Ayer por la noche tuve ocasión de leer uno de esos artículos trufados de corrección política que te dejan bastante soprendido, aunque reconozco que esto ya no debiera sorprender: no es más que una ejemplificación más de porqué el pensamiento que actualmente denominaríamos  como “progre” está en el estado de parálisis mental absoluto en el que está.

Lo que hoy día es la “izquierda progre” es un movimiento totalmente folclórico. Se leen sus textos y sus artículos, y son confusos y caóticos, como ven una multitud casi infinita de “micro-machismos”, “micro-racismos” o “micro-homofobias” por todas partes, no se sabe muy bien contra qué o contra quién concretamente están luchando, no combaten ninguna injusticia concreta ni es la reacción a ninguna situación de desigualdad concreta, ya que tampoco están fundados en ningún principio concreto, pero, al mismo tiempo, son totalmente quijotescos, tienen que verse a sí mismos peleando contra gigantes por todas partes, y, a la vez, se arrogan a sí mismos una inmunidad que es otorgada por una demagógica estrategia victimista y que goza de unos dogmas que, paradójicamente, nadie conoce con exactitud porque ellos mismos los malean a cada momento según su conveniencia. Sus fieles e inquisidores seguidores tienen la libertad de juzgar subjetivamente todo lo que no corresponda con sus caprichos creyendo que se enfrentan de alguna manera a las injusticias, cuando lo único que hacen es satisfacer a los lobbys económicos, el mundialismo y la barbarie individualista posmoderna.

El texto en cuestión (titulado “Un negro me escribe los artículos”, lo pueden leer PINCHANDO AQUÍ) viene a sugerir como solución al problema del racismo que la gente se autocensure a la hora de emplear expresiones como “merienda de negros”, “chinito” o “dúchate que pareces gitano”, entre muchísimas otras. Parte del error de creer que “El lenguaje construye realidad social y en el tema de los prejuicios no se queda atrás”, cuando la cuestión es, más bien, al contrario: la realidad social es la que construye el lenguaje, el lenguaje no es más que un reflejo de la misma. La cuestión es que la corrección política que el autor demanda a la hora de emplear el lenguaje (en la línea de lo que es la demanda más usual de la actual izquierda progre) no es solución alguna a problemas como el racismo o el machismo. La corrección política funciona únicamente como un autodisciplinamiento, basado únicamente en “no molestar”, que simplemente tapa debajo de una alfombra estos problemas, pretendiendo hacer como si no existieran, pero no los soluciona.

La corrección política es una ideología que clasifica a la humanidad en colectivos bien diferenciados. Unos serían víctimas (“grupos débiles”) y, por tanto, buenos, siempre en posesión de la razón. Otros, por el contrario, verdugos, (“grupos fuertes”) y, por ello, malvados y mentirosos. De acuerdo con la corrección política, que un acto esté justificado, o no, no depende de su propia naturaleza, sino del colectivo al que pertenezca quien lo cometa. La corrección pretende eliminar cualquier expresión que pudiera ofender, aunque sea de forma no intencionada, a algún grupo calificado como débil… pero permite insultar y ofender a quien forma parte de los malos, de un grupo fuerte.

Error sobre error, la ingeniería social no cambia la naturaleza humana, no puede erradicar la maldad, y mucho menos construir un mundo feliz. Más bien suele conseguir lo contrario. De hecho, la corrección política, como herramienta de transformación social, se ha convertido en un factor determinante de la alarmante polarización política que hoy aflora en muchos países. No sólo eso, dado que pone una tapadera, pero sin solucionar los problemas, sino, al contrario, más bien exacerbarlos, pretendiendo combatir formas de odio (como el racismo) no estoy seguro si, más bien, a lo que ha contribuido es al aumento de estos crímenes de odio en los últimos años. La corrección convierte a muchas personas en personajes dogmáticos, quejicas y neuróticos, que en todas partes ven agresiones, conflictos y agravios contra su propio colectivo. Aun sin saberlo, acabamos convirtiendo el mundo en un sufrido espejo de nuestros miedos y traumas personales.

Precisamente, el artículo me recordó a la crítica contenida en un video del escritor marxista esloveno Slavoj Zizek acerca de la corrección política, que vi hace pocas semanas. Subrayo lo de MARXISTA puesto que en el artículo se cita torticeramente, como ejemplo de personaje “reaccionario” o “fachilla”, que serían los que no estarían de acuerdo con las tesis del autor, al académico de la RAE Javier Marías. O sea, mi opinión es la “progre” y si no estás de acuerdo conmigo, es que eres un “fachilla” como Javier Marías. Eso en una línea en la cual el autor (un español de origen gambiano que se define como “activista”, de algo hay que comer todos los meses) se dedica a criticar lo mismo que él hace a lo largo de todo el escrito, dictar a los demás cómo hay que hablar: “Fuera del ámbito de los Javier Marías de turno que nos dictan cómo debemos hablar y definirnos, cada día escuchamos un crisol de expresiones de tufo racista”.

Posteado por: Javier | febrero 9, 2017

EEUU: imperialismo judicial desbocado

La suspensión por parte del juez federal de distrito James Robart, de Seattle, de la orden de prohibición temporal de entrada de los ciudadanos de siete países es un caso más de imperialismo judicial en los EEUU, pero, en este caso concreto, especialmente grave, ya que esta medida inconstitucional contra el Poder Ejecutivo, caso de que finalmente fuera validada por el Tribunal Supremo, podría sentar un precedente muy peligroso para la seguridad nacional.

Es verdaderamente preocupante que un juez no elegido, y que no representa a nadie, sea el que pretenda determinar si una orden ejecutiva del Presidente es legal o no, más aún en la materia a la que se refiere esta orden. Si el Tribunal Supremo decidiera que la orden no es legal sería como decir que cualquier orden presidencial, incluso en cuestiones de guerra y seguridad nacional, estaría en manos de un grupo de jueces, con el peligro que ello podría suponer en caso de que el Presidente tuviera que tomar decisiones de urgencia que, sin embargo, pudieran ser bloqueadas judicialmente a demanda de cualquier iluminado.

Evidentemente, parte de la prensa norteamericana ha hecho una caricatura sesgada de la orden, presentando con gran sensacionalismo lacrimógeno casos concretos de ciudadanos con doble nacionalidad norteamericana y de alguno de esos siete países que, sin embargo, han sido resueltos rápidamente, y casi que ha salido a festejar con champán la suspensión (lo de la prensa española, que bebe de esas fuentes, añadiendo a ello la ignorancia y los prejuicios, ha sido aún peor), pero hay que tener en cuenta una serie de puntos:

1) Los requisitos para la suspensión de la efectividad de una orden ejecutiva son muy estrictos. El demandante debe demostrar que es probable que tenga éxito sobre el fondo y que sufrirá un daño irreparable si no se concede la suspensión. En este caso, la gente de los países excluidos no puede demostrar un daño irreparable, sólo que su entrada a EEUU se retrasará. Y, a su vez, es poco probable que se tenga razón sobre el fondo, puesto que el presidente no tiene ninguna obligación legal de permitir a los extranjeros en el país.

2) Por cierto, los demandantes aquí no son ni siquiera las personas de los países excluidos. Son los estados de Washington y Minnesota, que afirman que sus ciudadanos serán perjudicados si la prohibición temporal no se levanta (bueno, quizás Microsoft o alguna otra gran empresa está siendo privada de algo de mano de obra barata). En el mejor de los casos, es un argumento endeble. Esta decisión no tiene ningún efecto sustancial en los residentes de los estados, contrariamente a lo que ha dicho el juez Robart.

3) El Presidente claramente tiene discreción para decidir a quién admitir en EEUU y a quién no a cuando se trata de personas que no son ciudadanos estadounidenses.

4) En cualquier caso, claramente no es una “prohibición musulmana”, como se ha dicho con tanto histerismo, en tanto que en esos países no vive más del 6% de la población musulmana mundial. En todo caso, es una prohibición de viajes desde ciertos países durante 90 días.

5) Los tribunales tradicionalmente otorgan a los presidentes una amplia libertad en materia de seguridad nacional, y esto es, en gran medida, una cuestión de seguridad nacional.

6) Es altamente cuestionable que los tribunales federales de distrito pueden emitir órdenes judiciales a nivel nacional. Precisamente, se llama tribunal federal de distrito porque la autoridad del tribunal se limita a un distrito. Si no fuera así, no habría necesidad de tribunales de circuito, y nunca veríamos diferentes circuitos federales con leyes diferentes. Un tribunal de distrito podría simplemente imponer lo que quisiera en la todo el territorio de EEUU.

Hay quienes han alegado que Trump no puede suspender la emisión de visas a nacionales de países específicos porque la Ley de Inmigración de 1965 prohibe toda discriminación contra los inmigrantes sobre la base del origen nacional. Sin embargo, el propósito de la disposición contra la discriminación (firmada por el Presidente Lyndon Johnson en 1965) era poner fin a la práctica migratoria racial y étnicamente discriminatoria de los “orígenes nacionales” que estaba sesgada en favor de Europa Occidental. La orden ejecutiva de Trump, por el contrario, no es, en modo alguno, un intento de discriminar en la composición racial o étnica de la nación o de sus inmigrantes. La directiva es un esfuerzo para proteger la seguridad nacional de una amenaza terrorista cuya raíz el propio Congreso la ha encontrado en varios países específicos de mayoría musulmana.

Debido a esta diferencia entre la orden de Trump y los objetivos de la Ley de Inmigración de 1965, no es posible interpretar las dos normas como contradictorias, y los principios de interpretación constitucional advierten en contra de hacerlo de ese modo. Sin embargo, aún admitiendo que hubiera conflicto, se trata de un asunto relacionado con la conducción de los asuntos exteriores -una cuestión del más alto orden de importancia, ya que implica amenazas externas a la seguridad nacional. Si hubiera un conflicto aquí, la clara autoridad constitucional del presidente para proteger a los EEUU tendría prioridad sobre la dudosa autoridad del Congreso para limitar la negativa del Presidente a la entrada de extranjeros.

