globalistas y neolibegales. Correa arremete contra una de sus “joyitas de la corona” para esta agenda globalista: la ideología de género.

Posteado por: Javier | marzo 2, 2017

Y con el autobús llegó el escándalo

Como todos ustedes saben, España vive desde principios de esta semana todo un estado de shock y estupor motivado por un autobús naranja fletado por la organización Hazte Oír, que ha circulado durante dos días por las calles de Madrid, con el mensaje: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. Según las últimas noticias, ahora mismo este autobús, que ha recibido la condena unánime de todos los partidos políticos y medios de comunicación por “transfobia” (o, lo que es lo mismo, odio o incitación al odio contra las personas transexuales o transgénero), además de un machaque furibundo en las redes sociales, está inmovilizado cautelarmente por orden del Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid.

Este es el autobús en cuestión. No termino de entender por qué los mismos medios de comunicación que han sacado sus fotos hasta en la sopa insisten tanto en que no circule, cuando ellos mismos ya se han convertido en los mejores publicistas y difusores de esta campaña, poniendo una y otra vez imágenes del autobús:

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No recuerdo ahora mismo si lo he dicho antes, pero no soy muy amigo precisamente de esta organización de Hazte Oír, ni tampoco soy muy amigo de la ley del embudo que aplican al concepto de la libertad de expresión. Son los mismos, junto con otras organizaciones similares, que presentan denuncias por “poemas blasfemos” en Barcelona o por tonterías y estupideces como la “procesión del coño insumiso” en Sevilla. A ellos les encanta tupir los tribunales presentando u organizando campañas animando a presentar denuncias a granel por “ofensas a los sentimientos religiosos”… ahora los grupos pro-LGTB les denuncian a ellos por “ofender” otros sentimientos.

También lanzaron en su día una campaña contra otro autobús, en este caso, que llevaba el mensaje “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida”, pidiendo su retirada de las calles debido a que entendían que lesionaba la dignidad de los creyentes y atentaba contra su honor. Lo cierto es que si alguien es creyente y se ve perturbado e inquietado en su supuesta fe porque un ateo le diga que probablemente Dios no existe y que disfrute de la vida, es para que ese creyente se lo haga mirar (y mucho) sobre la fe que dice tener. En cualquier caso, es tan lícito que un ateo le diga un creyente que probablemente Dios no existe, así que disfrute de la vida, como que un creyente le diga a un ateo que Dios sí existe y que le aconseje ser creyente puesto que así se disfruta aún más de la vida, pero, curiosamente, ahora son denunciados por un motivo similar, sólo que aplicado al honor y dignidad del colectivo LGTB.

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En definitiva, Hazte Oír no es que tenga un historial, digamos, muy brillante en defensa de la libertad de expresión que tanto predican. DICHO ESTO, a estas alturas, debe ser de sobra conocido que mi criterio personal sobre esa libertad de expresión es el más amplio posible, un criterio absolutamente liberal. O sea, siempre que no se incite al odio o la violencia contra ninguna persona o colectivo, debe primar la libertad de expresión. Puede haber individuos o grupos que legítimamente se sientan molestos u ofendidos por algunas expresiones, pero en una sociedad libre esa libertad conlleva la posibilidad de ser ofendido y los sentimientos particulares de uno o unos no pueden romper la libertad de todos. O, dicho de forma mucho más bruta, en una sociedad libre, si tienes la piel muy fina y te molestas, TE JODES. La libertad es demasiado dura para los sujetos que están hechos de mantequilla. Es más, incluso las opiniones más extravagantes y repugnantes deben ser toleradas públicamente: precisamente, la mejor forma de que se destape un cretino es dejar que manifieste públicamente su cretinez. Todo esto, de todas formas, muestra a las claras aquello de lo que endémicamente son incapaces los españoles: debatir y convencer sobre sus ideas sin reclamar que silencien al contrario y al disidente. Yo perdí hace mucho la esperanza de que el español medio sea capaz de algo tan simple como eso.

En cuanto al fondo de la campaña en sí, más allá de la opinión particular que se tenga sobre Hazte Oír y su proceder, vista la reacción de toda la prensa y los partidos políticos, resulta evidente que la ideología de género se ha convertido en un elemento transversal, polimórfico y perfectamente asimilado al engrase del sistema. Los críticos de la ideología de género desde la derecha suelen calificarla como “marxismo cultural” y como un “arma para destruir el capitalismo”. Bueno, lo cierto y verdad es que el actual sistema de capitalismo neoliberal imperante globalmente no parece que esté temblando de miedo porque vaya a ser destruido por la ideología de género, sino que está bastante cómodo con ese “marxismo cultural” y, de hecho, lo promueve financieramente, no sólo mediante el mecenazgo de diversas campañas de “defensa de las minorías” (las sexuales, en el caso que nos ocupa), sino también a través de medios de comunicación y entretenimiento de masas, unido ello a numerosísimos activistas que han hecho de ello una forma de vida puesto que son causas inocuas para el sistema y muy cómodas de defender, hoy por hoy, se han convertido en todo un negocio, normalmente muy bien regado financieramente. Colocarse en una de esas organizaciones de toda la galaxia que existe de fundaciones o entidades de defensa de las minorías sexuales (u otras minorías) es una forma de jugar a ser un “rebelde” con cero riesgo y mucha rentabilidad.

El sistema ha asumido ese tipo de causas como algo que no es amenaza alguna para sus propias bases (lo que, irónicamente, un marxista como Antonio Gramsci, el fundador del Partido Comunista Italiano, llamó “la revolución pasiva”). Es el caso, por poner sólo un ejemplo, de la homosexualidad. En la Inglaterra victoriana del siglo XIX estaba bastante reprimida, debido a que el sistema de capitalismo proteccionista e industrial de esa época, un capitalismo nacional, necesitaba que la mayoría de la gente viviera en un modelo tradicional de familia: hombre, mujer e hijos, con el cabeza de familia siendo quien ganara el sustento en la fábrica. Obviamente, en aquella época también había individuos bohemios o solitarios, pero era lo menos, puesto que el sistema necesitaba que ese orden se mantuviera intacto. Mientras tanto, en esa misma época, en un país autocrático y atrasado, pero en el que no existía el mismo sistema económico, como la Rusia zarista, sin embargo, la homosexualidad estaba bastante más tolerada que en Inglaterra. En cambio, para el sistema capitalista actual, un capitalismo globalista y financiero que no tiene nada que ver con el de la Revolución Industrial, no es peligro alguno que haya mucha gente o que se fomenten muchos estilos alternativos de vida, o sexuales o sentimentales, al contrario, mejor, más nichos de mercado. El sistema ha fagocitado algunos elementos que en su día pudieron haber sido más o menos “subversivos”, pero que ahora han devenido en inocuos, y los utiliza para legitimarse y para crear divisiones entre quienes intuya que puedan ser sus enemigos. No es de extrañar esta simbiosis que existe entre los intereses neofinancieros globales y los defensores de estilos de vida alternativos y teorías posmodernistas sobre la sexualidad y la naturaleza humana.

