Este tema del odio y la ira de Dios sé que es de los más difíciles para muchos y el caso es que me vino a la mente inmediatamente al escribir sobre la familia Phelps.

Sí, es cierto, los Phelps son gente totalmente desenfocada y carente de todo equilibrio. Su forma de predicar es zafia y grosera, y muy chocante para los reformados que estamos acostumbrados a un estilo de predicación moderado y sin extremismos. Es más, aunque niegan en su web que ellos tengan sentimiento de odio alguno hacia nadie, que solo se refieren al “odio de Dios”, su forma de lanzar mensajes en sí misma es odiosa y creadora de odio, de un odio humanista. No hay más que ver las contramanifestaciones que se plantan delante de sus convocatorias. Digo que es gente desenfocada y carente de equilibrio puesto que, si bien es cierto que la Biblia habla en numerosos pasajes de odio, ira y juicios de Dios contra los pecadores, sin embargo, ellos nunca (o casi nunca) mencionan la paciencia y el amor de Dios. Quiero decir, el “Dios” de los Phelps es un “dios” que, a diferencia del Dios bíblico, no da prácticamente ni una sola oportunidad de arrepentimiento al pecador antes del juicio y la condenación, es un “Dios” sin ningún amor. Un amor perfecto hacia el pecador y una ira perfecta hacia el pecador son dos atributos perfectamente compatibles de Dios. Mientras la mayoría de iglesias actuales pintan un “Dios” con una amorosidad sentimental y blandita, que para el hombre es prácticamente como un “colegui”, el “Dios” de los Phelps continuamente se relame pensando en cuántos cuellos va a rebanar al día con su guadaña.

Pero la condena a los métodos y el mensaje de los Phelps no debe hacernos obviar un hecho indudable: LA BÍBLIA SÍ HABLA DEL “ODIO DE DIOS”.

Modernamente se nos pretende enseñar que Dios ama al pecador pero odia el pecado, sencillamente porque suena muy bien (sobre todo a oídos carnales y mundanos, se piensa que ocultando lo que humanísticamente suene más escabroso de la Biblia se van a conseguir más “conversiones”). Sin embargo, esta enseñanza es una negación de las enseñanzas bíblicas. Dios no sólo odia la iniquidad ODIA A TODOS LOS QUE HACEN INIQUIDAD. Léete el Salmo 5:5: Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad”. No dice “Aborreces la iniquidad que hacen algunos”, sino “a todos los que hacen iniquidad”. Es imposible separar el pecado del pecador, puesto que Dios no castiga el pecado: Él castiga al pecador. Es el pecador el que es arrojado al infierno.

Pero… ¡¡la BIBLIA DICE QUE DIOS ES AMOR!! ¿Cómo puede ser esto de que Dios odia al pecador?

Sí, lo dice en el Capítulo 4 de la primera Carta de Juan: “El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Dios es amor: es decir, a diferencia del hombre, quien elige amar, Dios no elige el amor. Él es amor. Ningún hombre tiene ni tendrá nunca la capacidad de predicar toda la intensidad del amor de Dios, pues un pecador absoluto no puede entender plenamente el amor de Dios. Solo puede entrever el amor que Dios le ha revelado.

Sin embargo, como Dios es amor, un amor perfecto, también odia perfectamente el mal y las cosas que son perversas. Es más, quien ama a Dios debe aborrecer el mal (Salmo 97:10: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra”). Un ejemplo muy sencillo: ¿Amas a gente de otras razas? Debes odiar el racismo. ¿Amas a los judíos? Debes odiar el Holocausto. Así se podrían poner múltiples ejemplos. Dios es amor y por eso también odia de forma perfecta, de la misma forma que el amor de Dios es perfecto y santo (Salmo 139:21-22: “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, Y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; Los tengo por enemigos”).