Pero no hay conflicto. La ley federal de inmigración también incluye la Sección 1182 (f), que dice: “Cuando el Presidente considere que la entrada todos o de cualquier clase de extranjeros sería perjudicial para los intereses de los Estados Unidos, podrá, por el período que considere necesario, suspender la entrada de todos los extranjeros o cualquier clase de extranjeros como inmigrantes o no inmigrantes, o imponer a los extranjeros las restricciones de entrada que considere apropiadas”. La sección 1182 (f) autoriza clara y ampliamente al presidente a emitir prohibiciones temporales sobre la entrada de todos o de algunas clases de extranjeros por motivos de seguridad nacional. Esto es precisamente lo que ha hecho el Presidente Trump. De hecho, al hacerlo, cita expresamente esta sección. Dejando a un lado que Trump se basa principalmente en su autoridad constitucional inherente, y que la restricción de ciertas clases de extranjeros se basa en la seguridad nacional, no en consideraciones religiosas, raciales o étnicas, la orden ejecutiva también se fundamenta expresamente en una disposición de la Ley de Inmigración, la Sección 1187 (a) (12), que rige el Programa de Exención de Visa. Este estatuto autoriza al Poder Ejecutivo a eximir de los requisitos de documentación a ciertos extranjeros. Bajo esta disposición, el Congreso provee que un extranjero es candidato a esta exención solamente si no ha estado presente (a) en Irak o Siria en cualquier momento después del 1 de marzo de 2011; (b) en cualquier país cuyo gobierno haya sido designado por el Departamento de Estado como “patrocinador reiterado de actos de terrorismo internacional”; o (c) en cualquier país que ha sido designado por el Departamento de Seguridad Nacional como un país “de riesgo”. Trump se basa principalmente en su autoridad constitucional inherente.

Por lo tanto, el Congreso no solamente nunca ha revocado la amplia autoridad del Presidente para excluir la entrada de ciertas clases de extranjeros por razones de seguridad nacional, sino que décadas después de la disposición contra la discriminación de 1965, el Congreso autorizó expresamente la discriminación basada en el origen nacional cuando se trata de terrorismo internacional. De hecho, a pesar del estatuto antidiscriminatorio de 1965, el presidente Jimmy Carter prohibió la entrada de ciudadanos iraníes en 1980, después de que la revolución de Jomeini condujera a la crisis de rehenes estadounidenses en Teherán. El tratamiento discriminatorio de los iraníes estaba racionalmente enraizado en las preocupaciones antiterroristas, y era claramente apropiado.

Como ya iba siendo hora, el Presidente Trump ha hecho muy bien al explayarse vía Twitter contra Robart, al que ha calificado de “supuesto juez” (y reconozco que viendo quiénes son algunos de los que más aspavientos escandalizados han estado haciendo en estas dos semanas de soberbio desempeño presidencial de Trump, sobre todo los europeístas, el Donald me va cayendo cada vez un poquito mejor): “La opinión de este supuesto juez, que esencialmente pone la aplicación de la ley fuera de nuestro país, es ridícula y será derrotada”.

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Con el Twitter y el Facebook, Trump se puede decir que está siguiendo la línea estratégica que aplicó en su día Franklin D. Roosevelt. Como los perio-listos de esa época daban también versiones sesgadas y manipuladas de sus declaraciones y sus medidas, el bueno de Roosevelt por lo que optó fue por dirigirse a la nación directamente a través de la radio. Los tiempos han cambiado y ahora hay medios tecnológicos más modernos.

Pues bien, los perio-listos actuales han salido ya a atacar a Trump por “insultar” al juez. Se supone que insultar es “ofender a alguien provocándolo o irritándolo con palabras o acciones”. Si calificar al juez de “presunto juez” y cuestionar su decisión es “insultar”, resulta entonces injusto decir a la vez que ningún presidente antes ha hecho esto. Más bien al contrario, ya antes algún presidente ha “insultado” al poder judicial.

Sin ir más lejos, en 2011 el propio Barack Obama, en el Discurso sobre el Estado de la Unión, les cantó las cuarenta a los jueces del Tribunal Supremo (estando ellos allí presentes, además) por la decisión por la cual permitieron a las grandes empresas aportar fondos ilimitados a las campañas políticas. Obama acusó a los jueces de haber dado “un golpe a la democracia” (evidentemente, la leida de cartilla se centró en los cinco jueces del ala conservadora que votaron a favor del fallo, o sea, Samuel Alito, Clarence Thomas, Anthony Kennedy, el recientemente fallecido Antonin Scalia y John Roberts). Previamente, en 2009, cuando Obama nominó para el Tribunal Supremo a la jueza de origen portorriqueño Sonia Sotomayor dijo que era una “mujer latina lista que con sus experiencias llegaría casi siempre a mejores conclusiones que jueces blancos masculinos que no han vivido ese tipo de vida”. Hay que suponer que eso sería un “insulto” a los jueces blancos masculinos.

Pero por estos “insultos” no verán a nadie tan escandalizado en la prensa que tiene o no tiene la piel tan fina dependiendo de quién vengan.

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PD: Un video interesante. No se pierdan las respuestas de este negro simpatizante de Trump a una francesita europeísta (es varios meses anterior a las elecciones de noviembre).

 

Posteado por: Javier | enero 31, 2017

Sobre la orden ejecutiva de Trump y los refugiados

Con el nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, parece que estamos destinados a tener día sí y día también un escándalo mediático-histérico nuevo de parte de los medios de comunicación y de los políticos que (des)gobiernan Europa, como ha ocurrido con la orden ejecutiva del viernes que prohíbe durante 90 días la entrada al país de ciudadanos de Irán, Irak, Siria, Sudán, Somalia, Libia y Yemen, así como la suspensión por 120 días del Programa de Admisión de Refugiados. Una ira desatada bastante llamativa, teniendo en cuenta que lo que la orden hace es dar cumplimiento a medidas que esencialmente ya se venían implementando en años anteriores y que obedece, sobre todo, al hecho de que EEUU (a diferencia de los países de la escandalizada e “hipermoral” Unión Europea) es una nación plenamente soberana y con control de sus  fronteras.

Ya antes de los atentados del 11-S había medidas de seguridad para entrar en EEUU, pero estas se incrementaron muchísimo tras ese suceso, sobre todo en los procedimientos para otorgar visas. El Departamento de Estado, encargado de atender en las embajadas a los que piden visas, incorporaron muchos más pasos para asegurarse que los que querían ir a EEUU no fueran un riesgo, tanto criminal como terrorista. Estas medidas se incrementaron aún más tras el fallido atentado de Umar Farouk Abdulmutallab en las fechas previas a las navidades del año 2009. Este tipo es un nigeriano que intentó hacer estallar el avión en el que volaba de Amsterdam a Detroit mediante unos explosivos escondidos en sus calzoncillos, pero resultó que la bomba falló y lo que hizo fue quemarle, dejándole castrado pero salvando infinidad de vidas. A partir de ahí, los procesos de inteligencia preventiva para no dar visas a extranjeros potencialmente peligrosos se incrementaron muchísimo. La participación de la comunidad de inteligencia (DHS, FBI, CIA) se incrementó mucho y se hicieron más estrictos los procesos, con el resultado de que, a la mínima sospecha, en EEUU no se entra.

En virtud de esto, en el año 2011 Barack Obama (con razón) emitió una orden similar con respecto a Irak, con el fin de permitir que los servicios de inteligencia tuvieran tiempo suficiente de descubrir posibles riesgos de quienes vinieran de este país. No sólo eso, en 2015, después de los ataques terroristas de San Bernardino, Obama (con razón) firmó la “Terrorist Prevention Act of 2015″, donde concretamente se seleccionan los países que están incluidos en la orden ejecutiva dictada por Trump el viernes pasado. ¿Por qué estos países concretos y no otros como Arabia Saudí, Qatar o Bahrein? Hay algunos listos que dicen que la orden del viernes no incluye esos países porque allí tiene Trump intereses económicos (en sitios como Dubai Trump fue promotor de hoteles y campos de golf). El problema es que… los países concretos no fueron elegidos por Trump, sino por Obama, con lo que habría que suponer en ese caso que es Obama quien estaría “protegiendo” intereses suyos en esos lugares. El motivo por el cual Obama seleccionó esos países como de “altísimo riesgo” está relacionado con el hecho de que, o no hay embajada americana presente allí para coordinar con las fuerzas de seguridad locales los antecedentes de los migrantes (Siria, Irán), o son países que se encuentra en una situación prácticamente de anarquía, pudiendo calificarse prácticamente como Estados fallidos, sin gobierno estable y divididos en múltiples facciones que combaten entre ellas (Somalia, Libia), o que están en guerra civil y llenos de terroristas (Siria, Irak, Yemen), o son al mismo tiempo países de alto riesgo de infiltración de agentes extranjeros de inteligencia (Irán). Esto no ocurre en el caso de Arabia Saudí o Qatar. No seré quien defienda a la asquerosa petro-monarquía teocrática saudita, pero es cierto y un hecho objetivo que Arabia Saudí no es un Estado fallido, tiene un gobierno estable con el que se pueden establecer relaciones, allí hay embajada estadounidense y se puede verificar con las fuerzas de seguridad locales si los emigrantes que vengan de allí son un riesgo o no. Lo cual no ocurre en el caso de países como Siria o Libia, en los cuales filtrar e investigar los antecedentes de riesgo es mucho más difícil y requiere mucho más tiempo.

Aún así, la orden ejecutiva tiene un efecto solamente temporal, mientras se ponen a funcionar mecanismos de inteligencia e investigación preventiva para investigar mejor a quienes quieran una visa y vengan de estos países en situación de riesgo. Por otra parte, hay quienes han caricaturizado la orden calificándola de “prohibición de entrada de musulmanes”. Lo cierto es que, al margen de lo dicho antes, la orden se aplica a todos los ciudadanos de esos países, sin distinguir si son musulmanes No obstante, incluso suponiendo que así fuera, no sería una discriminación contraria a la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU puesto que el Presidente claramente tiene discreción para decidir a quién admitir en el país y quién no cuando se trata de personas que no son ciudadanos estadounidenses. En todo caso, el derecho que tiene un extranjero que quiera entrar en EEUU es el de no sufrir maltrato físico a manos de los inspectores de Aduanas y Protección Fronteriza, como han determinado los tribunales norteamericanos, pero eso no quiere decir que exista un derecho ilimitado a entrar en el país. Y, desde luego, las críticas que vengan de Europa no pueden ser más risibles, y más aún su estás vienen de un país como España, que históricamente no se ha caracterizado, a diferencia de EEUU, por su respeto a las diferencias y las minorías religiosas. El propio Trump lo ha explicado en su página de Facebook: “América es una nación orgullosa de inmigrantes y seguiremos demostrando compasión por los que huyen de la opresión, pero lo haremos mientras protegemos nuestros propios ciudadanos y fronteras. América siempre ha sido el país de hombres libres y valientes. Esto no es sobre religión, es sobre el terrorismo y mantener a nuestra gente a salvo. Hay más de 40 países de mayoría musulmana en el mundo que no están afectados por esta orden. Volveremos a darles visas a todos los países una vez que hayamos revisado e implementado políticas más seguras en los próximos 90 días”.

Cuando termine la prohibición de los 120 días está previsto que empiece la acogida de unos 50.000 refugiados, un número más o menos similar a los de Obama. Bienvenidos sean aquellos que sean verdaderos refugiados que huyen de la persecución en sus países de origen, puesto que EEUU siempre ha sido una tierra de refugio para ellos, pero eso debe hacerse dentro de un orden absolutamente estricto y respetando la soberanía como país a la hora de implementar ese orden.

