Posteado por: Javier | junio 16, 2017

Y con el DUP llegó el escándalo

Aquellos que sigan un poco la prensa británica habrán visto, en relación a las últimas elecciones, aparte del intento de crear la impresión de que cada voto que no ha recibido la primera ministra Theresa May era un voto “anti-Brexit” (eso a pesar de que los únicos partidos con una posición claramente contraria al Brexit y pro-europeísta eran los liberal-demócratas y los verdes, los cuales no pasaron entre los dos del 12% en porcentaje de voto), el escándalo que están formando algunos medios pro-globalistas, como la BBC o la versión inglesa del Huffington Post, con la posibilidad de que los conservadores se apoyen en los protestantes norirlandeses del Partido Unionista Democrático (Democratic Unionist Party, DUP). La BBC ha llegado al delirio de afirmar que el DUP es “una amenaza” para las libertades civiles en el Reino Unido. Algunos parece que se imaginan a la Orange Order desfilando por Downing Street o la derogación inmediata de todos los acuerdos de paz en el Ulster. O que sería muy irónico que, después de haber atacado al laborista Jeremy Corbyn por sus vínculos en el pasado con miembros de partidos como el Sinn Féin, los Tories deberían ahora forjar ellos mismos unos vínculos similares.

Esta equivalencia entre el DUP (un partido democrático) y la IRA (una milicia terrorista) se ha propagado estupidamente. Quizás, simplemente muchos a los que hasta el viernes de la semana pasada no les interesaba absolutamente nada la política del Ulster, lo que están es en una ignorancia de lo más inocente. Es evidente que, aunque fuera a menor escala que el de la IRA (fuertemente católica), también ha habido grupos paramilitares lealistas y protestantes que han empleado el terrorismo. Y, al igual que la IRA, tenían partidos políticos vinculados a ellos. La UVF y el Red Hand Commando fueron representados por el abominable Partido Progresista Unionista. La UDA por el ya desaparecido Partido Democrático del Ulster. Estos partidos jugaron el mismo juego repulsivo que sus opuestos en el Sinn Féin, utilizando sus vínculos con bandas armadas para ganar la influencia que las urnas les negaba.

En cambio, el DUP se opuso sistemáticamente a la violencia. Es cierto que algunos ex paramilitares se unieron al partido después de renunciar a la lucha armada, pero el DUP nunca defendió que las bombas y las balas tuvieran un lugar legítimo en la política. Demasiados de sus jefes sabían de primera mano lo que significaba el terrorismo. Arlene Foster, la líder del partido, vio a su padre casi muerto en un tiroteo y fue ella misma víctima de un ataque con bomba en su autobús escolar cuando era una niña. Nigel Dodds, líder parlamentario del DUP, fue atacado por la IRA mientras visitaba a su hijo discapacitado en el hospital. Jeffrey Donaldson sufrió el asesinato de dos de sus primos. Estos no son políticos que necesiten que se les diga que hay que ser duros con el terrorismo.

Es verdad que, en sus primeros años, el DUP empleó un oportunismo muy feo. Si bien es verdad que nunca adoptó el paramilitarismo, ciertamente toleró un sectarismo desagradable. Pero eso NO ES LO MISMO que plantar bombas.

En cualquier caso, el partido de hoy es muy diferente al DUP belicoso de los años 70 y 80, en gran parte porque, cuando el Partido Unionista del Ulster se derrumbó tras el Acuerdo de Belfast en 1998, muchas de sus figuras destacadas, entre ellas Jeffrey Donaldson y Arlene Foster, se pasaron a este partido más joven. El DUP es ahora la voz principal del unionismo en Irlanda del Norte, donde es abrumadoramente el partido más grande.

Sin embargo, lo realmente inquietante, lo vergonzoso y repugnante, es que sus críticos no se contentan con esa falsa equivalencia. Ellos realmente consideran que el DUP es peor que el IRA. A los ojos de los corbynistas, el apoyo activo al IRA en los años 80 estaba bien, pero recibir el apoyo del DUP hoy no lo es. Una singular comparación. En otras palabras, colaborar con los terroristas está bien siempre y cuando sean suficientemente anti-británicos, pero trabajar con un partido parlamentario, cuando es euroescéptico, unionista y protestante, es inaceptable.

¿Por qué inaceptable? Aquí llegamos a la letanía habitual de quejas, repetidas al estilo de un papagayo. “Son anti-gay, no creen en el calentamiento global, odian a las mujeres, bla, bla, bla”… o, lo que es lo mismo, traducido: no apoyan a ninguno de los grupos de presión e intereses de la agenda globalista.

“El DUP tiene una visión política propia del siglo XVIII, es un grupo de fanáticos homofóbicos, y ahora tienen a los conservadores en sus manos”, dice Owen Jones (también conocido como trotsk-Owen Jones), “Un gobierno DUP-Tory es una amenaza para los derechos LGBT y los derechos de las mujeres”.

Veamos:

Consideremos estas acusaciones. El DUP no ha rechazado, en ninguna declaración oficial o documento de política, la idea de que la actividad humana pueda estar desempeñando un papel en el cambio climático. Claro, algunos de sus diputados no están de acuerdo, pero eso es cierto en otros partidos, no es exclusivo del DUP.

Y, visto lo visto, estar en contra de todos estos tratados contra el “cambio climático” debiera ser la postura de cualquier persona medianamente sensata. Evidentemente, estar en contra de los mismos (que nada tiene que ver con negar que es preciso un cuidado de la naturaleza) es ponerte en el punto de mira de la demonización de los grandes medios corporativos. Todas estas pseudoideologías posmodernistas, sea la del género, el neoecologismo, el animalismo, etc…, se basan en postureos y en un lenguaje buenista para que suenen bien a mucha gente, pero en modo alguno tienen como fin la justicia social, o más igualdad, o cuidar de la naturaleza y el medio ambiente, solo son una máscara para grandes entramados económicos, además de hacer una función de disidencia controlada, y no solo eso, probablemente también crear una sensación de autoculpabilización en la gente de los países occidentales para tapar los abusos de las grandes corporaciones en los del tercer mundo (en el caso del ecologismo es muy claro, ahí tenemos a una empresa con un historial tan repugnante en África como la petrolera holandesa Shell, presentándose como adalid de “lo verde”, apoyando los acuerdos contra el cambio climático). Teóricamente, sus activistas hacen una labor de “denuncia”, pero que termina resultando totalmente inocua, inofensiva para los grandes poderes financieros y transnacionales.

En cuanto a las posiciones del DUP sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto son en realidad más conservadoras que las del Partido Conservador, pero son predominantes en Irlanda del Norte. El DUP respaldó el equivalente local de la ley de Turing, indultando retrospectivamente a los homosexuales a quienes se hubiera sentenciado por ello a penas de prisión en el pasado, cuando la homosexualidad aún estaba tipificada penalmente en el Reino Unido. Su posición sobre el aborto es en realidad más suave que la del partido hermano local del Partido Laborista, el SDLP. Ninguno de los principales partidos irlandeses del Norte quiere extender la legislación sobre el aborto de 1967 a la Provincia del Ulster.

En cuanto a la supuesta “misoginia” o “machismo” (o “micromachismo”, siguiendo la jerga posmodernista), el DUP es el único partido del Ulster con mujeres elegidas en todas las ramas del gobierno, a su vez, dirigidas por una mujer (una mujer que naturalmente ha sufrido el machismo que algunos neoprogres y neofeministas, o hembristas, parecen pensar que está “bien” cuando el blanco es una mujer que no es neoprogre, neofeminista o hembrista).

Y, en cualquier caso, no parece que nada de esto vayan a ser los temas esenciales de las negociaciones con el DUP, quienes se van a centrar en conseguir un Brexit con unas condiciones favorables para Irlanda del Norte.

Si a esto unimos que ya en 2010, cuando David Cameron tampoco tenía una mayoría suficiente, los laboristas intentaron llegar a un acuerdo con el DUP para un gobierno minoritario, veremos que el escándalo con este partido viene ahora exclusivamente por determinados intereses. Nunca se le ocurrió a los comentaristas pro-globalistas, en aquel entonces, llamar al DUP “racista” o “misógino”, y menos aún cuestionar su compromiso con el estado de derecho. ¿Qué ha cambiado? Sólo la aritmética parlamentaria. Los críticos no están interesados ​​en una evaluación imparcial de las políticas del DUP, sino en evitar que May forme gobierno.

Como no soy británico, no soy nadie para decirles a quién debieran o a quién no debieran haber votado, pero mi humilde opinión es que es una buena noticia que Theresa May pueda formar gobierno con el DUP, teniendo en cuenta que actualmente los Tories han abrazado LA CAUSA MÁS PROGRESISTA ACTUALMENTE EN EUROPA: EL BREXIT (y no hay que confundir progresista con progre, que es otra cosa muy distinta), que es realmente lo único que me gusta e interesa de los conservadores, su postura a favor de un Brexit “duro”. Eso sí, vista la pérdida de votos que ha sufrido, May debiera dimitir una vez el Brexit esté encarrilado. Pero Corbyn hubiera sido (y es) un enemigo del Brexit, ha expresado en numerosas ocasiones sus simpatías con los islamistas… y para colmo, estaba postulando para ministra de Interior a nada mas y nada menos que a Diane Abott, una racista negra completamente incompetente. Pero, al menos, los buenos resultados y el ascenso de Jeremy Corbyn sí es cierto que corroboran dos cosas buenas: (1) Es la derrota del neoliberalismo progre que encarnaron Tony Blair y su sucesor Gordon Brown, la llamada “Tercera Vía”; y (2) Como, gracias al Brexit, ya no existe compromiso alguno de futuro con la UE, Corbyn y a su Partido Laborista han podido elaborar un programa electoral y, en particular, unas propuestas económicas marcadamente nacionalistas, que el mismo partido no podría haber planteado en caso de que el Reino Unido hubiera elegido seguir perteneciendo a la UE. En definitiva, han tenido una soberanía total para hacer su programa.

Posteado por: Javier | junio 2, 2017

¡¡Nos cocemos vivos!!

¡¡EEUU ha anunciado que se retira del Acuerdo de París sobre el cambio climático!!¡¡Se aproxima el apocalipsis del recalentamiento global!!

Tranquilos, que no cunda el pánico. Tiren a la basura los medios de comunicación pro-globalistas y los portales de fake news. Aquí tendrán toda la información.

Este acuerdo, firmado en 2015 por 200 países, EEUU incluido, era apoyado por grandes petroleras como Shell, Exxon Mobile y BP, así como por otras grandes empresas transnacionales. También por entidades globalistas como la Unión Europea, la Unión Africana o, por supuesto, la ONU, seguidas a coro por los gobiernos europeos. La meta que el Acuerdo de París fija para EEUU es que el país reduzca para 2025 las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 26 y un 28% respecto a los niveles de 2005.

Sobre este tema de la influencia humana (o la no influencia) en el cambio climático o en el calentamiento del planeta reconozco que no tengo una opinión demasiado formada. Es algo que prefiero dejar a los científicos, aunque me parece que hay muchos intereses detrás, tanto de una postura como de la otra. No obstante, no está de más vigilar e investigar tanto esta posibilidad de que los contaminantes que lanzamos a la atmósfera estén produciendo estos fenómenos, así como tomar medidas para proteger nuestro medio ambiente. La duda razonable es si el fin último de estos tratados es conseguir ese objetivo. Y, viendo quiénes apoyan cosas como este Acuerdo de París, la duda se hace aún más razonable.

La retirada del Acuerdo de París era una de las promesas electorales de Donald Trump. Pese a lo que creen los engreídos americanólogos de otras partes del mundo, los estadounidenses no son tan idiotas como para pensar que no hay que cuidar el medio ambiente ni para pegarse un tiro en el pie, pues estos problemas también les afectan a ellos. Lo que quieren los americanos es dictar sus propias normativas nacionales para proteger la naturaleza y que no sea una lujosa camarilla de burócratas globales muy bien pagados (no se sabe muy bien porqué) los que les dicten su política energética y medioambiental. Pero el tema del medio ambiente seguirá siendo prioritario para EEUU y continuará siendo un país líder en ese campo. El mismo Bush junior, por poner solo un ejemplo, al que tacharon en su día de ser “el presidente más contaminante”, dictó numerosas órdenes ejecutivas de protección de espacios naturales y de creación de reservas de la biosfera. Claro, esto a los medios europedos y pro-globalistas les importa un pimiento porque a ellos lo que les interesa es apoyar unos tratados de los que viven muy bien un grupo de señoritos aburguesados que dicen estar “cuidando del medio ambiente”. Bush NO estaba despreocupado del medio ambiente, como divulgaban los medios pro-globalistas, por no ratificar el Bodrio de Kyoto. Bush lo que no quería eran tratados internacionales que dictasen a EEUU y le robasen la soberanía sobre lo que tenía que hacer o dejar de hacer en materia energética o ambiental, lo que adoptó fueron medidas de carácter nacional, como la creación de la mayor área marítima protegida del mundo, alrededor de las islas estadounidenses en el Pacífico, una zona de más de 500.000 Km2 de valiosísima vida natural una de las zonas de mayor riqueza ambiental del planeta, donde está la Fosa de las Marianas, además de designar en 2006 una amplia extensión del archipiélago noroccidental de Hawai como Monumento Nacional Marino de Papahanaumokuakea, concediéndole a esta área el mayor grado de protección que contempla la legislación norteamericana, así como acuerdos de protección de bosques. Pero con lo de Kyoto actuó bien, por supuesto, teniendo en cuenta que suponía millones y millones de dólares del contribuyente americano, con la pérdida de industrias y empleos que eso conlleva… con la esperanza de que la temperatura global baje medio grado a lo largo de este siglo.

De hecho, el mismo Trump ya ha anunciado que quiere llegar a un acuerdo contra el cambio climático, razonable y más acorde con las necesidades de su país, un acuerdo, por supuesto, entre los representantes VOTADOS POR EL PUEBLO AMERICANO, sea a nivel federal o estatal. Que cada estado (Nueva York, California, Florida…) apruebe sus propias medidas de protección medioambiental.