Lo siento, pero no existe la neutralidad. Si tú realmente amas lo recto, lo perfecto, lo que es bueno, entonces debes sentir animosidad, enemistad en contra de todo lo contrario. Dios ama todo lo que es recto, todo lo que es verdad, todo lo que es bueno, todo lo que es virtuoso, escritura tras escritura tras escritura tras escritura en la Biblia nos dice que Su aborrecimiento es manifiesto en contra de todo lo malo. Podría quitarlo de en medio, podría quedarme callado al respecto si tú quieres, pero entonces sería infiel al Señor. Lo que debemos entender, en todo caso, y tener muy claro es que ese aborrecimiento a lo malo debe ser porque va en contra y ofende a Dios, no porque tengamos un sentimiento humanístico y personal de hostilidad o animadversión. El odio humano es irracional y tiene su origen en sentimientos pasajeros y pecaminosos. En el odio humano lo que existe es indignación porque creo que se me ha tratado injustamente A MÍ o porque algo me fastidia o me molesta A MÍ, no porque pensemos que ese algo es ofensivo a Dios.

La Biblia está repleta de palabras como odiar, aborrecer, detestar, abominar, etc… en relación con Dios. ¿Cómo es que tantos intentan pasar esto por alto o hurtarlo de alguna forma? El Salmo 11:4-7 no puede ser más revelador: Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece. Sobre los malos hará llover calamidades; Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.  Porque Jehová es justo, y ama la justicia; El hombre recto mirará su rostro”. Justamente lo que vengo diciendo: Dios odia a quienes hacen iniquidad pues Él “es justo y ama la justicia”. Tiene que odiar, aborrecer, detestar, abominar… a quien practica y ama la injusticia y la iniquidad. A diferencia del hombre, el odio de Dios es santo y es el resultado de su amor. El odio de Dios no es en absoluto una negación del amor de Dios.

Si Dios no odia al pecador, ¿cómo es que en Apocalipsis leemos que la ira de Dios vendrá de tal manera que los hombres le gritarán a las peñas que caigan sobre ellos y los escondan de la ira del Cordero? ¿Cómo es que destruye el mundo antiguo mediante un diluvio? ¿Cómo es que mata a los primogénitos egipcios, la décima plaga? ¿Cómo es que manda a Moisés matar a los adoradores del becerro de oro? ¿Cómo es que Dios manda a Israel exterminar a todos los cananeos como un juicio por sus degeneraciones? ¿Cómo es que manda a Elías matar a los adoradores de Baal? ¿Cómo es que utiliza a Asiria y Babilonia para juzgar a los reinos de Israel y Judá por sus maldades? ¿Cómo es que mata a Ananías y Safira o Herodes, como se cuenta en el libro de Hechos?

El “Dios ama al pecador pero aborrece el pecado” es una especie de eslogan que luce muy bien en las camisetas que tanto gustan a la cristiandad contemporánea, pero no es lo que enseñan las Escrituras. Como he dicho, no hay que confundir el odio de Dios con el odio que podemos sentir nosotros, que somos egocéntricos y egoístas. Su odio es una reacción de un Dios Santo y bueno en contra de los hombres que son viles. Pero… ¿quiénes son esos hombres viles? Todos nosotros, todos los hombres. Todo hombre que ha nacido de la semilla de Adán. Cuando Dios salva a alguien no lo salva de sus pecados: LO SALVA DE ÉL MISMO. De que Su ira caiga sobre él. Dios es Santo, así que El no puede mirar la iniquidad, sus ojos son tan puros que la ira de Dios es revelada sobre todo aquel que comete iniquidad. Tú con tu pecado delante de un Dios Santo, solo puedes encontrar una respuesta: IRA.

Hace siglos, todos nuestros ancestros en la fe tenían esto clarísimo, pero actualmente se evita puesto que parece ser que viene mal al “marketing” eclesiástico moderno enseñar toda la verdad bíblica. Esta enseñanza de la ira de Dios sobre el pecador es malísima si lo que se pretende es crear mega-iglesias con miles y miles de “fieles” que hicieron una “oración de fe” o dieron un paso al frente y, en un santiamén, “¡¡guaaaaaau, su vida cambió gracias a que aceptó a Cristo y lo recibió en su corazón!!”.

Pero el amor de Dios es tan inmenso, que es capaz de amar y demostrar amor hacia los objetos de Su ira. Junto con la información que nos da la Biblia sobre el odio y la ira de Dios, también se nos habla de Su paciencia y lo enorme de Su misericordia (Éxodo 34:6: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”; Salmo 103:8-14: “Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; Ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Acuérdase que somos polvo”). Dios con una mano está sosteniendo su ira y con la otra llamando a los suyos, pero llegará el día en que El baje ambas manos. A pesar de que Dios es paciente, en su misericordia, y que la ira de Dios es lenta, ésta llegará algún día. Los hombres pecadores y los que siguen negando esto deberían tomarlo con temor y temblor.