Angela Merkel es una de los dirigentes que más se ha llevado las manos a la cabeza, horrorizada ante esta demostración de soberanía de los EEUU y de ejercicio de los poderes presidenciales previstos en la propia Constitución useña. Que se las lleve todo lo que quiera, gracias a Dios, Merkel no tiene ningún poder sobre los norteamericanos. Al igual que Francia y Bélgica, Alemania ha sido golpeada salvajemente por el terrorismo islamista. Muchos alemanes piensan (pero no lo dicen por la historia negra de su país durante el siglo XX) que han perdido control de sus fronteras y país. Yo diré que Merkel tiene las manos manchadas de sangre y ha sido ella la que ha abierto la puerta al terrorismo en su país al aceptar refugiados (a los que es cierto que no hay que criminalizar como colectivo) sin absolutamente ningún control. No me sorprende nada, pues ella es una de las personas más europeístas del planeta y no hay nada más indeseable políticamente que un europeísta convencido que encima pretende imponerlo a los demás. Esperemos que reaccionen positivamente en Alemania y otros países de Europa y que todo esto sirva como un clavo más en el ataúd de la Unión Europea y también, esperemos, de Angela Merkel.

Posteado por: Javier | enero 25, 2017

Celebrities vs. Donald Trump

Este fin de semana los medios de comunicación se han encargado de dar un gran bombo a los miles de manifestantes que el sábado, el día siguiente a la ceremonia de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EEUU, llegaron a Washington encabezados por algunas estrellas de Hollywood y de la MTV, para participar en la pomposamente bautizada como “Marcha de las Mujeres” o de las “Pussy cat”, por una especie de gorritos rosas que muchas llevaban en la cabeza.

Aparte de lo insólito de protestar frente a alguien que en ese momento ni tan siquiera había llegado aún a tomar decisión política alguna, uno no puede dejar de preguntarse dónde estaban personalidades como Madonna, Scarlett Johansson, Alicia Keys o Miley Cyrus cuando Hillary Clinton destruía civilmente a Monica Lewinsky para tapar el abuso de poder de su marido con una becaria en la Casa Blanca, cuando su campaña recibió dinero de países del Golfo Pérsico donde los derechos de las mujeres son aplastados o cuando se encargaba de desestabilizar países de Oriente Medio como Siria, favoreciendo a terroristas islamistas como el Daesh, o de promover golpes de Estado en Centroamérica… bueno, Madonna donde estaba era ofreciendo “blowjobs” (en español, felaciones) a cambio de votos a Hillary.

A estas niñas pijas no les molestaban las violaciones de derechos humanos que se produjeran bajo la administración Obama, como no les molesta ninguna hipotética violación de estos derechos que se pueda producir con Trump. Lo que les molesta es el temor de que Trump pueda cortar el grifo de dinero para sus lobbies amigos (sean hembristas, LGTBs o de identidad racial), igual que a las élites que promueven este tipo de protestas (como las que se produjeron en noviembre justo después de las elecciones) lo que les molesta de Trump no es su machismo, en forma de comentarios bordes y groseros sobre las mujeres, ni su supuesto racismo, eso no son más que excusas baratas, sino su rechazo al TTIP, al CETA y a la globalización mundialista.

Un tipo como Trump habla de volver a traer los empleos a EEUU y de proteger las industrias americanas frente a países como China (sea cierto o no que vaya a cumplir con eso). Enfrente, sólo discursos muy floridos y poéticos, pero insustanciales y en los que no se viene decir nada en concreto, de parte de algunas lujosas estrellas de la farándula yanqui. ¿A quién creen que van a escuchar los trabajadores americanos? El problema del supuesto “progresismo” no es Trump, sino la falta de un discurso con el que se identifiquen los trabajadores y las clases populares. ¿Qué culpa tiene Trump de que le hayan puesto las elecciones a huevo?

Trump es un oligarca derechista al igual que Hillary Clinton. Clinton representa al empresariado americano cosmopolita, sorosiano, belicista y a merced de los poderes financieros y el imperialismo. Trump, por el contrario, defiende los intereses del empresariado nacional proteccionista y es ese sentido patriótico lo que le hace coincidir con los intereses de las clases populares americanas en este momento histórico. Entre dos opciones no demasiado buenas, los trabajadores estadounidenses han visto en el magnate neoyorkino la mejor opción para lograr ciertos intereses y necesidades inmediatas. Trump ha ofrecido tres elementos básicos con los que obtener la victoria, como son patriotismo, proteccionismo y seguridad, mientras los demócratas vendían clasismo, neoliberalismo y guerra. Mientras Trump, Le Pen o el UKIP empiezan a arrasar con el apoyo obrero y popular en sus respectivos países, la única respuesta de la actual pseudo-izquierda (en España, por hacernos una idea, esta sería el neoliberalismo con barniz “progre”, estilo PSOE, o el postmodernismo neo-hippy, estilo podemita o garzonita) ha sido calificarlos como las encarnaciones supremas de todos los males habidos y por haber, y responder con vergonzoso activismo virtual. El actual “izquierdista” medio no logra entender cómo estas nuevas fuerzas crecen tanto y acaba llegando a la conclusión de que todos los que votan a Trump, o los que apoyan el Brexit o el referéndum sobre los refugiados en Hungría son paletos sin cultura que no están a su nivel intelectual. Lo que el pseudo-izquierdista medio no comprende, porque está infectado hasta arriba del pensamiento “progre” (que no progresista) promocionado por las propias élites occidentales, es que mientras Trump, Le Pen o el UKIP se han posicionado a favor de lo que interesa a la mayoría social en cuestiones de rigurosa actualidad política como la salida de la UE, la OTAN y el imperialismo, ruptura del TTIP, impago de la deuda, solución real a la crisis migratoria o la lucha contra el terrorismo islamista, la pseudo-izquierda estaba embarrada en asuntos que no le importan a casi nadie, más allá de algunas tribus urbanas, para autojustificar sus propias acciones. Y si, con suerte, la pseudo-izquierda aborda las inquietudes de las mayorías sociales ¡es para ponerse en su contra y satisfacer a los poderes económicos!: “Reforma” de la UE, “liberar” países de enemigos de EEUU, neoliberalismo “de rostro humano”, fronteras abiertas, relativismo cultural con el islam…

Algo similar pasó con las declaraciones de Meryl Streep en la pasada ceremonia de los Globos de Oro, algo que fue tal regalo para Trump que el del tupé naranja debía estar dando saltos de alegría mientras tuiteaba su respuesta (otra cosa es el gusto de Trump por meterse en todos los charcos, con estas polémicas es “culo veo, culo quiero” porque sabe que le vienen muy bien y no le van a restar popularidad ninguna). Cuando Streep destacó el cosmopolitismo de Hollywood y recordó a algunos actores extranjeros, el trasfondo de su discurso no fue otro que presentar a Hollywood como la gran “víctima” de Donald Trump. Ni los trabajadores precarios, ni las minorías… nada, las grandes víctimas del trumpismo serían los “indefensos” actores multimillonarios de Hollywood. Pero lo más penoso fue cuando Streep aseguró que si todos los extranjeros que trabajan en Hollywood fueran expulsados “solo veríamos fútbol (americano) o artes marciales mixtas”. O sea, transmitir el mismo mensaje elitista y condescendiente que en la campaña electoral de Hillary Clinton: el votante de Trump es un paleto de entretenimientos cutres (fútbol americano) y opiniones políticos disparatados… pero menos mal que estamos los progres urbanitas para salvar los muebles con nuestros gustos culturales sofisticados y nuestras opiniones políticas razonables. Encima, muchos de ellos ven cómo Trump no tiene ningún reparo en plantar cara a este elitismo progre y corrección política. Estos discursitos cargados de elitismo, pomposidad y supuesta superioridad moral, en definitiva, convertir la campaña en un debate sobre las costumbres y los estilos de vida, fue lo que contribuyó a cultivar la imagen antiestablishment de un multibillonario como Trump.

Marchas como la de los gorritos rosas del sábado (saludadas con gran jolgorio por todos los medios de comunicación al servicio de los poderes neofinancieros y por elementos como George Soros, qué casualidad y qué “raro”, ¿verdad?) no pasan de ser mero folclore.

La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea(TJUE) que va a obligar a la banca a devolver todo lo indebidamente cobrado mediante las famosas “cláusulas suelo” tiene una lectura muy interesante: si se hacen las cosas bien, la lucha puede llevar a la victoria, por muy poderoso que parezca el enemigo que tienes enfrente (en este caso, no sólo era la banca, sino también las desvergonzadas y bananeras instituciones españolas, empezando por el propio gobierno).

No chilles, no des golpes en la barra del bar mientras te lamentas, no te dediques a dártelas de listillo que ha descubierto la enésima conspiración de los iluminati para dominar el mundo mientras hacías unas busquedas en Google desde tu casa con el pijama puesto. Eso no le preocupa al poder. El poder, precisamente, te quiere conspiranoico.

No hagas eso: APRENDE A DEFENDER TUS DERECHOS.

La historia de las cláusulas suelo la conoceréis todos pero, por poneros en antecedentes, las hipotecas de “la era de la burbuja inmobiliaria”, tenían un porcentaje de interés variable sujeto al Euribor como referencia (más un diferencial). Si el Euribor bajaba, también lo tenía que hacer la cuota mensual de los millones de hipotecas firmadas. Pero los bancos habían establecido en muchísimos casos, una cláusula que fijaba que esas cuotas no podían bajar por debajo de un límite preestablecido en las escrituras hipotecarias (por ejemplo, un 5%). Por eso mismo se la llamaba “cláusula suelo”, porque establecía un “suelo” por debajo del cual no podía bajar por mucho que bajara el Euribor. A partir del año 2009, el Banco Central Europeo, para evitar que la economía de los países de la zona euro se fuera al traste con la crisis económica de 2007-2008, fue bajando más y más y más sus tasas de interés y, con ellas, las del Euribor (que es un tipo de interés de referencia interbancaria). Millones de clientes de las entidades bancarias, sin embargo, vieron que los bancos aplicaban esa cláusula, haciéndoles pagar injustamente de más.

¿Qué hicieron la mayoría? Poco más que enfadarse mucho, despotricar en la barra de un bar o en las redes sociales de internet, o ponerse a gritar a las puertas de los bancos. ¿Qué era lo inteligente? Informarse y asesorarse profesionalmente (mediante abogados especialistas en el tema), asociarse, demandar judicialmente y llegar hasta el final.