La campaña de Hazte Oír no parece que sea la mejor forma de afrontar el problema de la ideología de género, puesto que a donde va dirigida es a un choque y una confrontación calculada con sus oponentes ideológicos. Es una aproximación que está más cercana a la forma de actuar tradicional de la Iglesia Católica Romana en España (aunque digan lo contrario, Hazte Oír es un grupo de clara filiación católica), que cuando antiguamente detectaba que había un problema que podía afectar a sus creencias o moral, planteaba un choque frontal, aprovechando su poder omnímodo sobre la sociedad. El hecho de que haya un 70% de personas que en España se identifican como católicas les hace pensar que la mayoría de la población sigue sus consignas, y a veces no se dan cuenta que las mayorías sociales y sociológicas han cambiado. Al no darse cuenta de ello plantean campañas de choque, de confrontación. Es una campaña que buscaba la reacción que ha creado y el posterior victimismo de esta organización, al igual que cuando los grupos LGTB y laicistas lanzan sus campañas saben perfectamente que van a levantar también una reacción similar.

La problemática de la ideología de género merece un tratamiento mucho más serio que eso, puesto que es cierto que un niño normalmente nace con pene y una niña con vulva pero, paradójicamente, ellos también reducen el sexo biológico a lo meramente genital, como hacen los defensores de la ideología de género: es decir, que simplemente con una operación de cambio de genitales, cambias de sexo.

El tema daría para escribir muchísimo pero, muy resumidamente, la realidad es que la sexualidad humana es un rasgo biológico determinado de forma binaria a través de los cromosomas: XY y XX son marcadores genéticos saludables, no los marcadores genéticos de un trastorno. La norma del diseño humano es ser concebido como hombre o como mujer. La sexualidad humana es binaria por definición, siendo su finalidad obvia la reproducción. Este principio es evidente por sí mismo. Existen casos raros de desarrollo genital que se salen de la norma, pero esto no constituye un tercer sexo. Distinto a la sexualidad, es el género. Nadie nace con un género. Todos nacemos con un sexo biológico. El género (la conciencia y sentimiento de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un concepto biológico objetivo. Nadie nace con conciencia de sí mismo como hombre o mujer, sino que esta conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todos los procesos de desarrollo, puede desviarse a consecuencia de las percepciones subjetivas del niño, de sus relaciones y de sus experiencias adversas desde la infancia. Quienes se identifican como “sintiéndose del sexo opuesto” o como “algo intermedio” no conforman un tercer sexo. Siguen siendo hombres biológicos o mujeres biológicas. Cuando un niño biológicamente sano cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal. Estos niños padecen lo que se conoce como disforia de género. Por lo tanto, las personas transgénero son aquellas que declaran ser de un género distinto al de su sexo biológico o, tal y como prefieren decirlo los activistas de género, “del sexo que les asignaron al nacer”. La ideología de género defiende que el problema es el cuerpo, no la mente. Desde los años 80 ha habido un cambio en la práctica médica y la opinión pública y se ha dejado de considerar la experiencia de la disonancia entre el sexo biológico y la identidad de género como una enfermedad psiquiátrica o desorden del pensamiento. Ahora, el único problema es el sufrimiento causado por la disonancia en sí, y se ve simplemente como una “condición”. Lo que es más significativo, la manera preferida de tratar esta condición no se centra en tratar la salud mental y psicológica de la persona, sino en intentar cambiar su aspecto, sus hormonas y su anatomía. Es decir, en vez de intentar cambiar la mente para que encaje con el cuerpo, se cambia el cuerpo para que encaje con la mente.

Normalmente, la mayoría de niños que experimentan problemas con su identidad de género los resuelven antes de llegar a la edad adulta, pero podemos hacernos una idea de lo problemático que es considerar que, a tan temprana edad, ese problema se debe resolver con una operación de cambio de genitales o mediante el hormonamiento masivo, sin esperar a ver cuál va a ser la evolución psicológica posterior del niño.

Esos niños y sus familias, por distintos condicionantes sociales y por su propia situación psicológica sobre su identidad, no es raro que en muchos casos sufran por esa situación. Son un porcentaje pequeñísimo de la población (al margen de que haya casos no declarados por distintos motivos), pero, aun cuando hubiera sólo un caso, cualquier medida pública que les ayude está justificada y es cierto que merecen cariño y empatía cuando se aborde una situación como la suya (aparte de los derechos y dignidad que tiene cada individuo), que debe ser tratada desde el punto de vista de la psicología, no de la ideología.

Tema completamente distinto es que haya grupos y lobbys que utilicen esa realidad para crear teorías según las cuales existe una cosa llamada “heteropatriarcado” que es lo que determina si somos hombres o mujeres (no nuestra biología), o que el caso particular de los transexuales y transgénero es extrapolable a toda la población y demuestra que, si no estuviésemos influenciados mentalmente por ese “heteropatriarcado”, elegiríamos en cada momento ser del sexo o del género que más nos gustara, utilizando a estas personas, y la excusa de las están “defendiendo”, para promocionar sus intereses ideológicos particulares, acusando de “fomentar el odio” a cualquiera que disienta de sus postulados.

Ayer por la noche tuve ocasión de leer uno de esos artículos trufados de corrección política que te dejan bastante soprendido, aunque reconozco que esto ya no debiera sorprender: no es más que una ejemplificación más de porqué el pensamiento que actualmente denominaríamos  como “progre” está en el estado de parálisis mental absoluto en el que está.