Obama, por cierto, ha vuelto a criticar a Trump por este anuncio y sería conveniente que se callara ya de una maldita vez. Obama ha roto una y otra vez la tradición americana de cortesía de que el ex-presidente no se dedica a criticar al que está en el cargo. A él mismo, Bush junior no le criticó ni una sola vez, a diferencia de lo que él lleva haciendo con Trump desde que dejó la presidencia en enero. Obama no ha sido tan mal presidente ni la plaga que dicen los republicanos que fue, pero en este detalle la ha cagado ya varias veces.

No puede ser más irónico que, de entre todos los globalistas que han puesto el grito en el cielo, particularmente, China se haya comprometido con la UE a seguir avanzando el acuerdo. Un país como China, que incumple todos los acuerdos internacionales en materia mediambiental, emitiendo CO2 de forma brutal a la atmósfera y que, precisamente, tiene un tremendo crecimiento económico porque se pasa por el forro todos estos acuerdos (la práctica totalidad de sus ríos contaminados, las grandes ciudades tienen un aire que supera en mas de 100 veces la contaminación máxima y tiene regiones que son ya casi totalmente insalubres para la vida humana). ¿De qué sirve que los norteamericanos hagan toda clase de esfuerzos para reducir sus emisiones, castrando su competitividad y mandando al paro a muchos, si los del país que tienen al otro lado del Pacífico no cumplen nada?

Los americanos, además, se han cansando de pagar esta fiesta de unos pocos señoritos tan sofisticados y refinados ellos, a los que, encima, ellos no han elegido. Todos estos tinglados, con miles de funcionarios con sueldos desorbitados, dietas de órdago, mucha burocracia y pocos resultados (casi ningún resultado, más allá del mero postureo), se sostienen solamente porque EEUU es quien paga la mayor parte de su coste. Los americanos están hartos de pagar, pagar y pagar más por todo esto, y Trump se ha dado cuenta muy bien de ello (a ver si hacen lo mismo con la ONU, la sacan de territorio estadounidense y la llevan, por ejemplo… a Bruselas, ahí estará mejor). Con la retirada useña de este bodrio, su economía será mucho más competitiva, crecerá más y se crearán más empleos. Los norteamericanos votaron a Trump para que proteja sus intereses, no para que dé gusto a toda la patulea antiamericana global. Como dijo ayer: “Represento a los ciudadanos de Pittsburgh, no los de Paris”.

Por tanto, no es posible otra cosa más que aplaudir esta demostración de lo que es un país con soberanía.

Posteado por: Javier | mayo 28, 2017

Cristianismo y homosexualidad

Aquí dejo este artículo magnífico sobre este asunto polémico, de la web Protestante Digital, una página que dejé de seguir asiduamente hace algún tiempo por algunos desacuerdos que no vienen ahora al caso, pero que es de los mejores que he leído sobre el tema.

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Introducción:

Hay muchas maneras de hablar sobre la homosexualidad. Desde distintas miradas, perspectivas, sujetos. Es un asunto que se aborda desde distintas hermenéuticas. Así en plural. Y no creo haber sido invitado aquí para dejar en casa mi hermenéutica, sino para traerla y para compartir desde ella cómo veo la realidad de la atracción a personas del mismo sexo.

Así que quiero ser el primero en salir del armario: soy evangélico conservador. Y quiero hoy, aquí, hablar como evangélico, o sea como alguien centrado en el Evangelio y que ha encontrado en la Buena Noticia de Jesús el sentido, propósito y centro de su existencia y cosmovisión. No oculto mis colores, por un lado, pero por otro también quiero intentar recuperar una palabra, una etiqueta que me pertenece. No quiero que ciertos grupos caracterizados por su ignorancia, su intolerancia y sus manifestaciones homofóbicas en plazas públicas se adueñen de ese título que, con justa razón, también me pertenece. Está de moda entre evangélicos históricos y contemporáneos negar ese título para no ser confundido con ciertos grupos intolerantes. Prefieren llamarse “protestantes”, “reformados” o, simplemente “cristianos”. No quiero seguir esa tendencia hoy, aunque es verdad que soy protestante y que suscribo una confesionalidad reformada. Hoy ante Uds. quiero ser simplemente eso: evangélico. Aunque puede que a alguno de Uds. este nombre le traiga, en un primer momento, asociaciones con manifestaciones homofóbicas o de intolerancia extrema.

Desde esta mirada evangélica que les traigo hoy (que se caracteriza por una hermenéutica más histórico-gramática que crítica, que se acerca a la Escritura desde el paradigma de que ella es un libro único porque ha sido inspirado por el Espíritu Santo como revelación infalible y que es más que un texto para ser interpretado: es la lente desde el cual se interpreta todo texto y toda experiencia) quiero compartir con Uds. sólo 3 puntos:

1. Nadie se va al infierno por ser homosexual, del mismo modo que nadie se va al cielo por ser heterosexual:

La Biblia nos dice que la razón por la cual hay muerte, destrucción y condenación sobre la humanidad es porque hombres y mujeres quieren vivir vidas independientes de Dios. Lo que la Biblia llama “pecado” es algo mucho más profundo que actos o conductas pecaminosas o “indecentes”, sean de la naturaleza que sea (sociales, sexuales etc.).

El pecado es una condición del corazón que heterosexuales y homosexuales compartimos por igual: queremos vivir independientes de Dios. Queremos ser nuestros propios SEÑORES, embriagándonos de la idea de que libertad es autonomía: siendo rebeldes, alternativos, de mentalidad rompedora que va contra todo status quo establecido. O queremos ser nuestros propios SALVADORES: siendo correctos, buscando superioridad moral y queriendo cumplir al pie de la letra las expectativas de decencia y rectitud moral que otros esperan de nosotros. Esto es el pecado: la separación espiritual de Dios como único SEÑOR y SALVADOR, una condición del corazón que nos deja solos, agotados por dentro y sin rumbo en esta vida.

Probablemente una de las mejores definiciones de pecado la dio San Agustín cuando dijo que el pecado es “amor desordenado”. Esta es la raíz de cualquier condenación que se cierne sobre la humanidad: que nos hemos apartado de Dios y que hemos amado más a nosotros mismos que a Dios. Hemos amado más las tinieblas que la luz. Hemos amado más a las cosas que a las personas. De hecho, hemos usado personas, hemos amado cosas y hemos asumido que nuestra relación con Dios se fundamenta en una relación comercial, neo-liberal de mercado, de oferta y demanda.

Lo más curioso es que, hasta donde he podido ver y experimentar, conservadores y progresistas por igual parten desde esta misma premisa: que a Dios hay que comprarlo, con buenas obras, con rectitud moral, con esfuerzo, siendo “buenas personas”. Y la diferencia está en cómo cada lado define “buena persona”. Para unos, una “buena persona” es alguien que no presta su cuerpo y su mente para perversiones, que cumple con los parámetros de decencia que la sociedad, el cristianismo histórico, la Biblia y la naturaleza imponen sobre la humanidad. Para otros, en cambio, una “buena persona” es alguien que no teme ser todo lo gay que puede llegar a ser, alguien que ha salido del armario y se asume, que ama su libertad y la vive, alguien que tiene conciencia social hacia el oprimido y que no oprime ni reprime al otro sólo porque es distinto.

Como evangélico, leo en la Biblia que ambos están IGUALMENTE equivocados. Porque ambos creen que se puede ser “buena persona” y la Biblia dice claramente que “no hay justo ni siquiera uno”. Se cita mucho en algunos círculos evangélicos homofóbicos la declaración de Pablo en Romanos 1 donde afirma que entre las transgresiones de la humanidad está el hecho de que “hombres con hombres cometen actos vergonzosos, al igual que las mujeres, dejando el uso natural de su cuerpo”, pero ellos mismos olvidan convenientemente que eso está dentro de un contexto muy claro: Pablo en toda esa sección está hablando (desde Romanos 1.18 al 3.23) que toda la humanidad, incluso aquellos que se creen decentes o religiosos, están igualmente bajo condenación, porque todos están igualmente lejos de Dios, no importando cuánto se esfuercen por alcanzarlo.

Resumiendo, en mi primer punto quiero ser, si me permiten, más conservador que los conservadores: los homosexuales no son condenados por su orientación homosexual (como si los heterosexuales fueran salvos por su orientación heterosexual). La condenación es una oscura nube que se cierne sobre todos: no importa cuán gay o cuán “decente” sea. Disculpen los estereotipos, pero es sólo para fines ilustrativos: El padre suburbano de familia, heterosexual, religioso, fiel a su esposa, que trabaja en horario de oficina de lunes a viernes y va a la iglesia los domingos, está bajo la misma condenación que su hijo homosexual, que se fue enojado de casa, trabaja free-lance, vive más de noche que de día y comparte departamento con una pareja en el centro. “NO HAY JUSTO NI AÚN UNO”. “PORQUE TODOS PECARON Y ESTÁN DESTITUIDOS DE LA GLORIA DE DIOS”.

2. Debido a nuestro pecado buscamos vivir estilos de vida que no son conforme al diseño de Dios para la humanidad:

Y esta es la parte que puede ser más controversial hoy en día desde una mirada evangélica de la homosexualidad. Porque entre los varios estilos de vida que no serían conforme al diseño de Dios para la humanidad está, efectivamente, la homosexualidad.

Tengo conciencia que esto puede ser considerado una especie de discurso de odio, pero antes que se precipiten quiero decirles que toda vez que la Biblia rechaza la conducta homosexual, tanto del sexualmente activo (arsenokoitai) como del que sólo fantasea en su mente y mantiene voluntariamente actitudes que no corresponden a su sexo (malakoi): (1) lo hace dentro de una lista de otros quiebres del diseño como: un estilo de vida chismoso, la arrogancia de creerse superior moralmente, el codiciar “heterosexualmente” a alguien que es compañero(a) de otro(a), etc. y (2) que estas conductas no son la causa de la condenación, sino la consecuencia de que ya estamos perdidos, lejos de Dios. Observen los siguientes textos bíblicos para corroborar esta idea: Romanos 1.24-32; 1ª Corintios 6.9-11; 1ª Timoteo 1.8-11.

Este es un punto muy importante para mí como evangélico: todos nosotros quebramos el diseño de Dios para la vida humana. De distintas maneras, en distintos contextos y esto es preocupante según la Biblia no porque estos quiebres de diseño sean la causa de nuestra condenación sino porque son resultado palpable de cuán lejos estamos de Dios. Y lo opuesto, por lo tanto, también es verdad: no es cambiando de conducta o de orientación sexual que alguien se salva. No es dejando un estilo de vida homosexual que alguien va a encontrar el cielo o la salvación. Por eso, también, tiendo a ser escéptico de terapias ofrecidas indiscriminadamente para “curar a gays”.

Sólo hay un modo de ser salvo. Como enfatizó Lutero: ¡por la fe sola! ¡Por Cristo solo! ¡Por gracia sola! Es cuando entiendo y creo que Jesús, como perfecto Hijo de Dios, vivió una vida perfecta en mi lugar, me sustituyó porque me amó con amor inmerecido, así que tomó mi culpa y condenación y venció donde yo fracasé y fracaso constantemente. Por lo tanto, sin mediar obras de auto-perfeccionamiento, sin mediar esfuerzos humanos, sin mediar méritos (porque Dios nos invita a una relación de AMOR, no a una relación comercial de “dame-para-que-yo-te-dé-a-cambio”), Él regala la salvación a quienes creen porque Él sabe que no podemos salvarnos a nosotros mismos, pues somos esclavos de nuestra vida yo-céntrica.

Y en este sentido, como evangélico, permítanme decirles lo siguiente: creo que el Evangelio es radicalmente distinto a cualquier religión. Porque la religión consiste en un conjunto de buenos consejos, de buenas advertencias y de buenas instrucciones para elevarnos y llevarnos a Dios. ¡Pero esto no es posible! Porque no hay justo ni aún uno. Así que es ahí donde el Evangelio rompe con todo: porque el Evangelio es la BUENA NOTICIA de que Dios mismo hizo TODO el esfuerzo y toda la obra y Él bajó para encontrarnos donde estábamos y regalarnos su salvación.

Permítanme aquí, ahora, ser más liberal que los liberales: no es abriendo tu mente y estilo de vida a un modo más “progre” de pensar y de vivir que te salvas. No es redefiniendo el concepto de “buena persona”, ni abandonando los conceptos conservadores de “ser bueno”, ni abrazando conceptos más modernos, alternativos, relevantes a las ideologías de turno de alguien “bueno”. No necesitas redefinir el significado de “buena persona” para salvarte, sino hacer algo más radical: abandonar por completo la ilusión de que alguien puede ser buena persona. Porque ningún tipo de esfuerzo por ser “bueno” te hará merecer el amor de Dios. El amor de Dios es un regalo inmerecido. Dios no te ama porque eres valioso. Dios te da valor al amarte. Y él te ama porque su voluntad es libre y soberana. Él te amó de pura gracia y su amor te da valor.

Esta es la idea de C. S. Lewis cuando afirmó que “los cristianos no creemos que Dios nos ama porque somos buenos. Al contrario: creemos que Dios nos ama a pesar de que no podemos ser buenos y porque nos ama, nos hará buenos.”

Así que ¿hay aquí un discurso de odio? No creo. Por siglos el cristianismo ha creído y enseñado que todos por igual tienen derecho a rehacer su estilo de vida, aunque haya dificultades, tropiezos, reincidencias. Y aunque es verdad que muchas iglesias, en distintos momentos, no han sido coherentes con esta proclamación, la verdad es que en muchos otros momentos sí lo ha sido, acogiendo a traficantes de esclavos, acogiendo a jóvenes desobedientes a los padres, acogiendo a chismosos, acogiendo a maridos heterosexuales que traicionan a sus mujeres con su mente y sus cuerpos, etc. Todos estos son quiebres del diseño y a todas estas personas se les ha dicho que ese no es un estilo de vida que permita el florecimiento de la humanidad, según la Palabra de Dios. Así que se les ha invitado, mediante el amor y la vida en comunidad, a encontrar maneras creativas de abandonar un estilo de vida que quiebra el diseño de Dios. Pero esto, desde una perspectiva evangélica, no es entendido como una precondición para ser aceptado por Dios, sino un fruto (a veces duro de lograr, pero fruto al fin y al cabo) de que Dios ya nos aceptó y adoptó como hijos a pesar de que ninguno de nosotros vivimos 100% conforme al diseño.