Como no podía ser de otra forma en este país, la respuesta de los organismos reguladores, como el Banco de España, ante todas las reclamaciones que les llegaron, no pudo ser más patética: TODOS A FAVOR DE LA BANCA. Todas las reclamaciones fueron rechazadas confiando en que la mayoría de reclamantes eran personas con pocos medios económicos que no iban a tener demasiadas ganas de seguir pleiteando ni dinero para ello (encima, teniendo que pagar la infame tasa judicial aprobada por aquellas fechas). Empezando por el Gobierno (lo cual no era de extrañar, teniendo en cuenta las prisas que tuvieron por rescatar a la banca, sin mover un dedo para ayudar a todos aquellos que eran desahuciados por no poder pagar sus viviendas) todos a lo que se dedicaron fue a poner las caras para que se las partieran con tal de defender a los bancos.

Así y todo, las asociaciones de consumidores y muchos particulares siguieron peleando en los tribunales, hasta llegar al Tribunal Supremo, donde les dieron la razón, PERO… en otra de las mayores infamias y disparates judiciales perpetrados en España dijeron que sí, que las cláusulas suelo eran abusivas y, por tanto, su inclusión en los contratos de préstamo hipotecario era nula de pleno derecho, pero que los efectos de esa nulidad sólo se producirían a partir de la fecha de la sentencia, el 9 de mayo de 2013. O sea, nula, pero sólo un poquito, o “tienes razón, pero te sigue tocando pagar la cuenta”. Algo flagrante hasta para un alumno de primero de Derecho. ¿La razón? ¿Jurídica? Ni muchísimo menos, sino que obligar a los bancos a devolver todo el dinero cobrado de más desde la firma del contrato pondría en grave riesgo todo el sistema financiero español.

Y así, por fin, gracias a aquellos que, pese a todo, no se rindieron y siguieron la batalla, por fin el miércoles el TJUE ha venido a fallar diciendo que no cabe una limitación de la retroactividad de los efectos de la nulidad de la cláusula suelo. ¿No les gusta tanto “Europa” cuando les conviene? Que tomen una doble ración de Europa. Ahora deben devolver miles de millones de euros.

Esto no hace que cambie mi impresión sobre Europa, aunque reconozco, como lo vengo haciendo desde hace tiempo, que buena parte de la jurisprudencia que últimamente nos llega del TJUE, en general, es bastante más liberal que la de los tribunales españoles. Que una institución de la UE haya tenido que venir a salvaguardar los derechos de unos ciudadanos pisoteados por la banano-cracia española, en todo caso, lo que dice es muy poco a favor de nuestro país, más que hablar bien de la UE. El TJUE lo que se ha limitado es ha declarar algo que era jurídicamente evidente. Lo que habrá que hacer es luchar por que esas instituciones españolas cambien para defender los derechos de las personas y no sólo los intereses de la camarilla de los más poderosos, no estar esperándolo todo de unas instituciones europeas que tanto daño han hecho en otras cosas.

Y una cosa más. Como he dicho al principio, las luchas se ganan haciendo las cosas bien, no yendo de conspiranoico-guay-nihilista-hippy. Sabiendo dónde informarse uno bien, aprendiendo a moverse por la administración y la burocracia, protestando por escrito, denunciando, aprendiendo leyes y economía seria y de verdad, no pseudoeconomía vudú… precisamente, los defensores de las conspiranoias y la pseudoeconomía vudú eran en este asunto los mayores defensores de la banca, ¿no os parece curioso? ¿Y no es curioso también que suelan ser los mismos que hablan de “desregular las finanzas” y los de “la gente sabía perfectamente lo que estaba firmando”?

A los bancos y a este “sistema” les importa una mierda que te dediques a tupir un foro conspiranoico en Internet diciendo que la crisis la han orquestado los bancos centrales por culpa de que no tenemos patrón oro o que “el dinero es deuda”. Es más, les conviene que haya más tontos conspiranoicos como tú que no se sepan defender o que, directamente, ni actúen. Lo que temen es cuando la gente aprende a usar las armas de que dispone, propinándoles una derrota como la que acaban de sufrir, a diferencia de los conspiranicos y magufos que desvían a la gente de las formas de luchar con eficacia que existen.

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Un poco en relación con lo anterior me voy a referir a un artículo publicado en la web del instituto anarquista y extremista Juan de Mariana (IJM) con el que tuve la desagradable sorpresa de encontrarme hace unos meses:

https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/preferentes-ni-fraude-ni-estafa-ni-engano

Sobre esta gente del IJM ya no sabría decir si es que tienen algún problema de sociopatía o es que, sencillamente, les va eso de la provocación. Este texto de Manuel Llamas es de hace unos tres años. Para Llamas, (probablemente un sujeto aún peor que su colega Rallo… además de un tipo muy repelente, si alguna vez lo habéis escuchado hablar), que los suscriptores de las participaciones preferentes de Bankia y otras entidades bancarias fueran engañados mediante todo tipo de ocultaciones sobre las características de las mismas (Bankia, por ejemplo, ocultó que las agencias de rating habían calificado sus preferentes como “bonos basura”) para crearles una impresión de que estaban adquiriendo un producto financiero de poco riesgo es comparable a pretender demandar a Red Bull porque su producto no “te da alas” o a un lotero que diga que lleva El Gordo y que te toca seguro porque cuando se celebre el sorteo no te toque.

Lo que no dice este personaje falaz es que la cuestión jurídica sobre las participaciones preferentes no es que sean una estafa o un fraude en sí mismas o que no esté prohibido vender productos financieros de alto riesgo y gran complejidad a consumidores minoristas. Las participaciones preferentes son legales y están reguladas por la Ley 13/1985, de 25 de mayo, sobre Coeficientes de Inversión, Recursos propios y Obligaciones de Información de los intermediarios financieros, que las define como parte de los recursos propios de las entidades de crédito. Lo que Llamas se calla como un puto es que, precisamente, por su gran complejidad y alto riesgo, la normativa vigente obliga a las entidades bancarias a extremar sus cautelas y sus funciones de asesoramiento cuando se trata de comercializar estos productos a clientes minoristas (es decir, gente que no es profesional de la inversión ni del sector financiero), como así está reconociendo la jurisprudencia que está condenando a casi todos los bancos. QUE ES LO QUE NO HICIERON LOS BANCOS cuando empezaron a colocar masivamente sus preferentes a este tipo de clientes a partir de 2009 (aunque ya se sabe que a Llamas eso de normas reguladoras le sonará a “estatista” o “sociata”).

Otra de las cosas que obvia este tío es que la mayoría de tribunales han declarado que el proceder de las entidades financieras a la hora de “asesorar” a sus clientes presenta todas las características de la maquinación dolosa dirigida a inducir a la otra parte a contratar del artículo 1269 del Código Civil: “Hay dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiera hecho”.

De las dos partes contratantes, el banco (o los asesores del banco, más bien) es la que tiene todo el conocimiento tanto de los mercados como de las características y riesgos de los productos financieros que ofrecen a sus clientes, quienes, en su gran mayoría no es que sean muy duchos en estos temas. Precisamente, la legislación que obliga a los bancos a extremar las precauciones al asesorar y asegurarse de que el cliente conoce plenamente qué es lo que está contratando tiene como fin igualar un poco a las partes contratantes. Para Llamas y los marianitas, eso da igual, porque ya se sabe que no hay nada más “libre” y “democrático” que el “mercao” sin restricción ni regulación alguna.

Posteado por: Javier | diciembre 19, 2016

En defensa del Colegio Electoral americano

Nuevo artículo de Liberalismo Democrático que tengo el placer de compartir, sobre el sistema del Colegio Electoral en EEUU.

RECORDEMOS: hoy se reúnen los compromisarios del Colegio Electoral para decidir si ratifican a Donald Trump como presidente de los EEUU. Normalmente, esto no sería más que un mero formalismo, Trump, con sus 306 votos electorales, sería elegido sin problemas, pero el magnate neoyorkino parece incapaz de librarse de la controversia. Como Hillary Clinton superó a Trump en el voto popular (por 2,8 millones), pero no logró hacerse con los estados clave suficientes para llegar a los 270 votos electorales (algunos de esos estados los perdió por un puñado de votos), algunos en EEUU están cuestionando el sistema, incluso hay campañas reclamando a los compromisarios que no voten por Trump.

No nos engañemos. La razón de este cuestionamiento del sistema del Colegio Electoral por parte de algunos en EEUU es, lisa y llanamente, que el vencedor en votos electorales ha sido Trump (aunque el propio Trump también cuestionó el sistema hace unos años y lo calificó de “antidemocrático”, eso es cierto), el candidato presidencial más controvertido en muchísimo tiempo.

Pero el sistema ha funcionado razonablemente bien a lo largo de algo más de 200 años a la hora de compensar el valor del voto entre los habitantes de los distintos estados. Clinton ganó el voto popular por un porcentaje considerablemente mayor que sus homólogos en las elecciones de 2000 y 1888 -Al Gore y Grover Cleveland, respectivamente- aunque por un margen más estrecho que Samuel Tilden en 1876. Aparte de esta ocasión, han sido sólo cuatro las elecciones en que el ganador del voto popular no ha obtenido la mayoría del Colegio Electoral.

Junto con los del artículo, para mí, otro de los argumentos fundamentales contra la abolición del Colegio Electoral es el mismo que tenían en mente los Padres Fundadores: el de que los votantes en un estado grande, pero altamente atípico, podrían imponer su voluntad a toda una nación con ideas contrarias. En 1787, ese estado más grande era Virginia, hogar de cuatro de los cinco primeros presidentes. Actualmente, ese estado es CALIFORNIA (o “Méxica-lifornia”, si prefieren). Sin el Colegio Electoral, actualmente sería California, un estado aislado y sentimentalmente bastante alejado del resto del país, pero con un potencial poblacional brutal, quien “de facto” gobernaría EEUU. En un sistema de voto popular, los votantes de este estado geográficamente distante y culturalmente distinto, cuyo desdén por los habitantes de la “América profunda” se asemeja al desdén imperial de Londres por las “razas menores” que gobernaba durante la época victoriana, podrían imponer algo como el dominio colonial sobre el resto de la nación norteamericana (siendo más claros aún, el desdén que siente la progresía urbanita y “mainstream” por los obreros blancos del interior que han votado a Trump, del que he hablado en entradas anteriores). Eso aparte de la injusticia de que estados tan pobladísimos como California (o Nueva York) recibieran una atención desproporcionada de los candidatos, condenando prácticamente al ostracismo a los habitantes de las zonas rurales poco pobladas y cuyo voto no tendría prácticamente peso. Suena exactamente como lo que los Fundadores se esforzaron por prevenir.

Yo también suscribo las palabras del gran estadista Alexander Hamilton (protestante presbiteriano), plasmadas en El Federalista a fines del siglo XVIII.

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En Europa, como es de esperar, siempre se critica el Colegio Electoral americano así como algunas voces incautas dentro de Estados Unidos. Pero lo cierto es que el Colegio Electoral ni es un desastre ni es “anticuado” y es tan absolutamente imprescindible para la República Federal anglo-norteamericana como lo fue en 1787.