Lo que hoy día es la “izquierda progre” es un movimiento totalmente folclórico. Se leen sus textos y sus artículos, y son confusos y caóticos, como ven una multitud casi infinita de “micro-machismos”, “micro-racismos” o “micro-homofobias” por todas partes, no se sabe muy bien contra qué o contra quién concretamente están luchando, no combaten ninguna injusticia concreta ni es la reacción a ninguna situación de desigualdad concreta, ya que tampoco están fundados en ningún principio concreto, pero, al mismo tiempo, son totalmente quijotescos, tienen que verse a sí mismos peleando contra gigantes por todas partes, y, a la vez, se arrogan a sí mismos una inmunidad que es otorgada por una demagógica estrategia victimista y que goza de unos dogmas que, paradójicamente, nadie conoce con exactitud porque ellos mismos los malean a cada momento según su conveniencia. Sus fieles e inquisidores seguidores tienen la libertad de juzgar subjetivamente todo lo que no corresponda con sus caprichos creyendo que se enfrentan de alguna manera a las injusticias, cuando lo único que hacen es satisfacer a los lobbys económicos, el mundialismo y la barbarie individualista posmoderna.

El texto en cuestión (titulado “Un negro me escribe los artículos”, lo pueden leer PINCHANDO AQUÍ) viene a sugerir como solución al problema del racismo que la gente se autocensure a la hora de emplear expresiones como “merienda de negros”, “chinito” o “dúchate que pareces gitano”, entre muchísimas otras. Parte del error de creer que “El lenguaje construye realidad social y en el tema de los prejuicios no se queda atrás”, cuando la cuestión es, más bien, al contrario: la realidad social es la que construye el lenguaje, el lenguaje no es más que un reflejo de la misma. La cuestión es que la corrección política que el autor demanda a la hora de emplear el lenguaje (en la línea de lo que es la demanda más usual de la actual izquierda progre) no es solución alguna a problemas como el racismo o el machismo. La corrección política funciona únicamente como un autodisciplinamiento, basado únicamente en “no molestar”, que simplemente tapa debajo de una alfombra estos problemas, pretendiendo hacer como si no existieran, pero no los soluciona.

La corrección política es una ideología que clasifica a la humanidad en colectivos bien diferenciados. Unos serían víctimas (“grupos débiles”) y, por tanto, buenos, siempre en posesión de la razón. Otros, por el contrario, verdugos, (“grupos fuertes”) y, por ello, malvados y mentirosos. De acuerdo con la corrección política, que un acto esté justificado, o no, no depende de su propia naturaleza, sino del colectivo al que pertenezca quien lo cometa. La corrección pretende eliminar cualquier expresión que pudiera ofender, aunque sea de forma no intencionada, a algún grupo calificado como débil… pero permite insultar y ofender a quien forma parte de los malos, de un grupo fuerte.

Error sobre error, la ingeniería social no cambia la naturaleza humana, no puede erradicar la maldad, y mucho menos construir un mundo feliz. Más bien suele conseguir lo contrario. De hecho, la corrección política, como herramienta de transformación social, se ha convertido en un factor determinante de la alarmante polarización política que hoy aflora en muchos países. No sólo eso, dado que pone una tapadera, pero sin solucionar los problemas, sino, al contrario, más bien exacerbarlos, pretendiendo combatir formas de odio (como el racismo) no estoy seguro si, más bien, a lo que ha contribuido es al aumento de estos crímenes de odio en los últimos años. La corrección convierte a muchas personas en personajes dogmáticos, quejicas y neuróticos, que en todas partes ven agresiones, conflictos y agravios contra su propio colectivo. Aun sin saberlo, acabamos convirtiendo el mundo en un sufrido espejo de nuestros miedos y traumas personales.

Precisamente, el artículo me recordó a la crítica contenida en un video del escritor marxista esloveno Slavoj Zizek acerca de la corrección política, que vi hace pocas semanas. Subrayo lo de MARXISTA puesto que en el artículo se cita torticeramente, como ejemplo de personaje “reaccionario” o “fachilla”, que serían los que no estarían de acuerdo con las tesis del autor, al académico de la RAE Javier Marías. O sea, mi opinión es la “progre” y si no estás de acuerdo conmigo, es que eres un “fachilla” como Javier Marías. Eso en una línea en la cual el autor (un español de origen gambiano que se define como “activista”, de algo hay que comer todos los meses) se dedica a criticar lo mismo que él hace a lo largo de todo el escrito, dictar a los demás cómo hay que hablar: “Fuera del ámbito de los Javier Marías de turno que nos dictan cómo debemos hablar y definirnos, cada día escuchamos un crisol de expresiones de tufo racista”.

Posteado por: Javier | febrero 9, 2017

EEUU: imperialismo judicial desbocado

La suspensión por parte del juez federal de distrito James Robart, de Seattle, de la orden de prohibición temporal de entrada de los ciudadanos de siete países es un caso más de imperialismo judicial en los EEUU, pero, en este caso concreto, especialmente grave, ya que esta medida inconstitucional contra el Poder Ejecutivo, caso de que finalmente fuera validada por el Tribunal Supremo, podría sentar un precedente muy peligroso para la seguridad nacional.

Es verdaderamente preocupante que un juez no elegido, y que no representa a nadie, sea el que pretenda determinar si una orden ejecutiva del Presidente es legal o no, más aún en la materia a la que se refiere esta orden. Si el Tribunal Supremo decidiera que la orden no es legal sería como decir que cualquier orden presidencial, incluso en cuestiones de guerra y seguridad nacional, estaría en manos de un grupo de jueces, con el peligro que ello podría suponer en caso de que el Presidente tuviera que tomar decisiones de urgencia que, sin embargo, pudieran ser bloqueadas judicialmente a demanda de cualquier iluminado.

Evidentemente, parte de la prensa norteamericana ha hecho una caricatura sesgada de la orden, presentando con gran sensacionalismo lacrimógeno casos concretos de ciudadanos con doble nacionalidad norteamericana y de alguno de esos siete países que, sin embargo, han sido resueltos rápidamente, y casi que ha salido a festejar con champán la suspensión (lo de la prensa española, que bebe de esas fuentes, añadiendo a ello la ignorancia y los prejuicios, ha sido aún peor), pero hay que tener en cuenta una serie de puntos:

1) Los requisitos para la suspensión de la efectividad de una orden ejecutiva son muy estrictos. El demandante debe demostrar que es probable que tenga éxito sobre el fondo y que sufrirá un daño irreparable si no se concede la suspensión. En este caso, la gente de los países excluidos no puede demostrar un daño irreparable, sólo que su entrada a EEUU se retrasará. Y, a su vez, es poco probable que se tenga razón sobre el fondo, puesto que el presidente no tiene ninguna obligación legal de permitir a los extranjeros en el país.

2) Por cierto, los demandantes aquí no son ni siquiera las personas de los países excluidos. Son los estados de Washington y Minnesota, que afirman que sus ciudadanos serán perjudicados si la prohibición temporal no se levanta (bueno, quizás Microsoft o alguna otra gran empresa está siendo privada de algo de mano de obra barata). En el mejor de los casos, es un argumento endeble. Esta decisión no tiene ningún efecto sustancial en los residentes de los estados, contrariamente a lo que ha dicho el juez Robart.