Si esto es verdad para chismosos, para jóvenes desobedientes, para maridos heterosexuales que no aman a sus esposas, entonces también lo es para homosexuales.

Y aquí viene el 3º punto:

3. La gracia y el amor de Dios son tan poderosos que redefinen nuestra identidad:

El famoso texto de Pablo de 1ª Corintios 6 afirma en el v. 11 que muchos en la comunidad cristiana de Corinto YA HABÍAN SIDO homosexuales (sexualmente activos y otros pasivos: arsenokoitai y malakoi), pero ya habían sido lavados por la gracia de Dios. En otro lugar dice, incluso, que para los que están en Cristo Jesús todas las cosas son hechas nuevas. Esto, si lo pensamos bien, es escandaloso porque relativiza los absolutos humanos desde los cuales forjamos nuestras identidades.

La Buena Noticia del amor y la gracia de Cristo tornan relativo lo que antes era absoluto, desafiándonos a redefinir por completo nuestra identidad. Porque el amor de Jesús, conforme ha sido revelado en la Escritura, pasa a ser el único absoluto y esto implica abandonar la idea de que mi identidad se construye primariamente desde otras cosas, incluyendo mi sexualidad.

Desde una mirada evangélica, Jesús me libera de construir mi identidad a partir de las cosas INMANENTES, como mi profesión, mi estatus, mi vocación (aunque esta sea religiosa), mi etnia, mi familia, mi clan o mi sexualidad. Desde esta perspectiva, la idea de un movimiento que reivindique un “orgullo gay” resulta tan curiosa como la de un movimiento que reivindique el “orgullo Muñoz”, el “orgullo clase media aspiracional” o el “orgullo abogadil”. Jesús nos hace libres invitándonos a construir nuestra identidad cristiana desde lo TRASCENDENTE, desde el Totalmente Otro: el trascendente amor paternal de Dios y Su gracia inmerecida. Mi identidad ahora se forja a partir de la declaración que Dios hace (por Su gracia mediante la fe en la justicia de Cristo que me es imputada): “Tú eres mi hijo amado. En ti siento gran deleite”. Y de ahora en adelante, esto es lo que me define.

Jesús lo dice así: un hombre encontró una perla de gran precio en un campo de dudosa calidad. Y vendió todo lo que tenía para comprarse ese campo. ¿Por qué? Porque esa perla valía mucho más que todo lo que poseía y que lo que podía llegar a poseer en 2 vidas de duro trabajo. Así que no lo dudó y lo compró, pero a todos les pareció una decisión absurda, sin sentido.

Por eso miles de cristianos que sienten atracción al mismo sexo a lo largo de la historia han encontrado una libertad tan real y una libertad “tan libre” que no está presa ni siquiera a las inclinaciones y pasiones y pueden llegar a enamorarse de alguien del sexo opuesto y formar familia, sin ocultar su inclinación ni lo que un día fueron. Tal es el caso, por ejemplo, de la profesora universitaria Rosaria Champagne Butterfield, especialista en estudios de género de la Syracuse University, quien al encontrar a Cristo en el Evangelio, abandonó su estilo de vida lésbico y tiempo después se enamoró de un hombre, se casó y formó familia con él, un pastor presbiteriano. Su testimonio está relatado en su libro “The Secrets Thoughts of an Unlikely Convert”, publicado en 2012.

Otros miles de cristianos que sienten atracción al mismo sexo han optado por el celibato (no clerical) por amor a Jesús; han constituido novedosas formas de formar familia mediante el amor de una comunidad cristiana que han sido sus padres, compañeros e hijos espirituales. Han renunciado a la posibilidad de una vida erótica, no porque quieren ganar puntos para agradar a Dios con su sacrificio, sino porque ya encontraron un tesoro mayor en el amor inmerecido del Padre. Tal es el caso de uno de mis héroes personales, el profesor de Nuevo Testamento Wesley Hill, quien cuenta su testimonio en el maravilloso libro “Washed and Waiting” publicado por Zondervan. Junto a él muchos creyentes fieles destacan en esta renuncia, como el sacerdote holandés Henri Nouwen o el pastor y teólogo Vaughan Roberts, por nombrar sólo un par.

Esto parece locura. ¿Opresión heterosexual contra los homosexuales? La verdad es que la respuesta es un rotundo ¡NO! Porque todos los cristianos somos llamados a abandonar las cosas que más amamos a medida que amamos a Jesús sobre todas las cosas.

Ninguna enseñanza es más igualitaria que la enseñanza cristiana sobre la renuncia a las cosas que más amamos, aquellas que, cuando estamos lejos de Él, tienden a definir nuestra identidad. Jesús dijo claramente en Lucas 14: “nadie que no renuncia a todo lo que más ama puede ser mi discípulo”.

En estos tiempos de exigir reivindicaciones y derechos, hablar de renuncia puede ser contraproducente, pido disculpas por eso, pero debo hacerlo. ¿Por qué alguien abandonaría la posibilidad de completarse sexualmente, por ejemplo? ¿Por qué alguien renunciaría al único absoluto que parece prevalecer en estos días de relativismo (el gozo sexual en una relación erótica con un compañero o compañera)?

Pero si en algo Jesús y Pablo fueron consecuentes y claros fue en que seguir a Jesús era algo radical, no se puede amar a nada más de lo que se ama a Cristo, y todo lo que antes uno valoraba más que nada puede llegar a ser considerado basura cuando uno se encuentra con el amor de Dios en el Evangelio. Cristo es el tesoro mayor.

Pablo en Filipenses 3 llega incluso a referirse a su condición como judío – sin duda alguna, una condición genética inalterable – como una de las cosas que él ha considerado como “basura” a fin de ganar más de Cristo en su vida. Así de radical es la redefinición de identidad de quienes han sido alcanzados por la gracia de Dios en Jesús.

Conclusión:

Quisiera terminar leyendo las palabras de un sacerdote católico, creyente fiel en Jesús que sentía atracción por el mismo sexo. Él se llamaba Henri Nouwen y creo que sus palabras reflejan muy bien esta perspectiva evangélica que he querido exponer sucintamente hoy:

“Cuando nos enteramos de que alguien verdaderamente nos acepta por completo, queremos entregar todo lo que podemos y, a menudo, al entregar, descubrimos que tenemos mucho más de lo que creíamos”.

Eso es exactamente lo que el Evangelio hace en nuestra vida: nos anuncia que Dios nos acepta por completo (heterosexuales y homosexuales por igual), tal cual somos. Y cuando el Espíritu de Dios da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, no dudamos en entregar lo que haya que entregar por amor y gratitud. Y cuando lo entregamos todo, encontramos un tesoro mayor que todo lo que teníamos o pudiéramos llegar a tener.

Jonathan Muñoz

Posteado por: Javier | mayo 23, 2017

El triunfo de Pedro Sánchez

Como es sabido, el domingo pasado Pedro Sánchez consiguió reconquistar el cargo de secretario general del PSOE. Después de su deposición en el golpe palaciego de octubre del año pasado, no se le puede negar la audacia al haber logrado volver a hacerse con el control de su partido.

Yo no soy miembro, ni votante ni simpatizante del PSOE, es más, no apoyo a ninguno de los partidos de la partidocracia española, pero muy brevemente sí voy a decir algo de lo que opino del tema.

Viendo el apoyo de los medios afines al PP a Susana Díaz, anunciando todo tipo de cataclismos si ella no ganaba, estaba claro que el candidato menos malo (dentro de lo muy malo que había) para la PSOE era Pedro Sánchez. Dicen que Sánchez ha hundido electoralmente al PSOE pero la realidad es que ese hundimiento con quienes se produjo fue con Zapatero y Rubalcaba (dos que terminaron convirtiéndose prácticamente en comparsas del PP) y, si miramos la evolución del voto, matemáticamente hasta se podría decir que Sánchez lo que consiguió fue amortiguar un poco la caída libre que estaba llevando al PSOE a la irrelevancia total. También dicen que Sánchez es un “radical”. Dicha supuesta radicalidad, en un personaje que no pasa de ser un socioliberal muy convencional (a mí me recuerda un poco al francés Macron, tiene hasta una sonrisa plástica muy similar), que no se aparta en lo esencial de la ideología globalista dominante y del lenguaje del “todos y todos, compañeros y compañeras”, dicha supuesta “radicalidad”, digo, se reduce a que no apoyó en su día al PP para que pudiera formar gobierno placidamente. Si no apoyas al PP, eres un “radical” o un “populista”. La decadencia del PSOE se enmarca en la propia decadencia de los partidos de la socialdemocracia europea, nada tiene que ver con Sánchez, una decadencia que, además, se ha producido cuando han apoyado gobiernos o políticas neoliberales, pro-europeístas y pro-globalistas, que han alienado a la mayoría de trabajadores europeos, llevándolos en muchos casos a votar a partidos de derecha nacionalista, no porque hayan experimentado ninguna supuesta “radicalización”.

Sánchez, hay que decirlo, dentro de las posibilidades que tuvo, que aritméticamente no es que fueran muchas, fue el único que intentó llegar a algún acuerdo para desatascar la pasada legislatura fallida. Cerró un pacto con Ciudadanos que era bastante “potable”, dentro de lo que cabe, ante el que Podemos no se abstuvo puesto que el objetivo podemita indisimulado es destruir al PSOE y quedar como única oposición al PP (un objetivo que los podemitas comparten con el propio PP, como es sabido). A Sánchez lo que no le perdonan es que se negara a hacerle la eutanasia a su propio partido apoyando al PP, cerrando el círculo y culminando la Operación Coleta, cosa que se hubiera producido de haber ganado Susana Díaz. Se encastilló en el “NO es NO”, sin proponer él ninguna alternativa, pero es cierto que pocas opciones más tenía aparte de eso.

Un detalle muy significativo es que muchos avalistas que obtuvo en Andalucía Susana Díaz (una candidata a la que fuera de su tierra casi nadie aguanta), cuando estuvieron protegidos por el voto secreto, finalmente, no la votaron. Una buena muestra de cómo funciona el cacicato socialista en las tierras del sur de España.

Ahora Sánchez, tanto por el centro, con Ciudadanos ya convertido en poco más que el apéndice naranja del PP, y por la izquierda, con Podemos que se ha tirado ya sin ningún rubor al monte del perroflautismo (planteando incluso una ridícula moción de censura, aún sabiendo que no tiene ninguna opción de prosperar), si es listo, puede intentar rascar de un lado y otro y recomponer un poco su partido. Aunque el PSOE me da bastante igual, esta es la verdad, vistas las cosas objetivamente.

Me viene haciendo mucha gracia haber visto esta semana la reacción escandalizada de los medios corporativos ante la decisión de Donald Trump de despedir al director del FBI, James Comey, teniendo en cuenta que durante la campaña electoral para las presidenciales esos mismos medios acusaban a este personaje de estar intentando favorecer a Trump sacando a la luz las investigaciones contra Hillary Clinton por presuntos delitos federales. Precisamente, a este Comey lo cité en una entrada del pasado mes de noviembre por ese mismo motivo. Seguramente, si Obama hubiera cesado en ese momento a Comey, estos medios hipócritas y absolutamente desacreditados habrían aplaudido con las orejas esa decisión.

La historia que ahora venden los medios de “fake news”, no sólo en EEUU, también he leído algo de eso aquí en España, es que la razón del despido de Comey es desbaratar la investigación del FBI sobre los supuestos vínculos de Trump con Rusia, ello a pesar de que el propio FBI de Comey ya había dejado claro que Trump no estaba siendo investigado por esta película del “RusiaGate” montada por el entorno mediático de Clinton y Obama. La propia carta de despido del ya ex-director del FBI lo deja muy claro (pinchar para ampliar):

Tan claro como el hecho de que, pese a que los medios deshonestos, hayan tratado de taparlo, aparte de la falsedad de este “RusiaGate”, Trump no iba desencaminado del todo cuando se quejó de que tanto él como su equipo de campaña habían sufrido un espionaje con el objetivo de puentear su campaña y/o desacreditar su futura presidencia. Una orden de espionaje tuvo que ser dada desde lo más alto. Y lo más alto no es ni el Director de la CIA, ni el Director del FBI, ni el Director de la Agencia Nacional de Seguridad, ni siquiera los cargos que reportan directamente al presidente. La orden debió venir directamente de Barack Obama, aunque fuera mediante una orden disimulada o endulzada con supuestas escuchas de seguridad nacional, ayudado por su pepito grillo particular, la ex-Asesora de (In)Seguridad Nacional, Susan Rice (un bichito neoprogre que si viviera en España perfectamente podría militar en Podemos), quien no sólo se dedicó desesperadamente a buscar unos inexistentes vínculos de Trump con Rusia, sino que también montó una operación por la que la inteligencia de la Agencia Nacional de Seguridad se dedicaba a incluir los nombres de individuos asociados a Trump, con la expectativa de descubrir algún escándalo o acción ilegal de Trump con la que sabotear la presidencia o incluso enjuiciar al presidente electo (algo por lo que estaban no solamente el establishment de los demócratas, también el de los republicanos).

En cualquier caso, como se detalla en el artículo que reproduzco aquí abajo, el despido de Comey es un paso más en la limpieza y desinfección del “Deep State” de Washington:

JAMES COMEY Y LOS VÍNCULOS DE HILLARY CLINTON CON RUSIA

ADOLFO FERRERA (EL MIRADOR GLOBAL)

Más vale tarde que nunca, dice la sabiduría popular. El martes 9 de mayo Donald Trump cesó de manera fulminante al director del FBI, James Comey, que ocupaba dicho cargo desde al año 2013 y no estaba previsto que lo abandonara hasta el año 2023. Parece ser que esta decisión fue tomada siguiendo el consejo de la Fiscalía General del Estado.