El Colegio Electoral es una parte fundamental del federalismo como concepto. Su orígen se encuentra en la Convención Constitucional de 1787 y fue un acuerdo importante entre los estados pequeños y grandes. La otra parte del acuerdo fue la de otorgar dos senadores por cada estado independientemente de su población. Eso es DEMOCRÁTICO e igualitario. ¿Por qué un señor que tuvo la suerte de nacer en un estado más importante en población debe tener más representación que un granjero en Alabama?

El Colegio Electoral garantiza que el apoyo a un candidato sea profundo y amplio. Por ejemplo, si un candidato recibe el 65% de los votos en una zona muy poblada de país pero pierde por mucho en las zonas rurales del “corazón de América”, no podrá ganar la Presidencia. El Colegio Electoral dificulta muchísimo que un candidato regional, popular en zonas urbanas, pueda ganar sin también caerle bien a otros sectores de la población federal.

Si eliminaran el Colegio Electoral, los candidatos presidenciales solo tendrian que centrarse en centros urbanos y las zonas rurales serían totalmente ignoradas. Flaco favor a la igualdad de todos los ciudadanos en una república federal que es el mejor sistema que el mundo haya conocido hasta la fecha.

Otra razón para mantener el Colegio Electoral es que el sistema americano es racional y no emocional. Por ejemplo, un candidato que reciba la mayoría del voto popular casi también tendrá la mayoría del colegio electoral. Sin embargo, si el voto popular no es muy amplio, entonces el candidato con la MEJOR DISTRIBUCIÓN del voto popular obtiene la mayoría absoluta de los votos.

Siguiendo –

El C.Electoral también sostiene el sistema bipartidista porque dificulta, casi lo hace imposible, que surja un tercer partido que pueda ganar suficientes votos pòpulares para poder tener una oportunidad de gobernar o estar en el Congreso. Eso garantiza un sistema mucho mas estable para la nación y protege la presidencia de las pasiones que engendran además gobiernos de transición, como ocurre en la siempre inestable Europa. Eso de tener muchos partidos es un fenómeno europeo, pero no por ser europeo es mejor…más bien yo diría, que por ser europeo es bastante peor. El multipartidismo permite el auge de partidos extremistas y fascistas como ocurre en la Europa continental…o también partidos inútiles, como Podemos en España. En un sistema como el norteamericano, el “Coletas” estaría en el Club de la Comedia o en su respectiva facultad…diciendo tonterías, pero no estaría representando a nadie en un gobierno.

Si EEUU cambiara a un sistema de voto popular directo para el presidente, crearia un incentivo para que decenas de mini-partidos se junten para intentar impedir que se forme un gobierno. Esto es precisamente lo que pasó hace poco durante MESES Y MESES en España y a menudo pasa en muchos países latinoamericanos. Sería una tragedia para el planeta si EEUU adoptáse sistemas latinos y afrancesados para sus elecciones y políticas domésticas.

También el Colegio Electoral elimina el incentivo o la necesidad de recuentos de votos. Por ejemplo, si el voto popular fuese demasiado estrecho para el margen, los candidatos exigirían recuentos en esos estados si pensaran que van a conseguir más votos que su enemigo. Sería costoso, lento y conflictivo. Imaginaos lo que pasó en Florida, que es solo UN estado, en el 2000 a nivel ¡nacional! ANARQUIA PURA Y DURA.

No olvidemos que estamos hablando de los ESTADOS UNIDOS de América, NO SON LOS PUEBLOS UNIDOS de América ni LOS CIUDADANOS UNIDOS. SON LOS ESTADOS UNIDOS.

El voto de “la mayoría” suena muy bien, quizá para los que piensen que las elecciones de un país deben ser igual a un concurso de popularidad o el Gran Hermano…pero las cosas no funcionan así en sistemas serios.

Los autores de la Constitución vieron el problema precisamente porque se dieron cuenta que en aquél entonces, Virginia era el estado más poblado. Sabian que el candidato de Virginia siempre ganaría las elecciones por su población. Por eso crearon un sistema bi-partidista permanente que l dio poder a los grandes estados sin ignorar a los demás.

El sistema también permite convertir temas locales en preocupaciones nacionales y ha servido para unir el país. Y bueno por si nada de esto fuera suficiente para convencerte, al menos debes sentir agradecimiento que gracias al colegio electoral, Kanye West no pudo presentarse como candidato a la Presidencia.

Señores, hoy día 19 de diciembre el Colegio Electoral tendrá que elegir si finalmente otorga la Presidencia a Donald Trump. Me limitaré a citar el genio de Hamilton – en una obra que todavía me provoca intenso interés y admiración – el FEDERALISTA. Dice así en su Sextoagesimoctavo artículo: “El proceso electivo nos da la certidumbre moral de que el cargo de Presidente no recaerá nunca en un hombre que no posea en grado conspicuo las dotes exigidas. La habilidad en la pequeña intriga y en esos bajos trucos que provocan la popularidad, puede ser suficiente para encumbrar a un hombre hasta el primer puesto en un Estado determinado; pero se necesitará otra clase de talento y méritos muy distintos para ganarse la estimación y la confianza de toda la Unión o de la importante porción de ésta que será necesaria para convertirlo en candidato triunfante para el eminente cargo de Presidente de los Estados Unidos. No será exagerado afirmar que existe la probabilidad continua de ver ese puesto ocupado por personalidades destacadas por su capacidad y su virtud. Y esto no recomienda poco la Constitución a los que son capaces de estimar la parte que necesariamente le corresponde al Ejecutivo en la buena o mala administración de todo gobierno. Aunque no estamos de acuerdo con la herejía política del poeta que dice:

‘En cuanto a formas de gobierno, que disputen los locos,
que la que mejor se administra es la mejor’,podemos, no obstante, afirmar sin temor a equivocarnos que la verdadera prueba de un buen gobierno es su aptitud y tendencia a producir una buena administración.” Que sirva eso como una seria advertencia a los electores el día 19. No voy a comentar más porque creo que se entiende perfectamente lo que quiero decir.

Posteado por: Javier | diciembre 7, 2016

Setenta y cinco años de la infamia de Pearl Harbor

Setenta y cinco años de la agresión nipona en Pearl Harbor. Menos mal que quien estaba al mando era Roosevelt, y no uno de estos hippies del “haz el amol y no la guerra” (Roosevelt, por cierto, probablemente ha sido el presidente más izquierdista que han tenido los norteamericanos, pero nada que ver con lo que actualmente se entiende por “izquierdismo”). Ante el ascenso de Hitler en los años 30, Roosevelt inició el rearme de EEUU, pero no pudo intervenir inicialmente en Europa para acabar con la amenaza del nazismo debido a que la ley americana consagraba el aislacionismo y la neutralidad norteamericana en el exterior. Esto se rompió cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor en diciembre de 1941 (y cuando a Hitler le entró el arrebato, varios días después, de declarar la guerra a EEUU, una de las decisiones estratégicas más estúpidas, junto con invadir la URSS, de la II Guerra Mundial). Declarado el estado de guerra, el país entero se movilizó para suministrar armamento y participar con soldados en el conflicto. Se puso en marcha una economía orientada a suministrar armas, construir barcos y aviones, y a reponer material para la guerra. Un tumor cerebral que acabó con su vida el 12 de abril de 1945 no le permitió ver la victoria en la II Guerra Mundial.

Gracias a EEUU e Inglaterra (y es cierto que también gracias a la URSS) Europa se libró de convertirse en una colonia nazi-alemana, aunque al ir a la guerra, en primer lugar, lo que hicieran fuera protegerse a sí mismas, obviamente, su seguridad y sus intereses nacionales. Una de las grandísimas diferencias entre las culturas católicas y las protestantes es el sentido de tomar decisiones trascendentales cuando están en juego intereses como la seguridad o la soberanía nacional. EEUU, Australia, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelandia…a la hora de la verdad, cuando tienen que tomar una decisión difícil, lo hacen sin vacilaciones. Aunque por el camino también cometan errores estratégicos y numerosas pifias, de eso nadie está exento.

En este histórico discurso ante el Congreso, en el que declaró la guerra a Japón, Roosevelt manifestó que aquel era “un día infame para siempre”.

En este sentido, tengo que decirlo, no me pareció nada bien que en su visita a Japón del pasado mes de mayo Obama casi pidiera perdón por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki: “Japón bombardeó a Pearl Harbor y EEUU bombardeó Hiroshima, todos somos culpables”. Pues NO, no hay equivalencia moral. Pearl Harbor fue una agresión criminal por parte del régimen militarista japonés, que, aparte de ello, cometió en Asia atrocidades mucho mayores, equiparables a las de los nazis, e Hiroshima y Nagasaki el resultado final de cuatro años de esfuerzos brutales para derrotar a Alemania y Japón. EEUU simplemente tenía una obligación de proteger las vidas de sus hombres y la cumplió, así como la de finalizar la guerra de la forma más rápida posible (acabando de rebote, aunque no fuera su cometido, también con la pérdida de más vidas de japoneses). Los militares japoneses no tenían el menor reparo en continuar con una enorme sangría de vidas en un bando y otro, dado que poco les importaba que entre su propia población se produjera una auténtica carnicería. No era más valorable la vida de un habitante de Hiroshima o Nagasaki que la de un soldado de los EEUU: las dos estaban en grave riesgo en caso que la guerra hubiera continuado de forma convencional (y, como dijo el general George Patton: “La guerra no consiste en morir tú por tu patria, sino en hacer que otro hijo de puta muera por la suya”). Tampoco valían más que las de aquellos que hubieran muerto en un alargamiento innecesario de la guerra. Lamentar la pérdida de vidas en cualquier otro de los campos de batalla de la II Guerra Mundial es tan legítimo como con las de Hiroshima y Nagasaki, por más que el uso del arma atómica les confiera a éstas más espectacularidad y dramatismo. Pero esto no es una cuestión sentimental, sino de analizar las alternativas que existían sobre la mesa. Y es indudable que las bombas atómicas aceleraron la llegada de la paz y cortaron una pérdida de vidas que hubiera sido aún mayor de no utilizarse.