3) El Presidente claramente tiene discreción para decidir a quién admitir en EEUU y a quién no a cuando se trata de personas que no son ciudadanos estadounidenses.

4) En cualquier caso, claramente no es una “prohibición musulmana”, como se ha dicho con tanto histerismo, en tanto que en esos países no vive más del 6% de la población musulmana mundial. En todo caso, es una prohibición de viajes desde ciertos países durante 90 días.

5) Los tribunales tradicionalmente otorgan a los presidentes una amplia libertad en materia de seguridad nacional, y esto es, en gran medida, una cuestión de seguridad nacional.

6) Es altamente cuestionable que los tribunales federales de distrito pueden emitir órdenes judiciales a nivel nacional. Precisamente, se llama tribunal federal de distrito porque la autoridad del tribunal se limita a un distrito. Si no fuera así, no habría necesidad de tribunales de circuito, y nunca veríamos diferentes circuitos federales con leyes diferentes. Un tribunal de distrito podría simplemente imponer lo que quisiera en la todo el territorio de EEUU.

Hay quienes han alegado que Trump no puede suspender la emisión de visas a nacionales de países específicos porque la Ley de Inmigración de 1965 prohibe toda discriminación contra los inmigrantes sobre la base del origen nacional. Sin embargo, el propósito de la disposición contra la discriminación (firmada por el Presidente Lyndon Johnson en 1965) era poner fin a la práctica migratoria racial y étnicamente discriminatoria de los “orígenes nacionales” que estaba sesgada en favor de Europa Occidental. La orden ejecutiva de Trump, por el contrario, no es, en modo alguno, un intento de discriminar en la composición racial o étnica de la nación o de sus inmigrantes. La directiva es un esfuerzo para proteger la seguridad nacional de una amenaza terrorista cuya raíz el propio Congreso la ha encontrado en varios países específicos de mayoría musulmana.

Debido a esta diferencia entre la orden de Trump y los objetivos de la Ley de Inmigración de 1965, no es posible interpretar las dos normas como contradictorias, y los principios de interpretación constitucional advierten en contra de hacerlo de ese modo. Sin embargo, aún admitiendo que hubiera conflicto, se trata de un asunto relacionado con la conducción de los asuntos exteriores -una cuestión del más alto orden de importancia, ya que implica amenazas externas a la seguridad nacional. Si hubiera un conflicto aquí, la clara autoridad constitucional del presidente para proteger a los EEUU tendría prioridad sobre la dudosa autoridad del Congreso para limitar la negativa del Presidente a la entrada de extranjeros.

Pero no hay conflicto. La ley federal de inmigración también incluye la Sección 1182 (f), que dice: “Cuando el Presidente considere que la entrada todos o de cualquier clase de extranjeros sería perjudicial para los intereses de los Estados Unidos, podrá, por el período que considere necesario, suspender la entrada de todos los extranjeros o cualquier clase de extranjeros como inmigrantes o no inmigrantes, o imponer a los extranjeros las restricciones de entrada que considere apropiadas”. La sección 1182 (f) autoriza clara y ampliamente al presidente a emitir prohibiciones temporales sobre la entrada de todos o de algunas clases de extranjeros por motivos de seguridad nacional. Esto es precisamente lo que ha hecho el Presidente Trump. De hecho, al hacerlo, cita expresamente esta sección. Dejando a un lado que Trump se basa principalmente en su autoridad constitucional inherente, y que la restricción de ciertas clases de extranjeros se basa en la seguridad nacional, no en consideraciones religiosas, raciales o étnicas, la orden ejecutiva también se fundamenta expresamente en una disposición de la Ley de Inmigración, la Sección 1187 (a) (12), que rige el Programa de Exención de Visa. Este estatuto autoriza al Poder Ejecutivo a eximir de los requisitos de documentación a ciertos extranjeros. Bajo esta disposición, el Congreso provee que un extranjero es candidato a esta exención solamente si no ha estado presente (a) en Irak o Siria en cualquier momento después del 1 de marzo de 2011; (b) en cualquier país cuyo gobierno haya sido designado por el Departamento de Estado como “patrocinador reiterado de actos de terrorismo internacional”; o (c) en cualquier país que ha sido designado por el Departamento de Seguridad Nacional como un país “de riesgo”. Trump se basa principalmente en su autoridad constitucional inherente.

Por lo tanto, el Congreso no solamente nunca ha revocado la amplia autoridad del Presidente para excluir la entrada de ciertas clases de extranjeros por razones de seguridad nacional, sino que décadas después de la disposición contra la discriminación de 1965, el Congreso autorizó expresamente la discriminación basada en el origen nacional cuando se trata de terrorismo internacional. De hecho, a pesar del estatuto antidiscriminatorio de 1965, el presidente Jimmy Carter prohibió la entrada de ciudadanos iraníes en 1980, después de que la revolución de Jomeini condujera a la crisis de rehenes estadounidenses en Teherán. El tratamiento discriminatorio de los iraníes estaba racionalmente enraizado en las preocupaciones antiterroristas, y era claramente apropiado.

Como ya iba siendo hora, el Presidente Trump ha hecho muy bien al explayarse vía Twitter contra Robart, al que ha calificado de “supuesto juez” (y reconozco que viendo quiénes son algunos de los que más aspavientos escandalizados han estado haciendo en estas dos semanas de soberbio desempeño presidencial de Trump, sobre todo los europeístas, el Donald me va cayendo cada vez un poquito mejor): “La opinión de este supuesto juez, que esencialmente pone la aplicación de la ley fuera de nuestro país, es ridícula y será derrotada”.

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Con el Twitter y el Facebook, Trump se puede decir que está siguiendo la línea estratégica que aplicó en su día Franklin D. Roosevelt. Como los perio-listos de esa época daban también versiones sesgadas y manipuladas de sus declaraciones y sus medidas, el bueno de Roosevelt por lo que optó fue por dirigirse a la nación directamente a través de la radio. Los tiempos han cambiado y ahora hay medios tecnológicos más modernos.

Pues bien, los perio-listos actuales han salido ya a atacar a Trump por “insultar” al juez. Se supone que insultar es “ofender a alguien provocándolo o irritándolo con palabras o acciones”. Si calificar al juez de “presunto juez” y cuestionar su decisión es “insultar”, resulta entonces injusto decir a la vez que ningún presidente antes ha hecho esto. Más bien al contrario, ya antes algún presidente ha “insultado” al poder judicial.