James Comey había anunciado en 2016 una investigación sobre las irregularidades y delitos que cometió Hillary Clinton a través del manejo de su cuenta de correo electrónico, tal y como evidenciaron las filtraciones de WikiLeaks desveladas antes, durante y después de las elecciones presidenciales del pasado 8 de diciembre. En aquel momento, los mismos senadores demócratas y republicanos que hoy salen en defensa de Comey y critican la decisión de Trump, le acusaron entonces de saltarse la ley, de ser un “rebelde”, algunos pidieron su dimisión, le hicieron responsable de la derrota de Hillary Clinton, y otros afirmaron que habían perdido su confianza en él y que estaba perjudicando la imagen del FBI. La hipocresía y el cinismo con el que están actuando ahora saliendo en su defensa es más que evidente.

Obama critica al director del FBI: “No actuamos a partir de insinuaciones”. El presidente habla por primera vez de la carta de Comey sobre la nueva investigación a Clinton. (…). El equipo de Clinton acusa a Comey de tener un “doble estándar” (El País, 3/11/2016)

Pero James Comey no investigó a su socia Hillary Clinton. Los vínculos de James Comey con los Clinton vienen de muy lejos. En el año 2004 Comey ya ejerció de “abogado” defensor de Hillary Clinton en varios casos que la afectaban cuando éste ocupaba el cargo de Fiscal General Adjunto en el Departamento de Justicia. Posteriormente, como miembro de la junta directiva del criminal banco HSBC, cargo que dejó para ocuparse de la dirección del FBI, Comey engordó las cuentas de la Fundación Clinton a través de varias donaciones millonarias más que sospechosas.

En resumen, James Comey no es un “servidor público” ni un funcionario de carrera imparcial y riguroso con su trabajo, sino un alto ejecutivo de las grandes corporaciones que estaba utilizando su cargo en el FBI con unos fines políticos muy particulares. Es un claro caso de “puerta giratoria” entre lo público y lo privado (como todos los demás en Washington, dicho sea de paso). Desde su cargo Comey participaba activamente en la campaña de propaganda contra Rusia que buscaba – además de proteger judicialmente a sus padrinos políticos y de justificar su derrota electoral – boicotear la política exterior anunciada por Trump y sus intenciones de establecer buenas relaciones con Moscú.

Tal es su “rusofobia” que durante una comparecencia ante el Comité Judicial del Senado el pasado 4 de mayo Comey afirmó que “Rusia es la mayor amenaza para cualquier nación en la Tierra”, ni más ni menosObviamente no presentó ninguna prueba o evidencia para sostener tal aberración y todas las demás acusaciones lanzadas contra Rusia. Tal es así que más recientemente el ex-director de Inteligencia Nacional de EE.UU., James Cappler, se vio obligado a afirmar ante el Senado estadounidense que “no hay pruebas de injerencia rusa en las presidenciales”, contradiciendo lo que él mismo había dicho unos meses atrás – antes de abandonar el cargo – cuando acusó a Rusia de estar detrás de los ciberataques electorales contra el Partido Demócrata.

Todavía estamos esperando por las pruebas que ambos dijeron que aportarían ante el Senado y ante el resto del mundo. ¿A qué están esperando estos peones del imperialismo? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que si existiera alguna prueba contra Rusia no la hubieran presentado ya ante los organismos internacionales?

En los seis meses transcurridos tras las elecciones presidenciales James Comey tuvo tiempo de investigar a Hillary Clinton, recopilar información y presentar sus conclusiones ante el Senado. Tuvo tiempo de presentar aunque fuera una sola prueba sobre la supuesta “injerencia rusa en las elecciones” que avalara sus afirmaciones. No lo hizo en ninguno de los dos casos, por razones obvias. No había ninguna voluntad de hacerlo. Su cese era obligado.

Desde los grandes medios corporativos y los partidos de la Globalización corporativa (incluidos los medios “progresistas” y la “izquierda neoliberal”) han criticado duramente el cese de Comey alegando que Donald Trump está tratando de impedir que Comey siga investigando sus “vínculos con Rusia” y la “injerencia rusa” en las elecciones que le convirtieron en presidente. De hecho Comey había solicitado a Trump “más recursos para la investigación”, según publicaba el New York Times. Pero en este punto debemos preguntarnos de qué “investigación” estamos hablando realmente. Niego la mayor:

No se puede investigar lo que no existe. Por esta razón todavía no han podido presentar ni una sola prueba sólida sobre la “injerencia rusa”. Si no lo han hecho no es porque exista un problema de falta de medios económicos o materiales, cuando Washington dispone de 17 agencias de inteligencia que en conjunto tienen un presupuesto que roza los 53.000 millones de dólares (el dato corresponde al año 2013, hoy en día es superior). Sino que se trata de una farsa política que se quiere eternizar porque forma parte de una estrategia más amplia destinada a criminalizar a una potencia en continuo ascenso a la que se quiere eliminar del tablero geopolítico global, siguiendo la “doctrina Wolfowitz” (1992). Así de sencillo.

Todo es pura propaganda de guerra, como lo es la “invasión rusa de Ucrania”, los “bombardeos rusos contra civiles en Siria”, o comparar a Vladimir Putin con el mismísimo Hitler, como hicieron Hillary Clinton y diversos medios de comunicación de forma vergonzante en varias ocasiones.

Pero además, si se trata de investigar los vínculos de las élites políticas estadounidenses con Rusia, podrían comenzar por investigar los vínculos que la propia Hillary Clinton y su jefe de campaña John Podesta mantienen con las élites rusas. Veamos algún ejemplo:

Como secretaria de Estado, Hillary Clinton, aprobó la venta de varias empresas mineras dedicadas a la extracción de uranio, principalmente la canadiense Uranium One, que fueron compradas por la Agencia Rusa para la Energía Atómica a través de la empresa Rosatom. De esta forma Rusia, la “malvada” Rusia, se ha apropiado del 20% de las reservas de uranio de EE.UU. Esto ocurrió bajo el mandato de Obama y Hillary. El propietario de Uraniun One y encargado de dirigir esta operación, estratégicamente nefasta para los intereses estadounidenses, fue el empresario Frank Giustra, amigo y socio de Bill y Hillary y miembro de la Fundación Clinton, fundación que recibe periódicamente sus jugosas “donaciones” en agradecimiento por los servicios prestados por los Clinton.

Por otro lado, el Grupo Podesta, co-propiedad del jefe de campaña de Hillary en las últimas presidenciales de 2016, John Podesta, fue contratado por los dos bancos privados más grandes de Rusia, Sberbank y VTV Capital, para que defendiera sus intereses económicos en Washington y tratara de dar marcha atrás a las sanciones aplicas por EE.UU. contra empresas y bancos rusos, dada su influencia dentro del gobierno de Obama. El banco Sberbank, en concreto, fue además el encargado de financiar la operación de compraventa de las empresas de uranio antes mencionadas, y el Grupo Podesta ejerció de intermediario entre el banco y la empresa minera Uraniun One, empresa a la que Podesta también asesoraba.

Es decir, que al mismo tiempo que Hillary Clinton y su director de campaña centraban sus ataques en la “injerencia rusa en las elecciones” y en los “vínculos de Trump con Rusia”, ambos trabajaban en favor de las empresas y bancos rusos a los que el gobierno estadounidense sancionaba, actuando en contra de los propios intereses estratégicos de su país y haciéndose ricos con todo ello. Todavía hoy en día tienen la desvergüenza de seguir con su campaña de propaganda acusando a Trump de mantener “vínculos con Rusia”. Increíble pero cierto. Si mantener “vínculos con Rusia” fuera por sí mismo un crimen imperdonable, los dirigentes “demócratas” serían los primeros en pisar la cárcel.

La cuestión es que Donald Trump, que en campaña electoral prometió juzgar o incluso “encarcelar” a Hillary Clinton si era elegido presidente, devuelve con este cese de Comey el golpe político y moral que supuso para su gobierno la forzada dimisión de Michel Flynn días después de ser nombrado Asesor de Seguridad Nacional, tras hacerse públicas unas conversaciones que Flynn mantuvo “en secreto” con varios funcionarios rusos, a pesar de que estas reuniones eran legales y legítimas y no supusieron ni mucho menos “una amenaza para seguridad nacional de EE.UU”.

Realmente este es otro capítulo más de la guerra interna entre las élites que se está desarrollando en Washington. James Comey es un funcionario del Estado Profundo al servicio de la guerra. Su cese debería ser tan sólo el primero de una larga lista nombres que Donald Trump necesita eliminar si pretende realmente “drenar el pantano” e implementar su propia agenda política exterior, tal y como prometió en campaña, a pesar de sus peligrosas contradicciones.

Posteado por: Javier | mayo 6, 2017

Ideología de género, mitos y mentiras

En diciembre del año 2011 se produjo un golpe tremendo para la conocida como “ideología de género” cuando el Consejo Nórdico de Ministros (Consejo Intergubernamental de Cooperación Nórdico: Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia) decidió cerrar el Instituto de Género Nórdico de Oslo (NIKK). El NIKK había sido el promotor en los países nórdicos de la ideología de género y proporcionaba la base “científica” a las políticas sociales y educativas que, a partir de 1970, contribuía a que los países nórdicos fueran más “sensibles al género”. La decisión de cerrar el Instituto fue tomada después de que la televisión estatal noruega emitiera el documental que está colgado abajo en dos partes, con subtítulos en español, en el que se expone el carácter absolutamente anticientífico de la NIKK y su “investigación”.

Es cierto que a nivel mundial hay una gran desigualdad en cuanto al número de mujeres y hombres que estudian carreras técnicas, donde los hombres son mayoría, con las carreras como derecho, enfermería o magisterio, donde la mayoría son las mujeres. Los ideólogos de género pretenden que esto demuestra que existen una serie de “estereotipos” y “roles” adquiridos desde la edad más temprana, que deberían ser eliminados por medio de la educación. En lugar de centrarse en la igualdad de oportunidades y derechos y la libertad de escoger, en lo que se centran es en propagar la idea de que el ser hombre o mujer no es una cuestión biológica, sino “cultural”. Son roles que se adquieren y se deciden influidos por la cultura, la educación y el entorno, es decir, que no se “nace” hombre o mujer, sino que uno se “hace” hombre o mujer.

Sin embargo, resultaba que a pesar de todos los esfuerzos de los políticos e ingenieros sociales para eliminar los “estereotipos de género“, en los propios países nórdicos, considerados los de mayor “igualdad de género”, las mujeres seguían optando por profesiones “femeninas” (por ejemplo, enfermeras, profesoras, etc), mientras que los hombres seguían prefiriendo “carreras masculinas” (por ejemplo, la de ingenieros, técnicos, trabajadores de la construcción, etc.), de forma similar a países considerados más “patriarcales” (según la denominación que utilizan los defensores de esta ideología). Las políticas de “igualdad de género” aplicadas desde hace décadas, en vez de ayudar, habían hecho que la tendencia fuese incluso más acentuada.

El efecto de este documental fue que la falsedad de la ideología de género quedó en evidencia y dejó en ridículo al Instituto ante la audiencia televisiva. Los ciudadanos de los países nórdicos empezaron a preguntarse por qué era necesario financiar con 56 millones de euros de los contribuyentes la promoción de una ideología basada en una “investigación” que no tenía ninguna credencial científica, así que retiraron la financiación al instituto. No es otra cosa sino DINERO, en forma de múltiples organizaciones, fundaciones y ONGs regadas con dinero público, lo que hace que los promotores-activistas de esta ideología la defiendan con tantas uñas y dientes.


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En relación con este tema de la ideología de género, hace un par de semanas se produjo en Twitter un choque contencioso entre Cassandra, la chica (o chico, pues su nombre oficial es Ramón) recientemente condenada por unos tuits con chistes sobre Carrero Blanco, y la famosa bloguera andrófoba que se hace llamar “Barbijaputa”. Parece ser que la cuestión de fondo es que la hembrista Barbijaputa consideraba como “privilegiados” o miembros del grupo “opresor” a los transgénero que tienen pene (por eso mismo, es sabido que para las hembristas cualquier hombre, aunque sea el ser más hundido, desdichado y miserable del planeta Tierra, solo por ser hombre es un “privilegiado”). Esto, más tarde o más temprano, tenía que ocurrir. Esta ideología del género es tan desquiciada y tan desquiciante que sus defensores acabarán destruyéndose entre ellos en medio de acusaciones mutuas de pertenecer a uno de los grupos “privilegiados” u “opresores”. Cuando pretendes dividir a la gente en tantos grupos y subgrupos, y colectivos y subcolectivos identitarios, y tu único credo es el victimismo y estar buscando “opresores” por todas partes, tarde o temprano uno de esos microgrupos que supuestamente es tu aliado por cualquier cuestión, en cuanto choque con tus intereses particulares, lo vas a convertir también en enemigo. Hay que entender una cosa: el activismo trans o transgénero, por supuesto, no tiene nada que ver con el respeto a los derechos de estas personas. No es más que una forma de tratar de legitimar el llamado “feminismo de tercera ola”. Si resulta que el género es “fluido” y que podemos cambiar nuestra “identidad sexual” en cualquier momento, entonces, es que ser hombre y mujer son “construcciones sociales”, que es lo que defiende el feminismo posmodernista de tercera ola. Este hembrismo, o neofeminismo, utiliza el caso de los transgénero para tratar de convencer de que sus tesis acerca de que los “roles femeninos” son “construcciones sociales” tienen un soporte supuestamente empírico. No obstante, caso de que haya un conflicto, siempre prevalecerá el lobby hembrista, mucho más poderoso y el que utiliza estas teorías para defender sus intereses. Cuando ya no necesiten a los transgénero para sus intereses particulares, los tirarán a la papelera y santas pascuas.

Posteado por: Javier | mayo 3, 2017

Recuperar la Ley Glass-Steagall

Esto, por el momento, no pasan de ser unas declaraciones de Trump en una entrevista realizada con Bloomberg News en la Casa Blanca, habrá que ser cautos y esperar a ver si es serio, pero, a priori, sería una buena y esperanzadora noticia que, por lo menos, volviera a ponerse sobre la mesa esta posibilidad de restaurar, o promulgar una nueva versión, de la Ley Glass-Steagall del año 1933.