Para que el odio y el aborrecimiento de Dios no caigan sobre el pecador, Su ira debía ser aplacada de alguna forma. Alguien debía “INTERPONERSE”, alguien debía de intervenir, alguien debía hacer algo, y como solo hay dos partes, Dios y el hombre, no podemos poner nuestra esperanza en el hombre. Dios mismo tuvo que intervenir entregando a Su Hijo para satisfacer Su justicia, aplacar Su ira y hacer posible la expresión de Su amor y salvación hacia el hombre perverso. Eso es el Evangelio y ese es el amor de Dios. Cristo vivió una vida perfecta y sin pecado y, sin embargo, en la Cruz se convirtió en pecado y en una maldición. Cuando Dios salva a alguien, le otorga el arrepentimiento y la fe en Cristo, por la cual mira el pecador como si hubiera vivido la vida de Cristo, y a Cristo en la Cruz como si hubiera vivido la vida del pecador, descargando Su ira contra Su Hijo unigénito. Alguien tenía que satisfacer la justicia de Dios. No puede ser amoroso y no moverse en contra de la maldad, ni ser justo y ser, a la vez, apático hacia la maldad. Algún día, Dios juzgará a la humanidad y la única posibilidad de salvación es tener a Cristo. La Biblia dice “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” y “La paga del pecado es muerte”. Cristo se hizo hombre y vivió una vida perfecta bajo la Ley de Dios, fue a la Cruz y murió la muerte de Su pueblo, los elegidos de Dios de todas las épocas de la historia, y al morir esa muerte El satisfizo la justicia de Dios y aplacó Su ira.

Ya vemos cómo no es tan difícil entender que el amor y el odio de Dios no se excluyen uno al otro. Por eso nosotros, aunque rechacemos y condenemos su pecado, hemos de mostrar también paciencia y misericordia hacia los pecadores incrédulos que son como éramos nosotros antes de nuestra conversión: obstinados, desobedientes y ciegos a la verdad. También debemos recordar que no somos menos pecadores que ellos, simplemente lo que tenemos son pecados distintos. Por nosotros mismos, no somos mejores que ellos, la diferencia es la gracia de Dios, no es nada que venga de nosotros mismos. Dice Colosenses 4:5-6 sobre cómo responder ante los no creyentes: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. Una de las señas de identidad de los cristianos es la misericordia, según dijo Cristo en el Sermón del Monte. Cada día oramos pidiendo a Dios que perdone nuestras deudas, así como “nosotros perdonamos a nuestros deudores”. A nosotros se nos exige con los pecadores desobedientes la misma paciencia que Dios tuvo con nosotros. En el Antiguo Testamento hay versículos en los que se nos dice que lo que debemos emplear es la sabiduría que nos dé Dios (Proverbios 16:21: “El sabio de corazón es llamado prudente, Y la dulzura de labios aumenta el saber”; Proverbios 16:24: “Panal de miel son los dichos suaves; Suavidad al alma y medicina para los huesos”; Eclesiastés 10:12: “Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina”).

Jesús se juntaba con pecadores. Claro, no para participar de su pecado, sino para darles testimonio y enseñarles con autoridad. Jesús encarnaba el amor y enseñaba con sabiduría y poder. Ellos entendieron su pecado debido al amor de Cristo, Su verdad y naturaleza, no porque se les insultara de forma fea y zafia (Marcos 2:15-17: “Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”).

Volviendo al principio, ¿hacen esto los Phelps (y no solo ellos, los miembros de algunas otras iglesias del mismo tipo)? Me parece a mí que no. Parece más bien un grupo cuyos miembros no han recibido demasiada gracia, pues son incapaces de tenerla ellos mismos con otros. Por supuesto que deben condenar el pecado. Pero no les vendría mal aprender a utilizar la sabiduría y no los insultos ni las técnicas violentas de “predicación” que incitan a la ira y el odio, y, muy segura y tristemente, incluso a convertirse en instrumentos involuntarios de Satanás.

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