Sin ir más lejos, en 2011 el propio Barack Obama, en el Discurso sobre el Estado de la Unión, les cantó las cuarenta a los jueces del Tribunal Supremo (estando ellos allí presentes, además) por la decisión por la cual permitieron a las grandes empresas aportar fondos ilimitados a las campañas políticas. Obama acusó a los jueces de haber dado “un golpe a la democracia” (evidentemente, la leida de cartilla se centró en los cinco jueces del ala conservadora que votaron a favor del fallo, o sea, Samuel Alito, Clarence Thomas, Anthony Kennedy, el recientemente fallecido Antonin Scalia y John Roberts). Previamente, en 2009, cuando Obama nominó para el Tribunal Supremo a la jueza de origen portorriqueño Sonia Sotomayor dijo que era una “mujer latina lista que con sus experiencias llegaría casi siempre a mejores conclusiones que jueces blancos masculinos que no han vivido ese tipo de vida”. Hay que suponer que eso sería un “insulto” a los jueces blancos masculinos.

Pero por estos “insultos” no verán a nadie tan escandalizado en la prensa que tiene o no tiene la piel tan fina dependiendo de quién vengan.

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PD: Un video interesante. No se pierdan las respuestas de este negro simpatizante de Trump a una francesita europeísta (es varios meses anterior a las elecciones de noviembre).

 

Posteado por: Javier | enero 31, 2017

Sobre la orden ejecutiva de Trump y los refugiados

Con el nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, parece que estamos destinados a tener día sí y día también un escándalo mediático-histérico nuevo de parte de los medios de comunicación y de los políticos que (des)gobiernan Europa, como ha ocurrido con la orden ejecutiva del viernes que prohíbe durante 90 días la entrada al país de ciudadanos de Irán, Irak, Siria, Sudán, Somalia, Libia y Yemen, así como la suspensión por 120 días del Programa de Admisión de Refugiados. Una ira desatada bastante llamativa, teniendo en cuenta que lo que la orden hace es dar cumplimiento a medidas que esencialmente ya se venían implementando en años anteriores y que obedece, sobre todo, al hecho de que EEUU (a diferencia de los países de la escandalizada e “hipermoral” Unión Europea) es una nación plenamente soberana y con control de sus  fronteras.

Ya antes de los atentados del 11-S había medidas de seguridad para entrar en EEUU, pero estas se incrementaron muchísimo tras ese suceso, sobre todo en los procedimientos para otorgar visas. El Departamento de Estado, encargado de atender en las embajadas a los que piden visas, incorporaron muchos más pasos para asegurarse que los que querían ir a EEUU no fueran un riesgo, tanto criminal como terrorista. Estas medidas se incrementaron aún más tras el fallido atentado de Umar Farouk Abdulmutallab en las fechas previas a las navidades del año 2009. Este tipo es un nigeriano que intentó hacer estallar el avión en el que volaba de Amsterdam a Detroit mediante unos explosivos escondidos en sus calzoncillos, pero resultó que la bomba falló y lo que hizo fue quemarle, dejándole castrado pero salvando infinidad de vidas. A partir de ahí, los procesos de inteligencia preventiva para no dar visas a extranjeros potencialmente peligrosos se incrementaron muchísimo. La participación de la comunidad de inteligencia (DHS, FBI, CIA) se incrementó mucho y se hicieron más estrictos los procesos, con el resultado de que, a la mínima sospecha, en EEUU no se entra.

En virtud de esto, en el año 2011 Barack Obama (con razón) emitió una orden similar con respecto a Irak, con el fin de permitir que los servicios de inteligencia tuvieran tiempo suficiente de descubrir posibles riesgos de quienes vinieran de este país. No sólo eso, en 2015, después de los ataques terroristas de San Bernardino, Obama (con razón) firmó la “Terrorist Prevention Act of 2015″, donde concretamente se seleccionan los países que están incluidos en la orden ejecutiva dictada por Trump el viernes pasado. ¿Por qué estos países concretos y no otros como Arabia Saudí, Qatar o Bahrein? Hay algunos listos que dicen que la orden del viernes no incluye esos países porque allí tiene Trump intereses económicos (en sitios como Dubai Trump fue promotor de hoteles y campos de golf). El problema es que… los países concretos no fueron elegidos por Trump, sino por Obama, con lo que habría que suponer en ese caso que es Obama quien estaría “protegiendo” intereses suyos en esos lugares. El motivo por el cual Obama seleccionó esos países como de “altísimo riesgo” está relacionado con el hecho de que, o no hay embajada americana presente allí para coordinar con las fuerzas de seguridad locales los antecedentes de los migrantes (Siria, Irán), o son países que se encuentra en una situación prácticamente de anarquía, pudiendo calificarse prácticamente como Estados fallidos, sin gobierno estable y divididos en múltiples facciones que combaten entre ellas (Somalia, Libia), o que están en guerra civil y llenos de terroristas (Siria, Irak, Yemen), o son al mismo tiempo países de alto riesgo de infiltración de agentes extranjeros de inteligencia (Irán). Esto no ocurre en el caso de Arabia Saudí o Qatar. No seré quien defienda a la asquerosa petro-monarquía teocrática saudita, pero es cierto y un hecho objetivo que Arabia Saudí no es un Estado fallido, tiene un gobierno estable con el que se pueden establecer relaciones, allí hay embajada estadounidense y se puede verificar con las fuerzas de seguridad locales si los emigrantes que vengan de allí son un riesgo o no. Lo cual no ocurre en el caso de países como Siria o Libia, en los cuales filtrar e investigar los antecedentes de riesgo es mucho más difícil y requiere mucho más tiempo.