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Al hilo de lo anterior, en este corto video vemos a Margaret Thatcher diciendo que Inglaterra, junto con los EEUU, han sido los mejores, en comparación con la Europa continental, a la hora de derrotar la tiranía y el fascismo. (lo siento sólo está en inglés). Como no podía ser de otra manera, dice que en España tuvimos fascismo, junto con Italia y Alemania, y que Inglaterra en ese sentido ha sido superior. Hay peperos que tratan de disculpar a Franco, incluso lo ha hecho una que quería ser “la Thatcher española” (no hace falta decir quién es, lo sabemos todos): pues aquí tenemos a una representante de la DERECHA PURA Y DURA hablando sin tapujos de un pasado FASCISTA en España (también es verdad que es derecha anglosajona y protestante, que nada tiene que ver, en ese sentido, con la derecha española). Yo la verdad es que echo de menos a gente tan dura, clara y sin complejos a un lado u otro del espectro ideológico, nada que ver con el adocenamiento actual. En muchas cosas no estoy de acuerdo con Thatcher, pero, al menos, era una de ellos. Al parecer, a la sueca europeísta que la entrevistaba no le gustó nada que la Margaret dijera la verdad sin complejos. Como Thatcher era una señora, lógicamente no dijo directamente que Inglaterra es superior a Suecia, pero a buen entendedor...


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Otra perla de la Dama de Hierro: defendiendo el hundimiento del Belgrano durante la guerra de las Malvinas. No se podía consentir la chulería de la grasienta y bananera dictadura militar argentina y ese barco era una amenaza para los marineros británicos: a pique con él. Este sí lleva subtítulo en español.

Todos los países soberanos tienen derecho a hundir barcos o aviones que violen un espacio marítimo o aéreo restringido, o que supongan una amenaza para la seguridad de tus soldados o tu población civil en tiempos de guerra. Thatcher tuvo políticas claramente criticables, pero no por ordenar una acción que sólo puede entenderse en un contexto de guerra o en favor de la seguridad nacional.

En cualquier caso, aquí vemos lo que es una gobernante dando la cara y asumiendo responsabilidades. Qué diferencia con la banano-cracia española, ¿a que sí?

Posteado por: Javier | noviembre 30, 2016

¿Absolverá la historia a Fidel Castro?

La muerte de Fidel Castro no podía provocar otras reacciones más que aquellas tan encontradas como ha producido a lo largo de su vida un personaje tan controvertido. Parte de la izquierda ha lanzado estos días poéticos panegíricos como si quien ha fallecido hubiera sido en vida un ángel de luz, y parte de la derecha ha descorchado el champán por la desaparición de quien ven como el peor de los peores demonios que han pisado la faz de la tierra. Sobre Castro se han vertido todo tipo de estereotipos, odios y loas. Es difícil, casi imposible, llegar a la persona. Muchos demandan militancia, trinchera, nada de grises, nada de contexto, nada de peros. De un lado u otro, a veces es complicado diferenciar qué es información y qué es propaganda. Unos, a la mínima discrepancia, te van a tachar de “imperialista”, “mercenario” o contrarrevolucionario” y otros de “vil comunista”. Aviso, pues, que esta entrada no será del agrado de unos ni de otros.

Antes de la Revolución, Cuba simbolizaba el colonialismo en su forma más perniciosa. Su guerra de la independencia frente a España fue apropiada por los EEUU, cuyo gobierno afirmó la victoria como propia y reescribió la constitución del nuevo país independiente para asegurar su predominio. El azúcar de Cuba pasó a ser controlado por los intereses norteamericanos, que mantuvieron a la isla en una condición servil. La Revolución Cubana vino a derrocar una dictadura viciosa, la de Fulgencio Batista, infestada por lo peorcito de la mafia venida del país useño.

Todo eso terminó el 1 de enero de 1959. Un EEUU confiado en su dominio mundial fue desafiado por una pequeña isla caribeña. Y todos los países ocupados y colonizados en el Tercer Mundo se levantaron y lo celebraron. Al parecer, el gigante tenía los pies de barro, después de todo.

Una y otra vez, Fidel Castro se negó a rendirse ante la amenaza o el chantaje. Es esa negativa lo que explica la furia ciega y la ira de sus enemigos. Las administraciones republicanas y demócratas mantuvieron el asedio de Cuba durante seis décadas (aparte de los intentos de asesinato del propio Castro), gritando con incredulidad por su propia ineficacia. La principal medida, no obstante, ha sido el embargo, que comenzó justo después de que Castro confiscase las refinerías de Shell, Esso y Texas Oil por negarse a procesar el crudo soviético. De ahí partió una escalada de medidas que finalizó con el establecimiento de un embargo que los sucesivos presidentes fueron agravando con nuevas prohibiciones. Ese embargo, que sin duda ha hecho daño, ha sido la gran coartada del régimen: le ha permitido tapar sus errores, sobre todo los de su política económica. También le ha empujado a enrocarse y endurecer la represión de la disidencia. Es un embargo inútil que logrado lo contrario de lo que perseguía. Obama fue el primero en reconocerlo hace un par de años.

Esta voluntad de resistencia del régimen fue la que frustró la invasión de 1961, apoyada por la CIA, en la Bahía de Cochinos. Sin embargo, la Crisis de Misiles de 1962 mostró al liderazgo de La Habana que el apoyo de la Unión Soviética era condicional y que Cuba era un pequeño actor en un juego de poder global. Distanciándose brevemente de Moscú, ese fue el momento en que el país pasó a su fase más radical, uniéndose a las luchas de liberación del Tercer Mundo en un frente común que se extendía desde América Latina hasta Vietnam. Ese fue el momento en que Cuba inspiró y simbolizó el resurgimiento de los oprimidos.

La muerte del Che Guevara en Bolivia en octubre de 1967, sin embargo, fue una encrucijada para la Revolución. También en Perú, Guatemala y Venezuela el intento de repetir la experiencia cubana había fracasado con consecuencias desastrosas. Fidel Castro, siempre preocupado en primer lugar por la supervivencia de una Cuba sometida a un cerco vicioso y atrapado por sus limitaciones económicas, se retiró de la estrategia guerrillera. Un año más tarde, el fracaso de la cosecha de azúcar de 1969 marcó el final de esta estrategia. Cuba cayó totalmente bajo el abrazo soviético.

Después de la invasión de Bahía de Cochinos, Castro declaró que la Revolución era socialista. Hasta entonces siempre lo había negado. Fidel Castro lo que siempre había sido era un patriota y nacionalista cubano y su preocupación principal era la soberanía nacional de Cuba, aparte de haber tenido como referentes, más que a Marx y Lenin, a José Martí y Abraham Lincoln. Probablemente, en ese momento pensó que declararse marxista-leninista era la única salida que le quedaba, aunque eso significase reconocer la dependencia de Cuba de la Unión Soviética. En este contexto, se entendía que el socialismo significaba un estado centralizado fuerte según las líneas soviéticas. Esto coincidía con las opiniones de Castro y Che Guevara acerca de cómo se ganan las revoluciones, por las acciones de grupos pequeños y dedicados que actúan en nombre del movimiento de masas. Cuando los soviéticos invadieron Checoslovaquia en 1968, Castro apoyó la acción, confirmando una vez más la dependencia de Cuba de la Unión Soviética y la naturaleza del nuevo estado a raíz de la muerte del Che. Pero en el sur de África, Cuba mantuvo una política exterior propia. Durante los años 70, el papel de las fuerzas cubanas fue clave para derrotar las insurgencias derechistas y mantener la reputación antiimperialista de Castro. Durante la “Operación Carlota”, entre 1975 y 1991, el contingente de 52.000 soldados cubanos desplazados a África derrotó en los campos de batalla de Angola a los ejércitos de Zaire y de la Sudáfrica del apartheid, ambos apoyados financieramente por EEUU. La derrota sudafricana en la batalla de Cuito Cuanavale, en enero de 1988, a manos de las tropas angoleñas y cubanas, está considerada como uno de los hechos que precipitó el fin del régimen racista del apartheid (de ahí la amistad que en vida mantuvieron Nelson Mandela y Fidel Castro). Sin embargo, en el Cuerno de África, las tropas cubanas defendieron al gobierno de Etiopia, aliado de los intereses regionales soviéticos, reprimiendo brutalmente los movimientos de liberación interna.

Pero, a pesar de todo, Fidel nunca fue un obediente subordinado. Utilizó su extraordinario carisma e influencia para disparar tiros de advertencia ocasionales hacia Moscú, por un lado, y para reforzar su control personal del estado por el otro. Los sobrevivientes de la guerrilla, que embarcaron en el “Granma” en 1956 y derribaron la dictadura de Batista se mantuvieron, en su mayor parte, en el centro del poder en las cinco décadas que siguieron. El socialismo que Castro defendía no se parecía mucho a la “autoemancipación de la clase obrera” de la que había escrito Marx en el siglo anterior, sino que más bien era un socialismo con una estructura de mando similar a la del ejército guerrillero en el que Fidel había sido comandante en jefe. Lo que mantuvo en pie el sistema fue tanto la incontestable autoridad de Fidel como la incesante hostilidad de EEUU, que no sólo intentó asesinarlo cientos de veces, sino que estaba dispuesto a someter a la población cubana a la sumisión.

Bajo estas duras condiciones, el sistema que los revolucionarios construyeron dejó algunas ganancias. Las más célebres fueron los sistemas eficientes y universales de salud y educación. ¿Perfectos? Ni mucho menos, pero hablamos siempre de los estándares de vida dentro del Tercer Mundo y dentro del contexto caribeño en que está Cuba, es decir, el de un país con escasos recursos, que en muchas ocasiones se ve forzado a racionar, y sometido a un embargo comercial de medio siglo de la primera potencia mundial. Dentro de lo malo, es muy preferible caer enfermo en Cuba a hacerlo en la mayoría de sus países vecinos. Pese a las carencias materiales, el régimen cubano ha conseguido que su población se mantenga sana con una esperanza de vida similar a la de los países del Primer Mundo. La mortalidad infantil está en unos índices incluso inferiores a los de países como EEUU y la medicina cubana ha sido la primera en conseguir frenar el contagio del VIH de la madre embarazada al feto. Tampoco existe el analfabetismo ni el trabajo infantil. A diferencia de otras castigadas naciones hispanoamericanas, los niños cubanos no trabajan para sobrevivir limpiando las botas o lavando los lujosos coches de los que trafican en la bolsa, ni conocen el hambre o la esclavitud. No mendigan ni roban, ni se prostituyen. Tampoco existen redes de prostitución ni trata de blancas. Más allá de eso, la vida cotidiana era difícil, incluso antes de la retirada de la ayuda soviética y el “período especial” que siguió, lo que llevó a la isla al borde del desastre. Fue la solidaridad colectiva y el sacrificio lo que impidió el colapso de entonces. Sin embargo, ya existía un grave descontento expresado en el absentismo laboral o en la desilusión de muchos de los veteranos de las guerras africanas, por ejemplo, ya que muchas esperanzas puestas en su día en la Revolución resultaron ilusorias. Si bien existía una provisión social básica, los bienes de consumo escaseaban y la disidencia era tratada con dureza, con los matices a esto que se quiera, cualquiera que fuese su forma.