No es la primera vez que esto sale a la luz, no obstante. Trump ya lo había dejado caer en campaña y hay numerosos republicanos y demócratas a favor de recuperar estos controles sobre el sector financiero. De hecho, la propia elección de Trump es explicable por cosas como que, cuando aún era candidato, anunciara su intención de evaluar la restauración de la Glass-Steagal en un país donde existe un monumental cabreo de gran parte del pueblo americano hacia el mundo de las finanzas, algo que, por supuesto, omitieron los medios de (des)información corporativos, empeñados en hacer el ridículo.

Cuando el entonces presidente, Franklin D.Roosevelt, aprobó en ese año la Ley Glass-Steagall, puso uno de los pilares donde se fundamentaría la prosperidad americana en las décadas siguientes. Roosevelt se dio cuenta de que si pretendía que su país prosperara económicamente, debía poner control al desenfreno bancario que, precisamente, había provocado el Crack del 29 y la Gran Recesión posterior. La Ley Glass-Steagall, promovida por el senador Carter Glass y el congresista Henry Steagall, pretendía separar la banca de depósito (la que guarda el dinero y concede créditos a los particulares), de la de inversión (la que invierte esos depósitos y esos créditos en el mercado, a veces bajo la forma de un conglomerado de activos tóxicos). Roosevelt declaró al poner en marcha la ley: “Prefiero rescatar a los que producen alimentos que a los que producen miseria”.

La Ley Glass-Steagall tenía tres puntos esenciales:

1. Total separación entre la banca de depósitos y la banca de inversión.

2. Creación de un sistema bancario conformado por bancos nacionales, estatales y locales. La ley Anti-monopolio (Sherman Antitrust Act) impedía la competencia desleal entre ellos.

3. Los banqueros fueron vetados para participar en los consejos de administración de las empresas industriales, comerciales y de servicios.

La ley, por supuesto, sufrió sucesivos ataques desde la década de los 60, de parte tanto del sector financiero como de la Reserva Federal, sobre todo cuando estuvo dirigida por Alan Greenspan. Finalmente, en 1998 los bancos Travelers y Citibank consiguieron que Bill Clinton aprobase la Ley de Modernización de Servicios Financieros, una norma que derogaba la Glass-Steagall y que era prácticamente uno de los últimos pasos que quedaban para culminar la revolución neoliberal que se había iniciado en los años 80. La intención era fusionarse para construir una de las entidades más poderosas del planeta. Y así lo hicieron. Diez años después, estalló la actual crisis y, curiosamente, el que fue director general de Citibank por aquellos años, Sandy Weill, reconoció que permitir la fusión de los bancos comerciales con los de inversión fue un error.

Una cosa que es cierta y hay que reconocer es que, sin el desarrollo del sistema financiero (sin la banca de inversión y la comercial, sin los bonos corporativos y los soberanos, que han permitido movilizar recursos y agrupar riesgos), la economía no se hubiera desarrollado como lo ha hecho en los dos últimos siglos, y, probablemente, aún viviríamos en un mundo de pequeñas fábricas dirigidas y financiadas por los “maestros de la manufactura” de los que hablaba David Ricardo o de los pequeños talleres artesanos de la época de Adam Smith, respaldados por gobiernos pequeños y pobremente financiados.

El problema ha venido con el auge de las “nuevas finanzas”, que empezó a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado. Las firmas financieras se han especializado en generar elevados beneficios para sí mismas a costa de crear burbujas de activos cuya insostenibilidad disimulan mediante la agrupación, la estructuración y técnicas similares. Cuando las burbujas estallan (como ocurrió varias veces en menor escala antes de la Gran Recesión de 2008), estas firman utilizan muy bien su peso económico y su influencia política para ser rescatadas y conseguir subvenciones de las arcas públicas, que luego deben ser vueltas a llenar por los ciudadanos de a pie a fuerza de aumentos de impuestos y recortes del gasto público en los estados del bienestar. Aunque hemos visto esto a nivel global desde 2008, a escalas más pequeñas se había venido repitiendo en todas partes del mundo, desde que empezó la era de los “big bangs” o de las desregulaciones financieras: Chile, EEUU, Suecia, Malasia, Rusia o Brasil.

Desde que las retribuciones de los directivos profesionales se ligaron a los beneficios a corto plazo de los accionistas de las empresas, aumentando astronómicamente sus emolumentos, todos hemos salido perdiendo. No es una cuestión de “envidia” o de “¿Qué más da lo que cobren estos gerentes mientras los accionistas también se beneficien?” o de “Si cobran, es que lo merecen?” (como dicen los apóstoles del “libre mercado”), sino de pérdida de eficacia económica. Es mucho más rentable para estos directivos o gerentes aumentar la productividad de las empresas (y los beneficios a corto plazo de los accionistas a los que están ligadas sus remuneraciones) a base de recortes de plantilla y bajada de sueldos que invirtiendo en I+D a corto plazo para desarrollar mejores productos y servicios para los consumidores. Igualmente, en el sistema actual, no importa tanto que los trabajadores (que son la mayoría de consumidores) tengan buenos sueldos con los que tener dinero suficiente para consumir esos productos y servicios. Las actuales reformas laborales ayudan a que sea más fácil aligerar plantillas y reestructurar las empresas para después venderlas con más facilidad. Hoy día, de hecho, para algunas empresas es casi más rentable entrar en negocios financieros que en los de economía real, que fue su mercado tradicional (como fue el caso de General Motors, en 2004 el 80% de sus beneficios procedían de su filial financiera; o en el de Ford: todos sus beneficios, entre 2001 y 2003, procedían de Ford Finance). Por algo, cada vez hay más paro, menos poder adquisitivo y menos innovación en los productos que tenemos a nuestra disposición.

Bueno, podría pensarse que esto no tendría sentido y que es suicida a largo plazo para las empresas. Sí, pero da igual. Probablemente, cuando los efectos negativos de esta precariedad en todos los sentidos salgan a la luz, muchos accionistas ya habrán vendido sus acciones, puesto que ese es su negocio y no desarrollar más y mejores productos y que haya trabajadores satisfechos con sus empleos y con capacidad económica para consumirlos.

Igual que para circular en coche, dado que ya no lo hacemos en carretas de bueyes, tuvimos que desarrollar los cinturones de seguridad, los airbags o los frenos ABS y múltiples regulaciones, con mayor razón hay que regular el sistema financiero, donde los accidentes también son terroríficos para millones de personas. Ahora bien, ¿Quién pone el cascabel al gato?

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UN MURO…¿Y LO PAGARÁ EL NARCO?

En otras noticias, aunque no simpatizo para nada con el republicano Ted Cruz (es más, es un tipo que me cae bastante antipático), no tengo problema en reconocer que ha tenido muy buena idea (y que podría ser exportable a otros países). La propuesta de Cruz consiste en asignar fondos a la edificación del muro con México (más bien la continuación, pues el muro lo inició Bill Clinton en 1993 y sus sucesores, Obama incluido, han ido reforzándolo) y la seguridad fronteriza con cualquier cantidad de dinero que el gobierno estadounidense decomise en el proceso judicial que se sigue al narcotraficante Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, conocido por “El Chapo”. Este figura ha sido el principal traficante de drogas de México hasta su captura definitiva en 2016 y su extradición a EEUU en enero de 2017, donde ahora se encuentra encarcelado en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, a la espera de ser juzgado por cargos de tráfico de drogas, conspiración para asesinato y lavado de dinero, entre otros.

Por supuesto, sería aconsejable que este indeseable fuera ejecutado, yo soy partidario de ejecutar rápidamente (tras un juicio con todos los derechos y garantías, por supuesto) a estos criminales que trafican con narcóticos y que envenenan y destruyen a la juventud de nuestros países, pero la propuesta concreta de Cruz es decomisar 14.000 millones de dólares en ingresos de drogas y ganancias ilícitas, o sea, que cualquier ganancia obtenida ilegalmente de cualquier empresa criminal de narcotráfico encabezada por “El Chapo” y que sea penalmente confiscada por el gobierno de EEUU se reserve para medidas de seguridad a lo largo de la frontera con México, incluida la construcción del muro, con el fin de detener el flujo de drogas ilegales.

Con respecto al polémico muro (ya saben, ese a causa del cual nuestros políticos tan “concienciados” sufrían tanto hace unos meses por los “hermanos mexicanos”), al margen de que ampliarlo no es que vaya a tener una gran utilidad práctica, lo que es evidente es que un país tiene derecho a controlar su frontera y a frenar la inmigración ilegal, eso está claro. Las fronteras no sólo las delimitan accidentes naturales (como montañas o ríos), también barreras físicas construídas por el hombre, no pasa sólo en la frontera entre México y EEUU. Otra cosa es que históricamente, a todos los muros se les han encontrado vías para soltearlos, hasta el muro de Berlín no era infranqueable, el muro con el que Israel pretende aislar Gaza y Cisjordania es burlado también en muchas ocasiones, así como las vallas que separan Ceuta y Melilla del resto del territorio africano. Pero, sea más o menos útil el muro, el caso es que EEUU está legitimado para establecer o reforzar esas barreras en su frontera, más aún teniendo en cuenta que México es un estado fallido, incapaz de controlar el tráfico migratorio que le llega desde Centroamérica, y que también se ha dedicado a deportar por miles a los centroamericanos que han pescado en su territorio tras haber entrado ilegalmente (sin que nadie se escandalice por ello ni tache de “racista” al gobierno mexicano).

La polémica en este tema sólo puede existir para unos medios de “fake news” ya completamente desacreditados. Con un muro mayor o menor en la frontera, EEUU va a seguir siendo la mayor de las tierras de acogida. Los propios criterios de Trump durante las primarias republicanas y la campaña electoral, más allá de la caricaturización realizada por los medios deshonestos, se reducían a:

1. Expulsión directa de los miembros de bandas y pandillas reconocidos, fichados, y que todo el mundo conoce.

2. Regularización de los inmigrantes ilegales (Trump en varias ocasiones declaró que: “deseo que salgan, arreglen los papeles de forma adecuada, y que vuelvan porque los necesitamos (…) aquí hay un problema de gestión por parte del Gobierno, y a mi se me da muy bien gestionar”).

3. En resumen, se trata de expulsar e impedir la entrada de inmigración criminal, procedente de México o de donde sea, pero que los buenos y trabajadores inmigrantes, arreglen sus papeles y trabajen en USA.

Algo bastante sensato y, más allá de eso, por ejemplo, EEUU jamás va a deportar a los hijos de inmigrantes ilegales que llegaron al país cuando eran niños. El que piense que un país como EEUU haría eso es un ignorante absoluto. No es ni la tradición anglo-protestante jurídica del país ni el espíritu de ese pueblo iniciar deportaciones masivas sin ton ni son como si estuvieran en la Europa continental. Por suerte para esos que llegaron menores de edad, EEUU no es Europa. Lo que sí se endurecerán son las leyes de entrada y salida del país. EEUU tiene un sistema migratorio roto, anticuado, que debe actualizarse para que la inmigración sea de beneficio para todos.

Como dijo Theodore Roosevelt sobre la cuestión migratoria: “Ni mucha inmigración de los buenos, y ninguna de la mala”.

 

Este es un artículo magnífico, traducción del original en inglés, de Diana Johnstone, una de las pocas analistas actuales que sigue una tendencia de izquierda anti-globalista y pro-soberanista, y de las pocas que no ha reaccionado con histeria ante fenómenos como el Brexit o los ascensos de Donald Trump o Marine Le Pen, residente en Francia, además. Está escrito antes de la celebración de la primera vuelta de la presidenciales francesas.

He dicho y sostengo que Francia no es que sea un país que me llame demasiado la atención pero sí es verdad que es interesante el hecho de que allí hay un reflejo muy claro de la situación actual en Occidente.

Por supuesto, Macron será el próximo presidente de Francia, aunque las opciones anti-establishment hayan conseguido un 40% de los votos. Macron es el candidato plástico y prefabricado ideal para el establishment. Aunque digan que en Francia ninguno de los partidos tradicionales ha pasado a la segunda vuelta, la realidad es que no están de cuerpo presente pero sí de espíritu: Macron es la emanación de los dos, de los republicanos y del Partido Socialista. Además, en la segunda vuelta es probable que mucha gente se resista a votar a Le Pen ante el temor de que se produzcan marchas y disturbios “espontáneos”, una especie de “revolución de color”, como las que de cuando en cuando se han surgido en el espacio ex-soviético, las mal llamadas “primaveras árabes” o las que estallaron en noviembre en EEUU tras la elección de Trump.

La propaganda de los medios corporativos globalistas ha tratado continuamente de desviar la atención de la cuestión central que se estaba tratando en las elecciones francesas, presentándolo como si lo que se estuviera dirimiendo fuera “fascismo” o “no fascismo”. Y, es bastante evidente, no hay más que remitirse a los hechos y las declaraciones, que hay una “izquierda” que se ha convertido en una aliada de lujo del neoliberalismo globalista, incapaz de ver más allá de su nariz. Piensan, efectiva e infantilmente, que la cuestión en Francia era “fascismo sí, fascismo no”. Aparte de que, teniendo en cuenta que Macron es un neoliberal, agente de la banca mundialista e imperialista económico y militar, sería más que dudoso quién es el “fascista” de los dos candidatos que han quedado (históricamente, la principal característica de los partidos fascistas precisamente ha sido… el apoyo unánime que reciben de los poderes financieros), no era el “fascismo” el tema de debate, sino globalismo y soberanía nacional, siendo lo último por lo que postulaban Le Pen, Mélenchon y Asselineau (este último candidato, mucho más desconocido, era el único que decía claramente que su postura era activar inmediatamente el artículo 50 e iniciar el Frexit, muchas de las ideas de Le Pen y Mélenchon son tomadas de este señor). Le Pen es una nacionalista, es donde exactamente está encuadrada, con todos los defectos que se quiera que tenga el ser nacionalista francés (entre otras cosas, Le Pen defiende el laicismo a rajatabla, al ser una de las señas de identidad de Francia desde los tiempos de la Revolución Francesa), y plantear el debate como si fuera el “fascismo” lo que está en discusión es una torpeza de lo más estúpido y una muestra de una ignorancia supina.