Aún así, la orden ejecutiva tiene un efecto solamente temporal, mientras se ponen a funcionar mecanismos de inteligencia e investigación preventiva para investigar mejor a quienes quieran una visa y vengan de estos países en situación de riesgo. Por otra parte, hay quienes han caricaturizado la orden calificándola de “prohibición de entrada de musulmanes”. Lo cierto es que, al margen de lo dicho antes, la orden se aplica a todos los ciudadanos de esos países, sin distinguir si son musulmanes No obstante, incluso suponiendo que así fuera, no sería una discriminación contraria a la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU puesto que el Presidente claramente tiene discreción para decidir a quién admitir en el país y quién no cuando se trata de personas que no son ciudadanos estadounidenses. En todo caso, el derecho que tiene un extranjero que quiera entrar en EEUU es el de no sufrir maltrato físico a manos de los inspectores de Aduanas y Protección Fronteriza, como han determinado los tribunales norteamericanos, pero eso no quiere decir que exista un derecho ilimitado a entrar en el país. Y, desde luego, las críticas que vengan de Europa no pueden ser más risibles, y más aún su estás vienen de un país como España, que históricamente no se ha caracterizado, a diferencia de EEUU, por su respeto a las diferencias y las minorías religiosas. El propio Trump lo ha explicado en su página de Facebook: “América es una nación orgullosa de inmigrantes y seguiremos demostrando compasión por los que huyen de la opresión, pero lo haremos mientras protegemos nuestros propios ciudadanos y fronteras. América siempre ha sido el país de hombres libres y valientes. Esto no es sobre religión, es sobre el terrorismo y mantener a nuestra gente a salvo. Hay más de 40 países de mayoría musulmana en el mundo que no están afectados por esta orden. Volveremos a darles visas a todos los países una vez que hayamos revisado e implementado políticas más seguras en los próximos 90 días”.

Cuando termine la prohibición de los 120 días está previsto que empiece la acogida de unos 50.000 refugiados, un número más o menos similar a los de Obama. Bienvenidos sean aquellos que sean verdaderos refugiados que huyen de la persecución en sus países de origen, puesto que EEUU siempre ha sido una tierra de refugio para ellos, pero eso debe hacerse dentro de un orden absolutamente estricto y respetando la soberanía como país a la hora de implementar ese orden.

Angela Merkel es una de los dirigentes que más se ha llevado las manos a la cabeza, horrorizada ante esta demostración de soberanía de los EEUU y de ejercicio de los poderes presidenciales previstos en la propia Constitución useña. Que se las lleve todo lo que quiera, gracias a Dios, Merkel no tiene ningún poder sobre los norteamericanos. Al igual que Francia y Bélgica, Alemania ha sido golpeada salvajemente por el terrorismo islamista. Muchos alemanes piensan (pero no lo dicen por la historia negra de su país durante el siglo XX) que han perdido control de sus fronteras y país. Yo diré que Merkel tiene las manos manchadas de sangre y ha sido ella la que ha abierto la puerta al terrorismo en su país al aceptar refugiados (a los que es cierto que no hay que criminalizar como colectivo) sin absolutamente ningún control. No me sorprende nada, pues ella es una de las personas más europeístas del planeta y no hay nada más indeseable políticamente que un europeísta convencido que encima pretende imponerlo a los demás. Esperemos que reaccionen positivamente en Alemania y otros países de Europa y que todo esto sirva como un clavo más en el ataúd de la Unión Europea y también, esperemos, de Angela Merkel.

Posteado por: Javier | enero 25, 2017

Celebrities vs. Donald Trump

Este fin de semana los medios de comunicación se han encargado de dar un gran bombo a los miles de manifestantes que el sábado, el día siguiente a la ceremonia de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EEUU, llegaron a Washington encabezados por algunas estrellas de Hollywood y de la MTV, para participar en la pomposamente bautizada como “Marcha de las Mujeres” o de las “Pussy cat”, por una especie de gorritos rosas que muchas llevaban en la cabeza.

Aparte de lo insólito de protestar frente a alguien que en ese momento ni tan siquiera había llegado aún a tomar decisión política alguna, uno no puede dejar de preguntarse dónde estaban personalidades como Madonna, Scarlett Johansson, Alicia Keys o Miley Cyrus cuando Hillary Clinton destruía civilmente a Monica Lewinsky para tapar el abuso de poder de su marido con una becaria en la Casa Blanca, cuando su campaña recibió dinero de países del Golfo Pérsico donde los derechos de las mujeres son aplastados o cuando se encargaba de desestabilizar países de Oriente Medio como Siria, favoreciendo a terroristas islamistas como el Daesh, o de promover golpes de Estado en Centroamérica… bueno, Madonna donde estaba era ofreciendo “blowjobs” (en español, felaciones) a cambio de votos a Hillary.

A estas niñas pijas no les molestaban las violaciones de derechos humanos que se produjeran bajo la administración Obama, como no les molesta ninguna hipotética violación de estos derechos que se pueda producir con Trump. Lo que les molesta es el temor de que Trump pueda cortar el grifo de dinero para sus lobbies amigos (sean hembristas, LGTBs o de identidad racial), igual que a las élites que promueven este tipo de protestas (como las que se produjeron en noviembre justo después de las elecciones) lo que les molesta de Trump no es su machismo, en forma de comentarios bordes y groseros sobre las mujeres, ni su supuesto racismo, eso no son más que excusas baratas, sino su rechazo al TTIP, al CETA y a la globalización mundialista.

Un tipo como Trump habla de volver a traer los empleos a EEUU y de proteger las industrias americanas frente a países como China (sea cierto o no que vaya a cumplir con eso). Enfrente, sólo discursos muy floridos y poéticos, pero insustanciales y en los que no se viene decir nada en concreto, de parte de algunas lujosas estrellas de la farándula yanqui. ¿A quién creen que van a escuchar los trabajadores americanos? El problema del supuesto “progresismo” no es Trump, sino la falta de un discurso con el que se identifiquen los trabajadores y las clases populares. ¿Qué culpa tiene Trump de que le hayan puesto las elecciones a huevo?