La extrema concentración de poder (los principales órganos del Estado estaban dirigidos por un par de docenas de líderes “históricos” bajo el control de Fidel) en la parte superior de la pirámide ahogaba cualquier posibilidad democrática. Las instituciones políticas eran controladas centralmente en todos los niveles. Órganos locales, como los Comités de Defensa de la Revolución, mantuvieron la vigilancia en contra de la disidencia. Era relativamente sencillo descartar los llamados a la democracia de los críticos internos como “propaganda imperialista”, en lugar de una reivindicación legítima de los trabajadores de que un socialismo digno de su nombre los transformaría en sujetos de su propia historia. La información pública sólo estaba disponible en forma impenetrable en el diario estatal “Granma”, y las instituciones del Estado en todos los niveles eran poco más que los canales para la comunicación de las decisiones de la dirección central. Una burocracia opaca, responsable sólo consigo misma, con acceso privilegiado a bienes y servicios, se volvió cada vez más corrupta en el contexto de una economía reducida a la provisión del mínimo para subsistir.  Las llamadas ocasionales de Castro a la “rectificación” eliminaron a algunos individuos problemáticos, pero dejaron intacto el sistema.

Sin embargo, Cuba sobrevivió, debido en buena parte a los agudos instintos políticos de Fidel ya su voluntad de encontrar aliados donde quiera que pudiera a raíz de la caída del comunismo en Europa del Este. Después, desaparecida la URSS y tras un periodo duro de carestía, encontró a Hugo Chávez y el petróleo de Venezuela. Muerto Chávez y con el precio del petróleo por los suelos, llega un salto mortal inesperado: ahora toca bailar con EEUU. La realidad era que, después de todo, lo que se había presentado en la isla era una interpretación autoritaria del socialismo que, por ejemplo, podía permitir (durante una época) la represión de los homosexuales (aunque, dado que los libegales utilizan esto de la “represión castrista a los gays” como un argumento muy manido, no neguemos que cuando esto ocurría en Cuba, la homosexualidad era algo considerado como delictivo en gran parte del mundo occidental e incluso, entre otras cosas, Gran Bretaña había esterilizado al héroe de guerra Alan Turing), la negación de la crítica y el surgimiento del régimen que ahora prevalece en Cuba, donde un pequeño grupo de burócratas y comandantes militares gestionan y controlan la economía. Serán los beneficiarios de la reentrada de Cuba al mercado mundial (particularmente, al de EEUU), no la mayoría de los cubanos, algo más o menos similar a lo que sucedió en la URSS tras la perestroika y el desplome de su imperio euroasiático.

Por mucho que se entiendan las circunstancias y el contexto que rodeó a la Revolución Cubana, hay que decir que hoy día es un emperador que está desnudo.

¿Qué circunstancias y contexto fueron estos?

Durante la época Guerra Fría, diversos gobiernos y movimientos izquierdistas democráticamente elegidos en América Latina fueron derrocados en golpes militares, sometidos a la guerra económica y atacados por paramilitares derechistas. Fue entre otros, el caso de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954. Aquellos regímenes militares instituyeron desapariciones masivas de la gente que mataban, tiraban a los disidentes al mar desde aviones y helicópteros o ejecutaban torturas como introducir electrodos a mujeres por la vagina. En buena medida, aquello fue la causa de que tantos izquierdistas perdieron la fe en una ruta democrática hacia el poder en este período. En realidad, Fidel Castro no acabó con la democracia porque NO HABÍA democracia. Castro ya había intentado cambiar el sistema desde dentro como político y acabó en la cárcel. Y al igual que el Che Guevara en Guatemala, él había estado en Colombia cuando asesinaron al gran liberal Jorge Eliécer Gaitán y llegó a la conclusión de que la vía pacífica no conducía a ninguna parte. La Revolución Cubana se produce en un contexto como el de los año 50 en América Latina, el de un continente totalmente avasallado, con pobreza extrema y una élite antidemocrática que TAMBIÉN ERA VIOLENTA. Sin tomar en cuenta eso, no se entiende como se llegó a que se produjera el movimiento revolucionario armado que comandó Castro.

Fidel Castro surge como una figura en medio de una cultura autoritaria, caudillista y tirana como la de América Latina, que no puede producir de la noche a la mañana dirigentes con una vocación descentrada del poder. Castro fue un producto del mundo en que vivió. Cambio muchas cosas, pero su visión individual del poder no la cambió.

La Revolución fue brutal nada más triunfar, con los fusilamientos de los antiguos colaboradores de Batista. No es la única que vez, no obstante, que ha ocurrido en la historia, sin que los protagonistas o los movimientos hayan sido calificados de tiránicos. Castro, como he mencionado antes, era un gran admirador de Abraham Lincoln y hay que recordar que Lincoln tuvo que suspender algunas libertades y suprimir el habeas corpus, incluso practicó fusilamientos sumarios de conspiradores sudistas que actuaban como terroristas en el territorio de la Unión. Y nadie, salvo que sea un libertariano alocado o un fascista, dice que Lincoln fuera un “tirano” por ello. Hay ocasiones en que debes ser duro con totalitarios que buscan destruir las libertades que con tanto sufrimiento te ha costado conquistar. Si la cuestión es porqué todavía hay presos por motivos ideológicos en Cuba, pues sí, ahora eso no tiene justificación ninguna. Pero el contexto en los 50 y 60, con una CIA cometiendo asesinatos de opositores políticos y financiando golpes de Estado por toda Hispanoamérica, colaborando con las operaciones cóndor y creando la Escuela de las Américas, era otro. Entonces era una lucha a vida o muerte. No es sólo el caso de Lincoln. El mismo Oliver Cromwell en Inglaterra tuvo que ser duro con los opositores absolutistas y católicos, como ocurrió en otros países donde se instauró el protestantismo. En muchos países, en épocas pasadas han expulsado a los jesuitas. En condiciones normales, eso iría contra la libertad religiosa, pero hay que conocer la historia negra de los jesuitas para entender eso. Sankara lo fue también nada más llegar al poder en Burkina Faso, etc. En Francia también. Robespierre era radicalmente contrario a la pena de muerte, e incluso se sabe que los guillotinamientos y la suspensión de algunas libertades le causaban un gran conflicto moral con sus convicciones democráticas, pero se tragó sus sentimientos. Churchill y Roosevelt convirtieron al Reino Unido y a EEUU durante la II Guerra Mundial en estados que “de facto” eran de partido único, aunque sólo fuera por un tiempo. En EEUU tener orígenes italianos, japoneses o alemanes te podía colocar en el punto de mira del gobierno federal. Hay épocas que son muy complicadas y en que tienes que tomar decisiones muy duras para tus propias convicciones cuando hay alguien que trata de utilizar la libertad como un chollo para acabar con la tuya.

También podemos admitir que sus mayores enemigos morales e ideológicos no son mejores de lo que fue Castro en vida, ni tienen mucho más de lo que presumir. Vivimos en un mundo en que la democracia es socavada por las élites neolibegales que justifican atrocidades como apoyar a la petromonarquía teocrática saudí mientras asesina impunemente en Yemen, por no hablar del apoyo a guerras, golpes de estado y asesinatos patrocinados por nuestros gobiernos (los mismos que aquí se dedican a corroer cada vez más la democracia), así como políticas que condenan a la miseria a millones de personas. Aún así, vemos ejemplos de hipocresía como lo ocurrido estos días en el Reino Unido: condenar la declaración de Jeremy Corbyn sobre Castro cuando el gobierno británico puso las banderas a media asta para llorar la muerte de su aliado teócrata saudí. Los mismos que exigen condenas retóricas al régimen cubano no suelen tener problemas en hacer negocios con otras tiranías atroces como China. Los partidos políticos son cada vez más meras franquicias del mismo sistema, vendido a entidades supranacionales y antidemocráticas como la UE o mundialistas, como el FMI o el Banco Mundial, que no son más que simples garantes de los intereses de las élites neofinancieras.

Los neolibegales tratan de convencernos de que algunas libertades políticas formales son suficientes, o con ir a votar cada cuatro años, sólo con eso tenemos una verdadera libertad. Pero no es sólo eso. La libertad humana está limitada por muchas cosas, incluso por el sistema económico bajo el cual vivimos. Está limitada por la opresión económica. Si no puedes darte el lujo de comer suficiente comida, no es libre. Si estás mal alojado, no eres libre. Si vives bajo el capricho de un empleador despótico, no eres libre. Si pasas la mayor parte de tu vida preocupándote por cómo te vas a permitir vivir cómodamente, no eres libre. El régimen castrista, con muchas limitaciones, dificultades materiales y también errores, ha tratado de paliar un poco eso. También ha tratado de levantar la dignidad de los cubanos como país, defender su soberanía nacional e inspirarles patriotismo. Pero nunca ha ofrecido una verdadera libertad política, ha incumplido esa promesa. Cuando se sufren privaciones materiales no hay verdadera libertad, pero sin libertades políticas, tampoco. Se puede analizar objetivamente y comprender el fenómeno de la Revolución Cubana en su época y su contexto geopolítico, pero, obviamente, no es el modelo alternativo al neolibegalismo vigente y al sistema cada vez más pseudodemocrático en que vivimos en Occidente, por más que tenga su aquel de romanticismo y mito todavía para mucha gente. Ya quisieran los neolibegales decir “esto es o nosotros, o, si no, la Cuba de los Castro” (bueno… en realidad, lo insinúan mucho).

Desde el año 2006, Castro tuvo relativamente pocas apariciones públicas. Su muerte será lamentada sobre todo en el Tercer Mundo, puesto que Cuba representó durante mucho tiempo para ellos una posibilidad de liberación de la opresión imperialista y neocolonialista. Su propia supervivencia, pese a las dificultades, inspiró esperanza. Y sin embargo, el estado que Castro construyó es un recordatorio de que no puede haber liberación que valga su nombre sin una democracia profunda y radical.

Posteado por: Javier | noviembre 23, 2016

Españoles, Rita Barberá… ha muerto

Sorpresa la que me he llevado esta mañana al enterarme de que Rita Barberá, la ex-alcaldesa pepera de Valencia y actualmente senadora, ha muerto de un infarto. La muerte es algo cotidiano y con lo que tenemos que convivir día a día, pero, como es natural, nos llama más la atención cuando es alguien famoso.

Los hechos en vida de Barberá son tan celebres ya que no me voy a parar a enumerarlos porque sería reiterativo y muy pesado. Son de sobra conocidos. Celebrar o jalear la muerte de esta persona sería algo enfermizo, pero tampoco me afecta (apenados, en todo caso, sus familiares directos y amigos íntimos, eso sí es comprensible), quiero decir, me da igual. Ni la conocía, ni era familiar ni amiga “del alma”. Como dice la Biblia en Santiago 4:14, no sabemos lo que será mañana y nuestra vida no es más que neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. Esta mañana la neblina que era la vida de Barberá, como la de todos los hombres y mujeres, se desvaneció. La vida debe continuar en esta tierra.