“Curiosamente”, nunca veréis a esos mismos medios progres y neoliberales que caracterizan a Marine Le Pen como “fascista” calificar de la misma forma al gobierno pro-nazi y violento, lacayo de la UE y la OTAN, de Ucrania.

PD: como bien señala también el artículo de Johnstone, la derrota del conservador Fillon demuestra que ahora la opción preferida del establishment es una especie de neoliberalismo “progre” y que el viejo capitalismo conservador ha sido descartado. Que el neoliberalismo globalista se dedique a dar apoyo a una agenda completa de causas supuestamente “progres” y “contraculturales” ha sido una constante, y ha ido en aumento, desde las revueltas elitistas del Mayo del 68 en Francia. En aquella época, el viraje desde un capitalismo tradicional a un capitalismo neoliberal que satisficiera el “mercado del deseo”, como lo bautizó Michel Clouscard, se veía frenado por el conservadurismo del gaullismo, que había que liquidar a toda costa, objetivo que tenían esas revueltas (un modus operandi que parece repetirse hoy día).

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La elección presidencial francesa de 2017 marca un profundo cambio en los alineamientos políticos europeos. Hay un cambio continuo de la tradicional rivalidad izquierda-derecha a la oposición entre la globalización, en la forma de la Unión Europea (UE), y la soberanía nacional.

El tratamiento estándar de los medios de comunicación se apega a un dualismo simple de izquierda-derecha: el rechazo “racista” de los inmigrantes es el principal problema y que lo que más importa es “¡detener a Marine Le Pen!”. Ir de un lado a otro es como caminar a través del espejo de Alicia. A casi todo se da la vuelta.

En este lado del cristal, la izquierda se ha convertido en la derecha y parte de la derecha se está convirtiendo en la izquierda.

Hace cincuenta años era “la izquierda” la que tenía como causa más ardiente el apasionado apoyo a las luchas de liberación nacional del Tercer Mundo. Los héroes de la izquierda eran Ahmed Ben Bella, Sukarno, Amilcar Cabral, Patrice Lumumba y sobre todo Ho Chi Minh. ¿Por qué luchaban estos líderes? Luchaban por liberar a sus países del imperialismo occidental. Luchaban por la independencia, por el derecho a determinar su propia forma de vida, a preservar sus propias costumbres, a decidir su propio futuro. Estaban luchando por la soberanía nacional, y la izquierda apoyaba esa lucha.

Hoy, a todo se le ha dado la vuelta. “Soberanía” se ha convertido en una palabra horrible para la corriente principal de la izquierda.

La soberanía nacional es un concepto esencialmente defensivo. Se trata de quedarse en casa y cuidar de los asuntos propios. Es lo opuesto al nacionalismo agresivo que inspiró a la Italia fascista y a la Alemania nazi a conquistar otros países, privándoles de su soberanía nacional.

La confusión se debe al hecho de que la mayor parte de lo que se llama a sí mismo “la izquierda” en Occidente ha sido totalmente ganada para la actual forma de imperialismo – aka “globalización”. Es un imperialismo de un nuevo tipo, centrado en el uso de la fuerza militar y el poder “blando” para permitir que las finanzas transnacionales penetren cada rincón de la tierra y así remodelar a todas las sociedades en la búsqueda interminable del retorno rentable de la inversión de capital. La izquierda se ha ganado a este nuevo imperialismo porque avanza bajo la bandera de los “derechos humanos” y el “antirracismo” – abstracciones en las que una generación entera ha sido adoctrinada para que sean consideradas las cuestiones políticas centrales, si no las únicas, de nuestro tiempo.

El hecho de que el “soberanismo” esté creciendo en Europa es interpretado por los medios globalistas como prueba de que “Europa se está moviendo hacia la derecha” – sin duda, porque los europeos son “racistas”. Esta interpretación es sesgada y peligrosa. La gente, en cada vez más naciones europeas, está pidiendo la soberanía nacional precisamente porque la han perdido. La perdieron ante la Unión Europea, y la quieren de vuelta.

Es por eso que los británicos votaron por abandonar la Unión Europea. No porque sean “racistas”, sino principalmente porque aprecian su tradición histórica de autogobierno.

El naufragio del Partido Socialista

Debido a que su presidencia de cinco años llegó a un extremo ignominioso, François Hollande se vio obligado por su drástica impopularidad a dejar que el Partido Socialista (PS) eligiera a su candidato presidencial para 2017 por medio de primarias. De manera sorprendente, el candidato natural del gobierno socialista, el primer ministro Manuel Valls, perdió ante Benoit Hamon, un oscuro miembro de la izquierda del PS que se negó a votar por las impopulares leyes neoliberales anti-laborales diseñadas por el asesor económico de Hollande, Emmanuel Macron.

Para escapar de la impopularidad del PS, Macron formó su propio movimiento, “En Marche!”. Uno tras otro, Valls, Hollande y otros líderes prominentes del PS se alejaron de puntillas, dejando a Hamon al timón de una nave que se hundía. Mientras Hamon protesta justificadamente contra su traición, los capitostes del partido prometen su apoyo a Emmanuel Macron.

Macron vacila ostentosamente para dar la bienvenida a sus conversos, temiendo que esa conversión haga demasiado evidente que su “En Marche!” es un clon de la derecha del PS, en camino a convertirse en la filial francesa del Partido Demócrata de los EE.UU. en su versión clintoniana. Macron proclama que no es ni la izquierda ni la derecha, como los políticos desacreditados tanto de izquierda como de derecha que se suben a su carro, para su vergüenza.

El propio Hamon parece ignorar que la causa principal del naufragio del Partido Socialista es su devoción incompatible con dos principios contradictorios: la socialdemocracia tradicional y la Unión Europea (UE). Macron, Hollande y sus compañeros de turno por lo menos han hecho su elección: la Unión Europea.

El crepúsculo de la derecha tradicional

La gran ventaja del candidato republicano François Fillon es que sus políticas son claras. A diferencia de Hollande, que trató de disimular sus políticas neoliberales, y basó su afirmación de estar a la izquierda en asuntos “sociales” (matrimonio gay), Fillon es un conservador descarado. Sus políticas están diseñadas para reducir la enorme deuda nacional. Mientras que los gobiernos anteriores (incluso el suyo propio, cuando era el primer ministro del presidente Sarkozy) se fueron por las ramas, Fillon ganó la nominación republicana con un programa de recortes drásticos en el gasto del gobierno. Fillon afirma que sus medidas de austeridad llevarán a los capitalistas franceses a invertir en Francia y así salvar la economía del país de ser completamente tomada por corporaciones extranjeras, fondos de jubilación estadounidenses y Qatar. Esto es muy dudoso, ya que no hay nada bajo las normas de la UE para alentar a los inversores franceses a invertir en Francia en lugar de en otro lugar.

Fillon se aparta de la ortodoxia de la UE, sin embargo, al proponer una política exterior más independiente, en particular al poner fin a las “absurdas” sanciones contra Rusia. Está más preocupado por el destino de los cristianos de Oriente Medio que por derrocar a Assad.

El resultado es que la política pro-capitalista coherente de Fillon no es exactamente lo que prefiere la élite dominante globalizadora. El “centro-izquierda” es su clara elección política desde que Tony Blair y Bill Clinton revisaron las agendas de sus respectivos partidos. El centro-izquierda enfatiza los derechos humanos (especialmente en los países lejanos a los que se dirigía el cambio de régimen) y la diversidad étnica en el país se ajusta a los objetivos globales a largo plazo de borrar las fronteras nacionales para permitir la libre circulación de capital sin restricciones. El tradicional conservadurismo patriótico, representado por Fillon, no concuerda al completo con el aventurerismo internacional de la globalización.

La izquierda esquizofrénica

Durante una generación, la izquierda francesa ha hecho de “la construcción de Europa” el centro de su visión del mundo. A principios de los años ochenta, enfrentado a la oposición de lo que entonces era la Comunidad Europea, el presidente francés François Mitterrand abandonó el programa de socialización con el que fue elegido. Mitterrand alimentó la esperanza de que Francia dominara políticamente una Europa unida, pero la unificación de Alemania cambió todo eso. También lo hizo la expansión de la UE a las naciones del este central dentro de la esfera de influencia alemana. La política económica se hace ahora en Alemania.

Como el tradicional objetivo de izquierda de igualdad económica se abandonó, fue reemplazado por la lealtad enfática a los “derechos humanos”, que ahora se enseña en la escuela como una verdadera religión. La vaga noción de los derechos humanos se relacionaba de algún modo con el “libre movimiento” de todo y de todos. De hecho, el dogma oficial de la UE es la protección de la “libre circulación”: libre circulación de bienes, personas, mano de obra y (por último, pero no menos importante) capital. Estas “cuatro libertades” en la práctica transforman a la nación desde una sociedad política a un mercado financiero, una oportunidad de inversión, dirigida por una burocracia de supuestos expertos. De esta forma, la Unión Europea se ha convertido en el experimento de vanguardia para transformar el mundo en un único mercado capitalista.

La izquierda francesa adoptó mucho de este ideal, en parte porque engañosamente se hizo eco del viejo ideal izquierdista del “internacionalismo” (mientras que el capital siempre ha sido incomparablemente más “internacional” que los trabajadores), y en parte debido a la idea simplista de que el “nacionalismo” es el única causa de las guerras. Se ignoran las causas fundamentales y complejas de la guerra.

Durante mucho tiempo, la izquierda se ha quejado de la pérdida de empleos, la disminución del nivel de vida, la deslocalización o el cierre de las industrias rentables, sin reconocer que estos resultados impopulares son causados ​​por los requisitos de la UE. Las directivas y reglamentos de la UE socavan cada vez más el modelo francés de redistribución a través de los servicios públicos y ahora amenazan con borrarlos por completo -ya sea porque “el gobierno está en quiebra” o porque las normas de competencia de la UE prohíben a los países tomar medidas para preservar sus industrias clave o su agricultura. En lugar de enfrentar la realidad, la reacción de la izquierda ha sido sobre todo repetir su agotada demanda de una imposible “Europa Social”.

Sin embargo, el sueño de la “Europa social” recibió hace diez años lo que resultó ser un golpe fatal. En 2005, se convocó un referéndum para permitir a los franceses aprobar una Constitución para una Europa unida. Esto condujo a una discusión popular extraordinaria, con las reuniones innumerables de ciudadanos que examinaban cada aspecto de este largo documento. A diferencia de las constituciones normales, este documento congelaba a los Estados miembros en una única política económica monetarista, sin posibilidad de cambio.

El 29 de mayo de 2005, los votantes franceses rechazaron el tratado en un porcentaje del 55% frente al 45%.

Lo que parecía ser una gran victoria para la democracia responsable se convirtió en su gran fracaso. Esencialmente el mismo documento, rebautizado como Tratado de Lisboa, fue ratificado en diciembre de 2007, sin referéndum. La gobernanza global puso a la gente en su lugar. Esto generó una desilusión generalizada con la política cuando millones concluyeron que sus votos no importaban, que los políticos no prestaban atención a la voluntad del pueblo.

Aún así, los políticos socialistas continuaron prometiendo lealtad eterna a la UE, siempre con la perspectiva de que la “Europa Social” podría ser posible de alguna manera.

Mientras tanto, se ha vuelto cada vez más obvio que la política monetarista de la UE basada en la moneda común, el euro, no crea ni crecimiento ni empleo como se prometió, sino que destruye ambos. Incapaz de controlar su propia moneda, obligada a pedir prestado a los bancos privados y a pagarles intereses, Francia está cada vez más endeudada, su industria está desapareciendo y sus agricultores se suicidan, en promedio de uno cada dos días. La izquierda ha terminado en una posición imposible: lealtad inquebrantable a la UE al tiempo que pide políticas imposibles bajo las normas de la UE que rigen la competencia, la libre circulación, la desregulación, las restricciones presupuestarias y otras innumerables regulaciones producidas por una burocracia opaca y ratificadas por el virtualmente impotente Parlamento Europeo, todos bajo la influencia de un ejército de cabilderos.

Benoit Hamon permanece firmemente atado a los cuernos del fatídico dilema de la izquierda: la determinación de ser “socialista”, o mejor dicho, socialdemócrata, y la apasionada lealtad a “Europa”. A pesar de insistir en las políticas sociales que no pueden ser llevadas a cabo con el euro como moneda y de acuerdo con las normas de la UE, Hamon todavía proclama la lealtad a “Europa”. Él repite como un loro la política exterior “made in Washington” de la UE, exigiendo que “Assad se debe ir” y despotrica contra Putin y Rusia.

Jean-Luc Mélenchon

No sólo ha sido el monótono y conformista Hamon abandonado por su partido, sino que está totalmente eclipsado a la izquierda por el extravagante Jean-Luc Mélenchon, un inconformista preparado para romper las reglas. Después de años como lealista del PS, Mélenchón se separó en 2005 para oponerse al Tratado Constitucional, ganando prominencia como un orador ardiente. En 2007 abandonó el Partido Socialista y fundó el Partido de la Izquierda. Aliado con el muy debilitado Partido Comunista, llegó en cuarto lugar en la primera ronda de la elección presidencial de 2012 con el 11% de los votos. Esta vez se postula como presidente con su nuevo movimiento, La France Insoumise, que puede traducirse de varias maneras, entre ellas “la Francia que no se somete”.

¿Someter a qué? Principalmente, al euro y a las políticas antisociales y neoliberales de la Unión Europea que están arruinando a Francia.

Las banderas francesas y la Marsellesa han reemplazado a la Internacional en las manifestaciones de Mélenchon. “La Europa de nuestros sueños está muerta”, reconoce, prometiendo “poner fin a la pesadilla de la dictadura por parte de los bancos y las finanzas”.