Trump es un oligarca derechista al igual que Hillary Clinton. Clinton representa al empresariado americano cosmopolita, sorosiano, belicista y a merced de los poderes financieros y el imperialismo. Trump, por el contrario, defiende los intereses del empresariado nacional proteccionista y es ese sentido patriótico lo que le hace coincidir con los intereses de las clases populares americanas en este momento histórico. Entre dos opciones no demasiado buenas, los trabajadores estadounidenses han visto en el magnate neoyorkino la mejor opción para lograr ciertos intereses y necesidades inmediatas. Trump ha ofrecido tres elementos básicos con los que obtener la victoria, como son patriotismo, proteccionismo y seguridad, mientras los demócratas vendían clasismo, neoliberalismo y guerra. Mientras Trump, Le Pen o el UKIP empiezan a arrasar con el apoyo obrero y popular en sus respectivos países, la única respuesta de la actual pseudo-izquierda (en España, por hacernos una idea, esta sería el neoliberalismo con barniz “progre”, estilo PSOE, o el postmodernismo neo-hippy, estilo podemita o garzonita) ha sido calificarlos como las encarnaciones supremas de todos los males habidos y por haber, y responder con vergonzoso activismo virtual. El actual “izquierdista” medio no logra entender cómo estas nuevas fuerzas crecen tanto y acaba llegando a la conclusión de que todos los que votan a Trump, o los que apoyan el Brexit o el referéndum sobre los refugiados en Hungría son paletos sin cultura que no están a su nivel intelectual. Lo que el pseudo-izquierdista medio no comprende, porque está infectado hasta arriba del pensamiento “progre” (que no progresista) promocionado por las propias élites occidentales, es que mientras Trump, Le Pen o el UKIP se han posicionado a favor de lo que interesa a la mayoría social en cuestiones de rigurosa actualidad política como la salida de la UE, la OTAN y el imperialismo, ruptura del TTIP, impago de la deuda, solución real a la crisis migratoria o la lucha contra el terrorismo islamista, la pseudo-izquierda estaba embarrada en asuntos que no le importan a casi nadie, más allá de algunas tribus urbanas, para autojustificar sus propias acciones. Y si, con suerte, la pseudo-izquierda aborda las inquietudes de las mayorías sociales ¡es para ponerse en su contra y satisfacer a los poderes económicos!: “Reforma” de la UE, “liberar” países de enemigos de EEUU, neoliberalismo “de rostro humano”, fronteras abiertas, relativismo cultural con el islam…

Algo similar pasó con las declaraciones de Meryl Streep en la pasada ceremonia de los Globos de Oro, algo que fue tal regalo para Trump que el del tupé naranja debía estar dando saltos de alegría mientras tuiteaba su respuesta (otra cosa es el gusto de Trump por meterse en todos los charcos, con estas polémicas es “culo veo, culo quiero” porque sabe que le vienen muy bien y no le van a restar popularidad ninguna). Cuando Streep destacó el cosmopolitismo de Hollywood y recordó a algunos actores extranjeros, el trasfondo de su discurso no fue otro que presentar a Hollywood como la gran “víctima” de Donald Trump. Ni los trabajadores precarios, ni las minorías… nada, las grandes víctimas del trumpismo serían los “indefensos” actores multimillonarios de Hollywood. Pero lo más penoso fue cuando Streep aseguró que si todos los extranjeros que trabajan en Hollywood fueran expulsados “solo veríamos fútbol (americano) o artes marciales mixtas”. O sea, transmitir el mismo mensaje elitista y condescendiente que en la campaña electoral de Hillary Clinton: el votante de Trump es un paleto de entretenimientos cutres (fútbol americano) y opiniones políticos disparatados… pero menos mal que estamos los progres urbanitas para salvar los muebles con nuestros gustos culturales sofisticados y nuestras opiniones políticas razonables. Encima, muchos de ellos ven cómo Trump no tiene ningún reparo en plantar cara a este elitismo progre y corrección política. Estos discursitos cargados de elitismo, pomposidad y supuesta superioridad moral, en definitiva, convertir la campaña en un debate sobre las costumbres y los estilos de vida, fue lo que contribuyó a cultivar la imagen antiestablishment de un multibillonario como Trump.

Marchas como la de los gorritos rosas del sábado (saludadas con gran jolgorio por todos los medios de comunicación al servicio de los poderes neofinancieros y por elementos como George Soros, qué casualidad y qué “raro”, ¿verdad?) no pasan de ser mero folclore.

La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea(TJUE) que va a obligar a la banca a devolver todo lo indebidamente cobrado mediante las famosas “cláusulas suelo” tiene una lectura muy interesante: si se hacen las cosas bien, la lucha puede llevar a la victoria, por muy poderoso que parezca el enemigo que tienes enfrente (en este caso, no sólo era la banca, sino también las desvergonzadas y bananeras instituciones españolas, empezando por el propio gobierno).

No chilles, no des golpes en la barra del bar mientras te lamentas, no te dediques a dártelas de listillo que ha descubierto la enésima conspiración de los iluminati para dominar el mundo mientras hacías unas busquedas en Google desde tu casa con el pijama puesto. Eso no le preocupa al poder. El poder, precisamente, te quiere conspiranoico.

No hagas eso: APRENDE A DEFENDER TUS DERECHOS.

La historia de las cláusulas suelo la conoceréis todos pero, por poneros en antecedentes, las hipotecas de “la era de la burbuja inmobiliaria”, tenían un porcentaje de interés variable sujeto al Euribor como referencia (más un diferencial). Si el Euribor bajaba, también lo tenía que hacer la cuota mensual de los millones de hipotecas firmadas. Pero los bancos habían establecido en muchísimos casos, una cláusula que fijaba que esas cuotas no podían bajar por debajo de un límite preestablecido en las escrituras hipotecarias (por ejemplo, un 5%). Por eso mismo se la llamaba “cláusula suelo”, porque establecía un “suelo” por debajo del cual no podía bajar por mucho que bajara el Euribor. A partir del año 2009, el Banco Central Europeo, para evitar que la economía de los países de la zona euro se fuera al traste con la crisis económica de 2007-2008, fue bajando más y más y más sus tasas de interés y, con ellas, las del Euribor (que es un tipo de interés de referencia interbancaria). Millones de clientes de las entidades bancarias, sin embargo, vieron que los bancos aplicaban esa cláusula, haciéndoles pagar injustamente de más.

¿Qué hicieron la mayoría? Poco más que enfadarse mucho, despotricar en la barra de un bar o en las redes sociales de internet, o ponerse a gritar a las puertas de los bancos. ¿Qué era lo inteligente? Informarse y asesorarse profesionalmente (mediante abogados especialistas en el tema), asociarse, demandar judicialmente y llegar hasta el final.

Como no podía ser de otra forma en este país, la respuesta de los organismos reguladores, como el Banco de España, ante todas las reclamaciones que les llegaron, no pudo ser más patética: TODOS A FAVOR DE LA BANCA. Todas las reclamaciones fueron rechazadas confiando en que la mayoría de reclamantes eran personas con pocos medios económicos que no iban a tener demasiadas ganas de seguir pleiteando ni dinero para ello (encima, teniendo que pagar la infame tasa judicial aprobada por aquellas fechas). Empezando por el Gobierno (lo cual no era de extrañar, teniendo en cuenta las prisas que tuvieron por rescatar a la banca, sin mover un dedo para ayudar a todos aquellos que eran desahuciados por no poder pagar sus viviendas) todos a lo que se dedicaron fue a poner las caras para que se las partieran con tal de defender a los bancos.