No obstante, que haya muerto esta señora no es motivo para que se dejen de recordar sus tropelías, como tanto gusta al santurronerío patrio, puesto que, en efecto, correr un “velo de santidad” sobre quien acaba de fallecer es uno de los deportes nacionales favoritos: aunque un sujeto fuera alguien no precisamente ejemplar, la muerte “límpia” el pecado y ya no se puede hablar mal de él, con la excusa de que ya no puede defenderse, el pobre… Alegrarme por supuesto que no (eso si ejecutan a un asesino o si unos terroristas zoquetes se matan con su propia bomba), pero lo de fingir pena por alguien que no conoces, o dejar de hablar sobre algo malo que haya hecho el susodicho mientras estaba en vida por “respeto”, es verdaderamente hipócrita. En España la superstición llega a tales extremos que hay una ley no-escrita que dice que “hay que respetar a los muertos”. Pero yo, que soy cristiano protestante, paso de esta moralina papal tan arraigada en la psique de la mayoría de los pobladores de la piel de toro (siglos de mamar catolicismo romano tienen lo que tienen, aun cuando actualmente muchísimos de ellos sean ateos), y en cuestiones morales personales me rijo por otra ley moral, la ley de la Biblia, y en la Biblia no hay ningún requisito de respetar a los muertos si estos eran indeseables. Punto pelota.

Lo que no quita que no ha podido ser más rastrera la actitud de sus propios compañeros del Partido Imputado (o “investigado”, desde la última reforma de la letra de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) con la Barberá en los últimos meses, haciendo la pantomima de ni saludarla en los pasillos del Congreso, como si no la conocieran, como si la cosa no fuera con ellos y como si ella fuera la única manchada. No es que sea cuestión de defender a Barberá, pero lo cierto es que tiene toda la pinta de haber sido una especie de “cabeza de turco” para el PP. Llevaban meses defenestrándola, aún cuando ni siquiera había aún una sentencia judicial firme, y hasta parece que el abandono y el rechazo de sus propios compañeros pudo influir algo en la profunda depresión y el estado de ansiedad que parece es el que le llevó al fatídico desenlace del infarto. Lo que pretenden ahora en el PP es culpabilizar, aunque sea de forma indirecta, a los medios de comunicación y a la opinión pública de haber creado una situación de estrés, agobio y presión insoportable para Rita, que la habría llevado irremisiblemente a la muerte, pretendiendo, solapadamente, insinuar que en el futuro no se vuelva a hablar contundentemente de sus casos de corrupción aún abiertos. Lo de que la presión mediática y popular ha provocado esto no puede ser más ridículo, como si acaso Rita no hubiera sido una política con décadas ya de ejercicio y no estuviera acostumbrada a esas cosas, como se le supone a cualquier político que no sea precisamente un novato. Lo que sí afecta profundamente y es durísimo para cualquier persona es que tu propia gente, por su propio interés, haga un juicio paralelo, te sentencie y te cuelgue poco menos que el cartel de “apestado”, después, seguramente, incluso de haberse aprovechado más de uno de tus dádivas y favores.

Después de meses haciendo como si esta señora no existiera o no tuviera nada que ver con ellos, antes siquiera de que un tribunal la haya condenado, no les fuera a salpicar, ahora andan culpando a todo el mundo a diestro y siniestro, como si la cosa no fuera con ellos y como si lo “indecente” fuera hablar de la corrupción en que están enfangados. Pero, en fin, es lo que hay con estas élites políticas tan repugnantes que tenemos en España.

PD: acabo de enterarme de que el alcalde de Valencia, Joan Ribó (de Compromís), ha dicho que “Barberá es parte indiscutible de la historia de Valencia” y decreta nada menos que TRES DÍAS DE LUTO por su muerte. Como dijo Unamuno, en España hasta los ateos son más papistas que el Papa. Tan patéticos son unos como otros, sean del partido y de la región que sean.

Los de Podemos se han ausentado del minuto de silencio en el Congreso por la muerte de Barberá y les han formado una buena. Lo curioso es que no han hecho lo mismo en el Senado, ahí sí se han quedado en sus sitios durante el minuto de silencio. Al margen de la conveniencia o no de dedicar un minuto de silencio a Rita Barberá en el Congreso, esto no es incoherencia ninguna. Lo han hecho en el Congreso (lo de retirarse del minuto de silencio por Barberá) pero no en el Senado porque en esta última cámara la cosa no da tanta publicidad, efectismo ni protagonismo como en la primera. Los podemitas siempre tienen que dar la nota, no pueden vivir sin ello, y al final lo que terminan haciendo es el ridículo. Podemos no es más que escenificación, show y postureo cutre para enardecer a la legión de seguidores que tienen en las redes sociales y foros de Internet.

Posteado por: Javier | noviembre 19, 2016

Trump gana y la pseudo-izquierda se muere de pánico

Estimados lectores, me place compartir hoy este excelente artículo publicado por el compañero Alfredo en Liberalismo Democrático sobre el triunfo de Trump y las reacciones de la izquierda progre, pija, infantil e inmadura. Desde hace una semana normalmente lo que venimos viendo es una ristra de artículos sobre Trump de parte de la izquierda inmadura, incapaz de analizar las cosas, llenos de petulancia pomposa en su visión de los “estúpidos, racistas y misóginos” que han votado a Trump, o limitándose al pesimismo posmodernista de lamentarse de tener que vivir en el valle de lágrimas que es un mundo con un presidente como Trump y con esos “idiotas” que le han llevado al poder, así que es muy bueno encontrarse con escritos que destapen a estos pijos y perroflautas de la “progresía” asquerosa como lo que son: enemigos del verdadero progresismo y liberalismo. En cuanto a Trump, de aquí a muy poco va a empezar a incumplir las promesas que ha hecho que parte de los trabajadores de las zonas más deprimidas de USA le hayan votado, finalmente seguirá punto por punto las consignas del consenso neolibegal. O sea, que va a ser como Hillary pero sin careta “progre”, todo mucho más descarnado, y hay una posibilidad de que cada vez más gente vea que esta alt-right o “derecha alternativa”, como se la ha venido en llamar, tanto en USA como en Europa, pese a que aparentemente critique los efectos del neolibegalismo, no es más que el último refugio que ha buscado este sistema para sobrevivir tras su colapso de 2008.

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Yo ya hace tiempo me había dado cuenta hasta qué punto tan mal hemos llegado en la sociedad actual en no pocos países “occidentales” – estamos literalmente ahogados en una marea de llorones, cobardes, blanditos y acomplejados como nunca se había visto en la historia de la humanidad.

Poco después de la victoria de Trump en las elecciones, la reacción inmediata de no pocos “famosillos” fue desahogarse en Twitter, lloriqueando, como si al currela/obrero común se pusiera a leer Twitter en vez de preocuparse de pagar sus deudas (cada vez más insostenibles) gracias a la complicidad de la “izquierda” con el neolibegalismo imperante.

He leído mensajes tales como “ayy ayy no pude parar de llorar” y “he vomitado”. Ohh, pobrecitos. Qué lástima que el vómito no produzca su muerte prematura, pues no perderíamos absolutamente nada de valor. Yo siempre lo he dicho: muchas personas no son más que una pila de mierda con ojos.

Luego he visto otros posts patéticos con títulos tales como “Cómo decirle a un niño que Trump ha ganado”. Aunque nos cueste creerlo, millones de padres han buscado eso en google.

Es irónico, cuando no indignante, que un americano que cobre 20 mil dólares anuales sea víctima de las burlas de multimillonarios que odian a Trump – y luego se extrañan que pierdan tantos votos entre la clase obrera de raza blanca.

Estamos hablando, cómo no, de la asquerosa pseudo-progresía, no de la izquierda liberal fundamental que yo defiendo. Estamos hablando de piji-progres aburguesados (como los que abundan en Podemos y PSOE) que estarían dispuestos a apuñalarse por la espalda para meter a sus hijos en colegios privados donde, por supuesto, no hay inmigrantes y cuestan un pastón al año. Pero ellos piensan que son “menos racistas” que los demás porque, bueno, les gusta la charla con Panchita la ecuatoriana que les viene a lavar la ropa y limpiar los fines de semana.

Tenemos una “izquierda” modeLna con chicas adineradas mitad negra o mitad (insertar raza de moda, mientras no sea blanca) que se burla de mineros parados y les denuncia por “ser privilegiados”—chicas mulatas que jamás hubiesen sido admitidas en Yale o Harvard de no ser por su raza de moda…y que luego terminarán su carrera para cobrar casi medio millón de dólares siendo la “coordinadora de la diversidad” en alguna empresa fashion o universidad que hoy por hoy no produce nada de valor añadido.

Parece que ahora para opinar tenemos que ver qué está de moda y permitir que “los famosos”, los de la farándula y los comediantes sean nuestros agentes de compra personal.

Y bueno, con opiniones tales como “estoy temblando” o “no puedo creer que este sea mi país”, apañados vamos.

Por eso estos trozos de gelatina están reventando coches, apaleando a los que apoyan a Trump y haciendo llamamientos para asesinarle y violar a su mujer (los mismos que le tachaban de machista). Lo único que va a provocar las manifestaciones violentas es que los blancos digan “teníamos razón, menos mal que votamos a Trump”.

Los demócratas optaron en los años 80 por expulsar a la gente normal obrera y blanca de su partido. Como se dieron cuenta que América no es suficiente para votarles, tuvieron que importar inmigrantes del Tercer Mundo para tener más votos. Estaban a punto de convertir a todo EEUU en California por la inmigración masiva y así pensaron que jamás tendrian que volverse a preocupar de esos mugrientos blancos de clase obrera protestante que molestan tanto y exigen que se respeten sus libertades.

El año pasado, nada más y nada menos que Bernie Sanders dijo que la inmigración ha sido un DESASTRE para la clase obrera, deprimiendo sus salarios. Dijo que, con razón, las fronteras abiertas eran una idea de los hermanos Koch…los amiguetes que ayudan a financiar el Instituto Juan de Mariana en Madrid, entre otras organizaciones que rozan la criminalidad.

En representación de lo pijo-progre-fashion, no pocos varones con bajos niveles de testosterona se ponen histéricos con las declaraciones de incluso la izquierda de toda la vida. Algunos se nos ponen chulos hablándonos de los “beneficios” de la inmigración — sí, sí, ya – ya sé que os mola tener jardineros baratos, limpieza y cuidado de tus niños malcriados a precio de tirado.

Pues que tiemblen y lloren. Ha llegado una época de ira popular como no se había visto en mucho mucho tiempo. Espero que si algo bueno sale de todo esto, es que desaparezcan esos niñatos llorones y tengamos gente revolucionaria en ambos lados del muro ideológico. Quiero ver una gran recuperación de las ideologías como antes.

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