Mélenchón pide una desobediencia directa violando los tratados de la UE que son perjudiciales para Francia. Éste es su Plan A. Su Plan B es abandonar la UE, en caso de que el Plan A no convenza a Alemania (el jefe actual) y a los demás para aceptar cambiar los tratados. Pero en el mejor de los casos, el Plan B es una amenaza vacía para fortalecer su mano en las negociaciones teóricas. Francia es un miembro tan crucial, sostiene, que una amenaza francesa de salir debería ser suficiente para forzar cambios.

Amenazar con dejar la UE es sólo parte del vasto y complicado programa de Mélenchón, que incluye convocar una convención nacional para redactar una constitución para la “VI República” así como una importante innovación ecológica. Cambiar completamente a Francia y a la Unión Europea, al mismo tiempo, requeriría que la nación estuviera en una efervescencia revolucionaria que no es visible en absoluto. También requeriría una unanimidad entre los 28 Estados miembros de la UE que es simplemente imposible.

Pero Mélenchon es lo suficientemente astuto para haber reconocido el problema básico: el enemigo del empleo, la prosperidad y los servicios públicos es la Unión Europea. Mélenchón es con mucho el candidato que genera más emoción. Él ha superado rápidamente a Hamon y atrae a grandes multitudes entusiastas a sus manifestaciones. Su progreso ha cambiado la configuración de la carrera: en este momento, se ha convertido en uno de los cuatro punteros que podrían pasar la votación de primera ronda el 23 de abril a la final del 7 de mayo: Le Pen, Macron, Fillon y él mismo.

Los opuestos son (casi) iguales

Una de las características más notables de esta campaña es la gran similitud entre los dos candidatos que se dice representan “la extrema izquierda”, Mélenchón, y “la extrema derecha”, Marine Le Pen. Ambos hablan de abandonar el euro. Ambos se comprometen a negociar con la UE para obtener mejores condiciones para Francia. Ambos defienden las políticas sociales para beneficiar a los trabajadores y a las personas de bajos ingresos. Ambos quieren normalizar las relaciones con Rusia. Ambos quieren dejar la OTAN, o al menos su mando militar. Ambos defienden la soberanía nacional, y pueden ser descritos como “soberanistas”.

La única gran diferencia entre ellos es acerca de la inmigración, un tema que despierta tanta emoción que es difícil discutir con sensatez. Aquellos que se oponen a la inmigración son acusados de “fascismo”, los que favorecen la inmigración son acusados ​​de querer destruir la identidad de la nación inundándola con extranjeros inasimilables.

En un país que sufre de desempleo, sin empleos ni viviendas para acomodar la inmigración masiva, y bajo la amenaza constante de ataques terroristas islámicos, la cuestión no puede reducirse razonablemente al “racismo”, a menos que los terroristas islámicos constituyan una “raza”. Le Pen insiste en que todos los ciudadanos franceses merecen igualdad de trato, independientemente de sus orígenes, raza o religión. Ella está segura de recibir un apoyo considerable de los inmigrantes recientemente nacionalizados, así como ahora obtiene la mayoría de los votos de la clase trabajadora. Si esto es “fascismo”, entonces el fascismo ha cambiado mucho en los últimos setenta años.

Lo que es significativo es que a pesar de sus diferencias, los dos candidatos más carismáticos hablan de restablecer la soberanía nacional. Ambos evocan la posibilidad de abandonar la Unión Europea, aunque en términos bastante inciertos.

Los medios globalistas ya se están preparando para culpar a Vladimir Putin de la eventual elección de un candidato “soberanista”. La opinión pública en Occidente está siendo preparada para las protestas masivas contra un ganador indeseado, y los militantes “antifa” están listos para causar estragos en las calles. Algunas personas que simpatizan con Marine Le Pen no se atreven a votar por ella, temiendo que la “revolución de color” esté ya montada. Mélenchon e incluso Fillon podrían enfrentar problemas similares.

Como muestra de lo que está por venir, el 20 de abril, el Observador de la UE publicó un artículo titulado “Las noticias falsas vinculadas a Rusia inundan las redes sociales francesas”. Basado en algo llamado Bakamo, uno de los nuevos equipos de “verificación de hechos” destinados a alejar a los lectores de la opinión no oficial, el artículo acusó a los sitios web de influencia rusa de favorecer a Marine Le Pen, Jean-Luc Mélenchon, François Fillon, François Asselineau y Philippe Poutou (se olvidaron de mencionar a uno de los candidatos más “soberanistas”, Nicolas Dupont-Aignan, que en la actualidad está en sexto lugar). Ya que una gran mayoría de los once candidatos, incluidos tres de los cuatro punteros, son muy críticos con la UE y la OTAN y quieren mejorar las relaciones con Rusia, parecería que Putin no tendría que hacer un gran esfuerzo para conseguir un gobierno francés más amigable. Por otra parte, el artículo del Observador de la UE es sólo una pequeña muestra de “interferencia flagrante en las elecciones francesas” por parte de los globalistas, en nombre de su favorito, Emmanuel Macron, el más entusiasta eurofilo.

El futuro de Francia

Entre los que figuran como favoritos rusos, François Asselineau es, con mucho, el crítico más completo de la Unión Europea. Ignorado sistemáticamente por los medios de comunicación desde que fundó su partido anti-UE, la Unión Populaire Républicain (UPR), hace diez años, François Asselineau tiene miles de partidarios ardientes que han pegado sus carteles por todo el país. Sus incansables discursos didácticos, reproducidos en internet, han llevado a casa varios puntos clave:

– no hay forma de mejorar la UE desde dentro, porque cualquier cambio requeriría unanimidad entre 27 Estados miembros que no están de acuerdo en cuestiones clave.

– la única solución para Francia es utilizar el artículo 50 de los Tratados de la UE para retirarse por completo, como lo está haciendo actualmente el Reino Unido.

– sólo dejando la UE puede Francia salvar sus servicios públicos, sus beneficios sociales, su economía y su democracia.

– es sólo mediante el restablecimiento de su soberanía nacional que la verdadera vida democrática, con la confrontación entre una verdadera “izquierda” y “derecha”, puede ser posible.

– al abandonar la UE, Francia, que tiene más de 6.000 tratados con otros países, no estaría aislada, sino que se uniría al mundo.

Asselineau es un candidato de una sola cuestión. Promete que tan pronto como sea elegido, invocará el artículo 50 para salir de la UE y solicitar inmediatamente a Washington la retirada de la OTAN. Subraya que ninguno de los otros críticos de la UE propone una salida tan clara.

Otros candidatos, entre ellos los más carismáticos Mélenchon y Le Pen, se hacen eco de algunos argumentos de Asselineau. Pero no están dispuestos a abogar por una clara ruptura inmediata con la UE, aunque sólo sea porque se dan cuenta de que la población francesa, aunque cada vez más crítica con el euro y alejada del “sueño europeo”, sigue temiendo dejarlo, debido a las terribles advertencias de desastre de parte de los europeístas.

La primera ronda de la campaña es una oportunidad para Asselineau para presentar sus ideas a un público más amplio, la preparación de la opinión pública para una política de “Frexit” más coherente. El tema emergente más fundamental de esta campaña es el conflicto entre la Unión Europea y la soberanía nacional. Probablemente no se resuelva en estas elecciones, pero no desaparecerá. Este es el tema principal del futuro, porque determinará si es posible cualquier vida política genuina.

Posteado por: Javier | abril 15, 2017

Desmitificando la II República

Este artículo de Pedro Fresco, de su blog la República Heterodoxa, es a su vez una republicación mía, pues ya lo compartí hace tres años, con motivo de un nuevo aniversario de la proclamación de la II República. Es un escrito que me gusta, por eso lo vuelvo a compartir hoy, ya que es complicado encontrar material que intente, al menos, mantener cierto rigor en el análisis histórico.

Precisamente, uno de los grandes problemas de la infantilizada y folclórica izquierda española es que, en lugar de ser capaz de construir una alternativa al gran desafío actual del neoliberalismo globalista (que sí la está construyendo, con mayor o menor acierto, y con todo lo que se quiera criticar, la derecha “anti-establishment”), en lo que está anclada es en cosas como idealizar, de una forma ciertamente pueril, como si fuera algo deseable su vuelta, un período histórico controvertido e interesante desde el punto de vista del estudio de la historia, pero que no es un modelo de futuro (precisamente, me consta que este mismo artículo que ahora comparto generó mucha controversia entre esa misma izquierda).

Junto con las carencias que ya en sí tenía el sistema, la II República fue un periodo de gran inestabilidad política y social, lo cual es algo que ningún historiador serio pone en duda. Los actos violentos por parte de comunistas, socialistas y anarquistas por un lado, y de falangistas y carlistas por el otro, fueron el pan de cada día durante aquellos convulsos años (revueltas, disturbios, asesinatos políticos, insurrecciones, represalias brutales, quema de iglesias y conventos, huelgas, desórdenes públicos, etc.). Aunque la realidad es que la situación de España ya era muy convulsa antes de 1931, era una situación que ya se daba incluso en tiempos de la Restauración y así siguió hasta 1936. Desde 1874 a 1931 abundaron los disturbios, las revueltas, e incluso las quemas de iglesias, no fue una situación exclusiva de la II República. Quemar iglesias era algo incluso que se remonta a principios del siglo XIX, los de la Guerra de Independencia. Ha sido parte de la eterna tensión española entre clericalismo y anticlericalismo, no fue algo exclusivo de la época de la República. Esa inestabilidad en absoluto justificaba un golpe de Estado ni la dictadura posterior, como después pretendió la propaganda franquista, pero el pecado capital de los líderes de uno u otro bando fue no saber refrenarse, alimentar el odio y la escalada violenta que nos arrastró a todos a un baño de sangre, no ser capaces de ver a unos compatriotas enfrente, sólo enemigos a exterminar. Digamos que la II República, esencialmente, naufraga porque, por muy buenas intenciones iniciales que hubiera por implantar un régimen moderno y democrático, en la práctica, lo que había en España eran dos bandos esperando para empezar a matarse: las masas hambrientas (obreros y campesinos) y sus amos (los grandes terratenientes y la Iglesia Católica).

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DESMITIFICANDO LA II REPÚBLICA

Observo estos días, al cumplirse el 83 aniversario de la proclamación de la II república en España, como la reivindicación de la república cobra más fuerza que nunca. Fundamentalmente desde sectores de izquierda (aunque no solo) se mira a la república como un ejemplo de libertad y progreso en contraste con el actual régimen salido de la transición, que por diversas razones ha degenerado y ha perdido el apoyo de una parte importante de la ciudadanía.

A mí, que he sido republicano desde que tengo uso de razón política, esto me hace mucha gracia. En cierta manera y dentro de mi juventud me siento como un “camisa vieja” del republicanismo, de los que ya decíamos que este país debería ser una república antes de que el rey cazase elefantes, tuviese yernos corruptos o se rompiese la cadera en viajes clandestinos junto a su amante. Cuando la gente viene al redil de los republicanos siempre pienso maliciosamente “os lo llevo diciendo años”, con la satisfacción típica del pionero.

Sin embargo hay algo que supera a mi republicanismo y esto es mi seriedad y mi respeto por la verdad. Y en toda esta marea republicana veo una cosa que es ridícula e incluso peligrosa, y esa es la mistificación de las repúblicas en general y de la II república en particular.

Hay una dualidad falsaria que se está estableciendo en ciertos segmentos de esta sociedad sobre la democracia actual y la democracia republicana del periodo 1931-1936. La democracia actual sería, según esta visión, una democracia vigilada, partitocrática, tutelada por los grandes poderes fácticos del país, con una constitución chapucera y elitista y, en definitiva, una especie de engendro fabricado para blanquear y actualizar un franquismo jamás desaparecido del todo.

La democracia republicana, también según esta visión, sería todo lo contrario. Una democracia pura, popular, donde el pueblo realmente tenía el poder, con una constitución avanzadísima que colmaba de derechos y libertades a los ciudadanos. En definitiva, el sistema político de la II república sería el ejemplo a seguir, sería el horizonte al que tendríamos que aspirar como país.

Obviamente eso es un posicionamiento maniqueo. Ni la democracia actual está sostenida en bases legales tan corruptas ni la democracia republicana era tan pura y tan perfecta como se vende. Es más, desde muchos puntos de vista el sistema democrático actual es bastante más avanzado que el existente en la época de la república.

Ciertamente sí hay cosas más avanzadas en la constitución republicana que en la actual. Para empezar el propio hecho de que el jefe del estado sea un civil y sea elegido bajo procedimientos democráticos es obviamente un avance social respecto a un estado monárquico. Además y a diferencia de las actuales leyes por las que el rey es inviolable, el presidente de la II república sí tenía responsabilidad penal.

Otro punto donde creo que la constitución republicana era más avanzada es en el asunto de la libertad religiosa. Ambas constituciones dicen que España no tiene religión oficial pero la actual constitución pone una coletilla: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.Esto es lo que permite, por ejemplo, que en España se enseñe religión en los colegios públicos, se esté financiando a la iglesia mediante la hacienda pública o que la religión católica esté presente en actos de estado. Estas cosas estaban prohibidas por la constitución republicana, lo que aseguraba un estado verdaderamente laico.

Hay más cosas que me parecen positivas de la constitución republicana, como que su reforma es más fácil. Para reformar un artículo esencial de la actual constitución se requieren 2/3 de las cortes generales en dos legislaturas diferentes y finalmente un referéndum. En la constitución republicana, en cambio, bastaba con la mayoría simple de dos parlamentos consecutivos, sin necesidad de referéndum. No obstante y aunque me parece que es más flexible la constitución republicana observemos como la actual da más poder directo al ciudadano para vetar una reforma (que no para promocionarla).

Sin embargo la constitución actual es más avanzada en otros aspectos. Reconoce, por ejemplo, el derecho a la objeción de conciencia y obliga al legislador a regular ésta. También reconoce el derecho a la sanidad y la obligación de que el estado tome las medidas necesarias para garantizar este derecho, algo que la constitución republicana no hace claramente. La constitución actual también obliga a mantener un régimen público de seguridad social.