Así y todo, las asociaciones de consumidores y muchos particulares siguieron peleando en los tribunales, hasta llegar al Tribunal Supremo, donde les dieron la razón, PERO… en otra de las mayores infamias y disparates judiciales perpetrados en España dijeron que sí, que las cláusulas suelo eran abusivas y, por tanto, su inclusión en los contratos de préstamo hipotecario era nula de pleno derecho, pero que los efectos de esa nulidad sólo se producirían a partir de la fecha de la sentencia, el 9 de mayo de 2013. O sea, nula, pero sólo un poquito, o “tienes razón, pero te sigue tocando pagar la cuenta”. Algo flagrante hasta para un alumno de primero de Derecho. ¿La razón? ¿Jurídica? Ni muchísimo menos, sino que obligar a los bancos a devolver todo el dinero cobrado de más desde la firma del contrato pondría en grave riesgo todo el sistema financiero español.

Y así, por fin, gracias a aquellos que, pese a todo, no se rindieron y siguieron la batalla, por fin el miércoles el TJUE ha venido a fallar diciendo que no cabe una limitación de la retroactividad de los efectos de la nulidad de la cláusula suelo. ¿No les gusta tanto “Europa” cuando les conviene? Que tomen una doble ración de Europa. Ahora deben devolver miles de millones de euros.

Esto no hace que cambie mi impresión sobre Europa, aunque reconozco, como lo vengo haciendo desde hace tiempo, que buena parte de la jurisprudencia que últimamente nos llega del TJUE, en general, es bastante más liberal que la de los tribunales españoles. Que una institución de la UE haya tenido que venir a salvaguardar los derechos de unos ciudadanos pisoteados por la banano-cracia española, en todo caso, lo que dice es muy poco a favor de nuestro país, más que hablar bien de la UE. El TJUE lo que se ha limitado es ha declarar algo que era jurídicamente evidente. Lo que habrá que hacer es luchar por que esas instituciones españolas cambien para defender los derechos de las personas y no sólo los intereses de la camarilla de los más poderosos, no estar esperándolo todo de unas instituciones europeas que tanto daño han hecho en otras cosas.

Y una cosa más. Como he dicho al principio, las luchas se ganan haciendo las cosas bien, no yendo de conspiranoico-guay-nihilista-hippy. Sabiendo dónde informarse uno bien, aprendiendo a moverse por la administración y la burocracia, protestando por escrito, denunciando, aprendiendo leyes y economía seria y de verdad, no pseudoeconomía vudú… precisamente, los defensores de las conspiranoias y la pseudoeconomía vudú eran en este asunto los mayores defensores de la banca, ¿no os parece curioso? ¿Y no es curioso también que suelan ser los mismos que hablan de “desregular las finanzas” y los de “la gente sabía perfectamente lo que estaba firmando”?

A los bancos y a este “sistema” les importa una mierda que te dediques a tupir un foro conspiranoico en Internet diciendo que la crisis la han orquestado los bancos centrales por culpa de que no tenemos patrón oro o que “el dinero es deuda”. Es más, les conviene que haya más tontos conspiranoicos como tú que no se sepan defender o que, directamente, ni actúen. Lo que temen es cuando la gente aprende a usar las armas de que dispone, propinándoles una derrota como la que acaban de sufrir, a diferencia de los conspiranicos y magufos que desvían a la gente de las formas de luchar con eficacia que existen.

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Un poco en relación con lo anterior me voy a referir a un artículo publicado en la web del instituto anarquista y extremista Juan de Mariana (IJM) con el que tuve la desagradable sorpresa de encontrarme hace unos meses:

https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/preferentes-ni-fraude-ni-estafa-ni-engano

Sobre esta gente del IJM ya no sabría decir si es que tienen algún problema de sociopatía o es que, sencillamente, les va eso de la provocación. Este texto de Manuel Llamas es de hace unos tres años. Para Llamas, (probablemente un sujeto aún peor que su colega Rallo… además de un tipo muy repelente, si alguna vez lo habéis escuchado hablar), que los suscriptores de las participaciones preferentes de Bankia y otras entidades bancarias fueran engañados mediante todo tipo de ocultaciones sobre las características de las mismas (Bankia, por ejemplo, ocultó que las agencias de rating habían calificado sus preferentes como “bonos basura”) para crearles una impresión de que estaban adquiriendo un producto financiero de poco riesgo es comparable a pretender demandar a Red Bull porque su producto no “te da alas” o a un lotero que diga que lleva El Gordo y que te toca seguro porque cuando se celebre el sorteo no te toque.

Lo que no dice este personaje falaz es que la cuestión jurídica sobre las participaciones preferentes no es que sean una estafa o un fraude en sí mismas o que no esté prohibido vender productos financieros de alto riesgo y gran complejidad a consumidores minoristas. Las participaciones preferentes son legales y están reguladas por la Ley 13/1985, de 25 de mayo, sobre Coeficientes de Inversión, Recursos propios y Obligaciones de Información de los intermediarios financieros, que las define como parte de los recursos propios de las entidades de crédito. Lo que Llamas se calla como un puto es que, precisamente, por su gran complejidad y alto riesgo, la normativa vigente obliga a las entidades bancarias a extremar sus cautelas y sus funciones de asesoramiento cuando se trata de comercializar estos productos a clientes minoristas (es decir, gente que no es profesional de la inversión ni del sector financiero), como así está reconociendo la jurisprudencia que está condenando a casi todos los bancos. QUE ES LO QUE NO HICIERON LOS BANCOS cuando empezaron a colocar masivamente sus preferentes a este tipo de clientes a partir de 2009 (aunque ya se sabe que a Llamas eso de normas reguladoras le sonará a “estatista” o “sociata”).

Otra de las cosas que obvia este tío es que la mayoría de tribunales han declarado que el proceder de las entidades financieras a la hora de “asesorar” a sus clientes presenta todas las características de la maquinación dolosa dirigida a inducir a la otra parte a contratar del artículo 1269 del Código Civil: “Hay dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiera hecho”.

De las dos partes contratantes, el banco (o los asesores del banco, más bien) es la que tiene todo el conocimiento tanto de los mercados como de las características y riesgos de los productos financieros que ofrecen a sus clientes, quienes, en su gran mayoría no es que sean muy duchos en estos temas. Precisamente, la legislación que obliga a los bancos a extremar las precauciones al asesorar y asegurarse de que el cliente conoce plenamente qué es lo que está contratando tiene como fin igualar un poco a las partes contratantes. Para Llamas y los marianitas, eso da igual, porque ya se sabe que no hay nada más “libre” y “democrático” que el “mercao” sin restricción ni regulación alguna.

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