En la constitución del 78 pueden votar los ciudadanos mayores de 18 años mientras que en la del 31 podían votar los mayores de 23. También habla de los derechos de los niños, de la protección especial a minusválidos, de la importancia de los convenios colectivos o de una política orientada al pleno empleo. Todas estas diferencias son probablemente de época pero hay que reconocer que la constitución del 78 recoge estas problemáticas sociales mucho mejor que la del 31.

Nuestra constitución actual también es más amplia en cuanto a las posibilidades de la autonomía que la republicana. De hecho la actual inmersión lingüística que se da en el sistema educativo catalán no podría darse bajo la constitución republicana, que obligaba a que el castellano fuese “instrumento de enseñanza”.

De todos modos yo siempre huyo de la “filia constitucionalista”, es decir, esa creencia popular de que para que un país funcione adecuadamente la constitución debe regularlo y marcarlo todo. No, eso no es así, más que la constitución en sí lo importante es todo el desarrollo legal posterior que es lo que marca en funcionamiento y realidad de la sociedad. Lo importante es la realidad legal y el día a día, no los principios constitucionales muchas veces abstractos e inaplicables.

Y por eso debemos ir al día a día de la II república. Y la verdad es que la realidad social que se vivió durante la época de la república fue menos democrática y menos “libre” que lo que hemos vivido en los últimos 30 años. Para empezar debemos decir que los dos primeros años de la república estuvieron marcados por la existencia de la “ley de defensa de la república”, una ley preconstitucional que se aplicó excepcionalmente durante los dos primeros años de vigencia de la constitución porque los republicanos consideraban que el régimen debía ser defendido de sus enemigos por encima de todo.

La ley de defensa de la república permitía, por ejemplo, prohibir los vivas al rey, las banderas monárquicas o cualquier cosa que se considerase subjetivamente que atentaba contra el régimen republicano. La ley de defensa de la república permitía también multar a periódicos o incluso evitar su difusión, prohibir manifestaciones y también huelgas “políticas”. Y todo ello no se dirimía por los tribunales de justicia sino que dependía directamente del ministerio de gobernación (interior), en un claro ejemplo de arbitrariedad gubernativa.

La ley de defensa de la república convertía de facto algunas libertades constitucionales en papel mojado. Podía haber motivo justificado para la ley (de hecho se demostró que la república tenía poderosos enemigos y que éstos acabaron destruyéndola) pero en cualquier caso hay que ser consciente que esta ley suponía una violación de las libertades constitucionales que no hemos sufrido en toda la vigencia del régimen del 78.

Las leyes republicanas tampoco eran humanitaristas y liberadoras como a veces pareciera. La “ley de vagos y maleantes”, conocida por haber sido muy usada durante el franquismo, es una ley que promulgó el gobierno Azaña en 1933. Bien es cierto que esta ley originariamente estaba pensada para controlar la mendicidad profesional y el proxenetismo y que fueron realmente las modificaciones que hizo el franquismo (que incluyó la persecución de la homosexualidad en la misma) las que le dieron su carácter represivo, pero en cualquier caso también era una ley un tanto arbitraria y que dejaba la puerta abierta a abusos contra las personas sin recursos.

Además de la naturaleza de las leyes debemos darnos cuenta que en los cinco años y tres meses en los que la república vivió en paz se decretaron 62 veces los estados de alarma (prevención), excepción o guerra. Cada vez que uno de estos estados excepcionales era declarado ciertos artículos de la constitución se dejaban en suspenso y las libertades de los ciudadanos por tanto se veían afectadas. Por mucha constitución que haya si ésta está suspendida parcialmente cada dos por tres su vigencia acaba siendo muy limitada. Durante los casi 35 años de vigencia de la constitución del 78 solamente se ha decretado el estado de alarma una vez, en 2010 y ante la “huelga” de los controladores aéreos.

Adicionalmente durante la república hubo fusilamientos a pesar de que la pena de muerte había sido eliminada por la constitución. Esto pudo ser porque, al declararse los estados excepcionales, muchos ámbitos pasaban a regirse bajo la jurisdicción militar y en ese ámbito la pena de muerte permanecía vigente.

Está bastante claro, pues, que a nivel de libertades individuales el periodo de la constitución del 78 ha sido mejor que el republicano, pero es que a nivel político yo creo que también. Actualmente nos quejamos mucho de la ley electoral que minimiza a los partidos pequeños nacionales y sobredimensiona a los grandes. Se echa la culpa a la ley d’hont, pero realmente la culpa es fundamentalmente de las circunscripciones provinciales.

Bien, en 1931 fue el gobierno provisional de la república quien implantó las circunscripciones provinciales. Además de eso el sistema electoral republicano era mucho más mayoritario que el actual porque otorgaba el 80% de los escaños de una circunscripción a la lista más votada, eliminando la proporcionalidad de forma absoluta. Si las cortes republicanas resultaron ser un crisol de partidos fue por un lado porque había menos homogeneidad en las decisiones políticas entre provincias de la que tenemos actualmente, y por otro porque los partidos se juntaban en coaliciones pero, al llegar al parlamento, luego votaban por su cuenta.

Respecto a la “limpieza” de las elecciones creo que se puede decir que con casi toda seguridad son más limpias las elecciones en la democracia actual. En la España de los años 30 todavía sobrevivía un fuerte caciquismo y la compra de votos por los caciques era habitual. La“coacción” para el ejercicio del voto también era mayor en otros campos, bien fuese desde los púlpitos de las iglesias, desde las tarimas de los mítines obreros o de los propios maridos sobre sus mujeres. De forma general las elecciones de la época republicana fueron limpias aunque se conocen casos de fraude electoral parcial en varios sentidos que, no obstante, no parece que alterasen los resultados finales.

Hay que tener mucho cuidado con no falsear la historia. Está fuera de toda duda que la II república era un régimen legítimo y democrático y que el golpe de estado contra ella fue quizá el acto más terrible y condenable de la historia contemporánea de España. Los objetivos de la república fueron nobles y ojalá no hubiese habido guerra civil y la democracia hubiese continuado vigente desde entonces hasta nuestros días.

Pero la república no fue un paraíso y su estructura legal no fue ninguna maravilla. Probablemente si no hubiese acabado como acabó la estructura jurídica y la constitución hubiesen sido reformadas en varios sentidos. Tenemos que ser serios en el análisis y no sacralizar épocas y realidades jurídicas que tenían virtudes pero también defectos.

Muchos de los problemas que vivió la república se debieron a su época histórica, a las amenazas que sufría, a la sociedad tan polarizada que tuvo que gobernar y a la sombra del fascismo que acechaba en toda Europa. Eso es verdad pero la realidad es la que es, las libertades de la época republicana eran menores que las actuales como también lo eran en la Francia o la Inglaterra de los años 30 respecto a sus realidades actuales. No reconocer esto es absurdo.

Sacralizar la II república me parece que no tiene sentido, no debemos creernos una serie de mitos creados para intereses políticos determinados. La creación de un paso glorioso y puro es precisamente lo que hacen los nacionalistas para sostener sus irracionales posicionamientos políticos, crear una mitología representa esencialmente lo contrario de lo que yo creo que debe ser la política, es la captación de adeptos por sentimentalismo y simplificación en vez de por convencimiento y mediante la razón. No debemos imitar los métodos de los adversarios con los que no compartimos valores.

Tampoco conviene creer que una república per se cambiaría la realidad política en España. Una monarquía parlamentaria es esencialmente similar a una república parlamentaria y ambos regímenes pueden ser víctimas de vicios, manipulaciones y desnaturalizaciones similares. No hay más que mirar a nuestros países vecinos o a las repúblicas latinoamericanas.

Ojo, que yo quiero una república, que quiero que podamos elegir al jefe del estado y eventualmente eso defenderé cuando proceda. Pero no tener una república es el menor de nuestros problemas y no estamos precisamente sobrados de fuerzas para confundir las prioridades, y mucho menos si además tenemos que crear ídolos de cartón-piedra.

Posteado por: Javier | abril 12, 2017

Si Le Pen no gana en Francia, mejor

No, no, y no es por la imagen que los medios de propaganda del establishment nos pintan de Marine Le Pen, la candidata a la presidencia de Francia por el Frente Nacional, es decir, “ultraderecha”, “extremista”, “racista”, “xenofoba”, “populista”, etcétera y etcétera. De lo que propone Marine Le Pen conozco poco más que algunas pinceladas generales, puesto que no es una persona que me interese demasiado, pero sí es cierto que, por lo que sé, el Frente Nacional, aparte de que lleva años tratando de limpiarse de su imagen filofascistoide de origen (empezando con la expulsión hace pocos años del propio Le Pen padre), admitiendo incluso militantes y candidatos negros, mulatos y magrebíes, tiene en lo económico un programa muy similar al de la izquierda tradicional, añadiendo a ello el nacionalismo: exaltación de los símbolos nacionales de Francia, control muy estricto de las fronteras, expulsión de los inmigrantes ilegales y salida del euro, la UE y la OTAN.   

Una cosa que sí hay que reconocer a Le Pen es que ha dicho hace poco en una entrevista que ve dificil que surja un movimiento como el suyo en países como España o como Grecia debido a que su pasado totalitario y dictatorial hace que vean con muchos recelos el patriotismo. Francia tampoco es que tenga mucho de que presumir con Petain y el régimen filonazi de Vichy durante la II Guerra Mundial, pero, en cualquier caso, aparte de que eso fue hace más tiempo, hasta la señora Le Pen reconoce que el franquismo fue una dictadura… aquí hay hasta algunos (del partido desgobernante, por ejemplo) que lo niegan o, si no negarlo, tratan de disculparlo, de modo que aquí, cuando se tacha a esta señora de “ultra” o “radical”, hasta podrían surgir dudas sobre quién es más radical.

Como está contra el euro, la UE y a la OTAN, hay gente opuesta a estos tres entes (algunos de izquierda, incluso) que pueden pensar que por motivos “tácticos” conviene que gane o que, incluso, caso de ser francés, podría plantearse votar al Frente Nacional por ese motivo. En principio pudiera ser comprensible: si Le Pen llega a la presidencia francesa, rompe con el euro y pone en marcha un Frexit, eso dejaría herida de muerte a la UE.

A mi, la verdad, y como digo, es que Francia es un país que me da un poco igual y no es que me interese demasiado, pero una cosa que sí me llama la atención es que haya algunos “patriotas” españoles que quieran con tanto entusiasmo que Le Pen gane, los del partido VOX, por ejemplo, que ahora parece que intentan postularse como la “Alt-Right” española, están intentando subirse a esa ola (así de originales son).

Pero lo cierto es que, importandome poco la hipotética política que haga Le Pen dentro de Francia, problema de los franceses es, no creo que llegue a activar un Frexit, pero, si lo hiciera, España no saldría muy beneficiada que digamos. Si Francia saliera ahora de la UE y del Espacio Schengen, se convertiría en un tapón entre España y el resto del continente y muchos de los ilegales que expulsara o que no pudieran pasar a Francia, así como posibles yihadistas, tendrían España como uno de sus destinos preferentes (el Reino Unido daba igual pues, de todas formas, no era parte del Espacio Schengen y la inmigración que reciben no es la que habitualmente va a venir a España), aparte de que un Gobierno tan entreguista a Bruselas como el español (y da igual de qué partido fuera, no hablo solamente del actual) les abriría seguramente las puertas y los brazos. A ver, lo genial sería una implosión total de la UE, con salida de todos sus miembros a la vez, pero salvo que eso lo provocase una hipotética salida de Francia, los que se vayan quedando dentro de ese ente son los que se van a ir llevando la peor parte. Porque una cosa parece que va quedando clara, después de ver la actitud de las élites europeistas con el Brexit: aún en el caso de que Francia saliera, eso probablemente las llevaría a tratar de aumentar aún más el poder de Bruselas, como están haciendo con la salida del Reino Unido.

De todas formas, ya digo que no creo que llegara a activar un Frexit, por una razón muy sencilla: Le Pen no tiene dinero para su campaña. Depende de préstamos bancarios para pagarla, así que ya podemos imaginarnos que, caso de que llegara al gobierno, no va a poder hacer nada que ponga nerviosos a sus prestamistas.

Si en España hubiera alguien con voluntad de, ante una eventual salida de Francia, plantear un Españexit o, al menos, implantar un control decente de las fronteras, pues mira, la victoria de Le Pen hasta podría ser interesante por motivos de pragmatismo. Pero es que no es así. Ni PP, ni PSOE, ni Ciudadanos ni Podemos. Qué se puede esperar del PP, cuando el propio Rajoy dice que “no creo en las fronteras” (de Podemos, con Manuela Carmena felicitando a quienes se saltan las vallas de Melilla, mejor ya ni hablemos).

Las castas políticas en España son muy corruptas (en todos los sentidos, no solo el material, también el moral), lacayunas y destacan por su actitud cipaya. Para botón de muestra, cuando la semana pasada anunciaron a bombo y platillo que Bruselas había dado autorización a España para negociar el asunto de Gibraltar con el Reino Unido, lo que viene a significar dos cosas: que la Unión Europea era quien garantizaba la permanencia de la colonia británica en el territorio del Peñón y que, en consecuencia, entregada la soberanía a Bruselas, los gobiernos españoles no podían hacer nada práctico, más que amagos ridículos, pues quien tiene la sartén por el mango es la UE y España, gracias a sus corruptos gobernantes, no es más que un estado títere que solo puede hacer lo que en cada momento a Bruselas le de la gana que haga (y, ahora, resentidos con el Brexit, los eurocratas parece que para lo que van a utilizar a España es para tocar un poquito las narices al Reino Unido). El problema, obviamente, no es el gobierno británico, ellos, como es normal, llevan décadas defendiendo (y muy bien) sus intereses, el problema es el lacayunismo de los gobernantes españoles, que han entregado la soberanía del país a un ente como la UE, que es el que les marca las líneas a seguir en cada momento y les ha colocado durante tantos años en una situación sumisa frente a los británicos. Evidentemente, una hipotética y casi inimaginable vuelta del Peñón a España, sería para colocarlo bajo la soberanía de Bruselas, no bajo la española. Eso está más claro que el agua.

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